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miércoles, 15 de abril de 2026

Hermosa historia

 

Hace poco más de un mes que leí Reliquia, el último libro publicado por el autor y por el que yo le he conocido. Que tan pronto vuelva sobre su obra es una señal de lo mucho que me gustó.

El que ahora comento no tiene nada que ver en sus temas con el anterior y yo diría que tampoco mucho con el estilo salvo en dos cosas: la buena escritura y la sensibilidad con la que trata a sus personajes.

Esta es una historia fundamentalmente de amistad, de la relación entre los dos protagonistas principales Rita y Líton, dos jóvenes de algo más de veinte años que viven separados, o en algunos momentos juntos, en la Colonia, el pueblo o la ciudad (así, en genérico, porque no hay mayores especificaciones de lugar como tampoco de tiempo; ni falta que hace, añadiría yo). Ambos tienen cada uno por su cuenta relaciones amorosas con Félix y René respectivamente, pero ninguna de estas fructifica ni dura demasiado. Por encima está esa amistad.

Hay también referencias a otros aspectos como el clima, la sequía o los incendios que dejan una sensación de un mal momento para la vida que, por otra parte, tampoco resulta fácil. Rita trabaja cosiendo en algún taller de confección y Líton está en el Servicio (militar aunque no se exprese de forma demasiado explícita) desde el que sale a apagar los incendios.

Ahora bien, la clave de la novela está en lo que plantea el autor en el siguiente fragmento:

“Ahora Rita le explica, mientras cruzan el puente -no hay río-, que la clave de los libros buenos es que saben escoger los hechos sin narrarlos, que no hace falta que cuenten gran cosa, si son buenos, pero que decir una verdad sin decirla es muy difícil: los gestos, la forma de mirarse, los pensamientos repentinos, la atmósfera de los sitios”. (p. 143)

Efectivamente, esta es la clave desde luego de este libro que, por otra parte y como se dice en el texto, es lo que lo hace bueno. En él no hay una narración lineal, no se cuentan demasiadas cosas de forma clara y explícita, pero sí que se sugieren multitud de ellas y, además, a través de la creación de una particular atmósfera tanto física como psicológica.

También es muy importante el carácter fragmentario del libro. Los sucesos aparecen sin orden cronológico, pero sin que por eso el lector se pierda y, además, narrados tanto en primera como en tercera persona por diferentes narradores incluyendo hasta fragmentos del diario de Rita cuando tenía doce años.

Decía antes que la amistad es el motor de la historia, pero también aparece el amor del que Líton hace esta interesante y muy acertada reflexión:

“También resulta que del amor puedes decir pocas cosas, cuando estás dentro, porque todo se nubla con el velo de la emoción, y pocas cosas, cuando sales porque todo se nubla con el velo de la tristeza. Y, al final, uno acaba por no decir nada. Y puede que sea mejor. Seguramente es mejor. Mientras tanto, conservo su nombre: René”. (p. 13)

Un libro que tiene momentos muy hermosos y otros, bastantes, que producen tristeza. Eso sí, siempre con una magnífica escritura y con gran sensibilidad.

Desde luego es un libro muy recomendable y que me anima a seguir conociendo la obra de este escritor catalán que no ha cumplido aún los treinta años y ya tiene una obra significativa.

Hay una buena y muy completa reseña de Marc Peig en unlibroaldia.blogspot.com

 

Pol Guasch, En las manos el paraíso quema. Traducción Carlos Mayor.

 

jueves, 5 de marzo de 2026

Buen descubrimiento

 

Solo conocía a este autor de nombre y por alguna reseña hecha por un gran seguidor suyo al que luego mencionaré. Aunque leo pocos libros escritos por autores españoles, me animó lo que la editorial cuenta en la contraportada y, por qué no decirlo, el hecho de que estaba escrito originalmente en catalán, lengua en la que, por cierto, al terminar la lectura me di cuenta de que es en la que debería haberlo leído, si bien me parece que está muy bien traducido.

Guasch es un joven escritor, nació en 1997, que cuenta ya con varios libros publicados tanto de narrativa como de poesía.

Su padre se suicidó en 2013 sin dejar ninguna nota y diez años después el autor decide escribir este libro intentando averiguar el porqué de tan grave decisión. Para ello establece un auténtico diálogo con el padre muerto en el que habla de su relación o de la falta de ella. También va alternando referencias a momentos de su infancia y juventud, a la relación entre sus padres, la llegada de sus hermanos (que son adoptados), a su primer amor, Valèria, a los veinte años, y a menudo a sus conversaciones con Berta, su amiga y confidente.

Junto a ello, y ocupando un espacio importante en el libro, refiere los casos de varios suicidas, principalmente del mundo de la literatura, buscando en ellos si dejaron o no notas explicativas que le pudieran ayudar a comprender lo hecho por su padre. Hay referencias entre otros a: Foster Wallace, Silvia Plath, Arthur Cravan, Michima o Dylan Thomas.

Como se ve, el tema es realmente apasionante, pero es que, además, Guasch es un magnífico escritor, con un lenguaje muy poético, gran sensibilidad, y una manera de ir mostrando los diferentes momentos y situaciones de forma gradual, diría que es como si quisiera que el lector le acompañara en su búsqueda. Del libro dice Colm Tóibin “Una fuerza hipnótica” (reproducido por la editorial en la contraportada). Y es que, efectivamente, el lector queda atrapado en la lectura de esa búsqueda y va pasando, al menos en mi caso, por diferentes estados de ánimo desde la emoción hasta la tristeza.

Aunque el tema de ambos libros no tenga nada que ver, leyéndolo me iba recordando el que leí recientemente de Mario Obrero, otro joven que también es poeta.

Un libro que me parece muy recomendable. Un tema muy interesante tratado con hondura, emoción y respeto.

Para terminar, reproduzco un fragmento bastante extenso porque creo que representa muy bien el contenido del libro:

“Me levanto antes de que salga el sol, cuando todos duermen, y empiezo a escribir. En la resina de los pinos, resplandece la luz del sol que sale. Muy despacio, el cielo se vuelve claro, pero primero es de un azul oscuro, después de un verde lacustre, de un amarillo mustio, como de final, y luego el cielo se vuelve claro. Te invoco al leerte. Tus correos electrónicos, tus cartas, las palabras que me dijiste y aún recuerdo. Te busco en otros lugares: repaso los diarios de mamá, desafío tus ojos en las fotografías, tecleo tu nombre en internet sabiendo que no queda ningún rastro de él. Pasaste por el mundo como un cometa que arde demasiado rápido. No faltan tantos años para que la gente que te quiso y te recuerda deje de existir. Cincuenta, sesenta, setenta años para que no quede nadie que llegaras a conocer sobre la Tierra.” (p. 134)

Hay una magnífica reseña de Marc Peig en unlibroaldia.blogspot.com. También ha reseñado los otros libros de Guasch del que es fiel seguidor.

 

Pol Guasch, Reliquia. Traducción Unai Velasco.