lunes, 18 de mayo de 2026

Un análisis muy difereente

 

Este es el tercer libro que leo de Maestre  al igual que los anteriores, me ha resultado muy interesante. Ya en Los rotos utilizaba su historia personal y familiar para explicar cómo era la clase obrera en una época. Ahora vuelve a emplear sus vivencias para intentar explicar el auge de la ultraderecha o, dicho de otra forma, cómo llegan algunos al fascismo.

El autor reconoce, en la coda con la que cierra el libro, que ha pasado por una depresión y ha tenido tratamiento psicológico (lo digo en pasado aunque no sé si ambos temas han terminado ya). Todo ello fruto de sus posiciones e intervenciones públicas sobre estos temas. De Maestre sé más por sus tuits que por sus participaciones en tertulias ya que, de alguna manera, evito verlas, pero sí sé que se compromete bastante en sus opiniones y no solo sobre la ultraderecha.

Aunque el libro no diferencia partes, me parece que hasta más o menos la mitad está centrado en “demostrar” que el acercamiento al fascismo se produce sobre todo como respuesta al feminismo. Para ello utiliza mucho su historia personal, su época de estudiante y sus relaciones sociales, mostrando cómo la agresividad, cierta violencia y un machismo manifiesto eran la tónica en sus comportamientos. También expresa cómo él seguía a los demás aunque lo que hacían no era precisamente lo que a él le gustaba.

Obviamente no niega la importancia que puedan tener otros factores como, por ejemplo, la mala situación económica, pero los pone por detrás de la penetración de los “valores” de la masculinidad porque, además, y esta es la idea que está detrás de todo, lo importante son las emociones. Así lo resume en el siguiente fragmento:

“Si tuviéramos que reducir las ideologías políticas a emociones, el fascismo estaría representado por la dominación, la humillación, el sometimiento y el sadismo, y el antifascismo estaría definido por la empatía, los cuidados y la solidaridad.” (p. 31-32)

En el resto del libro, sin abandonar esa idea fuerza, va tocando otros aspectos que pueden afectar como, por ejemplo, la inmigración, un tema sobre el que me parece que pasa un poco por encima y queda un poco al aire.

En general, Maestre usa un tono bastante mesurado. Sin embargo, en algunos aspectos creo que hace unas generalizaciones abusivas como en los siguientes fragmentos:

“Porque sí, no ha habido grupo de amigos en los que no se haya hablado de violaciones como fantasías grupales.” (p. 68)

“Ser consciente de que la política es el único recurso que tienen los pobres, los colectivos vulnerables y la clase trabajadora se convierte en una disonancia patológica al descubrir que quienes habitan los espacios de decisión y representación en las formaciones de izquierdas que tienen que combatir ese proceso de facistización social son peores humanamente que el líder de cualquier espacio reaccionario.” (p. 35)

Me ha pasado en muchos momentos durante la lectura del libro que he notado mucho la enorme diferencia generacional que me separa del autor. Tengo 77 años y unas experiencias, y no solo de juventud, bastante diferentes y, desde luego, la primera frase creo que es un ejemplo claro de desmesura. En cuanto a la referencia a los líderes de la izquierda, evidentemente que hay casos, pero la generalización aquí es algo más que abusiva, es injusta.

Siguiendo con fragmentos, en el siguiente sí me parece que acierta bastante y, es mi impresión, tiene mucho que ver con el hecho de que Maestre haya tenido que acudir a tratamiento:

“Estos individuos alimentados por las maquinarias de muchas organizaciones entristas y destructivas solo se centran en la eliminación de quienes actúan intentando cambiar las cosas y consideran que todo el que participa en los medios mainstream, diga lo que diga, es un traidor a batir pero, eso sí, no se pierden uno solo de los programas de los participa. Son sus seguidores más fieles pero con el único objetivo de quebrar su voluntad y destruirlo mentalmente. Para Fisher “el purismo se transforma en fatalismo; si es mejor no quedar manchado por el mainstream, es mejor “resistir” inútilmente que correr el riesgo de salir con las manos sucias”” (p. 146)

Creo que queda bastante claro a qué tipo de personas y organizaciones se está refiriendo. (Aquí coincido en haber tenido experiencias muy negativas).

Maestre ha escrito un libro muy interesante, de esos que hay que releer y hacerlo tranquilamente una vez que ya se conoce la tesis principal porque, además, está muy bien escrito y ofrece citas y reflexiones de gente que sabe de lo que habla. A mí me ha hecho regresar a mi época juvenil y hacer algo de autoanálisis y, en general, repasar diversos momentos de mi vida y mi relación con los amigos y con las mujeres.

También es un libro muy valiente porque cuenta cosas que muchos desgraciados seguro que usarán en su contra, pero sé que eso le hará más fuerte porque, una vez que uno se muestra tal cual es, no le puede doler lo que diga cualquier impresentable de esos que tanto abundan en las redes.

Hay una interesante entrevista con Natalia Chientaroli en eldiario.es

 

Antonio Maestre, Me crie como un fascista.

 

 

 

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