Que soy un gran seguidor de Padura lo demuestra la
cantidad de entradas que hay sobre obras suyas, eso sí, hasta ahora solo eran
obras de ficción. En este caso se trata de un libro diferente pues en él se
recogen, seleccionados por el propio autor y su mujer, Laura, un conjunto de
artículos publicados entre 2000 y 2018 sobre temas relacionados de una u otra
forma con la literatura.
El libro se divide en tres grandes apartados.
El primero, La maldita circunstancia del agua por
todas partes, está dedicado sobre todo a las vivencias personales del
autor, vivencias que en gran medida le marcaron en su labor literaria. Hay
mucha Habana y un capítulo dedicado al beisbol. Además, está el artículo que me
ha resultado más interesante de un libro en el que todos los son: La
generación que soñó con el futuro, porque da muchas claves para entender su
relación con el país e incluso la evolución del propio país al menos en lo que
a la cultura se refiere.
En la segunda parte, ¿Para qué se escribe una
novela?, se centra en varios aspectos de su propia obra narrativa y así,
hay un extenso trabajo sobre El hombre que amaba a los perros, otro
sobre la creación del personaje de Mario Conde y otro sobre su novela Herejes,
muy interesantes sobre todo para quienes conozcan esas obras.
En la tercera, Vocación y posibilidad, escribe
sobre la obra de otros autores como Alejo Carpentier y Virgilio Piñera.
Creo que con la mera enunciación de los temas que se
incluyen en el libro sería suficiente para que apeteciese su lectura, pero es
que, además, Padura es un magnífico escritor y, por lo visto en estos
artículos, no solo de ficción. Hay mucha claridad en lo expuesto y también
mucho compromiso con la literatura y también hay, como siempre en sus libros, críticas
al sistema en el que vive, en este caso centrado sobre todo en la política
cultural. Valga como ejemplo el siguiente fragmento:
“(…) el inolvidable Congreso de Educación y Cultura de
1971 de donde surgen los llamados “procesos de parametración”, según los cuales
los artistas -en especial los teatristas, bailarines, actores- debían cumplir
determinados parámetros o abandonar el medio artístico. Uno de esos parámetros
era no ser homosexual (…) otro parámetro era crear una “arte comprometido y
revolucionario” “. (p. 331)
Es una pena que en cada artículo además del año de su
publicación, que sí aparece, no se haya dejado constancia del medio en el que
se publicó; creo que hubiese sido interesante.
En fin, un libro muy recomendable y, obviamente,
imprescindible para lectores habituales de este magnífico escritor cubano del
que, por su edad, aún esperamos que nos haga pasar buenos momentos literarios.
Leonardo Padura, Agua por todas partes.