sábado, 19 de septiembre de 2026

Sobre la Globalización

 

LA GLOBALIZACIÓN: de la extrema izquierda a la extrema derecha (I)

 

Este tema hace muchos años que me interesa. En este blog hay una serie que llamo Mis temas recurrentes y, precisamente, el II es el que ahora nos ocupa. En una fecha tan lejana como diciembre de 2011 hice la entrada en esa serie y en ella entre las lecturas de las que dejaba constancia había libros de autores que iban desde Joaquín Estefanía a Joseph Stiglitz, pasando por Alessandro Baricco. Desde entonces he seguido leyendo ensayos sobre el tema si bien poco a poco me fue dejando de interesar hasta que, por lo que más adelante expondré, he vuelto a pensar en él porque creo que explica muchas de las cosas que están sucediendo hoy a nivel mundial.

Cuando se habla de globalización se suele diferenciar entre una globalización económica, otra política, otra cultural e incluso una tecnológica. En mi caso, las lecturas y la preocupación se han centrado casi exclusivamente en la económica que es, de hecho, la que creo que ha tenido más repercusiones y más efectos sobre la situación mundial.

También hay autores que hablan de que se trata de la segunda globalización ya que la primera se produjo a partir del siglo XVI con el imperio español. Esto no me parece relevante para el enfoque que le doy al tema. Evidentemente, como ha demostrado E. Wallerstein con sus estudios y su   idea de una economía-mundo, sí se produjo entonces algo parecido a una globalización aunque, creo, mucho menos completa que la actual y, desde luego, con menos repercusiones.

Así pues, mi análisis se centra en la globalización económica que se produce a partir del segundo tercio del siglo pasado. Esa globalización fue calificada por algunos como una “globalización neoliberal” y consecuentemente combatida por todo un conjunto de grupos que iban desde la extrema izquierda marxista o trotskista a una gran variedad de grupos anarquistas pasando por otros de tendencia ecologista. Estos grupos, calificados muchas veces como antisistema, tuvieron momentos de una gran presencia mediática con manifestaciones tan importante como las de Seattle, Génova, Barcelona o Sao Paulo, ciudad esta última que dio nombre el Foro Mundial que se creó para intentar unificar los planteamientos de grupos tan diversos. Estas manifestaciones siempre coincidían con reuniones de algunos de los grupos G existentes o instituciones como el Banco Mundial o alguna Cumbre europea (por ejemplo, la de Barcelona). En cualquier caso, esto sucedía entre 1999, la de Seattle, y los primeros años del siglo actual. Hace ya mucho tiempo que la lucha contra la globalización ha cambiado de objetivos y de bando.

Antes de entrar en este cambio, me gustaría dejar algunas reflexiones sobre lo que ha supuesto, y sigue suponiendo, esa globalización económica. Hay que empezar diciendo que esta globalización implica fundamentalmente que tanto mercancías como capitales se muevan con casi total libertad a lo largo del mundo. De alguna manera es llevar las teorías de David Ricardo sobre el libre comercio a la realidad y hacer que cada país se especialice en lo que mejor y más barato es capaz de producir.

En 1995 se creó la Organización Mundial de Comercio (OMC) para que, a través de negociaciones, las llamadas “rondas”, los diferentes países fuesen adaptando sus sistemas arancelarios y de controles administrativos a esta realidad. Fruto de la puesta en marcha, por un lado, de una gran libertad comercial y, por el otro, de una gran movilidad de los capitales, desde gran parte de los países desarrollados, hoy norte global, se fueron produciendo inversiones principalmente en países asiáticos y a ellos se fue trasladando una parte importante de la producción industrial. No hay más que fijarse en la procedencia de casi todo lo que compramos para darse cuenta de la dimensión de este fenómeno.

A partir de este proceso, y a medida que avanzaba y se generalizaba, se comenzó lo que algunos han llamado “la gran convergencia”, esto es, la disminución de la diferencia de los ingresos entre países a nivel mundial. Hace muchos años que, en una charla a un grupo de estudiantes en una escuela de adultos, les explicaba que en el mundo hay una tarta para repartir entre todos, esa tarta puede crecer cada año, pero ante el tamaño de las diferencias entre los seres humanos según el país en el que vivan, la única forma de que a los que menos tienen les toque algo más es que esa parte la cedan lo que más tenemos. Esa explicación la hacía bajo la premisa de que nos tocaba ceder una parte, que eso era lo justo independientemente de que nos gustase más o menos.

Pues bien, esto es precisamente lo que la globalización ha producido. Aquí quiero utilizar las ideas de Branko Milanovic, economista serbio-estadounidense y gran especialista en el estudio de la desigualdad mundial y el primero en el que he visto reflejadas estas ideas.

“Una de las principales observaciones recientes es que, aunque los ingresos mundiales estén convergiendo, los segmentos inferiores y medios de la distribución de los ingresos de las naciones más ricas están cayendo en la clasificación mundial.

(…)

En efecto, el mecanismo de la convergencia implica un reajuste de ingresos en el contexto global. En esencia, para que se produzca la convergencia mundial, es inevitable que algunos individuos, que históricamente ganaban menos que sus homólogos de las naciones ricas, ahora los superen. Por tanto, es matemáticamente imposible abogar por la convergencia mundial y, al mismo tiempo, desear que las mismas naciones mantengan su predominio económico.

(…)

La idea de que todo el mundo, independientemente de sus orígenes, merece las mismas oportunidades de éxito es ampliamente acogida. Sin embargo, existe una verdadera reticencia cuando el principio se traslada a escala mundial”. (p. 96-97)

(La disrupción de la gran convergencia. En el libro Retrato de un mundo nuevo)

Aquí por un lado queda clara constancia de esa disminución de las desigualdades a nivel mundial, pero, por otro lado, se apunta algo fundamental al hablar de la “reticencia” cuando la idea de que todo el mundo merece las mismas oportunidades se traslada a escala mundial. Esto último es capital para entender lo que está sucediendo desde hace unos años con el crecimiento constante de los partidos de ultraderecha. Este auge y algunas de las ideas que están detrás de estos grupos son lo que ha hecho que me haya vuelto a interesar el tema de la globalización.

Volvamos al cambio de oposición del que hablaba más arriba. Cuando se hablaba de globalización neoliberal se fue generando una oposición muy fuerte y sobre todo muy dura. Los diferentes grupos que la constituían acudían a las diferentes convocatorias de las instituciones internacionales que antes mencionaba. Ahora bien, poco a poco, esto fue cambiando y ese movimiento se fue disolviendo hasta prácticamente desaparecer. No se me ocurre ahora ningún momento cercano en el que haya dado muestras de volviera como tal ese movimiento antiglobalización. Sin embargo, y esta es la gran novedad, sí que hay hoy una fuerte oposición a la globalización, pero esta proviene precisamente desde el lado opuesto del espectro político; la inmensa mayoría de los grupos actuales de ultraderecha hacen alusión a la globalización como la causante de muchos de los males actuales y eso que la globalización como tal nunca pretendió la libertad de movimientos de las personas, esto es, no propuso que hubiera facilidad para los movimientos migratorios. Sobre algunos aspectos de este cambio es muy interesante el libro de Pablo Stefanoni, ¿La rebeldía se volvió de derechas?

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