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martes, 7 de julio de 2015

Siguiendo los pasos del padre



 
Después de leer Unregalo de escritura, alcohol y supervivencia, la autobiografía del autor, cualquiera de sus novelas puede producir diferentes impresiones, pero desde luego no la de sorpresa.
En Mooch, Fante toma uno de los episodios de su vida y lo recrea de una forma magistral. Su trabajo como teleoperador, su alcoholismo, su “encoñamiento” (valga la expresión) por una mejicana, sus fracasos, pero también su gran sensibilidad y sus ganas de cambiar de vida. (De hecho se convirtió en escritor, como cuenta en la autobiografía mencionada, cuando harto de su vida volvió a la casa materna y se puso a escribir).
El protagonista se llama Bruno Fante y su padre, al que dedica más de una referencia en forma de homenaje, Jonathan Fante. ¿Hace falta más concreción?
Unos diálogos extraordinariamente construidos, una narración en la que en ningún momento se pierde el pulso, unos buenos personajes tanto protagonistas como secundarios, una fuerte carga crítica sobre el trabajo tal y como se entiende en los Estados Unidos; con estos materiales construye Fante una novela que se lee de un tirón, que es difícil dejar como no sea para ir al baño. Además, a pesar de su crudeza, hay un par de momentos en los que a mí me ha emocionado el comportamiento del protagonista.
Evidentemente, es difícil no ver en este escritor la huella de dos grandes: John Fante y Charles Bukowski. Del primero, por la forma de construir la historia y contarla, y del segundo, por la sinceridad e incluso la dureza de algunos momentos, valga como ejemplo el siguiente fragmento: Revolver la ensalada es una pasatiempo carcelario en el que el voluntario debe lamer la comida –palomitas o cacahuetes- del ojete del otro preso, y después chuparle la polla. El aliño de la ensalada es el semen. El maestro de escuela recibió una buena cantidad de puñetazos en la cabeza hasta que se convenció de que debía lamer toda la sangre y el aliño del suelo de cemento de la cárcel.” (p.148)
No obstante, se trata solo de influencias porque creo que Dan Fante consigue establecer su propio mundo y su propia escritura.
Lectura muy recomendable como lo es también leer este libro antes de hacerlo con su autobiografía porque así puede resultar más sorprendente y novedoso.
Un buen comentario en el blog lalibrería de Javier.com.
 
Dan Fante, Mooch

martes, 31 de marzo de 2015

Memorias del exceso




 

Memorias de una vida plagada de excesos hasta más o menos los años noventa cuando Dan, después de arruinarse por enésima vez y con 47 años,  vuelve a casa de su madre donde al fin encontrará una cierta paz y comenzará su carrera de escritor siguiendo los pasos de su padre.
Duras de leer en bastantes momentos pero tiernas en otros, estas memorias nos muestran hasta dónde puede destruir a una persona el alcohol. De hecho, las tres desintoxicaciones que cuenta me han parecido lo más duro de leer. Consistían en alquilar una habitación de hotel y recluirse en ella sin más compañía que una pocas bolsas de Fritos y el agua del grifo; así pasaba una semana hasta que el mono desaparecía tras las convulsiones, pesadillas y visiones horribles (serpientes, cucarachas, cualquier tipo de bicho) correspondientes.(La lectura de esas páginas me han traído a la memoria imágenes de esa gran película sobre el alcoholismo que es Días de vino y rosas). Eso sí, pasado un cierto tiempo volvía a la bebida. Comenta al principio, en lo que es seguramente una exageración, que su primera borrachera la cogió a los cuatro años tras beberse dos botellas de cervezas que habían dejado a su alcance. También cuenta al principio cómo su hermano pequeño se negó a hablar hasta que tuvo siete años. Una familia, pues, un tanto especial.
El libro está escrito con una gran capacidad narrativa, sin pausas, sin grandes descripciones, yendo al grano y contando muy bien sus diferentes trabajos, mujeres y, claro, por encima de todo, su relación con la bebida y el sexo. Tampoco tiene ningún pudor en relatar determinadas experiencias.
Adereza también el texto con alguna anécdota graciosa como por ejemplo un par de ellas con el escritor William Saroyan. Las páginas que dedica a su trabajo como teleoperador me parecen de lo mejor de un libro en el que todo merece la pena.
Como admirador de la obra de su padre, John Fante, al que lógicamente dedica bastantes páginas del libro, me han gustado particularmente los dos fragmentos que pongo a continuación: el primero por ser una espléndida síntesis y el segundo por su reconocimiento del padre después de una relación bastante tortuosa:
 
“Aquello era el mejor John Fante: ironía y humor agridulce, todo ello en una prosa sobria y de lectura sencilla” (p.262)
 
“Mi padre, el hombre al que más quise en el mundo, que se negó a rebajarse ante nadie, el hombre que me había mostrado con el ejemplo lo que era un verdadero artista, se había ido. Después de treinta accidentados años, habíamos logrado establecer una relación de afecto entre padre e hijo. El regalo que me hizo John Fante fue su ambición, su brillantez y su corazón puro de escritor. Se había iniciado en la vida con un padre borracho que se aborrecía a sí mismo, y había salido del infierno de la pobreza y la discriminación.(…) John Fante era mi héroe.” (p.362)
 
También, y como ejemplo del tipo de vida de Dan  podría servir el siguiente fragmento: 
 
 “En el trabajo el problema era yo. Bebía poco menos que de continuo, y me cagaba o me meaba en la cama al menos dos veces por semana. Tenía episodios de pérdida de memoria. Era incapaz de controlar mi genio mientras dirigía la empresa durante el día, y a veces gritaba a los clientes por teléfono.” (p.309)
 
Así pues, un libro muy recomendable para cualquiera e ineludible para los seguidores de John Fante.
 
Dan Fante, Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia