viernes, 27 de diciembre de 2019

“Gracias a todos”: Nuevas citas XXV



Hace ya siete años que autoedité Gracias a todos en el que recogía la mayoría de las citas que había ido recopilando hasta entonces. En este tiempo he seguido con mi vieja costumbre y he pensado que sería una buena idea publicarlas en el blog organizadas por temas, con algún comentario si se tercia, tal y como hice en el libro.


Vejez

                
                                                                         
Vivir más para sufrir más. Nadie encuentra alivio en los últimos años de la vida, que son siempre amargos, o, en el mejor de los casos, inanes: amargura que se añade a la amargura, o inanidad, demencia, que, al fin y al cabo, quizás sea lo mejor .
Rafael Chirbes, Crematorio


“… a cierta edad esperar cuesta gran trabajo…”
Dino Buzzati citado en
Lucien Jerphagnon, Elogio del pesimismo. Cualquier tiempo pasado fue mejor


“Muchos son los inconvenientes que acosan al (que es) viejo…; intratable y gruñón, es dado a alabar el tiempo pasado, cuando él era niño, y a corregir y censurar a los jóvenes.”
Horacio citado en
Lucien Jerphagnon, Elogio del pesimismo. Cualquier tiempo pasado fue mejor


“Soy demasiado mayor como para no haber aprendido a dudar.”
Talleyrand citado en
Lucien Jerphagnon, Elogio del pesimismo. Cualquier tiempo pasado fue mejor


““¡Prolóngame la vida, Júpiter, concédeme muchos años!”. Esto es lo único que imploras… ¡Pero qué males terribles e incesantes padece una vejez dilatada!...Uno anda mal del hombro, otro de los riñones, y un tercero, del muslo. Aquél perdió los dos ojos y siente envidia de los bizcos…”
Juvenal citado en
Lucien Jerphagnon, Elogio del pesimismo. Cualquier tiempo pasado fue mejor, (p.84)


Si hubiera sabido que iba a vivir tanto tiempo, me habría cuidado más.
Eubie Blake a los 92 años en
F.Bianchi y P.Pitacco, 101 microlecciones de jazz


-A lo mejor vives cien años.
-Espero que no, la verdad –replicó asustada-, me gustaría morirme en un estado más o menos presentable.
Kirsten Thorup, La pequeña Jonna


Antes, la ancianidad se valoraba, incluso se reverenciaba y se le atribuía sabiduría, mientras que ahora impera el miedo ante el descubrimiento que hiciera el doctor Alois Alzheimer en 1901. Por ello, responder a la simple pregunta “¿cómo le va?” resulta cada vez más complicado.
H.M. Enzensberger, Reflexiones del señor K. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes


Antonio había elaborado una teoría que establecía que, a partir de los sesenta y cinco años, aproximadamente, con algunas variaciones según los casos, los hombres sufrían un cambio drástico e irremediable: dejaban de ser un peligro para las mujeres.
(…)
_¡Y entonces comienzan a mirarte como a un tipo inofensivo!¡Como a alguien que ya no puede hacerles nada! –Antonio alzaba la voz, exasperado-. ¡Dejas de ser un tigre y pasas a ser un conejito, coño! ¿Entiendes eso? ¡Es la vejez! ¡Es lo peor de la vejez!
Alberto Barrera Tyszka, Patria o muerte


En general, cabe afirmar que cuando uno se hace viejo adquiere una relación más complicada con la realidad cotidiana, lo que parece en desacuerdo con lo que debería ser.
Richard Ford, Francamente, Frank


Ya casi a los setenta, pensó, un mal presagio es como un disparo. A esa edad, ya no hay plazos. Ya todo será siempre presente.
Alberto Barrera Tyszka, La enfermedad


Envejecer calma a todo el mundo, sobre todo a los pretenciosos, pues la proximidad de la muerte los vuelve modestos: han encontrado algo más fuerte que ellos.
Frédéric Beigbeder, Oona y Salinger


En un mundo ideal un joven no debería ser irónico. A esa edad, la ironía impide el crecimiento, atrofia la imaginación. Lo mejor es empezar la vida con un estado mental alegre y abierto, creyendo en los demás, siendo optimista, franco con todo el mundo en todo. Y después, cuando llegas a entender mejor las cosas y a las personas, desarrollar un sentido de la ironía. La progresión natural de la vida humana va del optimismo al pesimismo, y un sentido de la ironía ayuda a atenuar el pesimismo, ayuda a producir equilibrio, armonía.
Julian Barnes, El ruido del tiempo


¿Virgen santa!¡Apenas le quedaban dos años para ser un sesentón!
A partir de aquel momento, no subiría en ningún tipo de transporte público, por miedo a que algún crío, al verlo, se levantara y le cediera el asiento. Luego recapacitó: podía seguir yendo en transporte público tranquilamente, porque lo de ceder el asiento a los ancianos era una costumbre que ya no se estilaba.
Andrea Camilleri, Una voz en la noche


A veces me veo el cuerpo desnudo en el espejo y siento compasión por él. ¡Hay que ver todo lo que ha vivido, lo que se ha esforzado y ha bregado! No siento autocompasión; eso sería despreciable. No es compasión por mí, sino por mi cuerpo. O por la decadencia en general.
Bernhard Schlink, Mujer bajando una escalera


Hacerse viejo para, por fin, ver el mundo es una tremenda tontería. También es una tontería hacerse viejo para participar en la historia del mundo o para ver crecer a los nietos. ¿Y para qué ponerse a leer un libro  cuando se sabe que no se podrá leer hasta el final, sino que a la mitad habrá que cerrarlo y ponerlo a un lado?
Bernhard Schlink, Mujer bajando una escalera


Le ocurre a menudo, pero en su propio despecho: relee algo que escribió meses atrás, y cada palabra vuelve a ser nueva. Peor aún: ni siquiera recuerda haber escrito ese texto. Es una de las ventajas de la edad. Olvidar. Una cosa vieja puede parecer nueva incluso al día siguiente.
 Herman Koch, Estimado señor M.


La edad adulta nos resarce de los inconvenientes de la juventud, pero de la vejez no hay salida.
Imre Kertész, La última posada


(…) la vejez es una etapa de la vida en que las velas del pastel de cumpleaños cuestan más que el pastel mismo y la mitad de toda tu orina va al laboratorio.
Svetlana Aleksiévich, El fin del “Homo sovieticus


Me contó que tenía noventa y siete años. “¿Sabe, joven? La gente me dice: ”No me gustaría vivir tanto tiempo, tener noventa y siete años”. Pero todos cambian de opinión en cuanto cumplen noventa y seis”, me dijo.
Benjamin Black, Las sombras de Quirke


“Cuerpo hostil”, luego “adverso”, “sufriente·, “enemigo” y, por último, “condenado”: las etapas se suceden inexorablemente hasta la muerte. Dan fe de la hegemonía que el cuerpo, el cuerpo en decadencia, ejerce sobre el espíritu. Siempre podemos tranquilizarnos, como han hecho tantas civilizaciones, considerando al anciano como el individuo más sabio de la sociedad, lo que no impide que su supuesta sabiduría choque contra los límites de un cuerpo disfuncional, que le causa más penas que alegrías, más amargura que placer. El ser humano solo es un ser en paz durante una veintena, digamos que una treintena de años en la actualidad. Antes, y sobre todo después, lucha.
Philippe Claudel, Bajo el árbol de los toraya


He leído en algún sitio que los cincuenta son la vejez de la juventud y los sesenta son la juventud de la vejez
Philippe Claudel, Bajo el árbol de los toraya


-¿No te da asco envejecer? La idea de que la carne se afloje, de que seremos cada vez más débiles y blandos, cada vez menos dueños de nosotros mismos.
-Basta con aceptarlo.
-Sí, pero es horrendo. A mí me da miedo.
Giorgio Fotana, Por ley superior


Los viejos hambrientos poseen cuerpos que ya no funcionan, que solo gastan comida, como los coches que queman aceite; coches de alto consumo y bajo rendimiento.
Así son los viejos, alto consumo y bajo rendimiento. Eso es envejecer.
Manuel Vilas, Ordesa


El envejecimiento es nuestro futuro. Lo disfrazamos con palabras como “dignidad”, “serenidad”, “honestidad”, “sabiduría”, pero cualquier anciano renunciaría a esas palabras con tal de que le quitaras cinco años de encima, o incluso cinco meses.
Manuel Vilas, Ordesa


La muerte que temes se llama vejez. En tu inconsciente suena un mensaje que te aterra: “Estás acabado.” Tu vida anterior ha terminado, entras en una fase que tarde o temprano te llevará a ser dependiente.
Ramón Lobo, El día que murió Kapuscinski


Nada daña más nuestra felicidad, decía, que el recuerdo de nuestra felicidad. No estoy segura de si es verdad. ¿A qué edad lo escribió? A veces los viejos sólo somos felices recordando. Por eso terminamos escondiendo los peores recuerdos debajo de la alfombra. Al fin y al cabo, hay una sola cosa segura. Que este presente, esta edad mía, es la única de mi vida que no veré con distancia. No voy a poder acordarme de ahora.
Andrés Neuman, Fractura


“Yo, a mi edad, más que una persona soy un período histórico.”
(Palabras de la bisabuela del autor.)
Andrés Neuman,  Una vez Argentina


La vejez se convierte en una visión progresivamente incómoda para sus testigos, un futuro contagioso al que no conviene acercarse demasiado.”
Andrés Neuman,  Una vez Argentina


Continúa el mismo concepto con el que acabé la entrega anterior. Ya decía que no debe de ser casual que este tenga tantas citas ya que empecé esta continuación del libro con 63 años y, mejor o peor llevada, la edad marca lo suyo a estas alturas de la vida.
Demasiado dura la de Chirbes con la que, por suerte, no me identifico.
Como dice Buzzati, a mí cada vez me cuesta más esperar; es como si fuese con prisas a todo.
Las citas del Elogio del pesimismo son muy adecuadas.
Cien años vivió mi madre y siempre he dicho que no quería esa herencia, por eso me gusta la de Thorup. De todas formas, ya veremos cuando llegue el momento, si llega.
Alzheimer, ¡qué horrible palabra! (Lo siento por el doctor, pero creo que muchos le odiamos).
Tiene gracia el diálogo de Barrera, pero no creo que sea lo peor de la vejez ni de lejos.
Pues yo, a pesar de lo que dice Barnes, soy bastante irónico, pero también bastante pesimista.
Aunque, como dice Camilleri, no se estile mucho ceder el asiento a mí, que siempre suelo ir de pide en el autobús, desde hace un tiempo me lo han cedido varias veces y, lo reconozco, la primera vez jode un rato.
Yo procuro no hacer lo que dice Schlink sobre el espejo.
A lo de Black acabo de contestar más arriba.
Me encanta lo de “periodo histórico” de Neuman.

En algún momento he hecho alusión a mi pesimismo. Ahora, al terminar de leer y comentar las citas, me doy cuenta de que la inmensa mayoría son negativas con lo que queda demostrada esa afirmación. Sin embargo, en lo cotidiano no lo veo todo tan negro. Seguramente se debe a estar enamorado y tener un hijo de diez años.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Prescindible




Este profesor de ciencia política italiano escribió en 2015, a sus 91 años, este librito porque según sus propias palabras, por cierto que no muy afortunadas: “Todo el mundo me dice: en verano nadie puede leer cosas serias, miran pechos y mujeres desnudas y se dejan arrastrar por avalanchas de curas de belleza…” (p. 97) y él quería probar si era verdad para lo cual nada mejor que escribir sobre cosas que debían hacer pensar a la gente. Desconozco el resultado del “estudio”, es decir, el volumen de las ventas de este opúsculo, pero en cualquier caso tampoco me parece un texto demasiado interesante salvo en algún aspecto.
Sartori divide el libro en 10 capítulos: Dos los dedica al aborto que son quizá los mejores, 3 a la inmigración que son los más discutibles, dos a la religión y su relación con el terrorismo que son bastantes tópicos, uno al concepto de revolución y otro al análisis del sistema electoral italiano.
Variedad de temas, pero a los que da en algunos casos un tratamiento bastante superficial (en parte lógico por el poco espacio que les dedica ya que es un libro de 96 páginas) y generalmente también bastante tópico, incluso con alguna idea tan peregrina como que el Vaticano eche una mano con sus “bienes artísticos” para pagar la deuda italiana.
Lo que me ha parecido más interesante es la diferencia que explica entre fuerza y violencia, utilizando el ejemplo de las revoluciones rusa y Meiji, y alguna de las cosas que dice sobre el islam y el cristianismo.
De este autor leí hace años Homo videns que me resultó muy interesante, por eso quizá una de las frases del libro que más me han llamado la atención sea esta:
“La televisión y el mundo de Internet producen imágenes y borran conceptos, pero así atrofian nuestra capacidad de entender.” (p. 19)
Como se ve en la portada, se trata de un libro que la editorial regala por la compra de otros libros por lo que no se puede adquirir. Es un libro que como se lee en una tarde puede merecer la pena.

Giovanni Sartori. La carrera hacia ningún lugar. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro. Traducción Núria Petit.

martes, 24 de diciembre de 2019

Mis libros del año



Una vez más ha sido un buen año para la lectura. En este caso con varios e interesantes descubrimientos fundamentalmente de escritoras. Así los casos de Ernaux, Berlin, Gornick y Morales. Ha sido una verdadera casualidad porque cuando compro un libro me suelo fijar en la nacionalidad, pero nunca en el sexo. En este caso se me han “colado” dos escritoras estadounidenses a pesar de que suelo huir de los anglosajones como ya he dicho varias veces en el blog. En todo caso, las tres tienen una característica en común: escriben obras bastante o muy autobiográficas. Tanto de Gornick como de Ernaux he leído este año más de un libro, varios en el caso de la escritora francesa que es alguien con una gran fuerza expresiva y muchas cosas que contar.
Además de las mencionadas tengo que hacer especial alusión a uno de esos libros que marcan un año y es el de Cristina Morales que posteriormente ha obtenido nada menos que el Premio Nacional de Narrativa con una novela que es difícil olvidar. Habrá que leer sus publicaciones anteriores. Completan el cuadro de la narrativa por un lado un clásico danés que, como todo clásico que se precie, está lleno de sugerencias y de personajes de interés: una magnífica novela; y, por otro, el reciente descubrimiento de un escritor ruso ya fallecido que también basa su obra en su propia biografía.
Por lo que se refiere a la obra no estrictamente narrativa hay un poco de todo. Así, tres periodistas escribiendo sobre temas radicalmente distintos: Aldekoa sobre África, Hugo-Vader sobre Kolimá y Guerriero sobre un pianista argentino, pero los tres con una profundidad y rigor que logran unos textos realmente magníficos. Muy diferente es el libro de Zweig que es, y con eso ya digo bastante, otro gran libro del autor. Finalmente, Snyder en este cuarto libro suyo que leo indica el camino que se está siguiendo en muchos lugares hacia el autoritarismo.
Como se ve hay variedad de temas y autores en ambos registros, pero siempre con varias cosas en común: interés, profundidad, buena escritura y, no hay que dejarlo nunca de lado, entretenimiento.
Todos estos libros están comentados en el blog a lo largo del año con algo más de información.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Decepcionante



En distintas ocasiones y en diferentes lecturas he visto el nombre de esta activista y escritora, pero no me había fijado nunca en ningún libro suyo. Vi este por casualidad el otro día y me interesó el tema tal y como lo contaban en la contraportada.
Cita Nuria Azancot, en su reseña en elcultural.com, a nada menos que Hanna Arendt y su opinión sobre el libro: «auténtica delicia para cualquier lector libre de prejuicios y con sentido del humor».
No me tengo por alguien con demasiados prejuicios, menos aún en este tema,  y creo que tengo bastante sentido del humor, pero si algo no me ha parecido esta novela es precisamente “una delicia”.
En sus algo más de 150 páginas, McCarthy arremete y se mofa de un grupo de gente, creo que son unos cincuenta, que se van a un hotel en la montaña para montar una Utopía. Distingue dentro de ellos a dos grandes grupos: los realistas y los puristas, parece ser que ambos encabezados, según cuenta Vivien Gornick en el Prólogo, por personajes creados a imagen y semejanza de otros reales y cercanos a la autora. Hasta aquí nada que objetar; de hecho en las primeras páginas he estado atento y centrado en lo que me contaba y en cómo planteaba las cosas. Fruto de ello es la elección de estos dos fragmentos como buenos ejemplos de esa ironía o más bien sarcasmo:

“ (…) la señora Macdermott, a diferencia del resto de los colonos había nacido en la alta sociedad neoyorkina y, a pesar de que su afable disposición y su tendencia a identificarse con los menos afortunados habían dado a su figura menuda y a sus rasgos bonitos y delicados ese aspecto oprimido e incluso menesteroso tan común entre las mujeres caritativas, seguía expresándose con la seguridad de quien ha disfrutado de determinadas ventajas; la cuchara de plata tintineaba en su boca cada vez que hablaba en contra de los privilegios.” (p. 36)

“ (…) se preguntaban qué habría dicho Monteverdi, El Fundador, de haber podido contemplar el desfile de coches bien provisto de whisky, latas y anticonceptivos, que subía la sinuosa pendiente del No-Lugar con los papeles en perfecto orden.” (p. 53)

El problema que he tenido es que enseguida me he empezado a aburrir soberanamente y he empezado a leer sin prestar demasiada atención. Los escasos debates son tan etéreos y fuera de la realidad que no se terminan de entender y menos aún los comportamientos de varios de los personajes que aparecen. Si lo que quiere decir McCarthy es que sus amigos se fueron de pícnic como si eso fuera revolucionario, lo podría haber contado de otra manera.
Por ejemplo, recientemente he leído una crítica en parte parecida en la magnífica novela de Cristina Morales Lectura fácil. No paré de reírme y me pareció mucho más dura y  profunda la crítica que la que se hace en este librito.
En fin, no me ha gustado, me ha aburrido, no me ha interesado más allá del primer tercio de la obra. Sin embargo, las dos reseñas que he encontrado tienen una opinión bien diferente. Por un lado, la ya citada y por otro, la que hace Montuenga en unlibroaldia.blogspot.com. A ellas remito a quien quiera conocer más y mejor el contenido del libro.


Mary McCarthy, El oasis. Traducción Raquel Vicedo.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Reportaje histórico




Desconocía totalmente la existencia de este libro. Fue hace unos días, leyendo Zona de obras de Leila Guerriero, cuando me encontré con la siguiente frase: “(…) escribe un artículo para el New Yorker y después un libro llamado Hiroshima, que deviene, con el tiempo, en el mejor libro de no ficción jamás escrito.” Teniendo en cuenta mi tremendo respeto intelectual por la periodista y escritora argentina, busqué el libro con la inmensa suerte de que ha sido reeditado hace solo cuatro años.
No sé si es el mejor libro de no ficción que se ha escrito nunca. No conozco lo suficiente el tema como para hacer una afirmación como esa (aunque dicho por Guerriero podría serlo), pero sí puedo decir que es un gran texto que exige en el lector un esfuerzo de concentración y, por qué no decirlo, de aguante ante lo desagradable de algunas escenas.
Hersey, para contar lo sucedido el día 6 de agosto de 1945 y en los días sucesivos, se valió de cinco japoneses y un alemán para hacer un seguimiento de sus pasos y sus problemas a lo largo de ese periodo de tiempo. Los japoneses eran: un reverendo, la viuda de un sastre, un médico, un cirujano del hospital de la Cruz Roja y una trabajadora de una fábrica; el alemán, un sacerdote jesuita. A través de sus vicisitudes nos enteramos de cómo fue el horror que produjo la explosión y los diferentes desastres a que dio lugar. Por un lado, la destrucción de casi todos los edificios e infraestructuras y, por otro y lo más importante, la destrucción de miles de vidas humanas y los terribles efectos sobre los que sobrevivieron al menos en un primer momento. Así, sobre este último aspecto se pueden leer fragmentos como los siguientes:

“Algunos tenían las cejas quemadas y la piel les colgaba de la cara y de las manos. Otros, debido al dolor, llevaban los brazos levantados, como si cargaran algo con ambas manos. Algunos iban vomitando: Muchos iban desnudos o en harapos. Sobre algunos cuerpos desnudos, las quemaduras habían trazado dibujos que parecían prendas de vestir, y, sobre la piel de algunas mujeres –puesto que el blanco reflejaba el calor de la bomba y el negro lo absorbía y lo conducía a la piel- se veían las formas de las flores de sus kimonos.” (p. 54)

“Cuando entró en los arbustos se dio cuenta de que había unos veinte hombres, todos en el mismo estado de pesadilla: sus caras completamente quemadas, las cuencas de sus ojos huecas, y el fluido de los ojos derretidos y resbalando por las mejillas. (Debieron de estar mirando hacia arriba cuando estalló la bomba; tal vez fueran personal antiaéreo.). Sus bocas no eran más que heridas hinchadas y cubiertas de pus, incapaces de abrirse lo necesario para beber de la tetera.” (p. 78)

Es cierto que Hersey aunque no escatima textos como los reproducidos tampoco se dedica a excitar el morbo. De hecho, el traductor de esta versión, el gran escritor Juan Gabriel Vásquez, afirma en el Prólogo:

“Hersey escribió Hiroshima con un martillo anglosajón en la mano: palabas duras, secas y cortas; frases cuadradas, declarativas, terminadas en ángulo recto, como un ladrillo.(…) Se trata de un libro distante y frío, y traducirlo al español, que es por naturaleza y por música solemne y cálido, equivale a falsear algo en el texto. (…)
Hersey no era un gran prosista. Sus ritmos resultan más bien monótonos; su confianza en las cifras (en una página de Hiroshima puede haber diez o más), a veces ingenua y a veces agobiante.” (p.10 y 13)

Y es cierto que hay un cierto distanciamiento buscado, y hasta me atrevería a decir que también lo es la cierta monotonía que comenta Vásquez que hace que su lectura resulte a veces un tanto pesada pero que, al mismo tiempo,  también facilita salir del agobio que producen algunas de sus páginas.
El libro está dividido en cinco capítulos de los que el último corresponde a un texto que el autor escribió cuarenta años después y en el que da cuenta de qué había sido de la vida de sus seis protagonistas. Este capítulo me ha resultado especialmente interesante porque, por ejemplo, así nos enteramos de que hasta 1957 la Dieta japonesa no promulgó una Ley de Cuidados Médicos para las Víctimas de la Bomba Atómica, algo realmente increíble. Como también lo es que a los que sobrevivieron a la explosión no se los quisiera llamar “supervivientes” sino hibakusha (persona afectada por la explosión).
En fin, un libro muy recomendable si bien con la advertencia de que hay que elegir bien el momento porque se trata de un texto que en algunos momentos resulta difícil de leer por la dureza de lo que se cuenta.
Hay una buena reseña de Francesc Bon en unlibroaldia.blogspot.com.

John Hersey, Hiroshima. Traducción Juna Gabriel Vásquez.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Sobre el ejercicio del periodismo



Para quien esté interesado  en el funcionamiento de los medios de comunicación y muy especialmente de la prensa, los textos de Serrano son una herramienta de análisis yo diría que imprescindible. Este periodista es un crítico muy atento de la realidad de los medios. Cada mes saca desde hace ya muchos años lo que llama “Perlas informativas” en las que da cuenta de cómo se dan determinadas noticias con lo que supone, en la mayoría de los casos, de manipulación y mala praxis periodística.
Creo que he leído todo lo que ha publicado, y si tuviera que destacar algunos de sus libros lo haría con La (des)información que me parece un texto fundamental para aprender a ver los medios con los ojos bien abiertos y la mente muy atenta.
En el que ahora comento lo que ha hecho el autor es una recopilación de sus artículos en diferentes medios, de alguna conferencia e incluso de algún texto inédito. Generalmente este tipo de publicaciones suelen ser un tanto tediosas y estar poco articuladas. No es el caso. Serrano ha hecho una espléndida labor de edición y no solo ha evitado duplicaciones innecesarias, sino que los diferentes artículos están muy ordenados y, con algún salto lógico, mantienen bastante bien la coherencia del discurso.
El libro está dividido en cuatro grandes apartados: El periodismo que sufrimos, Qué hacen los gobiernos y los Parlamentos, Las redes y nuevas tecnologías y Hacia dónde vamos. En todos ellos hay textos realmente interesantes y solo se echa de menos en algunos casos que no sean más extensos porque el tema daba para más. Además, y esta es una característica de toda la obra del autor, lo que se dice está siempre acompañado de muy buenos ejemplos. Ni que decir tiene que hace una crítica a veces feroz de muchas actuaciones e informaciones mostrando su compromiso con la profesión y saliéndose de lo que suele ser habitual.
Dejo a continuación algunos fragmentos significativos.

Críticas al funcionamiento de la prensa:

“Pero el caso más espectacular es el de esos directores que nos cuentan cómo funciona el país cuando los despiden de su periódico. Porque, precisamente, contarnos los entramados del funcionamiento del país es lo que se suponía que debían hacer antes de despedirlos, y no después.” (p. 12)

“Bien por servidumbres políticas al poder, bien por inercias y abaratamientos de costes y personal, demasiadas veces el tratamiento periodístico se limita a reproducir informaciones oficiales sin contraste ni análisis. La fuente informativa oficial, la gubernamental, la nota oficial, despierta en los periodistas una legitimidad y veracidad injustificada.” (p. 38)

Críticas a la utilización de los medios por los políticos:

“La conclusión es clara. Frente a ese tópico de que los políticos quieren tener medios públicos para poder hacer propaganda de su gestión, la  realidad muestra que el sistema más utilizado es hacerlo a través de los medios privados mediante varias fórmulas: desde la publicidad institucional –la más recurrida- hasta la relación estrecha entre partido gobernante y accionista, o el trasvase de recursos públicos desde administraciones pública a la cuenta de los medios o, directamente, de sus propietarios.” (p. 101)

Critica de la “politización” de los medios:

“Hace ya mucho tiempo que la hipertrofia del sistema mediático está suponiendo, de modo ilícito a mi entender, apropiarse de un poder y una competencia que le corresponde al poder político elegido. A nadie se nos escapa que tiene más facilidad de dirigirse a los ciudadanos y, por tanto, potencial influencia, un columnista de prensa o un tertuliano, elegido por el dedo de un directivo o empresa de comunicación, que un ministro o que un diputado elegido por los ciudadanos.” (p. 242)

Desde otro punto de vista me ha gustado mucho la siguiente afirmación sobre el uso de las redes:

 “El sistema de participación ciudadana por internet permite entretener a la gente en causas absurdas en detrimento de movilizaciones por motivos necesarios.” (p. 152)

Esto, que desarrolla más ampliamente, es algo que se nota bastante y que creo que está afectando a la manera de hacer política de algunos colectivos.
También me ha llamado la atención, porque es una idea que me parece muy acertada y que no se me había pasado por la cabeza, la siguiente cita que hace de Rafael Poch que fue durante muchos años corresponsal de La Vanguardia en Moscú:

 “(…) naturalmente RT defiende intereses rusos, pero su mera existencia contribuye al pluralismo. Quiero decir al pluralismo realmente existente, que especialmente en materia de medios de  televisión es un pluralismo de propagandas, algo que está muy lejos de ser ideal, pero que es mucho mejor que el monopolio que sufrimos durante la primera guerra de Irak (CNN) o la inducida disolución bélica de Yugoslavia (CNN, BBC, etcétera).” (Subrayado en el original)
(RT es Russia Today una emisora propiedad del Estado ruso). (p. 232)

Evidentemente, hay muchas más cosas para destacar como pueden ser: los datos que da sobre el uso de la publicidad institucional en Madrid o la dura crítica que hace de Facebook (en la que, por cierto, me veo bien reflejado). Solamente me ha parecido un tanto flojo el tratamiento que se da a un tema tan importante y actual como es el “procés” en Catalunya. Creo que en este tema Serrano se deja llevar demasiado por su visión y no atiende como debiera a la realidad de la información que se ha dado y se sigue dando sobre él.
Estamos ante un libro de obligada lectura para quienes estén interesados en cómo se ejerce hoy el periodismo que es tanto como decir en cómo se ejerce hoy el poder (como se puede ver en una de las frases citadas).
Es muy curioso que un libro sobre este tema no haya causado tanto revuelo como el de David Jiménez cuando es infinitamente más interesante y cuando también en él se dan nombres de personajes (personajillos diría yo) conocidos. Creo que la ideología de Serrano y el que su crítica se dirija a un amplio espectro tienen la culpa.
Hay una reseña de Enric Llopis en rebelión.org en el que se ofrecen muchos ejmplos de los que mencionaba en mi comentario.


Pascual Serrano, Paren las rotativas. Una pausa para ver dónde está y adónde va el periodismo.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Decepcionante



Si titulo esta entrada así es porque al haber leído todo lo publicado en castellano de Koch esperaba bastante más de este libro. Sus libros anteriores me han parecido interesantes y, además, entretenidos. En esta nueva entrega me han faltado ambas cosas.
El libro en su primera parte lo dedica a describir los celos que tiene el alcalde de Ámsterdam de su mujer sin que quede claro si están o no justificados lo que, por otra parte, da igual. A medida que van pasando las páginas voy perdiendo el interés por la historia ante la insistencia en el tema y el poco avance de lo que sucede. Sin embargo, hay un par de aspectos que, aunque colaterales, me han gustado: por un lado, el capítulo en el que aparece Hollande visitando la ciudad lo que le da pie a Koch para criticar ligeramente lo francés y también, por otra parte, el hecho de que los padres del alcalde quieran poner fin a sus vidas porque se encuentran bien, tienen 94 y 95 años respectivamente, y no quieren que nadie vea su más que probable deterioro. Sobre este tema volverá en las siguientes partes del libro.
En la segunda parte, olvidándose casi completamente de los celos, se dedica a hablar de la edad, de la suciedad de la ciudad, de un viaje a los Estados Unidos,…
En la tercera, se centra en el “nuevo fascismo” ecologista y animalista. En una reunión con Bill Clinton, en conversaciones sobre el universo con un amigo, el suicidio de los padres…
Y en la cuarta,… para qué seguir.
Como se ve por lo que he dicho hasta ahora, se trata de una novela en la que el lector, o al menos a mí me ha pasado, no sabe muy bien qué le quiere contar el autor; una novela en la que divaga sobre varios temas pero sin dejar nada claro sobre ninguno; en la que la sensación que se saca es que Koch se ha puesto a escribir a ver qué le salía y no se ha tomado la molestia de repasar lo escrito.
Las otras tres novelas que se habían publicado de este escritor tenían como característica esencial precisamente todo lo contrario. Se salía con la impresión de que habías leído una historia pensada, trabajada y con algunos aspectos especialmente interesantes, como sucede por ejemplo en La cena, de ahí mi decepción con estas “sospechas.”


Por cierto que, jugando con el título, me ha parecido algo sospechoso no encontrar ninguna reseña de la novela.
Herman Koch, Sospechas. Traducción Maria Rosich.

viernes, 6 de diciembre de 2019

ANDAMIO


Hacía tiempo que una entrada de Andamio no era tan completa, no solo por la variedad de los orígenes de la producción tanto de películas como de series, sino también por la calidad. 



Películas



Parásitos. Una magnífica película coreana que toca varios géneros: desde el thriller a la comedia negra pasando por el cine social. Una historia que avanza dando sorpresas siempre en el límite de lo verosímil pero, al mismo tiempo, resultando creíble hasta en lo más descabellado, que lo hay. Muy buena puesta en escena con momentos realmente brillantes y con unas espléndidas interpretaciones.

Es poco el cine oriental que veo y es una pena porque suele gustarme mucho y, además, suelen tratar temas interesantes con realizaciones un tanto diferentes a las del cine occidental.



Los miserables. Magnífica película francesa. Recuerda a The Wire en muchos momentos por el ambiente en el que se desarrolla y la puesta en escena. Es muy útil para entender muchas cosas que pasan en Francia en los barrios del extrarradio de París. Un guion muy conseguido que dosifica muy bien la historia, unas interpretaciones muy buenas y una gran dirección hacen que merezca mucho la pena verla.



Puñales por la espalda. Auténtico homenaje a Agatha Christie en una película que bien podría haber sido escrita por ella. Un asesinato en una gran mansión, un conjunto de sospechosos y un detective que tiene que averiguar qué pasó. Muy entretenida aunque hay algunos momentos en que baja un poco y algún personaje que, creo, no termina de encajar del todo. No me ha parecido tan buena como a muchos críticos, pero está bien.



El irlandés. Parece mentira, pero Martin Scorsese es capaz de hacer una película sobre la mafia que resulte relativamente original, no tanto por el tema, claro, sino por el tratamiento que le da desde un realismo en los diálogos y las escenas que evita el espectáculo en aras de la verosimilitud. Tiene una duración que puede resultar un poco excesiva para la pantalla grande. Al principio me hacía raro ver a Pacino o De Niro con menos años (más tarde me he enterado de que se trata de efectos digitales), pero luego me acostumbré aunque no creo que sea algo que se deba utilizar a menudo porque da la impresión de que resta expresividad y confunde un tanto.







Series



Una familia unida. Segunda temporada de esta serie. Repito el comentario que hice hace poco de la primera: Serie sueca en 10 capítulos. Comedia sobre la vida de una familia extensa (llaman así a la formada por una pareja con hijos de matrimonios anteriores) y la relación con las anteriores parejas. Temas interesantes, buenas interpretaciones y la ventaja de conocer cómo se plantean las cosas en esa sociedad. Entretenida e interesante.

Eso sí, creo que ya está agotado el tema. Una tercera temporada creo que no mereceré la pena.



El método Kominsky. Segunda temporada de esta serie estadounidense protagonizada por dos grandes actores: Michel Douglas y Alan Arkin. Consta de ocho capítulos de apenas 25 minutos cada uno, pero en los que hay mucha verdad sobre muchos temas y mucho sentido del humor. Desde luego es especialmente recomendable para hombres de una cierta edad que nos vemos reflejados en la mayor parte de las situaciones. Divertida, tierna e interesante.



Our boys. Miniserie israelí de 10 capítulos en los que se cuentan unos hechos reales que sucedieron en 2014 cuando un grupo de judíos secuestraron, asesinaron y quemaron vivo a un joven palestino en venganza por la muerte de tres jóvenes hebreos. Magníficos el guion, la dirección y las interpretaciones. Es una buena aproximación para entender algo mejor el conflicto permanente en la zona. Difícil de ver en algunos momentos por la tensión y la violencia soterrada y, desde luego, para alguien ateo como yo, me reafirma en esa idea y en el rechazo a las religiones; en este caso sobre todo al judaísmo. Creo  que es una serie especialmente recomendable porque se sale de lo habitual.



El mundo en llamas. Primera temporada de una serie británica ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Desde luego hay que reconocer que no se han escatimado medios, pero creo que el resultado final no responde a lo que han debido de ser las expectativas puestas en la serie. Hay muchas historias que podrían haber sido interesantes, sin embargo, carecen de la fuerza y la intensidad necesaria. La serie se hace bastante plomiza en muchos momentos y solo es capaz de mantener la atención en otros muy contados. Una pena porque hay esfuerzo y personajes y temas interesantes.



En la sombra. Esta segunda temporada, que consta también de seis episodios,  es bastante parecida a la primera aunque ahora las intrigas son políticas y algo más. Como novedad hay un secuestro de franceses en el norte de África y escenas de “gabinete de crisis” a la americana. Sigue siendo bastante entretenida y con momentos poco creíbles como ya pasaba en la primera.



Gentleman Jack. Magnífica serie británica inspirada en los diarios de Anne Lister. Situada en 1832-1834, cuenta algunos momentos de la vida de esta peculiar mujer que era una terrateniente en Halifax y ejerció su lesbianismo a pesar de los choques que tuvo con la mayoría de la sociedad. Los ocho capítulos no tienen desperdicio y nos muestran cómo era la sociedad del momento y, sobre todo, el gran personaje que debió de ser la protagonista. Cuenta además con espléndidas interpretaciones y una muy buena puesta en escena como es habitual en las series británicas. Una serie diferente y recomendable.