jueves, 12 de septiembre de 2019

Dura lectura sobre el Alzheimer



Si los libros de Ernaux son esencialmente autobiográficos, este lo es exclusiva y plenamente. La madre tuvo Alzheimer y estuvo primero en casa de la hija y luego en una residencia y un hospital. De su estancia en este último surge el libro. Como dice la autora en la introducción:

“Luego, cuando volvía de visitarla en el hospital de Pontoise, necesitaba escribir sobre ella a toda costa, sus palabras, su cuerpo. Escribía muy rápido, sumida en la violencia de las sensaciones, sin pensar ni buscar un orden.
(…)
Las revelo tal y como fueron escritas, fruto del estupor y el trastorno que entonces sentía yo. No he querido modificar nada al transcribir aquellos momentos en que me quedaba junto a ella (…)” (p. 13 y 15)

Se trata, pues, de un texto que tiene mucho de liberación tras pasar horas asistiendo a situaciones humanas no precisamente agradables y al deterioro físico y psíquico de un ser querido. Como dice en un momento determinado:

“Horror, demasiada degradación, demasiada animalidad. Los ojos vagos, la lengua y los labios chupando, salientes, como hacen los recién nacidos.” (p. 90)

Desde luego es un libro que no puede leer cualquiera y que tampoco se puede leer en cualquier momento a pesar de que solo tiene 116 páginas y que se puede leer en muy poco tiempo. Yo lo empecé hace una par de meses y lo dejé hasta que decidí hacer de tripas corazón y lo volví a coger hace unos días.
Claro que, como pasa también con otros libros, la historia personal tiene mucho que ver en esto. He tenido hace pocos años algunas experiencias y momentos bastante parecidos a los que cuenta Ernaux y, por otro lado, tengo al Alzheimer como la enfermedad que más miedo me produce. Por eso, la lectura de un libro como este me resulta especialmente dolorosa y muy dura de sobrellevar, pero quería hacerla y estoy contento de haber sido capaz de terminar el libro.
Los dos aspectos más relevantes del texto son: la relación madre-hija en la que se adivinan y se dejan entrever reproches y tensiones antiguas y, obviamente, los estragos que provoca el paso del tiempo. Algo que se saca de esta lectura es la necesidad que hay de una ley al menos de eutanasia y muchísimo mejor sería llegar a aprobar el suicidio asistido. No es muy entendible que a estas alturas de la civilización no podamos elegir el momento en el que abandonar le vida si entendemos que esta no tiene ya la dignidad que nos gustaría.
Si he recomendado hasta ahora los libros que he leído de la autora, no puedo hacer lo mismo con este sin algún reparo: Como decía antes, depende del lector y del momento.
Hay una reseña muy buena y completa de Marc Peig en unlibroaldia.blogspot.com

Annie Ernaux, No he salido de mi noche. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.

martes, 10 de septiembre de 2019

Otro buen escritor argentino



Una vez más, y me está sucediendo mucho últimamente, tras descubrir a un autor por su última publicación voy hacia atrás en su obra. En este caso a su tercera novela que publicó en 2004, esto es, con apenas veintisiete años.
Una novela que tiene mucho de autobiografía no tanto del autor, que también, como de su familia y, por lo tanto, verdadera recreación de cómo pudieron suceder muchas de las cosas que se cuentan.
Neuman se retrotrae incluso a sus tatarabuelos, pero incide sobre todo  en sus bisabuelos, abuelos y tío abuelos, sin dejar de lado, obviamente, a sus padre.
El libro por tanto recorre muchos momentos de la historia argentina y también hace alusión a algunos momentos de la historia europea porque esa es la procedencia de toda su familia, principalmente judía para más señas.
Hay bastantes referencias a la política: la llegada de Perón en 1973 a la que la madre de Neuman acudió como integrante de la Orquesta Filarmónica, la Noche de los Bastones Largos, la presidencia de Alfonsín, los carapintadas en 1990, etc. También Illia, Onganía y otros cuando se trata de sus padres u abuelos.
Además, está muy presente la inmigración y la adaptación de la gente que llegaba de lugares tan distantes y con culturas e idiomas tan diferentes. Tampoco puede faltar el fútbol aunque con mínima presencia a pesar de tratarse de un escritor argentino. Y si antes hablaba de autobiografía, la parte del autor hace referencias sobre todo a su época estudiante y con ello, a la iniciación al sexo, a la lectura, a la escritura, etc.
El libro tiene 75 apartados, muchos de los cuales constituyen realmente verdaderos relatos como el de Santos, el compañero que no hablaba, el del bisabuelo judío Jonás Kovansky o el de ese tío vuelo Leonardo que termina apareciendo en un maletero sin que quede claro que fue secuestrado por deudas o por ser trotskista. También hay otros con gran sentido del humor como un diálogo con su madre a cuento de su cuñada María que parece escrito por Les Luthiers.
Un libro que tiene una larga nómina de personajes, tanta que el autor ha hecho la relación al final y abarca cuatro páginas. Quizá este es el único defecto pues tantos personajes llevan a que el lector a veces se quede desconcertado por no saber muy bien no tanto de quién se trata como de si ya sabe algo de él.
En todo caso eso no desmerece un texto que resulta muy entrañable, que emociona y conmueve en muchos momentos por la ternura que demuestra el escritor unas veces y en otras por la ternura de los propios personajes y, desde luego, que está muy bien escrito anunciando que se estaba ante un buen escritor.
En palabras de Manuel Vilas:

«Una interpretación humana de su Argentina natal y una charla serena con todos sus ancestros. Una novela de ficción autobiográfica, un género mestizo, de plena modernidad. Un festival de vida.” (Heraldo de Aragón recogido de la página web de Neuman.)

Hay una crítica muy dura de Juan CarlosPeinado en revistadelibros.com en la que junto a algunas apreciaciones seguramente acertadas, aparecen otras tremendamente subjetivas y demasiado “imaginadas”.

Andrés Neuman, Una vez Argentina.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Reflexiones sobre un tema muy actual



Hace ya tiempo que vengo discutiendo sobre el empleo del término fascista y sobre su uso indiscriminado, tanto que se llegó a llamar fascista a ETA. En los últimos meses este uso se ha popularizado y ya casi cualquiera puede recibir tal epíteto y, desde luego, también cualquiera puede utilizarlo como insulto.
El libro del profesor Gentile demuestra que esto no es, ni mucho menos, exclusivo de España sino que bien al contrario hay muchos lugares donde sucede y es, lógicamente, en Italia donde es más frecuente.
Gentile es quizá el mayor experto en la historia del fascismo y este libro es fundamentalmente un libro de historia o, dicho de otra manera, el autor lo que pretende es plantear que el fascismo fue un fenómeno de una época y que no se debe extrapolar a otras bien diferentes y a movimientos que, aunque coincidan con algunas ideas o planteamientos del fascismo original, tienen luego diferencias sustanciales.
Por poner un ejemplo concreto y cercano. Ya en el Prólogo aparece el tema de Vox. De este partido se dice que: “profesa una ideología nacionalista de inspiración católica, reafirma la primacía de la unidad estatal monárquica, se opone a los movimientos autonomistas y separatistas”, “es hostil a la inmigración indiscriminada”, “reclama la represión del fundamentalismo islámico”, “se inscribe en la extrema derecha católica tradicionalista en su concepción de la familia, en la prohibición absoluta del aborto, en su oposición al feminismo” (…) “Pero todos estos puntos configuran en conjunto un partido de extrema derecha nacionalista católica, que lo engloba junto a otros partidos de extrema derecha europea, pero en otros aspectos es muy distinto, si no incluso opuesto. Como opuesto es el estatalismo nacional unitarista, por ejemplo, al secesionismo originario de la Liga de Mateo Salvini (…)” (p.25-26)
En el libro, que está construido a partir de un sistema de preguntas y respuestas elaboradas ambas por el propio autor, se da preponderancia, como no podía ser de otra forma,  a los análisis históricos tanto del período fascista como de otros en los que también se utilizó el término con fines políticos como, por ejemplo, cuando en la III Internacional acuñan el de socialfascistas para llamar a los socialdemócratas, o la época en la que Palmiro Togliatti y el PCI calificaban de fascistas al resto de las formaciones políticas. Evidentemente, el grueso del texto lo dedica a explicar en qué consistió el fascismo y en este sentido es muy interesante la diferencia que establece entre el movimiento en 1919 y 1921.
El libro se cierra con un Epílogo en el que, bajo el título Qué es el fascismo: un mapa histórico, resume muy bien el contenido de esa ideología en tres dimensiones: organizativa, cultural e institucional, donde recoge un buen muestrario de ideas para aplicarlas a los grupos a los que hoy se califica de fascistas para ver cuántas de esas condiciones cumplen.
Apenas un par de páginas antes del Epílogo reproduce estas frases de hace ya tiempo de Giogio Amendola,  dirigente del PCI y uno de sus principales intelectuales, frases con las que Gentile parece estar muy de acuerdo:

“(…) al preguntársele (al  dirigente del PCI Giorgio Amendola,), si no creía “que en el lenguaje político actual se daba un abuso del término fascista”, este contestó: “Sin duda. Todo lo que está a la derecha se convierte en fascista. Yo no me canso de decir, en cada ocasión, que conservador, reaccionario, autoritario o fascista son términos que corresponden a varias formaciones políticas, a distintas realidades. Así que no apruebo ciertas equiparaciones genéricas y superficiales. (…) Hay que acostumbrar a las generaciones jóvenes al arte de la distinción.” (p 202-203)

En definitiva, un interesante conjunto de reflexiones que animan a profundizar más en los temas y a no dejarse llevar por la inercia de la clasificación fácil, sobre todo porque así se pueden cometer graves errores políticos. Hay que pedir a los expertos que busquen los términos adecuados para movimientos que aunque sean antiinmigrantes, antifeministas, con cierta tendencia al autoritarismo, defensores de las identidades nacionales y/religiosas, etc., también son defensoras del individuo frente al estado, huyen de todo lo colectivo y son totalmente neoliberales en lo económico.
En fin, hay tema suficiente para el estudio y el debate.
En la reseña de Daniel Verdú en elpais.com, se comentan algunas cosas de este y de otros libros sobre el tema.


Emilio Gentile, Quién es fascista. Traducción Carlo A. Caranci.







domingo, 8 de septiembre de 2019

“Gracias a todos”: Nuevas citas XXI



Hace ya siete años que autoedité Gracias a todos en el que recogía la mayoría de las citas que había ido recopilando hasta entonces. En este tiempo he seguido con mi vieja costumbre y he pensado que sería una buena idea publicarlas en el blog organizadas por temas, con algún comentario si se tercia, tal y como hice en el libro.


Psicoanálisis


- ¿Saber qué?
- Pues saber lo que soy. He decidido hacerme analista.
- ¿Psicoanalista Paul?, no puede ser que hables en serio.
- ¿Y por qué no, si me haces el favor?
- Pues porque no te imagino psicoanalista. Quiero decir que ya sabes cómo son, unos pedantes satisfechos de sí mismos.
Christopher Isherwood, Desde lo más profundo


“Como usted sabe, no soy un admirador de Karl Kraus. Pero su definición de psicoanálisis como “arte de vivir todo un año de un paciente” es acertada”
Roth citado en
Soma Morgenstern, Huida y fin de Joseph Roth



Cuando, exaltado por mi conversión, quise cancelar la cita concertada mucho tiempo antes con el psicoanalista, fue Hervé quien me disuadió: ¿por qué rechazar algo que podría ser útil? Si de verdad es la gracia la que actúa en ti, el psicoanálisis no será ningún obstáculo. Y si te libera de una ilusión, mejor aún.
Emmanuel Carrère, El Reino



Psiquiatría


El coco es un recurso pedagógico imprescindible en la vida familiar alemana. A los adultos se los asusta amenazándolos con el psiquiatra.
Karl Kraus, Dichos y contradichos


Los psiquiatras reconocen a los locos sobre todo porque tienen un comportamiento alterado después de ser internados.
Karl Kraus, Dichos y contradichos



Racismo


“¿Dónde empieza y dónde acaba lo que se nos exige que amemos como se corresponde a la humanidad e incluyamos en nuestras ambiciones?¿Son miembros de esta humanidad el degenerado e infrahumano campesino ruso del Mir, el negro de África, el mestizo del suroeste alemán o el insoportable judío de Galitzia o Rumanía?”
Heinrich Clab citado en
Götz Aly, ¿Por qué los alemanes? ¿Por qué los judíos?


Cuanto menos inteligente es el blanco, más tonto le parece el negro.
André Gide, Viaje al Congo



Razón


- Los hombres han de tomar sus decisiones con el sentimiento y no creer demasiado en la razón.
- Para las decisiones no hace falta la lógica. La lógica sirve de justificación, de fórmula, de explicación.
Varlam Shalámov, Relatos de Kolimá. Volumen II. La orilla izquierda



Recuerdos


No recuerdo más de lo que estoy escribiendo aquí, y tal vez parte de los recuerdos los he ido inventando con los años.
Yoram Kaniuk, 1948



Por definición, los recuerdos son una versión personal, libre y subjetiva de un individuo, y no postulan jamás a ser la historia oficial.
Roberto Ampuero, Nuestros años verde olivo



Milan Kundera pudo haberse referido a este enigma cuando afirmó que “la lucha del ser en la vida es la lucha del recuerdo contra el olvido”.
Mohamed Chukri, Paul Bowles, el recluso de Tánger



Religión


Cuando oigo la palabra “Dios” me dan ganas de vomitar; es la palabra más sucia de todo el idioma.
Chistopher Isherwood, Desde lo más profundo



Tengo que reconocer que no da la impresión de odiar la religión como la odio yo, más aún, cuando habla de religión se muestra muy moderado y abierto. Pero, a pesar de todo, es una prueba viva más de que nadie que sea verdaderamente grande puede tener nada que ver con esa porquería.
Chistopher Isherwood, Desde lo más profundo



Ésa es otra: católico. Me dan náuseas cada vez que paso delante de una iglesia. Veo un cura y pienso en el divorcio.
Católico. Soy todo odio.
Tim O’Brien, Gato enamorado


 (…) son precisamente los que creen que tienen un permiso divino quienes son verdaderamente capaces de cometer cualquier atrocidad.
Christopher Hitchens,  Hitch-22. Memorias



O, como confirma Ignace: ”Durante un corto periodo dejamos de ser cristianos normales, debíamos olvidar los deberes aprendidos del catecismo.  Teníamos que obedecer primero a los jefes. Y solo después a Dios, pero mucho más tarde para confesarnos y hacer penitencia cuando estuviera terminado el trabajo.”
(Ignace es un matarife hutu.)
Jean Hatzfeld, La estrategia de los antílopes



-  ¿A ti no te interesó nunca la religión, papá?
-  (…)
-  Claro que me interesó mucho, de joven. Pero un día perdí la fe y nunca más la he recobrado
Creo que la perdí apenas empecé a pensar. Para ser creyente no conviene pensar mucho.
Mario Vargas llosa, El héroe discreto


- ¿Y tú qué piensas?
-  Yo creo que si eres una buena persona no necesitas religión.
-  Ellos son muy religiosos.
-  Rezan cinco veces al día y aun así son espantosos ¡Qué maleducados!
Paul Theroux, Tren fantasma a la Estrella de Oriente



- Soy fiel  a mi religión- sentenció Turqui.
- Tanto como yo a mi no religión.
(Es Jean Genet quien contesta.)
Mohamed Chukri, Jean Genet en Tánger



Si observamos cómo a lo largo de los siglos los hombres se han matado unos a otros en nombre de sus religiones –cada una de ellas única y verdadera- sólo podemos pensar que Dios tiene suerte de ser espíritu puro: así no hay manera de achacarle las atrocidades de sus representantes.
Lucien Jerphagnon, Elogio del pesimismo. Cualquier tiempo pasado fue mejor



“Lo que suele presentársenos como la palabra de Dios no son más que absurdas quimeras, y bajo el falso pretexto de un celo religioso se trata constantemente de imponer a los demás la opinión propia”
Baruch de Spinoza citado en
Lucien Jerphagnon, Elogio del pesimismo. Cualquier tiempo pasado fue mejor



No obstante, yo pensaba: sí, claro, se puede decir que Dios es la respuesta que damos a nuestra angustia, pero se puede decir también que nuestra angustia es el medio del que él se sirve para darse a conocer entre nosotros. Sí, claro, puedo decir que me convertí porque estaba desesperado, pero también puedo decir que Dios me ha concedido la gracia de la desesperación para convertirme.
Emmanuel Carrère, El Reino



(…) resulta angustiante intentar ser un cristiano cuando el nombre goza de semejante vergüenza capitalista, cuando la poderosa Iglesia cristiana es tan rica, tan meramente ornamental, y tan estadística en cuestión de almas.
William Saroyan, El joven audaz sobre el trapecio volante



En el interrogatorio de La Habana abundan, por lo tanto, los inocentes. También el sacerdote se cuenta entre ellos. Su lugar no está junto a la ametralladora, sino junto a la pila bautismal. La matanza la deja en manos de sus muchachos. Aprueba y santifica sus actos. Todo lo demás no le importa lo más mínimo. La división del trabajo alcanza así su máxima perfección.
Hans Magnus Enzensberger, El interrogatorio de La Habana y otros ensayos



A Hackett no le quitaba el sueño la Iglesia, pero admiraba su implacable determinación para obtener poder y, una vez que lo conseguía, su tenacidad en conservarlo.
Benjamin Black, Órdenes sagradas



Son, entre otros, los curas. Son ellos quienes mantienen en nuestras vidas la mentira de que los instintos han sido creados por Satán y que la fornicación se convierte en amor cuando la gente se casa. Los curas leen un ritual y dicen amén al pago de unas cuantas coronas, que consideran una suerte de comisión. Y Dios bendice ese acto.
Torborg Nedreaas, Nada crece a la luz de la luna



Puede que la religión haga amar a Dios, pero no hay nada como ella para acabar detestando al ser humano y odiar a la humanidad.
Boualem Sansal, 2084. El fin del mundo



Fue su mirada lo que más llamó la atención a Ati; la mirada de un hombre que, como él, había hecho el perturbador descubrimiento de que la religión puede edificarse sobre lo contrario de la verdad hasta convertirse en la enconada guardiana de la mentira originaria.
Boualem Sansal, 2084. El fin del mundo



Siempre pensé que el objetivo básico de toda religión es atemperar el terror a la muerte y por eso, supongo, más que por ninguna otra cosa, lamento estar tan lejos de cualquier creencia.
Martín Caparrós, Lacrónica



Los habitantes de la tierra se dividen en dos,
 los que tienen cerebro pero no religión,
y los que tienen religión pero no cerebro.”
El poeta Abul-Ala al-Maari citado en
Amin Maalouf, Las cruzadas vistas por los árabes



La religión, la moral y el patriotismo son sentimientos que solo se manifiestan cuando son ofendidos.  El lenguaje cotidiano, según el cual  a alguien muy susceptible “le gusta” ofenderse, tiene razón. Aquellos sentimientos no aman nada tanto como su agravio y se animan poderosamente al quejarse del ateo, del inmoral y del apátrida. El gesto de quitarse el sombrero ante la custodia no los satisface tanto como arrancárselo de la cabeza a disidente o miope.
Karl Kraus, Dichos y contradichos
“Aquel que inventó a Dios es un idiota. Aquel que propaga a Dios, un canalla. El que adora a dios, un bárbaro”.
E.V.Ramasamy citado en
Perry Anderson, La ideología india



Pocas instituciones han hecho tanto daño a tantos seres humanos, sobre todo en su sexualidad y sus deseos, como las religiones, el cristianismo y el Islam de maneras evidentes. Ambas comparten el horror al sexo libre, es decir, el horror a la libertad individual.
Jorge Volpi,  Examen de mi padre



El espantoso informativo terminó con que en Irak unos rebeldes habían sido crucificados por sus rivales. Su odio se basaba en sus diferentes opiniones sobre cuál era la religión verdadera. Tanto los que crucificaron como los crucificados creían servir al mismo dios.
Henning Mankell, Botas de lluvia suecas


Kraus en su línea habitual: frases cortas pero significativas.
Magnífico Gide.
Creo que, efectivamente, con los años terminamos inventando recuerdos o, al menos, transformándolos.
Se nota que la religión es uno de mis temas favoritos; evidentemente como rechazo. Ateo convencido y anticlerical militante. Me costó un tiempo limpiarme de tantos años de nacionalcatolicismo, pero lo conseguí y ¡de qué manera!
Aunque estoy de acuerdo con Isherwood seguramente ambos exageramos un poco.
La idea de Hitchens es interesante pensando sobre todo en el perdón tras la confesión. Esto se confirma precisamente en la siguiente cita de Hatzfeld.
Spinoza da en el clavo. Todas quieren imponerse o al menos imponer sus “valores”.
A pesar de todo Saroyan se queda bastante corto.
Lo que plantea Caparrós es muy interesante. Muchas veces he pensado lo mismo, pero creo que tampoco les sirve a los creyentes; ese miedo está incrustado en nuestros genes.
En referencia a la última de Kraus, y cuando religión, moral y patriotismo van juntos, como suele suceder a menudo...
Brutal lo de E.V.Ramasamy.
La idea de Mankell es lo más habitual. ¿En cuántas guerras los combatientes de ambos bandos se encomiendan al mismo dios?

jueves, 5 de septiembre de 2019

Personas y personajes en la Ciudad de México



Se recogen en este libro artículos que el periodista estadounidense publicó en diversos medios mexicanos, la mayoría en la revista DF por Travesías. Obviamente se publicaron en castellano que es como estaban escritos originalmente ya que Lida se fue a vivir al D.F. en 1990 aunque fue compartiendo esa estancia con  períodos en su Nueva York natal.
En los más de treinta artículos que contiene el libro aparece una variadísima galería de personajes: un cantante callejero de 79 años, una escultural entrenadora y paseadora de perros, un grupo de niños de la calle (en recuerdo de Los olvidados de Buñuel), actrices porno, prostitutas, los dueños de la empresa que hace las guías Roji (las únicas que hay del D.F.), un malabarista argentino, dos japoneses que se ganan la vida como luchador y como fotógrafo respectivamente, y un largo etcétera. Estos artículos suelen ser bastante cortos, apenas dos páginas.
También los hay más extensos cuando el tema o la persona así lo requieren. Por ejemplo, uno sobre el mercado central de abastos del D.F. con datos muy curiosos, otro dedicado a Phil Kelly, un pintor irlandés que desayuna con dos botellas de vino tinto y, el más largo del libro, La triunfadora, el único  tiene como protagonista a la clase alta de la ciudad ejemplificada en la figura de Viviana Corcuera, una argentina que llegó en 1968 e hizo tres “buenos” matrimonios. De este último reproduzco un significativo fragmento:

“La tarde del partido de futbol (sic) dijo a sus amigas que no se preocupa por el dinero como antes. Ahora reconoce que lo importante es tener lo suficiente para vivir.
-        ¿Vivir cómo? –preguntó una de ellas.
-        Como nosotras –contestó Corcuera, tranquila.
La respuesta implica una casa en Acapulco, otra en una de las zonas más exclusivas de la ciudad de México, un chofer (sic), un cocinero, varios criados y unos millones en el banco. Varias veces he escuchado decir que no es rica “materialmente”, algo sorprendente en un país en que la mitad de la población vive en la pobreza. Admite: “Si no vienen los comunistas para quitarnos todo, estoy bien. La riqueza material no te da paz en el alma. Te sirve para hacer feliz a los que te rodean y hacer las cosas que te gustan. Pero no soy rica materialmente. Tengo la situación económica resulta.”” (p. 74-75) (En México hay palabras que se acentúan de forma diferente a como se hace en España).
Esta impresionante galería de tipos bastaría por sí sola para que el libro resultara interesante, pero es que, además, Lida es un periodista que maneja muy bien el lenguaje, que es capaz también de reproducir los diferentes registros y, sobre todo, alguien que está muy atento a los detalles y que demuestra un profundo respeto por las personas que trata tengan la condición que tengan.
Por todo ello se trata de un libro muy entretenido y también muy instructivo por sus magníficas descripciones de la condición humana, con momentos para el humor pero también para la emoción.
Es una pena que en esta edición se hayan colado algunas erratas que desmerecen un poco a una editorial tan interesante como Sexto Piso.

David Lida, Las llaves de la ciudad. Un mosaico de México.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

El arte de la falsificación




Este es uno de esos libros que caen en mis manos por algo oído en la radio por casualidad y sin prestar demasiada atención, pero la suficiente para que me quedase la idea de que se trataba del retrato de un personaje peculiar e interesante.
Y así es. Aunque el libro empieza con la persona de la poeta Emily Dickinson, la falsificación de un poema suyo y su subasta en Sotheby’s, tema al que dedica los primeros capítulos, el verdadero protagonista es Mark Hofman, el falsificador no solo de ese poema sino de multitud de documentos históricos muchos de ellos relacionados con la religión mormona.
De él dice Worrall:

“Y Hofman no era un falsificador mediocre. De hecho, en los largos años de la falsificación literaria nunca ha habido un falsificador tan meticuloso en su investigación, tan diestro en la técnica, tan malévolo en sus intenciones y tan grandioso en sus propósitos.” (p. 186)

A explicar su técnica tanto de imitación del papel y la tinta, como de la propia escritura del texto del que se trate, dedica el autor muchas páginas que, a veces, me han resultado muy difíciles de entender porque es muy meticuloso y preciso en las explicaciones. No sucede lo mismo cuando comenta las pretensiones que no eran solo crematísticas sino, en lo que se refiere a la falsificación de documentos mormones, también en gran medida de desprestigio de esa religión que era la de sus padres y la que le impusieron desde niño. Precisamente uno de los capítulos que me han resultado más interesantes es el que se dedica a explicar los orígenes de esa religión y de su creador Joseph Smith.
El retrato de Hofman y, sobre todo, de su trabajo como falsificador es el núcleo del texto y lo más apasionante, tanto por la ingente y bien hecha labor de Hofman, como por el hecho de que nadie fuese capaz de identificar que se trataba de falsificaciones a pesar de que algunos textos los vieron los mejores especialistas en el tema. Además, hay otros aspectos que también son muy interesantes, así: la impresionante labor de Franklin para ordenar los poemas de E. Dickinson dada la forma en que los dejó la escritora o la crítica a las empresas de subastas en general y a Sotheby’s en particular, entre otros.
También como dice Guzmán Urrero en su reseña en cualia.es:

“Por las páginas de La poeta y el asesino circulan las grandes pasiones humanas: el cinismo, la voluntad de poder y la codicia, pero también la exquisitez y la sutileza.”

Un libro recomendable por su originalidad y por tratar de alguien capaz de falsificar la firma de 129 personajes históricos desde Lincoln a Daniel Boone pasando por Mark Twain, y de documentos que van de un poema de Emily Dickinson a “El Juramento del Ciudadano”.
Hay una reseña muy completa e interesante de Ismael  Rodríguez en lasoga.org.


Simon Worrall, La poeta y el asesino. Traducción Beatriz Anson.

viernes, 30 de agosto de 2019

ANDAMIO



Películas


Utoya. 22 de julio. Esta película noruega narra la masacre -77 muertos y 99 heridos graves- que tuvo lugar en esa isla, donde se habían reunido un grupo de jóvenes socialistas, a manos de un pistolero de extrema derecha. La película está narrada en un solo plano lo que ayuda a mantener el dramatismo del momento y a mostrar la tensión y el  miedo sufrido por los atacados. Está muy conseguida la transmisión al espectador de lo que estaba sucediendo y no deja un momento de sosiego.

Padre no hay más que uno. La he visto porque la quería ver mi hijo y, aunque tiene un principio que dan ganas de irse, se deja ver y me ha hecho reír a carcajadas en una par de momentos y sonreír en otros. No hay que pedir a este tipo de películas que sean un análisis social, se trata de una comedia hecha con un objetivo muy concreto, entretener y creo que lo consigue. Por cierto, como la anterior película de Segura, es un remake en este caso de una película argentina de hace dos años.

Rojo. Interesante película argentina. Aunque tiene forma de thriller, creo que es otra cosa. Es una demostración de la violencia soterrada de esa sociedad en los momentos anteriores al golpe militar. Tiene una puesta en escena muy austera, unas buenas interpretaciones y, quizá, resulta un poco larga

Érase una vez… en Hollywood. Magnífico homenaje al cine por parte de Tarantino. Diálogos jugosos, situaciones graciosas y dos interpretaciones muy buenas de Di Caprio y Pitt. Algunas escenas, como la de la gran violencia al final, son muy típicas de este director y te partes de risa a pesar de todo. Dura más de dos horas y media y se me pasaron en un suspiro; de hecho me hubiera gustado que continuase. El juego que hace con Polanski y Sharon Tate me parece una gran idea.

Lenny. En la serie The marvelous Mrs. Maisel que comento más abajo aparece en varios episodios Lenny Bruce, tanto en algún monólogo como en conversación con la protagonista. Esto me ha animado a volver a ver la película que hizo Bob Fosse en 1974 que ya me gustó mucho en su momento. La película no solo no ha envejecido técnica ni artísticamente, sino que, además, resulta muy actual por el tema que trata en el fondo como es la libertad de expresión.



Series


Capital. Miniserie británica de cuatro breves capítulos en los que se cuentan algunos momentos de gentes muy diferentes, pero que habitan en la misma calle. Una familia de clase media alta, una mujer mayor muy enferma, su hija y su nieto, una familia de pakistaníes con un comercio y dos inmigrantes uno legal y otra ilegal. Con este conjunto de protagonistas, y  con algo que tienen en común, se da una visión bastante interesante de las diferentes situaciones. Está basada en una novela.

Years and years. Miniserie británica de seis episodios. Es una distopía con elementos parecidos a Black Mirror, pero también tiene cosas en común con el cine de Ken Loach por algunos de los aspectos críticos, y todo ello protagonizado por una familia en la mejor tradición también del cine y series de esa procedencia. La serie va creciendo hasta el magnífico por diversos motivos capítulo 4, pero luego decae hasta un final que, para mi gusto, da un salto excesivo y estropea un tanto el sentido de la serie.

Tales of the city (Historias de San Francisco). Serie estadounidense en diez capítulos que cuenta las andanzas de una serie de personajes que viven alquilados en un edificio regentado por una mujer de 90 años con un secreto en su vida. Bastante desigual tanto en el interés de los personajes como en los capítulos. Hay un par de protagonistas que cada vez que aparecen la serie decae mucho y otros, por el contrario, que la levantan y la hacen realmente interesante y emotiva por momentos. La mayoría de los personajes pertenecen al mundo LGTBI que se podría decir que es el gran protagonista de la serie.

El cuento de la criada. Tercera temporada y la serie empieza a dar signos de agotamiento. Si en la segunda hubo hallazgos interesantes  y algún capítulo muy bueno, en esta no sucede lo mismo y hay un abuso de los planos cortos de la protagonista que, aunque el papel lo haga una gran actriz, resultan reiterativos y a veces aburridos. De todas formas, sigue siendo una serie diferente y con buenos momentos, pero creo que deberían terminarla ya porque corren el riesgo de hacerla prescindible.

The marvelous Mrs. Maisel. Segunda temporada esta vez con diez capítulos. Sigue la línea marcada en la primera con unos monólogos y unas situaciones muy divertidas. También hay que volver a resaltar la magnífica ambientación y, desde luego, las buenas interpretaciones tanto de protagonistas como de secundaros. Ha obtenido varios premios y no me extraña porque se trata de una serie muy original, divertida y con momentos también para la ternura. Seguro que habrá más temporadas.

The victim. Interesante miniserie británica de cuatro capítulos. Además del interés que pueda despertar la intriga, lo más relevante es el planteamiento sobre el odio, la venganza o el perdón cuando alguien ha sufrido el asesinato de su hijo pequeño. También me ha descubierto el tema de la justicia restaurativa que se aplica en  el Reino Unido. Muy bien interpretada y ambientada.