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miércoles, 4 de diciembre de 2024

Desmontando errores

 
Hace ya quince años que me jubilé de la profesión de enseñante, la verdad es que, a pesar de tener un hijo en edad escolar durante todo este tiempo, me he desvinculado bastante de todos los temas teóricos que hacían referencia a la enseñanza. Sin embargo, de vez en cuando en twitter sí que he asistido, e incluso participado en alguna ocasión, en polémicas fomentadas por un grupo que desde la izquierda (o, como se suele decir, desde el rojipardismo) tiene unas posiciones que me parecen bastante fuera de la realidad. En este contexto me llamó la atención este librito por su sugerente título.

Sus autores han dividido el texto en seis apartados que esquemáticamente son: Nivel y exigencia, Esfuerzo y talento, Recursos y financiación, Segregación, Ideología y libertad y Política educativa.

Y dentro de cada uno de ellos van desmontando los errores (fakes) que circulan en diferentes lugares y desde diferentes posiciones políticas, sociales, culturales o mentales.

Reproduzco a continuación uno de cada uno de los apartados para dar una idea de por dónde va el libro:

 

"La reciente caída de los resultados educativos está causada por las últimas reformas legislativas.

Los resultados académicos dependen del esfuerzo y el talento individual.

La educación concertada es más eficiente que la educación pública.

Separar al alumnado por rendimiento académico mejora los resultados.

La escuela pública adoctrina y la privada promueve la libertad de pensamiento. 

En España existen diecisiete sistemas educativos diferentes".

 

Evidentemente, en un conjunto tan extenso de temas, y más sobre algo tan en cuestión siempre como es la educación, los hay que están más documentados por la existencia de trabajos de investigación, y otros que se basan más en la experiencia y el trabajo de los autores.

Reconozco que estoy básicamente de acuerdo con la inmensa mayoría de lo que se afirma en el libro. Un libro, por cierto, que hay que leer poco a poco porque, no siendo difícil el lenguaje y estando expuestos los temas con bastante claridad, puede resultar un tanto pesado si se le dedica mucho tiempo seguido.

Recomendable lectura para profesionales y personas interesadas en el tema, no tanto para el público en general.

 

Jesús Rogero y Daniel Turienzo, Educa Fakes. 50 mentiras y medias verdades sobre la educación española.

 

lunes, 22 de abril de 2024

Curioso y, puede ser, útil


Es curioso que he leído este libro cuando hace ya quince años que di mi última clase. Me llamó la atención el hecho de que se tratase de dar una “buena clase” y por eso me pareció interesante contrastar lo que planteaban con algo de mi experiencia.

Los autores son dos profesores universitarios, uno de la Complutense y el otro de la Rey Juan Carlos y eso se nota en muchas de las cosas que dicen en el libro. Un texto que tiene, en mi opinión, como principal problema el centrarse casi exclusivamente en la clase magistral y en la idea del profesor como “transmisor” del conocimiento, algo que en mi experiencia como profesor de secundaria tiene solo una utilidad muy limitada.

No obstante, hay varios aspectos, reflexiones y recomendaciones en el libro que son interesantes y que pueden ayudar a analizar críticamente la experiencia del que  lo lea.

Reproduzco de forma sintética los principales epígrafes del índice:

¿Por qué no es fácil dar una buena clase? Tú, Ellos, Nosotros,

Antes de la clase. Formación. Planificación.

Durante la clase. Captar la atención. Mantener la atención. Aliados y, sin embargo, enemigos.

Durante la clase online.

Después de la clase.

Como se puede apreciar se tratan todos los elementos y aspectos de una clase, de ahí el interés del libro a pesar de la limitación mencionada.

Me han gustado especialmente un par de cosas. Por un lado, los diferentes papeles del profesor como son: actor, jefe, policía, juez, mentor, etc. Por otra parte, dentro del papel de jefe, las críticas que hacen los no profesores a sus jefes como, entre otras: soberbia, falta de empatía, indecisión, irresponsabilidad, injusticia o mezquindad.

Desde otro punto de vista, me ha llamado la atención que dediquen un espacio a criticar la “gamificación” en la ¡universidad! No me imagino cómo se pueda estar utilizando esta.

En fin, un libro que puede resultar interesante en aquellas partes que no se refieran de forma estricta a la clase magistral y al papel del profesor como transmisor, algo que, aunque hay cierto sector del profesorado que lo defiende encarnizadamente, creo que no es demasiado útil para otras etapas de la enseñanza distinta de la universitaria.

Incluso para esta etapa yo tuve alguna experiencia muy enriquecedora cuando cursaba cuarto curso de la licenciatura de Historia que no se limitó a este tipo de enseñanza. Me dio clase don José María Jover Zamora que dedicaba una hora a la semana a la clase magistral y el resto hacíamos trabajos muy interesantes dirigidos por sus ayudantes. Era 1980 y es la vez que más aprendí.

 

José Cabeza y Salvador Gómez, Cómo dar una buena clase.

 

 

domingo, 18 de febrero de 2018

Artículos interesantes

Esta semana hay una variedad de temas mayor de lo habitual.

Ignacio Sánchez-Cuenca, del que esta semana comentaré su último libro en el blog, se despacha con un curiosos e interesante artículo sobre los pianistas de jazz. Dado que el jazz es la música que escucho a diario y el piano mi instrumento favorito, se explica bien que lo recomiende. (ctxt.es)

El artículo sobre política más interesante que he leído me parece, como es algo más que habitual, el de Josep Ramoneda. (elpais.com)
(Hago la aclaración de que no es que lea ese diario sino que busco los artículos de este intelectual.)

El gran tema de la semana que, en el fondo, lo ha sacado el PP con dos motivos bien espurios ambos, es la idea de aprovechar el 155 para que los padres puedan elegir la lengua vehicular de enseñanza de sus hijos. Esos dos motivos son: por un lado, intentar recuperar  la iniciativa ante Ciudadanos y de paso mostrarse fuerte ante los que defienden que se aplique la estaca en Cataluña.

Sobre el tema de la inmersión lingüística hay un magnífico escrito por lo clarificador que resulta y lo documentado que está de Eduard Vallory. (politikon.es)

Desde otra perspectiva también ha entrado en el tema Elisa Beni. (eldiario.es)

También trata sobre la enseñanza, pero en este caso sobre la función dentro del capitalismo la entrevista de Eduardo Azumendi con Christian Felber. (eldiario.es)

domingo, 21 de febrero de 2016

Artículos interesantes

Buena y oportuna  reflexión de Josep  Ramoneda sobre la nueva importancia del Parlamento y, lo mejor, sobre la Transición.  (El País)

Luis Arroyo, que no sé si sigue siendo el experto de comunicación que aconseja a Sánchez, escribe de nuevo contra Podemos y diciendo alguna que otra obviedad. Merece la pena ver cómo argumenta este tipoi de "analistas". (infolibre)

Félix Ovejero también carga contra Podemos de una forma más filosófica y con una "gran" párrafo final. Tampoco sé si el autor sigue siendo colaborador del PSOE. Por cierto, su artículo está dentro de una serie titulada: El estado de ánimo del país, aunque realmente debería ser de El País. (El País)

Milagros Pérez Oliva escribe sobre la segregación en la educación a partir de recientes estudios hechos en Cataluña. Muy interesante. (El País)

jueves, 19 de diciembre de 2013

Alegato en defensa de lo público


 
Conozco a Losada desde hace mucho tiempo por sus intervenciones en diferentes tertulias de radio. Siempre me han parecido interesantes sus reflexiones y su combate en defensa de lo público y de políticas progresistas. Este libro es una peldaño más y muy importante en esa trayectoria.
Defensa de lo público y denuncia del ataque a que está siendo sometido por parte del neoliberalismo corsario, del burócrata corsario, de la austerocracia, etc, que son diferentes formas que usa el autor para denominar a quienes no buscan sino desprestigiar lo público para así poder privatizarlo mejor.
Por sus páginas pasan un montón de personajes que han hecho de la privatización de la sanidad, la educación o las pensiones su razón de ser profesional y/o política. Losada va desgranando los argumentos utilizados y mostrando cómo no responden a la realidad de los números. Evidentemente, en este aspecto hay que tener en cuenta que las estadísticas y las cifras suelen decir muchas cosas según quien las utilice y Losada no es, ni tiene por qué serlo, neutral.
Me ha gustado muy especialmente el análisis que hace de alguno de los datos del Informe PISA (será por deformación exprofesional) y también el planteamiento sobre el predominio de las ideas de la derecha en el debate actual. Hace tiempo que vengo observando y comentando cómo en las estanterías de las librerías hay una mayoría de libro de autores de la derecha e incluso, dentro de ella, de la parte más rancia.
En palabras del autor: “La derecha ataca sin complejos y la izquierda insegura se justifica. Ésa ha sido y es la dinámica básica del debate político en España durante estos últimos años”. (p.311)
En el apartado final se dedica a hacer una serie de propuestas para una reformulación de lo que debería ser la política en general y la de izquierdas, en particular, pero que tiene la gran pega, como casi siempre en estos temas, de no saberse quién ni cómo podrían llevarlas a acabo.
No quiero terminar el comentario sin incluir las últimas palabras del libro. “Pero aunque cansados, desengañados e indignados, seguimos siendo muchos quienes creemos que somos responsables de que nadie caiga abandonado a su  suerte. Somos muchos lo que no queremos vivir en ese país de la libertad bajo precio, la justicia divina y la falta de piedad que nos promete el neoliberalismo corsario. Al menos conservemos esa elegante esperanza”. (p.352)
Que así sea.
Obviamente, por lo dicho hasta aquí un buen libro para quienes quieran pertrecharse de argumentos para defender lo público. Eso sí, hay que tener un poco de paciencia porque las primera cien páginas son un poco pesadas y, a veces, es un poco redundante, pero merece mucho la pena.
 
Antón Losada, Piratas de lo público. El neoliberalismo corsario al abordaje del Estado del Bienestar. Una defensa sin complejos del sistema público
 

 

         

viernes, 22 de marzo de 2013

Interesante para el debate sobre la enseñanza

Enrique Moradiellos se atreve con un tema central en el proceso de la enseñanza. Creo que en algún momento es demasiado exagerado en sus afirmaciones, pero está bien plantear así las cosas después de tanto tiempo en otra línea. Me parece que esta vez, y sin que sirva de precedente, la virtud está más en el centro.

martes, 13 de noviembre de 2012

Una reflexión sobre el estudio de la historia

“La Historia es el producto más peligroso que la química del intelecto haya elaborado jamás. Sus propiedades son harto conocidas. Hace soñar, enardece los pueblos, les engendra falsas esperanzas, exagera sus reflejos, mantiene sus antiguas heridas, les atormenta en su reposo, les conduce al delirio de grandezas o al de las persecuciones y hace que las naciones sean amargas, soberbias, insoportables y vanas. La Historia justifica todo lo que se quiere. No enseña rigurosamente nada ya que lo contiene todo y de todo da ejemplo."
Cita de Paul Valery en
Carles Trepat, Procedimientos en historia
 
Y más nos valdría aprender a hacer el amor correctamente que devanarnos los sesos delante de un libro de historia.
Boris Vian, La hierba roja
 
 “Sobre la experiencia humana: la historia enseña que el hombre no aprende nada de la historia.” “Pues ya enseña algo.” “Y ¿quiere que le diga lo que pienso yo? Que el hombre es el único animal capaz  de creer que está construyendo el paraíso aunque se esté destruyendo a sí mismo.
Juan Iturralde, Días de llamas
 
Con el tiempo, lo ocurrido entra en la categoría de lo inventado. La Historia es un género literario.
Adolfo Bioy Casares, De jardines ajenos.
 
 
 
Dos son los motivos que me llevan a hacer estas reflexiones sobre la historia y su enseñanza. Por un lado, la insistencia de las autoridades académicas, en este caso el actual ministro, en asignar a la escuela, y más en concreto a lo que en ella se enseñe de la historia, el papel de fomentadora de identidades nacionales. Por otro, la ley que se está preparando en esta comunidad autónoma que incluye la prohibición a los profesores de que expresen opiniones políticas.
Organizaré el texto en torno a una serie de observaciones.
 
Primera. El nacionalismo usa y abusa de la historia. Es evidente que todo nacionalismo tiene como punto de partida una visión de la historia de la nación que, además, suele consistir en recalcar aquello que la diferencia de otras, y en ensalzar los grandes momentos de esa historia ocultando en lo posible los peores. A partir de ahí, y como un buen método de buscar la cohesión nacional y la identificación de los ciudadanos con esa historia, se impone su estudio en la escuela durante varios cursos y de una forma acrítica. En este sentido, siempre me resultó sorprendente el caso de Argentina donde los dos siglos de existencia de la república se estudian con una prolijidad, en mi opinión, digna de mejor causa.
Así pues, el estudio de la historia del país se ha utilizado casi siempre con una finalidad “política” y no como mero conocimiento de hechos pasados.
 
Segunda. Lo sucedido en España en particular también ha tenido y tiene mucho que ver con ese tipo de objetivos. No conozco bien los contenidos de la asignatura en los territorios que han tenido grupos nacionalistas ejerciendo el poder, pero sí conozco lo que se ha pretendido hacer a nivel estatal. Hasta hace unos años en segundo de bachillerato se estudiaba en una asignatura la historia de España en los siglos XIX y XX. Era muy interesante porque permitía que los alumnos pudiesen empezar a entender cosas que pasaban en el país. El gobierno del PP decidió que así no se conseguía que tuviesen una idea adecuada de la historia total de la “nación” española, que para eso hacía falta un recorrido a través de toda la historia y la asignatura se convirtió en la tradicional historia de España que se estudiaba en 3º de BUP, abarcando desde Atapuerca hasta los momentos actuales. El objetivo perseguido no era, pues, otro que la asunción por parte de los alumnos de una visión de país conformado desde hace siglos y con una tradición común a todos sus habitantes.
Es seguro que algo parecido ha pasado en Euskadi y Cataluña.
 
Tercera. El problema surge cuando uno se enfrenta como profesor de historia a qué hacer, para qué enseñar historia, cómo enseñarla, en fin, cuando uno se plantea el objetivo de lo que hace con una materia tan sensible a diferentes manipulaciones.
En mi caso siempre tuve claro que no me importaban especialmente los conocimientos que mis alumnos extrajesen del estudio de esa asignatura. Ni  muchos menos pensar en ningún tipo de identificación nacional ni identitaria. Lo importante era que aprovechasen algunas de las virtualidades que tiene el estudio de una materia como ésta y que son, entre otras: desarrollar las capacidades de relación y comparación, aprender a analizar procesos complejos separando para ello los distintos elementos, iniciarse en la elaboración de síntesis tras el correspondiente análisis, practicar la lectura comprensiva de textos de cierta dificultad, iniciarse en la comprensión de estadísticas, gráficos, …  y así podría seguir poniendo una serie de capacidades que, como se puede apreciar, corresponden a lo que los pedagogos llaman procedimientos.
Como se puede apreciar, todo lleva a la consideración de asignatura instrumental.
 
Cuarta. He iniciado muchos cursos de historia haciendo copiar a los alumnos dos posibles definiciones de historia que son: “Historia es la sucesión de los sucesos sucesivamente sucedidos” e “Historia no es saber todo de todo sino aquello de lo que todo depende”. Efectivamente, parecen dos trabalenguas pero, claro está, distan mucho de serlo. Al mismo tiempo les advertía de que la primera no era la que me gustaba, que se olvidasen de esa forma de entender la materia, que se planteasen desde el principio que lo importante era ir descubriendo los entresijos que están tras los hechos.
Con dicho planteamiento no podían esperar que yo les “contase” la historia, que ésta no era un cuento, que eran ellos los que tenían que ir descubriendo cosas a través de los mecanismos que iríamos trabajando en clase.
He de reconocer antes de seguir que una cosa era mi planteamiento de lo que pretendía, y otra muy distinta lo que terminaba muchas veces haciendo y lo que conseguía de los objetivos propuestos, pero, en cualquier caso se ve de nuevo que se trataba de algo diferente a la mera acumulación de conocimientos e informaciones.
 
Quinta. No ha aparecido hasta ahora de forma explícita, aunque creo que fácilmente se puede deducir de lo dicho, que no creo demasiado en el carácter científico de los estudios de historia. Es una pretensión a la que se han dedicado muchas páginas, pero basta leer la mayor parte de los textos que se han escrito particularmente si hablan de un período conflictivo (revoluciones francesa o rusa, guerra civil española, etc) para darse cuenta de lo lejos que está de ello. A lo más que se puede aspirar es a intentar una mínima objetividad o, al menos, evitar lo máximo posible la tendenciosidad.
 
Sexta. En relación con lo que acabo de comentar, está claro que el máximo peligro es dedicarse al adoctrinamiento sea éste en la doctrina que sea. No hay adoctrinamiento bueno aunque sí haya doctrinas (o ideologías) mejores que otras. Los alumnos deben llegar por sí mismos a las conclusiones que les parezcan más adecuadas.
En este sentido, insisto en la perversión que supone el uso de los estudios de historia para lograr objetivos de tipo ideológico o político.
 
Séptima. Viene muy a cuento en este momento comentar lo que parece un intento de evitar que los profesores en general puedan opinar a través de una nueva ley autonómica sobre el papel del profesor y su autoridad. De todo lo dicho hasta ahora se puede concluir que no existe una única visión de la historia, que las diferentes versiones responden en la mayoría de los casos a la ideología de los autores, que incluso los que siguen teorías positivistas y, por lo tanto, aparentemente objetivas y distanciadas, eligen las cuestiones y soslayan las controvertidas, en definitiva, que quien estudia historia lo hace a través de unos textos que no son, en el mejor de los casos, del todo neutrales, objetivos o como se quiera decir. A partir de esa constatación, uno de los trabajos del alumno, con la ayuda del profesor, debería ser averiguar qué hay detrás de los distintos textos para así poder entender mejor lo leído. Evidentemente, esto requiere opinar y se opina siempre desde la perspectiva ideológica de cada cual. Un ejemplo creo que bastará para ilustrar tan largo párrafo: ¿será lo mismo leer la historia de la guerra civil española de Jackson, la de Bolloten, la de Tuñón de Lara o la de Pío Moa? Habrá que opinar sobre cuál refleja mejor los datos de lo sucedido, sobre cuál fuerza más las situaciones para acercarlas a sus posiciones de partida, Habrá, pues, que hacer una lectura que no tiene otro nombre que ideológica y en última instancia política.
En este sentido, bien al contrario de los que se pretende regular,  lo más adecuado sería que el profesor explicitase de alguna manera su ideología para que los alumnos tuvieran claro desde dónde se hacen determinadas afirmaciones.
 
Termino aquí estas incompletas, aunque excesivamente largas, observaciones con dos afirmaciones a modo de conclusión: por un lado, se debe estudiar historia, pero siempre lo que se llama historia universal, es decir, se debe conocer lo que los hombres han hecho para enfrentarse a la naturaleza, organizarse en comunidad, desarrollar sus facultades intelectuales y artísticas, etc, y, por otro lado, se debe aprovechar este estudio para desarrollar un conjunto de capacidades que sirvan para enfrentarse mejor a otros tipos de conocimiento y. de ser posible, entender un poco mejor el mundo actual que es, o al menos debería ser, la pretensión de la enseñanza de las llamadas Ciencias Sociales.
 

 

 

viernes, 19 de octubre de 2012

Educación e identidad nacional

Un breve, pero gran artículo de Joan B. Culla sobre la pretensión del señor Wert de españolizar a partir de la escuela.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Útil libro para padres y educadores


Es interesante apreciar cómo, en un pequeño librito de poco más de 100 páginas, el autor ha sido capaz de sintetizar, explicar, poner ejemplos, etc de una serie de temas de gran utilidad para profesores y padres. A mí, realmente, en esta segunda faceta de padre me ha resultado clarificador en algunos temas. Así, las diferentes formas de pensamiento o los estadios del crecimiento moral, me parecen dos aspectos que están especialmenyte bien tratados en el libro.
En definitiva, un libro muy recomendable que seguro que en sucesivas lecturas ofrece otras perspectivas también interesantes. Algunos temas se pueden completar con la bibliografíamuy bien seleccionada que ofrece.
Por cierto que el subtítulo es engañoso.

Manuel Segura, Enseñar a convivir no es tan difícil. Para quienes no saben qué hacer con sus hijos o con sus alumnos.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Sobre educación

Buen artículo de Santos Juliá sobre la educación y lo que está pasando en Madrid, y otro sobre la enseñanza pública por alguien que da clase en la concertada.

viernes, 1 de julio de 2011

Buen tema para la polémica

Interesante reflexión sobre la bondad o no de la segregación en la educación. Estoy de acuerdo con el autor. Es lo que he defendido en mi época de profesor aunque por mera intuición.

Publico también el artículo de César Molinas citado por el autor.

martes, 3 de mayo de 2011

Escritos sobre la educación.

Algunas reflexiones sobre la profesión de profesor


Hace unos días estuvo de moda hablar y escribir de la profesión de enseñante por parte, sobre todo, de gente que no se dedica a ello. Surgió el tema a raíz de una propuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid para considerar a los profesores como agentes públicos. Posteriormente la ha completado con la posibilidad de poner tarimas en las aulas y, esto a criterio de los centros, que los alumnos se pongan en pie cuando llegue el profesor para iniciar una clase. El objetivo que está detrás de estas medidas es mejorar la disciplina en los centros de enseñanza.

Es evidente que en los últimos años, tras la entrada en vigor de la LOGSE, los temas disciplinarios han pasado a considerarse el problema principal de un centro de enseñanza. Hay muchas causas que ayudan a explicar este fenómeno, pero quizás la principal sería la obligatoriedad hasta los 16 años. No obstante, no quiero en estas reflexiones centrarme en estos aspectos de la profesión por muy importantes que sean. Me gustaría plantear el tema de otra forma sobre todo para que podáis hacer vuestros comentarios.

Veamos. La profesión de profesor de enseñanza secundaria no se enseña en ningún centro universitario. Se exige una licenciatura y haber cursado un llamado CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) que no sirve prácticamente para nada, ni siquiera en su parte de prácticas. Por lo tanto, todo profesor es en un tanto por ciento elevadísimo un autodidacta y, además, utilizando de forma consciente o no el método de prueba y error. Y aquí es donde aparece la idea que, desde hace unos años, tengo en mi cabeza, esto es, que la clave para ser un profesor mínimamente válido consiste en, parafraseando a Jane Austen, tener Sentido (común) y Sensibilidad.

Sentido (común). Como habitualmente se dice no es el más común de los sentidos. La clave: no hacer extravagancias ni cosas raras. Saber lo que los alumnos tienen que aprender y buscar poco a poco la mejor forma mejor para que lo consigan, teniendo siempre presente que es el alumno el que aprende y no tanto el profesor el que enseña.
¿Qué hay que evitar? El exceso de presión y también la excesiva relajación, el estar permanentemente hablando (“explicando”), el agobiar con un exceso de tareas, el no corregir las tareas encomendadas, el tardar quince días en corregir los exámenes,…

Sensibilidad. Ser capaz de ponerse en el lugar del otro, del alumno. Respeto, y cuando digo respeto no me refiero sólo a su aspecto formal que es, evidentemente, muy importante, sino también respeto intelectual, esto es: el alumno es capaz de entender y aprender un montón de cosas y, además, de hacerlo de una manera inteligente y no meramente repetitiva. Hay que facilitarle los aprendizajes pero no quitándole todas las barreras. El esfuerzo intelectual es lo que más nos ayuda a aprender.

A todo esto hay que añadir algo muy importante: la autocrítica por un lado y, por otro, la búsqueda de las críticas ajenas tanto de compañeros como, sobre todo, de alumnos. Éstas se están perdiendo en los últimos años y los mismos alumnos son cada vez menos capaces de hacerlas por falta de hábito.

Si un profesor cumple mínimamente con lo anterior tendrá la suficiente autoridad en el aula como para poder cumplir su función. En el tema del profesor como agente de la autoridad se ha tendido a confundir la autoridad con el poder. El profesor necesita tener la autoridad moral sobre lo alumnos y, sólo en casos muy excepcionales, el poder sobre ellos.
En otro orden de cosas y para concluir. Es cierto que la educación de los alumnos es una función principalmente de su familia y así tiene que ser. Ahora bien, también en un centro de enseñanza se establecen aprendizajes educativos tanto en la dinámica de funcionamiento del centro como del aula. Un profesor también educa y no lo hace por lo que dice sino por lo que hace. El profesor es un modelo y, como tal, lo puede ser tanto en lo positivo como en lo negativo.


Algunas ideas sobre la profesión de alumno.

Lo primero, una justificación del título. Hace ya muchos años que en algún momento del curso les decía a los alumnos que esa era precisamente su profesión, es más, que por ella recibían un sueldo que, además, no era demasiado malo. Caras de incredulidad, gestos de desaprobación, etc. Tras ello pasaba a justificar mi afirmación. En un instituto como el de Calvià con unos 700 alumnos y más de 100 profesores, y sin considerar todo aquello que sería preciso para llegar a la cifra exacta, se puede decir sin temor a equivocarse demasiado que cada alumno le cuesta a la administración una cifra entre 5.000 y 6.000 euros. Bien, pues ese es vuestro sueldo, les decía; lo que sucede es que lo cobráis en especie. “Pues a mí que me lo den en mano” saltaba el típico graciosillo.

Efectivamente, el coste de un alumno en la enseñanza secundaria resulta ser bastante elevado y de ahí que haya que exigirles que lo aprovechen el máximo posible. En este sentido, considerarlos como profesionales de la enseñanza creo que es lo más adecuado. Y ¿qué implicaciones tiene esto? En principio, las de cualquiera otra profesión.

Veamos. Lo primero y principal aunque no lo más importante: acudir a su puesto de trabajo y hacerlo con la puntualidad y el aseo debido. A continuación, tratar a sus compañeros y a sus “jefes” con el mismo respeto que para él desearía. En tercer lugar, cumplir con las tareas que le sean encomendadas a lo largo de la jornada laboral que, en el caso de estos profesionales como en de muchos otros (médicos, abogados, profesores,…), no es sólo el tiempo que están en el centro de trabajo. Para algún sociólogo de la educación éste es, bien que de forma larvada, el objetivo principal que la sociedad otorga al sistema educativo.

Estos serían los aspectos básicos. Ahora bien, exactamente igual que en la realidad laboral, en esta profesión además del sueldo base existen algunos pluses, el principal de los cuales es el de productividad que consiste en una mejor nota en las evaluaciones. A este plus todo el mundo tiene derecho y, por lo tanto, se deben dar en el aula las condiciones para que todo aquel que quiera pueda obtenerlo.

Hasta aquí hemos visto las principales obligaciones del alumno como “profesional”. No parecen demasiado difíciles de cumplir y, sin embargo, para un porcentaje cada vez mayor de estudiantes sí parece que cada vez les cuesta más trabajo cumplirlas. Esto nos lleva a hacer unas consideraciones complementarias.
La primera es que el esfuerzo, algo fundamental para seguir con aprovechamiento los estudios, ha dejado de ser algo valorado en nuestra sociedad y, desde luego, entre los jóvenes. Obtener la máxima satisfacción con el mínimo esfuerzo podría ser el lema para muchos de ellos. Y está muy bien si no se lleva hasta las últimas consecuencias de no hacer esfuerzos si la satisfacción no es inmediata como, por otra parte, sucede en el caso de los estudios. Muchas de las cosas que se estudian en la secundaria no parecen necesarias para nada en la vida y, sin embargo, la mayoría lo son aunque no se vaya a seguir estudiando.
En segundo lugar, los estudios, el conocimiento en definitiva, no aseguran ni mucho menos un mejor futuro económico (y yo diría que es bueno que sea así), pero mejoran nuestra calidad de vida en la medida en que nos abren muchas posibilidades “intelectuales” que sin las herramientas básicas que nos proporcionan no se podrían aprovechar.
Por último, hay un grupo de alumnos que, aunque no demasiado numeroso, queda al margen de todo lo dicho hasta ahora. Son los que, no sé si muy acertadamente, llaman objetores escolares, es decir, aquéllos a los que todo lo dicho hasta ahora les suena a música celestial. En este caso es muy poco lo que pude hacerse. Quizás, como parece que se plantea cada vez más la administración, buscar una cierta preparación para salidas profesionales pero que apenas tenga carga académica.


Algunas ideas sobre los padres y la enseñanza.

Hasta ahora he escrito unas reflexiones sobre los protagonistas directos de la enseñanza: profesores y alumnos. Llega el momento de hablar del papel de los padres.
Los padres juegan un papel principal en la educación de los hijos y otro secundario, aunque importante, en su enseñanza. Es una obviedad, que hay que repetir de vez en cuando, que la educación es obra y función principal, y por momentos exclusiva, de los padres (más adelante matizaré esta afirmación). Sin embargo, en lo se refiere a la enseñanza los padres pasan a ocupar un papel subordinado y, diría, de apoyo el centro educativo y a sus profesionales.
Son responsables a todos los efectos de la formación moral de sus hijos, de los valores que quieran aportarles, de los comportamientos que estimen mejores para ellos, de las actitudes que vayan adoptando ante la vida… En este sentido la escuela no puede tomar decisiones importantes. Ante todo se trata de cuestiones individuales que, además, nos diferencian como individuos. Hay un caso en el que, sin embargo, la escuela sí puede y debe tener una actitud activa. Me refiero a la formación en valores fundamentalmente sociales o, por decirlo de otra forma, en valores que surgen de nuestra convivencia y que están inscritos en nuestra Constitución. Se trata de solidaridad, tolerancia, comportamientos democráticos,…Algo de ello pretende la asignatura de Educación para la ciudadanía, aunque no creo que crear una asignatura ad hoc sea la mejor manera de educar en estos aspectos.
Pero volvamos al principio. ¿Cuál es el papel de los padres en la enseñanza de sus hijos? Decía antes que de apoyo de lo que se hace en la escuela. Me explico. El profesor, en principio y mientras no se demuestre lo contrario, siempre tiene la razón. Hace las cosas bien. Las hace, además, por el bien del alumno, pensando en su mejor aprendizaje y en su futuro. Si castiga lo hace con justicia. No existen alumnos a los que se tenga manía. No existen los enchufados. Las notas responden siempre aun criterio de objetividad contrastada… Y así podría seguir un buen rato exponiendo ideas en la misma dirección. Puede parecer una caricatura y, sin embargo, es lo que ocurre en la mayor parte de los casos. Exactamente igual que pasa con los padres y si no cambiad y donde pone profesor poned padres. ¿ no es acaso verdad en la mayor parte de las ocasiones? Claro que no siempre, que hay días en los que se regaña por cómo está uno y no por lo que ha hecho el hijo/alumno, pero eso no es lo habitual. Por tanto, es necesario que los padres apoyen a quien está haciendo lo mejor para el aprendizaje de sus hijos, incluso diría que en muchos casos aunque el profesor pueda estar equivocado. Si esto ha sido así siempre creo que, tal y como está el tema de la autoridad, ahora es más importante que nunca.
¿Qué otras cosas pueden hacer los padres? Desde luego estar en contacto permanente con el tutor. Debería tener una entrevista al menos cada trimestre para, por un lado, estar al tanto de la marcha académica de su hijo y, por otro, para que éste vea la preocupación de sus padres. En dichas entrevistas conviene hablar además de lo puramente académico, de aspectos como: el descanso, el ocio, la alimentación, la integración en el grupo,…pues todo ello es colabora en el proceso de enseñanza/aprendizaje.
Otro tema importante es el de la colaboración en las tareas que el hijo debe efectuar en casa. Evidentemente no todos los padres tienen la posibilidad de ayudar a sus hijos en ellas por carecer de los conocimientos necesarios, pero quienes sí los tienen deberían limitarse lo más posible ya que hay una tendencia inevitable, en quien no da clase, a sustituir al alumno y resolver los trabajos en lugar de favorecer que él lo resuelva.
En fin, una vez más se trata de practicar el sentido común y la sensibilidad



Sobre el fracaso escolar.

El 40% de los jóvenes de Baleares entre 18 y 24 años no habían terminado la enseñanza obligatoria ni seguían ningún tipo de formación en el año 2009. Esta cifra era del 31% para el conjunto de España. Estos son los datos del problema pues de un problema se trata. A ello se le podrían añadir los datos de los diferentes informes Pisa sobre la calidad del sistema educativo, en los que los alumnos españoles quedan siempre entre los últimos en los diferentes ítems. La dificultad surge a la hora de intentar averiguar las causas de este fracaso. Intentaré dar algunas ideas basadas en mi experiencia profesional de muchos años en la enseñanza, y para ello me centraré en los distintos niveles de responsabilidad.
En primer lugar, la Administración educativa tanto a nivel estatal, Ministerio, como Autonómico, Consejería. Para ello hay que remontarse unos cuantos años, justo hasta la aprobación de la LOGSE. Esta ley supuso una transformación enorme del sistema educativo. Centrándonos en lo que más afecta a nuestro tema (1) yo diría que en dos aspectos: obligatoriedad de la enseñanza hasta los 16 años y en régimen de enseñanza comprensiva, es decir, cursando todos los alumnos las mismas materias y en las mismas aulas, materias que fundamentalmente se basaban en lo que podríamos llamar enseñanza académica. Esto que nos pareció a muchos en su época una gran conquista igualitaria que fomentaría, además, que los alumnos con mayores dificultades emularan a sus compañeros más aventajados, (2) ha resultado ser un desastre absoluto. El porqué ha sido así es un tema muy debatido, entre las razones que se han dado estarían: falta de financiación por parte de la Administración, falta de formación del profesorado que tenía que llevarla adelante (hay que tener en cuenta también que un elemento importante de la reforma era un radical cambio en la metodología de la enseñanza) , desmotivación del profesorado ante las dificultades que iban surgiendo, imposibilidad de tratar de igual manera a alumnos con diferencias muy marcadas de intereses, capacidades y motivaciones, incorporación en los últimos años de hijos de inmigrantes con puntos de partida de formación y culturales muy distintos, … Habrá que volver sobre alguna de estas ideas más adelante.

En segundo lugar, cabe mencionar a la sociedad o, mejor dicho, los valores o las ideas que predominan y que más presencia pública tienen. Desde luego, no existe aquí una respuesta fácil, pero sí se pueden aventurar algunas ideas sobre aquello que, de una u otra forma, influye y mediatiza, nuestras formas de pensar y actuar. Un poco en la línea de la sociedad líquida de Zygmunt Bauman, se podría decir que hoy priman la precariedad, tanto en el trabajo como en las relaciones personales, frente al trabajo indefinido o el amor hasta que la muerte nos separe; la cultura de las celebridades, frente a los mártires o los héroes de épocas anteriores; la búsqueda de la identidad para tener algo perdurable y reconocible a lo que agarrarse; la necesidad del consumo aunque no se disponga de dinero pues para esos están los créditos (no hay más que ver por dónde van los tiros en la actual crisis económica). Es la posmodernidad, el minimalismo. En definitiva, se trataría de vivir al día porque, parafraseando a Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos. Nada que ver con una cultura del esfuerzo, del trabajar (estudiar) hoy porque mañana puedo aprovecharme de esos sacrificios, de ser capaz de ir soportando las distintas frustraciones que surgen cuando se hace algo cuya satisfacción no se produce de forma inmediata. Tampoco tiene nada que ver con la importancia del trabajo como un elemento de realización personal o, al menos, de que algo a lo que dedicamos la tercera parte de nuestra vida sea lo más satisfactorio posible; es el trabajo sólo como medio, económico, de vida.
Si a todo lo anterior le añadimos una crisis económica de la que no se ven por el momento salidas, podemos entrever por dónde van a ir estos temas en el inmediato futuro.

En tercer lugar, la familia o, para ser más exactos, los padres. Su función es primordial en la educación de sus hijos y muy importante en su enseñanza. Su papel consiste en animar, controlar, ayudar, exigir, castigar,… Al mismo tiempo, deben tener el mayor contacto posible con el tutor de sus hijos. ¿Cómo influyen en el fracaso escolar? De diversas formas: familias muy desestructuradas (separaciones o convivencias problemáticas); exceso de trabajo y poca atención a los hijos “mayores”; mala conciencia por lo anterior y concesión del más mínimo deseo evitando con ello cualquier tipo de frustración en los hijos; poco contacto con el centro escolar porque “para qué voy a ir si ya sé que mi hijo es un desastre”…
Por otro lado, los padres no quieren reconocer en algunos casos las dificultades que tienen sus hijos, les obligan y fuerzan a seguir estudiando hasta que fracasan. En otros casos, por el contrario no fomentan nada el que sus hijos estudien porque “yo no he estudiado y me gano muy bien la vida”. En fin, la casuística es infinita. Pero no me gustaría terminar este apartado sin referir que también en la educación se podría hablar de un cierto estado líquido, esto es, la escasa preocupación por el aprendizaje de valores “fuertes” y procurando, eso sí, que no le falte ningún producto de consumo duradero.(3)

En cuarto lugar, los profesores, es decir, los profesionales directos responsables del fracaso escolar en cuanto que son los que suspenden a los alumnos evitando que promocionen y obtengan su titulación. Ciertamente así es pero ¿pueden hacer otra cosa? Hace ya tiempo que desde instancias superiores como la Inspección educativa, y apoyándose en algunos equipos directivos, se están haciendo campañas, e incluso presiones, para que determinados profesores aprueben a un mayor porcentaje de sus alumnos, es decir, buscan disminuir el fracaso escolar por el expediente de facilitar las titulaciones. Ante esto muchos profesores han optado, para evitarse problemas, por aceptarlo y aprobar con mayor facilidad. Sin embargo, las cifras de fracaso escolar no disminuyen y lo que sí está disminuyendo, y de qué forma, es el prestigio social de la profesión de enseñante. Ya no se habla sólo de las largas vacaciones y los generosos sueldos o, en el caso de la enseñanza pública, del puesto de trabajo seguro, ahora también se habla de la poca autoridad que tienen, de las dificultades con las que se encuentran para hacerse escuchar por los alumnos,…(4)
En la situación actual creo que los profesores poco pueden hacer para evitar el fracaso escolar. Quizás aquellos que ejercen labores de tutor, de la que por cierto huyen despavoridos muchos, sí pueden conseguir mejoras a través del contacto con las familias, siempre que éstas sean receptivas y no hayan arrojado la toalla como pasa en muchos casos.
Otra cosa hubiese sucedido si, cuando se implantó la LOGSE, se hubiese tenido en cuenta la situación real de los profesores en ese momento y las inmensas dificultades con las que iban a encontrar para iniciar una tarea que, en muchos casos, sobrepasaba sus posibilidades y, por qué no decirlo, en otros, sobrepasaba sus deseos de mejorar su práctica educativa. Se llegó entonces a una situación en la que el cambio metodológico no se llevó a cabo, las aulas se llenaron de alumnos con unos niveles de aptitudes y actitudes muy variadas a los que el profesorado se vio en la imposibilidad de atender y poco a poco la conflictividad fue creciendo ante las actuaciones de rechazo de una pequeña parte de los alumnos.(5)
Otro aspecto que hasta ahora no he mencionado, pero del que podía haber hablado en otros apartados, es la situación de la enseñanza primaria que es, en mi opinión, la gran olvidada por las reformas. El nivel de lectura y escritura con el que llegan muchos alumnos a la enseñanza secundaria es el gran causante de su fracaso escolar. Tener que cursar 10 u 11 asignaturas sin tener una buena capacidad de lectura comprensiva hace inevitable el abandono.

Finalmente, los alumnos. En teoría los responsables de su propio fracaso escolar pero, en mi opinión, los que aportan un porcentaje menor de esa responsabilidad. “El desempleo y, sobre todo, y cada vez más, los bajos salarios que esperan a los jóvenes a su salida, les llevan a considerar el colegio y el instituto como un engaño” ( Emmanuel Todd, Después de la democracia). Esta cita creo que resume muy bien la situación de muchos jóvenes al enfrentarse con los estudios y, además, del grupo de los que fracasan. Decía al inicio que esta sociedad promociona gratificaciones inmediatas para cada esfuerzo. El estudio supone todo lo contrario, hacer hoy sacrificios pensando en obtener sus frutos en un futuro más bien lejano y sin que haya seguridad de que se consiga. En esta situación parece lógico que muchos prefieran abandonar y dedicarse a trabajos que, aunque sean especialmente aburridos y monótonos, no están del todo mal remunerados (me refiero principalmente a aquellos que tienen que ver con el sector terciario y con el turismo sobre todo). Esto les permite disponer de una cierta cantidad de dinero para disfrutar desde ya sin tener que esperar a un incierto futuro.
Muchos de ellos seguramente se hubieran podido recuperar si se pudiesen empezar antes los estudios de Ciclos Formativos, de hecho con algunos así sucede mediante las pruebas de acceso para mayores de determinadas edades.

Conclusión. Desde luego, cada caso de fracaso escolar es un caso único y responde a una mezcla de las causas expuestas o de otras muchas que se podrían mencionar. Ahora bien, sí es posible elaborar un mínimo de aquello que suele estar detrás de la mayoría de los fracasos. Con una mentalidad social como la expuesta, un sistema educativo en nada favorecedor de las diferencias individuales, unas familias con un exceso de dedicación a otras actividades distintas de la educación de los hijos, unos profesores muy desmotivados y con verdaderos problemas en algunos casos, es muy difícil que los alumnos que no tengan claro por dónde podría ir su futuro o, simplemente, que prefieran la satisfacción inmediata de sus necesidades, hagan el esfuerzo suficiente para aprobar la enseñanza secundaria obligatoria.
Ante esta situación, ¿se puede hacer algo? Evidentemente, en varios de los aspectos hasta ahora citados no hay nada que hacer. Así, por ejemplo, ¿quién conforma o modifica la mentalidad social? Pero sí es cierto que sobre todo desde la administración se pueden adoptar medidas que faciliten bien la mejora de los rendimientos cuando se cursa la secundaria, bien la formación posterior de los jóvenes que han abandonado el sistema educativo. El Baleares se ha establecido el programa PROA dedicado a mejorar la lectoescritura de los que tiene más dificultades o el de Recuperación en verano para ayudar a preparar los exámenes de septiembre; por otro lado, con el objetivo de mejorar la formación existe el programa de “segunda oportunidad”, que consiste en compatibilizar el trabajo en una empresa a media jornada con la realización de un ciclo formativo.
En esta línea son muchas las medias que se pueden tomar para facilitar el acceso posterior a los diferentes niveles del sistema educativo. La que en ningún caso se debería adoptar, y los resultados del informe PISA publicados ayer mismo lo demuestran, es disminuir el nivel de exigencia a los alumnos, pues con ello no sólo no mejoran las cifras de fracaso escolar sino que empeoran las distintas capacidades académicas.

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1.Evidentemente, una ley que supuso una reforma bastante radical del sistema educativo tiene otros aspectos muy importantes pero que se salen de lo que pretendo con este escrito. Sí añadiría, no obstante, otro elemento que afecta de alguna manera al tema. Se trata del momento en que se pueden cursar los estudios de Ciclos Formativos. Antes, a los 14 años se concluía la EGB, obligatoria y gratuita, y se podía seguir con el bachillerato y con la formación profesional. Actualmente, para acceder al equivalente a la formación profesional hay que haber aprobado la enseñanza secundaria obligatoria o el bachillerato según se pretenda acceder a ciclos de grado medio o superior. Veremos luego cómo ha afectado esto al fracaso escolar.










2.Y al igual que en economía siempre se cumple la ley de Gresham según la cual la moneda mala desplaza a la buena, aquí se ha producido el contagio de los alumnos a la inversa de lo que se preveía. A los alumnos estudiosos cada vez les resulta más fácil sacar buenas notas con menos dedicación y los que no estudian siguen suspendiendo y repitiendo cursos.










3.En la habitación de un joven de hoy es raro que falte alguno de los elementos que la tecnología ha puesto a nuestra disposición: un televisor, un reproductor de DVD, un ordenador con conexión a Internet ADSL, una consola, un teléfono móvil,… ¿Se imagina alguien que sea más apasionante resolver un sistema de ecuaciones o aprenderse las capitales de los países europeos que entretenerse con cualquiera de estos utensilios?










4.Se acaba de aprobar por el gobierno de la Generalitat valenciana un decreto por el que se convierte a los profesores en autoridad pública y, por lo tanto, su palabra vale más que la de un alumno. Sobre este tema ya e3scribí una nota en este blog por lo que me remito a ella para mi opinión, desfavorable, sobre este tipo de medidas.










5.En el caso de los profesores de secundaria se ha producido con el paso del tiempo otro fenómeno importante. Ellos se prepararon, mal que bien, para dar clase a un determinado tipo de alumno: mayor de 14 años, con un cierto grado de interés, unas mínimas capacidades,…En la actualidad además de la falta de interés y/de capacidad, se tienen que enfrentar a alumnos de 1º y 2º de ESO, es decir, a niños de 12 y 13 años con lo que supone de esfuerzo suplementario y falta de preparación.










viernes, 18 de febrero de 2011

La educación en distintos países. Recorrido de un periodista.


Andrés Oppenheimer nos ofrece en este nuevo libro una muestra más de su forma de hacer periodismo. Con su característico estilo ágil e intercalando datos, entrevistas con especialistas y responsables políticos de la educación o la innovación y sus propias reflexiones. La premisa del libro es que la educación ha sido y está siendo la clave para el despegue económico de muchos países y del retraso del continente sudamericano. Para comprobarlo dedica capítulos a Finlandia, Singapur, India, China e Israel con las medidas que se han tomado en ellos para mejorar y avanzar. Luego hace los mismo con varios países de sudamérica para comprobar cómo sus sistemas educativos suponen un freno para su desrrollo.
Interesante tema y muy buena la aportación de datos y la selección de los personajes entrevistados. Como crítica, a un libro de estas características yo le exigiría un mayor rigor en las opiniones del autor ya que, a veces, parece que refleja más una opinión preconcebida.

Del mismo autor ha leído La hora final de Castro y Cuentos chinos. El engaño de Washington y la mentira populista en Amércica Latina. Ambos también interesantes y con la virtud de que hacen que el lector debata las ideas del autor.

Andrés Oppenheimer, ¡Basta de historias!

jueves, 20 de enero de 2011

Algunas frases sobre la educación de mis últimas lecturas.

El desempleo y, sobre todo, y cada vez más, los bajos salarios que esperan a los jóvenes a su salida, les llevan a considerar el colegio y el instituto como un engaño.

Emmanuel Todd, Después de la democracia


(…) En Europa tenemos las catedrales más viejas, las universidades más viejas y más célebres, las librerías más grandes, y es aquí donde se recibe la mejor educación. Dicen que la gente viene desde todos los rincones del mundo para instruirse. Pero al final, lo único que esa famosa educación europea te enseña es a encontrar el valor y las razones adecuadas, válidas, limpias, para matar a un hombre que no te ha hecho nada (…)

Romain Gary, El bosque del odio


Cómo podemos enmendar el haber educado a una generación obsesionada con la búsqueda de la riqueza e indiferente a tantas otras cosas? Quizá podríamos empezar recordándonos a nosotros mismos y a nuestros hijos que no siempre fue así. Pensar economísticamente, como levamos haciendo treinta años, no es algo intrínseco a lose seres humanos. Hubo un tiempo en que organizábamos nuestras vidas de otra forma.

Tony Judt, Algo va mal

Según mi experiencia, los alumnos pronto descubren si lo que les estás enseñando te importa., En caso afirmativo, están dispuestos a considerar la posibilidad de que también les importa a ellos. Pero si llegan a la conclusión, acertada o no, de que no te importa, no hay nada que hacer, sería mejor que te fueras a casa.

J.M.Coetzee, Verano


Según su madre, la tarea del educador debería ser la de identificar y estimular las aptitudes naturales del niño, las aptitudes innatas y que lo convierten en un ser único. Si imaginamos al niño como una planta, el educador debería alimentas las raíces de la planta y observar su crecimiento, en lugar de podar sus ramas y darle forma (…)

J.M.Coetzee, Verano

lunes, 4 de octubre de 2010

Interesante artículo sobre educar de Javier Cercas

PALOS DE CIEGO
Lo que no saben hacer los imbéciles
JAVIER CERCAS 03/10/2010


El número de septiembre de la revista Letras libres contiene una interesantísima correspondencia entre el escritor J. M. Coetzee y Arabella Kurtz, profesora de psicología en la Universidad de Leicester. El hilo conductor de ese diálogo es la vindicación que Coetzee hace de la empatía, entendiendo por tal cosa la capacidad de identificarnos imaginativamente con otra persona, de meternos en su cabeza y en su piel, de ver el mundo como ella lo ve: una capacidad que Coetzee parece valorar casi tanto como nuestra capacidad de razonar. Esa vindicación permite a los dos interlocutores discurrir acerca de asuntos diversos, sobre todo acerca de la paternidad y la educación, lo que resulta particularmente instructivo en el contexto español. Quiero decir que en España el debate sobre la educación parece a menudo encallado en el debate sobre la autoridad, o más bien sobre la crisis del concepto de autoridad, que se traduce en la falta de autoridad de padres y profesores; pero, formulado en esos términos, el debate es, me parece, desoladoramente pobre, si no inútil, porque el problema no es si padres y profesores deben ejercer la autoridad –cosa que debería darse por descontada–, sino cómo pueden o saben o quieren ejercerla. Pues bien, respondiendo a la visión trágica que Coetzee tiene de la paternidad –“Es parte de la tragedia de la paternidad que el amor de los padres no se reconozca como amor”, escribe; “es decir, que el amor entre padres e hijos es unilateral”–, afirma Kurtz: “Hablando como hija, pienso que cuando un padre ama a sus hijos, cuando intenta entenderlos y cuidarlos en sus propios términos y no se relaciona con ellos a partir de sus necesidades personales, esto es percibido como amor, incluso desde una edad muy temprana. Hablando como madre, pienso que algunas veces es tremendamente difícil amar a tus hijos de este modo”.

Me parece exactísimo: la cuestión no radica en ejercer la autoridad sobre un niño –esto sabe hacerlo hasta un imbécil–, sino en ejercerla después de identificarnos imaginativamente con él, de meternos en su cabeza y en su piel, de ver el mundo como él lo ve, y de hacerlo todo ello en función de sus necesidades y no de las nuestras; esa es sin duda una operación difícil, pero también una forma de que la paternidad se parezca un poco a lo que era para Kafka, que nunca tuvo un hijo: “Lo máximo a que, a mi parecer, puede aspirar una persona”. No todo el mundo tiene esa capacidad de empatía, sin embargo, o no todo el mundo está dispuesto a realizar ese esfuerzo. En 1966 el dramaturgo Arthur Miller tuvo un hijo con síndrome de Down; recién cumplidos los 51 años, Miller juzgó que aquel hijo, de nombre Daniel, desbarataba su proyecto vital, y a los cuatro días de su nacimiento lo ingresó en un orfanato, lo borró de su vida y no volvió a verlo hasta que 29 años más tarde, al terminar un acto público en el que él acababa de hablar en defensa de un discapacitado mental acusado de asesinato, su hijo abandonado subió al escenario, le dijo quién era y lo abrazó. La historia de Miller es conocida; no menos conocida es una historia opuesta. Tres años antes de que naciera el hijo deficiente de Miller, nacía el hijo deficiente del novelista Kenzaburo Oé; se llamaba Hiraki y era hidrocefálico y autista, y los médicos aconsejaron al padre dejarlo morir. Por entonces Oé acababa de cumplir 28 años y tenía una vida y una carrera literaria prometedoras por delante, pero no aceptó la sentencia de los médicos, y, tras una operación, su hijo siguió viviendo. A partir de aquel momento Oé dedicó exclusivamente su vida a cuidar a su hijo, y sus obras a tratar de entenderlo (y a tratar de entenderse a sí mismo a través de su hijo); a este doble empeño se debe quizá que Hiraki Oé sea ahora mismo un reconocido compositor musical y se debe sin duda que Kenzaburo Oé sea uno de los grandes narradores vivos, porque muchos de sus libros –entre ellos obras maestras como Una cuestión personal o como Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura– constituyen un salvaje esfuerzo moral por asumir su responsabilidad en el destino de su hijo y un esfuerzo imaginativo asombrosamente logrado por ponerse en la piel de su hijo.

Es dudoso que Kenzaburo Oé hubiera llegado a ser el enorme escritor que es sin haber aceptado con plenitud a Hiraki Oé; es un hecho que, a partir de mediados de los sesenta, cuando fue incapaz de aceptar a Daniel Miller, Arthur Miller entró en decadencia y dejó de ser el enorme escritor que había sido. Me disculpo: quizá es abusivo, o simplista, establecer una relación de causa y efecto entre la irresponsabilidad moral y la decadencia artística de un escritor. De hecho, quizá es irresponsable hablar de irresponsabilidad moral. Puede ser. Pero, si tiene razón Savater y todo lo que cuenta en la ética es el reconocimiento de lo humano por lo humano y el deber íntimo que nos impone, entonces quizá no lo es. Porque quizá no hay ética sin empatía.

miércoles, 14 de abril de 2010

Algunas ideas sobre los padres y la enseñanza




Hasta ahora he escrito unas reflexiones sobre los protagonistas directos de la enseñanza: profesores y alumnos. Llega el momento de hablar del papel de los padres.
Los padres juegan un papel principal en la educación de los hijos y otro secundario, aunque importante, en su enseñanza. Es una obviedad, que hay que repetir de vez en cuando, que la educación es obra y función principal, y por momentos exclusiva, de los padres (más adelante matizaré esta afirmación). Sin embargo, en lo se refiere a la enseñanza los padres pasan a ocupar un papel subordinado y, diría, de apoyo el centro educativo y a sus profesionales.
Son responsables a todos los efectos de la formación moral de sus hijos, de los valores que quieran aportarles, de los comportamientos que estimen mejores para ellos, de las actitudes que vayan adoptando ante la vida… En este sentido la escuela no puede tomar decisiones importantes. Ante todo se trata de cuestiones individuales que, además, nos diferencian como individuos. Hay un caso en el que, sin embargo, la escuela sí puede y debe tener una actitud activa. Me refiero a la formación en valores fundamentalmente sociales o, por decirlo de otra forma, en valores que surgen de nuestra convivencia y que están inscritos en nuestra Constitución. Se trata de solidaridad, tolerancia, comportamientos democráticos,…Algo de ello pretende la asignatura de Educación para la ciudadanía, aunque no creo que crear una asignatura ad hoc sea la mejor manera de educar en estos aspectos.
Pero volvamos al principio. ¿Cuál es el papel de los padres en la enseñanza de sus hijos? Decía antes que de apoyo de lo que se hace en la escuela. Me explico. El profesor, en principio y mientras no se demuestre lo contrario, siempre tiene la razón. Hace las cosas bien. Las hace, además, por el bien del alumno, pensando en su mejor aprendizaje y en su futuro. Si castiga lo hace con justicia. No existen alumnos a los que se tenga manía. No existen los enchufados. Las notas responden siempre aun criterio de objetividad contrastada… Y así podría seguir un buen rato exponiendo ideas en la misma dirección. Puede parecer una caricatura y, sin embargo, es lo que ocurre en la mayor parte de los casos. Exactamente igual que pasa con los padres y si no cambiad y donde pone profesor poned padres. ¿ no es acaso verdad en la mayor parte de las ocasiones? Claro que no siempre, que hay días en los que se regaña por cómo está uno y no por lo que ha hecho el hijo/alumno, pero eso no es lo habitual. Por tanto, es necesario que los padres apoyen a quien está haciendo lo mejor para el aprendizaje de sus hijos, incluso diría que en muchos casos aunque el profesor pueda estar equivocado. Si esto ha sido así siempre creo que, tal y como está el tema de la autoridad, ahora es más importante que nunca.
¿Qué otras cosas pueden hacer los padres? Desde luego estar en contacto permanente con el tutor. Debería tener una entrevista al menos cada trimestre para, por un lado, estar al tanto de la marcha académica de su hijo y, por otro, para que éste vea la preocupación de sus padres. En dichas entrevistas conviene hablar además de lo puramente académico, de aspectos como: el descanso, el ocio, la alimentación, la integración en el grupo,…pues todo ello es colabora en el proceso de enseñanza/aprendizaje.
Otro tema importante es el de la colaboración en las tareas que el hijo debe efectuar en casa. Evidentemente no todos los padres tienen la posibilidad de ayudar a sus hijos en ellas por carecer de los conocimientos necesarios, pero quienes sí los tienen deberían limitarse lo más posible ya que hay una tendencia inevitable, en quien no da clase, a sustituir al alumno y resolver los trabajos en lugar de favorecer que él lo resuelva.
En fin, una vez más se trata de practicar el sentido común y la sensibilidad.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Algunas citas un poco bestias sobre la enseñanza. Claro, son de E.Cioran


Nunca se criticará demasiado al siglo XIX por haber favorecido a esa ralea de glosadores, esas máquinas de leer, esa malformación del espíritu que encarna el Profesor—símbolo de la decadencia de una civilización, de la degradación del gusto, de la supremacía del trabajo sobre el capricho.
(...) En el pasado los profesores se consagraban con preferencia a la teología; al menos tenían la excusa de enseñar lo absoluto, de limitarse a Dios, mientras que ahora nada escapa su competencia asesina.

E. M. Cioran, Silogismos de la amargura

Siendo el gusto por el mal innato, no tenemos ninguna necesidad de fatigarnos para adquirirlo. ¡Con qué habilidad el niño ejerce de entrada sus malos instintos, con qué competencia, con qué furia!
Una pedagogía digna de ese nombre debería prever cursillos de camisa de fuerza. Habría quizá que extender, más allá de la infancia, esta medida a todas las edades, por el bien de la comunidad.

E.M. Cioran, Ese maldito yo


Lejos de mí el deseo de pervertir sus esperanzas: la vida se encargará de ello. Igual que todo el mundo, irá usted de decepción en decepción. A su edad, tuve la ventaja de tener gente que me desilusionó y me hizo enrojecer de mis ilusiones; ellos me educaron realmente. ¿Acaso, sin ellos, habría tenido el coraje de afrontar o de padecer los años? Imponiéndome sus amarguras, me prepararon para las mías.

E.M. Cioran, La tentación de existir.

martes, 27 de octubre de 2009

Algunas ideas sobre la profesión de alumno

Lo primero, una justificación del título. Hace ya muchos años que en algún momento del curso les decía a los alumnos que esa era precisamente su profesión, es más, que por ella recibían un sueldo que, además, no era demasiado malo. Caras de incredulidad, gestos de desaprobación, etc. Tras ello pasaba a justificar mi afirmación. En un instituto como el de Calvià con unos 700 alumnos y más de 100 profesores, y sin considerar todo aquello que sería preciso para llegar a la cifra exacta, se puede decir sin temor a equivocarse demasiado que cada alumno le cuesta a la administración una cifra entre 5.000 y 6.000 euros. Bien, pues ese es vuestro sueldo, les decía; lo que sucede es que lo cobráis en especie. “Pues a mí que me lo den en mano” saltaba el típico graciosillo.

Efectivamente, el coste de un alumno en la enseñanza secundaria resulta ser bastante elevado y de ahí que haya que exigirles que lo aprovechen el máximo posible. En este sentido, considerarlos como profesionales de la enseñanza creo que es lo más adecuado. Y ¿qué implicaciones tiene esto? En principio, las de cualquiera otra profesión.

Veamos. Lo primero y principal aunque no lo más importante: acudir a su puesto de trabajo y hacerlo con la puntualidad y el aseo debido. A continuación, tratar a sus compañeros y a sus “jefes” con el mismo respeto que para él desearía. En tercer lugar, cumplir con las tareas que le sean encomendadas a lo largo de la jornada laboral que, en el caso de estos profesionales como en de muchos otros (médicos, abogados, profesores,…), no es sólo el tiempo que están en el centro de trabajo. Para algún sociólogo de la educación éste es, bien que de forma larvada, el objetivo principal que la sociedad otorga al sistema educativo.

Estos serían los aspectos básicos. Ahora bien, exactamente igual que en la realidad laboral, en esta profesión además del sueldo base existen algunos pluses, el principal de los cuales es el de productividad que consiste en una mejor nota en las evaluaciones. A este plus todo el mundo tiene derecho y, por lo tanto, se deben dar en el aula las condiciones para que todo aquel que quiera pueda obtenerlo.

Hasta aquí hemos visto las principales obligaciones del alumno como “profesional”. No parecen demasiado difíciles de cumplir y, sin embargo, para un porcentaje cada vez mayor de estudiantes sí parece que cada vez les cuesta más trabajo cumplirlas. Esto nos lleva a hacer unas consideraciones complementarias.
La primera es que el esfuerzo, algo fundamental para seguir con aprovechamiento los estudios, ha dejado de ser algo valorado en nuestra sociedad y, desde luego, entre los jóvenes. Obtener la máxima satisfacción con el mínimo esfuerzo podría ser el lema para muchos de ellos. Y está muy bien si no se lleva hasta las últimas consecuencias de no hacer esfuerzos si la satisfacción no es inmediata como, por otra parte, sucede en el caso de los estudios. Muchas de las cosas que se estudian en la secundaria no parecen necesarias para nada en la vida y, sin embargo, la mayoría lo son aunque no se vaya a seguir estudiando.
En segundo lugar, los estudios, el conocimiento en definitiva, no aseguran ni mucho menos un mejor futuro económico (y yo diría que es bueno que sea así), pero mejoran nuestra calidad de vida en la medida en que nos abren muchas posibilidades “intelectuales” que sin las herramientas básicas que nos proporcionan no se podrían aprovechar.
Por último, hay un grupo de alumnos que, aunque no demasiado numeroso, queda al margen de todo lo dicho hasta ahora. Son los que, no sé si muy acertadamente, llaman objetores escolares, es decir, aquéllos a los que todo lo dicho hasta ahora les suena a música celestial. En este caso es muy poco lo que pude hacerse. Quizás, como parece que se plantea cada vez más la administración, buscar una cierta preparación para salidas profesionales pero que apenas tenga carga académica.

domingo, 18 de octubre de 2009

Algunas reflexiones sobre la profesión de profesor.

Hace unos días estuvo de moda hablar y escribir de la profesión de enseñante por parte, sobre todo, de gente que no se dedica a ello. Surgió el tema a raíz de una propuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid para considerar a los profesores como agentes públicos. Posteriormente la ha completado con la posibilidad de poner tarimas en las aulas y, esto a criterio de los centros, que los alumnos se pongan en pie cuando llegue el profesor para iniciar una clase. El objetivo que está detrás de estas medidas es mejorar la disciplina en los centros de enseñanza.

Es evidente que en los últimos años, tras la entrada en vigor de la LOGSE, los temas disciplinarios han pasado a considerarse el problema principal de un centro de enseñanza. Hay muchas causas que ayudan a explicar este fenómeno, pero quizás la principal sería la obligatoriedad hasta los 16 años. No obstante, no quiero en estas reflexiones centrarme en estos aspectos de la profesión por muy importantes que sean. Me gustaría plantear el tema de otra forma sobre todo para que podáis hacer vuestros comentarios.

Veamos. La profesión de profesor de enseñanza secundaria no se enseña en ningún centro universitario. Se exige una licenciatura y haber cursado un llamado CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) que no sirve prácticamente para nada, ni siquiera en su parte de prácticas. Por lo tanto, todo profesor es en un tanto por ciento elevadísimo un autodidacta y, además, utilizando de forma consciente o no el método de prueba y error. Y aquí es donde aparece la idea que, desde hace unos años, tengo en mi cabeza, esto es, que la clave para ser un profesor mínimamente válido consiste en, parafraseando a Jane Austen, tener Sentido (común) y Sensibilidad.

Sentido (común). Como habitualmente se dice no es el más común de los sentidos. La clave: no hacer extravagancias ni cosas raras. Saber lo que los alumnos tienen que aprender y buscar poco a poco la mejor forma mejor para que lo consigan, teniendo siempre presente que es el alumno el que aprende y no tanto el profesor el que enseña.
¿Qué hay que evitar? El exceso de presión y también la excesiva relajación, el estar permanentemente hablando (“explicando”), el agobiar con un exceso de tareas, el no corregir las tareas encomendadas, el tardar quince días en corregir los exámenes,…

Sensibilidad. Ser capaz de ponerse en el lugar del otro, del alumno. Respeto, y cuando digo respeto no me refiero sólo a su aspecto formal que es, evidentemente, muy importante, sino también respeto intelectual, esto es: el alumno es capaz de entender y aprender un montón de cosas y, además, de hacerlo de una manera inteligente y no meramente repetitiva. Hay que facilitarle los aprendizajes pero no quitándole todas las barreras. El esfuerzo intelectual es lo que más nos ayuda a aprender.

A todo esto hay que añadir algo muy importante: la autocrítica por un lado y, por otro, la búsqueda de las críticas ajenas tanto de compañeros como, sobre todo, de alumnos. Éstas se están perdiendo en los últimos años y los mismos alumnos son cada vez menos capaces de hacerlas por falta de hábito.

Si un profesor cumple mínimamente con lo anterior tendrá la suficiente autoridad en el aula como para poder cumplir su función. En el tema del profesor como agente de la autoridad se ha tendido a confundir la autoridad con el poder. El profesor necesita tener la autoridad moral sobre lo alumnos y, sólo en casos muy excepcionales, el poder sobre ellos.
En otro orden de cosas y para concluir. Es cierto que la educación de los alumnos es una función principalmente de su familia y así tiene que ser. Ahora bien, también en un centro de enseñanza se establecen aprendizajes educativos tanto en la dinámica de funcionamiento del centro como del aula. Un profesor también educa y no lo hace por lo que dice sino por lo que hace. El profesor es un modelo y, como tal, lo puede ser tanto en lo positivo como en lo negativo.

Como decía al principio, me gustaría recibir vuestras críticas y opiniones a este borrador de ideas.