viernes, 28 de noviembre de 2014

Novela negra argelina




 
A medio camino entre la novela negra y el thriller político, porque aunque no salga ninguno el poder está omnipresente, Khadra ha compuesto una espléndida novela volviendo a sus orígenes. Efectivamente, las primeras novelas que leí de este autor, al que por cierto tengo entre mis favoritos, pertenecían a ese género que luego fue abandonando sobre todo desde que, ojo spoiler, dejó morir a su comisario protagonista.
En este caso, tras la aparición en un bosque cercano a Argel de una joven muerta, se pone en marcha toda la investigación policial que, como no podía ser de otra forma tratándose de este escritor, enseguida choca con aquellos que mandan en la economía y la prensa argelina. A partir de ese momento la narración no deja un momento de descanso, avanza sin pausas a partir de una trama perfectamente articulada y que permite seguir muy bien el desarrollo de los acontecimientos y, lo que es muy importante en toda la obra de Khadra, ver muchos de los entresijos de una realidad como la argelina desgraciadamente tan desconocida a pesar de su cercanía geográfica.
El autor aprovecha cada oportunidad que tiene para arremeter contra la corrupción hecha sistema, contra los ricos que no pagan impuestos por su “legitimidad histórica”, contra la prensa manipuladora y puesta al servicio de los poderosos (“los mandamases en la sombra”) y también, cómo no, contra el terrorismo islamista. Estos elementos, que son consustanciales en toda la obra de Khadra, me ha parecido que en este libro están expresados con más fuerza y en más ocasiones sobre todo en la primera mitad del texto.
Destacar también los personajes que dan vida a la historia. Unos poderosos que se mueven siempre en la sombra mientras otros hacen el trabajo sucio y que están muy bien retratados y, por encima de todo, la comisaria lesbiana y el inspector impotente que tienen que descubrir al asesino y cuya caracterización y relación  me parece uno de los mayores aciertos de la novela.
Todo ello escrito con su particular estilo directo y unos diálogos muy bien construidos y creíbles.
Es uno de esos libros que cuesta dejar cuando llega la hora de comer o de dormir porque estás deseando ver por dónde sigue la historia. De todas formas, ya he reconocido antes que soy un seguidor incondicional de este escritor argelino, excomandante del ejército y actualmente afincado en Francia.
Dejo a continuación una cuantas citas que dan una idea de lo que opina el autor:
 
 
“En un país donde los mandamases se empeñan en construir un chalé a sus retoños en vez de levantarles una nación, no es raro toparse con talentos avezados currando en un cafetucho para llegar a fin de mes… “(p.17)
 
“En Argelia, son tantas las vejaciones que la agresividad se ha vuelto imperativa.(…) En un país donde las apariencias priman sobre todo lo demás, las pullas requieren imagen y sonido para que la frustración no devengue en monstruosa agonía”. (p.55)
 
“(…) la obsolescencia de los centros hospitalarios estatales es obra del propio Estado para que los mandamases se forren negociando con los promotores inmobiliarios corruptos y los matasanos del sector sanitario para quienes las comisiones valen más que los diplomas y los juramentos hipocráticos”. (p.66)
 
“Muchos de ellos (se refiere a los dirigentes)  no han abierto un libro en su vida. Son los grandes afortunados de un país corrupto que privilegia la mediocridad en detrimento de la competencia y donde se desfiguran las conciencias para poner a salvo la fealdad. Si no, ¿ cómo se explica que, pese a sus enormes riquezas, Argelia siga siendo tan pobre en sueños y en ambiciones, y esté a la cola de las demás naciones?”. (p.108)
 
Yasmina Khadra, A qué esperan los monos…

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