Bueno, pues aquí tenemos a otro Martín Caparrós. Se ve
que no le basta con ser un grandísimo cronista y reportero, un magnífico
escritor de ficción y un buen biógrafo, todo esto no le parece suficiente y nos
entrega esta serie que tiene como protagonista al periodista Andrés Rivarola, el
Pibe Rivarola, que se desarrolla en los años 30 del siglo pasado y que es un
divertimento con forma de novela negra o policiaca.
Tengo la sensación de que Caparrós se lo ha pasado
estupendamente escribiendo estos libros y que, casi seguro, esta es la razón de
haberlos escrito. Lo digo porque eso se transmite de una forma u otra al
lector.
Esta que comento es la segunda de la serie -no he
leído la anterior-, y se desarrolla en 1934. Una joven que ejerce la
prostitución cerca del barrio de La Boca desaparece y, por otra parte, aparece
asesinado el miembro de una banda de delincuentes. Rivarola trabaja como
periodista en un medio dedicado a la información local donde le encargan notas
sobre la desaparecida para lo que se pone en contacto con el burdel donde
desarrollaba su actividad y, poco a poco, con un conjunto de personajes de ese
mundo.
Tengo que decir que con este libro me ha pasado lo
mismo que me pasa con los que Leonardo Padura, otro gran escritor, dedica a
este género, y es que la trama no me
interesa demasiado (tengo la impresión de que lo mismo les sucede a sus
autores), que lo relevante de estas historias es el conjunto de personajes que
en ellas aparecen, la visión de la ciudad en esos momentos y, sobre todo, los
magníficos diálogos, llenos de expresiones porteñas en este caso o habaneras en
el de Padura, y su gran sentido del humor.
Un ejemplo ya desde el comienzo:
“González Galuzzi no ha ganado ni cien gramos: sigue
siendo el cuerpo más escaso capaz de transportar una cabeza, un traje viejo y
unos pulmones empotrados de alquitrán. Su cuerpo es un sobreviviente: González
Galuzzi ha tendí sesenta años para arruinarlo y se ve que no ha perdido el
tiempo”. (p. 15)
(Galuzzi es el jefe directo de Rivarola).
Si le unimos un buen ritmo narrativo, algo fundamental
en este tipo de novelas, basado en parte en la utilización de capítulos cortos
que van llevando al protagonista de un lugar a otro, y que el ambiente es el de
la inmigración polaca en la que busca su negocio, las mujeres, la organización
judía Zwi Migdal, tenemos una novela realmente muy entretenida además de,
claro, bien escrita.
Otro aliciente es la aparición de personajes reales
como, por ejemplo, Lorca, muy presente en varios momentos, u Homero Manzi,
ambos con papel, o Roberto Arlt y Troilo.
Se acompaña esta edición con un QR con dos tangos
creados para la ocasión, tangos cuya letra compone el Pibe cuando le viene la
inspiración.
En definitiva, una novela recomendable y mucho para
quien disfrute con el lenguaje porteño. A mí me ha traído multitud de recuerdos
a partir de ese lenguaje además de que
la calle Corrientes, una de mis calles favoritas del mundo, está muy presente
en la novela porque estaba en plena remodelación es esos momentos.
Martín Caparrós, Horror de Buenos Aires.