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viernes, 10 de julio de 2020

En la Guerra Civil española




Siempre he considerado La forja de un rebelde de Arturo Barea, más allá de sus cualidades literarias, como uno de los libros que mejor ayudan a entender algunos aspectos de la guerra civil española y, curiosamente, nos llega ahora la traducción del libro que en 1939 escribió su mujer y que también sirve para el mismo fin. Ambos tienen la enorme ventaja de estar escritos por gente que participó directamente en el conflicto y, además, de haberlo hecho poco después de concluido este.
En este caso, la autora centra la historia en el micromundo que supone el edificio de la compañía Telefónica, un edificio en el que había refugiados en los sótanos, varios pisos con oficinas dedicadas a la censura, otros en los que  se atendía a las comunicaciones e, incluso, la terraza del último piso servía para ver la línea del frente y poder dirigir alguna acción militar. Barea-Kulcsar -por cierto, es curioso el empleo por parte de la escritora de un apellido en el que mezcla los de sus dos maridos-, se centra sobre todo en la figura de la alemana que llega para colaborar en la censura de los textos de periodistas extranjeros, aunque la novela tiene en general un tono coral y son muchos los personajes que intervienen, desde conserjes vigilantes a señoras de la limpieza, desde miembros de la UGT a otros de la CNT, desde la mujer del protagonista principal a su amante, pasando por periodistas extranjeros partidarios de ambos sectores en conflicto. Solo hay un par de momentos en que la acción sale del edificio pero para desarrollarse  en un hotel y un restaurante cercanos.
Georg Pichler, autor de un Epílogo muy interesante, resume muy bien tanto el estilo como el objetivo del libro en el siguiente fragmento:

“En esta, su primera y única novela, sorprende la habilidad literaria de la autora: una técnica de montaje inspirada en el cine, la novela policiaca y la Nueva Objetividad alemana que permite un constante cambio de perspectivas, un juego combinado de distintas voces narrativas que muestran lo relatado desde diferentes puntos de vista en combinación con un estilo parco y contenido, que omite cualquier detalle superfluo para concentrarse en lo que realmente importaba a la autora: el mensaje de la lucha común de los “habitantes” de la Telefónica contra el fascismo…” (p. 337)

Efectivamente, el tema central es que todos deben colaborar al esfuerzo de guerra del gobierno republicano. Esto queda muy bien expresado en el siguiente fragmento de Agustín, el responsable de que todas las tareas que tiene encomendadas el edifico funcionen:

“-Así no podemos seguir trabajando, camaradas. No podemos trabajar unos contra otros, no importa cuáles sean los motivos, políticos o sociales. Madrid es el frente. El mando militar tiene que tener el mando y el ejército tiene que ser un ejército, y nosotros, los de la Telefónica, una parte al servicio militar.” (p. 235)

También es interesante la insistencia de Anita, la censora alemana coprotagonista y de alguna manera reflejo de la autora, sobre cómo debería de ser la censura:

“-Vosotros,  los españoles, sois los débiles. Os queréis convencer de que basta con no decir al mundo cómo están las cosas para que no se entere. Es la política del avestruz y solo lo empeora todo. Todavía más. Eso es algo que causa mala impresión en el extranjero.” (p. 159)

En más de una ocasión expresa la misma idea de que se deben decir también verdades sobre problemas existentes y sobre fallos producidos para no dar pábulo a que otros, los corresponsales extranjeros partidarios del bando franquista, den una visión distorsionada. Este tipo de reflexiones recuerda mucho esa idea de que la gran derrotada en una guerra es la verdad.
Además de este planteamiento más político, la novela también se centra en los avatares de una serie de personajes con sus pequeñas, o grandes, miserias, con sus enfrentamientos por la ideología o por algo más básico como los celos. Hay un par de personajes bastante negativos como Pepita,  la esposa del protagonista, o un militante anarquista cuyo objetivo es detener a Anita, pero la mayoría reciben un tratamiento favorable por parte de la autora.
A mí particularmente me ha costado aceptar que en una novela que se desarrolla a lo largo de cuatro días de diciembre de 1936, en un Madrid asediado por las tropas rebeldes y que recibe bombardeos cada día, alguien como Agustín, máximo responsable de un edificio de esa importancia, dedique el tiempo a discutir con su mujer, relacionarse con su amante y, en el colmo de la actividad, cambiarla por la censora alemana. Me parece que todo esto está un poco cogido por los pelos y que cabría en una historia que tuviese una mayor duración, pero no tanto en esta.
En cualquier caso, el libro se lee con interés y refleja muy bien algunos aspectos del conflicto y de las reacciones humanas ante él. También es interesante lo que comentaba antes Pichler sobre la técnica narrativa que resulta bastante atractiva.
Hay una buena y completa reseña de Erich  Hackl en elpais.com.

Ilsa Barea-Kulcsar, Telefónica. Traducción Pilar Mantilla.


jueves, 13 de julio de 2017

"Combates" por la historia



Este es el tercer libro que publica Reig sobre el mismo tema y el tercero que leo. El primero, y para mí el más conseguido y el que mejor se ajustaba a sus fines y método, fue Anti Moa. La subversión neofranquista de la Historia de España (2006) y el segundo, Revisionismo y política: Pío Moa revisitado (2008). En ambos trataba Reig de desmontar las múltiples patrañas y tergiversaciones que dicho “historiador” estaba lanzando en su prolífica producción historiotegráfica (calificativo que le viene como anillo al dedo). De estos textos no hay comentario en el blog porque se publicaron antes de su existencia. Es una pena porque me gustaron, con sus defectos,  bastante más que el que hoy comento.
El objetivo es el mismo de siempre: defender el verdadero trabajo historiográfico y criticar determinadas versiones de la II República, la Guerra Civil, el Franquismo y, ahora también, la Transición que se vienen dando últimamente con poco rigor y mucha ideología detrás.
A ello dedica Reig 500 páginas (459 de texto propiamente dicho) a pesar de la siguiente advertencia: “Así ahorramos papel, siempre limitado por los editores, no nos repetimos inútilmente….” (p. 314) (El autor se refiere a otra cosa pero es perfectamente válido para lo que comento a continuación).
En esto precisamente consiste el principal, que no único, defecto del libro, en el exceso y en la reiteración. Con bastante menos de la mitad de las páginas podría haber dicho lo mismo si no repitiese insistentemente las mismas ideas y los mismos calificativos a veces en la misma página. (Y eso que parece deducirse por lo dicho que quería ahorrar papel.)
Estoy totalmente de acuerdo con lo que pretende Reig. Yo también estoy cansado de ver en las librerías, sobre todo en las de los grandes centros comerciales, libros que está claro que no son de historia propiamente dicha aunque lo parezcan por el tema que tratan. Además, en muchos casos se convierten casi en superventas. El problema de un texto como el que comento es que para que sea realmente legible tiene que elegir mejor y ser capaz de sintetizar porque, de lo contrario, solo lo leeremos algunos convencidos como es mi caso.
Hay también otros aspectos que me gustaría comentar de forma crítica.
Reig critica abiertamente al principio del libro el uso de determinadas palabras (heurístico, holístico, epistemológico, etc) con la pretensión de aparecer como más científicos y él, no sé con qué pretensión, nos obsequia con términos como: eutrapélico o zurumbático. En el mismo sentido es capaz de poner un latinismo más o menos conocido al lado de expresiones como: “Vaya tontería, es de las de a kilo”.
Por otra parte, me parece un exceso especial el espacio, ¡80 páginas!,  que dedica a criticar a Jorge Martínez Reverte. De este escritor solo leí en su día una novela y algunos artículos en la revista Zona Abierta y no conozco nada de los libros sobre diversos aspectos de la Guerra Civil. Reig, saliendo en defensa de Ángel Viñas por un par de frases desafortunadas de Reverte, dedica palabras muy duras a alguien a quien, por otro lado, no mete en el mismo saco de los revisionistas.
Dejo para el final lo que me parece peor por desagradable y de alguna manera absurdo. Si ya ha calificado de neurótico y paranoico a Moa, también se arriesga con la siguiente generalización:

“Creemos que a (sic) la mayor parte de los autores que hemos examinado manifiestan un narcisismo incontrolable. Técnicamente se llama DPN. Las personas que padecen este síndrome carecen de la mejor empatía, manifiestan fuertes dosis de megalomanía. Necesitan ser reconocidos como el aire que respiran, ser admirados por encima de todo. (…) Este tipo de comentarios “psicológicos”, obviamente profanos, les pone histéricos a algunos de ellos (véase en concreto la reacción del señor González Cuevas), lo que es la mejor prueba de que efectivamente padecen una patología delirante.” (p. 454)

Creo que esto es ni más ni menos que caer de lleno en aquello que critica porque, ¿qué elementos tiene para hacer esas afirmaciones si, además, las califica de “profanas”?
Un libro así no merece estos exabruptos al final.
Evidentemente, el núcleo del libro y la idea que está detrás me gustan y particularmente me han interesado varias cosas: la estupenda síntesis que hace de los factores que explican el éxito de Franco; la relación de los mitos del franquismo y de los factores que explican su duración; y la crítica al libro de Juan Carlos Monedero sobre la Transición, si bien en este tema me hubiera gustado que hubiera tenido en cuenta otros textos bastante mejores, como por ejemplo Por qué fracasó la democracia en España de Emmanuel Rodríguez. Estoy de acuerdo con Reig en que los que ahora critican cómo se hizo la Transición no suelen considerar las condiciones en las que se hizo y la correlación de fuerzas (¡qué expresión tan típica de una época!) que había, pero también es cierto que en el momento actual el régimen que se construyó hace agua por muchos sitios y sería bueno un replanteamiento general.
También firmo todo lo que dice, y la pasión que pone,  en defensa de Manuel Tuñón de Lara gracias al cual empezó a gustarme la historia hasta terminar dedicándome a su enseñanza durante veinticinco años.
Nota al margen: un libro así no merece una errata como la de la página 157 en que aparece Federico, por Rodolfo, Martín Villa.
Un libro interesante a pesar de todo para los que disfruten con la historia e imprescindible para los amantes de la polémica.




Alberto Reig Tapia, La crítica de la crítica. Inconsecuentes, insustanciales, impotentes, prepotentes y equidistantes.

martes, 3 de junio de 2014

Prescindible libro de un "clásico" español




“En concreto esta novela será todo lo crepuscular que se quiera, pero como documento barojiano, esto es, como documento para saber qué es lo que pensaba o cómo había vivido Baroja los acontecimientos históricos que le habían tocado en suerte, es insustituible, por no hablar de sus entresijos autobiográficos.” (Del Posfacio de Miguel Sánchez-Ostiz)

No sé si se trata solo de una novela crepuscular porque incluso tengo la duda de si considerarla una novela. No hay realmente personajes de carne y hueso salvando quizá a Hipólito, una anarquista que más parece un ángel; el narrador parece muchas veces un cronista de un diario; no hay una trama más allá de la descripción de sucesos con errores de fechas importantes; y así podría seguir.
Evidentemente, para los seguidores de Baroja y de su obra puede tener interés conocer su visión de la República y la Guerra Civil, para un lector normal creo que no. Existiendo los Campos de Max Aub, la trilogía de Barea o, más modernamente, Los días de llamas de Juan Iturralde, por poner solo algunos ejemplos que conozco, sobra este texto de Baroja o, para no exagerar, no aporta nada ni al conocimiento de ese duro periodo ni a la literatura. Además, pretendiendo ponerse un tanto por encima o, dicho de otra forma, neutral, solo lo consigue en parte pues salen bastante peor parados los rojos, los comunistas sobre todo, que los blancos (en la terminología que utiliza), lo que no le evitó que la obra fuese censurada de tal manera en el año 1951 que no se pudo publicar.
Finalmente, añadir que el autor estaba en Francia mientras se desarrollaba el conflicto, por lo que los hechos que cuenta los conocía bien por la prensa o por noticias que le llegaban de sus amigos y conocidos.
Un libro totalmente prescindible.
Enlazo un comentario interesante y muy ajustado en varios puntos a lo que pienso.
Hay una reflexión sobre los políticos que creo que tiene mucha actualidad y por eso la reproduzco a continuación.
 
“-Malo es para un país no saber aprovechar la energía de sus hombres.
-Esto que sucede en literatura, pasa en política en mayor escala aún. Mientras en el político hay ideales ambiciosos, tiene que contentarse con ser un comparsa de la gran comedia; su criterio no se cotiza; las ideas no se aprecian, su energía o su talento parecen peligrosos. Pasa el aprendizaje y cuando el político pierde todo propósito noble y decente, se habitúa a las triquiñuelas y piensa en sacar partido de todo, y alcanza ese dulce estado de indiferencia, cuando están ya todos sus instintos idealistas muertos, entonces el individuo se halla a punto de figurar en política. De figurar… no de hacer nada bueno ni útil al país.”(Pág. 83-84)
 
 Pío Baroja, Miserias de la guerra

martes, 15 de abril de 2014

Algo más que una biografía




“Comencé este libro con dos objetivos muy personales. El primero, aprender a escribir una biografía (…)” Con estas palabras de la Introducción empieza el libro. Es toda una sincera y modesta declaración de intenciones. A medida que la lectura avanza, el lector se va dando cuenta de que es libro es mucho más que una biografía y, me atrevería a decir, que solamente muy al final se puede hablar en puridad de ese término.
Gran parte del libro tiene como protagonistas a un conjunto de estadounidenses miembros en su mayoría del Partido Comunista y de la Brigada Lincoln, entre los que está William Aalto, ese descendiente de finlandeses que quiere biografiar Reverte. La guerra de España como telón de fondo y un rescate heroico como anécdota fundamental para presentar al protagonista.
Luego, las dificultades en el ejército durante la II Guerra Mundial por la homosexualidad de Aalto y, finalmente, lo que para mí constituye el fuerte del libro, los años en la Guerra Fría de un homosexual comunista abandonado por su partido por esa condición y perseguido por el FBI para que denuncie a sus antiguos compañeros.
Apasionante por momentos la aventura de este personaje que Reverte resume al final del libro de la siguiente manera:
 
 “El chico con glamour, el gigante tierno y encantador, el volcánico bebedor, el héroe de España, el poeta sensible cuyos poemas no se conocen, el teórico de la guerrilla, el homosexual abandonado por sus amigos los veteranos, el hombre capaz de resistirse a las presiones del FBI (…)”
 
En el fondo, la historia de un perdedor narrada de una forma magistral por alguien que se ha convertido en un magnífico contador de historias, con muy buena calidad literaria y un perfecto pulso narrativo.
Libro muy recomendable.
 
Jorge M. Reverte, Guerreros y traidores. De la guerra de España a la Guerra Fría
 

martes, 24 de septiembre de 2013

Un clásico sobre la Guerra civil




Se puede decir que era imperdonable que alguien que, como es mi caso, ha leído decenas de libros sobre la Guerra Civil entre ellos muchos de memorias, no hubiese leído éste. Tenía desde hace años la edición en catalán hecha en 1969, pero no me había animado a leerlo en esa lengua. Este años apareció esta edición en castellano y, al fin, lo he conseguido.
He de decir que no me ha defraudado aunque también es cierto que conociendo el tema tampoco me ha aportado muchas novedades.
El libro consta de tres partes. En la primera, narra su estancia en el frente de Aragón, en Huesca, en una unidad de las milicias del POUM; en la segunda, tras resultar herido, vuelve a Barcelona donde presencia los enfrentamientos de mayo del 37 y, en la tercera, explica en dos anexos su visión de la situación política del momento y los distintos conflictos.
A pesar de que no es la primera vez que leo relatos de participantes en una guerra, me ha gustado mucho la primera parte. Tiene interés porque ayuda también a comprender alguno de los porqués perdió la guerra el bando republicano. Lo mismo sucede con los anexos sobre todo con el primero.
Orwell es un buen narrador y también un buen analista. Teniendo en cuenta que escribió el libro unos meses después de suceder lo que en él se cuenta, tiene mucho mérito la acertada versión que da de los hechos y sus interpretaciones.
Tras su lectura he pensado que es una pena que desde el otro bando nadie fuera capaz de escribir textos así de críticos y, en este sentido, me ha recordado otro de los grandes libros de memorias en la misma línea de crítica como es la Guerra y vicisitudes de los españoles del socialista Julián Zugazagoitia (fusilado después por el bando franquista).
Libro muy recomendable para interesados en ese conflicto o en las guerras. en general
 
George Orwell, Homenaje a Cataluña

miércoles, 3 de abril de 2013

Pío Moa en estado puro

Una cita conmemorativa.
Título: “¿Quiénes perdieron el 1 de abril de 1939?"
Texto: “Este 1 de abril es el 74 aniversario de la victoria de los nacionales sobre el Frente Popular. Aunque el tópico, algo tonto como la mayoría de ellos, sostiene que la historia la escriben los vencedores, no siempre es así, ni mucho menos, y en el caso de la Guerra Civil española la han escrito sobre todo los vencidos (…) La victoria del 1 de abril lo fue, en definitiva, sobre una coalición de émulos de Stalin, marxistas revolucionarios, pistoleros anarquistas, racistas del PNV, golpistas diversos y separatistas”.
Pío Moa. La Gaceta, 1 de abril de 2013.
 
¡Qué gran historiador!¡Qué manejo de las fuentes!

miércoles, 13 de marzo de 2013

Memorias interesantes




Entretenidas memorias (crónica las denomina el autor) relatadas, además, de forma muy amena.Transcurren durante el exilio, la guerra civil y la República, y en ese mismo orden.
En mi caso el máximo interés proviene del hecho de que Planes fuese militante de Esquerra republicana, ya que he leído múltiples memorias de socialistas, comunistas y anarquistas, pero pocas de republicanos. Además, resultan curiosas sus andanzas por la Europa ocupada por los nazis, sus cruces de fronteras, las ayudas que recibe,…La parte que se desarrolla en España ofrece menos interés e, incluso, para quien tenga idea de cómo fue la guerra y la República, muchas páginas le sobrarán por perfectamente conocido lo que en ellas se cuenta. Quizás, una vez más, las andanzas entre Barcelona, Madrid y Andalucía durante la guerra sean lo más curioso.
Un libro, pues, que se lee con gusto, que no hace excesivas aportaciones y que se podría decir que está escrito con un cierto distanciamiento y, en algún momento, ciertos rasgos de humor.
Por otra parte, sorprende el hecho de que pudiera publicarse en catalán en 1967 aunque fuese muy censurado. La actual versión en castellano se ha hecho para esta edición y me ha llamado la atención el uso de palabras como: obscuridad o substancia.

Ferran Planes, El desbarajuste

miércoles, 28 de noviembre de 2012

La Memoria histórica como tema de una novela


 
No sabría decir de forma concluyente si se trata de una novela porque, aunque tiene muchos elementos para que así sea, algunas veces parece más un debate sobre el tema de la memoria histórica e incluso un artículo de opinión en un diario. Además, ha cargado las tintas contra alguno de sus personajes (esa odiosa profesora de universidad y militante en asociaciones de la memoria histórica) y alguna situación como la que constituye el verdadero leitmotiv de la novela no parezca muy verosímil.
A mí, a pesar de lo dicho y de alguna insuficiencia más, la obra me ha entretenido y, sobre todo, interesado porque el tema me parece importante y porque estoy muy de acuerdo con el tratamiento que de él hace Trapiello. De alguna manera me identifico bastante con ese Pepe Pestaña, verdadero trasunto del autor, en sus opiniones sobre la guerra civil y la memoria histórica. Obviamente el tema da para mucho y aquí simplemente apunto este acuerdo.
Quizás pueda aclarar algo el contenido de la novela lo que se dice en la página 278: "Hemos convertido los libros de Historia en una ficción, y ahora hemos de recurrir a la ficción para contar la historia. No deja de ser una paradoja. Al menos, nos quedan las novelas."
La verdad es que lo que he leído hasta ahora de Trapiello me ha gustado, sobre todo La malandanza. Dejo dos enlaces que me parecen sugerentes: el primero es una entrevista con el autor en el que habla sobre todo de su visión de la guerra civil, pero también de esta novela; el otro es una crítica con la que estoy de acuerdo, con algún matiz, hecha por un especialista.
 
Andrés Trapiello, Ayer no más

miércoles, 13 de junio de 2012

Mis autores favoritos XV: Manuel Chaves Nogales



















Desde que en 2006 cayó en mis manos A sangre y fuego, no he dejado pasar ningún libro de Chaves sin adquirirlo y leerlo inmediatamente. Este conjunto de relatos me parece, junto con los Días de llamas de Juan Iturralde, de lo mejor que se ha escrito sobre la guerra civil. El resto de la obra publicada de Chaves se compone de un conjunto de libros que abarcan diversos temas y formas: desde reportajes sobre los exiliados rusos en París a una biografía de Juan Belmonte, pasando por crónicas de la guerra civil. Como se ve se trata de un periodista de pura cepa y, al mismo tiempo, de un gran escritor. Debo decir que logró que alguien como yo, no solo al margen del mundo del toro sino desde hace un tiempo un antitaurino, se leyera con verdadero placer la mencionada biografía de Belmonte.
En esta serie de mis autores favoritos es el segundo periodista que aparece, pues ya lo hizo Kapuscinski. Son dos autores muy diferentes y de épocas muy distintas también, pero tienen en común su gusto por la buena escritura, el reportaje y la literatura.
Pongo a continuación unas palabras que sobre el autor ha escrito Andrés Trapiello y que sintetizan muy bien lo que quiero resaltar:
“En el corto espacio de tiempo de dieciséis años, de 1994 a 2010, Chaves ha pasado del anonimato a una gran notoriedad, consideración y aprecio indiscutibles merced al desvelo y cuidado también de unas pocas personas por entonces ( Abelardo Linares, sin la menor duda, Maribel Cintas, que preparó las obras completas y supongo que uno mismo), y luego de muchas más que se han ido sumando con un sentimiento de felicidad y asombro. Al fin y al cabo se trata de un gran autor, no de una curiosidad bibliográfica. Algo así no había ocurrido antes con ningún otro escritor, si no me falla la memoria, y ninguna historia de la literatura y del periodismo que se escribiera hoy podría no sólo no tener presente a Chaves sino no ponerlo en lugar eminente”.

En fin, no me queda más que recomendar encarecidamente la lectura de cualquiera de sus libros.

Interesante artículo de Manuel Vicent sobre Chaves publicado el 14 de julio de 2012.

jueves, 8 de marzo de 2012

Interesante "novela-biográfica"


Conocía a la autora a través de A veinte años, Luz, que me gustó mucho en su día tanto por su tema como por la forma de contarlo. Lo mismo me ha sucedido con La Capitana. Es una novela ,según la autora, aunque apoyada en multitud de documentos históricos. Constantes cambios espaciales (Madrid, Sigüenza, la sierra, París, Berlín, Buenos Aires…) y temporales (1936, 1937, años veinte, 1975, 1977,…), pero sin que en ningún momentos se pierda el hilo de la narración, tarea bastante difícil que Osorio resuelve de forma magnífica. La capitana fue una argentina-francesa que combatió en la Guerra de España lo que forma el núcleo principal de la novela y, en mi opinión, lo mejor de la misma. Sensibilidad, fluidez narrativa, pasión contenida - o no, en algunos momentos-, por la historia que cuenta, interés de los personajes, buen reflejo de momentos históricos,… No obstante, creo que tengo que poner un par de peros a la novela: el primero, ser demasiado hagiográfica; esa rendición incondicional de Osorio ante La Capitana hace que el lector no termine de creerse a veces al personaje y, en segundo lugar, la novela en alguna fase, sobre todo durante la estancia en Berlín, pierde carácter narrativo y se convierte más en un estudio ideológico-político.
En cualquier caso, una obra enteramente recomendable que, además, me va a llevar a la lectura de otros dos libros de la autora, nacida en Buenos Aires en 1952 para más señas.

Elsa Osorio, La Capitana

miércoles, 4 de enero de 2012

Otra vez Chaves Nogales a lo grande


Creía que ya lo había dicho todo de este gran periodista en entradas anteriores del blog al comentar sus libros. No es así, una vez más me sorprende. En este caso se trata de las “crónicas” sobre la defensa de Madrid en noviembre de 1936, y entrecomillo crónicas pues fueron escritas en 1938 para ser publicadas en un diario inglés y luego en Méjico. Sin embargo, parecen recoger lo que está sucediendo en ese mismo instante con la precisión y vivencia de todo lo que escribía Chaves. El gran protagonista a partir del que se desarrolla toda la trama en la mayoría de las crónicas es el general Miaja del que hace un extraordinario retrato. Como dice Muñoz Molina en el prólogo, él pensaba que con Barea y Max Aub estaba dicho todo sobre ese período y no es así. Efectivamente, creo que supera y con mucho a Barea, sobre todo por la calidad literaria.
Libro absolutamente recomendable para quien disfrute de la buena literatura y el periodismo.

Manuel Chaves Nogales, La defensa de Madrid

jueves, 8 de diciembre de 2011

Nuevo libro de Chaves Nogales

Para los adictos a este grandísimo escritor pongo el anuncio de la publicación de otro libro, recopilación de artículos sobre la defensa de Madrid, de Chaves.