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martes, 6 de septiembre de 2022

Sobre el cambio climático

Hace dos años leí el anterior libro de la autora, El enemigo conoce el sistema, con el que descubrí muchas cosas sobre la tecnología y las redes sociales, pero del que también me perdí algunas por mi escaso conocimiento de esos temas.

Con este he aprendido menos y me he perdido menos, pero me ha parecido tan interesante como el otro.

El libro está dividido en tres grandes apartados: Mitos, Máquinas e Inteligencia No Artificial.

En la primera plantea cuál es la situación actual tanto del clima como de la población. Hace una fuerte crítica de las “soluciones” a lo Musk o Bezos así como a las que llama ciudades artificiales.

En la segunda explica algunas de las técnicas que se están probando para limitar las emisiones a la atmósfera de partículas perjudiciales como, por ejemplo, los aspiradores de partículas o la reforestación, indicando en cada caso sus limitaciones.

En la tercera parte, en principio la más original y seguramente la que más interesa a Peirano, plantea otro tipo de alternativas y es aquí donde, como suele ser habitual en estos casos, surge el principal problema del libro.

La autora, verdadera especialista en periodismo sobre tecnología, es capaz de sintetizar y transmitir magníficamente los problemas a los que se enfrenta la humanidad, utiliza una bibliografía muy actualizada y acierta de pleno en las críticas que hace y en los palos que reparte con profusión. El problema surge a la hora de plantear alternativas que sean realmente factibles. Así, a partir de experiencias que se han hecho en centros de enseñanza en Suecia y Francia, Peirano afirma:

“En otras palabras, hacen falta protocolos apropiados para diseñar estos proyectos. El espacio natural para elaborar esos protocolos son los institutos donde se forman ahora las personas que, por imposición demográfica, gestionarán lo peor de la crisis climática. Pero también las bibliotecas y los ambulatorios, que pueden convertirse en los puntos de intercambio y análisis de datos de cada barrio, formando un nuevo “Stack” de carácter social.

(…).

La creación de protocolos de gestión de recursos y mitigación del clima que conecten a los vecinos entre ellos a través de las instituciones del barrio no solo cambiaría la relación de los ciudadanos con la gestión de los servicios públicos, sino que también transformaría a las propias instituciones, que recuperarían o amplificarían su función social, convirtiéndose en el nodo de esas colaboraciones.

La biblioteca es sin duda la candidata perfecta, porque ya reúne todas las características necesarias.” (p. 132-133)

Me parece que si va a depender de los institutos, las instituciones del barrio y las bibliotecas, desde luego en nuestro país la cosa tiene pocos visos de salir adelante.

Lo mismo me sucede, y por los mismos motivos, con lo que afirma en el siguiente fragmento:

“Podemos empezar por la gestión de los recursos más necesarios y limitados, como el agua y la energía, abriendo un cuarto para compartir la lavadora. Podemos buscar cooperativas vinculadas al contexto climático y ser parte de su red de sensores capaces de identificar, evaluar, aprender, corregir y proponer. Podemos ser el primer satélite para un observatorio colectivo del clima en nuestro edificio, coordinado a través de instituciones educativas, militares y sanitarias.” (p.167) 

En lo que sí creo que acierta la autora es en que: “Abandonar la rueda no la detiene, sino que significa abandonar la lucha contra la desinformación y el capitalismo caníbal” (p. 75) Pero creo que deben ser otros los mecanismos de acción porque el cortoplacismo no es algo solo de los políticos, sino que está perfectamente imbricado en todos los sectores de nuestra sociedad.

Más allá de estas apreciaciones críticas de alguien bastante escéptico sobre las actitudes y los comportamientos de la humanidad, el libro ofrece muchísimos temas de interés. Así, entre otros: la crítica a Sylicon Valley, Dubái y Singapur; los tres problemas, según el Premio Nobel de Economía Kahneman, que explican que no seamos capaces de pensar en el cambio climático; las formas de capturar CO2; lo que han hecho en Ciudad del Cabo con el problema del agua; las smart cities y el colonialismo digital o lo que podría ser una Dieta para la Salud Planetaria.

En definitiva, un libro muy interesante y documentado que deja buena constancia del estado de la cuestión; muy crítico con las soluciones espectaculares, pero poco o nada realizables; que provoca cierto desasosiego en el lector por el desolador panorama que pinta sobre lo poco que se está haciendo para frenar el cambio climático pero que, al mismo tiempo, está escrito por quien parece esperanzada en que aún se está a tiempo.

Hay una magnífica y muy completa reseña de Óscar Sánchez en dialektika.org.

 

Marta Peirano, Contra el futuro. Resistencia ciudadana frente al feudalismo climático.

 

    

miércoles, 23 de octubre de 2019

Las redes sociales



El título y el subtítulo son muy expresivos de lo que va un libro cuya frase final, un tanto descorazonadora, es:

“Y estas infraestructuras de poder centralizado, persistente y oscuro no están diseñadas para ayudarnos a gestionar esa crisis. Están diseñadas para gestionarnos a nosotros durante la crisis. No nos van a servir para hacer frente al poder. Las herramientas del poder nunca sirven para desmantelarlo.” (p 290)

La autora, que demuestra un conocimiento muy preciso y en profundidad de los temas que aborda en el libro, lo ha dividido en los siguientes siete apartados: Adicción, Infraestructuras, Vigilancia, Algoritmo, Revolución, El modelo de negocio y Manipulación. Los enunciados son lo suficientemente expresivos para saber de qué trata en cada uno.
Hay libros, y este es uno de ellos, que leo a pesar de que hay partes que soy incapaz de seguir por mi desconocimiento de lo más básico. En este caso, al llegar por edad, 70, muy tarde a la informática y a Internet, desconozco incluso la jerga que se utiliza, por lo que me cuesta muchas veces seguir los razonamientos y entender los porqués de lo que me cuenta Peirano. No obstante, con que solo haya sido capaz de captar un 10% de sus informaciones, me resulta suficiente para quedarme profundamente preocupado no por mi futuro, que también, sino sobre todo por el futuro de gentes como mi hijo. 
Si de este libro se puede extraer una conclusión bien podría ser esta: se han creado los medios para una descentralización del poder y de la información, para una mayor democratización de la sociedad a partir de la participación de los ciudadanos y, sin embargo, estamos asistiendo a la acumulación y centralización de ese poder en unas cuantas empresas que, además, se están unificando y fusionando cada vez más. Esto es, al final, el resultado está siendo el contrario del que desearíamos.
Dejo algunos fragmentos en los que se pone esto de manifiesto:

“Pronto será imposible comprar tecnologías que no escuchen lo que hacemos en nuestra casa, vehículo, oficina, todo lo que ocurre a su alrededor y envíen toda clase de datos a las mismas cinco compañías.” (p. 103)

 “Hoy, Palantir es conocido como el Departamento de Precrimen de Trump, porque su tecnología predictiva es utilizada por la policía para detectar “zonas de calor” donde podría estallar la violencia. También detecta grupos o personas “de interés”, que hayan asistido a manifestaciones, participado en huelgas, tengan amigos en Greenpace, usen tecnologías de encriptación o hayan apoyado a otros activistas en redes sociales.” (p. 122)

En ambos casos vemos el grado de control que ya es posible obtener. Además:

“Esta es la banalidad del mal de nuestro tiempo: los mejores cerebros de nuestra generación están buscando maneras de que hagas más likes. Y no es verdad que estemos libres de culpa. Todo empezó porque queríamos salvar el mundo, sin movernos del sofá.” (p. 54)

Cuando la autora habla de manipulación no se centra solo en lo que sucede en las redes sociales, aunque es a lo que dedica más espacio, sino que se refiere también a otros casos. Reproduzco el siguiente fragmento por la actualidad que tiene para lo que pasa estos días por aquí:

“Durante el ataque, los grandes medios cubrieron a los pocos violentos, y abandonaron a los miles de manifestantes pacíficos que habían sido brutalmente apaleados sin motivo.” (p. 178) (Se refiere a lo sucedido en Génova, Italia, en 2001. En 2012 unos policías “fueron encontrados culpables de brutalidad policial y falsificación de pruebas.”)

Un libro así merece un comentario más detallado de alguien que conozca bien estos temas que, como ya he dicho, no es mi caso. No he encontrado ninguna crítica interesante, pero sí dos buenas entrevistas con la autora: la de Manuel Ángel Méndez en elconfidencial.com y la de Pablo Romero en publico.es.
Además de los aspectos más importantes que se tratan en el libro, a mí me han llamado también la atención otros que son un tanto colaterales. Así: al fin me he enterado de qué es eso de la nube; he descubierto la existencia y funcionamiento del “sistema de crédito social” chino; he tenido una versión y visión distinta de lo ocurrido en Seattle y Génova y he conocido mejor la relación de Goebbels con la radio, entre otras muchas cosas interesantes.
Un libro de lectura muy recomendable a pesar del miedo que pueda infundir y de las pesadillas que pueda provocar.
He echado en falta  un apartado específico dedicado a la bibliografía porque creo que es insuficiente con lo que se cita en las notas.

Marta Peirano, El enemigo conoce el sistema. Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención.