lunes, 23 de enero de 2017

Para ampliar horizontes musicales



En este libro se pueden encontrar fragmentos como los dos que siguen:

“Un suave acorde en Sol mayor conduce por medio de un rápido crescendo a un lacerante Sol menor, que a su vez cede ante un tranquilizador Re mayor, el acorde que forma pareja con Sol. Ese  acorde se ensombrece a continuación en forma de Re menor antes de dar paso a La mayor, seguido de una séptima disminuida y una séptima dominante sobre Re.” (p. 229)

“(…) el oído espera que Re sea la tónica de una tríada en Re menor, y cuando resulta ser la nota intermedia de una tríada de Si bemol mayor, el efecto es discordante, desorientador, vertiginoso.” (p. 514)

Y sin embargo para un aficionado a la música como es mi caso, pero desconocedor en todo de sus más elementales técnicas e incluso terminología, no logra echarme para atrás aunque haya muchos momentos en que la lectura se convierta en realmente complicada por no decir imposible.
¿A qué se debe esta aparente contradicción? Creo que, como bien dice  Jesús Ruiz Mantilla en el comentario hecho en  Babelia (6.10.2012):

“(…) contar la música. Algo en lo que Alex Ross viene a ser de los pocos que consiguen la excepción de una comunicación sugerente, visceral, fascinante, divertida, jugosa. (…)
Sin límites, sin exclusividades, derribando la premisa de que existen músicas superiores o más complejas que otras. No hay clases. Históricamente. Entre el barroco y el rock, entre el Renacimiento y el pop, entre los alardes románticos de Schubert y Beethoven, y el jazz o el blues, todos somos más o menos iguales.”

Se salta por encima de cualquier dificultad por la gran capacidad de comunicar que tiene Ross, porque aunque no se entienda todo lo que dice sí que queda el mensaje final de amor por esa música y también informaciones suficientes para hacer un esfuerzo de comprensión e incluso para mostrarse más abierto a algunas músicas que yo desconocía. El libro engancha, te abre a otros mundos y perspectivas musicales y, desde luego, lo más importante, se lee con gusto.
En el libro se recogen a lo largo de sus más de 600 páginas un conjunto de 20 artículos publicados por el autor en The New Yorker, donde ejerce la labor de crítico musical, entre 1998 y 2009. Algunos adaptados y modificados para esta edición. Mayoritariamente hablan de música clásica (Mozart, Shubert o Verdi sobre todo), pero también de clásica contemporánea como John Cage o directamente moderna desde Radiohead a Björk pasando por Bob Dylan, sin olvidar alguna breve incursión en el jazz algo a lo que a mí me habría gustado que dedicase más espacio.
Como se ve, toca un poco de todo y de todo saca provecho y elementos para el disfrute musical. No obstante deja también esta cita que parece un tanto contradictoria teniendo en cuenta que no le desagrada el que lo dice:

“(…) hizo suyo (se refiere a John Cage) el principio de Shoenberg de que la música debía ejercer una función crítica, perturbando al oyente más que confortándolo.” (p. 442)

Yo desde luego soy más de confortarme con las audiciones que de buscar ningún tipo de perturbación. De hecho, tras la lectura del libro, he intentado ya en dos ocasiones escuchar cosas de Cage y por el momento he sido incapaz de hacerlo porque me desasosiega.
En fin, en un texto tan extenso hay momentos para todo tipo de sentimientos, emociones e informaciones aunque unas gusten e interesen más y otras menos, pero en su conjunto es un libro enormemente recomendable para cualquier aficionado a la música.
Finalizo este comentario con un fragmento que me ha llamado poderosamente la atención pues no había caído en ello a pesar de lo obvio que resulta.A propósito de los libretos de alguna ópera, en este caso Il trovatore, Ross afirma lo siguiente:

“Lo cierto que es la mayoría de los espectáculos de entretenimiento parecen una tontería cuando se contemplan desde la distancia. No hay nada en Verdi que resulte más inverosímil que los hechos que articulan la trama de una obra de Shakespeare o, puestos a ello, que una típica película de Hollywood. La diferencia es que las convenciones de esta última son ampliamente aceptadas en este momento de modo que si, por ejemplo, Matt Damon va montado en un monociclo en sentido contrario por la autopista y mata a un grupo de delincuentes uzbecos con un paquete de caramelos, los espectadores aplauden con entusiasmo en vez de partirse de risa.” (p. 328)

Hay una buena reseña de Stefano Russomanno en abc.es.


Alex Ross, Escucha esto. Traducción de Luis Gago

1 comentario:

  1. Un gran libro sin duda alguna. Alex Ross tiene un excelente blog y lo tengo por unos de los críticos más cabales y con más conocimientos que hay en la actualidad.
    Los trozos que señalas en donde habla DE música, sino eres músico no te enteras de nada, pero la sensación de que hay algo en lo que dice me parece interesante.
    Muy acertada el comentario de tefano Russomanno, uno de los mejores críticos y musicólogos que tenemos en este país.
    Un saludo.

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