jueves, 30 de julio de 2026

El origen de la serie de Mario Conde

 

Con esta novela inició Padura la serie que tiene como protagonista al personaje de Mario Conde que va ya, creo, por la novena entrega. Como ya he dicho en anteriores entradas en el blog comentando otros volúmenes de la serie, esta la estoy leyendo de forma totalmente desordenada lo que, por el tipo de historias, no importa demasiado.

Esta primera entrega me ha resultado especialmente interesante porque en ella el autor nos presenta no solo a Conde, sino también a otros personajes que luego tendrán mayor desarrollo e intervenciones en los sucesivos libros.

En este sucede algo parecido a los que le siguen y es que la trama propiamente policiaca no es demasiado importante ni, me atrevería a decir,  lo que más pueda atraer del texto. Hay una desaparición del director de una empresa del Estado y el teniente Conde debe resolver qué ha pasado. Como el desaparecido fue en su día compañero de Conde en el Pre(universitario) en La Habana, el autor aprovecha para que, utilizando la primera persona, el policía cuente cosas de esa época y así de paso va presentando a diferentes personajes que como amigos forman parte de todas las historias de la serie. Así, Conejo, Andrés y, sobre todo, El Flaco Carlos y su madre Josefina que es quien hace las comidas que no pueden faltar en una novela de estas características desde que Vázquez Montalbán lo hizo en las de su Carvalho.

Otra característica que no falta tampoco en ninguna de las novelas es alguna referencia a la situación social, económica e incluso política de la isla. En este caso son muy escasas quizá porque el libro está escrito en 1990-1991, es decir, antes del periodo especial y de que empezasen los graves problemas que luego ha habido. Apenas aparecen en una alusión a censura en una revista cuando estudiaban, otra a cierta inseguridad y, la más relevante, la corrupción de algunos altos cargos.

Todo ello servido con la buena escritura de Padura, con esos personajes siempre bien construidos y representativos y con los buenos diálogos en los que emplea el rico lenguaje de la gente de la calle (aunque en este caso lo utilice menos que en otras novelas).

En definitiva, se trata de un magnífico entretenimiento.

 

Leonardo Padura, Pasado perfecto.

 

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