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jueves, 12 de noviembre de 2020

Mucho más que una biografía


Conocí a Grossman primero de forma indirecta a través del libro de A. Beevor en el que este comenta sus escritos sobre la batalla de Stalingrado. Luego he tenido ocasión de ir leyendo la mayor parte de lo traducido hasta que, al fin, el año pasado me atreví con Vida y destino, sin lugar a dudas su mejor trabajo y creo que una de las grandes novelas del siglo XX. Es un magnífico escritor y, además, alguien comprometido en un país en el que no era precisamente fácil decir las cosas que él escribía.

El libro de Popoff hace honor a los dos términos de su título, pues si por una parte se trata de una biografía de Vasili Grossman, por otra, queda magníficamente reflejado lo que pasaba en el país lo que ayuda también a comprender mejor la obra del escritor.

Esta segunda característica hace que sea un libro que pueda interesar también a aquellos que no conozcan demasiado la obra del biografiado, pero que sí tengan curiosidad por saber lo que pasaba en la Unión Soviética sobre todo en la época estalinista, que es en la que transcurre la parte fundamental de la vida de Grossman ya que nació en 1905 y murió en 1964.

En el libro se dan muchas y muy variadas informaciones sobre el personaje: la buena relación que tenía con su padre, sus estudios de ingeniero de minas, los diferentes trabajos que realizó antes de centrarse en el periodismo y la literatura, sus relaciones amorosas y, desde otro punto de vista, la rapidez con la que escribía haciéndolo además a mano aunque era más lento pensando, la atención que prestaba a los detalles, etc.

También muestra a partir de datos que ofreció el propio Grossman algunos de los problemas de la gente como, por ejemplo, los bajos salarios que se pagaban a los que trabajaban en las minas o las enormes dificultades para conseguir vivienda. Por otro lado, da mucha información sobre la persecución de los judíos tanto entre 1936 y 1938, periodo en el que incluso fue detenida Olga que era su mujer en ese momento, como entre 1948 y 1949. Este es uno de los temas recurrentes en el libro ya que Grossman colaboró muy activamente en la elaboración del Libro Negro, un texto en el que se recogen con todo detalle estas persecuciones.

Popoff va contando los diferentes momentos en la vida del escritor y a medida que este va publicando artículos y libros los va comentado. De hecho hay capítulos enteros dedicados a alguno de ellos como pasa con Vida y destino y Todo fluye. También relaciona algunos de las personas que se va encontrado Grossman en su vida con personajes de alguno de sus libros, sobre todo con los de Vida y destino. Tengo que reconocer que yo todo esto me lo pierdo porque no soy capaz de recordar a esos personajes, pero creo que puede ser interesante para quienes sí los recuerden.

Son muchas las informaciones de todo tipo que se cuentan en un libro que tiene 439 páginas en una edición en formato grande. Informaciones que en algún caso, aunque pocos, son quizá demasiado prolijas, pero imagino que la autora las considera necesarias para conocer mejor al personaje o el contexto.

Estamos ante un libro en el que Stalin sale, una vez más, malparado algo lógico teniendo en cuenta lo que supuso de sufrimiento su gobierno para una parte importante de los habitantes del país. Por eso impresiona tanto lo que cuenta la autora sobre la  reacción popular a su muerte y la popularidad de la que goza hoy en día, tal y como la relata en el Epílogo. Claro que estamos hablando de un país en el que en las elecciones Putin arrasa como no sucede con ningún gobernante en occidente; esto es, en un país bastante peculiar en el que su pueblo pasó de la servidumbre a los nobles y al zar al sometimiento a una forma de estado dictatorial como pocas en la historia.

Son muchas las cosas buenas que se pueden decir de este libro que, además, está magníficamente escrito y que se lee con gran facilidad por la fluidez de la prosa de la autora. Es un estudio muy completo de la obra de Grossman y de las vicisitudes por las que pasaron varios de sus textos para ser publicados e, insisto, un buen compendio del transcurrir de ese país durante algo más de la primera mitad del siglo pasado.

Muy recomendable;  ya lo tengo en la lista de los mejores que he leído en 2020.

 

Alexandra Popoff, Vasili Grossman y el siglo soviético. Traducción Gonzalo García.

 

 

sábado, 28 de marzo de 2020

Sobre la memoria, la censura y la libertad




Qué gran acierto de la editorial Errata Naturae la traducción de tres libros ya de esta magnífica escritora rusa. Los dos anteriores fueron novelas en las que criticaba duramente el estalinismo. La primera, además, la escribió ya en 1939-40 y se refería a las purgas de 1937. Esto es, Chokóvskaia era una mujer comprometida con la libertad.
Dice Marta Rebón, la traductora de este libro como también lo es de los otros dos y una gran conocedora de la literatura rusa, en una nota que precede al texto:

“Es ésta una obra muy rica, tanto en conocimientos y vivencias como en referencia a la cultura rusa.” (p. 6)

Desde luego así es y tengo que añadir que a mí me ha interesado principalmente lo que se refiere a las vivencias y a todo lo que cuenta sobre la represión tanto sobre ella como de otros escritores.
El libro está dividido en dos partes. La primera, la más autobiográfica,  la escribió en 1974. La segunda, en la que cuenta cosas muy interesantes de otros escritores, data de los años 1977-1978.
La primera está muy centrada en su expulsión de la Unión de Escritores que se produjo en 1973. Reproduce algunos momentos del debate previo a su expulsión en los que aflora la miseria intelectual de los intervinientes todos ellos en contra de la autora.
Previamente escribe sobre la necesidad de la memoria histórica (recuerdo que su primera novela trataba sobre la inmensa represión de 1937) con fragmentos como el que reproduzco que, por cierto, tiene buena aplicación a lo que pasa en nuestro país:

“Qué mentira tan vulgar es esa idea de que recordar y llorar los muertos significa reabrir las heridas. En realidad, las lágrimas y el recuerdo son el único medio que conoce el ser humano para curarlas.” (p. 24)

Aprovecho también ahora para reproducir otro fragmento de una carta escrita en 1966 que, además de reflejar de forma muy clara el pensamiento de la autora, sirve como el anterior para aplicarlo a cosas que suceden por aquí:

 “Porque un libro –un poemario, un cuento, una novela; en suma una obra literaria-, ya sea flojo o potente, verdadero o falso, excepcional o mediocre, es una expresión del pensamiento colectivo, y no debe ser juzgado por un tribunal penal o militar, sino por la sociedad y la crítica literaria. Los escritores, como cualquier ciudadano soviético, pueden y deben ser juzgados en un tribunal de justicia si cometen algún delito, pero no por sus libros. La literatura no es competencia del derecho penal. Las ideas se contraponen con ideas, no con campos de trabajo y prisiones.” (p. 246-247)

Es muy interesante su debate interior sobre el tema de tener que ceder en algunas cosas para poder publicar otras, algo que hicieron bastantes escritores que preferían eso a no poder publicar. Ella, sin embargo, se hizo el juramento de que: “nunca permitirá a ningún editor, por muy noble que fuera el fin, que suprimiera de un libro o un artículo mío una sola línea dedicada a la memoria de una víctima.” (p. 41)
Me ha gustado y emocionado el precioso texto con el que se despide de la Unión de Escritores tras su expulsión y, desde otro punto de vista, me ha sorprendido el que, a pesar de lo duro de los temas que trata, Chukövskaia sea capaz de usar una fina ironía cuando, por ejemplo, va relatando los muertos en 1937.
En la segunda parte, sin abandonar aspectos autobiográficos, se centra en lo sucedido con otros escritores. Así, dedica dos capítulos completos a Solzhenitsin, quien se instaló por un tiempo en la dacha de la autora, y bastante espacio a Sájarov, Pasternak, entre otros.
Hay un fragmento que resume muy bien el pensamiento de Chukóvskaia sobre lo que pasa tanto con ella como con estos escritores:


“Aquí existe un crimen que las autoridades nunca perdonarán a nadie. Es la única ley que se observa con rigor: todo individuo debe ser castigado con severidad ante el mínimo intento de pensar por sí mismo. De pensar en voz alta.” (p. 260)

Algunos comentarios sueltos para terminar. Una vez más se ve la importancia que la poesía ha tenido en la sociedad rusa, es algo que aparece en casi todos los libros. Por otra parte, he de decir que, aunque desconozco a la inmensa mayoría de los escritores que se mencionan en el libro, no importa demasiado; el libro merece mucho la pena. Hay un buen Glosario al final del libro hecho por Ferran Mateo en el que se cuentan cosas de varios personajes citados en el texto; habría sido muy interesante conocer qué ha sido de algunos de los principales represores tras el cambio de régimen porque estoy casi seguro de que más de uno también logró puestos de privilegio.
En la nota de la traductora que reproducía al principio se decía que es una obra rica en referencias a la cultura rusa. Me permito recomendar sobre ese tema el libro En la ciudad líquida, escrito precisamente por Marta Rebón, en el que yo he descubierto a muchos y grandes escritores rusos.
En fin, una crónica magníficamente escrita, tremendamente interesante y muy emocionante en algunos pasajes. Un ejemplo más, y ya son muchos, del mal que representó el estalinismo y de lo absurda que siempre es cualquier forma de totalitarismo.
Obviamente muy recomendable, pero aprovecho también para recomendar cualquiera de los otros dos ya publicados.

Lidia Chukóvskaia, Crónica de un silencio. Traducción Marta Rebón.


jueves, 29 de agosto de 2019

Corta pero intensa autobiografía



Tiende uno a creer que después de haber leído los libros de Anna Lárina, Evgemia Ginzburg, Margarete Buber-Neumann o Nadiezhda Mandelsdtam ya conoce todos los padecimientos que sufrieron las mujeres en la Unión Soviética y, sin embargo, este breve libro demuestra que no es así.
En él se recoge el texto Mi autobiografía que Yaroslávskaia escribió mientras estaba recluida en la prisión poco antes de ser fusilada. Además, en esta edición se incluyen otros textos interesantes: El interrogatorio a que fue sometida el 12 de enero de 1931, la sentencia, un extracto del acta del consejo de la GPU y un extracto del testimonio de un guardia. También hay un Prólogo de Olivier Rolin presentando a la autora  y un largo Posfacio de Irina Flige, la descubridora del texto original, sobre el contenido y su  contexto. Hay que destacar también las magníficas notas de Ferran Mateo que ayudan a entender mejor algunos aspectos de lo que se cuenta.
Yaroslávskaia era hija de gente de la burguesía intelectual judía de Petrogrado, nació en 1902, estudió en la universidad, se casó a los veinte años con el poeta Aleksandr Yaroslavski, fue partidaria de la revolución de octubre en los primeros momentos, pero poco a poco se fue alejando al apreciar que se desviaba de sus objetivos originales. Con su marido estuvo dando charlas antirreligiosas  a lo largo del país, pero al crearse la Unión de Ateos la pareja quedó excluida al encargarse las charlas a esta organización. Viajaron entonces a París y Berlín a cuyo regreso fue detenido él por haberse relacionado con exiliados y enviado a las Islas Solovkí. A partir de ese momento, Yevguenia se dedicará al robo y a vivir en la calle en contacto con el hampa. Será detenida, procesada y condenada a “la medida suprema de protección social”, el magnífico eufemismo para no decir el fusilamiento.
Como se dice en el Posfacio, el texto de la autobiografía se escribió de un tirón y sin correcciones, sin que se sepa si hubo un borrador previo. Desde luego, si algo lo caracteriza es su enorme fuerza, pues además de los hechos de su vida introduce de vez en cuando algunos elementos de su ideología y de su visión de la revolución.
Como dice Olivier Rolin en el Prólogo:

“En el acta procesal de su interrogatorio -¡redactado por ella misma!- dice militar por la insurrección campesina, por la deserción entre las filas del Ejército Rojo, por los levantamientos en los campos e incluso por “actos terroristas aislados contra agentes de la GPU”… No sé si existe algún otro ejemplo de una intrepidez tan brillante, de una libertad tan insolentemente forjada.”  (p. 18)

Esa intrepidez y esa libertad son los dos elementos que hacen que la lectura de este breve texto autobiográfico, apenas tiene ochenta páginas, sea tan apasionante y novedosa.
Hay dos buenas reseñas: la de Montuenga en unlibroaldia.blogspot.com y la de Monika Zgustova en elpais.com.

Yevguenia Yaroslávskaia-Markón, Insumisa. Traducción Marta Rebón

lunes, 12 de agosto de 2019

Otro gran periodista polaco



Coinciden en este libro tres elementos que me lo hicieron interesante: desarrollarse en Kolimá, hacer referencia a Vaclam Shalámov, y estar escrito por un periodista polaco ya que, además del muy conocido Kapuscinski, he leído recientemente Los osos que bailan. Historias reales de gente que añora vivir bajo la tiranía de Witold Szablowski, que demuestra la existencia de una buena cantera polaca en el periodismo de reportaje. Tienen una forma especial de contar las cosas.
Los relatos de Shalámov sobre su experiencia en Kolimá son seguramente lo mejor que se ha escrito sobre esa época en esa zona. Hugo-Bader se propuso recorrer los 2025 km de la llamada Autopista de Kolimá desde su inicio en la ciudad de Magadán hasta su final en Yakutia, y hacerlo fundamentalmente en los medios privados que le proporcionara la gente. Empleó 36 días para hacer el recorrido.
En el libro hace una especie de diario y el apartado de cada día lo divide en dos partes: en la primera suele comentar algunas incidencias del viaje (medios que ha utilizado, lugares donde ha dormido, comidas, etc.) o algunos datos de la zona que atraviesa o algunos aspectos de su historia; mientras que en la segunda establece conversaciones (que parece ser que grabó) con personas interesantes con las que se va encontrando.
Si en la primera demuestra su capacidad de observación y de síntesis, en la segunda muestra sobre todo la de empatía y profundidad en el análisis de las personas.
Hay, como no podía ser de otra forma, bastantes referencias a lo sucedido en la época estalinista -de hecho algunos de los entrevistados vivieron la experiencia de los campos- y también varias a relatos de Shalámov. Sin embargo, en el libro, sobre todo en la segunda parte, predomina la narración de lo que sucede hoy y de cómo vive la gente. En este sentido se dedican muchas páginas, por ejemplo, al tema del oro, su extracción, su importancia en la zona, etc.
A continuación dejo la propia opinión de Hugo-Bader sobre el objetivo del libro:

“Pero de todo esto no habrá casi nada en mi relato. De aquellos tiempos. Si voy a visitar  los últimos supervivientes, será por avaricia, para no perdérmelo, puesto que es la última oportunidad para describir todo aquello que les tocó vivir, experimentar. Son gente excepcional; han visto el fondo de la vida. En los campos atravesaron la frontera tras la cual se desintegra cualquier arma. Pero lo que más me interesará oír es lo que ocurrió a continuación: cómo seguir viviendo con semejante bagaje. Cómo han vivido.
Me voy a Kolimá para ver cómo se vive en un lugar así, en un cementerio así, el más largo. ¿Es posible amar, reír, gritar de alegría? ¿Y cómo se llora, se engendra y se educa a los hijos, se gana uno la vida, se bebe vodka, se muere…? De esto quiero escribir. Y de lo que comen, cómo lavan el oro, hornean el pan, rezan, se curan, sueñan, luchan, se mueren a palos…” (p. 19)

A lo largo del viaje hay algunos aspectos que varían poco: la permanente presencia del vodka o el coñac, los alojamientos en malas condiciones y el frío (a pesar de que lógicamente el viaje no lo hizo en el duro invierno de la zona). También recoge algunas curiosidades como:
La forma de saber que ha llegado ya el invierno por la posición de algunos árboles.
Los prisioneros de guerra japoneses (Segunda Guerra Mundial) que, tras ser liberados,  en gran número se alistaron en el PC japonés.
El “ingenioso” método que utilizaron para enterrar a los asesinados en masa aprovechando la ladera de la montaña y formando con ellos terrazas.
El grupo de expresos comunes por asesinato que forman una comuna (cooperativa) para talar, cavar tumbas, derribar edificios, etc.
Y todo lo que cuenta sobre el oro y su importancia en la zona.
Además están las personas: desde un cirujano borracho o un oligarca ruso del oro, pasando por un ermitaño hasta un redactor de un diario local. En lo que cuentan estas personas está lo mejor del libro con momentos emotivos, graciosos, sorprendentes, etc.
No faltan, tratándose de un polaco, las críticas a los rusos. Baste como ejemplo este breve fragmento:

 “(...) no les gusta el concepto “democracia”. La asocian con lo que consideran el peor periodo de su historia, durante el derrumbe de la Unión Soviética, es decir, los años 90, la época de Yeltsin.” (P. 170)

Un libro absolutamente recomendable de un periodista en la mejor tradición de Kapuscinski.
En la edición se echa en falta un buen mapa y fotografías teniendo en cuenta, además, que el autor menciona más de una vez que las está haciendo.
RicardoMartínez Llorca termina así su magnífica reseña en culturamas.es: “Este libro se hizo con un galardón tan importante como el English Pen Award. Y debería hacerse con el de formar parte de los libros más extraordinarios de nuestra biblioteca.” Totalmente de acuerdo.

Jacek Hugo-Bader, Diarios de Kolimá. En autostop por la Rusia extrema. Traducción Ernesto Rubio y Agata Orzeszek.


miércoles, 17 de julio de 2019

Mujeres en el Gulag



Esta escritora nacida en Praga pero residente en Barcelona desde hace muchos años y que escribe en castellano, ha aparecido ya en el blog en dos ocasiones. Por una decepcionante novela y por un magnífico libro sobre la vida de Svetlana Stalin, la hija del dictador.
En este libro cambia radicalmente de registro. En el año 2008 fue a Moscú donde se entrevistó con varias mujeres que habían sido represaliadas en el Gulag en diferentes momentos. Posteriormente, entrevistó a otras dos rusas  en París y a una polaca en Londres. Con todo ello, y a  partir de las narraciones de las nueve mujeres, Zgustova pretende ofrecer al lector una imagen de lo que fue aquella época para mucha gente.
Como ya advertía recientemente al comentar el libro de Lilianna Lunguina, Versión original, no hay aportación de grandes novedades; quien haya leído cualquiera de los libros de Evgenia Ginzburg, Anna Lárina y  Nadiezhda Mandelstam e incluso el de Margarete Buber-Neumann, ya ha tenido ocasión de comprobar la arbitrariedad, la sinrazón, la dureza y la extensión que tuvo la represión en la época estalinista. En este que ahora comento puede encontrar, eso sí, diferentes casos y narraciones muy resumidas en las que se recogen hechos y situaciones como las de cualquiera de los libros mencionados. Es, en definitiva, un  buen resumen y una buena introducción al tema.
La única novedad que he encontrado es que algunas de las entrevistadas, tal y como menciona la autora en la Presentación, llegan a hablar de experiencia positiva su estancia en los campos de trabajo por lo que supuso de conocimiento de ellas mismas, de superación y de valoración de la amistad. Evidentemente, no lo dicen todas pues hay quien también afirma que: “El gulag fue una pérdida de tiempo, de salud, de energía. (…) No, desde ningún punto de vista mi experiencia en el gulag valió la pena.” (p. 128)
Las causas de las detenciones y deportaciones abarcan un amplio espectro: desde la afirmación de que la penicilina americana era mejor, lo que le supuso a la autora de la frase 10 años de condena, a la simple detención tras la denuncia de alguien que lo que pretendía era ocupar su piso.
Las penalidades por las que pasaron las nueve mujeres que ha entrevistado, y algunos otros casos que ellas cuentan, abarcan todo lo que uno se pueda imaginar y más. Lo realmente difícil es entender cómo lograron sobrevivir. Quizá, como afirma la polaca Janina Misk: “¿Cómo pude sobrevivir a todo esto? Tal vez gracias a la esperanza de que todo terminaría y vendrían tiempos mejores. Esa esperanza absolutamente ilógica no me abandonó nunca.” (p. 200) Hay también un elemento común a todas las entrevistadas y es que se trataba de mujeres jóvenes cuando estuvieron en los campos.
En este sentido Zgustova comenta los problemas físicos que padecen la mayoría de ellas en el momento de la entrevista y que son consecuencia directa de los padecimientos y el hambre que tuvieron que soportar.
En fin, se trata de un libro muy interesante aunque no siempre fácil de leer. De hecho creo que la mejor recomendación es ir espaciando la lectura y en ningún caso leerlo de forma seguida, por un lado, por la dureza de las historias, pero, además, porque resulta fácil terminar mezclando las historias.
Hay una reseña de Anna Caballé con más información en elpais.com



Monika Zgustova, Vestidas para un baile en la nieve.








lunes, 15 de octubre de 2018

Historia, biografía, vida..


Nada mejor para empezar este comentario que hacerlo con unas palabras del autor escritas en el capítulo final de Agradecimientos:

“Y me puse a trabajar. Quería escribir La casa de los veinte mil libros utilizando la narración, las técnicas descriptivas que yo había desarrollado durante más de veinte años como periodista, pero también quería contarla como hechos históricos, utilizar archivos y bibliotecas de una manera que Chimen, un consumado historiador, hubiera aprobado. Finalmente me decidí por una solución intermedia: haría una profunda investigación en archivos y mediante entrevistas, pero no pondría notas a mi texto. Contaría una historia y confiaría en que mis lectores confiaran en mí. Espero haberme ganado, con la narración, esa confianza.” (p. 347-348)

Mi confianza la ha ganado a lo largo de esta magnífica historia en la que hace algo más que la  biografía de su abuelo Chimen, un judío de apenas 1,55 metros de altura, pero con una capacidad intelectual portentosa que le llevó a ser profesor de la University College London en 1974 sin tener ninguna titulación académica.
Nacido cerca de Minsk en 1916, pero muy pronto exiliado en Londres a causa de la situación de su padre, un rabino de los más importantes de la época. Aquí formó su familia con Miriam y regentó una librería, aunque lo más relevante fue su dedicación a la compra y venta de ejemplares de libros relacionados primero con el marxismo y luego con el judaísmo.
En su casa, llena de libros por los cuatro costados, se reunía una parte importante de la intelectualidad de izquierdas primero hasta 1958, cuando el matrimonio era miembro del Partido Comunista,  y judía más tarde tras el abandono de la actividad política.
En esas reuniones vemos desfilar por la casa a gente como: E.Hobsbwam, E.P.Thompson, J.Joll o Ch. Hill que para quienes hayan estudiado historia, como es mi caso, resulta realmente apasionante. El autor dice que a lo largo de los años pasaron por la casa miles de personas. Allí comían, porque Miriam estaba permanentemente elaborando platos, y muchas veces dormían, pero, sobre todo, debatían horas y horas sobre marxismo y socialismo los primeros años y sobre judaísmo más adelante.
Abramsky, gracias a su detallismo y sensibilidad, nos muestra muy bien cómo era la vida cotidiana de esas gentes en el Londres de la posguerra y épocas posteriores. Gentes que pertenecían en su mayor parte al mundo judío aunque fuesen en su inmensa mayoría ateos convencidos. Su forma de narrar hace que el lector se implique mucho en la narración y hasta en alguno de los debates (en los religiosos reconozco que me he perdido en más de una ocasión); es como si de alguna manera fuéramos un invitado más.
Hay informaciones muy interesantes sobre, por ejemplo, cómo pudieron sus abuelos ser estalinistas y el tiempo que les costó dejar de serlo o, algo muy diferente, cómo siendo ateos mantenían las principales fiestas judías e incluso la tradición para las bodas de su familia.
Estamos ante un libro diferente, muy bien escrito y con una narración que no decae salvo en algún momento muy concreto; un texto que derrocha amor por los libros y un respeto profundo por la familia. Un libro en el que se pueden aprender bastantes cosas, pero del que sobre todo se disfruta la mera lectura.
Hay una reseña de José María Guelbenzu, en elpais.com, en la que cuenta más del contenido y una interesante entrevista de Antonio Fontana en abc.es.


Sasha Abramsky, La casa de los veinte mil libros. Traducción Ángeles de los Santos.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Volumen final de una gran obra




Ha habido que esperar nada menos que tres años para que aparezca el último volumen de la obra que Shalámov dedicó a los campos de Kolimá. Yo había leído hace tiempo que en este volumen se recogían algunos ensayos y reflexiones del autor, pero me he llevado la sorpresa de que todo lo que se incluye está referido, como ya se indica en el subtítulo, al mundo del hampa. Me hubiera gustado más lo que esperaba aunque siempre es muy interesante lo que cuenta.

A lo largo de los ocho relatos que conforman el libro, Shalámov nos va describiendo y explicando en qué consiste el mundo del hampa, de dónde salen muchos de sus miembros (es muy interesante la idea de que proceden en gran número de la “deskulakización” en los tiempos de Stalin), cuál es el papel de la mujer en ese mundo, quiénes son “las perras”, cuáles eran sus canciones típicas y, algo muy curioso, los “novelos” como su forma literaria de carácter oral. En definitiva, da una visión muy completa de ese mundo y, obviamente, de su funcionamiento tanto en las cárceles como en los campos de trabajo.
Todo, además, con el estilo tradicional del autor que tal y como se recoge en el Posfacio con sus propias palabras consiste en:


“Nada de desenlaces inesperados ni de fuegos artificiales. Frases escuetas, comprimidas, sin metáforas. Una exposición sencilla, correcta, breve de la acción, sin ninguna floritura… Uno o dos detalles incrustados en el relato, detalles mostrados en un primer plano. Detalles nuevos, que nadie ha mostrado antes.” (p. 200)


Se cierra con este volumen una obra tremendamente interesante en todos sus volúmenes como ya he dejado constancia en anteriores entradas del blog. Una visión casi exhaustiva de lo que fueron los campos de la era estaliniana en la zona de Kolimá. Una obra realmente monumental que forma junto al libro de Evgenia Ginzburg, que también comenté hace poco, lo mejor que se ha escrito sobre esa época. 

En el Posfacio, escrito por  el traductor, se da una visión sobre la obra en general y se cierra el libro  con una serie de ideas que Shalámov incluyó en un documento, fragmentario e inacabado, en el que se recogen una serie de reflexiones entre las que me gustaría destacar la que sigue:


“31. He sabido que el mundo no se ha de dividir entre buenos y malos, sino entre los cobardes y los que no lo son. El 95% de los cobardes son capaces de cualquier villanía, de vilezas mortales, ante una débil amenaza.” (p. 213)


Un libro totalmente recomendable por su valor testimonial, pero también por sus valores literarios.

Varlam Shalámov, Relatos de Kolimá, Volumen VI. Ensayos sobre el mundo del hampa. Traducción Ricardo San Vicente.

lunes, 30 de octubre de 2017

Impresionantes memorias



“Las memorias de Evgenia Ginzburg son, de manera explícita, el relato de un viaje a los infiernos carcelarios del comunismo soviético, pero también, y de manera mucho más sigilosa, la confesión de alguien que ha aprendido algo sobre sí mismo y sobre su alma, que ha ido alcanzando grados sucesivos de conocimiento y desengaño en la misma medida en que conoce celdas, despachos de interrogadores, campos de trabajo que siempre son no el destino final de una castigo, sino un episodio en el tránsito hacia un tormento mayor, hacia otro campo situado más lejos, en los últimos extremos de Siberia y del invierno, en las fronteras mismas de la aniquilación y del retroceso a la más desnuda y envilecida animalidad.” (p. 9-10)

Estas palabras del Prólogo escrito por Antonio Muñoz Molina resumen muy bien el contenido de este impresionante testimonio.
He leído la mayoría de los libros de los supervivientes de las purgas estalinistas que han sido traducidos, pero en ninguno como en este he visto de forma tan clara todo el proceso y tantos lugares pues desde los inicios en las cárceles de Moscú hasta el final en diversos lugares de Kolimá, la autora pasó por multitud de lugares y trabajos en los que conoció a una ingente cantidad de personas, tanto represaliadas como ella como muchos que formaban parte de los represores, desde carceleros e interrogadores hasta directores de campos de concentración o trabajo.
El texto que comento realmente se compone de dos libros. En el primero, El vértigo, que se publicó en Italia en 1967 y el mismo año se tradujo en España, Ginzburg relata su detención, su estancia en diversas cárceles y, en una segunda parte, el viaje hasta Kolimá. En el segundo, El cielo de Siberia, escrito con posterioridad (en España se publicó en 1980), cuenta los padecimientos que pasó en el extremo oriente ruso, para en una segunda parte, seguir viviendo allí como “libre” una vez cumplida su condena hasta que liberasen a su segundo marido. En este segundo libro quienes hayan leído a Varlam Shalámov encontrarán lugares y situaciones muy conocidas, eso sí, contadas siempre en primera persona.
Evgenia Ginzburg es una extraordinaria narradora. Dice también Muñoz Molina en el Prólogo mencionado antes:

“Su escritura, seca y honda, lacónica como un informe y atravesada de intuiciones certeras sobre la condición humana, podría ser la de un novelista, si es que creemos todavía que la cima de la literatura narrativa es la novela.” (p. 18)

Y, efectivamente, se lee como una novela aunque lo que en el libro se cuente responda a hechos reales que en muchos momentos el lector puede dudar que hayan podido suceder por el esfuerzo de memoria que suponen, algo que  a la autora no le pasó desapercibido y así escribe casi al final del libro:

“Algunos lectores suelen preguntarme: ¿cómo ha podido conservar en la memoria tal masa de hechos y de versos, de nombres de personas y de lugares?
La repuesta es muy sencilla: he podido hacerlo porque, a lo largo de aquellos dieciocho años, el objetivo principal de mi vida esa precisamente ese: ¡recordar para escribir después! En el momento mismo en que traspasé el umbral de la cárcel subterránea del NKVD de Kazán, comencé a reunir materiales para este libro.” (p. 848)

De un libro como este, que además tiene 854 páginas, se pueden comentar multitud de cosas y fijarse en muchos de los momentos relevantes, pero creo que lo mejor que puedo hacer ahora es recomendarlo encarecidamente. No se pasarán gratos momentos, aunque también hay personas que demuestran un alto grado de humanidad y solidaridad en situaciones tan extremas, pero sí que se asistirá a la vida en todas sus dimensiones. No se trata de un texto que se pueda leer de un tirón, y no solo por el tamaño, pero sí que se lo echará de menos si no se coge un rato cada día.
No tiene mayor importancia, pero resulta curioso el hecho de que cada parte tenga un traductor diferente porque en el caso del primer libro, traducido en 1967, aparecen bastantes palabras que hoy están prácticamente desaparecidas o en completo desuso como por ejemplo: antiparras, apañuscados, absurdidad, escandidas, etc.

Evgenia Ginzburg, El vértigo. Traducción Fernando Gutiérrez y Enrique Sordo.

lunes, 2 de octubre de 2017

Magníficas memorias




Conocía ya algo de la obra de Serge por la lectura de dos de sus libros, El caso Tulayev y Ciudad conquistada, así como por el inicio de Medianoche en el siglo que luego abandoné y pronto tendré que retomar. También conocía algunas cosas de su vida y su acción política, pero todo se me ha quedado corto ante estas impresionantes memorias.
Que Serge era un buen escritor ya lo había comprobado y también que no siempre escribe de una forma fácil de seguir. Sin embargo en estas memorias hizo un gran esfuerzo y todo se entiende y se sigue perfectamente.
No se trata de un texto en el que nos enteremos demasiado de los avatares personales del autor, pero sí que seremos capaces de vislumbrar al menos cómo fue la durísima época que le tocó vivir y en la que su compromiso con sus ideas no desfalleció jamás, lo que supone, al menos para mí, la gran lección moral de este libro.
Dice Jean Rière, el editor y autor de las miles de notas que acompañan al texto, en el Prólogo¨:

“El verdadero destino de Victor Napoleón Lvovich Kibalchich alias Victor Serge es enriquecernos con esa polifonía dominada de cabo a rabo, hecha de compasión y comprensión profundas, de lucidez serena, de firmeza moral, de intransigencia combativa, de inteligencia clara.” (p. 13)

Acertadas palabras que dan una idea bastante precisa de cuál es el sentido del libro. 
Con Serge recorreremos el París que en 1909 se manifiesta por la muerte de Ferrer Guardia; la Barcelona en la que en 1917 se está produciendo la Asamblea de parlamentarios y todo el movimiento insurreccional; el Petrogrado de la guerra civil y del comunismo de guerra; su participación en el grupo  de Oposición en Leningrado; su destierro en Orenburgo (Kazajstán); su salida final para Méjico y muchos otros momentos todos ellos importantes y enraizados en las luchas que tenían lugar en aquella época.
Tiene también momentos muy literarios, como por ejemplo el relato de su llegada a Petrogrado; otros en los que con unos pocos trazos da buena cuenta de algunos hechos, como cuando habla de la cheka; y, desde luego, es una auténtico virtuoso en la descripción de los personajes reales que aparecen en el libro y que son muchísimos. Valga el siguiente como ejemplo:

“ (…) y Franz Dahlem, joven, de rasgos duros, de nariz grande, mirada inexpresiva, trabajador sin personalidad, militante sin inquietud, informado sin pensamiento, que nunca hacía una pregunta mínimamente viva, pero aplicaba cuidadosamente las consignas y las directivas. El tipo del suboficial comunista. Ni tonto ni inteligente: obediente.” (p. 206) (Luego fue líder del partido comunista alemán y entregado a la Gestapo por Vichy)

El compromiso de Serge se puede ver perfectamente por el relato de su trabajo en 1919, esto es, en plena guerra civil:

“Yo cumplía naturalmente, como todos los camaradas, una multitud de funciones. Dirigía el servicio de lenguas latinas de la Internacional y sus ediciones, recibía  a los delegados extranjeros que llegaban por caminos peligrosos a través de las redes de alambres de púas del bloqueo, llenaba las funciones de comisario para los archivos del ex ministerio de Interior, es decir la ex Ojrana; era a la vez soldado del batallón comunista del II ramos y attaché al estado mayor de la defensa; allí me ocupaba del contrabando con Finlandia; comprábamos a honrados comerciantes de Helsinki armas excelentes (…).” (p. 122)

Pero un compromiso matizado como también decía unos meses antes:

“Mi decisión estaba tomada, no estaría contra los bolcheviques ni sería neutro. Estaría con ellos, pero libremente, sin abdicación de pensamientos ni de sentido crítico.” (p. 106)

Tan crítico como para escribir: “Una sopa sustanciosa costaba un rublo en el restorán donde unas niñitas ayudaban al servicio para poder lamer el plato cuando uno había terminado y recoger las migas del pan.” (p. 364) (En Orenburgo desterrado en 1933 y, por lo tanto,  después de muchos años de revolución.)

Esta es la clave del personaje, comprometido con el proceso revolucionario pero sin abdicar de sus ideas. Y, claro, así le fue en un país dominado por Stalin. Es curioso observar la cantidad de nombres que salen en distintos momentos del libro y que llevan la coletilla de muerto, desaparecido, represaliado o fusilado en 1937.
Un libro realmente excepcional del que, eso sí, se pierden muchos detalles por desconocimiento de la historia del país y de una gran cantidad de los personajes que menciona.
Me han llamado la atención algunas cosas de la traducción. Así, el uso del término “destroyer” por destructor (antes sí que se utilizaba, pero hace ya tiempo que no); la escritura Guepeú por la más habitual de GPU; escribir Noy (por Noi) del Sucre; usar institutor por maestro o instructor; y, finalmente, la expresión nunca oída de fascizante. En todo caso, se trata de una buena traducción tanto del texto original como de las notas que lo acompañan.
Un comentario final. Descubrí este libro en una feria del libro de ocasión en Santander hace dos meses. Hay que mirar siempre donde haya libros porque siempre se pueden encontrar ejemplares interesantes.


Victor Serge, Memorias de un revolucionario. Traducción Tomás Segovia.

jueves, 6 de octubre de 2016

Testimonio judío del gulag



Vaya por delante mi agradecimiento a esas editoriales “pequeñas” que, como es el caso de Eutelequia, se atreven a publicar libros no habituales en nuestras librerías y que además, como en este caso en su colección Círculo d’Escritores, lo hacen en ediciones prologadas y muy bien anotadas por el traductor. Este pasado verano he leído la Trilogía siberiana de V.Zazubrin de la misma colección y ya  me pareció una buena aportación.
En este caso, al autor es un judío polaco que vivió un tiempo en la soviética Provincia Judía Autónoma de Birobidzhán  creada en 1934 que, aunque fue objeto de las purgas de 1936, siguió funcionando unos años más. En 1944 Emiot es enviado a la provincia por el Comité Antifascista Judío. En 1948 será condenado por nacionalismo a diez años en un campo de trabajo correccional del que será liberado en 1955. De ahí pasados dos años se irá a Polonia y, finalmente, emigrará a Estados Unidos.
El libro recoge fundamentalmente la estancia previa en la cárcel y los años en el campo de trabajo. El interés principal radica en que muestra y retrata muy bien la situación de los judíos en esas circunstancias, de hecho la inmensa mayoría de los personajes que salen en el texto lo son. El problema que tiene el libro es que, para quien haya leído ya algunos textos sobre el gulag, no ofrece apenas novedades y, además, está relatado todo de una forma un tanto fría o al menos a mí me lo ha parecido quizá porque he leído testimonios muy perturbadores.
No obstante, muestra la deshumanización que se producía y así pone en boca de Broderson, escritor y poeta como el autor lo siguiente:

“-Dime, Emiot, amigo, ¿qué escribiremos cuando salgamos de aquí? Todos los cánones de literatura humanista resultaron ser falsos. ¿Cómo podremos presentar el amor al prójimo en nuestros poemas? Todo sonará excesivamente dulce, artificial, mentirosos. Mira, a mí me gusta Tchaikovski, pero cuando, estando ya en libertad, oiga su Danza de los pequeños cisnes, recordaré  esta melodía ejecutada por nuestra orquesta del campo, de los cansados presos, el muchacho judío que tocaba el violín y dos virtuosos del acordeón…” (p. 192)

El libro se completa, como decía antes, con un Prólogo interesante aunque demasiado extenso y prolijo en algunos aspectos y con un útil Epílogo, ambos escritos por el traductor. A pesar de las muchas páginas que contienen he echado en falta un par de cosas: por un lado, la fecha y el lugar de la publicación del libro algo interesante pues en varias ocasiones el autor cambia los nombres de protagonistas para evitarles problemas, y, por otro lado, el original  del libro parece estar escrito en alemán algo un tanto  raro por el origen y trayectoria de Emiot.
En definitiva, un texto que puede resultar interesante sobre todo a quien se enfrente por primera vez a este tema.



Israel Emiot, Un escritor judío en Siberia

lunes, 21 de marzo de 2016

Monumental trabajo sobre el Gulag



Con este libro la autora obtuvo el Premio Pulitzer en 2004 y no parece nada extraño por el monumental trabajo realizado.
El libro está dividido en tres grandes partes. En la primera analiza los orígenes del Gulag; en la segunda hace un repaso de cómo se vivía en los campos; y en la tercera vuelve a la cronología para explicar su auge y caída entre 1940 y 1989.
Applebaum ha utilizado todo tipo de fuentes para documentarse: desde numerosos  archivos a las memorias, tanto las publicadas como las que no lo han sido, pasando por entrevistas, principalmente a represaliados, así como utilizando la enorme bibliografía existente. Con esa documentación la autora ha elaborado un texto muy alejado de lo académico, aunque no esté exento de valoraciones, pero que se lee con suma facilidad  incluso a pesar de la abundancia de cifras que da en ocasiones.
Al tratarse de un libro de más de 650 páginas son muchas las cosas que se podrían comentar, pero ni aun haciéndolo se daría una mínima idea del trabajo hecho por esta historiadora estadounidense.
En mi caso hay algunos aspectos que me han llamado más la atención. Por un lado, la visión que se da del trato dado por el ejército soviético a los prisioneros que se aleja bastante de la que he leído recientemente en el libro La guerra no tiene rostro de mujer, de la premio Nobel S.Aalexiévich. Las páginas dedicadas a este tema resultan bastante estremecedoras. Por otro lado, me ha resultado muy interesante conocer las muchas huelgas y los diferentes intentos de rebelión que se produjeron y que desconocía a pesar de haber leído ya varios libros sobre los campos soviéticos. Finalmente, la visita que en 1944 realizó a Kolimá el vicepresidente Wallace de los Estados Unidos resulta particularmente curiosa.
Para dar una idea de la importancia que tuvo el sistema de los campos soviéticos, dejaré alguna de las cifras que la autora pone en el Apéndice final:
Unos 18 millones de ciudadanos soviéticos pasaron por los campos y colonias entre 1929 y 1953.
Sumando todas las cifras, el número total de trabajadores forzados asciende a 28,7 millones.
Varios investigadores citan una cifra de 786.098 ejecuciones políticas entre 1934 y 1953.
Es decir, un fenómeno de unas proporciones realmente desmesuradas.
No he comentado nada sobre la segunda parte del libro, aquella en la que se explican las forma de vida y trabajo, porque siendo interesante no hace sino reproducir, citándolos claro está, lo que han dicho autores como V.  Shalámov, E.Guinzburg, G.Herling o J.Bardach cuyos libros he leído y recomiendo muy especialmente si se tiene interés en el tema.
Hay una buena reseña de Rafael Núñez en elcultural.com.


Anne Applebaum, Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos

domingo, 24 de enero de 2016

Dos grandes asesinos: Stalin y Hitler





 “En la historia de las Tierras de sangre, la Operación Barbarroja marca el principio de una tercera etapa. En la primera (1933-1938), la Unión Soviética llevó a cabo casi todas las masacres; en la segunda, durante la alianza germano-soviética (1939-1941), las matanzas estuvieron equilibradas. Entre 1941 y 1945, los alemanes fueron responsables de casi todos los asesinatos políticos.” (p.193)

El libro se dedica a realizar un estudio muy exhaustivo de esas tres etapas en la zona que el autor llama así que es, más o menos, la comprendida por los tres estados bálticos, la mayor parte de Polonia más  Bielorrusia y Ucrania. Digo exhaustivo porque, a lo largo de sus casi 500 páginas densamente editadas, va desgranando por zonas y épocas los asesinatos directos -por balas o gases-, e indirectos -por hambre- perpetrados por los dos regímenes más ignominiosos del siglo xx.
No ahorra  Snyder las alusiones a los aspectos más duros de lo que sucedió; sirve de ejemplo este fragmento:

“Algunos padres y madres mataban a sus hijos y se los comían, y en tales casos los niños eran sin duda las víctimas. Pero otros padres les pedían a sus hijos que se alimentaran de ellos si morían. Más de un niño ucraniano tuvo que decirle a su hermana o hermano: “Madre dice que si muere nos la comamos.” Eso era previsión y amor.” (p.81)

Hay algunos mucho peores, pero me resultó difícil leerlos así que prefiero no transcribirlos.
Se reproduce en una faja puesta por la editorial la siguiente opinión de Tony Judt: “Tierras de sangre es el libro más importante publicado en las últimas décadas sobre los métodos y los motivos de los regímenes asesinos.” Y Judt era un gran especialista en la zona.
Por mi parte solo añadir alguna cosa puntual. Me ha chocado la gran cantidad de cifras exactas de muertos que, aunque el autor ha consultado muchos archivos, no parece lógico que sobre todo algunas se puedan dar con esa exactitud. Siguiendo con las cifras, quizá hay un exceso de información en el caso de la represiones antikulaks y antipolacas que lleva a que se dificulte un tanto la lectura y se haga en esa parte un poco tediosa.
No obstante, me parece un texto fundamental para el tema y el periodo. No siempre resulta fácil de leer por la brutalidad de lo que se cuenta y por esa cierta reiteración de las informaciones, pero se trata de un gran libro en el que he aprendido un montón de cosas y que me ha hecho reflexionar sobre otras tantas.
Se acaba de publicar la traducción de otro libro de Snyder, Tierra negra, dedicado específicamente al asesinato de los judíos, aspecto que en el que comento ocupa un espacio relativamente pequeño.
Dos buenos comentarios sobre el libro son: el de Jorge M. Reverte y el de Juan Avilés.



Timothy Snyder, Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin