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miércoles, 19 de febrero de 2025

Una visión diferente del conflicto

 

Aunque la guerra en Gaza lleva ya bastante tiempo en marcha y, además, se trata de un conflicto muy sangriento en su origen y en su desarrollo solo conozco dos libros de autores israelíes que se hayan atrevido a dar una visión diferente de la enormemente mayoritaria en su país. Uno es Meil Margerit cuya obra, El declive de la sociedad israelí, comenté hace pocos meses; el otro es el que hoy comento.

Mishani es un escritor de novela negra al que el editor de una revista suiza le propuso hacer un diario para publicarlo en la revista, lógicamente en alemán, al final del año 2023. Luego su editor en Israel le animó a seguir escribiéndolo para publicarlo en alemán en forma de libro. Finalmente, se decidió a publicarlo también en hebreo en Israel.

El diario abarca desde el 7 de octubre de 2023 al 10 de marzo de 2024, y está dividido en seis partes en función de lo que estaba aconteciendo en la guerra; por ejemplo, La rutina engañosa de la guerra, la 3ª, o La tregua, la 4ª.

Aunque se trata de un diario realmente no lo parece porque no tiene la estructura típica del género. Mishani va mezclando algunas informaciones de lo que sucede en el conflicto, de lo que le sucede a él en su relación familiar con  reflexiones sobre las consecuencias que la guerra tendrá en el futuro.

Para sus reflexiones utiliza varias veces textos de Ezequiel, de la Ilíada y nada menos que de Frantz Fanon y de su libro Los condenados de la tierra, en este caso para hablar del uso de la violencia. Digo que nada menos porque se trata de un autor muy denostado por lo general en occidente.

Si ya el libro de Margerit antes mencionado me pareció valiente en el contexto de cómo está la sociedad israelí, este de Mishani me parece que da un paso más y se atreve con reflexiones como las siguientes:

“Nada justifica la matanza que llevó a cabo Hamás, pero no creo que lo que hicimos antes y continuamos haciendo ahora nos ayude a evitar la próxima masacre. La crueldad de Hamás el sábado negro no justifica de modo retroactivo años y años de dominio sobre la vida de los palestinos” (p. 77)

“En Israel, estamos conmocionados por la violencia de la masacre del 7 de octubre y tenemos cicatrices profundas en el cuerpo y en el alma. Entonces, ¿cómo vamos a ser capaces de escuchar a Fanon cuando declara que la lucha por la liberación de un pueblo no es posible sin una violencia asesina?

(Aquí hay una cita de Fanon que no reproduzco)

Releer a Fanon tampoco nos permite seguir ignorando la violencia sistemática -tanto la que se ve como la que está oculta- que ejerce el ocupante y, de este modo, entender que la violencia del ocupado es un intento de liberarse de la propia ocupación. ¿Acaso podemos ahora siquiera atender a la voz de Fanon cuando nos negamos a admitir él “contexto” del 7 de octubre y la guerra en Gaza: la ocupación y el control de años y años sobre los palestinos” (p. 166-167)

“(…) Tal vez algún día, si ellos lo desean y eligen a unos líderes mejores que los de Hamás y si también nosotros elegimos a unos líderes mejores, podríamos vivir en buena vecindad y paz” (p. 25)

Esto último me parece realmente muy difícil, por no decir que imposible, después de lo que está pasando y de la violencia y el odio desatados.

Desde luego estamos ante un libro de lectura muy recomendable. Un libro que va más allá de lo que escuchamos habitualmente, que no deja de criticar a Hamás y su brutal acción, pero que es muy duro con lo que está haciendo el gobierno de su país, escrito, además, por alguien que vive en Israel y que se gana la vida vendiendo libros y dando algunas clases en la universidad. Hay que ser muy osado y muy valiente para publicar esto allí tal y como está esa sociedad de volcada a favor de la masacre que están perpetrando en Gaza.

 

Dror Mishani. Habitación sin vistas. Diario de guerra en Tel Aviv. Traducción Sonia de Pedro.

 

viernes, 15 de diciembre de 2023

Fin de los diarios de un gran escritor



Dar cuenta de un libro como este de uno de mis autores favoritos, que es, además, uno de los escritores españoles más importantes de los últimos tiempos y un libro que tiene nada menos que 961 páginas, me parece una tarea fuera de mis capacidades.

Quien quiera leer una magnífica y completísima reseña lo puede hacer con la publicada por el profesor Fernando Valls  en infolibre.es. Yo me limitaré a destacar alguna de las cosas que más me han llamado la atención, y lo haré, fuera de mi costumbre habitual, en forma de frases sueltas.

Chirbes era muy radical en sus posiciones políticas tanto en contra del socialismo, siendo como era un hombre de izquierdas, (Zapatero era una especie de bestia negra) como del nacionalismo. Lo mismo le pasaba con el turismo.

Hay mucho arte en el libro, sobre todo renacentista del que se nota que sabía bastante.

Hay también, y sobre todo, mucha, muchísima literatura. Era un lector casi me atrevería a decir que compulsivo. (De hecho en los últimos dos años insiste en que lee para así ocupar el tiempo y no tener que escribir). Leía clásicos y contemporáneos indistintamente y hacía unos comentarios muy interesantes y sugerentes. Desde luego era un lector muy ecléctico.

Reproduce gran cantidad de fragmentos de libros, bastantes en francés en la época que leía mucho en ese idioma, lo que rompe algunas veces el hilo de lo que estaba contando.

Me ha encantado ver cómo le gustaban autores que son también de los que más me gustan a mí. Así: Stefan Zweig (al que dedica grandes elogios), Shalámov, Fante, Zambra, Némirovsky, Grossman o Joseph Roth, por citar solo algunos. Hablando de escritores, otra cosa que sí queda clara en los diarios son sus filias y sus fobias.

Me ha impactado ver la ansiedad que le producía la escritura de Crematorio; el rechazo que le provocaba lo que escribía; la enorme inseguridad; las dudas permanentes. Al final, se publica y todo son parabienes y críticas magníficas. Lo más curioso es que, sin embargo, apenas hay referencias a la escritura de En la orilla que ocupa buena parte de los últimos tiempos de su vida.

También llama la atención la soledad en la que vivía en Beniarbeig. Soledad me parece que autoimpuesta.

Desde luego era una persona muy intensa, al menos esta es la impresión que saco tras la lectura de los tres volúmenes de sus diarios, y también bastante hipocondríaca, más allá de las enfermedades reales que tenía.

Como decía al principio, tengo a Chirbes como de uno de mis escritores favoritos; su obra de ficción me parece espléndida. Eso me animó a leer estos diarios, un género que prácticamente no toco, lo que ha supuesto una experiencia muy enriquecedora en muchos sentidos, por un lado, porque descubres a la persona que hay detrás del autor y, por otra parte, porque hace reflexiones muy interesantes sobre muchos temas y obliga al lector a repensar algunas cosas.

Para terminar reproduzco a continuación algunos fragmentos en los que dice cosas con las que estoy algo más que de acuerdo:


“Tener la conciencia suficiente como para no quedar del todo en sus manos, valor para saber cuándo hay que decir basta para que no salte por los aires eso que no sabemos dónde está, pero reconocemos, y se llama dignidad.” (p. 264) (Sobre la eutanasia)

“La lectura como forma de alienación, o sencillamente como vagancia. Leer porque es lo más cómodo, porque no te exige a ti, sino que es trabajo que han hecho los demás.” (p. 265)

“Todo lo que leo, lo que veo, se me vuelve añoranza, melancolía. Miro los miles de libros que me rodean, la mayor parte de ellos leídos y subrayados, y lo que me llega es vacío e inutilidad. Pero no es así: esos libros han dejado huellas en mí, como yo he dejado las huellas de mis manos, de mis lápices, en ellos, aunque de todo eso tenga la sensación de que no quede gran cosa. (…)” (p.354-355)

“Haciendo zapping en televisión y oyendo los despropósitos que lanzan las emisoras fachas, me convenzo de que la derecha española pierde día a día el pudor que había guardado desde la muerte de Franco” (p. 742) (Dicho en 2010)

 

Por cierto no he dicho que el libro recoge los diarios escritos entre 2007 y 2015.

Muy recomendable e imprescindible para sus seguidores.

 

Rafael Chirbes, Diarios. A ratos perdidos 5 y 6.

  

martes, 20 de diciembre de 2022

Mis libros del año




Como todos estos libros están ya comentados en  el blog, aquí solo quisiera dejar un par de ideas para luego entrar en otra forma de relacionar las lecturas.

Lo primero es que estos son los libros que por alguna razón más me han gustado sin ser, seguramente, los mejores. Puede ser porque sus autores están entre mis preferidos como son los casos de Zweig, Offutt, Ernaux, Chirbes, Ulítskaia o Martínez; puede ser porque me han impactado  como el de Ovcina, Altmann y otra vez Martínez; puede ser porque su descubrimiento me ha parecido relevante como Lemebel que, además, es su único libro; o puede ser porque como es el caso de Aksiónov me haya tenido enganchado tanto tiempo debido a su extensión.

Sea por lo que fuere, de entre los más de cien libros que he leído este año estos son los que me parece que representan mejor mis gustos, motivaciones e intereses literarios, los que más me han emocionado y, en definitiva, con los que mejor lo he pasado.

Lo segundo sería insistir en que hay muchos más con los que he disfrutado y alguno con el que he aprendido mucho, pero a la hora de elegir al final hay que eliminar. Este año, eso sí, veo que me ha salido más ficción.

A continuación quiero repetir la experiencia del año pasado con una relación desordenada de algunos libros y/o autores. La hice para enviar al blog de libros que más sigo, unlibroaldia.blogspot.com, y me gustó el esfuerzo de memoria que tuve que hacer.

Autor del año (difícil elección). Chris Offutt (lo descubrí al principio y no he parado hasta leer todo lo traducido).

Descubrimientos. Lemebel, Brenda Navarro, Sylvia Aguilar, Douglas Kennedy.

Tocho del año: Una saga moscovita (Aksiónov).

Reincidente. Ernaux. (Lo hace cada año y este con la alegría por el reconocimiento oficial).

Recuperación. John Fante. (Otro estadounidense con el que me pasó lo mismo que con Offutt, cuando lo conocí no paré hasta leer todo lo traducido).

Periodismo (mi debilidad). Guillermoprieto, Guerriero, Izagirre, José Manuel Álvarez y, por supuesto, Martínez.

Originalidad. Cal Flyn, Islas del abandono; Doug Block Clark, Los últimos balleneros y William Atkins, El mundo inconmensurable.

Sugerente. Podría poner varios, pero me decido por Los rotos de Antonio Maestre por la cercanía en varios sentidos.

Duro de leer. Una historia de violencia de Óscar Martínez. 

Abandonados. Hay muchos más de lo que es habitual por causas muy diversas. Son: Terroristas modernos de Cristina Morales, Ejecutores, víctimas y testigos de Raul Hilberg, Años felices de Gonzalo Torné, La gallina ciega de Max Aub, Pánico de James Ellroy y El corazón perdido de Asia de Colin Thubron.

De los cuatro primeros autores he leído libros espléndidos que incluso han aparecido otros años entre los mejores, por ejemplo, Lectura fácil de Morales.

No comentados. Hay seis pero no los voy a mencionar.

 

 

lunes, 21 de noviembre de 2022

Segunda entrega



No ha pasado aún un año de la entrada en el blog del comentario al primer volumen de los diarios de Chirbes, y ya estoy con el segundo. Esto da idea de la importancia que para mí tiene la obra de este escritor (por cierto que, lógicamente,  está en la serie del blog Mis autores favoritos).

Esta segunda entrega, a pesar de centrarse en un menor periodo de tiempo, ya que no llega a los dos años (marzo 2005 a enero 2007), ocupa nada menos que 698 páginas, es decir, es bastante más extensa que la anterior, aunque los temas no son sustancialmente diferentes. Así, tenemos: viajes a Nueva York, Berlín, Alsacia Toscana o París entre otros en los que tan pronto escribe de arte como de gastronomía; lecturas con amplios espacios y citas de Balzac o D’Annunzio (todas en versión original) y otros muchos autores de los que hablaré más adelante; muchas y muy variadas reflexiones sobre literatura y, sobre todo, sobre sus problemas para escribir, sobre los que también  volveré luego; pocas pero jugosas y duras críticas a determinados políticos (por cierto, creo que no siempre todas justas); finalmente, alusiones casi permanentes a los estragos que causa el paso del tiempo y a su sensación de envejecimiento.

Hasta aquí un resumen de los principales temas que aborda en estos Diarios. Ni que decir tiene que están magníficamente escritos aunque insista varias veces en que escribe “a vuelapluma”, pero también reconoce que luego los pule y corrige por si fueran a publicarse algún día.

Chirbes y yo nacimos en el mismo año por lo que no es de extrañar que haya bastantes cosas que pueda compartir con él. Desde luego su visión del paso del tiempo que, aunque la encuentro demasiado pesimista y un tanto exagerada teniendo en cuenta que escribe  cuando tiene 56 años, sí que da en el clavo en determinadas aptitudes y comportamientos que son propios de una edad. Así, por ejemplo, esta reflexión sobre la memoria con la que me identifico al cien por cien:

 

“Metido en una historia de los papas de Avignon. Mi pasión por esos libros de historia, que me enseñan tanto mientras los tengo entre las manos, y que me dan la sensación de que domino el mundo, pero que olvido al día siguiente de haberlos leído”. (p. 598)

 (Hay que tener en cuenta aunque me he ganado la vida como profesor de historia sé muy bien de lo que habla).

También he encontrado mucha coincidencia con bastantes de las lecturas que comenta y, en la mayoría de los casos, compartiendo sus opiniones. Así, entre otros, escritores como Chaves Nogales, Stefan Zweig, Alberto Méndez, Jonathan Littell, Vasili Aksiónov (aquí no comparto su dura crítica), Serguéi Dotlátov, Irène Némirovsky o Margarete Buber-Neuman a la que he dejado para el final porque hay un fragmento que quisiera reproducir:

 “(…) Llevo ya cuatrocientas páginas del (libro) de Buber-Neumann y no consigo conmoverme con toda la cantidad de sufrimiento que describe, y esa falta de emoción ante lo que se supone que es el sufrimiento ajeno me hace sentirme mal, incluso culpable. ¿Solo la sobrecarga de lecturas sobre el mismo tema?, ¿es eso lo que me ha convertido en un galápago? Intento ponerme en el lugar de esas mujeres para despertar mi compasión, pero no lo consigo. Buen tema para la reflexión: pensar en si le ocurre algo al libro o si me ocurre algo a mí.” (p. 158-159)

Ese “o me ocurre algo a mí” es lo que pienso de forma recurrente tras algunas de mis lecturas. Ver cómo a un maestro como Chirbes le pasa lo mismo me deja algo más tranquilo.

Para no alargar demasiado el comentario de un libro del que se puede escribir mucho, terminaré con alguna de sus múltiples alusiones al tema de la escritura. En ese tiempo estaba enfrascado en la que luego será quizás su libro más exitoso, Crematorio, pero todo lo que se trasluce en esos dos años es el sufrimiento que le provoca el hecho de escribir, la sensación de lo difícil que le resulta y de lo mal que lo hace en comparación con todo lo que lee. Algunos fragmentos sobre este aspecto:

 “Si he hecho algo de interés en la vida, ha sido tras un esfuerzo desmesurado, nunca una frase me ha surgido con naturalidad, siempre ha sido fruto de cortar, cambiar de posición las palabras, reelaborar una y otra vez (…)” (p. 551)

 “En vez de practicar esta odiosa escritura automática, pararte a pensar, redactar en un papel aparte, y poner aquí solo lo que la reflexión ha madurado. Serían muy distintos estos cuadernos. Sin duda; pero, sobre todo, sería muy diferente yo.” (p. 343) (Aquí se refiere a los cuadernos en los que escribe estos diarios)

 Y para terminar una opinión que deberían tomar en consideración muchos escritores convertidos en “opinadores”:

 “Los escritores debemos hablar menos y escribir más, y cuando nos pregunten nuestra opinión en la radio, en la televisión o en el periódico, pedir a quien nos la pregunta que se lean nuestros libros: ese es exactamente nuestro pensamiento, ahí están nuestras opiniones.” (p.34)

Solo queda recomendar fervientemente este magnífico libro que por momentos emociona, en otros te lleva a reflexionar, también te muestra libros y películas que no conoces y que te gustaría conocer y, en definitiva, en el que vemos a un ser humano bastante complejo en alguna de sus facetas (evidentemente no en todas pues, como advierte más de una vez, apenas roza los temas más personales e íntimos).

Una advertencia final, no hace falta conocer la obra de Chirbes para disfrutar estos diarios aunque si se conoce creo que se disfrutan más.

 

Rafael Chirbes, Diarios. A ratos perdidos 3 y 4.

 

jueves, 25 de noviembre de 2021

Para conocer mejor a uno de los grandes



No  soy lector habitual de diarios, de hecho solo recuerdo haber leído los de Stefan Zweig publicados por Ediciones 98 a principios de este año y no he comprado los que no hace mucho acaban de publicarse en Acantilado porque los primeros no me resultaron especialmente interesantes a pesar de que Zweig es, quizás, mi escritor preferido. No sucederá lo mismo con el siguiente volumen de los diarios de Chirbes, cuya publicación ya se anuncia en uno de los prólogos, porque estos sí que me han interesado desde la primera hasta la última página. (Por cierto que Chirbes está en la sección del blog dedicada a mis autores favoritos; es un escritor del que he leído todas sus novelas).

Se recogen en esta edición los diarios que, escritos en cuadernos diferentes, Chirbes anotó entre 1984 y 2005, y que revisó por última vez en 2014 lo que, de alguna manera, indica que quería que fueran publicados póstumamente.

Esta edición se acompaña de dos Prólogos escritos por Marta Sanz y Fernando Valls con un planteamiento muy diferente en ambos.

Del segundo reproduzco dos fragmentos que reflejan muy bien el contenido del libro:

“En ellos se trata de lo privado y lo público, de sí mismo y los demás, de sus libros, así como de aquellos otros que lee, a menudo con pasión, sin ocultar casi nunca los nombres de las personas y los lugares a los que se refiere, aunque las menciones a sus amigos y allegados figuran, en muchas ocasiones, con iniciales que no corresponden a su identidad”. (p. 45)

“Se trata, por tanto, de un diario de vida y cultura, a lo largo del cual nos llama la atención su pasión por lo vivido, la búsqueda del placer, su fascinación y profundo conocimiento de las artes”. (p. 53)

Además, el texto, como indica el título,  está dividido en dos partes. La primera abarca los años 1984 a 1995, y la segunda desde este año hasta 2005.

Aunque esencialmente en ambas aparecen los mismos temas, sí que se notan algunos cambios. Por ejemplo, hay muchas más alusiones a sus relaciones amorosas y sexuales en la primera parte, en la que hay momentos en los que escribe de forma muy explícita sobre estas; también escribe más sobre sus diferentes problemas de salud y, obviamente, queda muy reflejada su intranquilidad por las dificultades que tenía para escribir novelas. Aquí hay que aclarar que se ganaba la vida escribiendo de gastronomía y viajes para la revista Sobremesa de la que, creo, fue también director.

En la segunda parte, habla más de sus libros, de los problemas que encuentra a veces para escribirlos o de los bloqueos que a veces se producen. Hay también reflexiones sobre la literatura y muchos análisis de sus lecturas (estas también abundan en la primera parte). En este sentido hay un autor que es el que más aparece a lo largo del libro, me refiero a Hermann Broch. De él hay recogidas bastantes citas y además da la impresión de que siempre fue un referente para Chirbes. Me resulta curioso que de este escritor tengo desde hace tiempo dos libros entre los pendientes: la Trilogía de los sonámbulos y la colección de relatos Los inocentes. Cada vez que los cojo para leer, no sé muy bien por qué me da una cierta pereza, así que espero animarme después de ver la importancia que tenían para Chirbes.

De un libro así que, además, tiene 465 páginas se pueden decir muchas cosas, dejar constancia de muchas reflexiones, comentar alguna de las muy jugosas críticas que hace (ya salieron en la prensa las que le dedica a Pérez Reverte o Muñoz Molina) porque es un escritor que, como me imagino que nos pasa a todos, tiene sus filias y su fobias (aquí también se podría hablar de algunas referencias a críticos) y, finalmente, también sería interesante recoger las escasas pero acertadas críticas que hace en el tema político o en el lingüístico.

Sobre todo esto hay bastante información en las dos magníficas reseñas que enlazo a continuación: la de Carmen Peire en inflolibre.com y la de Peio H. Riaño en eldiario.es.

Finalizo este comentario con un fragmento con el que me siento particularmente identificado:

“Me desespera la falta de memoria. De las novelas, solo me queda el tono, la coloratura, el ritmo; a veces, el destello de un personaje, una frase, una idea. Repaso libros que he leído cuatro o cinco veces, y es como si fuese la primera vez que los abro”. (p. 316)

De todas formas, por algunas de las críticas y comentarios que hace, esto solo es una parte de la verdad o lo escribió en un momento depresivo.

Este libro lo tiene que leer toda persona que hay leído libros del autor. Va a descubrir muchas cosas sobre su personalidad y sobre la trastienda de la escritura. Interesante, emotivo, profundo, sincero,…

 

Rafael Chirbes, Diarios. A ratos perdidos 1 y 2.

 

 

martes, 16 de febrero de 2021

Demasiado irregular



Una advertencia previa: No soy lector habitual de Diarios. He leído varios de los que se han publicado de prisioneros y prisioneras en los campos de concentración o de exterminio y, que ahora recuerde, alguna parte de los de Manuel Azaña. Es un género que no me llama especialmente la atención.

Claro, otra cosa es si se trata de los Diarios de uno de mis autores favoritos. De hecho, siendo también poco aficionado a la lectura de libros que recojan la correspondencia entre gente famosa, también leí hace tiempo el de la correspondencia entre Stefan Zweig y Joseph Roth por las mismas razones por las que he leído estos Diarios.

En esta edición se recogen escritos de distintas épocas: los de octubre de 1931 escritos en Salzburgo; las notas de un viaje a Nueva York de 1935; uno breve de 1935 de un viaje de París a Londres; el más extenso del libro que recoge la parte brasileña de un viaje a Brasil y Argentina de 1936; un diario de la Segunda Guerra Mundial de 1939 y, finalmente, el cuaderno de guerra de 1940.

Un periodo de nueve años que solo ocupan 134 páginas de un libro en formato pequeño. Esto significa que Zweig o no era muy aficionado a este tipo de escritos, o que tampoco tenía mucho tiempo para dedicárselo a un diario.

En general, no me ha resultado demasiado interesante su lectura, exceptuando la parte dedicada a Brasil o el Cuaderno de guerra final. El problema es que, como pasa con lo escrito en 1931, es una mera enumeración de actividades: gente que le visita, obras de teatro a la que acude, etc o, en el caso de Nueva York, es una descripción de la ciudad que podría hacer cualquier turista. Sin embargo, incluso en esas partes va dejando algunas cosas que son interesantes. Así, estas dos  reflexiones que resultan premonitorias: 

“Europa solo volverá a ser digna de habitarse cuando se unifique, permitiendo la libertad de movimientos dentro de su espacio común”. (p. 16) 

 “La Historia muestra cómo los recortes salariales que afligen a amplios sectores de la sociedad terminan por soliviantar al conjunto del país; cómo se genera, finalmente, un mayor descontento entre aquellos que se oponen al gobierno”. (p. 19) (Sobre el auge de los nazis)

Esta otra que no deja de ser curiosa:

“Dos horas en España todavía son más intensas que un año en Inglaterra, sobre todo ahora que los cañones ocupan la ciudad”. (p. 71) (Agosto 1936 en una escala en Vigo)

O estas otras que muestran ya el camino por el que está transitando y que le llevará al trágico final:

“Ya he preparado cierta “botellita” previendo que pudiera suceder cualquier cosa: por ejemplo, que los alemanes ocuparan Inglaterra si interviniera Italia o Francia capitulase”. (p. 121)

 “Jamás me he sido tan pesimista ni me he visto tan desesperanzado: doy por perdida la guerra”. (p. 131) (escrito en junio de 1940)

También son interesantes para un seguidor del escritor algunas cosas que se pueden descubrir leyendo estos diarios como son: el hecho de que escriba dictando, algo que me parece que debía de ser bastante habitual en su época, luego lo revisaba y pasaba a la redacción definitiva; su poca aptitud para la vida social que aparece en diferentes momentos y que sorprende al ser un personaje tan popular en su día y del que yo no hubiera pensado que era así, o el hecho de que, por lo que se ve, siempre estaba escribiendo varios libros al mismo tiempo, coincidiendo, por ejemplo,  su autobiografía con la biografía de Balzac o los artículos para incluir en sus Momentos estelares de la humanidad.

Para terminar un par de cosas sobre esta edición. Tiene una magnífica presentación y un extenso conjunto de notas, 298,  que ayudan a conocer a muchos personajes que se mencionan en el texto. Además, y creo que es la primera vez que lo veo, están los nombres de los que han hecho la corrección de pruebas. Desgraciadamente aquí tengo que dejar una crítica: además de un par de erratas sin importancia, se han deslizado faltas de ortografía como “reuno”, prometéico” o “prosáico”.

En definitiva, un texto muy irregular que, eso sí, es recomendable para los seguidores de este gran escritor porque, obviamente, está muy bien escrito y se puede descubrir alguna cosa interesante.

 

Stefan Zweig, Diarios (1931-1940). Traducción Ediciones 98 S.L.

 

viernes, 15 de julio de 2016

Vida y reflexiones de un Nobel de literatura



“Una y otra vez me pregunto si no soy demasiado monótono escribiendo ya mi cuarto cuaderno de diarios, aunque creo que sólo me formulo esta clase de preguntas por el efecto de las malignas críticas publicadas en Hungría.” (p. 172)

Una buena reflexión que, por un lado acierta, la monotonía y, por otro, refleja una de sus obsesiones, el trato que recibe en su país de origen.
El libro se compone de cuatro partes: en dos recoge sus diarios y en las otras dos escribe en forma más novelada sobre su vida o una historia sobre Lot.
Para mí, la primera parte, titulada Secreto a voces, es con mucha diferencia la más interesante y la que más me ha enseñado sobre el autor y sobre otros temas. En ella hay muchas reflexiones sobre la creación literaria (angustia, miedos,…); fuertes críticas de todo tipo (político, cultural, mentalidades,…) a Hungría;  alusiones continuas a su condición de judío y al antisemitismo que se está instalando en Europa (aquí critica de forma un tanto velada la política de inmigración europea y ataca de manera bastante furibunda a los musulmanes); innumerables referencias musicales, tema en el que parece ser un verdadero experto en la música clásica y, sobre todo, alguien que disfruta enormemente con ella; menciones muy abundantes a los efectos, no siempre positivos, que ha tenido la concesión del premio Nobel de literatura y, finalmente, Auschwitz que es una presencia casi constante en esta parte como lo son el suicidio y la muerte.
Sin embargo, la tercera parte que también contiene sus diarios, está muy centrada en su vida cotidiana y hay bastantes menos reflexiones.  Además tiene un punto de vista muy sombrío (la enfermedad, la soledad, la dificultad de la escritura, la muerte,…) y resulta, como apunta el propio autor en el texto antes citado, bastante monótona pues se repite muchas veces el mismo tipo de hechos y de emociones. También tango que decir que resulta una lectura bastante deprimente por el deterioro físico y la constante obsesión de la cercanía (que luego no fue tal) de la muerte
Las dos partes noveladas no me han gustado.
En resumen, un libro con algo más de 100 páginas sugerentes sobre la vida de un autor del que solo he leído tres de los varios  publicados en castellano, pero que me parece un buen escritor y un personaje peculiar por el rechazo que muestra a su país del que pueden ser un buen ejemplo los siguientes fragmentos: 

“Este país se encuentra en una situación tan grave que sólo espera cierto alivio de la mentira.” (p.26)
“Se adueña de mí la autocompasión cuando pienso que he pasado gran parte de mi existencia en la dictadura maligna de un país maligno y provinciano,...” (p.36)
“(…) el odio enfermizo, implacable y gratuito que domina y guía a los hombres en este país.” (p.57)
“Tampoco entiendo al país del que soy ciudadano. ¿Qué tengo yo que ver con la Hungría de los soplones? ¿Qué tengo yo que ver con la moral de agentes de la policía secreta que ha dado forma a este país? “(p.89)





Imre Kertész, La última posada