martes, 8 de septiembre de 2015

Una visión cruda de la guerra




 
Desde septiembre de 1943 y durante un año Lewis formó parte del Cuerpo de Seguridad de Campaña del ejército estadounidense. En este libro  cuenta, en forma de diario, lo que vio de una forma bastante descarnada y sin temor a relatar sucesos no muy favorables para las tropas aliadas. Así, nada más empezar su estancia en Italia comenta:
“Lo que no nos dijo fue que él y los demás oficiales se disponían a retirarse sigilosamente dejando abandonados a sus hombres” (p.20)
“Muchos de los soldados que vemos deambulando por aquí no tienen ni idea de dónde están sus oficiales ni los han visto desde que empezó el contraataque alemán.” (p.21)
Órdenes de no hacer prisioneros alemanes, amas de casa prostituyéndose por unas latas de comida, Battipoglia convertida en el “Guernica italiano”, saqueos de las tropas aliadas sobre todo por parte de los oficiales, corrupción policial, caos y sobornos en la administración de justicia, robos hasta de una locomotora, y un largo etcétera son algunas de las cosas que encuentra en Nápoles y sus alrededores.
También creo que en algún caso se basa más en el rumor que en la información o, al menos, a mí me cuesta creer cosas como: que hubiera un plan para enviar prostitutas contagiadas de sífilis al norte, a la zona controlada por Alemania, para que contagiasen al mayor número posible  de soldados alemanes; o que en un camión de provisiones fuese escondido un soldado quien con una bayoneta cortaba dedos o manos de quien intentara coger algún producto; o que “las tropas coloniales francesas han violado a todas las mujeres de los poblados de…” y más adelante lo generaliza también a niños y ancianos.
Lo anterior no quita que la mayor parte del relato no solo sea totalmente creíble sino que es seguro que se adapta a lo que sucedía en esos días de caos y miseria total.
Lewis lo cuenta todo con un estilo muy periodístico, como se si se tratara de un gran reportaje en el que incluye también aspectos como la religiosidad, sobre todo la devoción por San Gennaro y San Antonio Abad, la erupción del Vesubio que pudo presenciar o el papel que jugaba nada menos que Vito Genovese (el lugarteniente de Al Capone) en la organización del territorio.
Muy entretenido, interesante e iluminador sobre lo que significa la guerra, los desastres que deja tras de sí y las dificultades que se encuentran para recuperar las instituciones y, sobre todo, las personas tras el conflicto. (En este caso, la guerra no había terminado, pero al entrar los aliados sí que había dejado de ser frente de batalla.)
 
 
Norman Lewis, Nápoles 1944. Un oficial del Servicio de Inteligencia en el laberinto italiano

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