Aunque tiene ya una novela publicada también por Libros
del Asteroide, no conocía al autor y la sorpresa tras su lectura ha sido
mayúscula. Es una magnífica novela por muchas razones que van desde el
tratamiento de los temas al estilo narrativo, pasando por la buena escritura,
el lenguaje y el uso escaso pero bien utilizado del realismo mágico.
El autor, en una entrevista para el suplemento Abril:
“(…)
explica que el objetivo de su novela era el de narrar una saga familiar, la
suya, pero traduciendo esa memoria “en un sistema de metáforas, de alegorías,
de imágenes, una especie de música un poco más universal, menos singular, algo
que tenga ecos en el corazón de otros lectores”, pues de no hacerlo su historia
no tendría mucho interés para nadie”.
(Publicado por Inés Martín)
Efectivamente, se trata de una novela muy
autobiográfica dividida en cuatro partes: Antonio, Ana María, Venezuela y
Cristóbal. Los dos primeros son los abuelos maternos del cuarto y Venezuela su
madre, mientras que Cristóbal es el trasunto literario del autor.
Bonnefoy escribe en francés ya que nació en París
aunque es hijo del matrimonio de un exiliado chileno y una venezolana (en la
novela de hecho le pone el nombre del país).
El tiempo de la obra va desde los años 30 en la ciudad
de Maracaibo hasta inicios del siglo XXI en Caracas y la historia del país está
presente de diferentes maneras. Por un lado, a través de algunos aspectos de la
evolución política con nombres como los de los presidentes Juan Vicente Gómez,
el dictador Marcos Pérez Jiménez hasta llegar a Hugo Chávez, aunque en este
caso sin que aparezca su nombre. Además, también tiene mucha importancia el
boom del petróleo en los años treinta o la subida del precio en los setenta
tras los conflictos en Oriente Medio, en ambos casos por sus enormes
repercusiones sociales.
No obstante, la novela, como dice el propio autor en
el fragmento reproducido antes, lo que hace es narrar la saga familiar en la
que tienen el papel más relevante sus abuelos maternos.
Por un lado, Antonio. Tuvo una infancia difícil y una
continuación que le llevó a vender tabaco por las calles, trabajar de
porteador, participar en la construcción de un muro para la contención del
petróleo o de camarero, para finalmente terminar como médico e incluso rector
de una universidad cuya construcción impulsó en los terrenos de un aeropuerto
destruido tras un accidente aéreo. Fue un importante personaje al que le
dedicaron una calle en su ciudad natal. Junto a él, Ana María, médico también
preocupada por la situación de las mujeres en el aspecto reproductivo y, por
ello, luchó por poder hacer legales determinados abortos. Junto con Antonio,
montaron un consultorio gratis en la costa.
A su lado tanto Venezuela como Cristóbal tiene un
papel muy secundario, al igual que algunos otros personajes.
Aunque ya lo he mencionado antes, además del interés
que pueda tener una historia como esta, lo más relevante de la novela, lo que
hace que el lector disfrute de su lectura, es la forma en la que está escrita,
lo bien que logra la atmósfera y lo mucho que recuerda las magníficas novelas
escritas por los escritores centro y sudamericanos.
Absolutamente recomendable.
Termino reproduciendo un fragmento que habla de un tema que es muy importante para mí y lo hace de una forma magistral:
“Antonio comprendió que el secreto de una muerte feliz
era antes que nada haberla decidido.
Aquella decisión fue como un decreto. Había llegado a
la conclusión de que el regalo más hermoso de la existencia era la posibilidad
de interrumpirla a placer”. (p. 237)
Miguel Bonnefoy, El sueño del jaguar.
Traducción Regina López Muñoz.