viernes, 22 de enero de 2021

Algo decepcionado


Lo primero que tengo que decir es que compré este libro con mucha ilusión por dos motivos: se trataba de la experiencia en un campo australiano de retención de inmigrantes y su autor era un intelectual kurdo, pueblo por el que siento desde hace tiempo gran simpatía dado el abandono que ha sufrido y sigue sufriendo por parte de la “comunidad internacional”.

Además, había visto no hace mucho una serie australiana, Desplazados, que se desarrolla precisamente en uno de estos campos y que era bastante crítica con lo que en ellos sucede.

Por si esto no fuera suficiente, el tema de los campos de detención, trabajo, concentración o exterminio, es uno de los que ha aparecido en la serie en el blog que titulo: “Mis temas recurrentes”. Esto quiere decir que es algo que me ha interesado desde hace muchos años y del que, por lo tanto, he leído bastantes libros que abarcan desde las experiencias en los campos nazis (Primo Levy en primer lugar, pero también muchos otros y otras) hasta las que tuvieron lugar por la represión estalinista (Varlam Shalámov a la cabeza con la memorable serie de Relatos de Kolimá, pero también las impactantes historias de Evgenia Ginzburg o Anna Larina). Estas historias parecen lejanas ya en el tiempo, pero más cercanas a la época del libro de Boochani están, por ejemplo, los libros de Ritry Panh y Denise Affonço sobre los campos de los jemeres rojos camboyanos o el de la evasión de Shin Dong-hyuk de un campo de trabajo de Corea del Norte.

Todo esto viene a cuento no para demostrar ningún tipo de erudición, ni de conocimiento, sino para significar que, desgraciadamente, estoy curado de espanto, que he visto reflejado en esos libros lo peor del comportamiento humano y que, por tanto, no es fácil que me sorprendan y/o emocionen cosas que pasan en ese tipo de situaciones.

Y ahora, entrando ya en materia sobre el libro de Boochani, tengo que decir que con esos antecedentes su narración de la experiencia en el campo de la isla de Manus, un campo en el que se interna a los que intentan entrar ilegalmente en Australia, no me ha llegado. En ello puede haber influido también otro factor: que no haya entendido bien el sentido de muchas de las cosas que en él se narran. Dice Omid Tofighian, el traductor del farsi al inglés, en unas  “reflexiones del traductor” al final del libro:

“Más que calificar su estilo de “historia de un refugiado” o de “memorias de un refugiado”, el libro se ha de ubicar en otras tradiciones: la literatura filosófica clandestina, la narrativa carcelaria, la ficción filosófica, la literatura disidente australiana, el arte político iraní, la literatura transnacional, la narrativa descolonial y la tradición literaria kurda”. (p. 376)

Y un poco antes califica el texto de “surrealismo horrífico”. Por todo ello creo que una de las cosas que me ha sucedido es que no he terminado de entender el sentido de muchas de las cosas que se cuentan y la forma en que se hace. En este sentido, el libro está plagado de poemas -el autor es también un reconocido poeta- y en la mayoría lo que se hace es poner en esa forma lo mismo que se acaba de contar en forma de prosa.

Hay, no obstante, momentos muy interesantes por su intensidad y novedad como son, por ejemplo, los traslados en camión, barco y buque de guerra hasta llegar al campo de internamiento, o las referencias a las colas que se forman en esta tanto para la comida y el teléfono con los “listos” que siempre hay en estos casos, pero junto a ello hay otros momentos de los que no he terminado de entender su función en el libro.

Por todo lo dicho, me parece un libro muy irregular que puede resultar interesante y hasta emocionante, pero que al mismo tiempo también puede ser un tanto pesado y monótono.

Mención aparte merecen los dos textos del traductor del farsi al inglés (idioma del que, por cierto, se ha traducido al castellano). No sé si por su carácter de “filósofo profesor universitario” o por un problema de la traducción al castellano, pero me han resultado en muchos momentos totalmente ilegibles y muy difíciles de comprender; hay párrafos enteros que he leído más de una vez sin ser capaz de saber lo que me quería decir. Eso sí, es meritoria su labor porque ha colaborado con el autor en la elaboración final del libro.

Al margen de estos comentarios, reproduzco un fragmento en el que habla del periodismo, uno de los temas que ahora más me preocupan, en una línea muy acertada:

“Los periodistas lo preguntan todo. Siempre andan buscando acontecimientos horribles. Se alimentan de guerra, de sucesos desgraciados, de las calamidades de la gente. Recuerdo que, cuando trabajaba para un periódico, me activaba en cuanto oía la noticia de un golpe de Estado, o una revolución o un acto terrorista, pongamos por ejemplo. Me ponía a trabajar fervientemente y me desvivía como un buitre por ese tipo de investigación; al mismo tiempo, satisfacía las ansias de la gente”. (p. 122) 

Como se ve en la portada, el libro ha obtenido numerosos premios en Australia por lo que tiendo a pensar que si no me ha gustado demasiado debe de ser más por un problema mío.

Hay una muy buena y completa reseña de Marc Peig en unlibroaldia.com, en la que da una visión mucho más favorable del libro,

 

Behrouz Boochani, Sin más amigos que las montañas. Traducción Juan-Fco. Silvente

 


 

martes, 19 de enero de 2021

Otro interesante escritor francés


Desde hace un tiempo, desde que conocí la obra de Emmanel Carrère, soy un gran aficionado a lo que se está llamando “no ficción”, signifique lo que signifique este término. He ido descubriendo poco a poco a otros escritores franceses que también practican esta forma de hacer literatura y por eso me extraña que se me pasara este magnífico libro de Jablonka. No tenía ni idea de su existencia a pesar de estar publicado por la editorial que ha publicado los principales libros de los autores franceses que escriben en esta línea. Lo descubrí por una cita en una reseña, y después de leerlo me faltan palabras de agradecimiento para quien me lo descubrió.

Es un libro realmente extraordinario que está entre los mejores que he leído en los últimos tiempos. Y lo es por muchos motivos: por el tratamiento que da a un tema tan potencialmente conflictivo, por su amplitud de miras, por su humanismo, por su construcción a partir de saltos en el tiempo y el espacio perfectamente medidos y explicados, por el cuidado con el que trata a los personajes principales, por la comprometida crítica política y por un largo etcétera.

El propio Jablonka afirma casi al final del libro:

“Mi apuesta es que, para comprender un suceso en cuanto objeto de historia, hay que volcarse hacia la sociedad, la familia, el niño, la condición de las mujeres, la cultura de masas, las formas de violencia, los medios, la justicia, lo político, el espacio de la sociedad…”. (p. 378)

 Es decir, para comprender el brutal asesinato y posterior descuartizamiento de una joven de 18 años que se produjo en 2011, que ese es el suceso que se investiga en el libro, hace falta todo eso si se quiere que se convierta en “objeto de historia” que es, precisamente, lo que pretende el autor que no en vano es profesor de la materia en una universidad de París.

Pero no estamos ante un libro de historia sino ante un texto mucho más amplio en su contenido y su sentido. En palabras de Jérôme Garcin en Le Nouvel Observateur:

“La increíble fuerza de este libro viene de su forma híbrida –ensayo histórico, indagación sociológica, estudio político, alegato feminista, panfleto contra el patriarcado, novela de no ficción, relato autobiográfico- y del absoluto compromiso, tanto intelectual como afectivo, del autor”. (Reproducido por la editorial en la contraportada)

Indagación sociológica porque investiga el ambiente social de los protagonistas; alegato feminista por el tratamiento que hace de los varios casos de abusos sexuales que cuentan; relato autobiográfico porque, aunque pocas veces, salen a relucir de vez en cuando algunos aspectos del autor; novela sobre todo por la forma de narrar los hechos que en su inmensa mayoría se basan en la realidad (más allá de alguna especulación sobre cómo pudieron suceder algunos hechos que la investigación judicial no logró cerrar del todo).

Todo eso convierte a este libro en una lectura adictiva, uno de esos libros que cuesta dejar y que se lee con gran rapidez, demasiada quizá al dejarse llevar por la ansiedad de saber más, a pesar de sus más de 400 páginas.

Como se puede comprender por lo dicho  hasta ahora son muchos los temas que van saliendo a medida que se entra en la historia. Evidentemente, el principal es lo que se narra sobre la víctima y su hermana melliza, pero al mismo tiempo hay otros aspectos colaterales que a mí me han interesado mucho porque, además, me han recordado situaciones parecidas vividas en España en los últimos años. Así: el papel que juega el periodismo y cómo se puede hacer bien aunque no sea lo más habitual; las reflexiones que hace sobre la reincidencia y la cárcel como “escuela del crimen”; la politización que se produjo cuando el presidente Sarkozy entró en acción para aprovecharse y modificar leyes; o la situación de falta de medios de la justicia que queda reflejada y que condujo a una importante huelga por este caso ante los ataques a la Junta de Tratamiento Penitenciario. En otro orden de cosas también destacaría el magnífico resumen que hace de la vida y circunstancias del asesino y lo difícil que me ha resultado leer lo que escribe sobre la autopsia de Laëtitia.

Para terminar este comentario reproduzco un fragmento de la reseña de Elvira Lindo en elpais.com

“(…)  lo que nos atrae de sus páginas es el puro brillo de la verdad y su consecuente denuncia política. Nos cuenta y al mismo tiempo nos interroga, apela al sentido real de la justicia de los que nos tenemos por justos. Pero tiene algo que le diferencia del trabajo al uso del historiador: Jablonka no pretende ser objetivo, ni frío, ni distante. Él, profesor, cultivado, cosmopolita, parisiense, editor, padre de dos hijas que duermen felizmente cada noche, ama a la niña descuartizada. A lo largo del libro la abraza con sus palabras, la convierte en heroína y casi estoy por afirmar que esa reverencia por Laëtitia Perrais es la verdadera esencia de este elaboradísimo trabajo”. 

Un libro muy recomendable, me atrevería a decir, como hace Lindo en el título de su reseña, que imprescindible.

Hay también una buena reseña de Nataly Villena en lascriticas.com.

 

Ivan Jablonka, Laëtitia o el fin de los hombres. Traducción Rocío Montoya.

 

                                             

martes, 12 de enero de 2021

Relatos autobiográficos


Andrea Camilleri ha aparecido en multitud de ocasiones en diferentes entradas de este blog, no solo por todos los libros de la serie que tiene como protagonista al comisario Montalbano, sino también por otras novelas de variados temas. Es un autor con el que siempre he disfrutado de la lectura porque, aunque evidentemente no sea uno de los grandes de la literatura italiana, su forma de escribir y su tratamiento de los temas y los personajes tienen algo que lo identifica y lo hace diferente.

Estos Ejercicios de memoria no son unas memorias propiamente dichas. Todo lo que se cuenta le pasó al autor en diferentes momentos de su vida, pero son momentos puntuales y no hay un hilo conductor, ni siquiera un tratamiento totalmente cronológico de lo que se cuenta.

Forman el libro 23 relatos que Camilleri dictó, porque ya estaba ciego, en el verano de 2016 a la edad de 91años.

En ellos trata temas enormemente variados, pues van desde anécdotas personales a los problemas con la censura; desde alguna relación con la mafia a la relación con su tío que le inspiró el personaje de Montalbano; o desde la posibilidad de haber hecho una película con Antonioni al comentario sobre los diversos premios literarios que obtuvo. Como se ve, el abanico es muy amplio y variado. Eso sí, queda perfectamente unificado por la mano maestra de Camilleri en la forma de contar que resulta tan identificable como siempre.

Entre las diferentes anécdotas autobiográficas yo destacaría por lo llamativo: El atraco que sufrió cuando unos bandoleros pararon la furgoneta que lo trasladaba a un examen de filosofía para robar una parte del pescado que en ella se llevaba al mercado; la caída en una fosa séptica que estuvo a punto de costarle la vida; o cuando acudió formando parte de una comisión de jóvenes fascistas para pedir el traslado de los restos de Pirandello.

Se ha hecho una edición muy cuidada en la que se incluyen las magníficas ilustraciones de la edición italiana que son un homenaje de sus autores a Camilleri.

Un libro recomendable para cualquier lector, pero desde luego imprescindible para los seguidores del autor.

Hay una buena reseña de Manuel Llorente en la que comenta el contenido de bastantes relatos en elmundo.es.

 

Andrea Camilleri, Ejercicios de memoria. Traducción Carlos Mayor.

 

 

 

Humor australiano

Hace justamente un mes que comentaba el primer libro que escribió Cook, aunque el que hoy comento es, precisamente, el primero que se publicó en España. No me extraña que la editorial Sajalín decidiera dar a conocer al autor con este libro de relatos porque es realmente muy divertido.

Componen el libro 15 relatos en los que el protagonista es el propio autor que pretende, además, que lo que cuenta son cosas que le han sucedido de verdad. Comparten protagonismo en casi todos diferentes animales que van desde las serpientes, tan frecuentes y variadas en Australia, a los cerdos, pasando por los cocodrilos o los inevitables koalas.

El comportamiento de algunos de estos animales, que en algunos casos los hace aparecer como casi humanos, le da pie al autor para montar escenas que son no solo muy divertidas sino a veces verdaderamente tronchantes. A mí no es fácil hacerme reír a partir de lo escrito y, sin embargo, reconozco que en varios momentos de la lectura he botado sobre el sillón.

También es muy interesante, y en esto recuerda mucho cosas de su primera novela, Pánico al amanecer, la visión que da y las descripciones que hace de los habitantes de los lugares en los que transcurren las historias: zonas muy despobladas y pueblos muy pequeños en los que los pubs y el alcohol tienen siempre protagonismo.

Todos los relatos están escritos en primera persona, ya que, como decía antes, pretende que son hechos que le han sucedido al autor, un personaje que insiste varias veces en su físico poco proclive a la actividad por su altura y volumen (se define como gordo en varios momentos). Además, utiliza principalmente la frase corta y construye unos diálogos muy directos y jugosos.

No es fácil destacar algún relato en ese conjunto, pero creo que tanto el que da título al libro como Viajes en camello: cinco dólares o Un cerdo furioso, están entre los mejores o, al menos, son los que más gracia me han hecho dentro de, obviamente, una media muy elevada.

Solamente los dos últimos me ha parecido que están a un nivel algo inferior.

Aunque la editorial lo destaca en la contraportada, como ya lo tenía previsto quiero reproducir el inicio de El koala asesino porque es un buen ejemplo de la escritura de Cook:

“No me gustan los koalas. Son unos bichos asquerosos, irascibles y estúpidos sin una pizca de bondad. Sus hábitos sociales son vergonzosos: los machos siempre andan propinando palizas a sus semejantes y robándoles las hembras. Tienen mecanismos defensivos repugnantes. Su piel está infestada de piojos. Roncan. Su semejanza con juguetes adorables es una engañifa abyecta. No son dignos de elogio por ningún motivo”. (p. 37) 

Si alguien quiere pasar un rato divertido que no dude en leer este libro. Ayer mismo encargué en la librería los otros dos libros de relatos que ha publicado la misma editorial. No creo que tarden mucho en aparecer por el blog.

Hay una buena y completa reseña de KatrinaVD en denmeunpapelillo.net.

 

Kenneth Cook, El koala asesino. Relatos humorísticos de la Australia profunda. Traducción Federico Corriente.

 



 

lunes, 4 de enero de 2021

ANDAMIO


Películas

 

Borat, película filme secuela 2020. Otro falso documental en la misma línea que el que hizo hace unos años. Esta vez en la época del covid aunque este apenas se menciona. Me ha pasado lo mismo que con el anterior, que no le pillo el punto al humor de este actor, me aburre soberanamente, me parecen cosas sin ninguna gracia desde el inicio hasta el final salvo lo que hace con Giuliani que no es que tenga gracia, pero sí la suficiente mala baba para que interese. Sin embargo, entre los críticos de su país tiene un gran éxito y les divierte mucho.

El caso Collini. Una película alemana basada en un libro del abogado y escritor F. von Schirach. Típica película de juicio que tiene el interés de ver cómo se desarrollan estos en ese país como ya hemos ido conociendo el sistema en el Reino Unido y, sobre todo, en Estados Unidos. Un poco tópica a veces, pero en general además de entretenida resulta interesante. 

La boda de Rosa. Ha sido una grata sorpresa esta película de Iciar Bollain. Es una magnífica comedia con buenas referencias a diferentes situaciones sociales. Hay que destacar la labor de los intérpretes en lo que se ve la mano de una buena dirección de actores. Todos están magníficos claro que detrás hay un muy buen guion y unos diálogos muy conseguidos.


Series

 

Los favoritos de Midas. Es la tercera serie de producción española que veo en poco tiempo después de estar muchos años sin ver ninguna y, como en el caso de las anteriores, no solo no me ha defraudado sino que me ha gustado y parecido interesante. Tiene seis episodios de más o menos una hora de duración y parte de un guion muy trabajado y ajustado. Mantiene la tensión y la intriga aunque quizá le sobran algunas escenas. Hay una interesante visión del poder y de la prensa. No se puede decir prácticamente nada sobre el contenido para no destrozarla. Recomendable.

Bullets. Serie finlandesa de 10 episodios de 45 minutos cada uno. Es un thriller pero con algún elemento que lo separa del tradicional nórdico. Aquí lo importante no son los asesinatos, sino la trama terrorista y la incerteza sobre sus objetivos. Los personajes, como es habitual, son gente con bastantes problemas y la protagonista recuerda mucho a las de otras series nórdicas. La ambientación es también la típica, pero se diferencia en el ritmo que es aún más pausado sin que eso haga que resulte aburrida porque la intriga está muy bien dosificada.

Alex Rider. Serie británica de 8 episodios de unos 45 minutos. Está basada en unos libros escritos para jóvenes y eso se nota en la serie. Lo bueno que tiene es que se puede ver en familia, algo no demasiado habitual, porque entretiene también a los mayores. Tiene elementos de ciencia ficción, pero es ante todo un thriller con un joven de dieciséis años como protagonista.

Recursos inhumanos. Miniserie francesa de 6 episodios de algo más de 45 minutos cada uno. Como dicen alguna crítica está  a medio camino entre Ken Loach y un thriller. Un buen guion y unas interpretaciones sobresalientes entre las que destaca la del exfutbolista Éric Cantona, verdadero protagonista de la serie. Muy entretenida y con un planteamiento muy interesante. Giros de guion bien construidos sin que rechinen en ningún momento.

 Earth at night in color. Miniserie estadounidense de 6 episodios de 30 minutos. Se trata de ver la vida de algunas especies animales por la noche aprovechando unas cámaras con las que se ve lo que pasa como si fuese de día. Guepardos, osos, leones, etc.,  son alguno de esos animales. Imágenes muy buenas y realmente novedosas. Además, una duración bien medida hace que se salga de los ya típicos y un tanto tópicos documentales sobre naturaleza. También es interesante que en cada episodio haya un pequeño espacio dedicado a su making off.

Grace y Frankie. Comedia estadounidense de 13 episodios de menos de 30 minutos. Se basa principalmente en el tirón de los cuatro protagonistas que, en general, están muy bien. Sin embargo, los guiones tienen muchos altibajos: algunos capítulos son graciosos y/o tiernos, pero otros no ofrecen ningún atractivo. Reconozco que tengo dificultades para que me gusten las comedias norteamericanas. 

El desorden que dejas. Miniserie española de 8 episodios de unos 45 minutos cada uno. Basada en el libro homónimo de Carlos Montero que es, además,  quien hace la adaptación. Un buen guion y una magnífica ambientación en la línea de las series británicas en unas cosas y de las nórdicas en otras. Es un thriller muy  entretenido a pesar de que algunas cosas, como por ejemplo escenas en la clase de literatura de las protagonistas, no son demasiado verosímiles. Poco a poco voy entrando en las series españolas que, hay que reconocerlo, están ofreciendo una buena media de calidad y entretenimiento.

Recopilación de reportajes variados

 

No he seguido demasiado la trayectoria de este magnífico periodista. Escribía para El País en la época en que dejé de leer ese diario y solo he tenido ocasión de escucharle de vez en cuando en alguna entrevista radiofónica. Eso sí, leí su libro sobre Mandela, El factor humano, y disfruté mucho con esa lectura.

Mi afición a los libros de reportajes hizo que nada más ver este con ese subtítulo rápidamente lo comprase.

En el libro se recopilan 14 artículos publicados en medios que van de El País (la tercera parte), al Independent, The Observer o New Statesman. Fueron publicados entre 1989 y 2016, aunque la inmensa mayoría son de la primera década de este siglo. Son reportajes realizados en lugares del mundo muy diferentes: de Estados Unidos a Sudáfrica, de Ruanda o Kenia a Rosario y de Belfast a Madrid, por poner algunos ejemplos. Los temas son igualmente muy variados pues van de la catástrofe de Chernóbil a la boda de la hija de Mandela, de una visita a la mansión Playboy a la situación de El Salvador, o del suicidio de un chef francés al Mundial de fútbol de Corea-Japón.

Como dice Carlin en una entrevista con Xavi Ayén en lavanguardia.com:

“Las historias que se ven en este libro son el testimonio de mi fortuna, mi tesoro, no tengo ahorros ni tendré pensión pero fíjese qué historias. También ha sido una forma de vivir en libertad”.

 Y es que, efectivamente se trata de historias muy bien escogidas y, sobre todo, muy bien tratadas. Demuestra el autor que no solo es un buen escritor, sino que también es una persona con gran sensibilidad como demuestra en el tratamiento que hace de temas como el de los niños seropositivos de Kenia o el del activista sudafricano Bheki Mkhize.

Asimismo es capaz de ser enormemente crítico como se puede comprobar con lo que dice del gobierno y del ejército salvadoreño y, sobre todo, con lo que afirma de los estadounidenses (país, por cierto, en el que trabajó varios años como corresponsal) en fragmentos como el siguiente:

“¿Qué problema tengo? Todos los problemas que tengo con Estados Unidos. La fe estúpida, la conformidad ciega, el desprecio por los pobres, la amabilidad superficial, la religiosidad ostentosa, las leyes despiadadas, el amor por las armas, la sensiblería de Hollywood, el fetichismo absorbente del éxito material, la insustancialidad rimbombante de la política, la jungla de basura de las celebridades, el pueril enfoque literal, y la fe, pese a todo, en la superioridad moral planetaria de Estados Unidos: la noción que manifiesta el 99,9 por ciento de estadounidenses que el estilo de vida americano es el mejor que se ha concebido en la historia de la especie humana (…)”. (p. 90-91)

Se puede decir más alto, pero difícilmente más claro.

Todos los artículos me han parecido muy buenos. Algunos me han dado informaciones que desconocía como, por ejemplo, el dedicado a Maradona; otros me han hecho reír, como el del mundial de fútbol; más de uno me ha emocionado como el de los asesinatos en Ruanda o el de los niños de Kenia; pero todos, absolutamente todos, me han interesado y me han parecido magníficamente escritos, yendo a lo fundamental, sin florituras estilísticas y con un gran sentido de la narración.

Hace unos días leía en el libro de Raphael Minder ¿Esto es España? sobre la expulsión de Carlin del diario El País por sus escritos sobre Cataluña. Creo que se puede sentir muy honrado por ello ya que confirma una de las frases del autor que reproducía al principio: “También ha sido una forma de vivir en libertad”.

Una lectura muy recomendable. Se aprenden muchas cosas, pero sobre todo se disfruta mucho y se tiene sana envidia de que alguien haya podido tener este tipo de experiencias y haya podido contarlas.

 

John Carlin, Sol y sangre. Mis mejores reportajes. Traducción de los reportajes en inglés: Montse Meneses Vilar.



 

sábado, 2 de enero de 2021

El poder (en Catalunya)


Descubrí este libro en una reseña sobre el libro de Jordi Amat El hijo del chófer. Se comentaba que ambos libros de alguna manera se complementaban al ser uno de sus temas fundamentales el poder en Catalunya tratado, eso sí, desde diferentes perspectivas. Luego he descubierto que Torné es una escritor muy prestigioso del que por ejemplo se ha dicho que: “es uno de los estilistas más dotados de su generación” (New York Times Book Review) o incluso que: “se lo puede colocar al lado de Philip Roth y Karl Ove Knausgard: es un maestro del tono” (Independent). Ambas citas extraídas de las elegidas por le editorial para la contraportada. No soy crítico literario y no sé si será para tanto, pero desde luego sí que me ha parecido un buen escritor y en muchos momentos me ha recordado, tanto por el tema como por la forma y el ambiente, al gran Rafael Chirbes.

Sobre el contenido de esta novela prefiero dejar la palabra al autor, quien a la pregunta de Xavi Ayén en la entrevista que le hace en lavanguardia.com sobre cuál fue su primera idea responde:

“-Hacía mucho tiempo que quería escribir una historia de amor asimétrica, entre dos personajes que tienen como mínimo tres diferencias: las de clase (él es rico y ella una trabajadora), de sensibilidad cultural (una es castellanohablante, el otro catalanohablante), y de género (uno es hombre y la otra mujer, suele ser común en los matrimonios). Hubo un tiempo en que me dejó impresionado que, cada vez que encendías la tele, aparecía un político ingresando en la cárcel o en el banquillo de los acusados, pero no de segunda fila, sino presidentes autonómicos, ministros, líderes de partido... Damos por hecho que lo hacen por dinero, pero es gente que tiene una personalidad pública, prestigio, poder, la vida resuelta y, de repente, esa cosa bulímica de ponerse a robar y robar hasta que los pillan y pierden la vida. ¿Quién domina a quién? El dinero se los ha comido. Muchas veces no pueden ni recuperarlo, no les alcanza la vida para gastarlo. El tema de esta historia de amor es el dinero, visto como pesadilla”.

 Los protagonistas son Violet(a), hija de un emigrante dueño de un bar y el Bastardo, hijo de El Rey, que es como se menciona al presidente de Cataluña. Además, la puesta en marcha de la narración la protagoniza una vecina de ambos, Clara, que luego será la narradora de la historia. También aparece el resto de la familia del presidente y Astrid, la danesa madre de El Bastardo, un peculiar e interesante personaje que tiene además la particularidad de que se instala a vivir en el despacho que El Rey tiene en el Parlament.

Como se ve hay personajes suficientes para ir desde la historia de amor hasta la crítica política, desde el análisis del poder hasta el de la importancia del dinero, desde las señas de identidad hasta las diferencias culturales y sociales. De todo ello trata esta novela que aunque está dividida en cuatro capítulos, es en el segundo en el que se desarrolla lo principal que se completa en el tercero con lo que les ha sucedido luego a los protagonistas.

Al margen de los temas, creo que uno de los grandes aciertos del libro y lo que lo hace realmente diferente e interesante es la forma de narrar la historia. Sobre esto reproduzco lo que dice Santos SanzVillanueva en elcultural.com:

 “Y la técnica narrativa ofrece registros tan distintos como el teatral del comienzo, el reportaje viajero del final o el sistema adoptado en el capítulo principal. Aquí lleva a cabo algo curioso. La narración de Violeta se interrumpe por los comentarios de Clara dirigidos a su novio. Mantener este rígido sistema durante 150 páginas resulta algo fatigoso, y retarda la acción. El estilo desdeña lo conversacional y practica un antinaturalismo lingüístico de una artificiosidad rebuscada.” 

Por lo visto hay comentaristas que han visto el libro como una crítica al procés. Evidentemente hay una crítica, y fuerte, al ejercicio del poder en Cartaluña y está claro que el referente de toda la novela es Pujol y su familia. También hay más de un momento en que se transmite la idea del rechazo por parte de algunos al que no tiene origen catalán. Así, por ejemplo, Montse, la mujer de El Rey, se refiere muy despectivamente a Violet como “xarnega”. Sin embargo, junto a ello hay ya al final una referencia a la política y los políticos de Madrid que no salen precisamente bien parados.

Aquí sucede lo mismo que comentaba en la entrada anterior sobre el libro de Amat: aunque se hable de un lugar y de unas personas concretas, lo que se cuenta de los entresijos del poder, del dinero, de la corrupción, etc., es perfectamente aplicable a la política española. El mismo Torné dice en una entrevista con Ramón Vendrell en el periodico.com:

 "El político con reconocimiento social que se hunde por amasar una fortuna no es un fenómeno catalán. En este sentido Convergència era un partido superespañolazo”.

 En definitiva, un libro magnífico y magníficamente escrito. Muy interesante y, como dije al principio, un buen complemento del de Jordi Amat.

 

Gonzalo Torné, El corazón de la fiesta.

 

 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Continuando con una obra diferente

Este es el tercer libro que leo del autor en poco tiempo. Los otros dos apenas hace tres meses. Eso significa que es alguien que me llamó la atención tanto por los temas que toca como por la forma de hacerlo.

Este Infieles es el que menos me ha gustado de los tres, aunque tiene muchos momentos interesantes e intensos al igual que sucede con los anteriores. Está construido principalmente a partir de monólogos de los distintos protagonistas: Yalal, su madre, Selima, y la madre de esta.

Selima es prostituta y sus clientes son mayoritariamente militares. La madre es “introductora”, un trabajo curioso que consiste en facilitar la noche de bodas a la pareja y, a su vez, confirmar la virginidad de la novia. Todos viven en Marruecos situaciones muy precarias y en gran medida humillantes. Luego se desplazarán a El Cairo, pero allí tampoco lograrán grandes mejoras. Yalal conocerá a un joven belga con el que se desplazará a Bruselas y luego… (aquí es mejor detenerse).

Taia sigue manteniendo su escritura de frases cortas y muy cortas, pero dotadas de gran expresividad. Esta es una de las características que más me atraen de sus libros. Sin embargo, quizá en este me falte una mayor continuidad e incluso me atrevería a decir que claridad. El relato abarca momentos del tiempo muy diferentes. Yalal tan pronto es un niño pequeño como un joven de 20 años y, sobre todo, no se termina de entender bien su comportamiento final.

Como en todos sus libros encontramos la correspondiente crítica a la política marroquí. En este caso, aunque apenas esbozada, se dirige a la actitud en el tema del Sáhara occidental. También a la situación de atraso y pobreza de grandes sectores de la población del país.

Sea como sea, Taia siempre resulta recomendable porque habla de zonas y culturas que no por cercanas, apenas a 14 kilómetros por mar, son más conocidas y porque lo hace con una escritura muy personal y reconocible.

Hay una reseña completísima de José RamónMartín Largo en larepublicacultural.es.

 

Abdelá Taia, Infieles. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.

 

 



 

domingo, 27 de diciembre de 2020

Sobre el poder en Catalunya ( y en general).


Al terminar la lectura del libro tuve que respirar profundamente; me había dejado sin aliento. Si todo el libro es trepidante, la parte final es, además, estremecedora.

Menciona Amat en la Nota del autor a dos escritores franceses, Carrère y Vuillard, a los que sigo en todo lo que publican. La llamada “no ficción” es un género, si es que se puede considerar así, en el que me parece que se está escribiendo una parte de la mejor literatura actual o, al menos, de la que más me gusta, con la que más disfruto.

Este libro de Amat es un buen ejemplo de esa literatura. Su protagonista es Alfons Quintà, un periodista protagonista de los principales momentos de la vida política y comunicativa en Cataluña desde finales de los sesenta. Basta con decir que trabajó en Radio Barcelona,  fue delegado en la región de El País, encargado por Pujol de la puesta en marcha de TV3 de la que fue director o que posteriormente escribió en Avui y El Mundo.

Amat inicia el libro contando fragmentos de la infancia y juventud de Quintà sobre todo lo relacionado con el entorno de Josep Pla del que su padre era el chófer y de alguna forma confidente. De esa época es uno de los momentos más significativos y a la vez duros del texto; Amat reproduce una carta que Quintà, con dieciséis años le escribió a Pla chantajeándole para que le ayudase a conseguir el permiso de su padre para obtener el pasaporte y el carnet de conducir a cambio de callarse los delitos que había cometido el escritor al verse en el extranjero con gente como Tarradellas. Es un atisbo de lo que será luego un personaje cuyo perfil resume muy bien Ignacio Sánchez Cuenca en una reseña muy recomendable hecha en ctxt.es: 

“(…) en cuanto profesional del periodismo aparece en el libro como un personaje prepotente, agresivo, sin escrúpulos, resentido, manipulador, narcisista y cínico, todo lo cual no le impidió publicar algunas exclusivas importantes en su día y tener información de primera mano gracias a una red de contactos en las entrañas del poder que Amat describe con gran detalle”.  

Y se deja en esa descripción cosas como el acoso al que sometió a muchas colaboradoras o el trato que daba a los subordinados (cuenta que cuando comían en una restaurante cogía con la manos cosas de sus platos).

Ahora bien, este protagonista le sirve al autor para mostrar la realidad del poder en la época y las múltiples conexiones entre la economía, la política y los medios. En palabras de Nadal Suau en otra espléndida y completa reseña en elcultual.com:

“(…) arroja el resultado de una tesis sobre una época, desde luego, pero no exenta de valor universal.

(…)

el verdadero protagonista es el poder, que siempre es el mismo pero goza de su propio arco dramático rico y complejo, de sus matices y componendas bajo la mesa (sus ramificaciones son Felipe, el Rey, Cebrián, el PSC, Tarradellas, Pedro J. Ramírez… La lista es extensa). El poder que, en su verdad más descarnada, deja atrás cualquier consideración ideológica o moral”. (Subrayado en el original)

 

Porque, y esto me parece muy relevante, aunque todo sucede en Cataluña, de todo se pueden encontrar muchos ejemplos en España y, seguramente, en muchos otros lugares por ese valor universal que menciona Nadal Suau.

Dejaba a Amat narrando los primeros pasos por la vida de Quintà y por las citas que he reproducido ya se ve que tuvo un amplio recorrido que es lo que constituye el núcleo del libro. Así le veremos escribiendo largo y tendido  sobre Banca Catalana hasta que el mismo Cebrián corte la serie, al poco tiempo es cuando Pujol le encarga la creación de TV3, pero no hay problema. Tampoco lo hay cuando pasa de su inicial militancia en el PSUC a su paso por el soberanismo para terminar escribiendo en medios patrocinados por Ciudadanos.

Evidentemente, no es el único personaje que sale bastante malparado en esta historia, es más, creo que no hay ninguno que se salve del todo. Por eso el libro, como casi todos los que he leído últimamente sobre el acontecer político en España, deja un regusto amargo al terminarlo. Se ven demasiado las costuras del poder y, al mismo tiempo, lo poco que se puede hacer en la medida en que el cuarto poder se ha puesto tan a su servicio.

Amat, en la nota final ya mencionada, escribe para explicar lo que ha hecho y lo que le ha movido a ello. Reproduzco dos fragmentos que me parecen muy significativos y que aclaran muy bien la línea que sigue el texto:

“El desafío era intentar ir más allá del suceso o del relato histórico para construir una narración, pero asumir al mismo tiempo que el ejercicio literario de ir hacia dentro del caso y el personaje era una forma de embrutecimiento. Implicaba no solo descubrir realidades turbias, sino también embrutecer de sordidez mi conciencia y la del lector. Ésa había sido una duda constante para el Carrère de El adversario y su vía de salida había sido aceptar que escribir un libro como ése no lo convertía en mejor persona, pero le permitía, si lograba dar con una voz honesta, ensanchar la mirada moral sobre los otros y sobre sí mismo. Era, de alguna manera, una catarsis para superar el horror”. (p. 251)

“Asumir que no lo iba a descubrir todo sobre el protagonista y su circunstancia, porque hay silencios petrificados, pero que debía contar todo lo que pudiera documentar aunque implicase saltarse la raya del respeto, traspasar la frontera de la educación o derruir el muro de la conveniencia. He acabado por convencerme de que contar lo que explico es moralmente discutible, pero al mismo tiempo socialmente necesario. Se trataba de buscar la verdad oscura que el poder esconde para perpetuarse. Intentar encontrarla es experimentar el riesgo traumático y redentor de la libertad”. (p. 252) 

Ese horror es lo que desalienta tanto. Por otro lado, hay que agradecerle al autor que se salte el respeto y la educación porque, efectivamente, es “socialmente necesario” contar lo que cuenta. Eso sí, he oído algún comentario que aprovecha el texto para criticar al soberanismo catalán; quien lo haga es que no ha entendido nada o, habiéndolo entendido, quiere aprovecharlo para sus propios fines.

Un libro imprescindible. En la línea de los buenos de los autores franceses citados y de alguno más.

He visto que aparece entre los primeros de la lista de los mejores libros del año en Babelia. Totalmente de acuerdo.

  

Jordi Amat, El hijo del chófer.

 

 

viernes, 25 de diciembre de 2020

Mis libros del año

 





















Este  no ha sido un gran año para la narrativa que yo he leído. No obstante, hay novelas que me han gustado mucho. Creo que por vez primera hay más de una en castellano como idioma original aunque, eso sí, del otro lado del Atlántico las dos, de un mexicano y un cubano, por concretar. También hay una de un escritor argentino pero que escribe en francés. Ernaux tenía que aparecer y un clásico como Pasternak también, claro.

Sin embargo, sí ha sido un muy buen año para otros géneros literarios. Leila Guerriero aparece por partida doble si bien en su calidad de editora de dos magníficos libros que demuestran el nivel que tiene el periodismo que se hace en Centro y Sudamérica. Tanto los artículos del libro sobre Cuba, como los reportajes del libro Los malos son de lo mejor que se puede leer dentro del género. Siempre parece que sobre el Holocausto no se puede decir nada nuevo, pero síntesis como la de Rees, un gran especialista, demuestran que al menos sí que se pueden hacer síntesis originales y completas. Una biografía de Grossman que resume más de medio siglo de la URSS es un auténtico hallazgo, como lo es el viaje a ese país de una periodista sueca con gran capacidad de contarnos cosas interesantes. Finalmente, aunque no en último lugar, otro ejemplo del buen momento que atraviesa el periodismo de reportajes en algunas zonas de nuestro país es el de Reparat; si hasta ahora los ejemplos eran de periodistas que escribían sobre África o Asia esta vez es sobre Estados Unidos.

Todos estos libros están comentados más extensamente en diferentes entradas del blog.

 

Nota: Siento que aparezcan así las portadas, pero con el cambio en blogspot no soy capaz de hacerlo como antes. Si alguien que lea esta entrada lo sabe hacer le agradecería un tutorial.

jueves, 24 de diciembre de 2020

Releyendo




 En esta nueva política de relectura que me he marcado, es lógico que sea este uno de los primeros libros que releo. Siento por el autor una especial debilidad porque, excepto El reino, todos sus libros me han gustado mucho. El que ahora comento es algo más, es uno de esos libros que marcan al lector y que incluso alguien tan desmemoriado como yo recuerda durante mucho tiempo.

Desde luego, ha sido un acierto terminar un año tan complicado con esta lectura.

Lo leí hace más de siete años y voy a reproducir el comentario que publiqué en el blog:

“En las setenta primeras páginas, una fuerte sensación de angustia; en las cincuenta últimas, un nudo en la garganta; en medio, un gran interés por conocer cómo trabajan algunos jueces en Francia. Otra vez una obra inclasificable de este autor.

Hace un par de semanas comentaba El adversario, novela-documento-reportaje, y lo que me había gustado. Ahora, otra vez ¿novela-documento?, en cualquier caso vida, contada sin tapujos, pero también sin concesiones al morbo; y muerte y enfermedad y amistad y amor.

Un libro inolvidable, diferente, dirigido a la mente y al espíritu. Desgarrador, conmovedor. No dejará indiferente a nadie, creo.

De la contraportada: “En un libro sobrecogedor…”, “El lector es arrastrado como por una enorme ola y depositado, al final del libro, emocionado, conmocionado, cambiado.” ”Una novela de la conciencia…”

Carrére cuenta dos historias de muerte reales de las que, en un corto espacio de tiempo, fue testigo. La forma de contarlas es lo importante con esa sensibilidad y esa capacidad para absorber al lector y no dejarle respirar.

Además, y como decía antes, me he enterado de una par de cosas muy interesantes sobre la actitud de algunos jueces en temas como la quiebra comercial y la comisión de sobreendeudamiento en los que utilizan todas las armas legales para favorecer a los desfavorecidos.

En fin, algo más que recomendable; imprescindible.”

Hoy no se me ocurre nada mejor que decir. No obstante, esta vez me he fijado en un par de momentos en los que Carrère demuestra que no solo es un buen escritor dotado, además, de una gran sensibilidad, sino que también es un escritor sincero. Reproduzco dos fragmentos que lo muestran:

“Soy ambicioso, inquieto, necesito creer que lo que escribo es excepcional, que será admirado, me exalto creyéndolo y me derrumbo cuando dejo de creerlo”. (p. 176)

"Me sentía brillante, importante, y aquella semicuñada cancerosa en su casita perdida en un pueblucho de provincias me daba pena, por supuesto, pero estaba lejos. Aquella vida que se apagaba no tenía nada que ver con la mía, en la que todo parecía abrirse, desplegarse. Lo que más me fastidiaba era que aquello socavaba a Hélène y reprimía un poco –muy poco,  a decir verdad- el impulso de dar rienda suelta a la euforia ligeramente megalómana que me invadió durante toda aquella primavera”. (p. 62)

(Hélène era su compañera en ese momento)

Si creo que toda la obra de Carrère es muy recomendable, este libro lo considero el más logrado y representativo del autor.

Hay una buena reseña, hecha en el momento de su publicación, de Francesc Bon en unlibrooaldia.blogspot.com.

 

Emmanuel Carrère, De vidas ajenas. Traducción Jaime Zulaika.

 

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Una visión foránea


Siempre he tenido gran interés por los programas de radio en los que participan corresponsales extranjeros porque, por un lado, están menos mediatizados (y aquí este término tiene todo el sentido) en sus opiniones que lo españoles y, por otro lado, porque vienen de culturas y formas de entender las cosas diferentes y pueden aportar enfoques interesantes.

En estos momentos solo conozco la tertulia en el programa de Javier del Pino en la cadena SER en la que, por cierto, ha participado el autor del libro que comento.

Por lo dicho me interesó este libro nada más verlo pues como ya se advierte en el subtítulo se trata de la visión de un corresponsal. Además, tiene también la ventaja de que no se ha limitado a recopilar algunos de sus artículos, sino que ha escrito textos originales si bien varios están basados en sus trabajos para el New York Times, el diario para el que trabaja. Un dato que es interesante conocer es que se trata de alguien nacido y formado en Suiza.

El libro está dividido en tres partes. La primera está dedicada a la política y está centrada sobre todo en lo sucedido en Catalunya ya que Minder escribió un libro sobre el tema que, por cierto,  no está publicado en España. En la segunda se centra en la economía donde, además de la crisis bancaria, escribe sobre un par de temas curiosos como el potencial de la mermelada, el vino y la trufa en uno y sobre vender sexo y colonialismo en otro. El dedicado a la situación de Abengoa me ha parecido muy interesante y bien contado. En la tercera parte, bajo el epígrafe de sociedad, recoge un conjunto de textos muy variados pues van desde la poca filantropía existente en España  a la memoria histórica, pasando por el pequeño Nicolás o la situación de la prensa en nuestro país (en este recoge el despido de John Carlin de El País y la reacción de Josep Borrell que me parece muy definitoria del personaje).

Como se puede apreciar toca una gran variedad de temas de interés variable según sea el lector. Yo lo he pasado bastante bien leyéndolo porque Minder, como buen periodista, escribe con gran agilidad, va al meollo de los diferentes temas y no carece de sentido del humor. Además, como decía antes al hablar de mi interés por lo que digan los corresponsales, tiene la ventaja de ser centroeuropeo y escribir para un medio de Estados Unidos, por lo que, por una parte, tiene una perspectiva de muchas cosas diferente y, por otra, la libertad de decir lo que piensa. En cualquier caso se ve que disfruta de su estancia en España y tiene una visión bastante positiva de cómo es el país aunque, lógicamente, no excluye los aspectos más criticables como, por ejemplo, la siguiente afirmación sobre las amenazas al diputado de Teruel existe por votar a favor del actual gobierno: 

“¿En qué democracia contemporánea y sana teme un parlamentario por su seguridad personal debido a su voto?” (p. 107)

En fin, un libro entretenido e interesante.

Hay una buena entrevista con Íñigo Sáenz de Ugarte en eldiario.es. 

Raphael Mindel, ¿Esto es España? Una década de corresponsalía. Traducción Vanesa García Cazorla.