Cuando hace pocos meses comentaba el primer libro que
había leído de esta autora ya decía que no sería el último. Lo cumplo con este
que fue el primero que publicó la editorial Automática y que escribió en 1981.
Parece ser que Akal publicó hace tiempo dos textos suyos, pero ahora están
descatalogados.
Otra vez me parece que estamos ante una magnífica
novela con una buena historia, muy bien contada a través de unos personajes de
carne y hueso, con unos excelentes diálogos y con momentos de fuerte carga
emotiva.
La historia es sencilla: Constance, la protagonista y
narradora en primera persona del momento actual tiene leucemia y se va a morir
pronto, por ello escribe sobre los momentos más importantes de su vida. La
novela va alternando los capítulos de tal manera que al final terminan
confluyendo ambas historias.
Constance relata aspectos de su niñez y juventud, su
marcha a Londres buscando una vida más auténtica, la petición de matrimonio de
Bill -importante personaje que luego será su médico en todo el tramo final de
su vida-, su relación con Jacob Weinberg, un judío polaco con el que busca
quedarse embarazada, momento importante porque de un análisis a raíz del
embarazado sale la información de la leucemia, el intento con un editor que
fracasa, una larga entrevista en Londres con su padre, etc. Es decir, momentos
relevantes de esa vida.
Hablaba antes de la importancia de los personajes.
Además de los ya mencionados están: su hermana Bibi con la que tiene una
relación no demasiado buena, lo mismo que le pasa con la madre, y Bridie a
quien contratan para que la acompañe en los últimos días y que resulta ser de
gran ayuda tanto en lo material como en lo emocional.
Si los personajes son una de sus grandes creaciones,
los diálogos no le van a la zaga y con pocas palabras es capaz de dejar
constancia de aspectos relevantes. También mencionaba antes la emotividad.
Obviamente, esta es especialmente visible en el tramo final, aunque a mí, por
razones personales, me ha resultado muy emocionante, porque además es una
escena muy bien resulta, la escena de la consulta en la que le comunican que
tiene leucemia.
No faltan, como ya sucedía en el anterior libro, las
referencias a las relaciones entre irlandeses e ingleses, algo que parece ser
típico en las obras de Johston, quien ha pasado gran parte de su vida en
Irlanda del Norte.
En fin, una novela muy recomendable, de esas que
cuesta trabajo dejar de leer, de las que llegan al lector por lo que cuentan y
también por cómo lo hacen. Otro magnífico ejemplo de buena literatura
irlandesa.
Hay una buena reseña de Koldo en
unlibroaldia.blogspot.com.
Jennifer Johnston, Las luces azules. Traducción
Lucía Barahona Lorenzo.