viernes, 5 de mayo de 2017

Gran novela aunque...




Esta novela fue el debut literario de su autor a los 62 años. En 2011 obtuvo el premio Booker Ruso a la mejor novela de la década. Chudakov había muerto en 2005.
La novela abarca casi todo el siglo XX de Rusia de una forma bastante peculiar. Narrada desde el personaje de su nieto en tercera persona y en ocasiones en primera, se convierte tan pronto en una novela costumbrista y casi etnográfica, como en un anecdotario, un análisis de la cultura en sus diversas manifestaciones e incluso en una crítica política.
Así, dedica espacio a describir temas como: la educación, los baños públicos, los trabajos del campo, los mercados de los domingos, las canciones populares, etc. y, también, a hablar sobre la magia, la música o la literatura.
La novela se estructura en un gran número de capítulos que en muchos casos suponen relatos casi independientes del resto de la narración y ese es, en mi opinión, el principal defecto de la obra o al menos lo que ha hecho que no me termine de gustar. Se pierde bastante el hilo de la narración y no siempre lo que cuenta en algunos capítulos tiene el mismo interés que la historia principal.
Toda la obra supone un retrato, eso sí  bastante fragmentario, de la realidad rusa en el siglo o, mejor dicho, de la realidad de un sector de población que vivó “exiliada” en su propio país. El pueblo en el que vive toda la familia está al norte de Kazajstán.
Hay personajes realmente notables desde el abuelo y la abuela (habla en francés y usa una cubertería de 9 piezas), a alguno de los tíos  y familiares políticos. Además, hay pasajes en los que muestra un gran sentido del humor (en uno de los capítulos  reconozco que me reí a gusto).
Es curiosa y significativa esta caracterización del abuelo:

“Había dos castigos que aplicaba el abuelo: no pienso acariciar tu cabeza y no te daré el beso de buenas noches.” (p. 89)

Asimismo en la última página también es significativo este fragmento que pone en boca del abuelo:

“- Ellos nos quitaron nuestro jardín, nuestra casa, a mi padre, a mis hermanos. Nunca lograron privarnos de Dios, porque el reino de Dios está dentro de nosotros. Pero nos quitaron Rusia. Y en mis últimos días no tengo sentimientos cristianos para ellos. Es un pecado. No puedo encontrar en mi alma el perdón para ellos. Grande es mi pecado.” (p. 538)

Finalmente, la siguiente cita da una idea de un aspecto que atraviesa la novela aunque no lo haga de forma explícita:

“El mundo de mi infancia distaba del de mi nieta el mismo lapso de medio siglo que me separaba del mundo del abuelo. Su mundo –sin radio, sin electricidad, sin aviones- era extraña y terriblemente curioso para mí; la misma curiosidad desde mi punto de vista, debería despertar en mi nieta mi mundo, un mundo  sin televisión ni magnetófonos, con sus gramófonos, sus locomotoras y sus bueyes, aunque solo fuera por su exotismo. Pero le era inútil e innecesario.” (p. 323)

Como decía  antes, se trata seguramente de una magnífica novela, pero en mi caso pasada la primera mitad empezó a dejar de interesarme, y solo de vez en cuando he logrado meterme en las diferentes historias. Una novela demasiado fragmentaria para mi gusto.
Magnífica la traducción y muy útiles  las notas a pie de página.
Hay dos críticas bastante completas y favorables: Ricardo Martínez en culturamas.es y en el blog caminosquenollevananingunsitio.blogspot.com..



Aleksandr Chudakov, El abuelo. Traducción Yulia Dobrovolskaya y José María Muñoz Rovira.

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