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jueves, 27 de agosto de 2015

Documento impresionante

En 1975 Claude Lanzmann entrevistó en Roma a Benjamin Murmelstein, el último presidente del Consejo Judío del gueto de Theresienstadt y el único también que sobrevivió a la guerra. Imagino que lo entrevista la hizo para su proyecto Shoah, pero no aparece en él en ningún momento.
En 2012 se le ocurre la brillante idea de recuperar las entrevistas y, además, de hacer un montaje en el que el mismo Lanzmann aparece en diferentes ocasiones lugares leyendo textos realmente evocadores. Incluye la edición algunas imágenes de un documental que hizo la propaganda nazi sobre dicho gueto.
Escuchar a Murmelstein, lo que cuenta y la maravillosa forma en que lo hace, me ha resultado realmente fascinante. Es, era, un hombre dotado de una prodigiosa memoria y de una capacidad narrativa formidable. Ver a Lanzmann a sus 87 años leyendo y mostrando su propio deterioro, me ha resultado particularmente emocionante. Una de las lecturas la hace delante del patíbulo en el que ahorcaban en el gueto.
No sé si todo lo que cuenta “el último de los injustos” es toda la verdad, pero sí que ofrece su versión desde una perspectiva no habitual al hablar sobre el tema del Holocausto.
Documento imprescindible en sus casi cuatro horas de duración.


miércoles, 7 de mayo de 2014

Una vida intensa e interesante



Cuando tras más de intensas nueve horas acabé de ver el documental Shoah, me precipité a la librería para comprar las memorias de quien lo había hecho buscando, sobre todo, descripción y explicación de cosas que en él aparecían; así que comencé a leer el libro por el final, por sus cien últimas páginas, en las que, como yo esperaba, escribe sobre el proceso de producción del documental. Me ha resultado verdaderamente sorprendente y apasionante enterarme de muchas cosas que cuenta tanto sobre los personajes que salen en la película, como sobre la financiación y los problemas que tuvo a lo largo de los doce años que duró todo el proceso. Solo por eso ya habría valido la pena la lectura de este libro del que, por otra parte, tenía referencias contradictorias.
No obstante, cuando me puse a leer las otras cuatrocientas páginas ya por su orden cronológico, descubrí que todo el texto merecía la pena, que el autor tenía una vida lo suficientemente intensa e interesante como para dedicar ese tiempo a su lectura. Además, su escritura, a pesar de que como dice en la introducción hizo el texto dictándolo, es atrayente y fluida; y su estructura, original tratándose de unas memorias pues da algunos saltos en el tiempo que hacen que el texto parezca a veces más temático que otra cosa. Así, le vemos escribir sobre la pena de muerte en el primer capítulo de una forma casi histórica o hablar de los aviones casi como un profesional.
Evidentemente, en un texto de esta extensión hay momentos de todo tipo y algunas claras exageraciones que han llevado a algunos a hablar de cierta autocomplacencia y mucho egocentrismo. Por ejemplo, esos cuatro días navegando en plena tormenta y dirigiendo el barco junto al capitán, algunas emboscadas cuando estaba en el maquis o la historia con una enfermera en Corea del Norte. Seguramente hay ahí bastante imaginación, pero se compensa con las páginas dedicadas a Sartre, Simone de Beauvoir y Frantz Fanon (en las que también habrá un poco de todo).
No sé si se trata de la obra maestra que dice Bernard-Henri Lévy,  de  una “obra de arte, esta vez literaria”, como afirma Le Monde y menos aún si es “una de las obras maestras de la literatura mundial”, como exagera un tanto Die Welt, pero desde luego es un libro que recomiendo encarecidamente a todo aquel interesado en conocer la vida de alguien diferente y con muchas cosas interesantes que contar. Obviamente, imprescindible para quien haya visto Shoah.
Dejo dos enlaces: uno en el que se habla tanto del documental como del libro, el otro es una entrevista centrada principalmente en estas memorias.
 
Claude Lanzmann, La liebre de la Patagonia
 

 

jueves, 27 de marzo de 2014

Una experiencia seguramente irrepetible




Realmente me faltan palabras para calificar esta inmensa obra, este documental creo que único por su duración (más de nueve horas), elaboración, rotundidad y dureza.
A lo largo de doce años, entre 1973 y 1985, Lanzmann realizó entrevistas a supervivientes de los campos de exterminio, verdugos, testigos (a la mayoría yo los calificaría más bien de espectadores) y a un historiador (R.Hilberg, autor de una monumental obra sobre el tema). Hay entrevistas en Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Grecia, Israel, Estados Unidos, etc. Entre los entrevistados hay un predominio claro de judíos procedentes de Polonia entre los supervivientes, y de polacos entre los testigos (esta diferencia, judíos y polacos, la hacen muchos testigos polacos en varias intervenciones). La razón de este predominio es que el documental se centra principalmente en los campos de exterminio construidos en ese país: Treblinka, Auschwitz-Birkenau, Belzec y Chelmno.
Hasta ahora he hablado solo de las palabras, pero si solo se tratase de eso, y sería mucho, no se trataría de un documental tan especial. He leído muchos libros, de memorias en su mayoría, sobre los campos de concentración y sobre el Holocausto, no en balde el primer capítulo de la serie Mis temas recurrentes de este blog lo dediqué a él. También he visto bastantes documentales con imágenes terribles tomadas por los aliados en los momentos de la liberación de los campos. Lanzmann no utiliza nada de estos materiales en ningún momento y, sin embargo, sus imágenes resultan aterradoras, desasosegantes y angustiosas. ¿Por qué?¿Cómo consigue ese efecto?
Hay varios elementos que colaboran a ese efecto. Por un lado, los primeros planos de los protagonistas contando sus experiencias. Todos son emocionantes, pero hay uno de un peluquero en Israel  que fue el encargado de cortar el pelo a las mujeres que iban a entrar en las cámaras de gas en Treblinka que a mí me produjo sensaciones como pocas veces he tenido. En segundo lugar, cuando deja las voces en off relatando los hechos, la cámara de forma muy parsimoniosa se va adentrando por los espacios donde estaban los campos o, en el caso de Auschwitz, por los restos del campo; lugares siempre inhóspitos, lúgubres. También la utilización recurrente de los trenes acompañando las voces, trenes que seguramente por el atraso de Polonia están prácticamente igual que entonces. Finalmente, el uso que se hace del clima y de la luz. Creo recordar que solo muy al final se atisba algún rayo de sol, mientras tanto: brumas, nieve, lluvia,…
Tengo por norma en el blog que los comentarios sean lo más breves posibles y en este ya me he extendido demasiado. Me quedan muchas cosas por comentar como, por ejemplo, la confirmación de mi manía hacia los polacos, algunas imágenes y conversaciones de los testigos que explican mucho de lo que pasó y podría pasar en cualquier momento, algunas de las cosas que comenta Hilberg, etc.
Recomendar este documental es decir poco. Me ha impresionado e impactado como nada lo había hecho hasta ahora. En algún momento me he dado cuenta de que tenía que quitar la tensión que estaba acumulando en los hombros. En fin, una experiencia seguramente irrepetible.