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lunes, 24 de abril de 2023

Los inicios de un gran escritora



En el año 2021, entre agosto y octubre, leí los tres libros publicados de esta magnífica escritora mexicana. Esto da una idea del impacto que me causó ya la primera lectura. Imagino que no fui el único, ni mucho menos, al que le sucedió lo mismo como indica de forma clara el hecho de que ahora se edite la primera novela que escribió.

En esta primera obra ya están las principales características de la escritura de Melchor que enunciaré con frases de los fragmentos de críticas que la editorial reproduce en la solapa. Así: “El uso del lenguaje que hace Melchor es lo más notable de su arte”. “Una evidente capacidad fabuladora, pero, sobre todo, una vocación de estilo que sabe ponerse al servicio de aquello que se cuenta.” “Al estremecimiento de los personajes sigue el estremecimiento del lector”.

Lenguaje, creación de personajes, creatividad, etc., puesto todo al servicio de unas historias que llegan y que conmueven.

En este caso son cuatro los jóvenes protagonistas formados por dos parejas de amigos. Dos, Andrik y Zahir, recogidos de la calle por su “tía” Idalia. El primero dedicado a la prostitución. Los otros dos, Vinicio y Pachi, en mejor situación pues el primero está a punto de ir a la universidad y el segundo tiene trabajo, mujer e hija. Todos viven en un puerto y cerca del mar y en todos está también siempre cercana la violencia, algún aspecto de la marginalidad, las dudas sobre el futuro y todos arrastran algún momento dramático en su historia.

Ahora bien, lo que da mayor valor a lo que cuenta Melchor, siendo esto importante, es la forma de hacerlo, su estilo y su lenguaje. Tengo que reconocer que hay momentos en los que me ha costado entender algunos fragmentos pues, aunque soy un lector habitual de libros escritos en Cuba, Perú, Argentina o Colombia, nunca me he enfrentado a un habla coloquial tan difícil como la mexicana. Un ejemplo de este tipo de fragmento y otro a continuación del estilo: 

-        Y pues, ahí estuvimos un rato, en las bancas de acá mero abajo. La gorda se puso bella con unas caguamas, pa’l susto, dijo, y poco a poco la flota fue regresando. Él Chagüis llegó madreado, contando que al Pepín, el sobrino de Briseño, el de la carnicería, lo apañaron los tiras y se lo llevaron a los separos.” (p. 113) 

-        El que me hizo esto – dijo, y señaló su boca con la misma mano que sostenía el cigarro. Una mota de ceniza cayó sobre su camisa- . Fue un pinche chamaquito con una caguama. Un pinche escuincle ñengo como de doce años. Estaba yo en la costera, chupando con unos valedores, ya sabes, cada quien en su pedo, cada quien escuchando su música, u de pronto a un cuate que estaba ahí al lado se le botó la canica y nos armó la bronca. Ya os íbamos a dar el tiro cuando de la nada llega esta pinche chamaquito loco que nadie había visto y que le revienta la botella en la cara a mi vale, y luego se me fue encima a mí con el pico.” (p 224)

 

Un libro que al margen de estas pequeñas dificultades se disfruta de principio a fin. Evidentemente, tengo la impresión de que al tratarse de un primer trabajo está menos depurado que los libros posteriores. De hecho es bastante más extenso y, creo, que le sobra alguna página sobre todo en la parte central, pero sigue siendo tan recomendable como los otros.

Melchor es una gran escritora y espero que pronto aparezca un nuevo texto suyo.

Hay una muy buena y completa reseña de Karen Mercado en criticismo.com.

 

Fernanda Melchor, Falsa liebre.

 

 

 

 

martes, 26 de octubre de 2021

Sigue la racha con Melchor


En apenas dos meses he leído los tres libros que se han publicado en España de esta magnífica escritora mexicana, lo que indica lo mucho que me han ido gustando, e impactando, los que iba leyendo. La culminación es esta de hoy que es el último publicado hasta ahora y, al menos en mi opinión, el mejor que ya es decir dada la enorme calidad de los anteriores.

Melchor tiene varias cosas que hacen tremendamente atractiva la lectura de sus libros: los temas que toca, los personajes que crea y el lenguaje que utiliza. Sobre esto dice Montuenga en su muy buena reseña en unlibroaldia.blogspot.com:

 

“(…) su prosa es rica, compleja, descriptiva, colorista, arraigada a la tierra y llena de matices. La impresión de autenticidad se consigue gracias tanto a vulgarismos y expresiones populares como a un dominio excepcional del idioma, (…)”

 

A lo que yo añadiría simplemente lo bien adaptada que está a cada uno de su personajes, tanto que siendo una novela narrada en tercera persona, se tiene a veces la impresión de que es Polo, su principal protagonista, quien la narra precisamente por el lenguaje que utiliza Melchor.

En una novela de 158 páginas, y teniendo en cuenta la historia que narra, apenas se puede hablar de su contenido porque se corre el riesgo de destripar aspectos fundamentales. Sí se puede decir que está dividida en tres partes. En la primera, vemos la relación entre el Gordo, un joven de buena familia que vive en la urbanización Páradis, y Polo, que trabaja como jardinero en la urbanización. Nos enteramos de cómo se conocieron y cuáles son las pretensiones del primero. La segunda está casi exclusivamente centrada en Polo y en la relación con su abuelo, su prima Zorayda, su especie de primo Milton y algo, poco, con su madre. En la tercera vuelven el Gordo y Polo. En la narración, sobre todo en la segunda parte, Melchor vuelve de vez en cuando hacia atrás en el tiempo para darnos a conocer algunas cosas de los personajes.

Es cierto que dicho así no parece gran cosa, pero puedo asegurar que a medida que se avanza en la lectura esta se hace cada vez más intensa y resulta difícil dejar el libro. Este carácter casi hipnótico de la escritura de esta autora creo que es una de sus señas de identidad, como lo es también el dar una visión de su país bastante negativa sobre todo por las enormes diferencias sociales que existen.

No me atrevo a decir mucho más del libro. En la reseña citada hay algo más de información aunque siempre evitando el spoiler.

Para finalizar el comentario reproduzco un fragmento que da una idea de lo precisa que es la prosa de Melchor y de lo bien que caracteriza a sus dos protagonistas:

 

“ (…) al bato todo se la hacía fácil porque tenía la suerte de ser medio güero, pálido como fantasma a pesar del sol de la costa, con ojos bordeados de espesas pestañas soñadoras y una mata de cabello ondulado que el bato siempre se estaba quitando de la frente con gesto de galán de telenovela, mientras que Polo, bueno, Polo era prieto, no  había otra manera de decirlo, y feo como pegarle a Dios en la cara, decía su madre –y eso que se parecían un chingo- y había nacido con una mirada torva que claramente lo delataba como alguien que carecía de una meta en la vida”. (p. 85-86)

 

Absolutamente recomendable, y hasta creo que podría decir que imprescindible, porque no hay hoy por hoy muchas narradoras que sean capaces de manejar tan bien el lenguaje y de contar historias tan crudas. Obviamente, también son muy recomendables los otros dos libros ya publicados en España.

Por cierto, se me ha olvidado decir que hay muchas palabras que no conozco. Algunas las he entendido por el contexto y de otras me quedo con la sonoridad y la fuerza aunque no sepa del todo lo que significan.

 

Fernanda Melchor, Páradais.

 

lunes, 6 de septiembre de 2021

Crónicas mexicanas


Hace apenas tres semanas dejaba el comentario del primer libro que leía de esta escritora mexicana que descubría en ese momento, y ya estoy con el segundo leído y el tercero entre los pendientes de lectura. Está claro que es una escritora que atrapa tanto por el fondo como por la forma.

Es este libro recoge doce crónicas y relatos que escribió entre 2002 y 2011, esto es, entre sus ¡veinte! y sus treinta años. De los doce ninguno tiene desperdicio, sean más cortos o más largos, más realidad o con algo más de ficción, lo cierto es que Melchor sabe dotarlos de tal fuerza e intensidad que hay que leerlos poco a poco y dejar que vaya sedimentando lo que se está leyendo.

Dice la autora en la nota que precede a los textos:

“Sé que la subjetividad humana es quizás el campo menos periodístico que puede existir, y que algunos de mis relatos corren el riesgo de aparecer, a pesar de este chorro mareador, como ficciones. No me queda sino asegurarle al lector que mi intención al escribirlas fue siempre la de relatar una historia con la mayor cantidad posible de detalles y el menor de ruido, que las palabras que utilizo provienen del conocimiento íntimo de mis informantes, de la explotación total, a veces despiadada, de sus percepciones, y, por supuesto, de mi propia participación en los hechos y lugares descritos”. (p. 11-12) 

Aparece ahí una idea que creo fundamental a la hora de analizar la obra. Me refiero al lenguaje que utiliza y sobre todo a cómo sabe recrear el lenguaje popular; bien sea por sus “informantes” o por su “propia participación” en los hechos, lo cierto es que me parece algo muy definitorio de la obra de Melchor y, desde luego, de los textos que aquí se recogen. Eso sí, hay momentos en que no resulta fácil entender lo que se dice, pero no importa por la fuerza que tienen las expresiones.

Los temas de las diferentes crónicas  son muy variados aunque predominan los que deben de ser más habituales en la Veracruz en la que se desarrollan: droga, violencia, machismo, corrupción policial, justicia deficiente, etc. Para ello cuenta historias como la de una avioneta de narcos que confundieron con un ovni; la llegada de unos emigrantes al puerto de Veracruz creyendo que llegaban a Miami (en la que da título al libro); la terrible historia de Evangelina Tejada y cómo fue contada por la prensa; un linchamiento que terminó quemando vivo al linchado o todo el proceso de un exorcismo en el relato más largo del libro.

En fin, todo un muestrario de horrores tratados siempre con una escritura muy directa, carente de adornos y, como decía antes, utilizando mucho el lenguaje de la calle. Un libro muy recomendable.

Hay una reseña de Miguel Ángel Gómez Reyes en tierraadentro.cultura.gob.mex muy completa en la que se cuentan más cosas del contenido de algunos capítulos, y otra también interesante de Francesc Bon en unlibroaldia.blogspot.com.

 

Fernanda Melchor, Aquí no es Miami.

 

 

 

sábado, 14 de agosto de 2021

Gran descubrimiento de escritora mexicana


Como decía en una entrada reciente, una de las maneras de conocer obras o autores es a través de informaciones que oigo en la radio. Así he conocido a esta escritora mexicana pero no precisamente por esta novela sino por Páradais, la última que ha publicado. Lo lógico hubiera sido, como hago tantas veces, empezar por esta y luego si me interesaba ir leyendo libros anteriores, pero como pude adquirir el que ahora comento al mismo tiempo he preferido seguir el orden cronológico de la publicación. No sé qué tal será la última, quien la comentó en la radio la puso por las nubes, pero sí puedo anticipar que esta Temporada de huracanes es una de las mejores novelas que he leído en los últimos tiempos.

La novela comienza con unos niños que encuentran un cadáver en un río, pero no se trata de una novela policiaca ni de un thriller. A partir de ese hecho, en los siguientes seis capítulos vamos a conocer aspectos de la vida de la muerta, La Bruja, y de los diferentes personajes que han tenido que ver con su muerte. La novela funciona así como un conjunto de relatos que tienen en común la participación más o menos activa en esa muerte.

Un elemento fundamental de la historia es el lugar en el que se desarrolla: un pequeño pueblo en el estado de Veracruz. Una población de gente bastante pobre, desarraigada y cercana a la marginalidad. Un mundo de gran dureza y por momentos extrema violencia en el que el machismo y la homofobia son la norma y no la excepción; en el que el sexo y las drogas son dos de las formas de escapar y la prostitución una forma de supervivencia económica. Un mundo donde el aborto se practica con brebajes que están a punto de acabar con la vida de quien lo practica y donde existe el “promotor del voto”.

Pues bien, la gran virtud de Melchor es, además de imaginar ese conjunto de historias y de personajes, ser capaz de dar con el lenguaje adecuado para cada uno de ellos. En el libro no hay ningún punto y aparte y apenas puntos. Está construido a base de frases larguísimas que, sobre todo al principio, no siempre son fáciles de seguir máxime si el lector no es mexicano puesto que emplea gran cantidad de modismos de los que  muchos se entienden por el contexto y otros, aunque no se sepa muy bien lo que quieren decir, no importan demasiado para entender la historia.

Estamos ante una novela en la que lo que importa no es la trama, sino la narración y la forma en la que la autora ha construido la historia para hacernos ver una realidad que, por la forma en que la refleja, supone también de alguna manera una crítica a cómo las instituciones del país dejan que algo así exista. Y, desde luego, ante una novela que va directa al hígado del lector que no puede permanecer indiferente ante las situaciones que se narran. (Menos mal que solo tiene 200 páginas).

Como dice en su reseña para elclaustro.edu.mex Silvia Andrea Castelán:

“Con cada relato embadurnado de un diferente hedor rasposo, Fernanda Melchor entierra un embudo por el que traspasa en un dos por tres un licuado de imágenes palpables y sumamente potentes directamente a nuestros cogotes. La autora no pasa por alto la oportunidad de echar un poderosísimo laxante que es el de retratar con toda la fidelidad que su pluma le permite la realidad de un país enquistado en la violencia e impunidad. Y vaya que el laxante funciona”. 

A mí esta lectura me ha recordado la también bastante reciente de Panza de burro de la escritora canaria Andrea Abreu tanto por el ambiente en el que se desarrolla como sobre todo por la importancia que se da al uso del lenguaje. Abreu ha hablado de hiperrealismo para describir tanto su obra como la de otras autoras entre las que sin duda debe estar Fernanda Melchor. Por cierto que comentando esto en casa, mi mujer, profesora de lengua y literatura, me ha dicho que algo así es lo que siempre se ha llamado naturalismo.

Ahora dejar pasar un poco de tiempo para leer ese Páradais que tanto promete.

Hay también otra interesante reseña de Selene Mazón en gatopardo.com.

Fernanda Melchor, Temporada de huracanes