jueves, 7 de abril de 2016

Grata sorpresa




Tengo que reconocer que de no ser por un regalo es difícil que yo hubiera leído este libro; y habría sido una lástima porque merece la pena y tiene cosas interesantes.
Su autora es profesora de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid y se nota  por el tratamiento que da a la información. A lo largo de los ocho capítulos en que divide el texto va describiendo los diferentes momentos no solo de las relaciones entre las dos protagonistas, sino entre muchos intelectuales exiliados y algunos estadounidenses. Esas relaciones incluían a gentes de todas las tendencias políticas con excepción de los comunistas.
En los capítulos 5 y 6 se explica lo más interesante del libro que es la creación y publicación del boletín Ibérica (1953) y, sobre todo, de la revista Ibérica por la libertad (1954-1974). En estas casi cien páginas se recoge lo mejor de la labor de Victoria Kent en sus años neoyorquinos y también se puede apreciar el nivel cultural del exilio en la ciudad y, cómo no, los problemas de egos que había. De la revista citada se imprimían 10.000 y en algún caso hasta 20.000 ejemplares lo que no estaba nada mal para la época. Había además una edición en inglés y otra en castellano.
También destacaría otras cosas que me han llamado la atención de las informaciones del libro. Así, el apoyo dado por Victoria a la candidatura de Eisenhower (la foto de la portada reproduce precisamente un momento de ese apoyo); su labor de escasa duración como representante oficiosa ante la ONU  del gobierno republicano en el exilio; las ayudas, económicas y de otro tipo,  de la diplomacia secreta estadounidense y de la CIA  a la oposición no comunista o los enfrentamientos entre grupos de exiliados por la publicación al mismo tiempo en Nueva York de dos revistas: Hemispherica, publicada por las Sociedades Hispanas Confederadas, y la Ibérica ya citada.
Un mundo, el exilio en esa gran ciudad,  y una época, los años 50 a 70, bastante desconocidos pero muy fructíferos en muchos sentidos. Unas vidas muy entregadas a la defensa de un causa aunque, eso sí, con la gran cantidad de medios que pusieron a su disposición mecenas como Louise Crane y su familia (su madre fue una de las fundadoras del MoMA).
Finalmente, me ha impresionado la gran solidaridad que existía entre las amigas. Así, buscaban editores para las obras de otras, se ayudaban mucho económicamente y, lo más importante, se ocuparon unas de otras  en los momentos difíciles cuando las graves enfermedades llegaron. En el libro se cuentan varios casos de esa solidaridad.
Rosa Pereda hace una buena reseña en ctxt.es y también es interesante la de Juan Carlos Sierra en críticoestado.es.



Carmen de la Guardia, Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York. Un exilio compartido

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