Este es el tercer libro que leo de Maestre al igual que los anteriores, me ha resultado
muy interesante. Ya en Los rotos utilizaba su historia personal y
familiar para explicar cómo era la clase obrera en una época. Ahora vuelve a
emplear sus vivencias para intentar explicar el auge de la ultraderecha o,
dicho de otra forma, cómo llegan algunos al fascismo.
El autor reconoce, en la coda con la que cierra el
libro, que ha pasado por una depresión y ha tenido tratamiento psicológico (lo
digo en pasado aunque no sé si ambos temas han terminado ya). Todo ello fruto
de sus posiciones e intervenciones públicas sobre estos temas. De Maestre sé
más por sus tuits que por sus participaciones en tertulias ya que, de alguna
manera, evito verlas, pero sí sé que se compromete bastante en sus opiniones y
no solo sobre la ultraderecha.
Aunque el libro no diferencia partes, me parece que
hasta más o menos la mitad está centrado en “demostrar” que el acercamiento al
fascismo se produce sobre todo como respuesta al feminismo. Para ello utiliza
mucho su historia personal, su época de estudiante y sus relaciones sociales,
mostrando cómo la agresividad, cierta violencia y un machismo manifiesto eran
la tónica en sus comportamientos. También expresa cómo él seguía a los demás
aunque lo que hacían no era precisamente lo que a él le gustaba.
Obviamente no niega la importancia que puedan tener
otros factores como, por ejemplo, la mala situación económica, pero los pone
por detrás de la penetración de los “valores” de la masculinidad porque,
además, y esta es la idea que está detrás de todo, lo importante son las
emociones. Así lo resume en el siguiente fragmento:
“Si tuviéramos que reducir las ideologías políticas a
emociones, el fascismo estaría representado por la dominación, la humillación,
el sometimiento y el sadismo, y el antifascismo estaría definido por la
empatía, los cuidados y la solidaridad.” (p. 31-32)
En el resto del libro, sin abandonar esa idea fuerza,
va tocando otros aspectos que pueden afectar como, por ejemplo, la inmigración,
un tema sobre el que me parece que pasa un poco por encima y queda un poco al
aire.
En general, Maestre usa un tono bastante mesurado. Sin
embargo, en algunos aspectos creo que hace unas generalizaciones abusivas como
en los siguientes fragmentos:
“Porque sí, no ha habido grupo de amigos en los que no se haya hablado de violaciones como fantasías grupales.” (p. 68)
“Ser consciente de que la política es el único recurso
que tienen los pobres, los colectivos vulnerables y la clase trabajadora se
convierte en una disonancia patológica al descubrir que quienes habitan los
espacios de decisión y representación en las formaciones de izquierdas que
tienen que combatir ese proceso de facistización social son peores humanamente
que el líder de cualquier espacio reaccionario.” (p. 35)
Me ha pasado en muchos momentos durante la lectura del
libro que he notado mucho la enorme diferencia generacional que me separa del
autor. Tengo 77 años y unas experiencias, y no solo de juventud, bastante
diferentes y, desde luego, la primera frase creo que es un ejemplo claro de
desmesura. En cuanto a la referencia a los líderes de la izquierda,
evidentemente que hay casos, pero la generalización aquí es algo más que
abusiva, es injusta.
Siguiendo con fragmentos, en el siguiente sí me parece
que acierta bastante y, es mi impresión, tiene mucho que ver con el hecho de
que Maestre haya tenido que acudir a tratamiento:
“Estos individuos alimentados por las maquinarias de
muchas organizaciones entristas y destructivas solo se centran en la
eliminación de quienes actúan intentando cambiar las cosas y consideran que
todo el que participa en los medios mainstream, diga lo que diga, es un traidor
a batir pero, eso sí, no se pierden uno solo de los programas de los participa.
Son sus seguidores más fieles pero con el único objetivo de quebrar su voluntad
y destruirlo mentalmente. Para Fisher “el purismo se transforma en fatalismo;
si es mejor no quedar manchado por el mainstream, es mejor “resistir”
inútilmente que correr el riesgo de salir con las manos sucias”” (p. 146)
Creo que queda bastante claro a qué tipo de personas y
organizaciones se está refiriendo. (Aquí coincido en haber tenido experiencias
muy negativas).
Maestre ha escrito un libro muy interesante, de esos
que hay que releer y hacerlo tranquilamente una vez que ya se conoce la tesis
principal porque, además, está muy bien escrito y ofrece citas y reflexiones de
gente que sabe de lo que habla. A mí me ha hecho regresar a mi época juvenil y
hacer algo de autoanálisis y, en general, repasar diversos momentos de mi vida
y mi relación con los amigos y con las mujeres.
También es un libro muy valiente porque cuenta cosas
que muchos desgraciados seguro que usarán en su contra, pero sé que eso le hará
más fuerte porque, una vez que uno se muestra tal cual es, no le puede doler lo
que diga cualquier impresentable de esos que tanto abundan en las redes.
Hay una interesante entrevista con Natalia Chientaroli en eldiario.es
Antonio Maestre, Me crie como un fascista.
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