Mostrando entradas con la etiqueta Novela policiaca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela policiaca. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de agosto de 2026

Un Conde diferente

 


Como el propio autor explica en la nota introductoria, este libro surge como un encargo de sus editores brasileños para la colección “Literatura y muerte”. Tras elegir a Hemingway como el autor sobre el que iba a escribir, se le ocurrió dejar que fuera Mario Conde el encargado de dirigir la historia. Así, esta novela es muy diferente tanto a las cuatro anteriores de la serie de Conde como a las que vendrían después.

Como ya he dicho más de una vez comentando libros de esta serie, la estoy siguiendo de una forma absolutamente desordenada. Empecé casi por el final, hace poco leí la primera y ahora la quinta. No importa porque lo que me gusta e interesa no tiene nada que ver con las tramas policiacas que se narran.

Curiosamente, este libro no tiene prácticamente ninguna de las cosas que me atraen de la serie: el lenguaje popular, el ambiente de La Habana, los personajes de los amigos de Conde o las críticas al régimen más o menos explícitas.

En este, Padura va alternando hechos de 1958, con Hemingway como protagonista, entre los que hay un asesinato, con lo que sucede en 1998 cuando le encargan a Conde, que ya ha dejado la policía e iniciado su negocio de compraventa de libros, que investigue quién pudo ser el culpable de ese asesinato. Obviamente, Padura dedica mucho más espacio a la primera historia y su personaje protagonista ya que, como también dice en la introducción, “con quien he tenido por años una encarnizada relación de amor-odio”.

Esta parte me ha parecido interesante porque desconozco bastante la vida y la obra de ese escritor y Padura, utilizando datos reales con algo de ficción, lo describe y explica muy bien. Sin embargo, en general la novela es la que menos me ha gustado de las que he leído de la serie.

Hay una reseña muy favorable de Alejandro Salgado en asbvirtualinfo. blogspot.com

 

Leonardo Padura, Adiós, Hemingway

 

 

 

jueves, 30 de julio de 2026

El origen de la serie de Mario Conde

 

Con esta novela inició Padura la serie que tiene como protagonista al personaje de Mario Conde que va ya, creo, por la novena entrega. Como ya he dicho en anteriores entradas en el blog comentando otros volúmenes de la serie, esta la estoy leyendo de forma totalmente desordenada lo que, por el tipo de historias, no importa demasiado.

Esta primera entrega me ha resultado especialmente interesante porque en ella el autor nos presenta no solo a Conde, sino también a otros personajes que luego tendrán mayor desarrollo e intervenciones en los sucesivos libros.

En este sucede algo parecido a los que le siguen y es que la trama propiamente policiaca no es demasiado importante ni, me atrevería a decir,  lo que más pueda atraer del texto. Hay una desaparición del director de una empresa del Estado y el teniente Conde debe resolver qué ha pasado. Como el desaparecido fue en su día compañero de Conde en el Pre(universitario) en La Habana, el autor aprovecha para que, utilizando la primera persona, el policía cuente cosas de esa época y así de paso va presentando a diferentes personajes que como amigos forman parte de todas las historias de la serie. Así, Conejo, Andrés y, sobre todo, El Flaco Carlos y su madre Josefina que es quien hace las comidas que no pueden faltar en una novela de estas características desde que Vázquez Montalbán lo hizo en las de su Carvalho.

Otra característica que no falta tampoco en ninguna de las novelas es alguna referencia a la situación social, económica e incluso política de la isla. En este caso son muy escasas quizá porque el libro está escrito en 1990-1991, es decir, antes del periodo especial y de que empezasen los graves problemas que luego ha habido. Apenas aparecen en una alusión a censura en una revista cuando estudiaban, otra a cierta inseguridad y, la más relevante, la corrupción de algunos altos cargos.

Todo ello servido con la buena escritura de Padura, con esos personajes siempre bien construidos y representativos y con los buenos diálogos en los que emplea el rico lenguaje de la gente de la calle (aunque en este caso lo utilice menos que en otras novelas).

En definitiva, se trata de un magnífico entretenimiento.

 

Leonardo Padura, Pasado perfecto.

 

miércoles, 15 de julio de 2026

Algo más que una novela de policías

 


Cuando hace poco tiempo, en el mes de abril, hacía el comentario del primer libro que leía del autor, que era el último publicado, lo titulaba “Buen descubrimiento”. Siempre que descubro a un escritor busco una segunda lectura para ver si se confirma o si se trataba del caso aislado de una buena novela. De Price solo he encontrado este en la librería y puedo decir que se confirma plenamente su calidad.

Esta novela la escribió hace diez años y es bastante diferente a la que conocía en algunos aspectos, pero al mismo tiempo muy parecida en sus virtudes.

La novela, además del trabajo diario en las noches de Nueva York del policía  Billy Graves, su protagonista principal, va combinado dos historias en paralelo: por un lado, la investigación de qué pasó con una serie de delincuentes que salieron impunes cuando con su grupo los estaban persiguiendo hace varios años y, por otro lado, la historia de un personaje también bastante protagonista, Milton Ramos, que quiere vengarse de Carmen, la mujer de Graves, por algo que sucedió hace años. Esta segunda historia se va alternando con la anterior en capítulos, eso sí, más cortos.

Así pues, asistimos a una visión bastante completa del trabajo policial en unos barrios de la ciudad de Nueva York aunque, como titulo la entrada, se trata de algo más que una novela policiaca ya que quizá lo más interesante sea la narración de las relaciones tanto familiares, como amistosas y profesionales que mantienen los distintos personajes, tanto los protagonistas como el magnífico conjunto de secundarios. Price es un verdadero especialista en la creación de tipos. Si a esto le unimos la calidad y verosimilitud de los diálogos, además de una muy buena escritura, tenemos los mimbres para una buena novela que es absolutamente recomendable.

Hay una buena y completa reseña de Francesc Bon en unlibroaldia.blogspot.com

 

Richard Price, Los impunes. Traducción Óscar Palmer Yáñez.

 

 

sábado, 23 de mayo de 2026

Más novela negra en Cuba

 

Esta es la cuarta novela policiaca de Padura con el protagonismo de Mario Conde. Precisamente en esta Conde abandona el cuerpo de policía, pero Padura seguirá con la serie aunque su protagonista se dedicará a otros trabajos. Curiosamente, esta es una serie que estoy leyendo prácticamente al revés, es decir, primero las últimas, sin ningún orden, y luego las anteriores, también sin orden.

Como en todas las que he leído hasta ahora, la trama es lo menos importante. Suelen ser tramas bastante sencillas y con resoluciones en la misma línea.

Lo interesante de estas novelas de Padura, y lo que hace que el lector disfrute con su lectura, son otras cosas: los personajes, sobre todo la pandilla de amigos de Conde; el ambiente de la ciudad y sus barrios; la importancia de la amistad y, siempre, la crítica, más o menos dura según los casos y la novela, a la situación social y política de la isla. En este caso, la frustración y el desencanto de muchos que creyeron en la revolución, la corrupción policial o la vida de los cuadros políticos con sus casas y los adornos en ellas, todo ello antes propiedad de los “gusanos”.

Un buen resumen sería el siguiente fragmento:

“Es uno de esos que ahora se suelen llamar dirigentes históricos, y de verdad lo es porque lleva treinta años dirigiendo cualquier cosa, siempre mal, pero nunca se cae”. (p. 125)

En esta novela me ha gustado el hecho de que aparezca la figura de un huracán, en este caso con el nombre de Félix. Padura hace mención a él a lo largo de toda la novela, hay que tener en cuenta que esta se desarrolla durante tres días, y así podemos comprender lo que supone para la isla la existencia de estos impresionantes fenómenos meteorológicos.

Una novela muy entretenida, como lo son todas las que he leído de esta serie.

Nota: No sé si es que en Cuba es así o es un error del autor, pero la longitud y la latitud aparecen en el libro en un sentido inverso al que tiene en nuestro país. Así, en la página 154 se habla de una longitud norte de 82 grados y de una latitud oeste de 21,4.

 

Leonardo Padura, Paisaje de otoño.

 

martes, 3 de marzo de 2026

Inicios de la serie dedicada a Conde

 


Este es el segundo volumen de la serie que el autor dedica a Mario Conde como protagonista de las historias. He leído alguno de los últimos, cuando ya Conde se dedica a la compra venta de libros, pero en este aún es policía, una faceta que no conocía del personaje.

La mera trama policiaca de la novela no me parece especialmente interesante, como tampoco lo suelen ser cuando ya dedicado a los libros le hacen encargos para alguna investigación.

Del Padura con Conde de protagonista lo que verdaderamente me gusta es su forma de narrar, el uso que hace del lenguaje popular, las conversaciones entre el grupo de amigos: El Conejo, El Flaco Carlos y Andrés, con los que se dan buenas comilonas hechas por Josefina, la madre del segundo, comilonas que recuerdan bastante a las de Vázquez Montalbán y su Carvalho.

En esta novela Conde tiene que resolver el asesinato de una joven profesora del Pre y eso le da pie al autor a mostrar una cierta nostalgia de la época de estudiante y también de cómo era entonces su barrio.

Al contrario de lo que sucede en las últimas novelas, Padura ofrece pocas críticas a la situación del país. Apenas alguna referencia al deterioro de las viviendas y poco más. Incluso para las comilonas hay todo tipo de viandas. Hay que tener en cuenta que se publicó en 2001, pero la historia sucede en 1989.

Me ha resultado curiosa la reflexión que reproduzco a continuación hecha por el director del Pre porque es algo que, como la crisis del teatro, he oído siempre y sigo haciéndolo:

 

“Yo no sé qué está pasando, pero cada vez a los muchachos les interesa menos aprender de verdad. ¿Saben qué tiempo llevo yo en esto? Veintiséis años, compañeros, veintiséis: empecé de maestro, y ya llevo quince de director y cada vez creo que es peor”. (p. 40)

 

Un libro muy entretenido y recomendable para quienes disfruten con el lenguaje.

 

Leonardo Padura, Vientos de cuaresma.

 

 

martes, 18 de marzo de 2025

Prescindible

 

Recuerdo haber leído un par de novelas de este escritor suizo hace ya bastantes años y que eran algo parecido a la novela policíaca pero tampoco plenamente del género.

Esta que comento se inscribe en la misma línea. Suter construye una trama que el lector no sabe muy bien hacia dónde le va a llevar, lo que es el principal defecto de la novela,  y además tarda mucho tiempo, demasiado, en que eso suceda.

El libro tiene 290 páginas y hasta muy avanzado no pasa nada. Vemos al protagonista, Tom, un abogado con el encargo de ordenar los papeles de un rico que quiere dejar organizado su legado antes de morir, en sus trabajos de ordenación y, al mismo tiempo, escuchando la narración del rico doctor Stotz sobre un amor que tuvo hace muchos años, Melody, con quien estaba a punto de casarse cuando ella desapareció. Si le unimos a Laura, una sobrina nieta del doctor y a los sirvientes, tenemos a todos los personajes relevantes de la novela. Por cierto que en la cocinera pone Suter el papel de mostrar un conjunto de recetas de cocina italiana muy del estilo de lo que hacían tanto Vázquez Montalbán como Andrea Camilleri en lo que me ha parecido una burda imitación.

Como decía, la novela apenas avanza hasta el tramo final aunque tengo que reconocer que Suter es un buen narrador y va dejando cebos al lector para que mantenga algo de interés en la resolución de la historia.

Resulta una lectura entretenida si bien es de las que se olvida inmediatamente después de terminada y se puede llegar a pensar que mejor habría sido haber dedicado ese tiempo a leer algo con más sustancia.

 

Martin Suter, Melody. Traducción Belén Santana.

 

 

martes, 21 de mayo de 2024

Mis autores favoritos XXVIII: Patricia Highsmith












Hace mucho que no hacía una entrada en esta sección. En mi lista de pendientes estaba la primera, precisamente, Patricia Highsmith y ha sido a raíz de ver la serie Ripley que me he animado a preparar las fotos de los libros y hacer la entrada correspondiente.

Hace doce años, comentando mi gusto por los libros dedicados a la novela negra o a la novela policíaca, decía lo siguiente:

 

“En los años ochenta ocupa lugar casi exclusivo Patricia Highsmith. He leído, creo, toda su obra traducida lo mismo que con LeCarré. También creadora de un gran personaje como Tom Ripley y de unas novelas muy diferentes de lo acostumbrado en el género. No estrictamente policiaco o, para ser más exacto, en los que la trama policiaca no es muchas veces lo fundamental. El ambiente y, sobre todo, una cierta amoralidad en sus personajes hacen de ella una de las más grandes del género. De su lectura se saca la impresión de que cualquiera puede ser un asesino. Extraños en un tren o El diario de Edith se encuentran entre lo mejor de su producción”.

 

Lógicamente sigo pensando lo mismo. Me parece una de las grandes escritoras del siglo pasado y no solo en su género. Hace solo unos días vi Carol, una de las muchas películas que se han hecho basadas en sus novelas, que es una clara demostración de cómo trataba un tema que no tiene nada que ver con lo policíaco.

Nunca es tarde para recomendar la lectura de cualquiera de sus libros. Además, se están reeditando porque, creo, han resistido muy bien el paso del tiempo.

jueves, 13 de octubre de 2022

Algo más que una novela policiaca


Padura es un escritor muy prolífico. Solo en la editorial Tusquets tiene publicados diecisiete libros, más de la mitad de la serie que tiene como protagonista a Mario Conde, ese policía que abandonó el cuerpo y pasó a dedicarse a la compra venta de libros aunque con intervenciones en diferentes casos policiacos. Otra característica del autor es la extensión que suelen tener sus obras. (La que ahora comentaré, por ejemplo, tiene 440 páginas en formato grande).

Conocí a Padura por su magnífico libro sobre el asesinato de Trotsky, El hombre que amaba a los perros,  y luego he leído alguno más, pero creo que menos de los que me hubiera gustado porque con todos he disfrutado.

Personas decentes pertenece a la serie de Mario Conde, un hombre ya de sesenta años al que un policía solicita colaboración para resolver un par de casos de asesinato ya que la policía está muy ocupada ante la visita del presidente Obama y el concierto que van a dar los Rolling Stones en La Habana. Pero ahí no acaba la cosa porque Padura va alternando capítulos en los que refiere otros asesinatos que se produjeron en 1910, como el de Alberto Yarini, un proxeneta real al que investigó en su día Padura para dos reportajes que publicó en 1987, tal y como él mismo cuenta en su Nota del autor al final del libro. Nota en la que comienza diciendo que esta novela es “quizás, la más policial de las tramas que he escrito”. No conozco su obra para rebatir esa idea, pero sí puedo asegurar que no es esa trama, estando bien construida,  lo que más me ha interesado de la novela.

Las dos partes que mencionaba más arriba son muy diferentes en los temas que trata y en la forma de hacerlo. En la que se desarrolla en 1910, el ambiente es el de la prostitución y está narrado en primera persona por un policía que tiene una buena relación con Yarini, el protagonista como principal “empresario” del gremio. Está muy bien reflejado el ambiente e incluso las breves referencias a la situación política (Yarini quiere presentarse como candidato por los conservadores). Sin embargo, los capítulos que protagoniza Conde, narrados en tercera persona,  tienen más elementos que son bastante característicos de la obra de Padura, al menos de la que yo conozco; me refiero a la crítica del régimen cubano, país en el que, por cierto, vive el escritor desde siempre. En este caso, uno de los asesinados, Reynaldo Quevedo, fue en su día un furibundo  represor de escritores e intelectuales. Creo que las mejores páginas del libro son las múltiples referencias que se hacen a este tema.

Padura tiene una forma de escribir que cuesta un poco al principio, pero que te va atrapando poco a poco con su lenguaje. Además, es un magnífico creador de personajes que quedan bien definidos con unos pocos rasgos.

La novela es muy entretenida, pero a la vez es muy interesante. Me comprometo conmigo mismo a leer más textos de este buen escritor cubano.


Leonardo Padura, Personas decentes.

 

 

domingo, 7 de agosto de 2022

Inagotable


 

Camilleri ya ha aparecido más de una docena de veces en este blog, y yo me atrevería a decir que no están comentados todos los libros que he leído de él Siempre me ha gustado su forma de escribir y de contar las historias además de su capacidad dar vida a los personajes.

De todas formas, hacía ya un cierto tiempo que había dejado de leerlo porque me parecía que Montalbano, su gran creación, estaba ya agotado. Creo que es así, pero quien tuvo retuvo y cuando pasa un cierto tiempo gusta volver a esos personajes tan conocidos de las novelas de esta serie, cómo se comportan como ya sabemos y también la capacidad de Camilleri para inventarse una historia. En este caso un poco más rebuscada de lo habitual (él comenta a final del libro que le pidieron un guion para una película italoamericana que luego no se hizo y aprovechó la historia para esta novela) y con algunos aspectos que resuelve de una forma excesivamente rápida.

No faltan en el libro ni el sentido del humor, ni los platos típicos que alimentan a Montalbano (¡esos salmonetes!), ni los buenos y rápidos diálogos, ni por supuesto algún elemento de crítica social. En fin, está todo Camilleri y se lee de un tirón. Qué más se puede pedir.

 

Andrea Camilleri, El cocinero del Alcyon. Traducción Carlos Mayor

 

miércoles, 23 de febrero de 2022

En la senda de Philip Kerr


Hay ya una cierta tradición de novela policiaca que se desarrolla en el período histórico en el que el nazismo gobernó Alemania. Que yo haya leído están, por un lado, Ben Pastor, una escritora italiana pero que ha vivido treinta años en Estados Unidos y, sobre todo, el recientemente desaparecido Philip Kerr, un escritor escocés cuyo personaje protagonista, Bernie Gunther, me ha hecho pasar muy buenos ratos de lectura.

Massimi está en la misma línea que ambos en el sentido de centrar sus historias en ese periodo y, además, también como ellos, hacer aparecer a personajes reales en la novela, en este caso, Heydrich y Göring principalmente.

El caso de esta novela se origina a partir del famoso incendio del Reichstag del que nunca quedó del todo aclarada su autoría. Esto le permite a Massimi elucubrar desde la ficción cuál habría podido ser esta. Para ello, construye una trama en la que un excomisario de policía va a Berlín buscando a su exmujer porque cree que va a tener participación en un atentado organizado por la resistencia contra Hitler. En la labor de búsqueda irán participando diversos personajes que en su mayoría pertenecen a la policía.

La historia está bastante bien construida y Massimi narra también con bastante agilidad, pero tiene el problema de su excesiva extensión, 461 páginas, que lleva a que en la parte central de la novela le cueste avanzar y la lectura se haga por momentos un tanto tediosa. Kerr, para mí el maestro de este subgénero, también escribe novelas muy largas, pero tiene la gran ventaja de que posee un gran sentido del humor y eso hace que rompa de vez en cuando la seriedad del relato con las salidas de su policía/detective protagonista.

Parece ser que esta es la segunda novela de una serie de la que la primera obtuvo más de un premio. Quizá en ella reflejó las principales características de algunos personajes, algo que yo echo en falta en esta. Siempre dice cómo visten y cómo es su físico, pero nada más. Los secundarios aparecen y desaparecen sin que algunas veces tengamos claro el porqué.

En fin, es un libro entretenido, pero que está lejos de los mejores ejemplos existentes en el género.

 

Fabiano Massimi, Los demonios del Reich. Traducción Xavier González Rovira.

 

martes, 20 de abril de 2021

Esperaba otra cosa


Esta es uno de esos libros que compro por lo que leo en la contraportada. En este caso se habla de un “thriller histórico sobre la guerra clandestina por la independencia de Irlanda” y, sin que sea mentira, no responde desde luego al contenido real de la novela.

Se inicia esta con un hecho histórico como es el ahorcamiento en Manchester en 1967 de tres líderes del movimiento independentista irlandés. Como consecuencia del mismo, desde Estados Unidos se envía a un exsoldado, Stephen Doyle, para vengar esas muertes. Para ello se tendrá que enfrentar a James O’Connor, jefe de la policía e irlandés recién llegado de Inglaterra donde trabajaba y se había refugiado en la bebida debido a la muerte de su mujer y de su hijo. Ahora es abstemio. Así pues, la novela se convierte básicamente en el enfrentamiento entre ambos protagonistas en una ciudad de Manchester que, eso sí, está magníficamente retratada logrando una atmósfera muy del siglo XIX. En esto me recuerda bastante a lo que logra Benjamin Black con el Dublín de mediados del siglo XX.

Como novela policiaca funciona bastante bien. McGuire es bueno construyendo diálogos entre sus personajes y la trama está bien elaborada aunque creo que al libro le sobran unas cuantas de sus 454 páginas.

Dice el autor en la reseña/entrevista de Elena Hevia elperiodico.com:

“Esta novela habla de la violencia política y de los límites que la gente está dispuesta a traspasar en nombre de una ideología, una causa, una creencia o un nacionalismo”.

El problema es que esa ideología está muy poco tratada y reflejada en el texto. Es cierto que la novela se desarrolla en el ambiente del nacionalismo irlandés pero, precisamente por eso, creo que tendría sentido haber escrito algo más sobre el tema. Apenas dedica un par de páginas a un debate entre dos posiciones del movimiento que se pueden resumir en el siguiente diálogo:

“- Entonces, si no te he entendido mal, tú pretendes que recuperemos la libertad asesinando a personas inocentes y quemando casas –tercia O’Neill- ¿Es eso lo que nos propones?

-Mira, yo soy un soldado (habla Doyle). Para mí no hay diferencia alguna entre matar a un enemigo en la esquina de una calle o en el campo de batalla. El resultado es exactamente el mismo”. (p. 377)

No demasiado, ni demasiado elaborado para un tema que tanta importancia tuvo posteriormente.

En fin, una novela entretenida sin más, que se lee bien, pero que deja un cierto regusto amargo por las posibilidades que tenía.

 

Ian McGuire, El abstemio. Traducción Íñigo F. Lomana.

 

jueves, 11 de marzo de 2021

El último Black


Mi caso con Black es cuanto menos original. He leído creo que todas sus novelas y, sin embargo, apenas alguna de John Banville, a pesar de que la mayoría están en mi casa. Es algo que tendré que subsanar en algún momento porque lo que más me atrae de Black es su estilo.

De vez en cuando me gusta intercalar entre mis lecturas alguna novela negra o novela policíaca, siempre son entretenidas y tienen otra forma de ver las cosas. En los últimos tiempos han sido el recientemente desaparecido Philip Kerr y Benjamin Black los encargados de cubrir esa faceta. Es curioso: un escocés y un irlandés aunque con novelas radicalmente diferentes en sus temas, no tanto en su estilo muy cuidado en ambos.

Esta vez Black desarrolla una parte de su historia en la ciudad de San Sebastián a la que ha acudido Quirke, el patólogo forense protagonista de toda la serie, para pasar unos días de vacaciones en compañía de su mujer. Un día, al acudir a un hospital para curarse una herida, cree ver a una amiga de su hija a la que daban por muerta. Este será el origen de una trama que nos llevará a Dublín, con la presencia y el protagonismo de esa hija, y a Londres donde veremos moverse a un asesino peculiar.

Como siempre sucede con las novelas de este autor, la trama no es lo más importante. Suele estar bien construida y no ser demasiado compleja, pero lo que interesa verdaderamente es la actuaciónde los personajes y, sobre todo, la atmósfera que consigue gracias a un gran estilo narrativo.

Evidentemente, en una novela de Quirke no podían faltar las alusiones a la religión practicada en Irlanda. Aquí vuelven a aparecer los abusos sexuales pero de una forma muy anecdótica en comparación con el casi protagonismo que tiene en otras novelas de la serie. También hay alguna referencia más concreta como puede ser la siguiente: 

“Había dos curas al fondo del bar, cada uno con un vaso de whisky en la mano.  O sea que eso no había cambiado. Rubicundos, bien alimentados y medio borrachos”. (p. 161)

Al desarrollarse una parte sustancial en San Sebastián no podían faltar tampoco algunas referencias a cosas del país. Así, los toros, el flamenco o los ajos, y también una visión de los españoles como bajitos y casi siempre enfadados. La novela, aunque no me suena que en algún momento se diga la época, por las otras supongo que se desarrolla en los años cincuenta del siglo pasado.

Una novela que es recomendable porque se trata de un entretenimiento escrito con una buena calidad literaria.

Benjamin Black, Quirke en San Sebastián. Traducción Miguel Temprano García.

 

 

 

 


 

jueves, 4 de febrero de 2021

Decepcionante



Conocía al autor como dramaturgo por haber visto hace muchísimos años alguna de sus obras de teatro. No tenía idea de que escribiese narrativa y menos aún de que lo hiciera en el género policiaco. Sin embargo, la misma editorial Tusquets publicó hace años varias de sus novelas que ahora reedita, como es el caso de la que comento,  en el centenario de su nacimiento.

Si he que guiarme por La sospecha, tengo que reconocer que no me he perdido gran cosa con este desconocimiento.

La trama de la novela es bien simple: un comisario de policía está convaleciente en un hospital en 1948 tras una operación; leyendo una revista Life  de 1945 ve una foto en la que, al comentarla con el médico que le atiende, sospechan  que quien en ella aparece es un médico alemán que hacía experimentos operando a los prisioneros de un campo de concentración sin anestesia. A partir de ahí, en la primera parte de las dos en que divide el libro, ambos se dedican con la ayuda de un periodista a buscar la confirmación de la sospecha. Luego, en la segunda parte, el comisario ya restablecido acude a la clínica en la que trabaja en la actualidad el médico.

Como se ve no es algo especialmente apasionante, pero es que, además, el desarrollo lo hace a través de diálogos en los que muchas veces las intervenciones se desarrollan a lo largo de dos o más páginas sin que, en muchos casos, se justifique ni se sepa muy bien lo que pretende transmitir el autor.

Es cierto que en la segunda parte hay ciertos momentos en que el lector se llega a interesar por cómo se resolverá el asunto pero, otra vez, resulta bastante frustrante porque es una resolución bastante inverosímil.

Por completar la visión de la novela queda decir algo de sus protagonistas. Con esa trama no es fácil que sean muy interesantes. Sí que hay alguno, como una doctora que ha pasado por la experiencia nazi y comunista, que podría haber dado más juego lo mismo que el médico alemán, pero todos quedan en poco más que un estereotipo a pesar de sus largas parrafadas. También hay dos que tienen mucha importancia en la resolución de la trama y que resultan particularmente estrafalarios.

En fin, un libro que se lee rápidamente, tiene algo más de 200 páginas con letra grande, pero que deja bastante frío por más que hable de nazis, campos de concentración y mala praxis médica.

Un detalle que me ha gustado de la edición es que, aunque se ha mantenido la traducción que se hizo en 1996, se ha actualizado el uso de la tilde según la normativa actual.

Para una mayor y mejor información recomiendo la buena reseña de Oriol en unlibroaldia.blogspot.com.

 

Friedrich Dürrenmatt, La sospecha. Traducción Juan José del Solar.

 

miércoles, 17 de junio de 2020

¿El último Camilleri?




Termina así Alejandro Luque su reseña de este libro en msur.es:

“A Camilleri se le perdona todo porque no todo el mundo puede presumir de haber creado un mundo y un lenguaje. Eso hizo este viejo hombre de televisión hace 25 años, soñando Vigàta, y sintetizando el siciliano como si fuera una droga química que daba risa y hacía ver cosas claras a la vez. Alguien que se ha ganado esos galones puede hacer lo que quiera, pero si además hace lo que quiere siendo enormemente entretenido, con más razón.” (Subrayado en el original)

Y deja de esta manera muy claro cuál es el secreto de su éxito y de que tenga lectores que, como es mi caso, hayan leído los 29 libros de que consta la serie protagonizada por el comisario Salvo Montalbano más otros cuantos de temática variada.
Camilleri no engaña. Sus tramas son bastantes básicas, las comidas en el restaurante de Enzo bastante repetitivas con el salmonete como protagonista principal, sus personajes habituales repitiendo comportamientos y actitudes, sus protagonistas femeninos siempre de singular belleza y buenos cuerpos, sus diálogos -que ocupan casi todo el espacio y el tiempo-,  bien construidos, con gracia y realismo. En fin, una auténtica fórmula que ha ido aplicando a lo largo de los años con gran éxito de público (desconozco si también de crítica, aunque me da un poco igual).
Además, en varias de sus novelas suelen aparecer temas de actualidad  y el autor aprovecha para ofrecer su visión desde una óptica generalmente progresista y crítica con algunos comportamientos sociales y políticos. En este caso, es el tema de la llegada de inmigrantes a las costas sicilianas, pero le dedica menos espacio del que, creo, podría haber empleado.
Por lo demás, el típico asesinato pone en marcha la trama de una novela que es algo más larga de lo habitual pues llega a las 262 páginas.
No sé si será la última que se publica ya que el original italiano es de 2016, pero sí que si hay alguna más ahí estaré en la librería comprándola aunque solo sea como homenaje a quien me ha hecho pasar tan buenos momentos.



Andrea Camilleri, Tirar del hilo. Traducción Carlos Mayor.

jueves, 28 de noviembre de 2019

El último Kerr




A la tercera va la vencida y este sí que es el último libro de Kerr. Digo esto porque los dos anteriores aparecieron en el blog como su última novela y, evidentemente, no era así. Estamos ante un libro póstumo y es muy posible que no estuviera totalmente terminado o al menos esta es la sensación que me ha quedado tras la lectura global y en el caso de algunas escenas.
Siendo el último en el que el protagonista es Bernie Gunther resulta curioso que sea una especie de precuela ya que la historia se desarrolla en 1928, es decir, bastante antes de la época en la que sucedía cualquiera de los anteriores.
Vemos aquí a Gunther entrando en la sección de la policía criminal dejando su puesto en antivicio. En este nuevo trabajo tiene que enfrentarse a una serie de asesinatos de prostitutas por un lado y de antiguos combatientes por otro. Este tipo de planteamiento no ha sido nada habitual en el conjunto de la serie, como tampoco lo es el hecho de que apenas salgan personajes nazis más allá de algún miembro de las SA.
Lo más interesante y más conseguido a un tiempo es la descripción del Berlín de la época. Un Berlín de cabarets y vida nocturna, una ciudad con artistas tan peculiares como los pintores George Grosz y Otto Dix o la guionista Thea Von Harbou,  la mujer de Fritz Lang. También hay varias referencias a la Ópera de tres peniques y, por supuesto, a Metrópolis.
Dentro de esa vida berlinesa destaca el hecho de la cantidad de veteranos de guerra que viven como vagabundos y mendigos en sus calles, lo que  le da pie para escribir también sobre la idea nazi de la eutanasia que había que aplicar a discapacitados y enfermos mentales.
Esto por lo que se refiere a los temas que van saliendo. Sobre la trama poco que decir porque nunca me ha parecido lo más relevante en las novelas de Kerr y en este caso quizá incluso menos que en otros. En cuanto a Bernie Gunther, es el mismo de siempre aunque lo he encontrado algo menos cínico y desde luego mucho menos irónico, seguramente debido a que es más joven.
En fin, no se trata de la mejor novela de la serie, pero siempre da gusto leer a Kerr y en este caso, además,  con el sentimiento de que es el último.

Philip Kerr, Metrópolis. Traducción Eduardo Iriarte.


martes, 24 de septiembre de 2019

Un best seller de vez en cuando



Vaya por delante que no soy lector de best sellers y no por elitismo sino simplemente porque me suelen aburrir. La única excepción creo recordar que ha sido la de la saga Millenium. Este libro de Dicker lo estuve viendo meses y meses en los expositores principales de todas las librerías y no me animé, pero con el paso del tiempo y la edición en bolsillo lo terminé adquiriendo y lo he tenido pendiente hasta ahora.
Sobre la historia que se cuenta en el libro apenas comentar que en 1975 desapareció en un pequeño pueblo del nordeste de los Estados Unidos una joven de 15 años. En 2008 se encuentra el cadáver en el jardín de una casa ocupada por un escritor, Harry Quebert, que, además, mantuvo una breve relación con la joven. En ayuda de Quebert, acusado del asesinato,  acude Marcus Goldman que fue discípulo suyo en la universidad en 1998. Goldman es un escritor de éxito reciente al que encargan un libro sobre lo que pasó.
Esta es la base, muy sintetizada, de este thriller.
Además de los mencionados hay varios personajes secundarios importantes; policías que llevaron el caso en su día y otros que lo llevan ahora, la familia de la desaparecida, los propietarios de una cafetería, un bibliotecario, el abogado de Quebert, un rico que es el dueño de la casa que habita Quebert y luego Goldman, etc. Los suficientes para poder ir dando pistas sobre los posibles asesinos.
La novela está escrita con gran agilidad y con un ritmo muy dinámico y constante. Va alternando los dos momentos, 1975 y 2008, con bastante acierto y de forma que el lector siempre se entera perfectamente de lo que le están contando. Hasta aquí lo mejor del libro y lo que hace que resulte bastante entretenido y que no cueste a pesar de sus casi 800 páginas.
Sin embargo, creo que tiene dos aspectos que no le favorecen. Por un lado, se tiene la impresión de que se está leyendo un texto de diseño, esto es, un texto en el que las piezas van encajando porque Dicker así lo diseñó lo que le lleva, sobre todo en la parte final, a ir dando giros de guion constantes. Por otra parte, se tiene muy poca información de la mayoría de los personajes a pesar de la extensión del libro. Alguno, como sucede con  la madre de Goldman que  tiene un par de escenas realmente horribles en su tratamiento, es francamente mejorable, y hay que decir también que las mujeres no salen muy bien paradas en el libro.
La editorial, en la nota que da sobre el autor, dice que la novela ha sido “descrita como un cruce de Larsson, Nabokov y Philip Roth”. No dudo de que haya alguien que lo haya dicho, lo que sí pongo en duda es su capacidad intelectual, o puede ser que lo haya hecho bajo la influencia de alguna sustancia o líquido. Por el género sí se podría comparar con Larsson, pero hay que reconocer que el autor sueco hace buena literatura y que Dicker es capaz de hacer una buena construcción y contarla, que no es poco sobre todo para alguien tan joven, pero nada más.
No sé si es el propio Dicker el que se quiere curar en salud cuando pone lo siguiente en referencia a Goldman:

“- (…) Tú eres un escritor, digamos…moderno. Gustas porque eres joven y dinámico…Y estás de moda. Eres un escritor de moda. Eso es. La gente no espera que ganes el Premio Pulitzer, les gustan tus libros porque estás en boga, porque les entretienen, y eso también está muy bien.
-        ¿Así que eso es lo que piensas? ¿Que soy un escritor entretenido?”
 (p. 465)

Un libro que me ha entretenido más de lo que esperaba, pero que me confirma en mi opinión de siempre sobre este tipo de literatura: se puede leer alguno cada cierto tiempo (eso sí, medido en años).
Hay una interesante reseña de Víctor M.González en revistagq.com y una entrevista de Lola Galán en elpais.com en la que creo que queda más claro lo de Roth.


Joël dicker, La verdad sobre el caso Harry Quebert. Traducción Juan Carlos Durán Romero.







viernes, 9 de agosto de 2019

Fin de una gran serie




Hace unos días murió Andrea Camilleri y hace un año lo hizo Philip Kerr, dos de los autores de los que más libros he leído y que forman junto con Henning Mankell y Patricia Highsmith el grupo de mis favoritos en el género de la novela policiaca.
En el caso de Kerr, han aparecido en castellano después de su muerte dos novelas con lo que ha sido más llevadero el luto. La que ahora comento lo hizo ya con carácter póstumo.
Como indica el título, la novela se desarrolla en Grecia en el año 1957 y algo bastante novedoso es que no hay ningún momento en que la trama vuelva a los años treinta o cuarenta a pesar de que, como es ineludible en las novelas de la serie protagonizada por Bernie Gunther, muchos de sus protagonistas sean nazis, en este caso exnazis,  dedicados a la búsqueda de un tesoro requisado en su día a los judíos de Tesalónica. Evidentemente aparecen varios personajes reales aunque esta vez se trata de nazis menos conocidos si bien no menos dañinos.
En la novela están todos los elementos que caracterizan la serie: una trama bien construida, unos diálogos marca de la casa sobre todo cuando al protagonista le dan la réplica algunos personajes, un Bernie Gunther más irónico y cínico si cabe y unos buenos secundarios. Además, algo también muy habitual, Kerr aprovecha para hacer bastantes críticas sobre todo a los alemanes. Así, este fragmento en el que habla una mujer líder de un grupo que persigue a criminales nazis:

“Ustedes los alemanes se las han ingeniado para trazar una raya bien gruesa bajo la guerra y empezar de nuevo. El milagro del anciano, lo llaman. Más bien el encubrimiento del Anciano, diría yo. Me pone enferma. No hay justicia. No me extraña que nos veamos obligados a tomarnos la justicia por nuestra mano.” (p. 287) (El Anciano es Konrad Adenauer)

También hay referencias a momentos de la historia como la guerra civil griega que se produjo al final de la segunda guerra mundial, obviamente a la época nazi y la más interesante quizá es la que hace a los judíos sefardíes de Tesalónica.
Un libro en la mejor tradición de la serie que resulta un entretenimiento asegurado con la calidad que siempre tienen los libros de Kerr. Es una lástima que ya no podamos volver a ver en acción a Gunther, como ya pasó en su día con Wallander y, más recientemente, con Montalbano. Habrá que buscar en nuevos caladeros en un género que está de moda y del que se publican muchísimas novelas aunque no sé si siempre de la calidad necesaria.

Philip Kerr, Laberinto griego. Traducción Eduardo Iriarte.




lunes, 1 de octubre de 2018

¿El último Kerr?



He titulado así la entrada porque hasta ahora creía que este era el último libro que se publicaría de Kerr, de hecho creo que ya es una publicación póstuma, y, sin embargo, por alguna cosa que he leído, puede que quede aún otro que dejó escrito antes de su fallecimiento. Ojalá sea así.
Si en el comentario de la anterior novela decía que parece que Kerr había vuelto a coger impulso con esta serie, esta de ahora me reafirma en la idea. Creo que el descanso que supuso la dedicación a la miniserie sobre fútbol, bastante floja en mi opinión, le debió de motivar para volver con más ganas a contar historias de su gran personaje Bernie Gunther.
La historia se desarrolla en dos momentos temporales distintos. En octubre de 1956, en el que nos cuenta la huida de Bernie a través de Francia perseguido por la Stasi y en abril de 1939, cuando a punto de celebrarse el 50 aniversario de Hitler se produce un asesinato donde va a ir a descansar y hay que resolverlo con rapidez. Realmente lo de 1956 no es más que un pretexto para meterse en lo importante: el mundo nazi con sus intrigas y sus luchas internas, un mundo en el que el gran personaje que es Gunther da lo mejor de sí mismo y es capaz de afirmar cosas como:

“Lo que más me irrita de los nazis no es que se supone que debo odiar a los judíos, Friedrich. Y no lo hago. No los odio. No más de lo que odio a todo el mundo hoy en día. Lo que me resulta mucho más difícil de sobrellevar es que se supone que debo adorar a los alemanes y todo lo alemán. Eso es mucho pedirle a un berlinés. Sobre todo, ahora que Hitler está al mando.” (p. 321)

En todo caso, el Bernie Gunther de esta novela está algo más contenido que en otras anteriores y saca menos a relucir su ironía y sarcasmo. Tampoco tiene relaciones con mujeres ni amorosas ni meramente de juego sexual. Eso sí, no ha perdido su instinto ni su capacidad investigadora.
Como casi siempre en la obra de Kerr, por cierto que esta es la novela número 12 de la serie, aparecen e intervienen en la historia personajes reales. Aquí los más importantes son Heydrich y Martin Bormann.
También, como pasaba en la anterior, hay referencias negativas sobre los franceses del tipo de: malos conductores, delatores natos, camisas mugrientas en la Francia de provincias, sensación de que hay más policías que nobles y títulos hereditarios y solo van caminado a la panadería y al estanco (por contraste con los paseos por el campo de loa alemanes), entre otras lindezas.
Un libro, como todos los de la serie, muy entretenido y que demuestra una vez más la enorme capacidad de este escritor escocés para meterse, y meter al lector, en esa época y ese mundo.

Philip Kerr, Azul de Prusia. Traducción Eduardo Irirarte.