lunes, 15 de junio de 2026

Caparrós se atreve con todo

 

Bueno, pues aquí tenemos a otro Martín Caparrós. Se ve que no le basta con ser un grandísimo cronista y reportero, un magnífico escritor de ficción y un buen biógrafo, todo esto no le parece suficiente y nos entrega esta serie que tiene como protagonista al periodista Andrés Rivarola, el Pibe Rivarola, que se desarrolla en los años 30 del siglo pasado y que es un divertimento con forma de novela negra o policiaca.

Tengo la sensación de que Caparrós se lo ha pasado estupendamente escribiendo estos libros y que, casi seguro, esta es la razón de haberlos escrito. Lo digo porque eso se transmite de una forma u otra al lector.

Esta que comento es la segunda de la serie -no he leído la anterior-, y se desarrolla en 1934. Una joven que ejerce la prostitución cerca del barrio de La Boca desaparece y, por otra parte, aparece asesinado el miembro de una banda de delincuentes. Rivarola trabaja como periodista en un medio dedicado a la información local donde le encargan notas sobre la desaparecida para lo que se pone en contacto con el burdel donde desarrollaba su actividad y, poco a poco, con un conjunto de personajes de ese mundo.

Tengo que decir que con este libro me ha pasado lo mismo que me pasa con los que Leonardo Padura, otro gran escritor, dedica a este género, y es  que la trama no me interesa demasiado (tengo la impresión de que lo mismo les sucede a sus autores), que lo relevante de estas historias es el conjunto de personajes que en ellas aparecen, la visión de la ciudad en esos momentos y, sobre todo, los magníficos diálogos, llenos de expresiones porteñas en este caso o habaneras en el de Padura, y su gran sentido del humor.

Un ejemplo ya desde el comienzo:

González Galuzzi no ha ganado ni cien gramos: sigue siendo el cuerpo más escaso capaz de transportar una cabeza, un traje viejo y unos pulmones empotrados de alquitrán. Su cuerpo es un sobreviviente: González Galuzzi ha tendí sesenta años para arruinarlo y se ve que no ha perdido el tiempo”. (p. 15)

(Galuzzi es el jefe directo de Rivarola).

Si le unimos un buen ritmo narrativo, algo fundamental en este tipo de novelas, basado en parte en la utilización de capítulos cortos que van llevando al protagonista de un lugar a otro, y que el ambiente es el de la inmigración polaca en la que busca su negocio, las mujeres, la organización judía Zwi Migdal, tenemos una novela realmente muy entretenida además de, claro, bien escrita.

Otro aliciente es la aparición de personajes reales como, por ejemplo, Lorca, muy presente en varios momentos, u Homero Manzi, ambos con papel, o Roberto Arlt y Troilo.

Se acompaña esta edición con un QR con dos tangos creados para la ocasión, tangos cuya letra compone el Pibe cuando le viene la inspiración.

En definitiva, una novela recomendable y mucho para quien disfrute con el lenguaje porteño. A mí me ha traído multitud de recuerdos a partir de ese lenguaje además  de que la calle Corrientes, una de mis calles favoritas del mundo, está muy presente en la novela porque estaba en plena remodelación es esos momentos.

 

Martín Caparrós, Horror de Buenos Aires.

 

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