No hace aún un año iniciaba el conocimiento de la obra de Offutt precisamente con la lectura del primer libro de una trilogía de la que el que ahora comento es la segunda entrega. Desde entonces he leído los seis libros que hasta ahora se han traducido de la no muy extensa obra de este escritor estadounidense que pasó su infancia y juventud en Kentucky, territorio en el que se desarrollan todas sus novelas. Basta esta información para dejar constancia de lo mucho que disfruto con sus libros, pues como se dice en la reseña publicada en blogs.culturamas.es.:
“Para mí es un autor que, en
tiempos de tanto bluff, de tanto coñazo auspiciado sólo por tendencias y de
tanta “obra maestra” que al final sólo es una engañifa publicitaria, me
reconcilia con esa sencillez para contar una historia y contarla bien y
engancharnos en cuanto abrimos el libro”.
Esta trilogía, a diferencia
del resto de su obra, está dedicada a la novela negra. En este caso, es
asesinado uno de los cinco hijos de Shifty, una mujer viuda que vive en los cerros, quien pide ayuda para resolverlo a Mick Hardin, protagonista también
del primer volumen de la serie, un policía militar que se dedica a la
investigación criminal en el ejército y que, aunque está destinado en Alemania,
está pasando un tiempo en la zona reponiéndose de las heridas recibidas en un
atentado que sufrió en Afganistán.
Como ya sucedía en la
anterior entrega de la serie, lo principal del libro no es la trama policial,
ni los aspectos relacionados con la búsqueda de los culpables. Lo más
interesante, lo que verdaderamente hace de esta lectura algo gratificante, es,
por un lado, la forma de contar de Offutt con unos diálogos magníficos y, por
otra parte, los personajes que crea y que dejan constancia de un mundo bastante
diferente del habitual en la literatura de ese país. Se trata del mundo rural
de los cerros, un territorio dentro de los montes Apalaches del estado de
Kentucky, un mundo del que, por ejemplo, afirma:
“La cultura de los cerros jamás incurría en el tedio
superficial de charlar amablemente con la gente”. (p. 31)
“La cultura de los cerros imponía una férrea lealtad
familiar y una desconfianza generalizada hacia la educación”. (p. 75)
Un mundo en el que se mueve un conjunto de personajes empezando por Mick, el gran protagonista; siguiendo por su ruda hermana Linda,
la sheriff de la localidad a cuya reelección se presenta; Albin, el joven que descubre
el cadáver y que se convertirá en chófer de Mick; o Turner, un secundario con
un corto pero buen papel, etc.; un conjunto, digo, de gentes que resultan
entrañables.
Evidentemente, no puede faltar en un texto de Offutt la
presencia de la naturaleza que, en este caso, son sobre todo los pájaros
presentes en muchas de las escenas del libro ni, claro está, las serpientes.
Algo que da una idea de cómo se cuenta la historia es que la inmensa mayoría de los veinticuatro capítulos que componen el libro se inician con el nombre de uno de los personajes y, por lo tanto, con alguien entrado en acción.
Solo me queda recomendar el libro como recomiendo cualquiera
de los siete hasta ahora traducidos. Por cierto, hay que destacar la labor de Lucini
en la traducción de este y del resto de los libros publicados por Sajalín.
Chris Offutt, Los
hijos de Shifty. Traducción Javier Lucini
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