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miércoles, 27 de agosto de 2025

Gran descubrimiento

 

Me resulta difícil de entender que, siendo un seguidor de la colección Al margen de la editorial Sajalín, se me hayan pasado nada menos que los tres libros publicados anteriormente de este escritor irlandés. Alguno de los cuales, además, fue premiado en su día.

Kerrigan es un magnífico escritor y tiene dos grandes virtudes: la creación de personajes y de diálogos muy creíbles. Por otra parte, al menos esta novela, resulta enormemente cinematográfico y sobre todo la cuarta parte, y final de las cuatro en las que divide el texto, es tan trepidante como cualquier película buena de acción.

La novela refleja el ambiente de la delincuencia en la ciudad de Dublín con algunos personajes entrañables como su protagonista Danny Callaghan o su amigo Novak. También es original que de los dos sicarios que aparecen uno de le dé el biberón a su bebé antes de irse a trabajar y el otro cuide de su anciana vecina. Otro de los delincuentes es un lector apasionado de El arte de la guerra de Sun Tzu cuyas ideas pretende poner en práctica en su actividad delictiva.

Hay algunas alusiones, pocas para este tipo de novelas, a la situación de Irlanda, eso sí, todas críticas, y apenas hay apariciones de policías.

Kerrigan tiene un magnífico estilo y una buena estructura del relato dividido, como decía antes, en cuatro partes; utiliza la tercera, Al principio, para narrar algunos antecedentes que sirvan para entender mejor la historia.

Es uno de esos libros que cuesta trabajo dejar de leer, que estás esperando para ver qué les ocurre a los personajes y hacia dónde transita la historia. Desde luego, un libro que anima a hacerse lo más pronto posible con más obras del autor. Una gozada.

 

Notas sin importancia. Por un lado, me ha sorprendido ver tres erratas, algo muy difícil de encontrar en los textos de Sajalín. Por otra parte, el copyright es de 2013 y el libro figura como publicado originalmente en Gran Bretaña en 2009 lo que resulta algo extraño.

 

Gene Kerrigan, Días sombríos. Traducción Ana Crespo.

 

 

 

 

domingo, 20 de abril de 2025

Buen descubrimiento


 

Realmente en la editorial Sajalín tienen buena mano a la hora de seleccionar a sus autores. En la colección al margen hay buenos ejemplos a los que se une ahora, con todo el derecho, este Scott Phillips, autor de ocho novelas, del que se publica la primera que escribió.

Novela negra de calidad. Se desarrolla en Wichita la Nochebuena de 1979 y las primeras horas de la Navidad. Su protagonista, el abogado Charlie Aglist, ha elegido esa noche para huir con el dinero de su jefe, un mafioso del lugar.

La novela está dividida en dos partes. En la primera Charlie va por distintos clubes de striptease de la zona a modo de despedida y esperando a un colega con el que va a huir. Esto le sirve al autor para mostrar cómo era el ambiente en esa época y qué tipos había en esos locales. En la segunda narra los inicios de la huida en la que van a surgir algunos problemas no previstos.

Tiene Phillips una buena capacidad y agilidad narrativa, gran facilidad para los diálogos, ocurrentes y muy ajustados al personaje que habla y, además, describe muy bien unos ambientes que hemos visto en numerosas películas. Por cierto, esta novela fue llevada al cine en 2005 algo bastante lógico porque el guion está prácticamente escrito en la novela.

Muy entretenida, de esas que se leen de un tirón, claro que gracias también a sus escasas 200 páginas. Imagino que, a poco éxito que tenga, Sajalín publicará más novelas de este escritor. Por mi parte espero que así sea.

 

Scott Phillips, La cosecha de hielo. Traducción Diego de los Santos.

 


domingo, 16 de febrero de 2025

Black no descansa

 

Voy ya más o menos por el duodécimo libro de Black leído en los últimos diez años y, curiosamente, no recuerdo haber leído ninguno de John Banville a pesar de que están la mayoría en la biblioteca de mi casa (mi mujer es muy seguidora suya).

Black tiene la enorme ventaja de que sus lectores sabemos lo que nos vamos a encontrar en cualquiera de sus libros: por un lado, una trama policiaca bastante básica y, me atrevo a decir, que no demasiado interesante, y, por otro, una magnífica ambientación, unos personajes conocidos que siguen con sus mismas manías y actitudes; todo ello narrado de una forma magistral con una escritura muy cuidada.

En este caso, una mujer ha desaparecido. El inspector Strafford, que mantiene una relación con Phoebe, la hija del doctor patólogo Quirke, protagonista de casi todas las novelas de la serie, recibe el encargo del caso. Ya tenemos así a algunos de los habituales de Black. Luego aparecerán algunos otros.

Además, tampoco podía faltar su tradicional alusión a los abusos sexuales a niños. En este caso se trata de un arzobispo y un profesor expulsado del colegio donde trabajaba y que juega un papel importante en la novela.

Pues bien, con estos mimbres el autor es capaz de escribir 330 páginas manteniendo el interés del lector en capítulos en los que va alternando aspectos de la trama de la novela con otros en los que se centra en las relaciones entre los diferentes personajes.

Desde luego un libro recomendable que hace pasar un buen rato. Un buen ejemplo de lo importante que es la buena escritura a la hora de contar historias.

 

Benjamin Black, Los ahogados. Traducción Antonia Martín.

martes, 21 de mayo de 2024

Mis autores favoritos XXVIII: Patricia Highsmith












Hace mucho que no hacía una entrada en esta sección. En mi lista de pendientes estaba la primera, precisamente, Patricia Highsmith y ha sido a raíz de ver la serie Ripley que me he animado a preparar las fotos de los libros y hacer la entrada correspondiente.

Hace doce años, comentando mi gusto por los libros dedicados a la novela negra o a la novela policíaca, decía lo siguiente:

 

“En los años ochenta ocupa lugar casi exclusivo Patricia Highsmith. He leído, creo, toda su obra traducida lo mismo que con LeCarré. También creadora de un gran personaje como Tom Ripley y de unas novelas muy diferentes de lo acostumbrado en el género. No estrictamente policiaco o, para ser más exacto, en los que la trama policiaca no es muchas veces lo fundamental. El ambiente y, sobre todo, una cierta amoralidad en sus personajes hacen de ella una de las más grandes del género. De su lectura se saca la impresión de que cualquiera puede ser un asesino. Extraños en un tren o El diario de Edith se encuentran entre lo mejor de su producción”.

 

Lógicamente sigo pensando lo mismo. Me parece una de las grandes escritoras del siglo pasado y no solo en su género. Hace solo unos días vi Carol, una de las muchas películas que se han hecho basadas en sus novelas, que es una clara demostración de cómo trataba un tema que no tiene nada que ver con lo policíaco.

Nunca es tarde para recomendar la lectura de cualquiera de sus libros. Además, se están reeditando porque, creo, han resistido muy bien el paso del tiempo.

domingo, 10 de diciembre de 2023

Novela policiaca de calidad


Son muchas las entradas en el blog dedicadas a los libros de Black (por cierto, me acabo de enterar de que este pseudónimo solo lo utiliza Banville en España). Todos suelen ser muy entretenidos y, lo que es también importante, estar muy bien escritos. Este no es una excepción.

La trama, como sucede en prácticamente todos, es relativamente simple. Una mujer aparece muerta y dictaminan que se trata de un suicidio hasta que la analiza el doctor Quirke que aprecia que puede tratarse de un asesinato. A partir de ahí se pone en marcha la policía a la búsqueda de posibles culpables.

Como decía, las tramas no son lo más relevante en las novelas policiacas de Black, pero es que en este caso lo es aún menos porque, aunque esto también es marca de la casa, aquí priman los personajes ya que como dice Laura Fernández en El Cultural, y reproduce la editorial en la solapa:

 

“Black, como Banville, como los maestros, crea personajes que no son solo personajes, que están vivos, en un mundo paralelo al nuestro, el mundo de la Literatura, con mayúsculas”.

 

En esta novela adquieren papel protagonista no solo el de siempre, Quirke, en esta con menos apariciones, sino su hija Phoebe,  los dos policías o una de las hermanas. Además, da mucha importancia a las relaciones personales.

No pueden faltar algunas alusiones a temas relevantes. Así, habla de la minoría protestante irlandesa o de la presencia de los judíos en Irlanda, perro, eso sí, falta esta vez la habitual referencia a la juventud del protagonista y los abusos de la iglesia católica.

Me ha hecho gracia la expresión: “tiene parientes en tierra firme”, dicha por un inglés para referirse a que tiene parientes en Inglaterra. Buena síntesis de una forma de pensar.

En fin, una novela muy entretenida que se lee casi de un tirón a pesar de sus 326 páginas en formato grande.

 

Benjamin Balck, Las hermanas Jacobs.  Traducción Antonia Martín.

 

 

 

 

viernes, 4 de agosto de 2023

Suspense conseguido


La autora, nacida en 1938, tiene una obra muy abundante tanto de novela, medio centenar,  como de ensayo, poesía o teatro. Gran parte ha sido traducida al castellano, sin embargo, este es solo el tercer libro que leo de ella y del primero hace ya más de siete años. Todo eso a pesar de que para muchos críticos es una seria candidata el Nobel de literatura.

No sé muy bien cuál es la razón de haberle prestado tan poca atención a alguien que aparece a menudo en los estantes de las librerías, pero si tengo que ser sincero, tampoco sé muy bien por qué compro algunos libros y por qué no lo hago con otros.

Sea como sea, el caso es que he leído este “ladrillo” de 497 páginas. En mi comentario al anterior libro que leí de Oates ya llamaba la atención sobre la extensión del mismo, algo que, por otra parte, suele suceder con otros autores estadounidenses y también hacía alusión a lo que está pasando con la ampliación de la duración de las películas.

Sin embargo, si algo le tengo que reconocer a la autora es que, a pesar de tal cantidad de páginas y de que creo que le sobran muchas, es capaz de mantener la atención y la tensión del lector por saber lo que está pasando e intentar averiguar lo que puede venir a continuación.

La historia es simple y a la vez compleja. Por un lado, está Hannah, la protagonista absoluta de la novela, que cansada de su matrimonio inicia una relación esporádica con un amante. Por otro lado, hay un asesino en serie que secuestra y asesina a niños blancos. Parece que se trataría entonces de una novela policiaca, pero yo la catalogaría mejor como una novela de suspense, más al estilo de Hitchcock.

Además, y esto es una constante de la autora, aprovecha la historia para hacer una fuerte crítica del racismo (incluido el policial), la violencia sexual, la pederastia y en general de la posición subordinada de la mujer en esa sociedad (la de Detroit en el año 1977).

De una novela así evidentemente no se debe contar mucho más. Solo se me ocurre decir que la relación de Hannah con ese amante no me termina de parecer muy creíble.

Hay que destacar la forma que tiene Oates de narrar la historia que es para mí uno de los grandes logros del libro y que es parte del atractivo que crea esa atención del lector a la que aludía antes. Párrafos bastante cortos, a veces de apenas una línea, con un lenguaje muy directo y con pocos diálogos.

Una novela que resulta entretenida aunque, como ya he dicho, creo que podría haber contado y criticado lo mismo con bastantes páginas menos evitando la reiteración de situaciones similares.

 

Joyce Carol Oates, Babysitter. Traducción Núria Molines Galarza.

 

miércoles, 1 de marzo de 2023

Desde el amor por los libros

Desde la magnífica novela El hombre que amaba a los perros he ido leyendo a Padura muy de vez en cuando y me arrepiento de no haberlo hecho más a menudo. Cada novela suya que leo me descubre el espléndido escritor que es. De esta serie que tiene como protagonista a Mario Conde (obviamente, nada que ver con el que vive por estos pagos) este es el segundo que leo. Conde fue policía, profesión que abandonó para dedicarse a la compraventa de libros que es la que tiene en la novela que ahora comento.

Padura la ha dividido en dos partes que tiene prácticamente la misma extensión, aunque diferente contenido. En la primera, vemos a Conde y a Yoyi el Palomo, su amigo y colaborador, entrar en contacto con una familia que ha heredado una extensa y muy valiosa biblioteca que quieren vender porque su situación económica es mala. Estamos en plena crisis tras el período especial que se vivió en Cuba. En esta parte se habla mucho de libros y, sobre todo, de ejemplares especialmente valiosos. En uno de los libros Conde encuentra la referencia a una cantante de hace años a la que quiere encontrar. Así, se entra en la segunda parte dedicada íntegramente a esa búsqueda en la que nos encontraremos con más de una sorpresa.

No es una novela policiaca en sentido estricto, y sí tiene más de novela negra sobre todo a partir de las incursiones que Conde hace a determinados barrios de La Habana buscando información. En estos lugares, además del gran deterioro físico hay también un gran deterioro humano; son barrios en los que priman la violencia y las drogas. Se manifiesta así una de las características de la novelas de Padura que se desarrollan en Cuba, la mayoría, que es la crítica a determinados aspectos de la realidad de la isla.

Algunos ejemplos en los siguientes fragmentos:

-       - Nos hicieron creer que todos éramos iguales y que el mundo iba a ser mejor. Que ya era mejor…

-       -  Pues los estafaron, te lo juro. En todas partes hay unos que son menos iguales que los otros y el mundo va de mal en peor. Aquí mismo, el que no tiene billetes verdes está fuera de juego, y hay gentes ahora mismo que se están haciendo ricos, a las buenas y a las malas…” (p. 45)

 

-      -   ¿Te has fijado, Conde, cuántos que fueron policías y militares andan viviendo ahora de los negocitos estos?”. (p. 51) (Se refiere a negocios privados)

-      -   ¿Te acuerdas, Conde, cuando cerraron los clubes y los cabarets porque eran antros de perdición y rezagos del pasado? –recordó Carlos.

-       -  Y para compensar nos mandaron a cortar caña en la zafra del setenta. Con tanta azúcar íbamos a salir de un solo golpe del subdesarrollo –evocó Candito-. Cuatro meses estuve cortando caña, todos los días de Dios.

-       - A veces me pongo a pensar… ¿Cuántas cosas nos quitaron, nos prohibieron, nos negaron durante años para adelantar el futuro y para que fuéramos mejores?

-        - Una pila – dijo Carlos.

-       -  ¿Y somos mejores?? –quiso saber Candito el Rojo.

-      -   Somos distintos: tenemos tres patas o una sola, no sé bien… Lo peor fue que nos quitaron la posibilidad de vivir al ritmo que vivía la gente en el mundo. Para protegernos…” (p.198)

 (Todos los … en el original)

Este último diálogo es una parte de un debate que tiene Conde con su grupo de amigos, los protagonistas de esta novela y de las otras de la serie, sobre lo que ha pasado en la isla tras la revolución. Diálogo que me ha recordado mucho al que se produce en el libro Regreso a Ítaca que escribió en colaboración con Laurent Cantet y en el que se recoge el guion  y algo más de la película homónima que se estrenó en 2014. Película que aprovecho para recomendar porque es un largo debate entre uno que vuelve de visita tras vivir en España dieciséis años y los amigos que se quedaron. (Por cierto, La neblina del ayer es muy anterior ya que se publicó en 2005).

Como decía al principio, Padura es un magnífico escritor que recuerda en algunos aspectos al mejor Vázquez Montalbán de quien, según sus propias palabras que escuché hace unos días en una entrevista en Radio 5, afirma que es su mayor influencia. También se pueda notar esta en las dos o tres comilonas con las que Conde obsequia a sus amigos con las ganancias obtenidas de la compraventa de los libros.

En definitiva, un libro muy recomendable porque a la trama puramente detectivesca de búsqueda de la cantante, se une esa biblioteca repleta de joyas bibliográficas, los elementos de crítica de la situación ya mencionados y un conjunto de personajes, empezando por el propio Conde, que mantienen el interés por lo que se está narrando en todo momento.

Tendré que buscar más historias de este peculiar protagonista de la serie.

Hay una reseña de José Ignacio Escribano en jiescribano.wordpress.com en la que se cuentan bastantes detalles del contenido de la novela.

 

Leonardo Padura, La niebla del ayer.

 

jueves, 9 de febrero de 2023

Otro buen título de la colección Al margen


He leído muchos libros de la colección Al margen de la editorial Sajalín y solo recuerdo uno que no me terminó de gustar. Es una colección que lleva más de cincuenta títulos la mayoría de los cuales se publicaron hace años. En concreto, por ejemplo, el que hoy comento lo fue en 1.988. Es el segundo de una trilogía de la que no he leído el anterior, pero no importa porque se pueden leer como novelas independientes.

La novela se inicia con el siguiente párrafo:

 

“Como deseaba evitarse un posible desaire en la entrada, lo primero que Emil Jadick asomó por la ventana del club de Campo de Hushed Hill tenía dos cañones y estaba cargado. Él y los otros dos miembros del Ala iban vestidos inapropiadamente con camisas de camuflaje y pasamontañas, pero la chulería con la que hacían ostentación de sus armas de fuego sofocó cualquier comentario sarcástico por parte de los invitados, sentados alrededor de la mesa de póquer”. (p. 9)

 

A partir de ahí veremos quiénes son los componentes de esta pandilla de gánsteres y el error que han cometido robando en un territorio que depende de otra pandilla. El dirigente de esta encargará a Shade, un peculiar policía, que se encargue de buscar quién ha sido y para ello tendrá que colaborar con el lugarteniente de ese dirigente.

En fin, una novela de gánsteres, de un género que, según José María Sánchez en su completísima reseña en totalnoir.woodpress.com, el propio Woodrell cataloga de country noir. Interesante clasificación porque se desarrolla en el medio rural y en concreto en un lugar que describe así:

 

“Aquello era Frogtown, el barrio donde las patillas eran más largas, las faldas más cortas, las apuestas más altas y las expectativas más bajas, y eso le encantaba”. (p. 58) (Se refiere a Shade el policía protagonista).

 

Si le añadimos una espléndida galería de personajes secundarios, unos diálogos perfectamente ajustados a esos personajes y una serie de frases que podrían estar en cualquier antología de frases chulescas ingeniosas, tenemos lo que puede ofrecer esta divertida novela que, sobre todo en los primeros capítulos, llega a provocar la risa del lector. Una novela que no ahorra la violencia, pero que tampoco se excede con ella. Una trama relativamente básica, pero trabajada lo suficiente como para que el lector tenga interés por lo que sucede aunque, al menos en mi caso, me interesa sobre todo la forma de contar la historia y el comportamiento de los distintos personajes.

Otro título recomendable de esta magnífica colección.

Daniel Woodrell, Los matones del Ala. Traducción diego de los Santos.

 

jueves, 17 de noviembre de 2022

En la norteamérica profunda


No hace aún un año iniciaba el conocimiento de la obra de Offutt precisamente con la lectura del primer libro de una trilogía de la que el que ahora comento es la segunda entrega. Desde entonces he leído los seis libros que hasta ahora se han traducido de la no muy extensa obra de este escritor estadounidense que pasó su infancia y juventud en Kentucky, territorio en el que se desarrollan todas sus novelas. Basta esta información para dejar constancia de lo mucho que disfruto con sus libros, pues como se dice en la reseña publicada en blogs.culturamas.es.:


“Para mí es un autor que, en tiempos de tanto bluff, de tanto coñazo auspiciado sólo por tendencias y de tanta “obra maestra” que al final sólo es una engañifa publicitaria, me reconcilia con esa sencillez para contar una historia y contarla bien y engancharnos en cuanto abrimos el libro”.


Esta trilogía, a diferencia del resto de su obra, está dedicada a la novela negra. En este caso, es asesinado uno de los cinco hijos de Shifty, una mujer viuda que vive en los cerros, quien pide ayuda para resolverlo a Mick Hardin, protagonista también del primer volumen de la serie, un policía militar que se dedica a la investigación criminal en el ejército y que, aunque está destinado en Alemania, está pasando un tiempo en la zona reponiéndose de las heridas recibidas en un atentado que sufrió en Afganistán.

Como ya sucedía en la anterior entrega de la serie, lo principal del libro no es la trama policial, ni los aspectos relacionados con la búsqueda de los culpables. Lo más interesante, lo que verdaderamente hace de esta lectura algo gratificante, es, por un lado, la forma de contar de Offutt con unos diálogos magníficos y, por otra parte, los personajes que crea y que dejan constancia de un mundo bastante diferente del habitual en la literatura de ese país. Se trata del mundo rural de los cerros, un territorio dentro de los montes Apalaches del estado de Kentucky, un mundo del que, por ejemplo, afirma:

 

“La cultura de los cerros jamás incurría en el tedio superficial de charlar amablemente con la gente”. (p. 31)

“La cultura de los cerros imponía una férrea lealtad familiar y una desconfianza generalizada hacia la educación”. (p. 75)

 

Un mundo en el que se mueve un conjunto de personajes empezando por Mick, el gran protagonista; siguiendo por su ruda hermana Linda, la sheriff de la localidad a cuya reelección se presenta; Albin, el joven que descubre el cadáver y que se convertirá en chófer de Mick; o Turner, un secundario con un corto pero buen papel, etc.; un conjunto, digo, de gentes que resultan entrañables.

Evidentemente, no puede faltar en un texto de Offutt la presencia de la naturaleza que, en este caso, son sobre todo los pájaros presentes en muchas de las escenas del libro ni, claro está, las serpientes.

Algo que da una idea de cómo se cuenta la historia es que la inmensa mayoría de los veinticuatro capítulos que componen el libro se inician con el nombre de uno de los personajes y, por lo tanto, con alguien entrado en acción.

Solo me queda recomendar el libro como recomiendo cualquiera de los siete hasta ahora traducidos. Por cierto, hay que destacar la labor de Lucini en la traducción de este y del resto de los libros publicados por Sajalín.

 

Chris Offutt, Los hijos de Shifty. Traducción Javier Lucini

 

lunes, 10 de enero de 2022

Tropezando otra vez en el quinto libro



Hace unos días tachaba en este blog de decepcionante el último libro de Patrick Deville, un autor cuyos cuatro libros anteriores me habían encantado. Ahora tengo que comentar también el quinto libro que leo de Echenoz y decir ya de entrada que no me ha gustado absolutamente nada.

Dice la editorial en la contraportada: “Es un antihéroe de manual (se refiere al Fulmard que da título al libro). Pero Gérard no es el único personaje estrambótico de esta novela. Tenemos también a un político que frecuenta prostíbulos y mira fotos subidas de tono de la hija de su esposa; a una mujer que se autosecuestra para darse publicidad; a un psiquiatra de dudosa ética; a un taxista que recoge a un tipo herido de bala y se queja de que le está manchando el asiento, y hasta un tiburón particularmente voraz y un satélite soviético asesino…

 (…) Jean Echenoz , ingenioso deconstructor (…) se sumerge aquí en la novela policiaca y nos ofrece un noir delirante…”

Todo es verdad y seguramente por ello no me ha gustado el libro sobre todo por ese carácter delirante que, efectivamente, tiene. Creo que estamos ante uno de esos textos que si el lector se deja llevar por la historia puede disfrutar y llegar a reírse de las barbaridades que hacen los variopintos personajes que Echenoz pone en acción y que, por cierto, son muchos más de los citados en la contraportada, pero si no es así, si, como ha sido mi caso, todo te parece un disparate y no llegas a interesarte en ningún momento por lo que está sucediendo, el libro te puede llegar a parecer un auténtico bodrio aunque, eso sí, muy bien escrito.

Claro que ha habido momentos que me han gustado como los que dedica a la crítica de algunos programas de la televisión, o alguno de los muchos en los que se ve la lucha por el poder en el partido político o, sobre todo, las primeras páginas en las que el "detective" protagonista, escribiendo en primera persona, recuerda mucho a los detectives clásicos del género, pero el resto...

Estoy convencido de que Echenoz se lo ha pasado estupendamente escribiendo este libro y que, además, se lo puede permitir por edad y por su bagaje literario. Ahora solo espero que vuelva a la senda que a mí me ha gustado tanto.

Hay una entrevista muy completa sobre el libro y los personajes con Xavi Ayén en lavanguardia.com.

 

 

Jean Echenoz, Vida de Gérard Fulmard. Traducción Javier Albiñana

jueves, 11 de marzo de 2021

El último Black


Mi caso con Black es cuanto menos original. He leído creo que todas sus novelas y, sin embargo, apenas alguna de John Banville, a pesar de que la mayoría están en mi casa. Es algo que tendré que subsanar en algún momento porque lo que más me atrae de Black es su estilo.

De vez en cuando me gusta intercalar entre mis lecturas alguna novela negra o novela policíaca, siempre son entretenidas y tienen otra forma de ver las cosas. En los últimos tiempos han sido el recientemente desaparecido Philip Kerr y Benjamin Black los encargados de cubrir esa faceta. Es curioso: un escocés y un irlandés aunque con novelas radicalmente diferentes en sus temas, no tanto en su estilo muy cuidado en ambos.

Esta vez Black desarrolla una parte de su historia en la ciudad de San Sebastián a la que ha acudido Quirke, el patólogo forense protagonista de toda la serie, para pasar unos días de vacaciones en compañía de su mujer. Un día, al acudir a un hospital para curarse una herida, cree ver a una amiga de su hija a la que daban por muerta. Este será el origen de una trama que nos llevará a Dublín, con la presencia y el protagonismo de esa hija, y a Londres donde veremos moverse a un asesino peculiar.

Como siempre sucede con las novelas de este autor, la trama no es lo más importante. Suele estar bien construida y no ser demasiado compleja, pero lo que interesa verdaderamente es la actuaciónde los personajes y, sobre todo, la atmósfera que consigue gracias a un gran estilo narrativo.

Evidentemente, en una novela de Quirke no podían faltar las alusiones a la religión practicada en Irlanda. Aquí vuelven a aparecer los abusos sexuales pero de una forma muy anecdótica en comparación con el casi protagonismo que tiene en otras novelas de la serie. También hay alguna referencia más concreta como puede ser la siguiente: 

“Había dos curas al fondo del bar, cada uno con un vaso de whisky en la mano.  O sea que eso no había cambiado. Rubicundos, bien alimentados y medio borrachos”. (p. 161)

Al desarrollarse una parte sustancial en San Sebastián no podían faltar tampoco algunas referencias a cosas del país. Así, los toros, el flamenco o los ajos, y también una visión de los españoles como bajitos y casi siempre enfadados. La novela, aunque no me suena que en algún momento se diga la época, por las otras supongo que se desarrolla en los años cincuenta del siglo pasado.

Una novela que es recomendable porque se trata de un entretenimiento escrito con una buena calidad literaria.

Benjamin Black, Quirke en San Sebastián. Traducción Miguel Temprano García.

 

 

 

 


 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Volviendo a sus orígenes

Khadra es uno de los escritores que más ha aparecido en las páginas de este blog, no en balde está incluido en la serie que dedico a mis autores favoritos. Desde que lo leí por vez primera hace ya mucho tiempo siempre he estado atento a cada nueva traducción y, salvo en una par de ocasiones, no me ha defraudado teniendo en cuenta que son ya diecisiete los libros leídos.

Desde que abandonó su Argelia natal, este exmilitar se ha dedicado plenamente a la literatura intentando en casi todos sus libros criticar los aspectos más negativos de esa sociedad.

En este caso, la acción y la crítica la ha trasladado, creo que por primera vez,  al vecino Marruecos, pero no por eso es menos duro con la sociedad de ese país y, sobre todo, con sus clases altas.

En este caso la trama parte de la violación de la esposa de un teniente de la policía y, a partir de ahí, la búsqueda del autor de la misma. En Khadra, como por otra parte sucede también con el gran maestro Camilleri recientemente desaparecido, las tramas no son lo sustancial de sus libros dedicados al género negro y suelen ser relativamente sencillas. Lo verdaderamente relevante es la forma que tiene de contarlas, la magnífica utilización que hace de los diálogos y, como decía antes, cómo aprovecha para criticar los aspectos más oscuros de la sociedad de que se trate.

En este caso, por poner algún ejemplo, tenemos a un médico que ha obtenido su título comprándolo en una universidad de El Cairo, a un secretario del comisario de la policía que luce un buen rolex y un gran cochazo y, en otro orden de cosas, la labor de los traficantes de inmigrantes.

En medio de todo eso, el teniente, que es apartado del caso, irá descubriendo por su cuenta lo que sucedió.

La fluidez con la que escribe Khadra y el hecho de que esté compuesta fundamentalmente a través de los diálogos hace que la novela se lea con gran facilidad y resulte un buen entretenimiento además de aportarnos una interesante visión de algunos aspectos de la sociedad de nuestro vecino del sur. No es, sin embargo, su mejor novela negra. Echo mucho de menos, en las novelas que dedica a este género, al comisario Llob, esa gran creación del autor en sus primeras novelas al que desgraciadamente “mató” seguramente para poder dedicar su atención, como así hizo, a otros temas que debían de preocuparle en esos momentos; me refiero, claro está, al fundamentalismo islamista, tema al que ha dedicado lo mejor de su producción.

Hay una buena reseña de Juan Carlos Galindo en la que se da más información sobre el contenido de la novela  en elpais.com.

 

Yasmina Khadra, La deshonra de Sarah Ikker. Traducción Wenceslao-Carlos Lozano.

 

 

 



 

jueves, 28 de noviembre de 2019

El último Kerr




A la tercera va la vencida y este sí que es el último libro de Kerr. Digo esto porque los dos anteriores aparecieron en el blog como su última novela y, evidentemente, no era así. Estamos ante un libro póstumo y es muy posible que no estuviera totalmente terminado o al menos esta es la sensación que me ha quedado tras la lectura global y en el caso de algunas escenas.
Siendo el último en el que el protagonista es Bernie Gunther resulta curioso que sea una especie de precuela ya que la historia se desarrolla en 1928, es decir, bastante antes de la época en la que sucedía cualquiera de los anteriores.
Vemos aquí a Gunther entrando en la sección de la policía criminal dejando su puesto en antivicio. En este nuevo trabajo tiene que enfrentarse a una serie de asesinatos de prostitutas por un lado y de antiguos combatientes por otro. Este tipo de planteamiento no ha sido nada habitual en el conjunto de la serie, como tampoco lo es el hecho de que apenas salgan personajes nazis más allá de algún miembro de las SA.
Lo más interesante y más conseguido a un tiempo es la descripción del Berlín de la época. Un Berlín de cabarets y vida nocturna, una ciudad con artistas tan peculiares como los pintores George Grosz y Otto Dix o la guionista Thea Von Harbou,  la mujer de Fritz Lang. También hay varias referencias a la Ópera de tres peniques y, por supuesto, a Metrópolis.
Dentro de esa vida berlinesa destaca el hecho de la cantidad de veteranos de guerra que viven como vagabundos y mendigos en sus calles, lo que  le da pie para escribir también sobre la idea nazi de la eutanasia que había que aplicar a discapacitados y enfermos mentales.
Esto por lo que se refiere a los temas que van saliendo. Sobre la trama poco que decir porque nunca me ha parecido lo más relevante en las novelas de Kerr y en este caso quizá incluso menos que en otros. En cuanto a Bernie Gunther, es el mismo de siempre aunque lo he encontrado algo menos cínico y desde luego mucho menos irónico, seguramente debido a que es más joven.
En fin, no se trata de la mejor novela de la serie, pero siempre da gusto leer a Kerr y en este caso, además,  con el sentimiento de que es el último.

Philip Kerr, Metrópolis. Traducción Eduardo Iriarte.


viernes, 9 de agosto de 2019

Fin de una gran serie




Hace unos días murió Andrea Camilleri y hace un año lo hizo Philip Kerr, dos de los autores de los que más libros he leído y que forman junto con Henning Mankell y Patricia Highsmith el grupo de mis favoritos en el género de la novela policiaca.
En el caso de Kerr, han aparecido en castellano después de su muerte dos novelas con lo que ha sido más llevadero el luto. La que ahora comento lo hizo ya con carácter póstumo.
Como indica el título, la novela se desarrolla en Grecia en el año 1957 y algo bastante novedoso es que no hay ningún momento en que la trama vuelva a los años treinta o cuarenta a pesar de que, como es ineludible en las novelas de la serie protagonizada por Bernie Gunther, muchos de sus protagonistas sean nazis, en este caso exnazis,  dedicados a la búsqueda de un tesoro requisado en su día a los judíos de Tesalónica. Evidentemente aparecen varios personajes reales aunque esta vez se trata de nazis menos conocidos si bien no menos dañinos.
En la novela están todos los elementos que caracterizan la serie: una trama bien construida, unos diálogos marca de la casa sobre todo cuando al protagonista le dan la réplica algunos personajes, un Bernie Gunther más irónico y cínico si cabe y unos buenos secundarios. Además, algo también muy habitual, Kerr aprovecha para hacer bastantes críticas sobre todo a los alemanes. Así, este fragmento en el que habla una mujer líder de un grupo que persigue a criminales nazis:

“Ustedes los alemanes se las han ingeniado para trazar una raya bien gruesa bajo la guerra y empezar de nuevo. El milagro del anciano, lo llaman. Más bien el encubrimiento del Anciano, diría yo. Me pone enferma. No hay justicia. No me extraña que nos veamos obligados a tomarnos la justicia por nuestra mano.” (p. 287) (El Anciano es Konrad Adenauer)

También hay referencias a momentos de la historia como la guerra civil griega que se produjo al final de la segunda guerra mundial, obviamente a la época nazi y la más interesante quizá es la que hace a los judíos sefardíes de Tesalónica.
Un libro en la mejor tradición de la serie que resulta un entretenimiento asegurado con la calidad que siempre tienen los libros de Kerr. Es una lástima que ya no podamos volver a ver en acción a Gunther, como ya pasó en su día con Wallander y, más recientemente, con Montalbano. Habrá que buscar en nuevos caladeros en un género que está de moda y del que se publican muchísimas novelas aunque no sé si siempre de la calidad necesaria.

Philip Kerr, Laberinto griego. Traducción Eduardo Iriarte.




martes, 27 de febrero de 2018

Novela negra en Cuba



Es la segunda novela que leo de Padura y la primera de esta serie negra o policiaca que tiene como protagonista al ex policía Mario Conde. Me imagino que a lo largo de las anteriores siete novelas de que hasta ahora consta la serie el autor habrá ido desarrollando el perfil del personaje. Desde luego en esta entrega es algo que yo echo en falta porque a pesar de su extensión, 440 páginas, es muy poco lo que sale de la vida o del pasado del protagonista.
La historia es sencilla: un amigo, Bobby,  que se dedica a la compraventa de antigüedades y otros objetos le encarga la búsqueda de la estatua de una virgen negra, Virgen de Regla la llama, que le han robado. A partir de ahí la trama se desarrolla en dos niveles muy distintos. Por un lado, lógicamente, el de la búsqueda de la estatua y, por otro, y aquí la novela es realmente novedosa, el de la historia, contada en un sentido cronológicamente inverso,  de esa estatua hasta llegar a Cuba. Estos capítulos, que se van intercalando con los otros, resultan bastante atractivos porque en ellos aparece desde la guerra civil española hasta la cruzada del siglo XIII con la batalla por San Juan de Acre, pasando por el mundo de los Templarios y con alusiones hasta al nacionalismo catalán y la creación de su bandera.
Por lo que se refiere a la parte de novela negra propiamente dicha, resulta mucho más interesante toda la primera parte en la que Conde, buscando principalmente en La Habana, le da pie a Padura para plantear críticas puntuales al sistema. Así: el tratamiento que da a la homosexualidad, la existencia de la libreta de abastecimiento o desabastecimiento como también la califica, la  pobreza y el abandono histórico de las calles del centro de La Habana, la presencia de la ortodoxia, los Asentamientos (barrios marginales para los inmigrantes del oriente cubano) con su “miseria exultante“,… y también a utilizar expresiones como “la mierda en que se ha convertido este país” o “y gente jodida es lo que nos sobra”. Como se ve todo un catálogo de observaciones con una fuerte carga crítica en la mejor tradición de la auténtica novela negra.
Sin embargo, a medida que la novela avanza no lo hace el interés de la trama que, bien al contrario, decae bastante porque como dice J.Ernesto Ayala-Dip en su reseña para elpais.com: “El foco de interés de la novela se va desdibujando cada vez que al lector se le exige un cambio de perspectiva, sin que ello aporte nada al relato medular.”
La historia se hace así demasiado larga y algo premiosa aunque siempre queda la buena escritura de que hace gala Padura así como la originalidad de muchas expresiones  y términos del lenguaje de la isla.
Dejo a continuación dos fragmentos en los que la crítica se hace de forma más contundente:

“Y me pasé los primeros cuarenta años de mi vida fingiendo, reprimiéndome, torturándome, para que mis padres, para que ustedes, mis compañeros, para que todo el mundo en esta patria machista-socialista creyera que yo era lo que debía ser y no me riparan la vida: un joven ejemplar, varón y militante, ateo y obediente… Tú no te imaginas lo que fue mi vida, qué va…” (p. 25) (Bobby el homosexual amigo de Conde homosexual que le encarga la búsqueda de la virgen)

“El país estaba cerrado a cal y canto y la llave la tenían otros, los que decidían quién viajaba y cómo, los que determinaban qué era lo bueno y lo malo para ti, qué libros debías o no debías leer, cómo pelarte  y qué música oír. Para nosotros siempre ha sido así, sigue siendo así: alguien decide por nosotros, para cuidarnos y salvarnos, ¿no?... Y Ahora han abierto una puertecita:¡nos dejan viajar chico!... Si tienes dinero o no para hacerlo es cuestión tuya, como en todas partes” (p. 374) (Uno de los amigos de Conde)

En definitiva, una novela que ofrece mucho al principio, pero que termina defraudando un tanto; una demostración de que a veces basta con menos páginas para contar una buena historia que al final se estropea por el exceso. Desde luego yo me quedo con el magnífico Padura de El hombre que amaba a los perros.
Hay una buena reseña de Laura Fernández en elcultural.com.

Leonardo Padura. La transparencia del tiempo.