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jueves, 22 de junio de 2023

Una crónica modélica


Este libro varias veces premiado viene a demostrar el carácter de todoterreno de este escritor/periodista capaz de narrar un viaje a las mayores depresiones de la Tierra, un recorrido en bicicleta por el País Vasco o contar un montón de historias y anécdotas del Tour de Francia y de hacerlo, además, ajustándose en cada caso a la forma narrativa que requiere el tema. (Menciono solo los que he leído porque tiene más también sobre temas muy diferentes).

Este libro lo tenía ya en cartera y ha sido en mi reciente viaje a Madrid para ir a la Feria del Libro donde lo adquirí en la caseta de la editorial.

Decía hace un momento que es un libro con varios premios y es que realmente estamos ante una magnífica crónica sobre las minas en Bolivia. Dice Izagirre en los agradecimientos que contó con la lectura y los comentarios entre otros de Martín Caparrós, es decir, de quien creo que es hoy por hoy el mejor cronista en castellano. Y se nota.

En uno de los últimos fragmentos del libro dice su autor 

“En cualquier caso, yo lo siento mucho por el relato épico de la minería, pero el Cerro Rico –emperador de todos los montes, pirámide de todos los minerales, ápice de todas las luchas- para mí es esto: una chica de 22 años con dos dientes rotos, un riñón muerto y un principio de silicosis, violada con impunidad y madre de una niña que venía condenada a la cojera por pura pobreza”. (p. 220)

Aquí están perfectamente resumidos dos de los temas principales del libro: el trabajo en las minas (que incluye el trabajo infantil) y la miseria que genera a pesar de su dureza, por un lado, y, por otra parte,  el abuso sexual que los propios mineros ejercen sobre las mujeres sin importar su edad.

Izagirre ha estado dos veces en el departamento de Potosí, en Cerro Rico y en Llallagua, lugares en los que actualmente se trabaja en la minería del estaño.

En ambos describe la vida de los mineros, la dureza de su trabajo, las malas condiciones del mismo que dan lugar a gran cantidad de accidentes y provocan una elevada mortalidad, la presencia casi universal de la silicosis y, por si esto no fuera suficiente, el escaso rendimiento económico. Un buen resumen en el siguiente fragmento:

“En 1985 el Estado abandonó todas las minas salvo una, despidió a 23.000 mineros, lo privatizó todo y permitió la ley de la selva. Ahora hay una explotación espantosa. Hay miles de mineros trabajando sin contratos, sin seguro médico, sin cotizar para las pensiones, cobrando una miseria, a menudo engañados porque no saben ni leer, y hay unos empresarios que se enriquecen gracias a este sistema”. (p. 21)

A lo que se une que “(…) en 2014 el gobierno boliviano cambió las leyes y permitió que los menores trabajaran a partir de los10 años”. (p. 60)

Para este trabajo Izagirre, además de la bibliografía que cita el final del libro, ha utilizado entrevistas con mineros; con Gregorio Iriarte, un cura progresista; y, sobre todo, la relación especial que estableció con una familia formada por Alicia, la chica de 22 años que se menciona en el fragmento reproducido, y su madre doña Rosa. Ambas le sirven para ejemplificar muchas cosas. Así, la madre era maltratada lo que le hizo perder dos hijos y viven en una canchamina (un patio en el que se recoge el mineral) en unas condiciones penosas.

Además de lo expuesto hasta ahora, el libro ofrece también muy buenos apuntes sobre la evolución política y cómo esta ha afectado al trabajo en las minas. Vemos a Paz Estensoro en sus dos presidencias, tan diferentes en lo que hizo, a Barrientos, a Bánzer, etc., e incluso hay un breve espacio dedicado a la captura y posterior asesinato del Che.

En un libro así es muy difícil destacar algún aspecto, pero puestos a hacerlo yo lo haría, por una parte, con algo que me ha llamado mucho la atención que es cómo cuando las minas pasaron a convertirse en cooperativas la experiencia terminó en un absoluto fracaso (a este tema se dedica bastante espacio en el libro) y, por otra parte, el capítulo titulado El diablo en el que narra la situación que viven las mujeres con momentos realmente duros de leer.

Para acabar reproduzco un fragmento que me ha parecido algo más que interesante por la sinceridad que manifiesta aunque, evidentemente, eso pasa con todo lo que se escriba sobre determinadas realidades.

“Bolivia también es, desde hace décadas, uno de los países exportadores de historias sensacionales: periodistas, escritores, cineastas, fotógrafos, antropólogas y cuentacuentos venimos a buscar historias de miseria y violencia, que luego en nuestra casa nos lucen mucho y que a los protagonistas pocas veces les sirven de algo”. (p. 199)

Un libro algo más que recomendable. Un ejemplo de cómo se tienen que escribir las crónicas. Una muestra de compromiso del escritor con la realidad que narra.

Hay una buena reseña de Edurne Portela en lamarea.com

 

Ander Izagirre, Potosí.

 

martes, 30 de mayo de 2023

Una magnífica idea


Izagirre es un escritor y periodista ciertamente original. Lo conocí leyendo su libro sobre las grandes depresiones de la tierra y luego el que dedicó al Tour de Francia. Dos temas bien diferentes, pero en ambos llama la atención la capacidad de interesar al lector con lo que cuenta y con su gran capacidad narrativa.

Esta vuelta en bicicleta al País Vasco es otro buen ejemplo de lo mismo. A lo largo de los 18 capítulos en los que ha dividido el texto, Izagirre, partiendo de Getaria, se desplaza hacia el oeste por la costa hasta Santurtzi para desde ahí penetrar en el interior hasta Vitoria, Andoain o Pamplona, desde donde se dirige hasta Biarritz para retomar de nuevo la costa para regresar al punto de partida.

En este viaje se habla mucho del que tuvo lugar en el siglo XVI con el protagonismo de Elkano en la primera vuelta al mundo porque le sirve sobre todo para remarcar la idea que preside todo el libro de que los vascos han sido principalmente un pueblo de marineros, una sociedad construida mirando al mar y en torno a él.

Izagirre ha escrito un libro que si resulta tan interesante es porque es una mezcla, o mejor una combinación, de libro de viajes con reportaje, narración de sucesos históricos, sociología o antropología, con la introducción de vez en cuando de algunas reflexiones personales como, por ejemplo, las que reproduzco a continuación:

 

“Si ahora Añana sobrevive y no se termina de despoblar es, en parte, porque existen consumidores dispuestos a pagar cien veces más por las exquisitas escamas de sal (a 25 euros el kilo) que por la vulgar sal de mesa (a 25 céntimos el kilo). Añana sobrevive porque algunos se permiten el lujo. Y esto a mí me desconcierta bastante”. (p. 172)

“Sé que hay lujos obscenos. También sé que solemos poner el listón del comportamiento aceptable justo en lo que hacemos nosotros”. (p 174)

“Los pescadores se exponían a la ola de Belharra porque no tenían otra manera de llevar comida a casa, los surfistas se lanzan porque quieren jugar. Somos gente afortunada”. (p. 282)

 

Para darse cuenta del enorme caudal y variedad de temas e informaciones que ofrece al autor a lo largo de las casi 400 páginas del libro, basta ver la siguiente relación de algunos de ellos: la minería del hierro, las salinas (la de Añana de la cita), los caseríos (con especial atención a la sidra), la bajada de la madera, la pesca del bacalao en Terranova o de las ballenas en la costa vasca, los judíos en Baiona, los corsarios vascos, las traineras, la presencia de inmigrantes en Irun, las olas gigantes en Belharra (también presente en una cita anterior), los senegaleses en Ondarroa (marineros en barcos de pesca) o, para no hacer la lista demasiado larga, la explicación de la hidalguía histórica general de los vascos.

Todos estos temas muy bien documentados y, sobre todo, magníficamente narrados con la agilidad de un buen periodista, pero también con la profundidad que permite un reportaje extenso y, no podía faltar, con un buen sentido del humor cuando el tema lo requiere.

Al final de la lectura se acaba con la idea de que hay que ir a conocer muchos de esos lugares y, como es mi caso, si algunos ya se conocen, hay que volver para verlos con otra mirada.

Tengo que reconocer que he tenido este libro varias veces en las manos en la librería y me daba un poco de pereza; encontraba que eran muchas páginas para un territorio tan reducido. Un error. No sobra nada, al revés, he echado en falta un mapa más detallado que el que se ha incluido en esta edición y, sobre todo, unas cuantas fotos y algo de la bibliografía utilizada.

Una lectura muy recomendable de la que se sale entre otras cosas con una visión bastante completa de cómo son las gentes de ese territorio.

Hay una reseña muy completa de Juan Ignacio Pérez Iglesias en juanignacioperez.net.

Ander Izagirre, Vuelta al  país de Elkano.

 

miércoles, 5 de octubre de 2022

Reflexiones sobre el trabajo de periodista


Creo que este comentario no puede comenzar de otra manera que no sea agradeciendo a la revista 5W la idea de esta colección que, para los que somos aficionados al periodismo, está siendo un verdadero regalo. En cada uno de los hasta ahora publicados se encuentran reflexiones, ideas, críticas, etc. muy interesantes y, desde luego, diferentes enfoques de algunos aspectos del periodismo aunque siempre desde el denominador común de la profesionalidad y del respeto a la realidad y al lector.

El que ahora comento me ha gustado especialmente. Guerriero es una de mis escritoras favoritas. He leído todo lo que ha publicado en España excepto Los suicidas del fin del mundo, un libro totalmente agotado y, precisamente, del que más se habla en esta conversación. A Izagirre lo conocí no hace demasiado tiempo por su original y muy interesante libro Los sótanos del mundo. Luego leí el dedicado al Tour de Francia que me pareció realmente curioso y una demostración de cómo se puede hacer buen periodismo con el deporte, algo por cierto poco habitual.

En resumen, los dos periodistas que dialogan en este libro son dos personas que admiro, admiración que aumenta leyendo las reflexiones que hacen sobre su profesión.

Creo que de los siete libros que componen la colección es en el que más tiempo y espacio se dedica a describir y a analizar la forma de trabajo de ambos. Se inicia la conversación explicando cómo llegaron al periodismo (Guerriero, por ejemplo, tiene estudios de turismo), pero enseguida entran en sus métodos de trabajo que ejemplifican a partir sobre todo de dos de sus libros: el ya mencionado de Guerriero Los suicidas del fin del mundo y Potosí de Izagirre. Desgraciadamente no he leído ninguno de los dos, pero no es necesario para ver cuál es su forma de enfrentarse a su trabajo, un trabajo en el que derrochan sensibilidad, profesionalidad, humanidad, perfeccionismo, autocrítica, respeto por el lector y un largo etcétera.

Ambos se han dedicado a la crónica, pero también, sobre todo Guerriero, al perfil e incluso a la edición. En el libro Plano americano se recoge una selección de perfiles hechos por ella que son un ejemplo de cómo se tiene que tratar a los personajes. Además, ha hecho un libro de muchas páginas trazando el perfil de un pianista argentino, un libro del que dice Izagirre:

 

“¿Y con Opus Gelber? ¿También es un artículo que al final se convierte en historia? Hay un momento, que me parece maravilloso, en el que dices que Gelber te va atrayendo a su telaraña. Eso es lo que le va pasando al lector de tu libro: al final, la historia de este tipo, que a mí no me importa nada, me ha atrapado en una telaraña”. (p. 43)

 

Reproduzco este fragmento porque es exactamente lo mismo que pensé cuando estaba leyendo el libro porque siendo un personaje que no conocía y que, en principio, no me interesaba especialmente, cada día me tenía más enganchado. Lo mismo me pasó con muchos de los perfiles que traza en el otro libro citado.

En fin, un libro, realmente un librito de apenas 140 páginas en tamaño bolsillo, que no me perdería sobre todo si se está interesado por una profesión que hoy está siendo bastante denostada (y con razón en muchos casos), pero en la que quedan gente como los autores de este libro o Martín Caparrós, Óscar Martínez, Xavier Aldekoa o Mikel Ayestaran, por citar solo a algunos de los que más he leído.

No tiene nada que ver, pero desde aquí animo a suscribirse a la revista 5W donde trabajan algunos de los citados y que es una magnífica revista.

 

Leila Guerriero & Ander Izagirre, En el fondo la forma.

 

 

sábado, 4 de septiembre de 2021

Historia(s) del Tour de Francia



Hace apenas unos días comentaba en el blog Los sótanos del mundo, el libro por el que he conocido a este magnífico periodista y ya decía en el comentario que había empezado a leer este dedicado a la historia del Tour (se puede obviar lo de Francia porque “le Tour” no puede ser otro).

Dice Carlos Arribas en el Prólogo:

“La mirada de Ander Izagirre, ladrón fugaz de decenas de vidas de ciclistas, de sus recuerdos, la mirada con la que da vida, palabra, imagen, a decenas de momentos del Tour de Francia, es la mirada voluntariamente ingenua de la fascinación. Es la única mirada que admite el ciclismo  considerado como una pasión”. (p. 7). 

Y desde luego si algo rezuma cada página del libro es la fascinación y la pasión que por ese deporte siente el autor quien, por cierto, lo practicó de joven a nivel prácticamente profesional. No sé si al dejarlo se perdió algo importante el ciclismo, pero sí que lo ganó el periodismo.

No he sido un gran aficionado al ciclismo, pero sí que he visto innumerables finales de etapa retrasmitidos por la televisión, sobre todo en la época en que se cortaba la imagen a cada rato en las subidas a los puertos máxime si había algo de niebla. De todas formas sí tengo el suficiente conocimiento para que todos los nombres que aparecen desde finales de los cincuenta me resulten conocidos y algunos incluso familiares.

En mi infancia y adolescencia uno de nuestros juegos favoritos era reproducir las carreras ciclistas. Para ello, con las chapas de las botellas de cerveza y refrescos, elaborábamos nuestros “ciclistas” con su correspondiente foto y los colores del equipo. Luego, construíamos los circuitos bien en la tierra de un parque, dibujándolo con tiza en la calzada o aprovechando el borde de las aceras. Horas y horas de juego y clasificaciones que incluían el premio de la montaña. De ahí surge mi posterior afición a ese deporte. Por cierto que en esa época fui acérrimo seguidor del equipo Kas dirigido por Dalmacio Langarica que no recuerdo ahora haberlo visto en el libro.

Volviendo al texto de Izagirre tengo que decir que es un libro muy entretenido, aportando datos muy curiosos, enormemente divertido en algunas de sus anécdotas, emocionante también en algunos momentos y a partir de algunos personajes, y siempre escrito con mucha agilidad y buena escritura. Evidentemente un placer para aficionados a este deporte, pero creo que incluso puede disfrutar quien no lo sea demasiado.

Me limitaré a poner algunos ejemplos: antes de plantear la subida al Tourmalet la probaron en coche; un ciclista francés, Lapize,  llamó asesinos a los organizadores de la prueba; otro ciclista, Walkowiak, se arrepintió de ganar la carrera; retrata magníficamente la rivalidad, no exenta de camaradería a veces, de Bartoli y Copi; aparece también un Anquetil muy desconocido para mí (era el ídolo de casi todos mis amigos; uno llamaba a su bicicleta “anquetila”) y entre todas las anécdotas me quedo con la de El Cojo, un ciclista de Bilbao que se presentaba en las salidas sin nada para avituallarse (en esa época esto corría a cargo de cada participante), pero que había dejado cazuelas de bacalao a lo largo del recorrido o, también, que iba a París en bicicleta para participar en el Tour, lógico siendo de Bilbao, aunque también lógicamente terminaba abandonando y, por último, también relata muy bien algunas de las carreras tanto de Delgado como de Indurain.

En fin, un libro muy variado y del que se sale más aficionado que antes de su lectura. Hay otro sobre el Giro del mismo autor, pero no me animo porque es una carrera que apenas he seguido. Eso sí, insistiré en otros trabajos suyos.

Quien quiera más informaciones puede acudir a la buena reseña que hay en varadoenlallanura.blogspot.com

 

 

Ander Izagirre, Plomo en los bolsillos. Malandanzas, fanfarronadas, traiciones, alegrías, hazañas y sorpresas del Tour de Francia.

 

miércoles, 18 de agosto de 2021

Otro buen descubrimiento


Mi afición a la literatura de viajes está de suerte últimamente. Hace poco dejaba el comentario de la última publicación de la estupenda viajera noruega Erika Fatland, a la que ya conocía por su anterior libro ,y hoy comento otro magnífico libro que supone el descubrimiento de otro gran periodista de aquí al que no conocía a pesar de que cuenta ya con bastantes publicaciones en las librerías.

Este libro se publicó en 2005 por primera vez y ahora se reedita. Los viajes que se cuentan los hizo el autor entre 2000 y 2001 con diferentes formaciones de un grupo de doce personas que participaron en el proyecto Pangea, viaje al fondo de los continentes, porque efectivamente se trataba de llegar a los lugares más bajos sobre el nivel del mar en todos los continentes con la excepción de la Antártida.

Viajaron al Valle de la Muerte en Estados Unidos, a la Laguna del Carbón en Argentina, al lago Eyre en Australia, al Mar Caspio en Rusia, al Lago Assal en Yibuti y al Mar Muerto en Jordania. De los 15 metros del Lago Eyre a los 411 del Mar Muerto, pero siempre, en principio, a los auténticos “sótanos” de cada continente.

Izagirre, y esta es una de sus grandes virtudes, no se limita a hablarnos solo del lugar objetivo del viaje sino que, muy al contrario, deja un conjunto de informaciones de todo tipo desde las meramente geográficas, a las sociológicas, políticas, históricas, etc,  además de conversaciones con gentes del lugar y sin que falte, obviamente, un montón de referencias a las propias vicisitudes de los viajeros como traslados dificultosos, lugares en los que pasar la noche,…(por cierto, hay que decir que en general las condiciones solían ser bastante penosas). La conjunción de todos estos factores es lo que confiere al libro el gran interés que tiene lo que, unido, desde luego, a la capacidad narrativa del autor, hacen que estemos ante uno de esos libros de viajes que hay que leer porque se disfruta de cada lugar y en cada página. Sin olvidar tampoco el peculiar sentido del humor que despliega a veces.

Sin entrar demasiado en los diferentes ”sótanos”, sí me gustaría, a modo de ejemplo, dejar constancia de algunas cosas que muestran muy bien cómo está confeccionado el libro. Así, por ejemplo, en el viaje al californiano Valle de la Muerte, dedica bastante espacio a la fiebre del oro desatada en el siglo XIX y también a la gran presencia de vascos en la zona como pastores. En Australia se centra mucho en las expediciones que se hicieron el siglo XIX al interior del continente que es un tema realmente apasionante, también explica el racismo histórico y el maltrato dado a los aborígenes  incluyendo el tema de la “generación” robada de la que tanto se ha hablado últimamente. Leyendo este capítulo me han venido a la mente muchas imágenes de los libros del gran escritor australiano Kenneth Cook del que he leído en menos de un año varios libros centrados precisamente en el outback del que tanto habla Izagirre. En Argentina hay poco de aventura y mucho sobre los argentinos. En Rusia, el capítulo más corto,  bastantes críticas a los rusos que viven en la zona y varias conversaciones. Y termina en Yibuti en el capítulo más duro climatológicamente hablando, dentro de un viaje en la que el clima siempre es muy extremo, y también en el que las condiciones de vida de los habitantes son las peores.

Hay una reseña de Diego González en fronterasblog.com que aunque es baste corta tiene el interés de que muestra fotos de algunos de los lugares del libro. Precisamente la única crítica que yo haría a esta edición del libro es la falta de un apartado bibliográfico y, sobre todo, de un pequeño reportaje fotográfico de unos lugares que tiene que ser realmente espectaculares.

Cuando al final del año haga mi lista de los mejores libros leídos, no faltará este como tampoco el ya citado de Erika Fatland. Ambos llevan la literatura de viajes a gran altura.

Obviamente, después de conocer a Izagirre he comenzado otro libro suyo esta vez dedicado al Tour de Francia. Por lo leído hasta ahora observo que es capaz de desenvolverse muy bien en otros registros. Gran periodista.

 

Ander Izagirre, Los sótanos del mundo.