Esta es la
única novela que escribió Lemebel que aparece en la solapa como escritor,
activista y artista. También tiene un libro de relatos y varios de crónicas. Yo
lo desconocía totalmente aunque este libro, por ejemplo, lo publicó en su día,
2001, la editorial Anagrama. Fue Brenda Navarro a quien escuché recomendarlo en
un programa de radio ante la petición de un oyente que quería libros de autores
sudamericanos que diesen mucha importancia al lenguaje.
Efectivamente,
una de las grandes virtudes de este texto es el magnífico uso que hace del
lenguaje pues como se afirma en el blog leeresvivirdosveces.com: “La verdad es que lo mejor del libro es el autor. Su
estilo barroco, recargado, culto, con una imaginería y una riqueza lingüística
excepcionales, provocador, irreverente, sarcástico, es absorbente. Leerlo es un
placer, las palabras fluyen y se van trasladando a un óleo en el que de forma
plástica y visual vas viendo perfectamente lo que está pasando”.
Ahora bien, hay también otros
aspectos del libro que hacen de él un texto absolutamente recomendable. Me
refiero a los temas que aborda y a la forma de hacerlo. La historia cuenta la
preparación de un atentado en 1986 al dictador chileno Pinochet. En él está
involucrado un joven estudiante, Carlos, que inicia una relación con La Loca
del Frente, un homosexual que le cede su casa, porque está profundamente
enamorada (el autor usa el femenino con este personaje), para que guarde lo que
quiera sin preguntar de qué cosas se trata. Esta relación está magistralmente
retratada por Lemebel, con una gran delicadeza hacia ambos personajes.
Al mismo tiempo nos muestra
en varias escenas a la mujer del dictador, Lucía, cuya preocupación fundamental
es adquirir modelitos y a un Pinochet que tiene más que sueños, auténticas
pesadillas.
Como se afirma muy atinadamente
en la contraportada, el libro “entrelaza militancia política y disidencia
sexual, escritura y oralidad, alta cultura y cultura popular”. Todo ello en una
gran combinación de momentos, muchos de ellos entrañables que hacen que sea
difícil abandonar la lectura y que se eche de menos que la historia continúe
(el libro tiene apenas 203 páginas) aunque hay que reconocer que dura lo que
tiene que durar.
Como decía antes, es un libro
muy recomendable y ya lo he marcado como candidato a una de mis mejores
lecturas de 2022.
Ahora solo queda esperar la anunciada publicación por la misma editorial, Las afueras, de una antología de sus crónicas que seguro que no tienen desperdicio.
Pedro Lemebel, Tengo miedo torero.
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