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jueves, 22 de marzo de 2018

Biografiando a sus padres



Desde que hace más de veinte años leí El día de la Independencia Ford se ha convertido en uno de los escritores de los que más libros he leído -creo que el que hoy comento hace el número nueve-, si bien es cierto que muchos han tenido que esperar a los tres últimos años en que, tras le lectura de Canadá, retomé el gusto por la escritura de este autor.
Por eso cogí con gran placer y elevadas expectativas este nuevo libro que, muy lejos de sus anteriores trabajos, consiste en una especie de biografía de sus padres o, para ser más exactos, de la relación de Ford con ellos. Escribió hace treinta años la parte correspondiente a la madre a raíz de su muerte en 1981, y ha escrito recientemente la parte del padre aunque este murió prematuramente en 1960 cuando al autor tenía solo dieciséis años. En la edición sin embargo aparece primero la parte del padre porque Ford ha querido que se correspondiese más con su propia cronología.
Coincido con el autor en una par de datos biográficos que, creo, explican en parte el impacto que me ha causado su libro: soy también hijo único de padres algo mayores para lo habitual en la época (el autor es solo cinco años mayor que yo) y, además, soy padre muy tardío de otro hijo único.
Cuando hablo de impacto me refiero a las emociones que me ha provocado sobre todo la parte dedicada al padre, más allá de que no se parezca nada al mío ni su relación a la mía, pero me ha conmovido en muchos momentos y, sobre todo, me ha dado elementos para repensar la relación con mi hijo.
La parte que se refiere a la madre también me ha impresionado, pero por lo dicho algo menos.
Evidentemente, en todo ello juega un papel fundamental la escritura de Ford pues los mismos temas en otras manos no habrían sido lo mismo. 
Como escribe Cheryl Strayed en The New York Times Book Review y que reproduce elcultual.com:

“Es a través de este deseo innato de conocer, unido al excepcional talento como maestro de la prosa de Ford, como estas dos personas corrientes se vuelven vívidas y vitales a nuestros ojos en las páginas del libro. Las descripciones y los exámenes de sus progenitores antes y después de que él naciese -sus costumbres y sus modales; sus heridas y sus silencios; sus discusiones y sus placeres- ofrecen una clase magistral de desarrollo de los personajes y economía narrativa.” 

Un buen ejemplo de este tratamiento de los personajes lo podemos encontrar en estas líneas que dedica a su padre:

“El genio de mi padre llegó a ser un rasgo de su carácter que hube de aprender de primera mano. Un hombre puede ser cortés, afable y tímido sin por ello dejar de tener sus arrebatos.
(…)
No tenía hobbies ni practicaba ningún deporte, y nada acaparaba su interés o su entusiasmo salvo el trabajo y nosotros”. (p.61)

 y un poco más adelante continúa:

“No puedo recordar a mi padre enseñándome muchas cosas de forma explícita a lo largo de los años (…) No me llevaba al cine ni a la piscina. No me hablaba de sexo, ni de chicas, ni de religión, ni de sus preocupaciones, ni de asuntos de actualidad ni de política (…) (p. 63)

Un libro muy recomendable para cualquiera e imprescindible para los seguidores de uno de los mejores escritores estadounidenses vivo.

Richard Ford, Entre ellos. Traducción Jesús Zulaika.

miércoles, 15 de junio de 2016

Cierta decepción



Dentro de la lectura bastante errática que estoy haciendo de la obra de Ford, le ha tocado casi al final a una de sus primeras novelas, en concreto a la primera en  la que aparece como protagonista Frank Bascombe. Precisamente el primer libro que leí del autor fue El día de la independencia, que es el segundo de la trilogía que tiene como protagonista a Bascombe. Eso sí en los últimos meses, como queda reflejado en el blog, he leído con placer la mayor parte de su obra.
No sé exactamente lo que me ha pasado con la lectura del que hoy comento, pero dicho de manera rápida: me ha aburrido bastante, me ha costado entrar en muchas de sus historias y no he terminado de entender qué le pasa a ese protagonista solitario -a pesar de estar casi siempre con alguna mujer-, en el fondo echando de menos a X (su primera mujer con la que tuvo sus hijos, incluido el que murió), con tantas dificultades para sacar provecho a cualquier situación, en el fondo enormemente solitario y habiendo renunciado a la literatura sin que quede muy claro el porqué. En fin que, a pesar de las casi 400 páginas de un texto escrito en primera persona por su protagonista, no he llegado a conocerlo.
No obstante, hay momentos, escenas y pasajes que sí me han gustado como pueden ser: la entrevista con un exjugador de fútbol paralítico, su ligue con una mujer que no para de contarle cosas para luego proponerle no “hacer nada” y que posteriormente le escribirá cartas que terminarán con su matrimonio o los divertidos fragmentos de la compra por catálogo.
Ford tiene en todo caso la ventaja de que es un buen escritor y aunque en este caso me haya defraudado, también es cierto que en el resto de lo leído he disfrutado mucho. Precisamente el último libro publicado en España tiene como protagonista de los relatos a este mismo Frank Bascombe ya mayor y convertido en agente inmobiliario.
Dejo un fragmento que es un buen ejemplo de la soledad de Bascombe:

“Luego pienso en la gente a la que podría llamar a esta hora: 10,45 de la noche. Puedo volver a llamar a Providence. O a X, aunque la actividad que había en su casa me hace pensar que debe de estar ya camino de (…) Podría llamar a Mindy a New Hampshire. Podría llamar a Vicki a casa de sus padres. Podría llamar a mi suegra (…).
Toda esa gente me hablaría, eso lo sé. Pero estoy casi seguro de que a casi ninguno de ellos le gustaría” (p. 377-378)

Una entrevista interesante de Pablo Guimón con Ford en la que habla también de este libro.
Acabo de leer que le han concedido a Ford el Premio Princesa de Asturias de las Letras.


Richard Ford, El periodista deportivo











miércoles, 13 de abril de 2016

Los primeros relatos de R.Ford



Es uno de los primeros libros escritos por el autor y el primero publicado en España. Lo componen diez relatos con bastantes cosas en común: un espacio geográfico que es el estado de  Montana, sus campos y sus pequeñas localidades; unos personajes que huyen o fracasan o están buscando su sitio aunque no parece que lo encuentren; parejas separadas incluso a veces de los hijos; escenas muy cotidianas; narración en primera persona en la mayoría y con un narrador joven en varios; en definitiva, son como fragmentos de un mismo ciclo narrativo y de un mismo mundo de ideas, percepciones y hasta obsesiones.
Desde luego no es lo mejor que he leído de Ford, pero su lectura no deja indiferente y resulta algo más que interesante. He seguido el consejo que Mariano Antolín Rato da en la contraportada de no leerlos todos seguidos porque serían demasiadas emociones. En mi caso, además, haría que terminara haciéndome un lío con los personajes.
Hay muchos temas, muchos personajes, pero al mismo tiempo una misma forma de narrar que creo que da cierta unidad al conjunto. A mí en particular me ha gustado sobre todo el llamado Imperio que es además el más largo. En él ya se puede apreciar algo que será un signo distintivo de los relatos posteriores como es el uso del flash-back que tan útil resulta para conocer mejor a los personajes.
Seguramente si hubiera sido este libro el primero que leía de Ford me hubiera entusiasmado, pero después de leer una parte de su obra posterior me ha parecido menos impactante. En todo caso, un libro muy recomendable de, para muchos entendidos,  uno de los mejores escritores estadounidenses actuales.


Richard Ford, Rock Springs

domingo, 14 de febrero de 2016

Sigo con Richard Ford



De nuevo aparece Ford como un maestro en el relato largo o la novela corta. En este caso el libro lo componen dos textos de unas cien páginas y un tercero con la mitad. En los tres hay relaciones entre hombres y mujeres, pero no hay amor, ni desamor, ni sexo.
La gran virtud que tiene el autor, y por lo que en mi redescubrimiento me está encantando, es por la forma que tiene de narrar y de lograr que el lector se meta en las historias y se las crea. De alguna manera se trata de una escritura realista, pero que al mismo tiempo es capaz de dar unos giros inesperados a las historias y de cambiar la línea argumental con la que se inician.
Recomendable lectura como toda la obra que voy conociendo del autor.
Una buena reseña de Darío Villanueva en elcultural.com hecha tras su primera edición en el año 2000.



Richard Ford, De mujeres con hombres

martes, 12 de enero de 2016

Más Richard Ford



Tras reencontrar a Ford en Canadá he aprovechado para seguir conociendo más su obra. Hace poco comentaba la última publicación en castellano, Francamente Frank, y hoy la reciente reedición de uno de sus primeros libros que, además, escribió inmediatamente antes del primero que yo leí de él, El día de la independencia.
Apenas 190 páginas le  bastan para contar una historia en la que hay muchos sentimientos, varios descubrimientos y, sobre todo, una narración magnífica que hace costoso separarse del libro aunque sea solo por un rato. Novela de iniciación como se dice en la contraportada, pero sobre todo novela escrita con una cadencia y un ritmo muy ajustados a lo que nos está contando.
Este autor tiene la difícil cualidad de ser capaz de gustar tanto con un libro de 500 o 600 páginas, como con una novela corta como la que comento o con los relatos de 50 páginas. En este sentido se puede decir que es un todoterreno. Habrá que seguir insistiendo.
Para un comentario un poco más extenso dejo el siguiente enlace.


Richard Ford, Incendios

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Apreciando los relatos




Decía hace poco en el blog al comentar Canadá que había sido un acierto retomar la lectura de la obra de Ford. En esa línea he seguido con esta colección de relatos recientemente publicada.
Aunque nunca he sido aficionado al género del relato, poco a poco voy entrando en él y descubriendo que tiene cosas muy interesantes. En este caso, de las cuatro historias que componen el libro las dos últimas me parecen especialmente buenas. Todas tienen en común el paso anterior del huracán Sandy con la consiguiente destrucción y también que sus coprotagonistas son ex del protagonista principal, Frank Bascombe: alguien que le compró un piso cuando Frank se dedicaba a la venta inmobiliaria, una mujer que vivió en el piso que ahora habita Frank y que quiere visitarlo, su primera mujer que padece una grave enfermedad y, finalmente, un antiguo amigo que también está gravemente enfermo.
Con estos mimbres Ford va tejiendo unas historias en las que habla sobre todo de la muerte, del envejecimiento, de  la enfermedad, del deterioro sufrido por una comunidad a causa del huracán, e incluso de Obama, en positivo, y del Tea-Party, en negativo.
Derrocha ironía y un peculiar sentido del humor que hace que resulte gratificante la lectura a pesar de que por momentos toca temas complicados con aspectos bastante dramáticos. Obviamente, está lejos de la riqueza de su última gran novela, pero es algo más que una obra menor.
Dejo el enlace a un artículo en La Vanguardia del propio Ford hablando de su obra y al buen comentario de Sergi Sánchez en ElPeriódico.




Richard Ford, Francamente, Frank

viernes, 21 de agosto de 2015

Recuperando viejos autores




 
Hacía veinte años, desde que leí El día de la independencia y La última oportunidad,  que no leía nada de Ford. Estaba incluido entre los autores anglosajones de los que me había cansado como ya he comentado más de una vez en el blog. Dentro de la recuperación que estoy haciendo de esa literatura durante este año (a partir de los descubrimientos de Fante, Bunker o Banville) y por varias recomendaciones, acabo de leer esta magnífica novela que por algo fue tan aclamada por la crítica cuando se publicó hace dos años.
“Monumental, inolvidable, excepcional, hermosa, turbadora, apasionante, infinitamente poética y refinada, virtuoso manejo del suspense narrativo, …”; estas son algunas de las cosas que se han dicho del libro y que la editorial ha puesto en la contraportada o en la faja de la 5ª edición. Creo que califican y describen bastante acertadamente lo que supone esta gran obra.
A mí me ha resultado un libro totalmente absorbente desde el espectacular comienzo: (“Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después.”), hasta la reflexión final. Resulta realmente impresionante la facilidad con la que Ford te mete en una historia de la que lo que menos importa es el final –de hecho se conoce de alguna forma- sino cómo se va acercando a los momentos culminantes y cómo cada personaje hace y dice lo que tiene que hacer y decir; no da la impresión de que sobre ni falte nada en un libro de más de 500 páginas aunque es cierto que la primera parte me parece más conseguida y redonda que las otras dos.
Curiosamente se trata de un texto en el que resulta difícil cualquier identificación con sus protagonistas por muchas y variadas razones e incluso no se llega a entender muy bien alguno de sus comportamientos y de sus decisiones, pero no importa, y creo que ahí está uno de los aspectos de la grandeza del libro, porque se sigue la historia de una forma bastante hipnótica y eso solo se consigue con una gran capacidad narrativa y literaria que está al alcance de no demasiados escritores.
Un gran libro. Hay un buen comentario de Salvador Gutiérrez en el siguiente enlace.
 
 
Richard Ford, Canadá