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jueves, 28 de noviembre de 2024

Viajando al centro del Imperio

 

Vilas ha escrito un libro difícilmente clasificable. No es un libro de viajes en sentido estricto, no es desde luego un manual para uso del turista, no es un conjunto de opiniones personales, no es un recorrido por la historia de los lugares que visita ni por sus monumentos más significativos. No, no es nada de eso, pero, al mismo tiempo, hay algo de cada uno de esos aspectos que aparece en algún momento en el libro.

Vilas es un enamorado de ese país (obviamente, esa América del título no es otro que los Estados Unidos de América), en la medida, además, en que, como manifiesta muy al principio, tiene un cierto rechazo o, si se quiere, una cierta desafección a su país de nacimiento, algo en lo que coincido plenamente y firmo el fragmento tan duro que le dedica. Una situación que le lleva a afirmar lo siguiente:

“No se trata de cambiar de país, sino de descansar de todos los países, de todas las naciones. Y hacerlo por envejecimiento propio, no por inquina ni por ideología ni por rigores intelectuales, sino por agotamiento”. (p. 28)

En el libro recoge momentos de sus visitas entre los años 2104 y 2019 en los primeros capítulos y lo cierra con las más recientes de 2022 y 2023. En ellas estuvo desde Iowa hasta Nueva Orleans o desde Nueva York hasta Misuri, pasando por Las Vegas o Houston; más de veinte lugares entre los que están la gran mayoría de los más significativos del país.

Tiene Vilas especial fijación por los hoteles, que menciona a menudo y por los restaurantes, que también menciona (esta sería la parte más “turística” de la que hablaba antes), pero a lo que dedica más espacio es a personajes y/o temas que tengan que ver con el lugar que visita. Así, hay largos párrafos dedicados a: Los Simpson, Bob Dylan, la cultura pop, Neruda, los hermanos Dalton, Lou Reed, la Coca-Cola, Prince, David Bowie y un largo etcétera. Si a eso le añadimos algunas reflexiones personales más o menos profundas, tenemos ya el contenido de un libro que ofrece buenos e interesantes momentos junto a otros bastante intrascendentes. Un libro que me parece muy irregular y que, además, se cierra con un total cambio de estilo al tratar sus dos viajes más recientes en lo que emplea un peculiar sentido del humor.

En fin, un libro que se deja leer, pero que aporta poco para el conocimiento de ese país y, eso sí, bastante para el conocimiento de su autor que, me temo, es algo que no me interesa especialmente.

Hay una reseña muy favorable y elogiosa de Edurne Portela en lamarea.com

 

Manuel Vilas, América.

 

 

 

martes, 6 de febrero de 2024

Una visión diferente de Brasil


El autor escribió hace años un libro sobre Pedro Casaldàliga para lo que viajó a Brasil en 1985. Volvió en 2021 y 2022 para ver cómo estaba el país siguiendo de alguna manera la huella del obispo.

El libro está dividido en tres partes. Un Prólogo sobre el primer viaje. El núcleo central dedicado a la estancia en 2021. Y una especie de Epílogo sobre el más reciente viaje que acaba allí donde trabajó y vivió Casaldàliga.

Desde otro punto de vista, coincide con el tramo final del gobierno de Bolsonaro y con la victoria de Lula.

Es el libro escrito por un periodista, pero al mismo tiempo por alguien que fue amigo y admirador de ese catalán que tanto y tan bien trabajó en unas condiciones bastante difíciles. En el fondo el libro no deja de ser en gran medida un homenaje.

En cualquier caso, se trata de un libro muy interesante pues Escribano se entrevista con gente de variada procedencia. Así, entre otros,  un pastor evangélico, altos cargos de la administración, políticos del PT o un sacerdote que trabaja en una favela. Además, recorre lugares muy significativos del país como Brasilia, Sao Paulo o zonas de la Amazonía. Esto le permite hablar de las favelas o de las ocupaciones de tierras y de cómo se está destruyendo toda una zona del país para favorecer el cultivo de la soja y el agronegocio (aquí da una cifras que resultan realmente espectaculares).

Todo el libro resulta muy interesante. Algunas cosas me han llamado particularmente la atención. Así: las tres b de Bolsonaro que son bueyes, balas y biblias; en línea con este último término, todo lo que cuenta sobre las iglesias evangélicas que en su inmensa mayoría apoyan al hoy expresidente, unas iglesias que están creciendo a gran ritmo y sustituyendo a las católicas quizá porque como apunta Escribano:

(…) entrar en una iglesia evangélica mejora las condiciones de vida de los brasileños más pobres. Acudir a la iglesia suele ir  asociado a dejar el alcoholismo, y, por lo tanto, disminuye la violencia doméstica y acostumbra a suponer un aumento de la disciplina laboral, lo cual comporta una mejora de la economía, la educación uy la salud de toda la familia”. (p. 99) 

También es muy curioso lo que dice sobre el PCC (Primeiro Comando da Capital), una organización criminal que al tener su origen en las favelas tiene su ideología  y estructura organizativa marcada por una especie de “cooperativismo autogestionario de izquierdas”. (p. 158)

En fin, esto no son sino unos detalles de un libro que ofrece una interesante visión de Brasil, escrito por alguien que está muy marcado por las ideas del personaje sobre el que escribió del que no cabe duda, por los testimonios que se ofrecen en el libro, que se trataba de alguien realmente especial.

 

Francesc Escribano, La tierra y las cenizas. Traducción Ana Ciurans. (El original está escrito en catalán).

 

 

 

viernes, 22 de diciembre de 2023

Un año de lecturas

 

Autor del año. Donal Ryan

 

Descubrimientos. Mariana Travacio, Miguel Ángel Oeste, Viola Ardone, Amor Towles, Eva Baltasar, Núria Bendicho, Delphine de Vigan. (Sí, son muchos, pero ha sido un buen año.)

 

Periodismo. Leila Guerriero,  Los suicidas del fin del mundo, (al fin reeditado): Emmanuel Carrère, V13 Crónica judicial; Ander Izagirre Potosí; Carlos Dada, Los pliegues de la cintura; Patrick  Radden Keefe, Maleantes; Carlos Manuel Álvarez, Los intrusos. (Sí, también son muchos, y hay más,  pero es que cada año me gusta más lo que escriben los periodistas.)

 

Reincidente. Leonardo Padura (de forma intermitente), Andrea Camilleri (inagotable).

 

Recuperación. Sándor Márai, Irene Némirovsky


Originalidad. Hernán Díaz, Fortuna.


Sugerente. Alejandro  Zambra, Literatura infantil.


Duro de leer. Laura Bates, Los hombres que odian a las mujeres

 

Tochos del año. Liudmila Ulítskaya, Una carpa bajo el cielo;  Ignacio Martínez de Pisón, Castillos de fuego; Rafael Chirbes, Diarios. A ratos perdidos 5 y 6.

 

Abandonados. Tove Ditlevsen, Las caras; Mike Davis, Ciudad de cuarzo (seguramente un gran texto, pero muy difícil de seguir); Lajos Zilahy, El ángel del odio.

 

No comentados en el blog. Elizabeth Duval, Melancolía; Daniel Woodrell, Bajo la dura luz; Nick Hornby, El estado de la unión; Azahara Palomeque, Vivir peor que nuestros padres; Eva Baltasar, Mamut. (Las causas son muy variadas.)

 

Editoriales más “trabajadas”. Sajalín, Anagrama, Arpa, Capitán Swing, Libros del KO, Automática, Random House, Tusquets, Salamandra.

 

martes, 19 de diciembre de 2023

Mis libros del año



 

Como todos estos libros están ya comentados en  el blog, aquí solo quisiera dejar un par de ideas para luego entrar en otra forma de relacionar las lecturas.

Lo primero es que estos son los libros que por alguna razón más me han gustado sin ser, seguramente, los mejores. Unos por el impacto emocional como son los de Oeste y Ardone; otros porque están entre mis escritores preferidos como pueden ser los de Ulítskaya, Vuillard y Aldekoa; también porque me han hecho pensar y replantearme cosas como el de D’Eramo; el de Dada porque me ha llevado a conocer unas realidades que desconocía totalmente; o, simplemente, por cómo me lo he pasado leyéndolo y por lo bien que está escrito como el de Ryan; finalmente, dos por el impacto que me han causado como los de Dagerman y Armstrong.

Sea por lo que fuere, de entre los más de cien libros que he leído este año estos son los que me parece que representan mejor mis gustos, motivaciones e intereses literarios, los que más me han emocionado y, en definitiva, con los que mejor lo he pasado.

Lo segundo sería insistir en que hay muchos más con los que he disfrutado y alguno con el que he aprendido mucho, pero a la hora de elegir al final hay que eliminar. Este año, eso sí, veo que me ha salido más ficción.

A continuación quiero repetir la experiencia del año pasado con una relación desordenada de algunos libros y/o autores atendiendo a diferentes criterios.


Autor del año. Donal Ryan.

 

Descubrimientos. Mariana Travacio, Miguel Ángel Oeste, Viola Ardone, Amor Towles, Eva Baltasar, Núria Bendicho, Delphine de Vigan. (Sí, son muchos, pero ha sido un buen año.)

 

Periodismo. Leila Guerriero,  Los suicidas del fin del mundo, (al fin reeditado): Emmanuel Carrère, V13 Crónica judicial; Ander Izagirre Potosí; Carlos Dada, Los pliegues de la cintura; Patrick  Radden Keefe, Maleantes; Carlos Manuel Álvarez, Los intrusos. (Sí, también son muchos, y hay más,  pero es que cada año me gusta más lo que escriben los periodistas.)

 

Reincidente. Leonardo Padura (de forma intermitente), Andrea Camilleri (inagotable).

 

Recuperación. Sándor Márai, Irene Némirovsky.


Originalidad. Hernán Díaz, Fortuna.


Sugerente. Alejandro  Zambra, Literatura infantil.


Duro de leer. Laura Bates, Los hombres que odian a las mujeres.

 

Tochos del año. Liudmila Ulítskaya, Una carpa bajo el cielo;  Ignacio Martínez de Pisón, Castillos de fuego; Rafael Chirbes, Diarios. A ratos perdidos 5 y 6.

 

Abandonados. Tove Ditlevsen, Las caras; Mike Davis, Ciudad de cuarzo (seguramente un gran texto, pero muy difícil de seguir); Lajos Zilahy, El ángel del odio.

 

No comentados en el blog. Elizabeth Duval, Melancolía; Daniel Woodrell, Bajo la dura luz; Nick Hornby, El estado de la unión; Azahara Palomeque, Vivir peor que nuestros padres; Eva Baltasar, Mamut. (Las causas son muy variadas.)

 

 

 

martes, 30 de mayo de 2023

Una magnífica idea


Izagirre es un escritor y periodista ciertamente original. Lo conocí leyendo su libro sobre las grandes depresiones de la tierra y luego el que dedicó al Tour de Francia. Dos temas bien diferentes, pero en ambos llama la atención la capacidad de interesar al lector con lo que cuenta y con su gran capacidad narrativa.

Esta vuelta en bicicleta al País Vasco es otro buen ejemplo de lo mismo. A lo largo de los 18 capítulos en los que ha dividido el texto, Izagirre, partiendo de Getaria, se desplaza hacia el oeste por la costa hasta Santurtzi para desde ahí penetrar en el interior hasta Vitoria, Andoain o Pamplona, desde donde se dirige hasta Biarritz para retomar de nuevo la costa para regresar al punto de partida.

En este viaje se habla mucho del que tuvo lugar en el siglo XVI con el protagonismo de Elkano en la primera vuelta al mundo porque le sirve sobre todo para remarcar la idea que preside todo el libro de que los vascos han sido principalmente un pueblo de marineros, una sociedad construida mirando al mar y en torno a él.

Izagirre ha escrito un libro que si resulta tan interesante es porque es una mezcla, o mejor una combinación, de libro de viajes con reportaje, narración de sucesos históricos, sociología o antropología, con la introducción de vez en cuando de algunas reflexiones personales como, por ejemplo, las que reproduzco a continuación:

 

“Si ahora Añana sobrevive y no se termina de despoblar es, en parte, porque existen consumidores dispuestos a pagar cien veces más por las exquisitas escamas de sal (a 25 euros el kilo) que por la vulgar sal de mesa (a 25 céntimos el kilo). Añana sobrevive porque algunos se permiten el lujo. Y esto a mí me desconcierta bastante”. (p. 172)

“Sé que hay lujos obscenos. También sé que solemos poner el listón del comportamiento aceptable justo en lo que hacemos nosotros”. (p 174)

“Los pescadores se exponían a la ola de Belharra porque no tenían otra manera de llevar comida a casa, los surfistas se lanzan porque quieren jugar. Somos gente afortunada”. (p. 282)

 

Para darse cuenta del enorme caudal y variedad de temas e informaciones que ofrece al autor a lo largo de las casi 400 páginas del libro, basta ver la siguiente relación de algunos de ellos: la minería del hierro, las salinas (la de Añana de la cita), los caseríos (con especial atención a la sidra), la bajada de la madera, la pesca del bacalao en Terranova o de las ballenas en la costa vasca, los judíos en Baiona, los corsarios vascos, las traineras, la presencia de inmigrantes en Irun, las olas gigantes en Belharra (también presente en una cita anterior), los senegaleses en Ondarroa (marineros en barcos de pesca) o, para no hacer la lista demasiado larga, la explicación de la hidalguía histórica general de los vascos.

Todos estos temas muy bien documentados y, sobre todo, magníficamente narrados con la agilidad de un buen periodista, pero también con la profundidad que permite un reportaje extenso y, no podía faltar, con un buen sentido del humor cuando el tema lo requiere.

Al final de la lectura se acaba con la idea de que hay que ir a conocer muchos de esos lugares y, como es mi caso, si algunos ya se conocen, hay que volver para verlos con otra mirada.

Tengo que reconocer que he tenido este libro varias veces en las manos en la librería y me daba un poco de pereza; encontraba que eran muchas páginas para un territorio tan reducido. Un error. No sobra nada, al revés, he echado en falta un mapa más detallado que el que se ha incluido en esta edición y, sobre todo, unas cuantas fotos y algo de la bibliografía utilizada.

Una lectura muy recomendable de la que se sale entre otras cosas con una visión bastante completa de cómo son las gentes de ese territorio.

Hay una reseña muy completa de Juan Ignacio Pérez Iglesias en juanignacioperez.net.

Ander Izagirre, Vuelta al  país de Elkano.

 

martes, 28 de marzo de 2023

Una mallorquina en Australia


Terrasa ha escrito un libro difícilmente clasificable que la editorial publica dentro de una colección en la que hay libros del periodista y viajero Xavier Moret, junto a otros del montañero Reinhold Messner. La autora es una periodista mallorquina que en 2013 inicia una relación con un australiano y entre 2016 y 2018 vive en Australia con él. El libro es un relato de su experiencia en ese país y en este sentido se puede catalogar como un libro de viajes, pero también tiene algunos momentos en los que se convierte en un reportaje y, sobre todo, hay bastante de la vivencia de una joven (nació en 1986) que además no se corta en hacer referencias a cosas como que Tim, el novio, le metió la mano bajo la camiseta, o un problema que tuvo con la copa menstrual. Estos aspectos del relato acercan al personaje al lector.

Lo primero que tengo que decir es que el libro me ha parecido muy entretenido, a ratos instructivo y en otros incluso divertido porque Terrasa demuestra que tiene un buen sentido del humor como cuando narra la llamada “guerra emu” (el emu es ese animal parecido a un avestruz y con su misma mala leche por lo que cuenta). En esa narración me ha recordado al gran escritor australiano Kenneth Cook, uno de esos escritores con los que te puedes reír a carcajadas. 

Por otro lado, hay capítulos como el 10, titulado El cazador de cocodrilos, en los que cuenta una serie de historias realmente curiosas e interesantes sobre personajes australianos como, por ejemplo,  Keith Adams que en los cincuenta cruzó el país con un viejo Buick. También es muy interesante la referencia al grupo que se reúne para tratar de la salud mental o la existencia del Bite club, un club creado por gentes que han sufrido ataques de tiburones algo que, parece ser, es más frecuente de lo que desearían los habitantes del país.

Como se ve, Terrasa va introduciendo una serie de temas y de informaciones al mismo tiempo que nos va contando el transcurrir de sus días entre horas surfeando, trasladándose a diferentes lugares del país (son muy útiles para seguir su periplo los esquemas de mapas que aporta al principio del libro) y también estudiando porque, y esto no deja de ser curioso, a partir de un determinado momento esta viajera algo hippy decide que no estaría mal convertirse en funcionaria y prepara las oposiciones para profesora de la Escuela Oficial de Idiomas de Palma.

De todo esto trata el libro y por eso decía al principio que no es un típico libro de viajes, incluso me atrevería a ampliar el catálogo y decir que también tiene su parte de comedia romántica (quien lea el libro verá por qué lo digo).

Además, está bien escrito (o traducido ya que el original está escrito en catalán) y todo va fluyendo con agilidad. Quizá le sobran algunos nombres de lugares que al no estar en los mapas que mencionaba antes despistan un poco, pero esto tampoco es importante.

La edición se acompaña de un buen conjunto de fotos y, algo bastante novedoso, de unos códigos QR en los que la autora deja una serie de vídeos desgraciadamente demasiado cortos ya que el lector se queda con ganas de más.

En definitiva, un libro para pasar muy buenos ratos y compartir una experiencia interesante.

 

Marta Terrasa, Winter in july. Dos años en furgoneta por Australia. Traducción Esther Santos.

 

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martes, 21 de marzo de 2023

Un gran viaje

Tengo al autor como uno de los grandes reporteros de nuestro país y así lo he dicho comentando en el blog sus otros libros y, desde luego, en este momento creo que es el que más y mejor escribe sobre la realidad de un continente que sigue siendo desgraciadamente muy desconocido a pesar de su relativa cercanía. Incluso el mismo Aldekoa tiene que reconocer, lo que por otra parte le honra, sus carencias como se puede apreciar en el siguiente fragmento:

 

“Le prometí que buscaría su trabajo (se refiere a varios artistas congoleños) y me retiré, avergonzado porque, mientras que Jean Paul conocía perfectamente a varios pintores europeos, yo no conocía a aquel trío de pintores consagrados, pese a llevar toda mi vida trabajando en África” (p. 240)

 

Este es el cuarto libro que dedica a África y en él sigue más la línea de Hijos del Nilo que la de Indestructibles, es decir, es más un libro de viajes que un reportaje. Y es que lo que ha hecho Aldekoa es recorrer ese inmenso río desde su nacimiento hasta su desembocadura haciéndolo sobre el agua siempre que le ha sido posible lo que ha sucedido, por otra parte, en la mayoría de los tramos. Es un largo viaje en kilómetros y, lógicamente, en tiempo, pero además es un viaje de gran dureza tanto física como psicológica. Ha tenido que bregar con situaciones difíciles, sobre todo en los tramos terrestres, ante los controles que ejercen fuerzas rebeldes en zonas donde no hay presencia real del estado, controles en los que hay que pagar para poder seguir; también ha padecido robos y hasta motos estropeadas. A eso se unían las dificultades para comer, dormir o lavar, aunque estas también las tuvo cuando viajaba en los tramos fluviales.

En el libro nos va transmitiendo los diferentes lugares por los que atraviesa y en muchos casos sus interrelaciones con las gentes del lugar, aunque no de la misma forma y con la misma profundidad con la que lo hizo en Indestructibles porque, vuelvo a insistir, este es más un libro de viajes. En este sentido me ha recordado bastante al Paul Theroux de El último tren a la zona verde, el libro que dedicó a un viaje por una zona cercana a la que recorre el autor.

Evidentemente, no sería Aldekoa si además de lo mencionado no dedicase una parte a otro tipo de temas. Así, escribe sobre la tala de árboles según el conocimiento que tuvo en un viaje anterior; sobre las minas de coltán y cómo se están aprovechando empresas extranjeras; sobre lo que pasó con Patrice Lumumba tras la independencia, aquí reproduciendo un interesante discurso del rey belga Balduino (sí, ese que se casó con la tan católica española Fabiola); la historia más reciente con el presidente Kabila o la brutalidad que existió en la época colonial, entre otros.

Volviendo al viaje, quisiera destacar las condiciones en que lo hace que son, porque así lo ha querido, las mismas en las que viajan los propios congoleños. Así describe la situación del Mampeza, el “barco” en el que realiza el mayor tramo sobre el río:

 

“La suciedad del barco era una amenaza: si durante el día la mugre y los trozos de pescado llenaban la cubierta, por la noche el barco era territorio de insectos, gusanos y cucarachas que campaban a sus anchas, el Mampeza hacía años que no había recibido una enjabonada digna. Parecía una pocilga flotante. La mezcla de grasa y suciedad acumulada, unida a la sangre, las vísceras y los restos de comida de la cocina, creaba charcos de color pardo que se pegaban a los pies. Nadie limpiaba nada. Como mucho, algunos grumetes arrastraban un poco el líquido con sus chanclas y lo empujaban hasta hacerlo caer por la borda.” (p. 256-257)

 

Hay que tener en cuenta que en esas condiciones pasaban semanas y muchos de los que viajaban lo hacían sin prácticamente dinero. Claro que esto queda perfectamente explicado en este diálogo con uno de los grumetes de la embarcación:

 

 “”¿Tú has sufrido alguna vez en la vida?”, había dicho Al Qaeda, y la pregunta permanecía suspendida en el aire.

Seguro que no, porque pocas cosas son comparables al sufrimiento de los más miserables de Congo. Pero no dije nada. No supe decir nada.

Ante mi silencio incómodo, Al Qaeda se contestó a sí mismo.

- En Congo hay quien sufre más o menos, pero todos sufren, todos sufrimos. La vida aquí es eso.” (p.271)

 

En fin son muchas las cosas que se pueden comentar de este magnífico libro, pero no quiero alargame. Solo un par de cosas más: en el capítulo 8, titulado El dragón, hace una descripción de una tormenta que me parece realmente espectacular y de una gran calidad literaria; también agradecer que mencione a Óscar Martínez, un periodista salvadoreño cuya obra, que he descubierto en lo últimos tiempos, me parece imprescindible para conocer la realidad de Centroamérica.

La edición se acompaña de un buen conjunto de fotografías de las que destaco sobre todo las del Mampeza.

Un libro, pues, muy recomendable tanto por lo que se aprende, como por las reflexiones que el lector puede hacer sobre ese tipo de realidades. También porque está muy bien escrito y con la sensibilidad que ya ha demostrado el autor en toda su obra anterior.

Una buena aproximación al libro se puede encontrar en el artículo que ha publicado en el número 8 de la Revista 5W, número que está dedicado precisamente al agua.

Hay una extensa y muy interesante entrevista de David Valiente con el autor en librujula.publico.es

 

Nota (poco importante): Creo que en la página 193 se ha colado una errata en la cifra del presupuesto del gobierno de Kabila.

 

Xavier Aldekoa, Quijote en el Congo

 

miércoles, 18 de enero de 2023

Más viaje que geopolítica


Hacía tiempo que no leía nada de Kaplan, de hecho no hay en el blog ningún libro suyo comentado, aunque es un autor que siempre resulta interesante leer a pesar de que, o precisamente por ello, muchas veces se esté en desacuerdo con lo que dice ya que se trata de un realista puro y duro en política internacional con todo lo que implica eso en su país. Es un periodista, viajero y analista político cuyas opiniones suelen tener bastante influencia en ciertos círculos. (Por cierto, en un momento dado muestra su arrepentimiento por haber apoyado la invasión de Irak).

De este libro me llamó la atención su subtítulo que, por cierto, no existe en la edición original que se limita al nombre del mar. Sobre el contenido del libro el propio Kaplan tiene sus dudas como demuestra en el siguiente fragmento:

 

“Y así, me preocupa que el libro que estoy escribiendo no encaje en ninguna categoría. No es estrategia militar, ni ciencia política, ni historia archivística, ni periodismo de formato largo tradicional, ni literatura de viajes clásica, ni memorias ni crítica literaria. Al fin y al cabo, ¿qué tiene que ver la poesía de Ezra Pound con la actual postura de Occidente y Rusia en Montenegro?”. (p. 289)

 

Lo reproduzco extensamente porque en mi opinión este es el principal problema de este libro. Yo esperaba buenos análisis geopolíticos y he tenido que esperar muchas páginas, y leer muchas descripciones que no me interesaban nada de edificios significados por su arte, y muchos comentarios demasiado extensos de libros que tampoco eran de mi interés, para en los últimos capítulos encontrarme con lo que ofrece el subtítulo.

Este extenso libro, tiene más de 400 páginas, está dividido en 8 capítulos que se corresponden con los lugares que va atravesando el autor para partiendo de la ciudad italiana de Rímini concluir su viaje en la isla de Corfú. Un viaje en el que pasará entre otros muchos lugares por Venecia, Trieste, Liubliana, Zagreb o Tirana. Dicho así parecería que estamos ante un libro de viajes, pero, como dice el propio Kaplan en el texto reproducido antes, solo lo es en parte y, al menos para lo que yo esperaba, precisamente la menos interesante. Hay demasiadas referencias históricas, literarias y artísticas en las que el autor demuestra una gran erudición, pero que no siempre están expresadas con la suficiente claridad y, desde luego, en las que se extiende demasiado.

Por todo lo dicho podría parecer que no merece le pena leer el libro. No es exactamente así. Kaplan es un buen escritor y se lee con gusto al margen del interés que despierte lo que cuenta. Además, hay algunos temas que me han gustado mucho como puede ser, por ejemplo, todo lo que cuenta sobre Montenegro, quizá por mi desconocimiento enciclopédico de ese país, o las explicaciones sobre identidad y pertenencia en Croacia.

 

Robert D. Kaplan. Adriático. Claves geopolíticas del pasado y el futuro de Europa. Traducción Isabel Murillo.

 

 

 

 

 

lunes, 19 de diciembre de 2022

Viajando por siete desiertos


En apenas un año he tenido ocasión de leer tres libros sobre espacios y lugares muy peculiares que tienen en común el hecho de ser territorios inhóspitos. Me refiero a Los sótanos del mundo de Ander Izagirre; Islas del abandono de Cal Flyn y este de Atkins dedicado a “Viajes por lugares desérticos”, que es como se ha subtitulado la edición en castellano.

Evidentemente, Atkins va a los diferentes lugares que menciona en el libro, pero no se trata de un libro de viajes o, al menos, de uno tal y como suele ser habitual en el género.

En el libro se recogen los viajes a siete de los grandes desiertos del mundo desde el Victoria en Australia, al Oriental en Egipto, pasando por el del Gobi, el Aralkum, el Cuarto Vacío en Omán o los de Sonora y Black Rock en Estados Unidos. Y lo más relevante del libro es que cada uno recibe una forma de acercamiento diferente.

Así, en el de Sonora se centra en los problemas con la migración desde el sur; en el Victoria en las pruebas nucleares; en el Oriental en el origen y desarrollo de los monasterios y de las órdenes monásticas que luego se trasladaron a occidente; en el Black Rock en la curiosa fiesta del Burning Man que se celebra todos los años y que congrega a miles de personas que llegan al lugar creando una auténtica ciudad; o en el Aralkum explica muy bien cómo ha ido disminuyendo el mar de Aral.

En todos ellos acompaña las peripecias de su viaje, que por cierto no suelen ocupar demasiado espacio, con descripciones que hicieron viajeros del siglo XIX o del XX. Estas en algunos casos ocupan la mayor parte de lo que cuenta del desierto correspondiente. En algún caso, sobre todo al principio, puede costar llegar a entrar en el contenido por el exceso de información y de personajes que se citan, pero pronto el lector se acostumbra y se alegra de que se den esas informaciones.

Por otra parte, el estilo de Atkins es más literario que periodístico. El libro está muy bien escrito e, insisto, se sale de la norma habitual en el tratamiento de los libros de viajes.

Además, como recoge la editorial en dos de los fragmentos de críticas que reproduce en la solapa: “Si el objetivo de la moderna literatura de viajes es enseñar a los lectores algo nuevo sobre el mundo, este libro lo logra con creces”. The Times Literary Supplement, y “Atkins es uno de los mejores artífices de la palabra”. Olivia Laing.

En definitiva, un texto que merece la pena porque nos traslada a lugares poco conocidos y lo hace con una prosa rica y muy trabajada.

Solo se me ocurre un pero: no hay fotos, algo que hubiese sido enormemente ilustrativo.

 

William Atkins, El mundo inconmensurable. Traducción Luis Murillo Fort.

 

 

viernes, 28 de octubre de 2022

Un libro diferente


Lo primero que tengo que hacer es agradecer una vez más a la editorial Capitán Swing por poner a nuestra disposición libros tan originales, curiosos e interesantes como este. Son ya bastantes los textos de esta editorial que están comentados en el blog, porque son también bastantes los que esta editorial ha publicado con las características mencionadas.

En este caso, el título deja muy claro el contenido: se trata de conocer lugares en los que, por unas u otras razones, ha desaparecido total o parcialmente la presencia humana.

Para ello, la escritora y periodista de investigación escocesa Cal Flyn se ha desplazado a un conjunto de lugares en los que se ha producido esa circunstancia. Lugares de Chipre, Estonia, Escocia, Ucrania, Estados Unidos (cuatro en este caso), Francia o Tanzania.

Una vez en ellos, Flyn nos describe lo que ve y nos cuenta cómo ha evolucionado ese territorio, qué aspectos positivos, la mayoría, y negativos ha tenido esa ausencia de la acción humana.

Estamos por tanto ante un libro que va mucho más allá de un libro de viajes ya que se convierte por momentos en reportaje y, sobre todo, en  ensayo para lo que utiliza, además de sus propios conocimientos, el apoyo de muchas fuentes y trabajos científicos. Por si esto no fuera suficiente, Flyn realiza también un notable trabajo literario que hace que la lectura resulte también muy gratificante por la forma.

En la mayor parte de los casos la visión de la autora se centra más, como advertía antes, en los aspectos positivos, tanto que, como ella misma es consciente, nos deja el siguiente aviso muy cerca del final:


“Este libro se ha centrado en líneas generales en lo positivo: en la hierba que crece en las grietas de la acera: Pero sería negligente por mi parte no mirar de frente lo que es un secreto a voces: los cambios irreversibles y catastróficos a nivel global como resultado de la acción humana”. (p. 267-268)

 

Esto lo hace después de referirse al cambio climático, con varios ejemplos,  y a la participación humana en él.

De un libro como este se pueden sacar multitud de cosas que resultan enormemente curiosas e interesantes. Solo dejaré constancia de algunas que me han llamado especialmente la atención: la existencia de “demarcaciones territoriales invisibles” (esto es, zonas no pobladas) entre las diferentes tribus de los indios americanos, pero también en el Amazonas, en Papúa e incluso la “zona colchón” en la isla de Chipre, lugares en los que se desarrollaba la vegetación y aumentaba la presencia de animales; el gran incremento de los bosques en Estados Unidos, China o España como consecuencia del abandono de la agricultura en algunas zonas; la existencia de “hiperacumuladores de metales” que plantea “otra fascinante posibilidad: las propias plantas podrían considerarse una especie de mineral orgánico; se las podría secar, quemar y extraer de sus cenizas los metales para su reutilización. De esta forma, un granjero podría cultivar y recoger una “cosecha de níquel”…” (p. 187); finalmente, el interesante debate sobre los “ecosistemas emergentes” debidos a la introducción de plantas exóticas.

En fin, un libro tremendamente original en su contenido y en su planteamiento, que descubre al lector -al menos a mí-,  un conjunto de lugares de los que en su inmensa mayoría no tendría seguramente noticia, y que está magníficamente escrito. Un libro además que deja con las ganas de conocer más a fondo algunos de los temas que aborda.

Se acompaña con una serie de fotos muy ilustrativas.

Existe una buena reseña de Koldo en unlibroaldia.blogspot.com.

 

 

Cal Flyn, Islas del abandono. La vida en los paisajes posthumanos. Traducción María Barahona.

 

 

 

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Original planteamiento

Estamos ante un libro difícilmente clasificable con un título enormemente atractivo. Nada menos que Siberia, ese territorio tan desconocido, y los pianos en relación con él. De Siberia conozco bastante su extremo oriental, Kolimá,  gracias a los relatos de Varlam Shalámov (por cierto, una colección de libros algo más que recomendable) y del estupendo libro sobre su viaje en auto-stop a través de esa zona del periodista polaco Jacek Hugo-Bader.

La escritora británica autora de este libro ha dedicado dos años de su vida a ir recorriendo la zona de un lado a otro en busca de pianos de los que iba obteniendo alguna referencia. Ahora bien, en el libro no se limita a contarnos qué ha sido de los pianos, en qué estado se encuentran o quién es hoy su propietario; creo que no hubiese sido demasiado interesante de haber sido así. Por el contrario, Roberts escribe sobre diferentes aspectos que van desde la historia de Rusia y de la URSS, a conciertos dados por grandes pianistas como Liszt o Rijter en distintos lugares de Siberia; también entrevista a un conjunto de personajes originales y a veces algo excéntricos y, lógicamente, narra variadas peripecias en un viaje tan largo y por tierras donde la vida es bastante difícil.

El libro está dividido en tres partes basadas en la cronología. Así, la primera abarca hasta 1917, la segunda desde esa fecha hasta 1991 y la tercera llega hasta el momento actual. Es bastante extenso pues tiene 355 páginas de texto más otras casi 100 dedicadas a notas, referencias  e índice onomástico.

Hasta aquí el contenido de un libro que se lee bien y que ofrece cosas muy interesantes al lado, eso sí, de otras que lo son menos. A mí me han interesado sobre todo cosas como lo que cuenta sobre los decembristas; la visita de Chéjov a la isla de Sajalín; las diferentes referencias que hace al sitio de Leningrado o todo lo que explica en la parte final sobre las islas del Comandante y las Kuriles. Además, claro está, de algunos de los personajes con los que se relaciona en el viaje. Sin embargo, me han faltado más informaciones sobre la vida actual, el territorio y esos aspectos que siempre se tratan en los libros de viajes porque creo que este libro en lo fundamental es un libro de viajes. También me desconcierta el desorden con el que están estructurados algunos capítulos. Así, por ejemplo, el capítulo 11 se inicia hablando de Stalin y Siberia, para pasar a continuación a centrarse en un grupo étnico, los nenezos, del que hace un análisis antropológico y también musical entrevistando a un compositor de esa etnia que tiene piano, termina el capítulo hablando sobre la construcción en los años del ferrocarril 501que iba siguiendo la línea del círculo polar.

En resumidas cuentas, se trata de un libro original en su planteamiento aunque a veces resulte un tanto confuso. Muchas páginas se leen con interés, pero hay otras que quizá puedan interesar a especialistas en los pianos. A mí tengo que reconocer que me ha decepcionado un poco porque, quizá erróneamente, me esperaba otra cosa. Sí tengo que agradecer el conjunto realmente espléndido de fotografías que se insertan en los diferentes capítulos incluyendo algunas hechas en el siglo XIX.

Hay dos buenas reseñas: la de Andrés Seoane en elcultural.com y la de Ricardo Martínez Lorca en revistadeletras.net.

 Original planteamiento

 

Sophy Roberts, Los últimos pianos de Siberia. Traducción Ramón Buenaventura.

 


 

miércoles, 18 de agosto de 2021

Otro buen descubrimiento


Mi afición a la literatura de viajes está de suerte últimamente. Hace poco dejaba el comentario de la última publicación de la estupenda viajera noruega Erika Fatland, a la que ya conocía por su anterior libro ,y hoy comento otro magnífico libro que supone el descubrimiento de otro gran periodista de aquí al que no conocía a pesar de que cuenta ya con bastantes publicaciones en las librerías.

Este libro se publicó en 2005 por primera vez y ahora se reedita. Los viajes que se cuentan los hizo el autor entre 2000 y 2001 con diferentes formaciones de un grupo de doce personas que participaron en el proyecto Pangea, viaje al fondo de los continentes, porque efectivamente se trataba de llegar a los lugares más bajos sobre el nivel del mar en todos los continentes con la excepción de la Antártida.

Viajaron al Valle de la Muerte en Estados Unidos, a la Laguna del Carbón en Argentina, al lago Eyre en Australia, al Mar Caspio en Rusia, al Lago Assal en Yibuti y al Mar Muerto en Jordania. De los 15 metros del Lago Eyre a los 411 del Mar Muerto, pero siempre, en principio, a los auténticos “sótanos” de cada continente.

Izagirre, y esta es una de sus grandes virtudes, no se limita a hablarnos solo del lugar objetivo del viaje sino que, muy al contrario, deja un conjunto de informaciones de todo tipo desde las meramente geográficas, a las sociológicas, políticas, históricas, etc,  además de conversaciones con gentes del lugar y sin que falte, obviamente, un montón de referencias a las propias vicisitudes de los viajeros como traslados dificultosos, lugares en los que pasar la noche,…(por cierto, hay que decir que en general las condiciones solían ser bastante penosas). La conjunción de todos estos factores es lo que confiere al libro el gran interés que tiene lo que, unido, desde luego, a la capacidad narrativa del autor, hacen que estemos ante uno de esos libros de viajes que hay que leer porque se disfruta de cada lugar y en cada página. Sin olvidar tampoco el peculiar sentido del humor que despliega a veces.

Sin entrar demasiado en los diferentes ”sótanos”, sí me gustaría, a modo de ejemplo, dejar constancia de algunas cosas que muestran muy bien cómo está confeccionado el libro. Así, por ejemplo, en el viaje al californiano Valle de la Muerte, dedica bastante espacio a la fiebre del oro desatada en el siglo XIX y también a la gran presencia de vascos en la zona como pastores. En Australia se centra mucho en las expediciones que se hicieron el siglo XIX al interior del continente que es un tema realmente apasionante, también explica el racismo histórico y el maltrato dado a los aborígenes  incluyendo el tema de la “generación” robada de la que tanto se ha hablado últimamente. Leyendo este capítulo me han venido a la mente muchas imágenes de los libros del gran escritor australiano Kenneth Cook del que he leído en menos de un año varios libros centrados precisamente en el outback del que tanto habla Izagirre. En Argentina hay poco de aventura y mucho sobre los argentinos. En Rusia, el capítulo más corto,  bastantes críticas a los rusos que viven en la zona y varias conversaciones. Y termina en Yibuti en el capítulo más duro climatológicamente hablando, dentro de un viaje en la que el clima siempre es muy extremo, y también en el que las condiciones de vida de los habitantes son las peores.

Hay una reseña de Diego González en fronterasblog.com que aunque es baste corta tiene el interés de que muestra fotos de algunos de los lugares del libro. Precisamente la única crítica que yo haría a esta edición del libro es la falta de un apartado bibliográfico y, sobre todo, de un pequeño reportaje fotográfico de unos lugares que tiene que ser realmente espectaculares.

Cuando al final del año haga mi lista de los mejores libros leídos, no faltará este como tampoco el ya citado de Erika Fatland. Ambos llevan la literatura de viajes a gran altura.

Obviamente, después de conocer a Izagirre he comenzado otro libro suyo esta vez dedicado al Tour de Francia. Por lo leído hasta ahora observo que es capaz de desenvolverse muy bien en otros registros. Gran periodista.

 

Ander Izagirre, Los sótanos del mundo.

 

 

martes, 20 de julio de 2021

Gran literatura de viajes



Si el anterior libro de la autora, Sovietistán, en el que escribía sobre su viaje a las exrepúblicas soviéticas de Asia Central, me pareció magnífico como reflejé en mi comentario en el blog, este no le va ni mucho menos a la zaga. Esta noruega licenciada en Antropología Social se está especializando en hacer una interesantísima literatura de viajes en la que mezcla un poco de todo pues hay mucha información histórica, algunos datos relevantes de diferentes temas, parte de reportaje periodístico y multitud de entrevistas ya que conversa con gentes de casi todos los lugares que visita, así: un monje mongol, un pastor de renos, un cantante de “garganta”, un defensor de los derechos humanos, un ingusetio deportado de niño, un georgiano que ha quedado en Osetia del Sur al mover estos la frontera (en una historia que recuerda mucho a cosas que ha contado Joseph Roth en varios de sus libros), una sueca que vive en Ucrania desde siempre, tártaros de Crimea, voluntarios rusos en Donetsk, habitantes en la zona de Chernóbil, una judía que con 5 años estuvo en el gueto de Minsk, una Sami en Laponia,…(he sido bastante prolijo para que se vea la variedad de sus entrevistados).

Claro que como dice la autora: 

“Durante este último año, había dejado atrás más de 20.000 quilómetros de recorrido por fronteras territoriales de Rusia. Con ayuda de vuelos interiores norcoreanos, trenes de alta velocidad chinos, lentos trenes kazajos, autobuses, minibuses, caballos, taxis, cargueros, kayaks y mis propios pies había viajado por catorce países y tres repúblicas secesionistas.” (p.587)

Es decir, que ha tenido tiempo para eso y también para disfrutar de unas experiencias tan variadas como únicas. Cuenta Fatland, además, con la capacidad de narrar muy bien lo que ve y lo que le sucede, así como también la de introducir informaciones históricas relevantes para comprender lo que ha sucedido después. A mí me ha descubierto todo un mundo con los conflictos históricos entre Suecia y Rusia desde hace siglos por el dominio del norte; o me ha demostrado que en todas partes cuecen habas cuando relata la “guerra de los monumentos” en Estonia que tantos parecidos guarda con cosas que pasan por aquí; también he conocido la utilización por parte de empresas noruegas de miles prisioneros soviéticos para construir los ferrocarriles en los años cuarenta del siglo pasado, por poner solo algunos ejemplos.

Desde otro punto de vista más antropológico es muy interesante observar la enorme complejidad étnica del Cáucaso y los conflictos consiguientes. Además, es importante también la presencia de multitud de personajes históricos desde Gengis Kan a Putin, pasando por reyes históricos y actuales dirigentes de muchos de los países que recorre.

Si a eso le unimos que se  completa la edición con unos mapas muy claros, un buen resumen de la historia de Rusia y una breve bibliografía, vemos que estamos ante una obra muy completa para acercarnos al conocimiento de esta inmensa zona que tiene frontera con el mayor país de la tierra.

Por cierto, sobre lo que significa una frontera me parece muy acertado lo que dice en el siguiente fragmento: 

“Cruzar una frontera es una de las cosas más fascinantes que existen. Geográficamente, el traslado es mínimo, casi microscópico. Solo te desplazas unos metros, pero de golpe te hallas en otro universo. Algunas veces, todo es absolutamente diferente, desde el alfabeto y la moneda hasta las caras, los colores, los sabores, las fechas importantes y los nombres remarcables que la gente conoce.” (p 218)

Aunque pueda resultar chocante, el título del libro que reproduzco más abajo es el de su versión original en noruego. Fatland ha querido dejar constancia ya en la portada de la cantidad de sitios que ha recorrido y sobre los que escribe.

Es muy significativo lo que comenta la autora en su nota final de agradecimientos sobre cómo ha sido posible dedicar tres años de trabajo a un libro así de los cuales 259 días los dedicó al viaje de investigación. Visto desde España parece inaudito, pero ha sido la Asociación de Autores y Traductores de literatura de no ficción la que le concedió una beca de tres años. Además, Passa Porta, la casa internacional de literatura en Bruselas, le brindó dos meses de estancia en su piso para escritores. En fin, más o menos lo mismo que por estos lares.

Solo me queda insistir en la recomendación de la lectura de este magnífico ejemplo de literatura de viajes y también del anterior de la autora que espero que siga viajando por otros territorios y contándonoslo.

 

Erika Fatland, La Frontera. Un viaje alrededor de Rusia, a través de Corea del Norte, China, Mongolia, Kazajistán, Azerbaiyán, Georgia, Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Polonia, Letonia, Estonia, Finlandia, Noruega y también el Paso del Noreste. Traducción Carmen Freixanet.