Conocí la existencia de este libro hace unos días en
el programa de radio de Julia Otero del fin de semana. Hablaron muy bien de él
y, sobre todo, de su autora, alguien cuyo nombre apenas me sonaba. El libro se
publicó en 2015 y ha sido reeditado en 2025. Steinem lo escribió a lo largo de
muchos años, pero lo terminó y publicó cuando era bastante mayor pues nació en
1934.
No es desde luego un libro de viajes a pesar del
título, ni tampoco una autobiografía, aunque la autora se desplace por todo
Estados Unidos y nos cuente muchas cosas de su vida.
Steinem ha preferido que los diferentes capítulos en
los que ha dividido el texto, siete en concreto, se centren en aspectos
temáticos y no sigan un orden cronológico salvo, quizás, el primero en el que
habla de su familia y especialmente de su padre quien la marcó principalmente en
esa necesidad de viajar y para el que tiene palabras tan positivas como esta: “Gracias
a mi padre, solo la bondad me parecía lo normal”. (p. 59)
Steinem se nos muestra en este libro como alguien que dedica su vida al activismo tanto por el feminismo como por los derechos civiles, aunque fue también una periodista freelance. Además, algo que queda claro a lo largo de la multitud de anécdotas e historias que cuenta, era alguien que escuchaba a la gente como afirma en el siguiente fragmento:
“Me he dado cuenta de que el conflicto estimula a los grandes líderes políticos. A mí, en cambio, me estimula escuchar historias ajenas y tratar de dar con soluciones que satisfagan a todos. Esa es la labor de una activista.” (p. 199)
Como activista la vemos en la marcha por los derechos civiles
de 1963 en Washington o en la organización en 1977 de la Conferencia Nacional
de la Mujer en Houston, por poner solo dos ejemplos de hitos muy conocidos y
que tuvieron gran repercusión porque lo cierto es que se pasó la vida dando charlas
en todo tipo de lugares e instituciones.
Viajes que hacía sin conducir, pues nunca tuvo
carné, lo que le dio ocasión de conocer a gran cantidad de gente y así, por
ejemplo, dedica unas curiosas páginas a sus conversaciones con algunos taxistas
o a contar interesantes anécdotas sucedidas en los campus universitarios. Hay
un capítulo titulado “Surrealismo en el día a día” en el que nos podemos
encontrar desde historias de camioneros, a ver a la propia autora dando una
homilía en una Iglesia católica, pasando por la interesante historia de alguien
que conoció a Ho Chi Minh durante la II Guerra mundial y que decía que en la
guerra de Vietnam los Estados Unidos se habían equivocado de bando.
Deja constancia también de sus enfrentamientos con
Betty Friedan, otra de las grandes líderes del feminismo de la época, y dedica
un extenso capítulo, 70 páginas, a su actividad en la política y en las campañas
electorales que me ha resultado un tanto pesado y reiterativo.
Evidentemente, al tratarse de una periodista, el libro
está escrito con gran agilidad narrativa, se lee con facilidad y es una buena
forma de conocer cómo era la sociedad y la política estadounidense fundamentalmente
en el último tercio del siglo pasado.
Para terminar este comentario, reproduzco un fragmento
que me gusta especialmente por la actitud positiva que refleja y que tan
difícil es tener en muchas ocasiones:
“La cabina electoral es realmente el único lugar del
mundo donde los menos poderosos se igualan con los más poderosos (…)
En realidad, no sabemos qué decisiones del presente
condicionaran el futuro. Pero tenemos que actuar como si todo lo que hacemos
importara. Porque podría ser así.” (p 251)
Es sin duda una recomendable lectura.
Nota: Acabo de enterarme de que falleció el pasado 2 de septiembre.
Gloria Steinem, Mi vida en la carretera.
Traducción Regina López Muñoz.


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