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miércoles, 4 de septiembre de 2024

Una gran síntesis

 

A pesar de que este es un libro publicado en España en 2020 (el original francés es del año anterior), no lo había visto en las librerías hasta hace muy poco. Seguramente se debe a que está publicado por una editorial no demasiado conocida. Es una pena que tenga tan poca promoción porque no solo trata temas de una relevancia e importancia capital en estos momentos, sino sobre todo porque lo hace de manera magistral. He leído ya bastantes libros sobre estos temas, pero ninguno que lo cuente de forma tan sintética y tan clara como este.

Da Empoli es un escritor que está a medio camino entre Francia e Italia. Escribe en francés y fue asesor de Mateo Renzi cuando este fue primer ministro.

En este libro se enfrenta al tema de cómo desde la extrema derecha se está construyendo todo un sistema de manipulación o, si se quiere, de creación de verdades alternativas y de cómo poco a poco se va consolidando y penetrando en distintas sociedades.

Se centra en tres ejemplos para ver cómo funciona: los inicios del movimiento italiano 5 Estrellas, al que le dedica todo un capítulo; otro está centrado en la Hungría de Orbán y, cómo no, también Trump tiene el suyo. Vemos aparecer también a los mismos personajes que aparecen en cualquier libro que trate de estos temas. Así, Steve Bannon, Milo  Yiannopoulos, Arthur Finkelstein o Andrew Breibart, por citar solo a los más conocidos.

De la idea base deja constancia da Empoli con la siguiente cita:

En muchos sentidos los exabruptos son un instrumento organizativo más eficaz que la verdad -escribía Mencius Moldburg, bloguero de la derecha alternativa estadounidense-. Cualquiera puede creerse la verdad, mientras que creer en lo absurdo es una auténtica muestra de lealtad. Y quien tiene un uniforme tiene un ejército.” (p. 21) (Subrayado en el original)

Además, algo muy importante y que se puede apreciar fácilmente cada día:

“(...) el punto clave continúa siendo que los extremistas se han convertido, en todos los aspectos, en el centro del sistema. Son ellos quienes marcan el tono de la conversación”. (p. 160-161)

Y sobre el contenido y el tono de la conversación reproduzco un extenso fragmento por lo bien que lo sintetiza:

“Por primera vez en mucho tiempo, la vulgaridad y los insultos personales han dejado de ser un tabú. Los prejuicios, el racismo y el sexismo salen de su escondrijo. Las patrañas y las teorías conspirativas se convierten en una clave para interpretar la realidad.

Y todo esto se presenta como una guerra sacrosanta para la liberación de  la palabra del pueblo, finalmente liberada de los códigos opresivos de las élites globalizadas y políticamente correctas. Las mismas élites que ocasionaron la crisis financiera, causaron el empobrecimiento de las clases trabajadoras y, como guinda del pastel, conspiraron con las ONG y grupos de interés judeo-masónicos para reemplazar la fuerza laboral local por migrantes de países en desarrollo”. (p. 87-88)

Creo que con estos ejemplos se puede apreciar perfectamente lo que antes decía sobre la claridad y la capacidad de síntesis del autor.

Creo que estamos ante uno de esos libros que son de obligada lectura y permanente consulta para quienes estamos preocupados por la deriva que está tomando la política en nuestro país. Un verdadero libro de cabecera.

Siendo así, es una pena que el traductor se dedique, sobre todo al principio, a explicar al lector en notas a pie de página una serie de términos ingleses que son de uso habitual y desde luego conocidos para alguien que esté leyendo un libro como este.

Por cierto, no he dicho que hace apenas un año comenté otro libro del autor, El mago del Kremlin, que además de muy original me pareció muy recomendable

 

Giuliano da Empoli. Los ingenieros del caos. Traducción Nicolás Boullosa

 

 

martes, 1 de junio de 2021

(Des)información en las redes sociales


 

Quien siga con cierta asiduidad este blog sabe de mi preferencia por el tema que trata este libro. Esta preferencia viene motivada porque creo que es donde se está dirimiendo la principal batalla política y si el autor dice que a nivel global la van perdiendo (él se refiere, lógicamente a los Estados Unidos), se puede afirmar sin ninguna duda que en España la vamos perdiendo (y yo me refiero a los que defendemos una sociedad más igualitaria y con mayores avances sociales).

Con estas premisas, me gusta leer lo más que puedo sobre estos temas y de ahí este libro que, además, tiene tan interesante título y tan sugerente subtítulo que, por cierto, está en la versión original y no es, como pasa a veces, algo puesto por la editorial que lo traduce para llamar más la atención.

Como primera idea de este comentario tengo que decir que el libro decepciona bastante, que es un texto tremendamente irregular en su interés y en las páginas que dedica a los diferentes temas, al que ,aunque está escrito con la agilidad propia de un periodista, (el autor era editor en Times),  le falta profundidad en determinados análisis y la mayor insatisfacción surge, sobre todo, porque falta información de qué campañas pusieron en marcha y cómo las llevaron a cabo.

El autor fue Subsecretario de Diplomacia y Asuntos Públicos con John Kerry en la secretaría de Estado bajo el gobierno de Obama y, quizá por ostentar ese cargo, dedica los dos primeros capítulos a explicar cómo es el proceso de selección y aprobación de los cargos públicos. Curiosamente, superado el primer momento de extrañeza que provoca dedicar tantas páginas a ese tema, reconozco que es de lo que más me ha interesado del libro seguramente por lo novedoso y también por lo complejo del sistema. Sorprende la terriblemente burocrático que resulta todo en un país del que se suele tener otra idea.

Los siguientes capítulos los dedica a contar los esfuerzos tendentes a organizar unos instrumentos para frenar las desinformaciones que provenían de Rusia y del Estado islámico. Estos instrumentos no se pretendía que estuviesen solo en Estados Unidos, sino que se quería implicar a otros muchos países de diferentes regiones del planeta. A esta búsqueda de aliados dedica muchas páginas que resultan bastante tediosas. No obstante, entre las muchas informaciones sí aparecen cosas que tienen interés como pueden ser, entre otras: el buen resumen que hace de las ideas de Alexander Dugin, el llamado “Rasputín” de Putin, así como todo lo que cuenta sobre la política de este último; el papel de Donald Trump en la aprobación del Brexit; la autocrítica que hace sobre la política de hashtags que pusieron en marcha en el conflicto de Ucrania; los datos que aporta sobre algunas medidas tomadas por Facebook y Twitter para frenar algunos aspectos negativos; las grandes dificultades para coordinar los esfuerzos internos y, en otro orden de cosas, ya en el último capítulo que dedica a propuestas para mejorar en el tema, es muy interesante lo que dice sobre cómo debería publicarse una noticia en un medio digital.

Hay más aspectos de los que se puede sacar algún fruto de su lectura, pero en general es demasiado prolijo en muchos momentos seguramente porque es un libro pensado y escrito para el público de su país. Tampoco se termina de ver claramente su papel en las diferentes “guerras” que salen a relucir.

Para terminar reproduzco dos frases cortas que me ha parecido que dejan muy claro el tema al que se refieren:

“Tienes derecho a tener sus opiniones, pero no tus hechos”. (p. 65) (Frase que atribuye al senador Pat Moynihan)

“El terrorismo funciona porque los seres humanos imaginan posibilidades, en vez de probabilidades”. (p. 112)

La primera es, precisamente, una de las claves de las batallas de la información porque hay muchos participantes que mienten descaradamente sobre los hechos y lo hacen con el mayor desparpajo. (En España en estos tiempos de pandemia hay ejemplos para aburrir).

En definitiva, un libro que se puede leer, del que se pueden sacar algunas cosas interesantes, pero del que no sé si compensa dedicar el tiempo que suponen sus casi 400 páginas.

 

Richard Stengel, Guerras de la información. Cómo perdimos la batalla global contra la desinformación y qué podemos hacer en el futuro.  Traducción Ana Momplet Chico.

 

domingo, 21 de febrero de 2021

Para conocer mejor lo que nos espera

Antisocial no es una labor de reportaje. Los acontecimientos que describe el libro han sucedido realmente; con raras excepciones, los nombres son reales. Siempre que he conocido los hechos a través del trabajo de otro periodista, he tratado de citarlo. En la mayoría de los casos, los hechos y los acontecimientos que aparecen relatados en el libro se derivan de las entrevistas realizadas, de una reconstrucción a partir de la investigación o de haberlos presenciado en primera persona.”  (p. 525) 

Con estas palabras se inicia la Nota del autor con la que se cierra el libro y que muestran la principal virtud del mismo, esto es, que todo lo que en él aparece no solo es que sea real, sino que ha tenido como testigo a Marantz. No es un libro basado en bibliografía, en fuentes secundarias; no es un libro teórico sobre la extrema derecha estadounidense basado, por ejemplo, en sus textos; sí es un libro sobre ese grupo, pero basado en el contacto personal con muchos de sus principales protagonistas y referentes.

El libro está dividido en seis partes cada una de ellas centrada en uno o unos personajes con los que a veces convive y pasa bastante tiempo. Entre ellos están: Emerson Spartz, (”Un tío viral”) -del que más adelante reproduciré un par de fragmentos-, cuyas prácticas serán seguidas por muchos de los que salen en el libro; Mike Cernovich, uno de los creadores de la “alternativa ligera” (escisión algo más moderada de la derecha alternativa); Mike Enoch, quizá el más conocido de la derecha alternativa y cuya identidad fue revelada poco antes de la investidura de Trump; o Samantha, el alias de una mujer que pasó de apoyar a Obama a meterse en los círculos de la extrema derecha hasta casarse con uno de esa tendencia y terminar abandonando al marido y al grupo; por citar solo a aquellos que ocupan lo fundamental de varias de las partes en las que se divide el libro.

Con diferentes matices e intensidad, todos comparten cosas como: el supremacismo blanco, la misoginia, la islamofobia, el racismo o el antisemitismo: Estos dos últimos menos presentes en la “alternativa ligera” más centrados en los valores “occidentales” que en los meramente blancos y por ello menos, o nada, antisemitas.

Volviendo a Spartz, reproduzco dos fragmentos muy significativos: 

“¿Quién ha visto alguna vez un bloque grande y largo de texto y ha dicho: “¡Qué emocionante!”. Siempre se lo digo a mis empleados: cada párrafo que escriban debería ser supercorto, de tres frases como mucho. Y me refiero a frases breves. Un punto y seguido es mejor que una coma. El aburrimiento es el enemigo”. (p.129)

“No deberías tener que elegir qué quieres, porque seremos capaces de conseguir los datos suficientes para saber qué es lo que quieres mejor que tú mismo.” (p.151)

Es decir, algo que podemos apreciar a diario y que tiene unas implicaciones tremendas sobre el pensamiento y, me atrevería a decir, hasta sobre la libertad individual.

Por otro lado Cernovich dice que las dos principales leyes de la mecánica de los medios de comunicación sociales son: “El conflicto es atención” y “la atención es influencia” (p.243)

No creo que sea necesario decir cómo ni quién lo practica hoy casi a diario en nuestro país. Lo mismo que pasa con la siguiente frase de Andrew Anglin, editor de la página neonazi Daily Stormer: “Todos los enemigos deberían combinarse en un único enemigo, que son los judíos.” (p.415)

Después de esta aplicación a nuestra realidad, vuelvo al libro para recoger aquello que me ha resultado más interesante o que me ha aportado informaciones más novedosas: todo lo que escribe sobre emociones activadoras y desactivadoras y el uso que de ellas se hace; el manejo de la viralidad del que ya he hecho mención; la “estrategia de Sailer” para lograr  una Norteamérica blanca; un iluminador discurso de Hillary Clinton como también lo son las respuestas que le dieron; la explicación de la Ventana de Oberton y cómo se va abriendo poco a poco; o la cantidad de medios de que dispone la extrema derecha, en cualquiera de sus versiones, sean blogs, canales de YouTube, páginas web, etc. y de grupos que existen formados en su inmensa mayoría por hombres.

El libro tiene 525 páginas por lo que hay mucho más de todos los aspectos que uno se pueda imaginar. Marantz, que es un periodista que escribe en The New Yorker, es capaz de transmitir muy bien la información y no deja que el libro decaiga en ningún momento aunque, lógicamente, tampoco es un libro que se pueda, yo diría incluso que ni se deba, leer de un tirón. Yo he estado con él un par de semanas y, claro, dada mi memoria, me he quedado más con lo leído hacia el final. De hecho los dos capítulos que me han parecido más interesantes han sido los dedicados a Mike Enoch y a “Samantha”. El primero, porque además de tratarse de uno de los principales líderes de la derecha alternativa, Marantz pasó bastante tiempo con él y, más importante aún, con sus padres que están muy alejados del pensamiento del hijo, con lo que tiene unas entrevistas bastante íntimas. Con el dedicado a Samantha porque se analiza muy bien la evolución de una persona y los distintos factores que la producen. En este capítulo casi todos los personajes aparecen con otros nombres. Estos dos capítulos dan la sensación de haberse publicado de forma independiente antes de agruparse en este libro (algo que pasa también con algún otro).

Para ir terminando este extenso comentario, dejo un par de fragmentos que tienen también mucho que ver con nuestra realidad:

“En los últimos veinte o treinta años no oías a nadie diciendo estas cosas. Ahora, de repente, se sienten autorizados.” (p. 298)

“Todo el mundo sabe que estos hombres son unos mentirosos; también podrían ser, en función de cuán literal o seriamente se tomara cada uno sus diversas grandilocuencias, unos demagogos racistas que consentían la violencia. En cualquier caso, su poder era real, y una de las funciones del periodismo es documentar y confrontar a quienes ostentan el poder. Los troles pueden ser pueriles, odiosos o peligrosos, pero saben poner trampas la mar de ingeniosas. Responder a sus provocaciones significa amplificar su mensaje, Pero si nadie les reprochaba nada, los troles dirigirían internet y, tal vez, el mundo.” (p. 340)

Un libro no solo recomendable, sino imprescindible para ver cómo funcionan y lo que pretenden los grupos de extrema derecha en Estados Unidos y poder ver mejor cómo todo eso va llegando aquí. Otra cosa es cómo se puede combatir, algo para lo que hasta ahora nadie ha encontrado la solución. De hecho, tras su lectura se cae en un cierto pesimismo.

Hay un interesante artículo de Íñigo Sánz de Ugarte sobre el libro en eldiario.es de hoy mismo y una entrevista de Carlos delCastillo con Marantz en el mismo diario.


Andrew Marantz, Antisocial. La extrema derecha y la “libertad de expresión” en Internet. Traducción Lucía Barahona.

 

 

 



 

miércoles, 23 de octubre de 2019

Las redes sociales



El título y el subtítulo son muy expresivos de lo que va un libro cuya frase final, un tanto descorazonadora, es:

“Y estas infraestructuras de poder centralizado, persistente y oscuro no están diseñadas para ayudarnos a gestionar esa crisis. Están diseñadas para gestionarnos a nosotros durante la crisis. No nos van a servir para hacer frente al poder. Las herramientas del poder nunca sirven para desmantelarlo.” (p 290)

La autora, que demuestra un conocimiento muy preciso y en profundidad de los temas que aborda en el libro, lo ha dividido en los siguientes siete apartados: Adicción, Infraestructuras, Vigilancia, Algoritmo, Revolución, El modelo de negocio y Manipulación. Los enunciados son lo suficientemente expresivos para saber de qué trata en cada uno.
Hay libros, y este es uno de ellos, que leo a pesar de que hay partes que soy incapaz de seguir por mi desconocimiento de lo más básico. En este caso, al llegar por edad, 70, muy tarde a la informática y a Internet, desconozco incluso la jerga que se utiliza, por lo que me cuesta muchas veces seguir los razonamientos y entender los porqués de lo que me cuenta Peirano. No obstante, con que solo haya sido capaz de captar un 10% de sus informaciones, me resulta suficiente para quedarme profundamente preocupado no por mi futuro, que también, sino sobre todo por el futuro de gentes como mi hijo. 
Si de este libro se puede extraer una conclusión bien podría ser esta: se han creado los medios para una descentralización del poder y de la información, para una mayor democratización de la sociedad a partir de la participación de los ciudadanos y, sin embargo, estamos asistiendo a la acumulación y centralización de ese poder en unas cuantas empresas que, además, se están unificando y fusionando cada vez más. Esto es, al final, el resultado está siendo el contrario del que desearíamos.
Dejo algunos fragmentos en los que se pone esto de manifiesto:

“Pronto será imposible comprar tecnologías que no escuchen lo que hacemos en nuestra casa, vehículo, oficina, todo lo que ocurre a su alrededor y envíen toda clase de datos a las mismas cinco compañías.” (p. 103)

 “Hoy, Palantir es conocido como el Departamento de Precrimen de Trump, porque su tecnología predictiva es utilizada por la policía para detectar “zonas de calor” donde podría estallar la violencia. También detecta grupos o personas “de interés”, que hayan asistido a manifestaciones, participado en huelgas, tengan amigos en Greenpace, usen tecnologías de encriptación o hayan apoyado a otros activistas en redes sociales.” (p. 122)

En ambos casos vemos el grado de control que ya es posible obtener. Además:

“Esta es la banalidad del mal de nuestro tiempo: los mejores cerebros de nuestra generación están buscando maneras de que hagas más likes. Y no es verdad que estemos libres de culpa. Todo empezó porque queríamos salvar el mundo, sin movernos del sofá.” (p. 54)

Cuando la autora habla de manipulación no se centra solo en lo que sucede en las redes sociales, aunque es a lo que dedica más espacio, sino que se refiere también a otros casos. Reproduzco el siguiente fragmento por la actualidad que tiene para lo que pasa estos días por aquí:

“Durante el ataque, los grandes medios cubrieron a los pocos violentos, y abandonaron a los miles de manifestantes pacíficos que habían sido brutalmente apaleados sin motivo.” (p. 178) (Se refiere a lo sucedido en Génova, Italia, en 2001. En 2012 unos policías “fueron encontrados culpables de brutalidad policial y falsificación de pruebas.”)

Un libro así merece un comentario más detallado de alguien que conozca bien estos temas que, como ya he dicho, no es mi caso. No he encontrado ninguna crítica interesante, pero sí dos buenas entrevistas con la autora: la de Manuel Ángel Méndez en elconfidencial.com y la de Pablo Romero en publico.es.
Además de los aspectos más importantes que se tratan en el libro, a mí me han llamado también la atención otros que son un tanto colaterales. Así: al fin me he enterado de qué es eso de la nube; he descubierto la existencia y funcionamiento del “sistema de crédito social” chino; he tenido una versión y visión distinta de lo ocurrido en Seattle y Génova y he conocido mejor la relación de Goebbels con la radio, entre otras muchas cosas interesantes.
Un libro de lectura muy recomendable a pesar del miedo que pueda infundir y de las pesadillas que pueda provocar.
He echado en falta  un apartado específico dedicado a la bibliografía porque creo que es insuficiente con lo que se cita en las notas.

Marta Peirano, El enemigo conoce el sistema. Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención.