LA
GLOBALIZACIÓN: de la extrema izquierda a la extrema derecha (I)
Este tema hace muchos
años que me interesa. En este blog hay una serie que llamo Mis temas
recurrentes y, precisamente, el II es el que ahora nos ocupa. En una fecha
tan lejana como diciembre de 2011 hice la entrada en esa serie y en ella
entre las lecturas de las que dejaba constancia había libros de autores que
iban desde Joaquín Estefanía a Joseph Stiglitz, pasando por Alessandro Baricco.
Desde entonces he seguido leyendo ensayos sobre el tema si bien poco a poco me
fue dejando de interesar hasta que, por lo que más adelante expondré, he vuelto
a pensar en él porque creo que explica muchas de las cosas que están sucediendo
hoy a nivel mundial.
Cuando se habla de
globalización se suele diferenciar entre una globalización económica, otra
política, otra cultural e incluso una tecnológica. En mi caso, las lecturas y
la preocupación se han centrado casi exclusivamente en la económica que es, de
hecho, la que creo que ha tenido más repercusiones y más efectos sobre la
situación mundial.
También hay autores que
hablan de que se trata de la segunda globalización ya que la primera se produjo
a partir del siglo XVI con el imperio español. Esto no me parece relevante para
el enfoque que le doy al tema. Evidentemente, como ha demostrado E. Wallerstein
con sus estudios y su idea de una economía-mundo, sí se produjo
entonces algo parecido a una globalización aunque, creo, mucho menos completa
que la actual y, desde luego, con menos repercusiones.
Así pues, mi análisis se
centra en la globalización económica que se produce a partir del segundo tercio
del siglo pasado. Esa globalización fue calificada por algunos como una
“globalización neoliberal” y consecuentemente combatida por todo un conjunto de
grupos que iban desde la extrema izquierda marxista o trotskista a una gran
variedad de grupos anarquistas pasando por otros de tendencia ecologista. Estos
grupos, calificados muchas veces como antisistema, tuvieron momentos de una
gran presencia mediática con manifestaciones tan importante como las de Seattle,
Génova, Barcelona o Sao Paulo, ciudad esta última que dio nombre el Foro
Mundial que se creó para intentar unificar los planteamientos de grupos tan
diversos. Estas manifestaciones siempre coincidían con reuniones de algunos de
los grupos G existentes o instituciones como el Banco Mundial o alguna Cumbre
europea (por ejemplo, la de Barcelona). En cualquier caso, esto sucedía entre
1999, la de Seattle, y los primeros años del siglo actual. Hace ya mucho tiempo
que la lucha contra la globalización ha cambiado de objetivos y de bando.
Antes de entrar en este
cambio, me gustaría dejar algunas reflexiones sobre lo que ha supuesto, y sigue
suponiendo, esa globalización económica. Hay que empezar diciendo que esta
globalización implica fundamentalmente que tanto mercancías como capitales se
muevan con casi total libertad a lo largo del mundo. De alguna manera es llevar
las teorías de David Ricardo sobre el libre comercio a la realidad y hacer que
cada país se especialice en lo que mejor y más barato es capaz de producir.
En 1995 se creó la
Organización Mundial de Comercio (OMC) para que, a través de negociaciones, las
llamadas “rondas”, los diferentes países fuesen adaptando sus sistemas
arancelarios y de controles administrativos a esta realidad. Fruto de la puesta
en marcha, por un lado, de una gran libertad comercial y, por el otro, de una
gran movilidad de los capitales, desde gran parte de los países desarrollados,
hoy norte global, se fueron produciendo inversiones principalmente en países
asiáticos y a ellos se fue trasladando una parte importante de la producción
industrial. No hay más que fijarse en la procedencia de casi todo lo que
compramos para darse cuenta de la dimensión de este fenómeno.
A partir de este proceso,
y a medida que avanzaba y se generalizaba, se comenzó lo que algunos han
llamado “la gran convergencia”, esto es, la disminución de la diferencia de los
ingresos entre países a nivel mundial. Hace muchos años que, en una charla a un
grupo de estudiantes en una escuela de adultos, les explicaba que en el mundo
hay una tarta para repartir entre todos, esa tarta puede crecer cada año, pero ante
el tamaño de las diferencias entre los seres humanos según el país en el que
vivan, la única forma de que a los que menos tienen les toque algo más es que
esa parte la cedan lo que más tenemos. Esa explicación la hacía bajo la premisa
de que nos tocaba ceder una parte, que eso era lo justo independientemente de
que nos gustase más o menos.
Pues bien, esto es
precisamente lo que la globalización ha producido. Aquí quiero utilizar las
ideas de Branko Milanovic, economista serbio-estadounidense y gran especialista
en el estudio de la desigualdad mundial y el primero en el que he visto
reflejadas estas ideas.
“Una de las principales
observaciones recientes es que, aunque los ingresos mundiales estén
convergiendo, los segmentos inferiores y medios de la distribución de los
ingresos de las naciones más ricas están cayendo en la clasificación mundial.
(…)
En efecto, el mecanismo de la
convergencia implica un reajuste de ingresos en el contexto global. En esencia,
para que se produzca la convergencia mundial, es inevitable que algunos
individuos, que históricamente ganaban menos que sus homólogos de las naciones
ricas, ahora los superen. Por tanto, es matemáticamente imposible abogar por la
convergencia mundial y, al mismo tiempo, desear que las mismas naciones
mantengan su predominio económico.
(…)
La idea de que todo el mundo,
independientemente de sus orígenes, merece las mismas oportunidades de éxito es
ampliamente acogida. Sin embargo, existe una verdadera reticencia cuando el
principio se traslada a escala mundial”. (p. 96-97)
(La disrupción de
la gran convergencia. En el libro
Retrato de un mundo nuevo)
Aquí por un lado queda
clara constancia de esa disminución de las desigualdades a nivel mundial, pero,
por otro lado, se apunta algo fundamental al hablar de la “reticencia” cuando
la idea de que todo el mundo merece las mismas oportunidades se traslada a
escala mundial. Esto último es capital para entender lo que está sucediendo
desde hace unos años con el crecimiento constante de los partidos de
ultraderecha. Este auge y algunas de las ideas que están detrás de estos grupos
son lo que ha hecho que me haya vuelto a interesar el tema de la globalización.
Volvamos al cambio de
oposición del que hablaba más arriba. Cuando se hablaba de globalización
neoliberal se fue generando una oposición muy fuerte y sobre todo muy dura. Los
diferentes grupos que la constituían acudían a las diferentes convocatorias de
las instituciones internacionales que antes mencionaba. Ahora bien, poco a
poco, esto fue cambiando y ese movimiento se fue disolviendo hasta
prácticamente desaparecer. No se me ocurre ahora ningún momento cercano en el
que haya dado muestras de volviera como tal ese movimiento antiglobalización.
Sin embargo, y esta es la gran novedad, sí que hay hoy una fuerte oposición a
la globalización, pero esta proviene precisamente desde el lado opuesto del
espectro político; la inmensa mayoría de los grupos actuales de ultraderecha
hacen alusión a la globalización como la causante de muchos de los males
actuales y eso que la globalización como tal nunca pretendió la libertad de
movimientos de las personas, esto es, no propuso que hubiera facilidad para los
movimientos migratorios. Sobre algunos aspectos de este cambio es muy
interesante el libro de Pablo Stefanoni, ¿La rebeldía se volvió de derechas?