miércoles, 21 de diciembre de 2011

¿Nos alejamos de la política? Una reflexión

Reflexiones sobre la política. La política me parece muy tonta, muy simple: exige que uno piense que tiene la razón y que el contrario está equivocado. (…) Soy una rara mezcla: alguien lleno de opiniones políticas que al mismo tiempo tiene muy poco respeto intelectual por la práctica de la política.
Jonathan Franzen, El País Semanal, 18.9.2011

Los que malgobiernan nuestros asuntos acallarán nuestra crítica pretendiendo que ellos mismos tienen datos que no están disponibles para el resto de nosotros. Y sé que es fatal retarles en su propio terreno. Nuestra mejor arma contra ellos no es acumular hechos, de los cuales ellos son los verdaderos gestores, sino pasión.
Chinua Achebe, Termiteros de la sabana



“A mí eso de la política no me va”, “Todos los políticos son iguales”, “Ningún político cumple lo que promete”, “Todos van a forrarse” y un largo etcétera.

¿Cuánta verdad contienen esas frases? Desde luego, a medida que nuestro sistema democrático se ha ido consolidando y la situación política estabilizándose, han ido cobrando bastante vigencia las ideas que están detrás de las frases citadas. La percepción de un parte importante de los ciudadanos, además, es que su papel es prácticamente irrelevante en lo que a las decisiones importantes que se toman en el país respecta. A pesar de ello, la participación en los distintos procesos electorales, sobre todo si se trata de elecciones generales, sigue siendo amplia y suele estar en el entorno del 70%. No obstante, en las distintas encuestas que se realizan los políticos aparecen siempre entre los profesionales menos valorados si no los que menos e incluso, en alguna, como uno de los problemas del país.

Pagamos el IRPF, el IBI, el impuesto de circulación, el IVA y multitud de tasas municipales. Con esos ingresos los políticos sea cual sea la instancia (municipal, autonómica o estatal) realizan una serie de gastos que inciden muy directamente en muchos casos en nuestra calidad de vida, así, no será lo mismo gastarlo en mejorar la atención sanitaria o educativa que dedicarlo a construir polideportivos, comprar aviones para las fuerzas armadas o ampliar la red del AVE. Estos son solo algunos ejemplos de cómo la gestión política afecta a nuestras vidas en algo que suele ser importante para todo el mundo como es su bolsillo. Por supuesto también hay otra serie de decisiones que pueden tomar en orden a la ampliación o recorte de los derechos tanto individuales como colectivos, que nos pueden facilitar o dificultar una serie de actividades: ejemplos bien actuales serían las diferentes medidas que se están tomando y se quieren tomar sobre la legislación laboral, el aborto o el matrimonio.

En definitiva, sea cual sea la opinión que nos merezcan, lo cierto es que sus actuaciones influyen más o menos directamente sobre la mayoría de los aspectos de nuestra vida. Es por ello por lo que muy atinadamente se suele decir, parafraseando lo que Clemenceau aplicaba a la guerra y los militares, que “no hay que dejar algo tan serio como la política en manos solo de los políticos”. Es lógico por tanto que, como decía antes, el volumen de abstenciones en los distintos procesos electorales no es demasiado elevado lo que, en mi opinión, viene a confirmar lo expuesto, es decir, que los ciudadanos son conscientes de lo importante que puede llegar a ser quién sea el que los gobierne.

Sin embargo, también lo que manifiestan las encuestas sobre la mala opinión existente sobre los políticos es un dato de la realidad. ¿Se trata entonces de una flagrante contradicción? Creo que al menos en parte así es aunque muy justificada al no existir otras alternativas de organización. Se cumple aquello de que la democracia es el menos malo...

Para explicar la desafección y la mala opinión que se tiene de la política y de sus “profesionales”, se me ocurren varias causas. A continuación expondré algunas de las que considero fundamentales sin que el orden indique la importancia de cada una.

1.El sistema electoral. No me refiero, con ser importante, a la injusticia del actual sistema proporcional, sino a una de las más nefastas consecuencias del mismo, como es el desconocimiento total del votante de aquellos a quienes vota. Es el partido quien los elige y los coloca en un lugar determinado de la lista en función de criterios puramente internos. El elegido así, rendirá cuentas ante el partido y no ante quienes le hayan votado. En las últimas elecciones generales reconozco haber votado sin conocer ni siquiera de referencias a ninguno de los candidatos de la lista que elegí.

2.El funcionamiento de los partidos. La democracia interna es una condición constitucional para poder ser admitido como partido político, pero a la hora de la verdad, ésta no deja de ser una condición meramente formal. La realidad es que hace ya bastante tiempo que la mayoría de los partidos se han convertido en un conjunto de cuadros que dirigen y deciden prácticamente todo sin contar apenas con la opinión de los afiliados. ¿Cómo se puede explicar que el bandazo de 180 grados dado por el gobierno del PSOE no haya generado debates y protestas internos? ¿Qué ha pasado en el PP tras el congreso de Valencia? Lógicamente, al ser los aparatos los que deciden la suerte de los posibles candidatos a las distintas elecciones, hay que estar a bien con ellos (el famoso “quien se mueva no sale en la foto” es ahora norma generalizada de funcionamiento).

3.Si en el apartado anterior quedaba reflejada la falta de autocrítica, también se puede hablar de la generalizada aversión a la crítica externa llevada al extremo en la última moda de no admitir preguntas en las ruedas de prensa. Ser criticado es, o al menos debería ser, algo inherente a la condición de político. El ejercicio del poder conlleva tomar decisiones que no tienen porqué gustar a todo el mundo y que de hecho gustan normalmente solo a una parte de los ciudadanos, por lo tanto ser criticado por la otra parte, por la oposición en definitiva, es una consecuencia lógica. Aquí aparecen expresiones del tipo: “¿Y qué hicisteis vosotros? O “con vosotros subió el paro en…; el fracaso escolar era de…; etc.” En alguna ocasión los debates entre políticos de signo opuesto recuerdan los diálogos para besugos de los antiguos tebeos o el “de qué se trata…pues me opongo” o “al enemigo ni…”. Y eso en el mejor de los casos, que es cuando se escuchan y no se interrumpen constantemente como en esos programas televisivos que tanto gustan y tanto están haciendo para la buena educación ciudadana. Dentro de este mismo apartado hay que hacer mención del gran interés que tiene siempre los partidos políticos por controlar medios de comunicación, por un lado, para evitar sus críticas y, por otro, para que actúen de cajas de resonancia. Los ejemplos son lo suficientemente numerosos para que no haga falta poner ninguno concreto.


4.El acaparamiento que se produce de las instituciones por parte del partido ganador de las elecciones, que lleva a que no se pueda hablar de que exista una verdadera separación de poderes que es un elemento clave para que haya democracia. Así, miembros de el partido ganador ostentan la presidencia de Congreso y Senado reservándose la mayoría en la mesa de ambas cámaras; el fiscal general del estado también es nombrado por el ganador; para nombrar a los componentes del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional se requiere una mayoría cualificada con lo que se tienen que producir pactos pero, al final, el partido de gobierno termina teniendo la mayoría en ambas instituciones; hasta hace poco nombraba al director general de RTVE; los gobiernos autonómicos tenían un peso considerable en los consejos de administración de las cajas de ahorro (y acabamos de ver con qué resultados de descontrol en algunos casos). Todo ello sin mencionar que al tratarse de un sistema de democracia parlamentaria, el presidente del gobierno es elegido por los miembros del poder legislativo, con lo que el contrapeso entre ambos poderes prácticamente desaparece. Si a ello le unimos la relativa facilidad para que se obtengan mayorías absolutas, nos podemos hacer una idea de la falta de control con que se ejerce el poder en España.

5.Programas electorales ocultos o incumplidos. Al margen del cinismo del “viejo profesor” cuando dijo aquello de que los programas se hacían para no cumplirse, es cierto que los políticos no suelen tener ningún rubor si terminan haciendo lo contrario de lo que proponían ante las elecciones. Solo dos ejemplos: los famosos 800.000 puestos de trabajo de Felipe González en 1982, o el cambio de Zapatero en mayo de 2010. Estas cosas en apariencia baladíes ya que “nadie se lee los programas electorales”, sí causan una gran desmoralización en un cierto tipo de votante, aquél que se mueve no tanto por la ideología sino, precisamente, por las propuestas que hacen los candidatos. Creo que por todo esto en las últimas elecciones generales o se ha producido una ocultación del programa (caso de Rajoy) o se han enunciado medidas que se acercaban al absurdo (caso de Rubalcaba). El resultado, ¿un premio a la ocultación? En mi opinión no, un castigo al cambio de mayo de 2010.


6.Corrupción ante la que la mayoría de los grupos políticos suelen actuar de la misma forma: primero, se niega o se alega la presunción de inocencia; segundo, se intenta desmarcar al partido indicando que se trata de actuaciones individuales y nunca de financiación ilegal y tercero, se espera lo que diga la justicia sabiendo que para cuando se dicte sentencia el tema ya habrá pasado de moda; bueno, y en cualquiera de los momentos aquello del “y tú más”. En algún caso hasta se ha producido alguna que otra dimisión, pero no es ciertamente lo habitual. El problema en este tema es que los políticos no quieren darse cuenta, en el mejor de los casos, de que se puede pecar por acción pero también por omisión (de control) o, lo que es peor, que solo le dan importancia por sus repercusiones electorales.

7.Escasa diferencia entre las políticas económicas propuestas por los principales partidos. Esto ya era un hecho antes de la actual crisis económica. Al pertenecer a la Unión Europea y, además, habiendo aceptado el euro como moneda, las posibilidades de actuaciones independientes disminuyeron mucho y así, solo en la política fiscal y laboral se podían establecer medidas diferentes al resto del Unión. Con la crisis, la mayor parte de la política económica viene dictada desde Bruselas o, para ser más exacto, por Merkozy. Y si no que se lo pregunten al presidente español en funciones. Por lo tanto, aspectos que afectan de forma básica a la vida diaria de la gente están trasladando su centro de decisión a personas e instituciones que no eligen los ciudadanos del país afectado por esa decisiones, sea éste España, Grecia,…Desde una posición conservadora o, para hablar en términos más clásicos, de derechas, esto no supone un grave perjuicio pues desde esa ideología se está dirigiendo en los últimos años la política europea, pero para la izquierda está siendo un suicido si la siguen y, lo que es más importante, tampoco han sido capaces de articular otra forma de enfrentarse a la crisis.

No se acaban aquí las posibles causas de la desafección de los ciudadanos hacia la política, es decir, no están todas las que son pero, creo, sí son todas las que están.
En estas condiciones, ¿qué hacer? ¿cómo colaborar para disminuir algunas de esas causas?¿cómo evitar caer en el pesimismo o en el más completo escepticismo?¿cómo lograr que los políticos se tomen en serio a los ciudadanos? No hay una sola forma de actuar y, desde luego, no me atrevería a recomendar ninguna concreta. Eso sí, si los ciudadanos no nos preocupamos por la cosa pública, si dejamos que hagan o dejen de hacer por nosotros, si nos limitamos a votar cada cierto tiempo o ni eso, si consideramos unos ilusos a quienes se oponen desde dentro como las gentes del 15-M, en definitiva, si no hacemos nada, conseguiremos que el sonrojo que, al menos en mi caso, han producido algunos anuncios de la última campaña electoral o las recientes actuaciones que se están viendo en los juzgados de Valencia o en el “asunto” Urdangarin, no conduzca a nada y, la responsable de esos anuncios, o los señores Costa y Camps o el mismo Urdangarin, ninguno de los cuales se sonrojan que se sepa, se sigan riendo de nosotros como ciudadanos.


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