miércoles, 29 de junio de 2022

Investigando las causas de la violencia

Aunque he leído ya varios libros de este autor, creo que me he dejado algunos muy interesantes. Me estoy dando cuenta últimamente de que México está ofreciendo un conjunto magnífico de escritores y escritoras. En poco tiempo han ido apareciendo por el blog y siempre con comentarios muy positivos.

El que ahora comento es un libro un tanto irregular. Debo advertir que a mí me ha tenido totalmente enganchado a pesar de que creo que tiene algunos defectos importantes.

La historia cuenta, narrada en primera persona por Lucía, una investigadora en neurociencia, a u interlocutor Luis, su profesor y director del Centro de Estudio de Neurociencias Aplicadas, los pormenores de la investigación que llevaron a cabo en la frontera entre México y Guatemala sobre el asesinato de una joven por parte de sus amigos, asesinato en el que quieren investigar sobre “los orígenes neurológicos de la violencia”. Es un tema obviamente muy interesante, pero que poco a poco va quedando marginado porque también se va a ir centrando en los problemas de relación entre los componentes del grupo de investigadores. Ambos temas se van intercalando de manera muy inteligente: destaca el buen uso que hace de los diferentes registros lingüísticos de los investigadores por un lado y de los jóvenes y sus familias por otro.

Quizá sobra alguna de las disquisiciones científicas que hace porque no son fáciles de seguir y como tales no aportan nada al conocimiento de lo que sucede, pero, por algo que he leído, parece que Volpi está bastante interesado, alguno dice que obsesionado, por esa violencia y sus causas. De hecho da algunas cifras de mujeres muertas que son realmente escalofriantes. En este sentido algunos aspectos del libro me han recordado a los de Óscar Martínez comentados en el blog.

Hablaba antes de defectos; dejo constancia de alguno: centrarse mucho más en los problemas de relaciones de los investigadores que en la situación de los jóvenes y estos problemas muy centrados, a su vez, en las diferentes parejas pasadas y presentes de algunos; hay un exceso de ex que no aportan nada al conocimiento de los personajes.

Todo lo anterior no quita para que el libro, sin estar entre los mejores del autor, se lea con interés tanto en la parte de los niños implicados en el asesinato como en la de los investigadores, aunque esta seguramente no gustará demasiado a algunos lectores.

Hay una buena reseña de Rodrigo Flores Sánchez en gatopardo.com.

 

Jorge Volpi, Partes de guerra.

  

jueves, 23 de junio de 2022

Buen entretenimiento

A pesar de que esta editorial ha publicado ya varios libros del autor, hasta ahora no me había animado con ninguno. Más de una vez he comentado ya en el blog que tengo bastante abandonada la literatura que se hace en Estados Unidos; en una época leí quizá demasiados libros de esa procedencia y me cansé.

Sin embargo, la lectura de la contraportada de este libro me animó, sobre todo donde al reproducir el comentario de una crítica se dice que: “El planteamiento es puro Hitchcock”.

La historia es muy sencilla: Tres amigos de una pequeña población en las montañas de Wyoming, que tienen una empresa de construcción dedicada a pequeñas obras y reformas, reciben el encargo de terminar la obra de una mansión realmente espectacular en un sitio de gran belleza natural pero bastante apartado. La mujer que los contrata les pone como condición que tiene que estar terminada antes de Navidad, en cuyo caso recibirán una fuerte compensación económica. 

A partir de ahí, Butler va contando cómo se realizan los primeros trabajos; vamos conociendo cómo son los tres amigos, su carácter, su situación personal y familiar, sus principales problemas;  y también cuál es la historia de la mujer que los contrata. A esto se dedica el primer tercio de la novela, algo que despista un tanto al lector porque realmente no pasa absolutamente nada. Sin embargo, pronto se van a producir novedades importantes que, obviamente, no contaré.

Hablaba antes de Hitchcock como referente según una crítica. No me atreveré a negarlo aunque yo veo la influencia muy clara de Patricia Highsmith, tanto en la construcción de los personajes como en algunos elementos de la trama. Evidentemente, Butler no llega a su sutileza ni a la creación de esas atmósferas de la gran escritora de suspense, pero sí es cierto que la recuerda en algunos aspectos.

El mérito de Butler es ser capaz de mantener la atención y entretener al lector a lo largo de 387 páginas con estos personajes y algún otro secundario. No es una gran novela pero se pasa un buen rato leyéndola.

 

 

Nickolas Butler, Buena suerte. Traducción Álvaro Marcos.

 

 

lunes, 20 de junio de 2022

Periodismo del bueno


Este es el cuarto libro que leo del autor y con él termino con los publicados en España por este valiente, comprometido y magnífico periodista y escritor salvadoreño. En menos de medio año me he empapado de un conjunto de lacerantes realidades de esa zona del mundo de la que apenas llegan informaciones más allá de alguna elección presidencial o alguna matanza más “espectacular” de lo habitual.

En este libro se recogen catorce crónicas escritas y publicadas entre 2011 y 2015 que el autor ha dividido en tres partes: Soledad, La locura y La huida, aunque yo creo que casi en cada historia que cuenta hay algo tanto de soledad como de locura y, desde luego, de huida.

Jueces, policías y políticos corruptos se pasean por sus páginas, junto a matones, corruptores, traficantes de cualquier cosa o persona, pandilleros, coyotes, etc.

Tres son los temas que más aparecen en las crónicas: las pandillas, el tráfico de migrantes y la trata de blancas. Los lugares en los que se desarrollan son: México como paso hacia el vecino del norte, Honduras, Guatemala y El Salvador como lugares de procedencia de los protagonistas.

Unos protagonistas que no suelen tener buenos finales desde el Niño de Hollywood (al que dedicó todo un libro) a la mayoría de los migrantes que terminan secuestrados hasta que sus familiares pagan el resto de la deuda (hablamos de cifras de miles de dólares), siempre que su coyote haya pagado antes a los Zeta mexicanos. O también esos testigos protegidos a los que apenas si se les da la comida y poco más o casos como el de “Grecia” que denuncia ante la fiscalía las violaciones padecidas para que al final el juez deje libre a los violadores.

Situaciones que se resumen muy bien en el siguiente fragmento:

“Los sicarios asesinan. Los traficantes corrompen, matan o amenazan A, B o C. Las bandas de robacarros son un rayo, actúan en un santiamén. Los tratantes son como el agua que horada la piedra: inclementes, persistentes. Ellos necesitan a su víctima viva y asustada. Viva y aterrorizada. Viva y sumisa. Las golpizas de la finca de Barberena no eran un correctivo para las atizadas. Ellas eran, para los tratantes, muestras vivientes. Las golpizas eran un correctivo para las demás mujeres: Vean lo que les puede ocurrir”. (p. 216)

Ninguna de las historias de estas crónicas deja indiferente.  Unas golpean el hígado, otras el riñón, otras la mandíbula y todas dejan con el corazón en un puño. Es difícil entender desde las tranquilas aguas de este occidente, por otro lado bastante adormecido y despreocupado de otra cosa que no sea mirarse el ombligo, tanta violencia y, en el fondo, tanta maldad, porque maldad hay; no todas las violencias son iguales, todas son horribles, pero algunas además hacen gala de sadismo.

Claro que tampoco en la zona afecta a todo el mundo por igual, pues como dice Martínez en referencia a un tema muy concreto: “Para la clase obrera de este país las pandillas nunca son algo lejano. En todo caso, pueden ser un problema menos cercano”. (p. 227)

Un aspecto interesante de las crónicas de este escritor es que siempre se basan en conversaciones con personas implicadas tanto víctimas como verdugos y en una presencia constante en la zona en la que suceden los hechos. Por esto hablaba antes de la valentía y el compromiso del autor.

El libro se abre con una Nota preliminar, dirigida a un hipotético lector estadounidense, que es un ejemplo de todo lo que se puede transmitir en apenas tres páginas. Es Óscar Martínez en estado puro.

No solo recomiendo este libro, creo que cualquiera de los cuatro publicados hasta ahora merece mucho la pena. Son duros, reflejan realidades incómodas de leer, pero también están magníficamente escritos y son un buen reflejo de lo que sucede en esa parte del mundo.

Esperando ya una próxima publicación.

 

Óscar Martínez, Una historia de violencia. Vivir y morir en Centroamérica.

 

 

viernes, 17 de junio de 2022

Sobre la crisis política


Suelo comprar todo lo que publica Sánchez-Cuenca y también leer los artículos que voy encontrando en diferentes medios. Me parece que es de los politólogos (en el fondo qué poco me gusta este término) que mejor explican los temas que aborda. Además, suele elegir temas tan controvertidos como, por ejemplo, la “superioridad moral de la izquierda”, la desfachatez de algunos intelectuales o la “cuestión” catalana. Es decir, no tiene miedo a meterse en los charcos si con ello es capaz de esclarecer algunos aspectos de temas tan relevantes como los enunciados.

En este caso, el tema elegido es intentar dar algunos elementos que expliquen lo que está pasando con el auge de movimientos, fundamentalmente de extrema derecha, que cuestionan el sistema tal y como ha estado constituido y tal como ha venido funcionando en los últimos decenios.

El título de los cuatro capítulos en los que ha dividido el libro puede dar una idea clara de su contenido: El desgaste democrático, El populismo y sus malentendidos, Los intermediadores de la democracia representativa y Las transformaciones de la intermediación.

La idea fuerza o, si se prefiere, la tesis del autor es: la crisis que está afectando a los partidos y a los medios es “la desarticulación de las instancias intermediadoras".

Para explicarla dedica el primer capítulo a diferenciar la crisis actual con la del periodo de entreguerras del siglo pasado. Ofrece también un conjunto de informaciones estadísticas que le llevan a concluir que: “Los cinco elementos señalados (bajada de la participación, incremento de la polarización, aumento de la volatilidad, aprehensión sobre el futuro y descrédito de los partidos) configuran el contexto general en el que se produce la desorganización de los sistemas de partidos y el ascenso de las nuevas fuerzas políticas antiestablishment”. (p 41)

En el segundo capítulo discute el uso del término populismo. Esto es algo que resulta ya bastante cansino porque aparece en todos los libros que pretenden analizar la situación actual. Da varias definiciones para, finalmente, desecharlas todas y quedarse con el término antiestablishment.

El tercero es el capítulo fundamental del libro. En él da las claves de esos problemas de intermediación en el caso de los partidos que, de forma muy resumida, serían: el abuso de poder y la corrupción; el incumplimiento de las promesas realizadas; y la colusión entre los partidos principales que dejan fuera demandas que cuentan con importante apoyo popular.

Finalmente, en el cuarto, en el que yo esperaba un análisis similar para el caso de los medios, se centra más en cambios operados con la digitalización, el avance del individualismo, las diferentes interpretaciones del concepto de soberanía, etc.

Cierra el libro con un conjunto de diez conclusiones que son un buen resumen del contenido.

Un texto interesante, sobre todo los dos últimos capítulos, que pueden ser útiles a la hora de analizar nuestra realidad. Hay que decir que Sánchez-Cuenca pone multitud de ejemplos que, en su inmensa mayoría, no están referidos a España lo que anima al lector a intentar ver las similitudes y diferencias con lo que pasa por aquí.

Hay una interesante y muy completa entrevista de MarcosPinheiro con el autor en eldiario.es en la que aparecen todos los temas tratados en el libro.

 

Ignacio Sánchez-Cuenca. El desorden político. Democracias sin intermediación.

 

 

 

miércoles, 15 de junio de 2022

Los inicios de una gran escritora francesa


Me reconozco un fan además bastante incondicional de esta escritora francesa. He sido capaz de leer un libro en el que comentaba las fotografías de cómo quedaba la ropa después de las relaciones amorosas con su amante, e incluso sus descripciones y reflexiones sobre la compra en el supermercado.

Hoy comento la que fue su primera publicación en 1973 y tengo que decir que me extraña que haya tardado tanto tiempo en traducirse. De hecho la inmensa mayoría de los libros que se han publicado en España se corresponden con lo que escribió en los noventa y, sobre todo, ya en este siglo; hay que tener en cuenta que Ernaux nació en 1940. Decía que me extrañaba este retraso porque me ha parecido uno de los mejores libros que he leído de ella.

A lo largo de sus algo más de 200 páginas, hace un repaso a la relación con su familia en su infancia y juventud en la que destaca la necesidad que va viendo, a medida que pasa el tiempo, de desclasarse, de salir de ese ambiente cerrado de la tienda de ultramarinos que regía su desordenada madre y de la bodega aledaña que llevaba su padre y en la que ella pasaba horas viendo cómo se emborrachaban los parroquianos y cómo, a veces, se dirigían no muy amablemente a ella.

En ese repaso se habla de cuando tenía 5 o 6 años, luego más o menos 13 y, finalmente, cuando empieza en la universidad. Además, como parte de ese desclasamiento, Denise, la protagonista (en este caso Ernaux no utiliza su nombre real), estudia en un colegio privado en el que sufre varias humillaciones por su origen social, humillaciones de las que se venga a través de la obtención de unas notas brillantes.

Sobre esa relación con sus padres pueden ser un buen ejemplo los siguientes fragmentos:

 

“Todo está sucio, mugriento, feo, vomitivo… Me voy a pillar todos los microbios. Es culpa suya si… me da igual lo que digan los profesores sobre los padres. Yo era un monstruo, una niña horrible, una perdida, en el fondo… Los odiaba a los dos, me habría gustado que fueran de otra manera, dignos, presentables en el mundo real.”. (p. 132)

 

“Era una cabrona, me avergonzaba… Cada vez más. No es verdad, no los odiaba, cuando iba a ese colegio monjil, pensaba en ellos, que se quedaban ahí, deslomándose, con sus cajas, sus cuentas, imágenes grises… Me enternecía… papá, mamá, los únicos que se preocupan realmente por mí, solo los tengo a ellos”. (p 138)

 

Aquí, como se ve por el final del segundo, hay un cierto arrepentimiento por la brutalidad del resto.

Ernaux no me gusta solo por lo que cuenta; también es muy importante el cómo lo hace. En los fragmentos reproducidos ya se puede apreciar parte de su estilo que la editorial resume muy bien en la contraportada cuando afirma que tiene: “Una escritura cruda, arrrojada al papel brutalmente, desprovista de cualquier autocensura. Frases aceradas, tensas, como escritas con urgencia para no olvidar, para no retroceder ante tanta verdad”.

Esta forma de escribir hace que llegue hasta lo más hondo de un lector que se deje llevar por lo que le están contando incluso, como pasa a veces en este libro, cuando hay una cierta reiteración de los sentimientos y emociones de la protagonista, alguien que expresa así una de sus ambivalencias:

 

“Expresión oral torpe a pesar de los buenos resultados, escribían las maestras en el boletín de notas… Llevo dentro de mí dos lenguajes, los puntitos negros de los libros, saltamontes locos y gráciles, junto a palabras grasas, gordas, contundentes, que penetran en el vientre, en la cabeza, que hacen llorar en la parte de arriba de la escalera sobre la caja de galletas o reír debajo del mostrador… “El padre, irritado, amonesta a su hijo”, dice la gramática, eso no tiene importancia, pero “¡la muy asquerosa ha vuelto a meter mano a los quesos de los clientes!”, y la tienda se ensombrece, y mi madre berrea….Las únicas cosas de verdad son esas, las que se sienten, también en la entrepierna”. (p. 91-92)

 (Todos los puntos suspensivos que hay en los fragmentos reproducidos están así en el original).

Además de la relación con su familia y también con alguna compañera del colegio, hay algo de sus primeros “amores”; de hecho el libro empieza y termina con un aborto.

Un libro magnífico que me ha dejado con ganas de volverlo a leer próximamente. Creo que no sería mala idea que Cabaret Voltaire,  la editorial que está publicando su obra, insistiese en traducir más textos de esa primera época. Puede que estén algo menos pulidos, pero demuestran la fuerza de esta escritora que no tiene problemas para contar los aspectos menos gratos de su vida.

Hay información sobre este libro y sobre la autora en un artículo de Pepa Blanes en cadenaser.com

 

Annie Ernaux, Los armarios vacíos. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.

 

 

jueves, 9 de junio de 2022

Una gran escritora rusa



Hace cuatro años descubrí a esta escritora rusa gracias a la mención que de ella hacía Marta Rebón en su libro La ciudad líquida. Gracias a eso leí las dos obras que había publicado la editorial Anagrama que me parecieron magníficas. Hace unos días y por casualidad encontré este publicado en 2013 y enseguida me he puesto a leerlo.

Es un libro realmente muy peculiar en su tema y su estructura. Por un lado, y como su título indica, se trata de relatar los principales momentos de la vida de un personaje real, Daniel Rufeisen, y de algunas de las personas con las que se relacionó aunque la autora aprovecha también para crear otro conjunto de personajes de ficción. Por lo que se refiere a la estructura, Ulitskaia, como ahora veremos, habla de collage pero yo diría que se trata más de un auténtico puzzle en el que, además, no siempre es fácil encajar las piezas.

En palabras de la autora:

“No soy una verdadera escritora y este libro no es una novela, sino un collage. Recorto con tijera pedazos de mi vida y de la vida de otras personas y pego “sin pegamento/una novela viva sobre los jirones de los días””. (p. 463)

Basándose en la correspondencia entre algunos personajes, en diarios de otros, en conversaciones, charlas dadas por el protagonista, recortes de prensa (pocos), documentos, fragmentos autobiográficos, etc., la autora nos va llevando de los años 80 a los 90 y a los 70 y a 2006 (en este caso con un texto suyo con el que termina cada una de las cinco partes en que ha dividido el libro) con algún momento en los 40 y 50. Además, vamos de Polonia a Alemania, de Haifa a Hebrón, de Boston a Jerusalén, etc. Y todo ello con más de dos decenas de personajes que, de una manera u otra, tuvieron algo que ver en algún momento de su vida con Stein.

Esta gran cantidad de personajes, fechas y lugares ha hecho que, para una persona con los problemas de memoria que yo tengo, no haya sido fácil seguir en cada momento la historia, pero gracias a haber ido tomando notas y escribiendo los nombres de los que iban apareciendo he podido seguir más o menos el libro sin perderme nada importante.

Stein, Rufeisen, fue un judío polaco nacido en 1922 que colaboró durante la guerra con la policía alemana, luego con la Gestapo, con los partisanos rusos, con la NKVD y que, recogido por unas monjas católicas, terminó convirtiéndose a esa religión y entrando como fraile en la orden de los carmelitas viviendo desde 1959 en Israel.

Sobre su participación en las diferentes policías dice en un momento del libro:

“Cuando comencé a trabajar para la policía, juré fidelidad al Führer. Más tarde, como partisano ruso, juré fidelidad a Stalin. Pero no se trataba de auténticos juramentos, estaba obligado a hacerlos. Pagando ese precio no salvaba únicamente mi vida, sino también la de otras personas”. (p. 203)

Aquí está seguramente una de las principales razones para que la autora se fijase en él ya que salvó de la muerte a gran cantidad de judíos de la ciudad de Emsk.

En el libro se habla mucho de religión tanto del judaísmo como del catolicismo e incluso de las relaciones en los orígenes del segundo con el mundo judío. Reconozco que en algún momento me ha resultado excesivo y demasiado erudito, pero interesante a pesar de todo. Hay que tener en cuenta que, como alumno aventajado que estuvo doce años en un colegio de los hermanos maristas, soy un ateo convencido y un anticlerical militante, pero Ulitskaia hace que con su escritura y su forma de tratar los temas estos me lleguen a resultar atractivos y solo me generen rechazo en momentos muy puntuales.

También colabora que, después de escribir un libro como este, y casi al final deje el siguiente fragmento: 

 “Por otra parte, para comportarse bien no es necesario ser cristiano. Se puede también no ser nada. El último agnóstico o un ateo de pocos vuelos. Pero la elección de Daniel fue Jesús, creía que Él abría los corazones y liberaba a los hombres del odio y la maldad”. (p. 490)

Al menos deja abierta la puerta a que se trata de una elección y que no es la única forma de llegar a ser una buena persona. Algo que no todo el mundo es capaz de afirmar.

El libro tiene algo más de 500 páginas y, desde luego, es recomendable ir leyéndolo poco a poco tanto por los temas que aborda como por la complejidad de personajes, fechas y lugares de la que ya he hablado. Pero es un libro al que merece la pena dedicar unas horas porque, además de estar muy bien escrito, toca temas importantes a través de personajes que vamos descubriendo a medida que avanzamos en la lectura.

Dice la autora ya en el tramo final del libro 

“Mientras escribo las lágrimas me corren por las mejillas. No soy una verdadera escritora. Los verdaderos escritores no lloran. Las personas reales que vi cerca del Daniel real eran diferentes, las mías son inventadas. El mismo Daniel en parte es inventado. Y mucho menos existió Hilda: en su lugar, había una mujer dura y autoritaria cuya vida me resultó totalmente inaccesible”. (p. 463)

Un texto hermoso que produce sensaciones a veces contrapuestas, que anima a la reflexión, que emociona por momentos, que provoca rechazo en otros, que favorece el conocimiento de algunos aspectos de las diferentes religiones, que, por qué no decirlo, aburre también cuando no se está muy centrado en su lectura, pero que, en definitiva, supone una magnífica experiencia literaria.

He echado de menos en esta edición algunas notas que aclarasen algunos conceptos sobre todo del judaísmo y de las costumbres judías. Algo realmente raro ya que Marta Rebón suele hacerlo en la mayoría de sus traducciones.

 

Liudmila Ulitskaia, Daniel Stein, intérprete. Traducción Marta Rebón.

 

miércoles, 8 de junio de 2022

Unas memorias muy antropológicas.


No es la primera vez que leo antes las memorias de un escritor que alguna de sus obras de ficción. En este caso también han sido publicados ya alguna de sus novelas que, por cierto, son bastante voluminosas como, por otra parte, iban a ser estas memorias que fueron interrumpidas por la prematura muerte del autor. Este tenía previstos tres volúmenes que sumarían unas mil quinientas páginas y que cubrirían hasta su llegada a Estados Unidos en 1933. El volumen que ahora comento, el único que llegó a escribir, abarca sus primeros trece años de vida, en concreto hasta el año 1906.

Singer es reconocido como uno de los grandes escritores en yiddish, lengua de la que, por cierto, ha sido traducido este libro. Y, efectivamente, es un magnífico escritor y alguien capaz de narrar y transmitir muy bien sus experiencias y vivencias.

El libro es en gran medida un estudio antropológico de cómo vivían los judíos en las pequeñas comunidades de la Europa Oriental. El shtetl en el que nació y vivió era un pequeño poblado situado en la Polonia rusa y propiedad de un noble polaco.

El entorno familiar del autor es el del judaísmo ortodoxo. Su padre era rabino y también los eran sus dos abuelos. La única diferencia es que unos eran jasídim (movimiento en el que predomina el misticismo) y otros mitnagued (que priman el estudio del Talmud). Eso sí, tendencias que daban lugar a fuertes controversias y enfrentamientos. Resulta curioso ver cómo en una comunidad tan pequeña podía ya haber estas diferencias y estos debates.

El mundo que nos presenta es un mundo dominado por los ritos y las costumbres. Casi cualquier actividad estaba perfectamente protocolizada y solo había una forma de hacerla. Dejo estos dos ejemplos aparte de los muchos que se conocen normalmente:

 “Los jasídim acostumbraban a emplear en el amasado únicamente el agua recogida del arroyo después de la puesta de sol." (p. 54)

“Según la ley rabínica un matarife debería tener la mano firme, ya que de lo contrario la carne de la vaca o del ave que sacrificara sería considerada impura”. (p. 163)

Además de estos aspectos, Singer nos presenta una extensa y muy variada galería de personajes que hacen que la lectura sea más o menos interesante según lo sea el personaje del que nos cuenta la historia. A mí particularmente hay algunos que me han aburrido y otros que me han interesado como, por ejemplo, sus maestros.

Hay también alguna alusión, aunque muy superficial, a algunos progromos que se produjeron en la zona por esos años.

Hay también otros aspectos interesantes en el libro; por ejemplo, esta diferencia que se plantea en un juicio ante un rabino por los sueldos que se pagaban: 

"- ¿Dónde está la conciencia moral judía?- preguntaban. Ya no tenemos fuerzas para trabajar, y nuestras mujeres e hijos tampoco, y no ganamos lo suficiente para comer.

-   - A los cristianos les pago aún menos, rabino –afirmaba reb Yehoshua tranquilamente.

Mi abuelo señalaba la particularidad de los judíos.

-   - Reb Yehoshua, los cristianos poseen campos, no tienen la obligación de comer khóser, no pagan a un meláned para instruir a los hijos, no descansan durante el Sabbat… Estos judíos no pueden equipararse con los cristianos”. (p. 147)

En fin, un libro algo desigual en su interés, pero que deja con las ganas de leer alguna de las obras de ficción de Singer ya publicada por la misma editorial Acantilado.


Israel Yehoshua Singer, De un mundo que ya no está. Traducción Rhoda Henelde y Jacob Abecadís.

 

 

 

 

miércoles, 1 de junio de 2022

Feliz recuperación


Márai es uno de mis escritores favoritos; de hecho figura en sexto lugar en la sección que dedico a este tema. Sin embargo, no hay demasiados libros comentados en el blog porque los leí antes de crearlo en 2009. También es significativo que, en la relectura que estoy haciendo de libros que me gustaron mucho en su momento, el siguiente en la lista es Confesiones de un burgués, las magníficas memorias de Márai. Por todo ello, cuando vi que se publicaba este librito no dudé en comprarlo aunque siempre queda la duda de si no se estarán pasando y aprovechando para publicar obras más o menos intrascendentes de autores que han tenido buenas ventas.

Desde luego no es este el caso. Esta novela corta, o relato largo, tiene los suficientes ingredientes para interesar al lector y hacerle disfrutar con la escritura de este autor. El libro tiene 104 páginas y está dividido en tres partes. En la primera vemos crecer a Otto, el protagonista, desde que “nació a los diez meses y con dientes” hasta que se traslada de joven a Berlín. En la segunda se convierte en matarife y luego participa como soldado en la primera guerra mundial donde practica la violencia sin ningún remordimiento. En la tercera vive como puede en el Berlín de la posguerra.

Otto se nos presenta como un niño con dificultad para relacionarse y sentir empatía y, al mismo tiempo, alguien que con solo diez años tras ver a su abuelo matar de un hachazo a un buey:

 

“Lo embargó una turbia satisfacción por el exitoso sacrificio del animal, algo sobre lo que no cabía duda, pero también por la matanza en sí, por el hecho de matar, que se le reveló como un acto incondicionalmente positivo: la solución definitiva de un problema”. (p. 26)

 

Es mejor no contar más porque Márai va graduando muy bien los pasos dados por su protagonista.

Desde luego quien conozca al autor no debería perderse este relato, y para quienes no lo conozcan me parece una buena introducción al estilo y la forma de narrar de uno de los grandes escritores centroeuropeos del siglo XX.

 

Sándor Márai, El matarife. Traducción Mária Szijj y José Miguel González Trevejo.

 

 

lunes, 30 de mayo de 2022

ANDAMIO

Una entrada con poco cine pero muy variado en temas y orígenes. En series predominio estadounidense y dos australianas; gran variedad y una buena media.

 

Películas

 

Punto de inflexión (La svolta). Una película italiana muy curiosa. Es un thriller, pero al mismo tiempo una exaltación de la amistad. Un ladrón roba a un mafioso y se refugia en la casa de un joven con depresión con el que tendrá una intensa relación en unos pocos días. Muy entretenida y la demostración de que con un buen guion y buenos actores se puede hacer una buena película sin demasiados medios.

 

Maixabel. No sé por qué hasta ahora me había negado a ver esta película. Creo que tiene algo que ver con lo que me pasó con la novela Patria. Sea como sea, acabo de verla y me ha emocionado en varios momentos. Me parece una magnífica película y un tratamiento muy acertado de un tema muy difícil. Un gran trabajo de guion y dirección de Icíar Bollaín. Las interpretaciones, impresionantes.

 

Osa polar. Un documental de la factoría Disney muy bien realizado, con magníficas imágenes tanto del Ártico como de los osos y al que quizá le sobra algún comentario demasiado antropocéntrico. Muy entretenido y con el punto de llamar la atención sobre el cambio climático.

 

Red Rocket. Película del cine independiente USA. Se podría decir que está en la línea de lo que se llamó el “realismo sucio”. Un exactor porno vuelve a su pequeña ciudad a buscarse la vida, una ciudad en la que nadie que aparece vive ni mínimamente bien. Otro retrato de la América profunda que la muestra como la gran perdedora. Buenas interpretaciones.

  

Series

 

Cara a cara. Serie danesa de 8 episodios de unos 25 minutos. Siendo un thriller es original ya que cada capítulo consiste en el diálogo entre un policía, padre de una joven cuya muerte se ha declarado un suicidio por parte del forense, y otro personaje que había tenido relación con la joven. Las entrevistas se desarrollan a lo largo de un mismo día. Los actores son todos muy conocidos pues se han elegido entre lo mejor de la cinematografía de ese país y está muy lograda también la puesta en escena. Una serie interesante.

 

Separación. Serie estadounidense de 9 episodios de duración muy variada de entre 40 y 57 minutos. Me ha recordado mucho a Black Mirror. Es una crítica bastante radical a determinadas formas de trabajo. Sé que no es esa la intención, pero está en la línea del concepto de alienación de Marx con esa separación, precisamente, entre la vida laboral y la real. También hay algún elemento de crítica a la religión y a algunas formas de liderazgo. A la serie le cuesta entrar en materia, pero cuando lo hace es muy buena. El capítulo final parece que deja abierta la posibilidad de una segunda temporada.

 

The newsreader. Serie australiana de 6 episodios de unos 50 minutos. Se desarrolla entre enero y abril de 1986 y tiene como eje lo que sucede en un programa informativo de la televisión. Aprovecha muy bien acontecimientos reales que tuvieron lugar en ese periodo (caída del Challenger, primeros casos de Sida, madre acusada de matar a su hija, Chernóbil, etc). Cuando se centra en esto la serie alcanza su mejor nivel que baja bastante cuando se fija en la relación de la pareja protagonista. También es interesante el planteamiento que hace del tema de la homofobia y, desde luego, de las formas de ejercer el periodismo. Muy entretenida y bien ambientada.

 

Somebody somewhere. Serie estadounidense de 7 capítulos de 25 minutos. Se desarrolla en una pequeña ciudad de Kansas, la octava del estado como se dice en algún momento, con un grupo de personajes que no son los habituales en las series, ni por su físico ni por su comportamiento. Problemas normales tanto familiares como de relaciones de amistad. Entretenida y tierna. Buenas interpretaciones.

 

Ozark. Segunda parte de la cuarta y última temporada. Tiene siete episodios de más de 50 minutos. Mantiene las mismas características de toda la serie aunque a mí me ha parecido algún capítulo demasiado premioso. Una magnífica escena final para cerrar una serie a la que los guionistas le han sacado todo el petróleo posible.

 

Secretos de un matrimonio. Miniserie estadounidense de 5 episodios desde más de una hora a menos de 50 minutos. Adaptación de la obra de Bergman que ha tenido una valoración muy variada por parte de la crítica. A mí me ha tenido pegado a la pantalla seguramente en parte por las  magníficas interpretaciones de Chastain e Isaac. Evidentemente, aunque yo no me acuerdo del original, tiene que ser diferente a la del director sueco, pero creo que está bien adaptada a un contexto como el norteamericano.

 

Total control. Miniserie australiana de 6 episodios de 45 minutos. Es interesante por los temas que trata ya que se centra, por un lado, en la política del país y, por otro, en la situación de los aborígenes. En ambos se muestra muy crítica con la realidad, así  como también deja al descubierto la existencia de la pobreza en un país tan rico. A veces es algo lenta, pero merece la pena verla porque se conoce algo más un país que siendo tan importante es bastante desconocido. La protagonista es una aborigen (una “negra” tal como ellos se dicen).

 

Screw. Miniserie británica de 6 episodios de 45 minutos. Drama carcelario con los funcionarios de prisiones como protagonistas. Tiene los elementos típicos del género con un buen guion y un desarrollo que no está mal.

domingo, 29 de mayo de 2022

La presencia del mal


Este gran reportero, una vez jubilado por la televisión pública, está dedicando una parte de su tiempo a transmitirnos sus experiencias pasadas, ahora como lectores. Si en la magnífica Habitaciones de soledad y miedo hacía un repaso a los diferentes conflictos a los que había asistido, o en Tierra de zombis relataba sus curiosas experiencias con el vudú en Haití, en este que ahora comento se ha centrado en sus experiencias de contacto con el mal.

El libro lo ha dividido en dos partes. En la primera, se centra en el Chile bajo la dictadura de Pinochet; la actuación estadounidense en la guerra del Vietnam; la revolución sandinista en Nicaragua; la Camboya de los jemers rojos y, finalmente, el terrorismo de Estado contra el terrorismo islamista. La segunda parte, que ocupa la mitad del libro,  está dedicada íntegramente a un país con el sugerente título de: Argentina, paradigma histórico de la represión. Como se ve, aunque no están todos los casos de presencia del mal a partir de la represión, los malos tratos, la tortura, los asesinatos, la utilización de agentes químicos para destruir, etc. sí son todos los que están.

Para la escritura del libro, Romero recupera multitud de entrevistas que realizó a diferentes personajes, la inmensa mayoría represores, para sus programas de televisión o para diferentes medios escritos, fundamentalmente el diario Pueblo en el que se inició en la profesión periodística. También utiliza materiales de dos películas documentales que rodó junto al juez Baltasar Garzón para RTVE: El poder de las tinieblas y El alma de los verdugos (por cierto que ahora es inimaginable que se pudieran hacer), muy recomendables hoy pues a pesar del tiempo transcurrido siguen teniendo un enorme interés y, desgraciadamente, conservan bastante actualidad.

En el libro se relatan los suficientes horrores como para tener que leerlo poco a poco y cerrarlo en algunos momentos para tomar aire. La capacidad del ser humano para hacer sufrir a sus semejantes es infinita, como lo son los métodos que se han ido inventando a lo largo del tiempo para lograrlo. Hay muchos ejemplos en el libro. También hay muchos ejemplos de torturadores que no se han arrepentido nunca de lo que hicieron y que así se lo manifiestan con total naturalidad al autor. En este sentido destacan los casos de militares chilenos y argentinos que justifican sus actos porque en una guerra vale todo para derrotar al enemigo y ellos estaban en guerra contra los “terroristas”.

De la primera parte hay algunas cosas que me han llamado particularmente la atención como, por ejemplo: la impactante imagen de la gente rezando para que no muriera el represor chileno Contreras y así pudiera cumplir su condena; el curioso caso del también chileno Osvaldo Romo que de militante del MIR pasó a delator de sus compañeros para terminar denunciando a la DINA (la policía política de la dictadura); la inexplicable postura de Noam Chomsky sobre la “revolución” en Kampuchea; las cárceles secretas del ejército de Estados Unidos que son denunciadas incluso por la general Karpinsky que fue jefa de esas cárceles en Iraq; la terrible descripción de lo sucedido en My Lai que no por conocido resulta menos brutal y uno de los momentos en los que he tenido que cerrar el libro.

De la segunda parte tengo menos que decir. Desde el año 1986 hasta el 2004 he hecho ocho viajes a Argentina y he tenido ocasión de conocer bastante bien lo que sucedió en ese país durante la dictadura tanto por conversaciones con mucha gente como por haber visto multitud de programas de televisión y documentales. Asimismo he leído los principales libros que se han publicado sobre el tema, desde Miguel Bonasso a HoracioVerbinsky. Por eso me sorprende menos lo leído aunque me parece que Romero ha dejado constancia de su capacidad de aguante en unas entrevistas realmente magníficas con personajes que merecen el mayor de los rechazos. En eso demuestra su talla de gran periodista.

En fin, otro interesantísimo libro de Romero cuya lectura recomiendo encarecidamente a quienes por su edad no hayan vivido esas épocas y también a quienes sí las hayan vivido porque está muy bien reflejado todo y, sobre todo, porque hay entrevistas con los personajes más representativos de toda un época.

Hay una interesante entrevista de Rubén Arranz con el autor en vozpopuli.com.

 

Vicente Romero, Cafés con el diablo. El descenso a los abismos del mal.

 

 

 

jueves, 26 de mayo de 2022

Original al cuadrado



Este ha sido mi primer contacto con este escritor y, desde luego, ha sido una grata sorpresa pues se trata de un libro tremendamente original, magníficamente construido y muy bien escrito.

La novela es el “resultado de una mezcla de imaginación y realidad. Ninguna de las dos habría conseguido, por su cuenta, completar el libro” tal y como dice el autor en su nota final.

Esta mezcla está no solo perfectamente dosificada a lo largo de las nada menos que 320 páginas del libro, sino que, además, en la mayoría de los casos el lector no sabe qué es real y qué ficción.

La obra está construida a partir de las intervenciones en primera persona de  más de sesenta personajes, unos reales y otros ficticios, que dan su visión sobre el tema central que es la desaparición de una escultura del  estadounidense Richard Serra que se instaló en su día en el Museo Reina Sofía de Madrid y que pesaba nada menos que 34 toneladas. También hay en varias intervenciones interesantes reflexiones sobre el arte contemporáneo.

Entre los personajes reales están, entre otros: Enrique Moral, concejal; Carlos Solchaga, ministro; Rosina Gómez Baeza, directora de ARCO; Rafael Canogar, pintor, Juan Muñoz, escultor o César Aira, escritor. Además, intervienen: un agente de Interpol, una  jueza de instrucción, críticos de arte, un vigilante jurado,  un conductor de camión, una miembro de ETA, un marchante, críticos de arte, un chatarrero y el propio Tallón.

Una extensa nómina que le sirve al autor para ofrecer diferentes enfoques del tema de la desaparición y de sus posibles razones, para hacer las reflexiones que antes mencionaba, para criticar algunos aspectos de la forma de funcionar de la administración española y, sobre todo, para realizar un extraordinario ejercicio literario al dar con el tono y la forma adecuada a cada personaje. Esto último creo que es lo mejor del libro, al menos lo que más me ha sorprendido y gustado, la adecuación de lo que se dice a quién lo dice.

Si añadimos las gotas de sentido del humor que Tallón va desperdigando a lo largo del libro, tenemos una lectura que puede hacer disfrutar al lector que se preste a entrar en su juego. Eso sí, no es un libro que se pueda, o se deba, leer de un tirón, es mejor por su estructura hacerlo poco a poco.

Por todo ello se trata de una lectura absolutamente recomendable.

Hay una interesante y muy completa reseña de Alberto Olmos en elconfidencial.com.

 

Juan Tallón, Obra maestra.

 

    

viernes, 20 de mayo de 2022

Más de la buena literatura mexicana


Este año abrí el blog con el primer libro publicado de esta escritora mexicana. Me gustó mucho y por eso enseguida he leído esta nueva novela. Navarro escribe muy bien, pero tiene también el interés de que, además de contar una historia, aprovecha para reflejar criticándolos muchos aspectos de la realidad. En la anterior novela me pareció que quizá abarcaba demasiados; en esta se ha centrado bastante más.

La novela está dividida en cuatro partes.

La primera tiene un inicio muy potente con el suicidio del hermano de la narradora y protagonista. A partir de ahí la novela se dedica a contar diferentes momentos de la vida anterior de la familia. Esta primera parte, que abarca la muerte del padre, el abandono de los hijos por la madre que se va a Madrid y cómo los niños se quedan en México con los abuelos, termina con los hijos también en Madrid.

La segunda parte se desarrolla en Barcelona donde la narradora se ha ido a vivir y trabajar de interna por 450 euros o de camarera de hotel. También tiene una relación con un escocés. Todo esto le sirve a Navarro para dejar constancia de las desigualdades, de la explotación y de la xenofobia (como ejemplo, el desprecio que supone el uso del término “panchito” para referirse a los inmigrantes sudamericanos).

La tercera parte está centrada en México. Allí acude la protagonista con las cenizas del hermano y contará muchos momentos de su vida anterior, sus amores y sus amistades. Un México en el que aflora la violencia (aparecen diez cadáveres decapitados) y también la violencia de género.

Aquí se puede leer:

 

“Para mí, irnos de México significaba huir de la violencia que terminó arrasando con mi familia, pero en España nos esperaba otro tipo de violencia, una menos aparatosa pero igual de cruel, en donde te exigen lealtad mientras te violentan minuciosamente porque no eres como ellos”. (p. 149)

 

En la cuarta parte, que me ha parecido un poco atropellada en su desarrollo, se dan pistas del porqué pudo suicidarse el hermano y se insiste ahora con el racismo (“putos monos”, un plátano en un banco donde hay inmigrantes), se critican algunos elementos de la educación y se habla bastante de la relación de la narradora con la madre. Una relación bastante complicada, algo que, por otra parte, estoy viendo desde hace tiempo que aparece en muchas de las novelas escritas por mujeres  sobre todo jóvenes.

 

Como se ve, una historia en la que pasan muchas cosas a pesar de que la novela apenas tiene 192 páginas, y un texto que aprovecha muy bien Navarro para hacer pensar al lector, sobre todo si es español, sobre comportamientos que son bastante habituales y no precisamente positivos.

Desde luego un libro recomendable como lo era el anterior pues creo que se trata de una escritora que escribe muy bien y que tiene muchas cosas que decir.

Hay dos interesantes reseñas: la de Jorge Téllez en gatopardo.com y la de Carlos Pardo en elpais.com. En ambas hay una valoración más detallada y en los dos casos muy positiva sobre el libro.

 

Brenda Navarro, Ceniza en la boca.

 

 

martes, 17 de mayo de 2022

Una experiencia de lectura diferente


Este es uno de esos libros a los que hay que enfrentarse con decisión, con ganas y en un buen momento personal porque, de lo contrario, es fácil que surja en varios momentos la tentación de abandonarlo lo que desde luego sería una pena. Yo he tenido esa tentación muy al principio y otra vez ya en la parte central, pero ha sido el deseo de tener la experiencia de una lectura como la que propone el autor lo que me ha hecho continuar. Hay que decir también que el libro tiene 733 páginas lo que ya asusta un poco.

Dicen los traductores en una nota al principio del libro:


“El estilo de Ovcina es único, nadie escribe como él, en Bosnia ni en ningún otro lugar. La suya es una escritura llena de omisiones, de espacios en blanco; Ovcina parece rehuir los verbos y, de esta forma arrojarnos a un mundo de acciones implícitas, de esquirlas de oraciones que se precipitan hacia un sentido hondo, directo, crudo …, y a su vez confieren al texto un ritmo que nos arrastra como lectores a un experiencia real y orgánica de los acontecimientos, vistos a través de los ojos de un joven de diecisiete años que se abisma atónito al infinito mar de horror que es la guerra y que, entre sus furiosas olas, logrará hallar resquicios de esperanza, tablas de salvación”. (p. 8)


Por este fragmento ya se puede empezar a intuir que se está ante un texto si no difícil, sí diferente y con peculiaridades que hay que aceptar porque además de estos aspectos formales, está que el tema central de la novela es la guerra de los Balcanes y en concreto en la ciudad de Sarajevo.

La historia está narrada por el protagonista, un joven de diecisiete años del que no sabemos el nombre. El libro está dividido en tres partes muy diferentes en extensión En la primera, la más corta, el joven vive con sus padres hasta que muere la madre. Es estudiante, tiene una novia y ve la guerra como algo muy externo. En la segunda, de una gran extensión, va al antiguo barrio en el que vivía la familia y allí es retenido por miembros de la recién creada República Srpska (la de los serbios de Bosnia) y destinado a un pelotón de trabajo al mando de un comandante. El pelotón se dedica fundamentalmente a dos cosas: retirar enseres en inmuebles que han abandonado los vecinos para llevarlos a otras viviendas que han ocupado los serbios y, sobre todo, a retirar cadáveres de bosnios musulmanes (“turcos” en la terminología que utilizan los serbio bosnios) que han sido ajusticiados por alguno de los diferentes grupos militares y paramilitares existentes. En la tercera parte, algo más extensa que la primera, el narrador ha logrado huir del pelotón de trabajo y se ha recluido en un edificio en el que sobrevive gracias a los cuidados de una vecina con la que mantiene una relación amorosa.

No parece que con estos acontecimientos se puedan escribir tantas páginas, pero es que Ovcina va relatando todo y acumulando hecho tras hecho para llevar al lector a tener casi las mismas sensaciones que pudiera tener el protagonista. Hay una narración exhaustiva de la vida cotidiana de tal forma que, por ejemplo, en la tercera parte el narrador cuenta las páginas que lee cada día, las que escribe, los abdominales y las sentadillas que hace, etc. Quizá no hubiese sido necesaria tanta reiteración, pero creo que es algo perfectamente buscado por el autor aunque, claro, la novela hay momentos en que resulta un tanto tediosa.

Algunas cosas que llaman la atención: la represión tan desordenada que se produjo fruto probablemente de la cantidad de grupos que había (en la novela se pueden llegar a diferenciar por su vestuario), represión que, por cierto, en muchos casos se debía simplemente a querer quedarse con sus bienes (algo que ya conocemos de otras guerras civiles); las escenas de sexo llenas de elipsis y con un tratamiento como yo no había leído nunca; el interesante debate que se desarrolla con un serbio bosnio que no quiere participar en la guerra; los pocos personajes con una actitud positiva que aparecen y, finalmente, la mención de la obra Vida y destino con la que, curiosamente, ha comparado alguna crítica el libro de Ovcina.

Un libro sobre la represión en una guerra civil parecería que tendría que tener muchas escenas brutales, pero no es así. El autor, con su forma de narrar, nos evita imágenes demasiado explícitas aunque, evidentemente, no sea agradable estar leyendo sobre la recogida de muertos.

Quizá esto cambia un poco cuando se refiere a lo que sucedía con las mujeres como se puede apreciar en los dos fragmentos siguientes:

 

“Aquí también había una muchacha, dice el vecino. Se la han llevado a alguna parte.

¡Uf! Me temo que deseará no haber nacido. Nadie ha visto nada. Y de todos modos los tribunales ni existen”. (p. 142)

 

“Las mujeres duermen en el balcón. Para tirarse abajo si vienen también por ellas. No les queda ninguna esperanza. (p. 160)

 

Antes se ha hecho alusión a la forma de escribir de Ovcina y lo siguiente puede ser un buen ejemplo:

 

“Que descansemos un rato. Nos sentamos en el bordillo. El jefe nos ofrece cigarrillos. Del balcón en el bajo música con contenido bélico. El día despejado. Huele la hierba detrás de nosotros. Varios civiles arrastran cosas por el aparcamiento. En la caseta de alta tensión dos con brazaletes blancos”. (p.363)

 

En fin, un libro muy recomendable con las salvedades que hacía al principio. Creo que se enmarca en la literatura que hacen escritores que vivieron las experiencias de ese conflicto; autores que han escrito libros realmente magníficos y con formas a veces bastante novedosas, pero hay que decir que ninguno ha llegado formalmente tan lejos como Damir Ovcina.

Hay una buena entrevista de Daniel Arjona con el autor en elconfidencial.com y una reseña de Miguel Roán en letraslibres.com que ofrece informaciones muy interesantes.

 

Damir Ovcina, Plegaria en el asedio. Traducción Luisa Fernanda Garrrido y Tihomir Pistelek.

 

 

 

jueves, 12 de mayo de 2022

El que avisa...

Al fin aparece un libro, o al menos yo descubro uno, que ofrece una visión muy completa de cómo se ha formado y financiado este partido y de qué piensan en él sobre los principales temas. A lo largo de sus 37 capítulos y 382 páginas, el periodista Miguel González se enfrenta a esta ardua e ingrata tarea. González, que lleva más de treinta años trabajando en El País, es uno de los periodistas que tiene vetada la entrada a las ruedas de prensa de ese partido.

El libro está dividido en tres partes aunque no aparezca así formalmente.

En la primera, que abarca los siete primeros capítulos, se describen los momentos de formación del partido y el papel que en él jugaron tanto Abascal como Aleix Vidal Quadras quien, por cierto, hoy no está en él. Pretendían, en palabras de este, “ser el PP que el PP había dejado de ser” (p.37) y para ello se financiaron, precisamente a  través de la gestión de Quadras, con casi un millón de euros aportados por la oposición al régimen iraní, También se resalta la importancia en los orígenes del papel de la fundación DENAES (Defensa de la Nación española).

A continuación, de los capítulos 8 a 25, González analiza las ideas de VOX y su posición ante los principales temas. Así: la educación (con el pin parental), los militares, El Ejido, Cataluña, Relaciones internacionales, la Memoria histórica, Israel, la homosexualidad, el feminismo, la justicia y los jueces, las Fuerzas de seguridad, la inmigración o la  nación.

En estos capítulos no hay grandes novedades ni descubrimientos, pero tienen la virtud de dejar constancia de forma clara y precisa de qué puede suponer la llegada de este partido a las instituciones y los cambios, regresivos todos, que supondrían.

Es interesante lo que se explica del papel de Steve Bannon y cómo este envió dos consultores por los que, además, no tuvieron que pagar los servicios. También es significativa la comparación que hace con el partido de Le Pen estableciendo las semejanzas y diferencias con él.

Aunque es algo que hacen habitualmente, destaco lo que hicieron ante la reforma de la “ley mordaza”. González deja constancia de una serie de precisiones sobre lo que supone esta reforma, para a continuación afirmar: “Pero todas estas precisiones formaban parte de un análisis detallado que sobraba a quienes reconocían haber decidido las movilizaciones sin conocer el contenido de la reforma”. (p. 185) Es decir, como ya sabemos, a VOX le da lo mismo que lo que digan responda o no a la verdad o a la realidad, lo importante es que responda a lo que les interesa en cada momento. (Hay ya bastantes libros que explican muy bien el papel que desempeñan las fake news).

Una pega que tiene a veces esta estructura temática es que no siempre es fácil seguir bien la cronología, pero se salva por lo útil que resulta para poder hacer una consulta en cualquier momento.

Los últimos capítulos se centran en varios aspectos tanto de la vida interna  como de la apertura a otros territorios como Sudamérica. Hay uno centrado en la financiación, otro a la conversión de un canal de televisión en “La Fox de Vox”, otro a las redes sociales y a la lucha contra algunos medios de comunicación, etc. Esto es, vemos a VOX en acción.

El libro se cierra con un Epílogo en el que González escribe sobre la definición del partido, si fascista, populista, extrema derecha… Él, creo que acertadamente, opta por rechazar el término fascista para lo que da varias razones aunque se deja una que,  en mi opinión, es fundamental: VOX en economía es neoliberal o incluso ultraliberal, mientras que el fascismo defendía una fuerte intervención del estado y, de alguna manera, favorecía más a los trabajadores. Por eso creo que este tipo de partidos, autoritarios e iliberales con muchos de los derechos ya conseguidos, son realmente más dañinos y peligrosos aún que un partido fascista.

Hay también un Anexo sobre las posibles conexiones con la organización secreta mexicana El Yunque que ofrece informaciones interesantes.

En definitiva, estamos ante un libro necesario y muy útil. Además, la información está basada fundamentalmente en intervenciones de los principales dirigentes de la formación y apenas utiliza documentos que harían la lectura farragosa.

Hay una entrevista con Marcos Pinheiro en el diario.es en la que se tratan los principales temas y es un buen resumen que, creo, animará a leer el libro.

 

Miguel González, VOX S.A. El negocio del patriotismo español.