lunes, 16 de febrero de 2026

Las tertulias a examen

 

He sido fiel seguidor de las tertulias prácticamente desde sus comienzos. Empecé con la de la SER, pasé a la COPE cuando dejaron de emitir la anterior y volví a la SER para no abandonarla hasta que lo hice definitivamente con las tertulias radiofónicas. En la televisión seguí durante un tiempo la de Ferreras hasta que se me hizo insoportable y ahora veo diez minutos de las que se hacen en RTVE.

A fuer de ser sincero tengo que reconocer que en las tertulias nunca he buscado información, solo confirmación de mis opiniones o, en algún caso, elementos para conformarla. Leyendo el muy interesante libro de Villarreal compruebo que no iba muy desencaminado.

Es curioso que un fenómeno como este de las tertulias, que ocupa horas y horas tanto en radio como en televisión, apenas haya recibido atención por parte de los estudiosos y que existan tan pocos libros que las analicen. Por eso tiene tanto valor este que comento que, además, es bastante completo en el tiempo y el espacio, analiza sin especiales prejuicios una buena variedad de tertulias y ofrece listas interesantes de participantes en ellas. Y todo eso en solo 245 páginas, escritas con la agilidad propia del buen periodismo, que se leen de un tirón y que se disfrutan sobre todo si el lector es o ha sido aficionado al tema.

Además de hacer análisis generales, Villarreal ha asistido presencialmente a tertulias como las de Carlos Alsina, Aimar Bretos o Antonio Ferreras y también analiza con cierto detalle las de Luis del Olmo o Antonio Jiménez. Dedica especial atención a las de los medios públicos de alcance estatal y en un momento a las que se hacían en Catalunya en la época del procés.

Al empezar con las primeras que se hicieron le permite analizar la evolución que han sufrido que ha sido considerable. El siguiente fragmento ofrece una buena síntesis de la misma:

“Las primeras tertulias tenían el aura de ser una especie de panteón de sabios solo accesible a un puñado de personas; más tarde, en los 90, se abrió un  poco la mano y empezaron a entrar expolíticos o periodistas con muchos tiros pegados; con la llegada del siglo XXI, comienzan a entrar otros perfiles, aún con credenciales y que, además, daban bien en cámara, de sociólogos a politólogos, pero en la actualidad, el mensaje que se manda es que las barreras se han derribado: cualquiera puede hackear su aterrizaje en las tertulias.” (p. 230)

Como se ve, el autor se centra mucho en el tipo de participantes. Sobre estos reproduzco un par de fragmentos que son también un buen resumen:

“Pero la magia de estos profesionales, a menudo minusvalorados como todólogos, no es que sepan de todo, sino que son capaces de buscar esa información y declamarla, como un monólogo teatral, para crear esa impresión de omnisciencia.

(…) porque esos tertulianos no saben, sino que fingen saber.” (p. 29)

“(…) la mayor parte del tiempo los tertulianos no opinan sobre un hecho, opinan sobre otra opinión.” (p.32)

Esta última idea es fundamental porque, como decía al principio, es muy difícil informarse escuchando una tertulia; su utilidad se refiere casi exclusivamente a formarse una opinión.

Ha habido, y creo que en los últimos tiempos es la predominante, otra función de las tertulias. El autor lo ejemplifica con una en concreto:

Del Olmo tenía entonces los bolsillos más profundos del sector, pero en la tertulia de la COPE había una misión que amalgamaba al colectivo e iba más allá de opinar acerca de la actualidad del día: largar a los socialistas.” (p. 109-110)

Hoy unas se dedican a esto y otras a evitarlo: es la famosa polarización, un término que se ha impuesto y sobre el que no es el momento de hablar, pero del que sí me gustaría decir que hay unos que polarizan bastante más que otros. Quizá venga a cuento ahora una información curiosa que da Villarreal: en 1989 llamar "imbécil" a un contertulio le costó el puesto al que lo hizo; en 2017 da una lista de los improperios que se dedican entre sí los participantes en las diferentes tertulias.

Un último aspecto que me gustaría tratar es la idea de proporcionalidad ideológica en las tertulias. Hay muchas, sobre todo las públicas estatales,  que intentan tener más o menos el mismo número de participantes de las diferentes ideologías, pero esto no es lo único importante porque:

“No importa lo aparentemente plural que sea una mesa de análisis si ciertos temas están vetados o ciertos enfoques se presentan de una forma tergiversada, en general a favor del poder político de turno o, dicho de otra forma, es más que posible tener una mesa formalmente plural de tertulianos, pero dirigir la tertulia de tal manera que sea imposible salir de un marco determinado.” (p.178)

Esto tengo ocasión de comprobarlo a diario en los pocos minutos que dedico a las tertulias televisivas. Es muy evidente.

En fin, un libro que además de muy entretenido, pone el dedo en la llaga de los diferentes aspectos que toca, que se dedica a describir y analizar y son muy pocos los momentos en los que da su opinión, que está muy bien escrito y se lee con gran facilidad sin que ello quiera decir que es superficial. Muy recomendable, sobre todo si uno es, o ha sido, aficionado al tema.

Especialmente recomendable es el último capítulo: Pe-rio-dis-mo.

 

Antonio Villarreal, Tertulianos. Un viaje a la industria de la opinión en España

 

 

 

 

 

jueves, 12 de febrero de 2026

Novelón

 


Este libro llevaba más de un año en el estante de los pendientes. Sinceramente, me daba miedo tanto su tamaño como el hecho de que había oído hablar de que había elementos de realismo mágico. Si algo no me gusta ni en literatura ni en cine es lo fantástico o la ciencia ficción. Estaba convencido de que se trataba del típico libro que comenzaría y abandonaría bastante pronto.

Sin embargo, algo ha sucedido en estos comienzos de 2026, alguna confluencia extraña de planetas, porque desde que empezó el año he visto: una distopía (Pluribus), una película con vampiros y zombis (Los pecadores) y otra con extraterrestres (Bugonia). Y lo bueno es que las tres me han gustado. Así que deduzco que estaba en el mejor momento para enfrentarme al realismo mágico.

Este libro de Uclés ha sido bastante discutido. Tiene fervientes seguidores y no menos fervientes detractores. En estas últimas semanas el censo de ambos se ha ampliado a raíz de la polémica centrada en unas jornadas sobre la guerra civil española.

Tengo que decir que ni siquiera conozco la voz de Uclés y que apenas me ha interesado esa polémica. Lo único que sí me ha llamado la atención de ella es ver con qué facilidad gente que no ha estudiado ni trabajado algunos temas habla sobre ellos, o está dispuesta a hacerlo. Pasa lo mismo que cuando se trata la educación y todo español lleva dentro de sí un profesor o un jefe de estudios.

Bueno, habrá que decir algo sobre el libro. Lo primero es que he llegado hasta el mapa de la página 700, esto es, he pasado muchas horas y días enfrascado en su lectura, y me lo he pasado bien. Es cierto que hay momentos en los que se produce un cierto desfallecimiento, pero es tal la capacidad creativa y la imaginación del autor que enseguida te puedes sobreponer. Además, está muy bien escrito, con un buen lenguaje, contiene multitud de citas muy interesantes, aparecen de vez en cuando personajes reales algunos incluso con papel como, por ejemplo, Orwell o Miguel Hernández y, por encima de todo, lo más interesante es que cuenta el devenir de una familia (parece ser que tiene bastante de autobiográfico) en el contexto de la guerra civil española con unos personajes muy bien construidos que sufren todo tipo de avatares.

Aunque no suelo hacerlo en mis comentarios, quiero reproducir aquí un extenso fragmento de la crítica en Babelia de Nadal Suau, con el que por cierto no siempre coincido, porque resume como yo no sería capaz de hacerlo las mejores virtudes del libro: 

“En principio, yo no era el target ideal del libro: mis inquietudes van en otras líneas. De hecho, al empezarlo, la prosa parecía confirmar nuestro desencuentro. Es una escritura impecable, ojo, solo que evoca referencias cuya revitalización no añoro en particular. Sin embargo, el despliegue de Uclés (minucioso, exhaustivo, coherente hasta lo obsesivo) alinea a la perfección estilo, trasfondo histórico o moral y arcos narrativos. De pronto, en medio de la seriedad trágica que impone el tema, nos regala detalles juguetones o cálidos, como las apelaciones en segunda persona al lector. En paralelo, las múltiples citas de escritores, testimonios e historiadores sedimentan de un modo perfecto. Y, sobre todo, el destino de los personajes importa de verdad. Así, poco a poco, La península de las casas vacías conquista mi agradecimiento y también, por vías insospechadas, su propia contemporaneidad (el narrador autoconsciente es fundamental para ello)”.

Esas apelaciones al lector me han parecido muy oportunas y la que reproduzco a continuación particularmente acertada y original:

“En cuanto a si me arrepentiré y los traeré de vuelta, no puedo saberlo. Quizás más adelante los reviva narrativamente o los retome al final para cerrar la historia; o quizás mueran y cuando quiera echar mano de ellos, ya no estén, y serán ellos los que me habrán abandonado. No puedo saberlo. Vosotros sí, si hojeáis el final del libro. Es curioso. Podéis adelantaros a lo que yo mismo desconozco todavía que ocurrirá. En ese sentido, os envidio.” (Pg. 180)

No quisiera terminar este comentario sin hacer alusión a uno de los aspectos del libro que más controversia ha suscitado. Me refiero a la supuesta equidistancia del autor entre los bandos participantes en el conflicto. Uclés no obvia ninguna de las violencias que practicaron con verdadera fruición ambos bandos, desde la plaza de toros de Badajoz a la cárcel modelo de Madrid, pasando por la “espantá” de Málaga o Paracuellos del Jarama. No obstante, creo que en la atmósfera de la novela sí hay una cierta toma de partido por el bando republicano, algo que, en mi opinión, queda muy claro en la escena del enfrentamiento entre los dos hijos del protagonista, cuyo resultado no puede contar para no hacer spoiler.

¿Estamos ante un libro recomendable? Es difícil decirlo. Creo que se trata de una experiencia de lectura bastante diferente de lo habitual, que trata temas muy interesantes, que tiene buenos personajes, buenas informaciones históricas, pero, claro, que tiene también muchas páginas y que se puede hacer un poco largo y pesado en algunos momentos.

Dejo el enlace a la completísima y muy interesante reseña de Santi en unlibroaldia.blogspot.com en la que critica fuertemente el libro que, como reconoce, no pudo terminar de leer. Puedo coincidir en alguna de sus apreciaciones, pero no en el global de su crítica.

 

David Uclés, La península de las casas vacías.

 

 

 

jueves, 5 de febrero de 2026

Sorprendente

 


“Gracias, grazas, grazias, gràcies, gracies, eskerrik asko.” Esta lista de palabras son la antepenúltima línea del libro. No se me ocurre mejor manera de iniciar mi comentario que ponerlas al principio, porque lo primero que quiero es agradecer a Mario Obrero su precioso, militante, sorprendente y motivador libro.

Obrero es un joven poeta de Getafe de 23 años y yo soy un viejo jubilado de Chamberí (Madrid) de 77 años que ha aprendido muchas cosas con la lectura de este libro, pero ,sobre todo, a querer más a las distintas lenguas que se hablan en nuestro país. Hasta ahora las respetaba y alguna, el catalán, la medio domino por necesidades del “servicio” (tengo el reciclaje ya que he sido profesor de secundaria en Mallorca durante 25 años). Todos los veranos desde hace muchísimos años paso algunos días en Asturias y, sin embargo, nunca me he molestado en conocer algo del asturianu. Mi segundo y tercer apellido son Bacaicoa (hoy Bakaikoa) y Behoteguy (hoy Beotegi) y lo único que sé de ese idioma es el significado de estos apellidos.

En este libro el autor dedica un capítulo a cada una de estas lenguas, hablas o dialectos: castellano, galego, aragonés, català, aranés, asturianu, estremeñu y euskara. De unas conoce más y de otras menos, pero siempre lo suficiente para dejar constancia de que cada una de ellas es importante sea mayor o menor el número de sus hablantes. Así, por ejemplo:

“(…) ¿cómo vamos a llamar “pequeña” a una lengua que reúne hasta ocho formas en su diccionario para nombrar a los pájaros? En ese y otros muchos aspectos, el aragonés tiene una dimensión inconmensurable. A las lenguas se las ordena por tamaños, pero las unidades de medición son siempre opuestas a criterios como la belleza o la ternura.” (p. 70)

La consecuencia lógica de esa idea es la necesidad no solo de respetar todas las lenguas sino de apoyar a las que están con problemas. Otro ejemplo:

“No soy asturiano, pero sí antibelicista. En un contexto donde una lengua patalea y otra asume un naufragio, tengo claro dónde está la necesidad, el apoyo y la defensa.” (p. 136) (Esto viene a continuación de contar que en el Teatro Campoamor de Oviedo se pide cerrar los móviles en inglés, castellano y asturianu, momento este en el que una parte del público patalea).

Otra forma de restar valor a una lengua es haciendo ver que sus hablantes hablan mal o que es una lengua solo para el campo o la taberna. Como refleja el siguiente fragmento:

“A una lengua no se la oprime con otra más poderosa, sino con silencio. Esta es una de las consecuencias más nocivas de la diglosia: educar a una comunidad en la idea de que hablan mal y que, por tanto, habrán de callar como única vía de discurso.” (p.117)

Esto es algo que donde vivo ha sido usado históricamente para minorizar el mallorquín, es decir, el catalán que se habla en Mallorca, con respecto al castellano. Aquí la clase alta, aunque tuviese ocho apellidos de la isla, hablaba a sus hijos en castellano.

Una última reflexión del autor que quiero reproducir se refiere a la “pureza” de las lenguas:

“Una lengua es mucho más que una filiación religiosa; al contrario que los clubes del monoteísmo, se caracteriza por ser inclusiva y abierta a todas las bocas y oídos. Además, poco o nada deberíamos velar por la “pureza” de un idioma. Más bien cabe, de forma laica, invocarle muchas aleaciones, perversiones que deformen y traigan consigo nuevas palabras.” (p. 97)

No quisiera que tantos árboles, citas, no dejaran ver el bosque; un bosque lleno de conocimiento, de permanentes reproducciones de fragmentos poéticos en las diversas lenguas, de comparaciones muy originales y bien escogidas de palabras en diferentes lenguas, demostrando un nivel cultural y lingüístico envidiable y, sobre todo, un gran respeto y cariño por cada una de las lenguas.

Conocí a Obrero por una entrevista un fin de semana en la cadena SER. El lunes siguiente fui a la librería a encargar el libro, tal fue el impacto que me causó lo que decía y también la forma en que lo hacía. Luego, la lectura del texto completó ese impacto. Solo puedo sentir mucha envidia y admiración por un trabajo como este. Ahora que desde Madrid solo llegan malas noticias, demostraciones de falta de respeto y chulerías, es bueno que se cuele desde allí algo de aire fresco y que exista gente como Obrero capaz de transmitir estas buenas sensaciones.

Un libro algo más que recomendable e imprescindible para hablantes de cualquiera de las lenguas del estado.

Repito: “Gracias, grazas, grazias, gràcies, gracies, eskerrik asko.”

Hay una buena entrevista de Laura Casielles con el autor en lamarea.com

 

Mario Obrero. Con e de curcuspín. Cartas a las lenguas.

 

 

 

 

 

lunes, 2 de febrero de 2026

Magnífica sorpresa

 

Vaya colección de buenos escritores que hay en Irlanda. Cada vez que conozco alguno nuevo me encanta y termino leyendo buena parte de su obra. Este libro lo he visto en los expositores principales de las librerías muchísimas veces y, para colmo, también lo tenía en casa, pero es de esos que se te cruzan, te parece que van a ser algo sentimentaloides y no te planteas leerlo. Ha sido el hecho de llevarla al cine y leer alguna cosa sobre el tema y la novela lo que me ha llevado a su lectura.

Menos mal que así ha sido porque es una novela magnífica, seguramente una de las mejores que leeré este año. O’Farrell logra crear una atmósfera que te traslada al Stratford de finales del siglo XVI, y unos personajes magníficamente construidos, tratados con gran delicadeza y, sobre todo, muy creíbles. Todo tiene una base real, pero no deja de ser una obra de ficción.

El libro está dividido en dos partes bien diferenciadas. En la primera, se narra el origen de la pareja formada por Agnes y William (por cierto, Shakespeare no aparece nombrado como tal en ningún momento y cuando aparece lo hace como “el padre de …”), el embarazo para forzar una boda que no gustaba a las familias, los partos, la llegada de la peste y la muerte de Hamnet en 1596, a la edad de once años. La narración la hace la autora utilizando mucho los flashbaks, pero de tal manera que el lector sabe siempre perfectamente en qué momento se desarrolla la acción. La segunda, bastante más corta, se centra en la vuelta de Shakespeare de Londres, ciudad en la que trabajaba creando e interpretando obras de teatro, y los problemas en la familia por el luto tras la muerte del hijo ya que, como se dice en un momento determinado, “Agnes ya no es la que era”. Esta parte está construida a partir de fragmentos que podrían considerarse como escenas diferentes.

Acabo de mencionar al personaje más importante de la novela, aquel en el que la autora pone el mayor cuidado y el que dirige la mayor parte del relato. Es una mujer con una infancia infeliz (despreciada por su madrastra), refugiada en la cría de abejas y dedicada al conocimiento de las plantas que la convierten en una especia de curandera en el pueblo. También será rechazada por su suegra. Además, tiene que cuidar de la familia ya que el marido pasa la mayor parte del tiempo en Londres.

Junto a ella, son otros personajes relevante John, el abuelo de Hamnet, que tiene un buen negocio de guantes y muy mal genio sobre todo con su hijo; Joan, la madrastra de Agnes y Mary, su suegra; y, claro, los hijos de la pareja: Susanna y los mellizos Judith y Hamnet.

Ahora bien, más allá de la historia que cuenta que, desde luego, es muy interesante, la importancia de la novela yo la centraría en la forma de hacerlo, en el magnífico lenguaje con que lo hace, en la atmósfera creada a la que antes aludía y en unos personajes de carne y hueso. Por todo ello, se explica el éxito que ha tenido ya que se trata  de una novela algo más que muy recomendable.

Hay una buena reseña de Juan G.B. en unlibroaldia.blogspot.com

 

Maggie O’Farrell, Hamnet. Traducción Concha Cardeñoso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 30 de enero de 2026

ANDAMIO

 

Otra vez una entrada con mucho cine. En este caso, además, es de una calidad muy alta. Hay varias candidatas a los Oscar de cine internacional y dos magníficos documentales. También es interesante la enorme variedad de procedencias. Las series son bastante menos y también menos interesantes.

 

Películas

 

EE.UU.: censura en las bibliotecas. Producción estadounidense. Un magnífico documental sobre la situación de las bibliotecarias, de las bibliotecas escolares sobre todo, acusadas en muchos casos de promover la pornografía entre los niños. Es bastante alucinante ver la capacidad que tienen algunos grupos religiosos para influir en las autoridades educativas. Todo forma parte, claro está, de la batalla cultural. Es admirable ver cómo se están defendiendo y defendiendo con ello la libertad. Es también un “aviso a navegantes”. Aquí ya hubo casos en el País Valencià de algo parecido.

 

Un simple accidente. Producción iraní. Una comedia negra que da palos al régimen del país por los cuatro costados. Una anécdota mínima le da pie a criticar la represión que ha habido. Es interesante teniendo en cuenta lo que está pasando estos días en Irán con la feroz represión del régimen con centenares de muertos que pone de manifiesto, una vez más, lo malas que son las religiones sobre todo cuando pretender organizar la sociedad en función de sus criterios y dogmas.

 

Turno de guardia. Producción suiza. Refleja una jornada de trabajo de una enfermera en un hospital público con la intención de mostrar la dureza de ese trabajo y las presiones a las que se ve sometida entre otras cosas por la gran falta de personal. De hecho, al final se dan dos informaciones: en Suiza se necesitan 30.000 enfermeras, y en Alemania en 2029 se necesitarán 260.000. Muy bien interpretada. Transmite muy bien la angustia y el estrés de la trabajadora. Muy buena y necesaria película.

 

La luz que imaginamos. Producción india. Una preciosa película a medio camino entre el drama social y el romántico. Momentos de la vida de dos mujeres en un mundo conservador que penaliza todo lo que se salga de sus valores. Ritmo lento muy adecuado a la historia e interpretaciones en las que prima el gesto sobre la palabra. Buena película con el añadido, además, de que es difícil ver una película de esa procedencia.

 

Un hombre libre. Producción española. Un magnífico documental sobre un escritor español, Agustín Gómez Arcos, que se fue del país a mediados de los sesenta del siglo pasado tras haber ganado dos premios de teatro Lope de Vega que no se llegaron a representar por la censura. En París, lugar donde residió hasta su muerte en 1998, se dedicó a escribir novelas en francés y ha pasado desapercibido en España durante muchos años hasta que la editorial Cabaret Voltaire lo dio a conocer y está publicando gran parte de su obra. El documental ofrece entrevistas con el escritor hechas para diversos medios en Francia así como la participación de gente como Almodóvar, Bob Pop, Eric Vuillard, etc. Yo he leído tres de sus libros y me parece un grandísimo escritor que, además, aborda temas importantes y con una escritura muy potente. Muy recomendable tanto el documental como los libros de Gómez Arcos.

 

Mi amiga Eva. Producción española. Una magnífica película con guion y dirección de Cesc Gay. Una comedia romántica que tiene buenos diálogos y, sobre todo, una gran interpretación de esa gran actriz que es Nora Navas. Absolutamente recomendable.

 

El agente secreto. Coproducción brasileña con varios países europeos. Es un magnífico thriller político. Me costó un poco entrar porque no terminaba de entender lo que pasaba, pero enseguida lo logré gracias a un extraordinario guion. Cuenta también con una muy buena ambientación -la historia sucede en 1977-, y puesta en escena, así como con grandes interpretaciones. No me extraña su candidatura al Oscar a mejor película extranjera. Lo merece.

 

 

Series

 

 

Pluribus. Serie estadounidense de 9 episodios de 45 minutos. Del mismo creador de Breaking Bad y Better Call Saul, pero a bastante distancia de ellas. Es una distopía en la que toda la humanidad, excepto doce personas, se ha contagiado de un virus que hace que la gente tenga la vida resuelta, que no haya conflictos, que no puedan mentir, etc. Por el contrario, una de las doce no contagiadas, a la que se le facilita todo lo que desea, se rebela porque quiere mantener su individualidad. Tiene unas críticas impresionantes y una gran valoración de la gente, pero a mí apenas me ha interesado salvo en algún momento que parecía que remontaba.  Es cierto que no soy seguidor de la ciencia ficción y que es un género que por lo general no me gusta, así que quizás sea esta la razón de mi opinión desfavorable. Eso sí, la he visto enterita.

 

Dying for sex. Miniserie estadounidense de 8 episodios de 30 minutos. Basada en un podcast que a su vez se basa en la historia real de una mujer que tiene un cáncer terminal. Es un drama con algunos momentos de humor sobre todo al principio. A mí me ha costado entrar en la serie, pero tengo que reconocer que los dos últimos capítulos son realmente muy buenos aunque bastante duros porque es ver cómo llega la muerte, que no por esperada es menos dramática.

Disney +

 

Verdades ocultas. Serie estadounidense de 8 episodios de 59 minutos. Es un thriller que realmente tiene más de drama de relaciones entre personas y de la vida en una ciudad como Tulsa (Oklahoma). Va de menos a más sobre todo porque Ethan Hawke, el protagonista, va abandonando poco a poco los excesos en su actuación que, por otra parte, es muy buena. Los dos últimos capítulos son, además, ideológicamente muy interesantes.

Disney +

 

Su peor pesadilla. Producción estadounidense de 8 episodios de 50 minutos. Tiene forma de thriller a partir del secuestro de un niño, pero realmente se trata de un drama centrado en las relaciones familiares. Tiene muy buen guion con bastantes e inesperados giros que la hacen muy entretenida. Ideal para pasar el rato sin más complicaciones.

Movistar +

jueves, 29 de enero de 2026

Breve pero jugoso

 


Tengo al autor como uno de los grandes periodistas en lengua castellana. En los últimos años he tenido la ocasión de comentar cuatro de sus libros que me han enseñado mucho sobre el movimiento migratorio desde Centroamérica hacia el norte y también sobre las maras salvadoreñas, tema en el que es uno de los máximos especialistas. Además, en el primer libro suyo que leí, Los muertos y el periodista, había unas interesantísimas y muy comprometidas reflexiones sobre la profesión del periodismo, un tema que como sabe quien siga algo este blog es uno de mis favoritos.

En este pequeño libro, apenas 111 páginas en tamaño bolsillo, nos ofrece lo que yo considero un aperitivo sobre un personaje muy siniestro, pero que, al mismo tiempo, es muy popular entre sus ciudadanos.

Para ello ha dividido el texto en capítulos que empiezan todos con el nombre de Bukele y, a continuación, un calificativo; todopoderoso, internacional, ridículo, cruel, distractor, anti-Bukele. En ellos va desgranando alguna de las características del personaje, pero, claro, sin profundizar en ninguna, algo que yo he echado mucho de menos sobre todo en lo que se refiere al pacto secreto que hizo con las maras.

Suele emplear al comenzar algunos elementos como, por ejemplo, la idea que tuvo de convertir el Bitcoin en moneda nacional de libre circulación, la toma de la Asamblea Legislativa o las opiniones que Martínez había detectado en la calle sobre la persona del dictador, y a partir de ellos desarrolla el tema.

Reproduzco a continuación algunas frases que resumen bien diferentes aspectos del personaje:

“Pactos secretos y estado policial, esa fue su fórmula”. (p. 29)

“Para Bukele, todas sus obras son históricas, mundiales, milagrosas, insólitas, inimaginables”. (p. 33)

““Bukele entiende la política como un conflicto perpetuo: su acierto está en elegir siempre el conflicto e ir ganándolo siempre”, me dijo días después un miembro del gabinete presidencial…”” (p. 91)

 

Es curioso, leyendo La hora de los depredadores, el último libro de Giuliano da Emoli, me encontré con el siguiente fragmento: 

Al día siguiente de la elección de Trump, Bukele proclamaba en X: “Sea cual sea su preferencia política, les guste o no lo que ha pasado, estoy seguro de que ustedes no captarán plenamente la bifurcación de la civilización humana que empezó ayer.”” (p. 75-76)

Resulta muy significativo el acierto de Bukele a la hora de valorar lo que estaba sucediendo, tal y como lo estamos viendo estos días.

Hay que decir que Martínez escribe desde el exilio. Él, y creo que todos los componentes de la revista El Faro, tuvieron que salir del país ante el riesgo que allí corrían.

Desde aquí solo me queda desear que más temprano que tarde puedan regresar a un país normalizado en el que se pueda ejercer la libertad de expresión, y también recomendar encarecidamente este librito porque aunque deje mal sabor de boca, también deja muchas ganas de buscar más información y de hacer todo lo posible para enfrentar el fascismo que viene.

 

Óscar Martínez, Bukele, el rey desnudo.

lunes, 26 de enero de 2026

De nuevo Siberia

 


En 2011 creé en el blog una sección que llamé Mis temas recurrentes que comencé con el dedicado a los Campos de concentración. Obviamente, la mayoría de los libros se referían al tema del Holocausto, pero también aparecían ya varios que relataban lo sucedido en la U.R.S.S. en la época de Stalin, como entre otros los de Evgenia Ginzburg, Anna Lárina, Israel Emiot, Margarete Buber-Neumann y, claro está, los seis volúmenes de Varlam Shalámov. En ellos se mencionan muchas veces los lugares por donde discurre la historia del libro de Leyvik, pero este los padeció en una época muy anterior, entre 1906 y 1913, es decir, como reza el título, en la época del zar.

Leyvik fue detenido y juzgado por pertenecer al Bund (Unión General de Trabajadores Judíos). Le condenaron a seis años de trabajos forzados en la cárcel y destierro a perpetuidad en Siberia.

La primera parte del libro está dedicada al tiempo que pasó en varias cárceles, aunque la mayor parte fue en Moscú, en la famosa prisión de Butyrka, y la segunda, al desplazamiento a través de Siberia hasta llegar a la aldea en la que debía cumplir el resto de la condena.

Del tiempo en la cárcel yo destacaría las historias que narra de sus compañeros de celda, cuatro presos comunes y otros tres políticos como él y, sobre todo, su estancia en la mazmorra, un lugar sin ningún tipo de luz, primero solo y luego en compañía de un preso común, ortodoxo, condenado por asesinato con el que en un momento dado mantiene una interesantísima conversación sobre religión.

La parte en la que narra el desplazamiento por la estepa siberiana hasta llegar al río Lena por el que les llevarían a su destino final, me parece lo mejor de un libro que es magnífico todo él. Me imagino que tiene que ver con el hecho de que el autor fuese poeta, pero el caso es que días y días recorriendo el mismo tipo de paisajes a pie, con una alimentación basada en pan y agua caliente, no parece que pueda dar lugar a una narración tan hermosa en muchos momentos. Aquí también tienen mucha importancia sus compañeros de viaje e incluso el hecho de que Leyvik podríamos decir que se enamora de Slava, presa política también.

La historia está magníficamente narrada, no se regodea en los castigos que tuvieron que sufrir como, por ejemplo, las durísimas flagelaciones, al contrario, se centra más en los detalles de solidaridad entre los presos e incluso en los que tuvo alguno de los guardias que les custodiaba al atravesar la estepa. Obviamente, el hecho de estar encadenados, tener una malísima alimentación, padecer enfermedades como el tifus o el escorbuto, y otros padecimientos, están presentes en el relato, pero yo he salido de la lectura con un tipo de sensaciones diferente a las que me provocaban los libros que mencionaba al principio. Creo que esto se debe al profundo humanismo con el que trata Leyvik a todos los personajes.

El autor escribió el libro en 1958, es decir, cincuenta años después de ocurridos los hechos, por eso en muchos momentos he tenido la sensación de que más que una historia autobiográfica, estaba leyendo un libro de ficción por el gran detallismo con el que está contado.

En fin, un texto que merece mucho la pena leer.

Leyvik logró huir hasta Estados Unidos en 1913 por lo que solo cumplió un año de su destierro siberiano. Esa huida creo que hubiera merecido otro libro o, al menos, un buen relato.

Hay una buena reseña de Koldo en unlibroaldia.blogspot.com.


Nota: Es una traducción directa del yiddish.

 

H.Leyvik, En las kátorgas del zar. Traducción Rhoda Henelde y Jacob Abecasís.

 

 

jueves, 22 de enero de 2026

Otro gran Padura

 

He leído ya lo suficiente del autor para tenerlo entre mis favoritos. Afortunadamente aún me quedan bastantes libros por leer, lo que iré haciendo poco a poco.

El que hoy comento está entre los mejores, al menos de los que yo conozco. Yo diría que al nivel de El hombre que amaba a los perros, una novela realmente muy buena.

El libro está dividido en tres partes: El libro de Daniel, El libro de Elías y El libro de Judith.

En la primera, que se desarrolla en La Habana en los años cincuenta y en 2007, se plantea el tema principal de la novela: Mario Conde (el personaje que utiliza Padura en muchas de sus novelas para centrar la acción, y que es un expolicía que ahora se dedica a la compraventa de libros), recibe el encargo por parte de un judío, descendiente de los que vivieron en la isla, de encontrar quién era el poseedor de un cuadro atribuido a Rembrandt que salía a la venta en Londres en una subasta. Ese cuadro lo traían unos miembros de su familia cuando intentaron llegar a la isla en 1939 huyendo del nazismo, aunque no lo lograron porque las autoridades no les permitieron desembarcar (aquí utiliza Padura hechos reales). Esta primera parte es quizá la mejor del libro.

En la segunda, Padura lleva la acción nada menos que al Ámsterdam del siglo XVII, entre los años 1647 y 1653, la época en la que se debió de pintar ese cuadro. Aquí despliega el autor mucha información sobre ese momento histórico y sobre el taller del Maestro (no menciona expresamente a Rembrandt), así como sobre la situación de la comunidad judía. Esta parte es muy interesante aunque quizá se ha excedido en su extensión y pierde algo de agilidad narrativa.

En la tercera y última se vuelve a 2007 y 2008 con Conde centrado en la búsqueda de una joven desaparecida, pero luego entra de nuevo en el tema planteado en la primera parte.

Esto por lo que se refiere al contenido principal, porque Padura en todas sus novelas va dejando apuntes críticos sobre la realidad de la isla, en este caso diría que de dos tipos. Por un lado, cuando se desarrolla en 2007, se hacen referencias como: la generación perdida, desencantado y jodido, cierre de comercios en su barrio, otro barrio destruido tanto en sus casas como en sus parques, la corrupción, las muchas carencias o la no concesión de unas ayudas a alguien por ser católico. Por otro lado, aprovecha el siglo XVII para dejar fragmentos como los siguientes:

“(…) Siempre habrá unos iluminados dispuestos a apropiarse de la verdad y a tratar de imponerle esa verdad a los demás. (…)  la libertad es el mayor bien del hombre.” (p. 235)

“Debió existir ese miedo mezquino y muy real para que él también tuviese miedo de los extremos a los cuales podían llegar los hombres que, desde el poder, se autoproclaman puros y pastores de destinos colectivos (…)” (p.238)

El libro, que por cierto tiene 513 páginas, está muy bien escrito, algo habitual en este autor, y la historia, además de interesante, está muy bien contada. Yo he pasado muy buenos ratos leyéndolo.

Como resume muy bien José Miguel Martínez en su reseña en unlibroaldia.blogspot.com: “Como en libros anteriores, resulta una delicia leer al escritor cubano. Su prosa es minuciosa en las descripciones, musical en el ritmo y rica en matices”. 

 

Leonardo Padura, Herejes.

 

miércoles, 21 de enero de 2026

Relectura necesaria

 

Este libro lo leí hace algo más de un año, pero tras leer recientemente el que creo que es su continuación y complemento, La hora de los depredadores, me ha parecido interesante releerlo porque me parece que da las claves de lo que está pasando en el mundo de la política y la comunicación.

Reproduzco lo que comenté en su momento y lo amplío con una cita del párrafo con el que acaba el libro que es bastante pesimista pero que, al mismo tiempo, supone un acicate para intentar contrarrestar lo que está pasando hoy.

“A pesar de que este es un libro publicado en España en 2020 (el original francés es del año anterior), no lo había visto en las librerías hasta hace muy poco. Seguramente se debe a que está publicado por una editorial no demasiado conocida. Es una pena que tenga tan poca promoción porque no solo trata temas de una relevancia e importancia capital en estos momentos, sino sobre todo porque lo hace de manera magistral. He leído ya bastantes libros sobre estos temas, pero ninguno que lo cuente de forma tan sintética y tan clara como este.

Da Empoli es un escritor que está a medio camino entre Francia e Italia. Escribe en francés y fue asesor de Mateo Renzi cuando este fue primer ministro.

En este libro se enfrenta al tema de cómo desde la extrema derecha se está construyendo todo un sistema de manipulación o, si se quiere, de creación de verdades alternativas y de cómo poco a poco se va consolidando y penetrando en distintas sociedades.

Se centra en tres ejemplos para ver cómo funciona: los inicios del movimiento italiano 5 Estrellas, al que le dedica todo un capítulo; otro está centrado en la Hungría de Orbán y, cómo no, también Trump tiene el suyo. Vemos aparecer también a los mismos personajes que aparecen en cualquier libro que trate de estos temas. Así, Steve Bannon, Milo  Yiannopoulos, Arthur Finkelstein o Andrew Breibart, por citar solo a los más conocidos.

De la idea base deja constancia da Empoli con la siguiente cita:

En muchos sentidos los exabruptos son un instrumento organizativo más eficaz que la verdad -escribía Mencius Moldburg, bloguero de la derecha alternativa estadounidense-. Cualquiera puede creerse la verdad, mientras que creer en lo absurdo es una auténtica muestra de lealtad. Y quien tiene un uniforme tiene un ejército.” (p. 21) (Subrayado en el original)

Además, algo muy importante y que se puede apreciar fácilmente cada día:

“(...) el punto clave continúa siendo que los extremistas se han convertido, en todos los aspectos, en el centro del sistema. Son ellos quienes marcan el tono de la conversación”. (p. 160-161)

Y sobre el contenido y el tono de la conversación reproduzco un extenso fragmento por lo bien que lo sintetiza:

“Por primera vez en mucho tiempo, la vulgaridad y los insultos personales han dejado de ser un tabú. Los prejuicios, el racismo y el sexismo salen de su escondrijo. Las patrañas y las teorías conspirativas se convierten en una clave para interpretar la realidad.

Y todo esto se presenta como una guerra sacrosanta para la liberación de  la palabra del pueblo, finalmente liberada de los códigos opresivos de las élites globalizadas y políticamente correctas. Las mismas élites que ocasionaron la crisis financiera, causaron el empobrecimiento de las clases trabajadoras y, como guinda del pastel, conspiraron con las ONG y grupos de interés judeo-masónicos para reemplazar la fuerza laboral local por migrantes de países en desarrollo”. (p. 87-88)

Creo que con estos ejemplos se puede apreciar perfectamente lo que antes decía sobre la claridad y la capacidad de síntesis del autor.

Creo que estamos ante uno de esos libros que son de obligada lectura y permanente consulta para quienes estamos preocupados por la deriva que está tomando la política en nuestro país. Un verdadero libro de cabecera.

Siendo así, es una pena que el traductor se dedique, sobre todo al principio, a explicar al lector en notas a pie de página una serie de términos ingleses que son de uso habitual y desde luego conocidos para alguien que esté leyendo un libro como este.

Por cierto, no he dicho que hace apenas un año comenté otro libro del autor, El mago del Kremlin, que además de muy original me pareció muy recomendable.”

“Las nuevas generaciones que hoy observan la política reciben una educación cívica compuesta de comportamientos iliberales y consignas que influirán sobre sus actitudes futuras. Una vez rotos los tabúes, resulta imposible recomponerlos: cuando los líderes actuales pasen de moda, es poco probable que los votantes, acostumbrados a las drogas duras del nacional-populismo, soliciten de nuevo la manzanilla de los partidos tradicionales. Pedirán algo nuevo y puede que todavía más fuerte.” (p. 162)

 

Giuliano da Empoli. Los ingenieros del caos. Traducción Nicolás Boullosa

 

miércoles, 14 de enero de 2026

Los cambios en la geopolítica mundial

 


Fui suscritor hace ya tiempo de las publicaciones del CIDOB, tanto de la revista Afers Internacionals como de su completísimo Anuario. Con ambas aprendí mucho y, sobre todo, a darme cuenta de la complejidad que siempre tiene el mundo de las relaciones internacionales de las que hoy, desgraciadamente, opina cualquier desinformado al que le den un altavoz para hacerlo. Al ver que este libro sobre Europa estaba escrito por el actual director del CIDOB, no dudé en comprarlo porque seguro que iba a ser interesante.

El libro está dividido en tres grandes apartados: Un mundo transformado: el fin de la Europa posmoderna, La crisis de la Europa geopolítica y El destino de la Europa geopolítica.

En el primero el autor analiza los grandes cambios que se están produciendo en el mundo de las relaciones internacionales. En el segundo se centra en los dos principales conflictos, Gaza y Ucrania, así como en la pugna entre Estados Unidos y China. En el tercero analiza el papel que debería jugar Europa y los recursos que necesita para ello.

Como se ve, todo un compendio del tema que desarrolla a lo largo de las 200 páginas del libro con mucha claridad en la exposición y gran fluidez en la narración.

No voy a entrar en el contenido de los capítulos, pero sí dejar constancia de aquellos aspectos que más me han llamado la atención, como pueden ser, entre otros: el buen resumen que hace de las diferentes escuelas sobre las relaciones internacionales, con especial atención al realismo; los datos que ofrece comparando el auge económico de China y Estados Unidos; las iniciativas “minilaterales” que se están llevando a cabo; el subapartado titulado ¿Quién gana y quién pierde en el mundo de Trump?, y, finalmente, su análisis del euroescepticismo.

En el subtítulo del libro aparece el concepto de un mundo hostil. En el siguiente fragmento se puede ver uno de los casos de esa hostilidad:

“La dinámica que mejor define la política global actual es la contestación, entendida como la voluntad de rendir cuentas en un mundo postoccidental. Occidente recibe fuertes críticas por el uso interesado de las normas internacionales, mientras se le reprocha la falta de solidaridad con los países del sur global.” (p.50-51)

El autor, aunque europeísta convencido y militante, no evita ni mucho menos la crítica a muchos de los comportamientos y, sobre todo, a los enormes problemas de organización para la toma de decisiones de la Unión Europea. En este sentido me ha gustado esta reflexión:

“A raíz de las últimas crisis, Europa ha empezado a hablar el lenguaje del poder antes de ser potencia. Una trayectoria diferente a las de Estados Unidos o China, que primero construyeron su primacía en el orden internacional como potencias económicas, comerciales, tecnológicas o militares, y luego han ejercido su poder en el mundo.” (p.184)

En fin, un libro necesario en estos momentos porque necesario es reflexionar sobre el pobre papel que está haciendo la UE en un mundo en crisis permanente como el actual, y en el que cada día surge una nueva sorpresa por parte del “Emperador”, cuyo documento sobre estrategia de seguridad pone a la propia UE como una de las dianas a las que tienen que apuntar (por cierto, otro aspecto de esa hostilidad antes mencionada).

 

Pol Morillas, En el patio de los mayores. Europa a ante un mundo hostil.

 

domingo, 11 de enero de 2026

ANDAMIO

 

Comienzo el año con un protagonismo absoluto de las películas, nada menos que diez de las que seis son estadounidenses y tres de ellas dedicadas al periodismo que son, además, junto con la noruega, las mejores. Junto a esto, cinco series, todas de Netflix, variadas en todo: procedencia, temas e interés.

 

Películas

 

Una batalla tras otra. Producción estadounidense. Mezcla de todo: comedia, drama, acción, thriller, cine social (por la inmigración), pero coge un poco de todo y al final no se sabe muy bien qué pasa ni por qué lo hace. Elogiadísima por la crítica, me parece que se deja ver, a pesar de una exagerada duración de más de dos horas y media, pero que no es esa película del año que se dice en alguna crítica.

 

Echo Valley. Producción estadounidense. Un thriller bastante típico, casi me atrevería a decir que un típico telefilme de después de comer, que resulta entretenido sin más. Eso sí, tiene un buen reparto merecedor de mejores causas.

 

The Alto Knights. Producción estadounidense. Película sobre la mafia basada en hechos reales. Sucede en los años 50 del siglo pasado. Robert de Niro hace el papel de los dos protagonistas que es casi lo más interesante de una película entretenida pero que, al tratar un tema tan recurrente, es muy inferior a cualquiera con la que se la pueda comparar de ese tema.

 

The New Yorker cumple 100 años. Producción estadounidense. Para un aficionado al periodismo como yo hay pocas cosas mejores que un documental sobre un medio. Este en concreto es un magnífico repaso a la historia y el presente de una revista que he visto mencionada decenas de veces en libros y películas pero que, obviamente, no he leído nunca. Quizás le falte profundizar algo más en algunos temas, pero da una visión bastante completa de un medio que tiene ¡30 verificadores! Muy recomendable.

 

Cover-up: Un periodista en las trincheras. Producción estadounidense. Insisto en la primera frase del comentario anterior. Magnífico documental sobre el trabajo del periodista Seymour Hersh. Desde la masacre en My Lai en los sesenta hasta la actual en Gaza pasando por la invasión de Irak, Hersh aparece denunciando siempre los abusos y las ilegalidades del poder sea el ejército, las diferentes agencias gubernamentales o el propio gobierno. Queda al final un regusto muy amargo y una visión descorazonadora de hasta dónde es capaz de llegar el poder. Un buen complemento para el libro de Giuliano da Empoli que comenté en el blog el 30 de diciembre.

 

Adiós, June. Producción británica. Dirigida por Kate Winslet y con un guion de su hijo. Película navideña con mucha emotividad y bastante tristona. Exaltación de la familia y quizá con un exceso de sentimentalismo, pero se ve con gusto seguramente por el magnífico conjunto de actores con los que ha contado la directora (y productora).

 

Todos los gobiernos mienten. Producción estadounidense. Otro magnífico documental, y van tres en pocos días, sobre periodismo. En este caso, basado en lo que hizo I.F. Stone en los años sesenta a noventa del siglo pasado, nos muestra el trabajo de un conjunto de periodistas y medios independientes que están desvelando las mentiras de los diferentes gobiernos de los Estados Unidos. En definitiva, lo que hace el documental es demostrar que se puede hacer un periodismo independiente. Muy interesante y muy buenas las intervenciones que rescatan del propio Stone.

 

Valor sentimental. Producción noruega. La película más “bergmaniana” que he visto desde hace muchísimos años. Un magnífico guion, muy buena dirección de actores y unas interpretaciones realmente espléndidas, hacen que esta sea una de las mejores películas que he visto en los últimos tiempos. Un drama familiar centrado principalmente en las relaciones de un padre, director de cine, con su hija, actriz de teatro. Está muy bien contada, con momentos muy emotivos y muy buena descripción de los distintos personajes.

 

El legado. Producción irlandesa. Un thriller psicológico que se desarrolla en una gran posesión rural en los años veinte del siglo XIX. Está basada en una novela y logra transmitir muy bien la tensión y la angustia de la protagonista sin necesidad de grandes truculencias ni sustos innecesarios.

 

Series

 

Navidad en casa. Tercera temporada de esta serie noruega con 8 episodios de 30 minutos. Tan buenista y entretenida como las dos anteriores. La verdad es que de vez en cuando se agradece poder ver una serie así. (No soy nada “navideño”, pero me rindo ante esta serie).

Netflix

 

Killing Eve. Tercera temporada de esta serie británica con 8 episodios de 45 minutos. En 2020 vi la segunda temporada, que por cierto no me gustó especialmente, y ahora, al ver el anuncio de la cuarta, me ha apetecido ver la tercera. Se deja ver en general aunque también resulta totalmente prescindible.

Netflix

 

La tierra del pecado. Producción sueca con 5 episodios de 45 minutos. Tiene la forma de un thriller, pero en el fondo es un drama rural que se desarrolla en la Suecia profunda, esa que no suele salir en las pantallas. No es especialmente novedosa, pero sí cuenta con un magnífico trabajo de casting; todos los personajes parecen lo que son.

Netflix

 

Regreso al pueblo. Serie turca de 8 episodios de 40 minutos. Un thriller que en muchos momentos se convierte en una comedia negra e incluso en un vodevil con la única diferencia que aquí el escenario es todo un pueblo. Es la primera serie de ese país que veo y me parce que está bastante bien hecha e interpretada. Entretenida.

Netflix

 

La bestia en mí. Serie estadounidense de 8 episodios de 45 minutos. Un típico thriller psicológico con todos los elementos del género. Un guion con los suficientes giros para mantener la tensión y unos protagonistas bastante peculiares interpretados, además, por la figura de la serie Homeland, tan histriónica como en ella, y con el protagonista de The Americans en un papel muy diferente. La serie mantiene el interés y es muy entretenida.

Netflix