viernes, 13 de marzo de 2026

El Carrère más personal

 

Qué placer me produce siempre leer a este grandísimo escritor francés. He leído prácticamente todo lo traducido de su obra y solamente un libro, El Reino, me dejó frío seguramente por mis posturas antirreligiosas más que por el propio texto.

En este Koljós, por cierto un curioso título, nos ofrece una visión de su familia centrada principalmente en su madre, la famosa historiadora y escritora Hélène Carrère D’Encausse que, no por casualidad, son los dos apellidos de su marido ya que el suyo es un complicado apellido georgiano, país del que procede su familia y ella misma.

El libro, de 437 páginas, está dividido en 321 capítulos. Los cuatro primeros los dedica a sus bisabuelos y abuelos. Tienen el interés de ver cómo funcionaba la emigración en los primeros años del siglo pasado. Me ha costado a veces seguir la trayectoria porque aparecen muchos personajes y no siempre sus nombres son fáciles.

A partir de ahí ya se centra en su familia cercana y dedica capítulos monográficos a Nicolas, el hermano de su madre, la joven Hélène y Louis, para continuar ya con la historia de los dos últimos y, lógicamente la del propio Emmanuel una vez haya nacido.

El autor deja pronto clara cuál es la intención de este texto en un fragmento un poco largo pero que reproduzco por su interés. 

 “Me gustaría escribir este libro bajo el signo de la piedad filial, pero no estoy seguro de ser capaz. A estas alturas de la historia y mi madre solo tiene 15 años, ya la retrato como una mujer autoritaria y dura, y finjo escandalizarme por lo que dice Nicolas, “Hélène no es solamente una historiadora de la Unión Soviética; es una historiadora soviética”, cuando yo mismo he dicho alguna vez: “Mi madre te miente hasta cuando le pides la hora”. Si sigo por esa pendiente, no voy bien encaminado para hacer de este relato el monumento de piedad filial que me gustaría que fuera. Aun así me pongo a ello con la esperanza de que me sorprenda, de que, al perforar la corteza de rencor y malentendidos acumulados desde hace más de 50 años, llegue a lo que debe ser la fuente de este libro: el amor sin límites que nos unió en mi infancia.” (p. 105)

Es interesante la frase final porque, efectivamente, parece que fue solamente en la infancia cuando se produjo ese amor de madre. A lo largo del libro Hélène no suele aparecer como alguien positivo salvo en su faceta pública en la que sí tuvo mucha notoriedad hasta el punto de ser Secretaria vitalicia de la Academia francesa, además de obtener numerosos galardones y medallas de honor. Llegó incluso a ser eurodiputada. Sin embargo, en su vida privada, tal y como lo cuenta su hijo, dejó una impronta menos positiva. Baste el dato de que estuvo casada 71 años con su marido y, según cuenta el hijo, durante los últimos cincuenta no apareció gesto o palabra de cariño hacia él.

Evidentemente, no se trata de contar nada de un libro que además de la historia familiar incluye algunas interesantes anécdotas como, por ejemplo, la de Salomé, una prima que era embajadora de Francia en Georgia, el presidente de ese país logró poder nombrarla ministra de Exteriores en 2004 y, finalmente, terminó de presidenta tras ganar las elecciones en 2018. Dedica bastante espacio a hablar sobre la guerra de Ucrania tanto la actual como el conflicto que hubo antes por Crimea y la parte oriental, un conflicto en el que su madre fue comentarista en diferentes medios de comunicación.

La parte final, en la que relata los últimos momentos de su madre me ha resultado muy emotiva y tengo la impresión de que le ha costado bastante escribirla.

Si lo que cuenta Carrère en este libro resulta interesante, aunque puede que a algún lector le sobren algunas cosas, también es muy importante la escritura y la capacidad narrativa del autor, algo que no por habitual en toda su obra deja de sorprender, lo mismo que su implicació0n personal. Claro que es uno de los principales exponentes de lo que se ha llamado “literatura del yo”.

No quiero terminar el comentario sin reproducir un fragmento que me ha llamado la atención y que, además de al caso que él lo aplica yo lo haría con el pueblo israelí porque es exactamente igual:

“Las distinciones humanistas del tipo “el pueblo ruso no es lo mismo que su gobierno”, que hace unos meses me parecían de sentido común, ya no me resultan tan obvias conforme se van sucediendo las atrocidades y la sociedad rusa se transforma toda ella en el imperio de la Z triunfante”. (p. 361)

(Z es el símbolo de los partidarios de Putin.)

En fin, un libro que, como todos los suyos, es absolutamente recomendable. Uno de esos libros que cuesta dejar descansar porque sabes que lo que te espera cuando lo retomes siempre te va a hacer disfrutar.

Algo que echo en falta en la edición es que se hubiese incluido alguna de las fotos que comenta sobre todo en los primeros capítulos.

Por cierto, en marzo de 2024 comenté el último libro publicado por la madre, una obra dedicada a la biografía de Alexandra Kollontái.

 

Emmanuel Carrère, Koljós. Traducción Juan de Sola.

 

 

 

jueves, 5 de marzo de 2026

Buen descubrimiento

 

Solo conocía a este autor de nombre y por alguna reseña hecha por un gran seguidor suyo al que luego mencionaré. Aunque leo pocos libros escritos por autores españoles, me animó lo que la editorial cuenta en la contraportada y, por qué no decirlo, el hecho de que estaba escrito originalmente en catalán, lengua en la que, por cierto, al terminar la lectura me di cuenta de que es en la que debería haberlo leído, si bien me parece que está muy bien traducido.

Guasch es un joven escritor, nació en 1997, que cuenta ya con varios libros publicados tanto de narrativa como de poesía.

Su padre se suicidó en 2013 sin dejar ninguna nota y diez años después el autor decide escribir este libro intentando averiguar el porqué de tan grave decisión. Para ello establece un auténtico diálogo con el padre muerto en el que habla de su relación o de la falta de ella. También va alternando referencias a momentos de su infancia y juventud, a la relación entre sus padres, la llegada de sus hermanos (que son adoptados), a su primer amor, Valèria, a los veinte años, y a menudo a sus conversaciones con Berta, su amiga y confidente.

Junto a ello, y ocupando un espacio importante en el libro, refiere los casos de varios suicidas, principalmente del mundo de la literatura, buscando en ellos si dejaron o no notas explicativas que le pudieran ayudar a comprender lo hecho por su padre. Hay referencias entre otros a: Foster Wallace, Silvia Plath, Arthur Cravan, Michima o Dylan Thomas.

Como se ve, el tema es realmente apasionante, pero es que, además, Guasch es un magnífico escritor, con un lenguaje muy poético, gran sensibilidad, y una manera de ir mostrando los diferentes momentos y situaciones de forma gradual, diría que es como si quisiera que el lector le acompañara en su búsqueda. Del libro dice Colm Tóibin “Una fuerza hipnótica” (reproducido por la editorial en la contraportada). Y es que, efectivamente, el lector queda atrapado en la lectura de esa búsqueda y va pasando, al menos en mi caso, por diferentes estados de ánimo desde la emoción hasta la tristeza.

Aunque el tema de ambos libros no tenga nada que ver, leyéndolo me iba recordando el que leí recientemente de Mario Obrero, otro joven que también es poeta.

Un libro que me parece muy recomendable. Un tema muy interesante tratado con hondura, emoción y respeto.

Para terminar, reproduzco un fragmento bastante extenso porque creo que representa muy bien el contenido del libro:

“Me levanto antes de que salga el sol, cuando todos duermen, y empiezo a escribir. En la resina de los pinos, resplandece la luz del sol que sale. Muy despacio, el cielo se vuelve claro, pero primero es de un azul oscuro, después de un verde lacustre, de un amarillo mustio, como de final, y luego el cielo se vuelve claro. Te invoco al leerte. Tus correos electrónicos, tus cartas, las palabras que me dijiste y aún recuerdo. Te busco en otros lugares: repaso los diarios de mamá, desafío tus ojos en las fotografías, tecleo tu nombre en internet sabiendo que no queda ningún rastro de él. Pasaste por el mundo como un cometa que arde demasiado rápido. No faltan tantos años para que la gente que te quiso y te recuerda deje de existir. Cincuenta, sesenta, setenta años para que no quede nadie que llegaras a conocer sobre la Tierra.” (p. 134)

Hay una magnífica reseña de Marc Peig en unlibroaldia.blogspot.com. También ha reseñado los otros libros de Guasch del que es fiel seguidor.

 

Pol Guasch, Reliquia. Traducción Unai Velasco.

 

martes, 3 de marzo de 2026

Inicios de la serie dedicada a Conde

 


Este es el segundo volumen de la serie que el autor dedica a Mario Conde como protagonista de las historias. He leído alguno de los últimos, cuando ya Conde se dedica a la compra venta de libros, pero en este aún es policía, una faceta que no conocía del personaje.

La mera trama policiaca de la novela no me parece especialmente interesante, como tampoco lo suelen ser cuando ya dedicado a los libros le hacen encargos para alguna investigación.

Del Padura con Conde de protagonista lo que verdaderamente me gusta es su forma de narrar, el uso que hace del lenguaje popular, las conversaciones entre el grupo de amigos: El Conejo, El Flaco Carlos y Andrés, con los que se dan buenas comilonas hechas por Josefina, la madre del segundo, comilonas que recuerdan bastante a las de Vázquez Montalbán y su Carvalho.

En esta novela Conde tiene que resolver el asesinato de una joven profesora del Pre y eso le da pie al autor a mostrar una cierta nostalgia de la época de estudiante y también de cómo era entonces su barrio.

Al contrario de lo que sucede en las últimas novelas, Padura ofrece pocas críticas a la situación del país. Apenas alguna referencia al deterioro de las viviendas y poco más. Incluso para las comilonas hay todo tipo de viandas. Hay que tener en cuenta que se publicó en 2001, pero la historia sucede en 1989.

Me ha resultado curiosa la reflexión que reproduzco a continuación hecha por el director del Pre porque es algo que, como la crisis del teatro, he oído siempre y sigo haciéndolo:

 

“Yo no sé qué está pasando, pero cada vez a los muchachos les interesa menos aprender de verdad. ¿Saben qué tiempo llevo yo en esto? Veintiséis años, compañeros, veintiséis: empecé de maestro, y ya llevo quince de director y cada vez creo que es peor”. (p. 40)

 

Un libro muy entretenido y recomendable para quienes disfruten con el lenguaje.

 

Leonardo Padura, Vientos de cuaresma.