sábado, 12 de septiembre de 2026

El mundo askenazi en el siglo XIX

 

De los hermanos Singer ya han aparecido comentarios de sus libros en el blog. De Israel en concreto de dos: La familia Karnowsky y De un mundo que ya no está. Ambos me parecen dos grandes libros y ahora tengo que añadir el que ahora comento que, aunque de una extensión menor, no lo es en su calidad literaria.

Como en los anteriores, el mundo que refleja es el de los judíos askenazíes de Centroeuropa, en este caso en el último tercio del siglo XIX. La acción se desarrolla en dos ciudades: una en la Galitzia polaca y la otra está en la Polonia rusa. Esto da a la obra una gran riqueza en lo que se refiere al uso de los idiomas ya que sus personajes hablan lenguas muy variadas: yiddish, hebreo, polaco, alemán, ruso…Esto es algo muy habitual en toda la obra del gran escritor Joseph Roth, por cierto originario de Galitzia, al que a veces me recuerda Singer.

En cada una de ellas vemos cómo funciona la comunidad al mando del rabino correspondiente y, tal y como lo menciona el autor, se trata de una “corte”. El libro está dividido en tres partes. En la primera, que se desarrolla en la primera ciudad, asistimos a la celebración de dos matrimonios, uno de ellos el tercero del rabino. En la segunda, que se desarrolla en la ciudad rusa, también se formaliza otro matrimonio que dará origen a un conflicto. A la resolución de este conflicto se dedica la tercera parte. Poco más se puede, y debe contar de la trama.

Singer es un magnífico narrador y va introduciendo al lector en la historia a través de unos personajes muy bien caracterizados.

Lo mismo que pasaba en los anteriores libros del autor, en este se puede encontrar un verdadero estudio etnológico de esas comunidades y de cómo vivían y practicaban su religión, una religión que, tal y como la cuenta Singer, está llena de ritos y leyes, de estas se mencionan, por ejemplo, las refrentes a la comida, el luto, las prebodas, las bodas, etc. El capítulo 13 con el que inicia la segunda parte del libro es un magnífico ejemplo de este carácter etnológico ya que describe con todo lujo de detalles cómo era la feria en una de esas localidades y qué diferentes grupos de judíos acudían a ellas.

En definitiva, una magnífica novela muy interesante por lo que cuenta y por cómo lo hace.

Nota poco relevante: Como buen ateo que soy, lo que leo sobre el judaísmo no hace sino reafirmarme en mi idea, aunque no sé si es eso lo que pretende el autor que siempre se muestra respetuoso.

Hay una buena reseña de Koldo en unlibroaldia.blogspot.com

 

Israel Yehoshua Singer, Yoshe Kalb, el pecador. Traducción Rhoda Henelde y Jacob Abecasís.

 

 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Entretenimiento de calidad

 

Este es el cuarto volumen que leo y comento de la serie que Offutt dedica a su protagonista Mick Hardin, alguien tan peculiar que en esta ocasión ejerce nada menos que de sheriff del condado sustituyendo a su hermana Linda aún convaleciente de los problemas narrados en la anterior novela.

Un Hardin en una situación personal un tanto delicada tal y como se cuenta en el siguiente fragmento:

Mick se quedó un rato en el todoterreno preguntándose cómo podía haber caído tan bajo con tan solo cuarenta años: un trabajo que le repateaba y un coche que no era suyo, viviendo en casa de su madre muerta, divorciado, a la deriva y totalmente ofuscado. No era sano y no tenía muy claro cómo ponerle remedio.” (p. 27)

No obstante, la responsabilidad le hace asumir el trabajo; un trabajo, por cierto, que devaluaba bastante ya que contestaba lo siguiente a una pregunta del jefe de la policía municipal:

“– Eso espero, Chet. No sé cómo podía con esto. En lo que va de semana llevo un caballo fugado, tres perros abandonados y cuatro buzones derribados. La guinda ha sido una mujer que hace kombucha en una yurta.” (p. 41)

Sin embargo, en sus días de gestión se va a enfrentar a tres muertos en diferentes días,  y a un tiroteo con bielorrusos en un largo capítulo en el que Offutt demuestra que es capaz de narrar escenas de acción en el más puro estilo cinematográfico.

Por lo demás, se trata de un libro típico del autor en el que sobre todo hay que destacar su facilidad y agilidad narrativa, los buenos personajes que crea, la naturalidad con la que actúan, los diálogos llenos de intención y muy adaptados a quienes hablan y, claro, no podían faltar las múltiples referencias a los pájaros, eso sí, ninguna, cosa rara, a las serpientes.

Tampoco falta algún toque a la situación política. En este caso solo una de pasada, pero bastante significativa de su forma de pensar

Unos chavales blancos con rifles de asalto. La mayor amenaza del país.” (p. 207)

Y otro a problemas sociales como el de la vivienda con el desahucio de un solar donde estaba situado un parque de caravanas, un momento que recuerda otro exactamente igual que acabo de ver en la película Rebuilding

En fin, una novela típica de Offutt, uno de los autores que más he leído y que más me ha hecho disfrutar en los últimos años.

 

Chris Offutt, El sheriff reticente. Traducción Javier Lucini.