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sábado, 15 de febrero de 2020

Tres visiones de un mismo hecho




Tengo que reconocer que a pesar de ser licenciado en Historia y de haber leído mucho sobre la II República y la Guerra Civil, del tema del movimiento de 1934 apenas si sabía algo más que de su mera existencia. Por eso me ha parecido especialmente interesante la lectura de los escritos de los tres escritores. Por otra parte, no conocía a Díaz, de Pla solo había leído un breve texto sobre el advenimiento de la república y, eso sí, de Chaves he leído la inmensa mayoría de lo publicado en los últimos años.
De los tres textos, el más extenso y además bastante diferente en su sentido y contenido es el de Díaz. Los de Pla y Chaves tiene bastante en común.
El primero es claramente el escrito de un hombre de izquierdas que de alguna manera comparte los objetivos de la revolución a la que, eso sí, achaca su gran desorganización y no ahorra escenas de violencia revolucionaria con, por ejemplo, imágenes muy duras en un hospital. Además, está escrito un tiempo después de sucedidos los hechos.
Los otros dos, por el contrario, comparten la cercanía en el tiempo de los sucesos, y en el caso de Pla también la proximidad física ya que es de los pocos periodistas que pudo entrar en las zonas del conflicto aunque, lógicamente, poco después de que terminara. También coinciden en sus críticas sobre todo a los revolucionarios, pero también ambos critican duramente las exageraciones y las falsedades que publica cierta prensa principalmente madrileña. Pla describe muy bien la gran destrucción que se produjo en Oviedo y, al mismo tiempo, lo poco que se destruyó en el resto de la provincia. Chaves habla de tres asesinatos de guardias civiles y el resto de las muertes las atribuye a venganzas personales.
Algo que me ha sorprendido es que no hay en ninguno de los escritos alusiones a la represión del movimiento por parte del ejército ya que tenía entendido que fue bastante dura.
Como hay dos reseñas muy buenas y completas, una de Elías Durán en eldebatedehoy.es y la otra de Alberto Gordo en elcultural.com, no tengo nada mejor que aportar. Simplemente diré que la de Pla es la que me parece mejor escrita, la de Chaves me ha defraudado un tanto y la de Díaz aporta mucha información, pero seguramente un tanto sesgada.
Un libro que merece la pena leer y a ser posible completar con algún escrito de profesionales de la historia.


Manuel Chaves Nogales, José Días Fernández, Josep Pla.  Tres periodistas en la revolución de Asturias.






jueves, 16 de enero de 2014

Andalucía vista por Chaves Nogales




Si este grandísimo escritor  consiguió que alguien no interesado en absoluto en el mundo de los toros, como es mi caso, se leyese su biografía de Juan Belmonte, ahora vuelve a conseguir que no interesándome especialmente o, mejor, sintiendo bastante rechazo tanto por la Semana Santa sevillana como por la romería del Rocío, lea y con placer sus reportajes sobre esos acontecimientos.
Una vez más demuestra Chaves Nogales su enorme capacidad para la descripción y la evocación, su sentido de la puesta en escena, su sensibilidad y, desde luego, su gran estilo. Nuevamente hace literatura desde el periodismo.
Son también muy buenos los tres reportajes sobre los braceros del campo andaluz aque complementan esta edición de textos sobre Andalucía escritos en 1931, 1935 y 1936 (éste último en junio).
Aunque no me gusta demasiado lo que está haciendo la editorial Almuzara publicando reportajes de forma temática, lo que sí es interesante, pero haciéndolo con una presentación en la que sobran muchísimas hojas que quedan prácticamente en blanco y encareciendo con ello el producto, no dejo de recomendar la lectura de estos textos sobre Andalucía, tanto por su interés como, sobre todo, por ser una muestra más de la magnífica escritura del autor.
 
Manuel Chaves Nogales, Andalucía roja y la Blanca Paloma” y otros reportajes de la República

viernes, 13 de diciembre de 2013

Para seguidores de Chaves Nogales




 
Realmente, la base del libro es un documental en el que se hacen una serie de entrevistas que son las que, reproducidas en su totalidad, forman luego  el núcleo del libro. También aparecen reproducidos algunos fragmentos significativos de diversos textos de Chaves, bastantes y muy interesantes fotografías e, incluso, algún documento. Documental y libro se adquieren conjuntamente.
Las entrevistas son todas ellas enormemente interesantes. Tres son a escritores que conocen bien la obra del autor como: Antonio Muñoz Molina, Jorge Martínez Reverte y Andrés Trapiello. Los tres hacen aportaciones útiles para un mejor conocimiento de los escritos de Chaves con, como sucede en el caso de Martínez Reverte, algún elemento crítico. Otra entrevista es con la “descubridora moderna” de la obra del sevillano, María Isabel Cintas, que aporta también, además de comentarios sobre su obra, algunos datos biográficos. Completa el cuadro de los entrevistados la hija de Chaves con recuerdos entrañables.
Para los que hayan leído alguno de los libros del autor, tanto el documental como el libro que comento resultarán bastante interesantes; para quienes, como es mi caso, hayan devorado en los últimos años todo lo que se está publicando, ambos son fundamentales y aunque no haya grandes novedades, sí nos sintetizan muy bien el pensamiento y la personalidad de Chaves. En este sentido, destacaría lo que se comenta sobre su papel, o mejor su postura, en la guerra civil.  A mí me ha recordado bastante al del protagonista de una de las grandes novelas sobre ese período como es Días de llamas de Juan Iturralde. También me ha gustado ver citado otro grandísimo libro con un planteamiento autocrítico como es Guerra y vicisitudes de los españoles de Julián Zugazagoitia (exiliado en Francia, entregado a España por la Gestapo y fusilado).
Son muchas las cosas que se pueden decir sobre el libro, el documental y sobre el autor. Sintetizando al máximo diré que me siento muy identificado con la mayor parte de lo que dice y, sobre todo, con su comportamiento. Creo que, como se dice en el libro por alguno de los entrevistados, se va abriendo camino poco a poco una visión más “histórica” de la guerra civil y en ella autores como Chaves Nogales están jugando un papel fundamental.
 
Daniel Suberviola y Luis Felipe Torrente, El hombre que estaba allí

domingo, 9 de septiembre de 2012

Interesantes artículos

Elvira Lindo escribe sobre la memoria, la guerra civil y Chaves Nogales.

Soledad Gallego a propósito de Grecia y los planes de ajuste, defiende su mantenimiento en el euro.

Ramoneda habla de la necesidad de un proyecto político y de cómo en Cataluña quien lo tiene es el independentismo.

Joaquín Estefanía escribe sobre el empleo y la necesidad de combatir el paro a corto plazo porque si no aumentará a largo. Una idea que, tal como la desarrolla, yo desconocía.

lunes, 16 de julio de 2012

Chaves Nogales y el nazismo

En esta serie de reportajes o crónicas enviadas desde Alemania en mayo de 1933 se muestra, una vez más, el buen hacer de este gran periodista. Cuenta cómo funciona la sociedad alemana y, sobre todo, el auge y el predomino nazi dentro de ella, y lo hace como siempre sin desperdiciar las palabras, ajustando muy bien el lenguaje y diciendo lo que interesa sin concesiones a las grandes especulaciones y elucubraciones. Al mismo tiempo es capaz de aventurar algo de lo que pasará en el futuro con, desgraciadamente, gran acierto por su parte.
Se completa la edición con una entrevista a Goebbels sin gran interés seguramente por la forma cerrada, tres preguntas por escrito, en que tuvo que hacerla y también con la crónica de una conferencia que Chaves dio en Sevilla a su vuelta de Alemania.
Hasta el momento solo ha habido un libro de los recuperados del autor que me ha defraudado, el resto me parecen obras no solo de gran observador, sino también de pensador original. Espero que publiquen otro dedicado a la Italia fascista.
Como siempre, recomendar su lectura.

Manuel Chaves Nogales, Bajo el signo de la esvástica. (Cómo se vive en los países de régimen fascista)

sábado, 14 de julio de 2012

Sobre Chaves Nogales

Interesante artículo de Manuel Vicent sobre Chaves Nogales que puede servir para aficionar a alguien a la lectura de tan gran periodista. Es el último autor que he puesto en la serie sobre mis favoritos.

miércoles, 13 de junio de 2012

Mis autores favoritos XV: Manuel Chaves Nogales



















Desde que en 2006 cayó en mis manos A sangre y fuego, no he dejado pasar ningún libro de Chaves sin adquirirlo y leerlo inmediatamente. Este conjunto de relatos me parece, junto con los Días de llamas de Juan Iturralde, de lo mejor que se ha escrito sobre la guerra civil. El resto de la obra publicada de Chaves se compone de un conjunto de libros que abarcan diversos temas y formas: desde reportajes sobre los exiliados rusos en París a una biografía de Juan Belmonte, pasando por crónicas de la guerra civil. Como se ve se trata de un periodista de pura cepa y, al mismo tiempo, de un gran escritor. Debo decir que logró que alguien como yo, no solo al margen del mundo del toro sino desde hace un tiempo un antitaurino, se leyera con verdadero placer la mencionada biografía de Belmonte.
En esta serie de mis autores favoritos es el segundo periodista que aparece, pues ya lo hizo Kapuscinski. Son dos autores muy diferentes y de épocas muy distintas también, pero tienen en común su gusto por la buena escritura, el reportaje y la literatura.
Pongo a continuación unas palabras que sobre el autor ha escrito Andrés Trapiello y que sintetizan muy bien lo que quiero resaltar:
“En el corto espacio de tiempo de dieciséis años, de 1994 a 2010, Chaves ha pasado del anonimato a una gran notoriedad, consideración y aprecio indiscutibles merced al desvelo y cuidado también de unas pocas personas por entonces ( Abelardo Linares, sin la menor duda, Maribel Cintas, que preparó las obras completas y supongo que uno mismo), y luego de muchas más que se han ido sumando con un sentimiento de felicidad y asombro. Al fin y al cabo se trata de un gran autor, no de una curiosidad bibliográfica. Algo así no había ocurrido antes con ningún otro escritor, si no me falla la memoria, y ninguna historia de la literatura y del periodismo que se escribiera hoy podría no sólo no tener presente a Chaves sino no ponerlo en lugar eminente”.

En fin, no me queda más que recomendar encarecidamente la lectura de cualquiera de sus libros.

Interesante artículo de Manuel Vicent sobre Chaves publicado el 14 de julio de 2012.

miércoles, 6 de junio de 2012

Chaves Nogales en la Rusia "roja"

Preparando la entrada número XV de mis autores favoritos que dedico, precisamente, a Chaves Nogales, me encuentro con esta vuelta a Europa que es la última publicación que conozco y que fue uno de sus primeros libros pues data de 1929. Realmente, más que de una vuelta a Europa se trata, como expresa el subtítulo, sobre todo de una larga estancia en la Rusia roja. Antes cuenta alguna peripecia interesante en París o Berlín, pero lo relevante es lo que cuenta de Moscú, Leningrado y otras partes de Rusia.
“Yo, que no soy comunista, quisiera saber qué fuerza ideológica hay actualmente en el mundo capaz de provocar un heroísmo semejante.” Cito literalmente esta frase del autor porque refleja bastante bien la sensación que se va extrayendo de la lectura del libro no demasiado desfavorable al régimen, de tal manera que el mismo Chaves se ve obligado a escribir un capítulo de síntesis de lo que ha visto en el que, ahí sí, es más crítico con la situación en Rusia.
Me ha llamado especialmente la atención el capítulo en el que entrevista a Ramón Casanellas, uno de los tres que atentó contra Eduardo Dato. También resulta curioso el hecho de tener que realizar nada menos que tres aterrizajes forzosos a lo largo del periplo, eso sí, los cuenta como algo perfectamente natural.
Bien escrito, como en él es habitual, e interesante. En algún momento se nota el paso del tiempo como, por ejemplo, en los comentarios que hace sobre los homosexuales.

Manuel Chaves Nogales, La vuelta a Europa en Avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja.

martes, 17 de abril de 2012

Reportajes sobre la Guerra Civil


Último libro publicado de Chaves y bastante distinto de los anteriores. Se trata de una recopilación de crónicas, en su mayoría publicadas en revistas francesas, en las que el autor refleja sus opiniones sobre lo que está sucediendo en España. En teoría sería una especie de complemento del anterior dedicado a la defensa de Madrid, pero es totalmente diferente pues aquí Chaves aparece más como un analista político que como un periodista y la escritura y el estilo se resienten. A ello colabora el hecho de que, estando escritas originalmente en castellano, al no encontrarse los originales, se han tenido que traducir del francés y alguna del inglés.
Resultan a veces un tanto reiterativas en lo que se cuenta o analiza pues se publican artículos aparecidos casi al mismo tiempo en diferentes medios.
A mí me ha llamado especialmente la atención el respeto con el que habla de los tradicionalistas –requetés- y lo feroz que es contra los falangistas. Lo que no quiere decir que yo no esté de acuerdo en parte.
Un libro que puede interesar a quienes conozcan ya un poco el tema y, claro, a los muchos seguidores de este gran escritor. Tiene, además, un interesante prólogo de Santos Juliá


Manuel Chaves Nogales, Crónicas de la Guerra Civil (agosto 1936-septiembre 1939)

jueves, 8 de diciembre de 2011

Nuevo libro de Chaves Nogales

Para los adictos a este grandísimo escritor pongo el anuncio de la publicación de otro libro, recopilación de artículos sobre la defensa de Madrid, de Chaves.

sábado, 28 de agosto de 2010

Artículo en Babelia de Muñoz Molina sobre Chaves Nogales y Arturo Barea

REPORTAJE: IDA Y VUELTA

Dos exilios ingleses

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 28/08/2010

No es improbable que Arturo Barea y Manuel Chaves Nogales se cruzaran alguna vez en el Madrid de la República y en el de los primeros meses de la guerra
No es improbable que Arturo Barea y Manuel Chaves Nogales se cruzaran alguna vez en el Madrid de la República y en el de los primeros meses de la guerra. Nacieron los dos en 1897 y tuvieron vidas hasta cierto punto paralelas que sólo se encuentran en esta tardía posteridad en que los dos vuelven a ser leídos y en la que reciben una consideración literaria y política de la que no disfrutaron en España mientras vivían. Los dos son escritores en los márgenes de lo aceptadamente literario: Chaves Nogales, un periodista activo, de reportaje y de crónica, no de aquellos plomizos artículos de fondo que publicaban en los periódicos los escritores reconocidos de su tiempo; Arturo Barea, un autodidacta que encontró su vocación después de los cuarenta años, en medio de las urgencias y las angustias de la guerra, y sobre todo un poco después, en el exilio, en París y en Inglaterra. De Chaves Nogales, durante muchos años, sólo se conoció el Juan Belmonte que Javier Pradera volvió a editar en Alianza. A Barea muchos lo descubrimos cuando su trilogía de La forja de un rebelde se publicó por primera vez en España en los primeros ochenta, una época poco propicia a ese tipo de literatura. El olvido póstumo los había igualado a los dos. En los catálogos trabajosamente recobrados de la literatura del exilio no había mucho lugar para ellos. De Barea sabíamos vagamente que durante un tiempo fue muy leído fuera de España, pero no teníamos idea de la amplitud de su éxito. Y de cualquier modo, ni siquiera era seguro que La forja pudiera ser considerada literatura, en un país en el que existe el prejuicio de que literatura quiere decir ficción: ¿no eran más bien unas memorias algo descuidadas, un testimonio histórico?

Hay otra explicación más para el olvido de Chaves y Barea, que tiene también que ver con sus vidas paralelas. Si ninguno de los dos se ajustaba a las ortodoxias de lo literario tampoco respondían a las ortodoxias políticas de la cultura antifranquista, que podían ser tan excluyentes como cualquier ortodoxia. Tanto Chaves como Barea habían sido intachablemente republicanos, pero también muy libres en sus posiciones personales, y desde luego ninguno de los dos había pertenecido al Partido Comunista ni gravitado bajo su influencia. Los dos se marcharon al destierro, pero eligieron irse antes del final de la guerra. De nuevo el paralelismo del azar, la posibilidad de un encuentro del que no queda constancia: Chaves Nogales, que había dirigido en Madrid el diario Ahora hasta que el gobierno abandonó la ciudad el 6 de noviembre de 1936, se fue un poco después a París y allí permaneció sobreviviendo malamente en los cafés baratos y en los hoteluchos donde se alojaban los refugiados políticos de media Europa; a uno de esos hoteles llegaron en febrero de 1938 Arturo Barea y su mujer Ilse, un hotel llamado Delambre o De l'Alhambre en cuyo nombre quedó inscrito para los dos el recuerdo del hambre que pasaron en él.
En París, mientras se buscaban desesperadamente la vida, Barea y Chaves sintieron una urgencia semejante por encontrar las palabras que dieran forma a la experiencia íntima y colectiva del cataclismo español del que con tanto remordimiento habían escapado. Ninguno de los dos puso sus prejuicios ideológicos o sus lealtades políticas por encima de la torturada decisión de contar la verdad, lo que habían visto con sus ojos. El precio de esa actitud fue tan alto que los dejó en una intemperie dolorosa mientras vivían y siguieron pagándolo mucho después de la muerte: proscritos en el interior del país durante la dictadura por haber sido fieles a la legalidad republicana; incómodos o directamente inaceptables para la cultura política del exilio y la resistencia, porque la forzaban a mirarse en un espejo en el que se veían -se siguen viendo- con la misma claridad el heroísmo y el crimen. En una época en que la democracia parecía una antigualla por comparación con la modernidad de las dictaduras fascistas o comunistas, Chaves Nogales se definía a sí mismo como "un pequeño burgués liberal". Barea, que en España perteneció al Partido Socialista y a la UGT, en Inglaterra se afilió al Laborismo.
Desde la atalaya de París Barea y Chaves vieron con idéntica lucidez y amargura cómo los enjuagues de la política europea iban volviendo inevitable la derrota de la República española. Extranjeros en un país cada vez más xenófobo, refugiados políticos que se enfrentaban a diario al acoso de la policía, a la inseguridad sobre sus documentos, a la hostilidad sorda o descarada de la gente, Chaves y Barea experimentan en carne propia la descomposición gradual de una democracia que de antemano se ha rendido al nazismo. Venían de una ciudad hambrienta y sitiada que en noviembre de 1936 resistió sin más armas que la furia de la bravura popular el asalto de todo un ejército: en París les asombraba por igual la abundancia de comida y de luces en las calles nocturnas no oscurecidas por ninguna guerra y la inconsciencia frívola de quienes preferían no enterarse que la guerra también les alcanzaría a ellos.
Barea se marchó a Inglaterra en febrero de 1939. Chaves Nogales, periodista siempre, se quedó en Francia hasta el último momento, asistiendo al derrumbe, a la inaudita rendición sin lucha de un ejército poderoso y de una clase política podrida, escribiendo crónicas que se olvidaron muy pronto y que setenta años después, revelan una clarividencia luminosa, y también una esperanza insensata en lo que entonces, el verano negro de 1940, no creía casi nadie, la superioridad de la democracia sobre el totalitarismo. Leer hoy La agonía de Francia es encontrarse con una inteligencia política y una escritura de periódico que cortan el aliento, y también indignarse de que un libro así pudiera caer en el olvido.
En Inglaterra Barea tuvo una vida laboriosa y feliz, en gran parte gracias a la presencia de Ilse, que le dio el aliento que necesitaba para convertirse en escritor. Traducida por ella al inglés, La forja de un rebelde fue un éxito internacional. Después de tanto destierro, Barea se hizo ciudadano británico y llevó una apacible vida inglesa, en una casita de campo cerca del Támesis. Escribía, cuidaba el jardín, daba charlas en la BBC, cocinaba para sus amigos excelentes comidas españolas, guisos populares que le devolvían la memoria de los sabores de la infancia. Cuando murió en 1957 era un escritor internacionalmente conocido y respetado. Mis amigos Sonia y William Chislett encontraron su tumba en el cementerio de Faringdon y la modesta lápida dedicada a su memoria, según me cuentan muy descuidada ahora, sin que la embajada española haya mostrado mucho interés en restaurarla.
Da tristeza el destino más infortunado de Chaves Nogales, que al huir a Inglaterra tuvo que dejar atrás a su familia, y que a diferencia de Barea no encontró allí asideros sólidos para su vida ni para su escritura. Trabajo mucho y con poco fruto, como mal, duermo poco y me abandono, escribió en una carta. Murió en un hospital de Londres, en mayo de 1944. Cómo sería estar solo y sentirse morir después de una operación en un hospital de una ciudad en guerra.
antoniomuñozmolina

jueves, 29 de abril de 2010

Otro gran libro de M.Chaves Nogales

¡Qué pedazo de periodista!¡Qué pedazo de intelectual! No hace mucho presentaba los anteriores libros del autor publicados recientemente. Ahora lo hago con el último y, en mi opinión, el mejor tanto por su contenido como por lo extraordinariamente bien escrito que está. Se trata de una reflexión sobre la caída de Francia en manos de Hitler y sobre el valor de la democracia. En algún momento llega uno a perderse un poco por propio desconocimiento de la realidad política francesa de la época, pero a lo largo de sus páginas hay una gran riqueza de reflexiones y matices que, aunque aplicadas a Francia, pueden valer para otras épocas y lugares. Un libro importante en suma.
Quienes tengan interés en un relato más pormenorizado de los hechos tienen el clásico La caída de París. 14 de junio de 1940 de Herbert Lottman, editorial Tusquets, 1993.

El Paìs. Babelia. 31/07/10
CRÍTICA
Certera radiografía francesa de Manuel Chaves Nogales

LUIS FERNANDO MORENO CLAROS 31/07/2010
La agonía de Francia
Manuel Chaves Nogales. Introducción de Xavier Pericay. Libros del Asteroide. Barcelona, 2010 Libros del Asteroide. Barcelona, 2010
AlAl gran periodista sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944) le bastó con vivir el inicio de la guerra civil española para entender que aquello era un innoble baño de sangre, perpetrado por las masas desatadas y criminales de ambos bandos. En cuanto el Gobierno republicano abandonó Madrid, Chaves, partidario de Azaña, se exilió en París. El horror que asolaba España lo plasmó en los nueve agrios relatos de su estremecedor libro A sangre y fuego (1937). En el país de acogida le tocaría presenciar otra "guerra civil", aunque ésta larvada y sin sangre: la que los franceses, ideologizados en extremo, sostenían entre ellos; así como el inicio de la invasión alemana y el comienzo de la II Guerra Mundial.
Con una prosa concisa y actual, el observador privilegiado que fue Chaves informaba en La agonía de Francia (Montevideo, 1941) de la descomposición moral de una nación que no estuvo a la altura de lo que de ella exigía un espíritu heroico acorde con la gravedad de los tiempos. Francia pudo haber derrotado a Hitler si los franceses hubieran sido conscientes del papel que debían desempeñar frente a la Historia en defensa de la democracia. ¿Por qué no dieron la talla?
A fin de explicar e informar al resto del mundo de aquella debacle espiritual, Chaves escribió un libro imprescindible, modelo periodístico de análisis político y social. Mediante un ágil relato plagado de anécdotas sobre el ejército francés o la vida cotidiana en París poco antes de la invasión alemana, rebosante de útil información y de agudas y certeras reflexiones sobre la política europea del momento, el autor desvelaba las oscuras razones de esa connivencia de los franceses con el enemigo; y descubría las raíces ideológicas de una nación enceguecida que llegó a perseguir con saña a sus conciudadanos judíos o a denunciar y deportar a refugiados políticos y disidentes de la Europa sometida por Hitler. ¿Por qué una de las naciones más cultas de Europa se cubría de ignominia en lugar de defender los sacrosantos valores ilustrados instaurados por su Revolución? Chaves lo narra a su manera objetiva y admirable. Ojalá contáramos hoy con tan excelentes radiografistas de nuestras desconcertantes realidades políticas.

sábado, 20 de marzo de 2010

Un gran periodista redescubierto






Tres grandes libros cada uno en su estilo. Los relatos de A sangre y fuego son, para mí, de lo mejor que se ha escrito sobre la Guerra Civil; comparables a Dias de llamas de Juan Iturralde. La historia de Juan Martínez, bailarín de flamenco, en la Rusia revolucionara de 1917 es espectacular. La biografía de Juan Belmonte basada en entrevistas con el autor interesa incluso a quien,como es mi caso, está muy alejado del mundo del toreo.
Este Chaves Nogales, desaparecido en 1944, tenía que ser un gran periodista. Va directo al grano con una forma de escribir precisa y concisa y, al mismo tiempo, con un lenguaje muy rico.
Tres libros muy distintos pero recomendables los tres.