jueves, 15 de octubre de 2026

Una gran activista

 

Conocí la existencia de este libro hace unos días en el programa de radio de Julia Otero del fin de semana. Hablaron muy bien de él y, sobre todo, de su autora, alguien cuyo nombre apenas me sonaba. El libro se publicó en 2015 y ha sido reeditado en 2025. Steinem lo escribió a lo largo de muchos años, pero lo terminó y publicó cuando era bastante mayor pues nació en 1934.

No es desde luego un libro de viajes a pesar del título, ni tampoco una autobiografía, aunque la autora se desplace por todo Estados Unidos y nos cuente muchas cosas de su vida.

Steinem ha preferido que los diferentes capítulos en los que ha dividido el texto, siete en concreto, se centren en aspectos temáticos y no sigan un orden cronológico salvo, quizás, el primero en el que habla de su familia y especialmente de su padre quien la marcó principalmente en esa necesidad de viajar y para el que tiene palabras tan positivas como esta: “Gracias a mi padre, solo la bondad me parecía lo normal”. (p. 59)

Steinem se nos muestra en este libro como alguien que dedica su vida al activismo tanto por el feminismo como por los derechos civiles, aunque fue también una periodista freelance. Además, algo que queda claro a lo largo de la multitud de anécdotas e historias que cuenta, era alguien que escuchaba a la gente como afirma en el siguiente fragmento: 

“Me he dado cuenta de que el conflicto estimula a los grandes líderes políticos. A mí, en cambio, me estimula escuchar historias ajenas y tratar de dar con soluciones que satisfagan a todos. Esa es la labor de una activista.” (p. 199)

Como activista la vemos en la marcha por los derechos civiles de 1963 en Washington o en la organización en 1977 de la Conferencia Nacional de la Mujer en Houston, por poner solo dos ejemplos de hitos muy conocidos y que tuvieron gran repercusión porque lo cierto es que se pasó la vida dando charlas en todo tipo de lugares e instituciones.

Viajes que hacía sin conducir, pues nunca tuvo carné, lo que le dio ocasión de conocer a gran cantidad de gente y así, por ejemplo, dedica unas curiosas páginas a sus conversaciones con algunos taxistas o a contar interesantes anécdotas sucedidas en los campus universitarios. Hay un capítulo titulado “Surrealismo en el día a día” en el que nos podemos encontrar desde historias de camioneros, a ver a la propia autora dando una homilía en una Iglesia católica, pasando por la interesante historia de alguien que conoció a Ho Chi Minh durante la II Guerra mundial y que decía que en la guerra de Vietnam los Estados Unidos se habían equivocado de bando.

Deja constancia también de sus enfrentamientos con Betty Friedan, otra de las grandes líderes del feminismo de la época, y dedica un extenso capítulo, 70 páginas, a su actividad en la política y en las campañas electorales que me ha resultado un tanto pesado y reiterativo.

Evidentemente, al tratarse de una periodista, el libro está escrito con gran agilidad narrativa, se lee con facilidad y es una buena forma de conocer cómo era la sociedad y la política estadounidense fundamentalmente en el último tercio del siglo pasado.

Para terminar este comentario, reproduzco un fragmento que me gusta especialmente por la actitud positiva que refleja y que tan difícil es tener en muchas ocasiones:

“La cabina electoral es realmente el único lugar del mundo donde los menos poderosos se igualan con los más poderosos (…)

En realidad, no sabemos qué decisiones del presente condicionaran el futuro. Pero tenemos que actuar como si todo lo que hacemos importara. Porque podría ser así.” (p 251)

Es sin duda una recomendable lectura.

Nota: Acabo de enterarme de que falleció el pasado 2 de septiembre.

Gloria Steinem, Mi vida en la carretera. Traducción Regina López Muñoz.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario