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jueves, 1 de mayo de 2025

Ajuste de cuentas

 

Tengo que empezar este comentario con algo de mi historia personal. Fui apoderado de Podemos en las dos primeras elecciones en las que se presentó (en la tercera estaba enfermo). Apoyé con créditos personales y alguna subvención que luego mantuve mensualmente durante un par de años. El responsable de mi compromiso fue Pablo Iglesias y sus intervenciones en la televisión; también lo fue de mi posterior abandono del partido. “¿Cuándo se jodió el Perú?” Esa es otra historia que ahora no toca.

El libro está dividido en 19 capítulos. Todos comienzan con una introducción del tema que van a tratar hecha por Irene Zugasti, una periodista y politóloga que tuvo cargos en el Ministerio de Igualdad y actualmente participa en Canal Red, que es, además, la que mantiene con Iglesias las conversaciones que componen el libro en el que las intervenciones de este se recogen, sin solución de continuidad, en la segunda parte de cada capítulo. Se pretende con esta forma narrativa que las ideas sean más claras y la lectura más ágil.

Hay capítulos dedicados a un solo personaje como, por ejemplo, entre otros: Antonio García Ferreras, Felipe VI, Felipe González o Pedro Vallín. Otros se centran en una serie de temas como pueden ser: los jueces, las redes sociales o el rojipardismo, en los que, evidentemente, también aparecen multitud de personajes.

Lógicamente es muy difícil resumir y comentar el contenido de un libro como este y tampoco tendría mucho sentido. Cada capítulo merece su comentario, así que lo haré de los que me han llamado más la atención.

Hay varios capítulos y varias ideas en las estoy totalmente de acuerdo con el autor. Así, en su visión de algunos jueces y sus actuaciones políticas, en sus críticas a gente como Victoria Prego, Ana Rosa Quintana, Pablo Motos o Juan Luis Cebrián, por citar solo a algunos. Pero por encima de todo comparto plenamente la idea que atraviesa todo el libro sobre la importancia política de los medios de comunicación que puede quedar resumida en esta frase: “La batalla cultural se hace desde la comunicación”.

La creación de espacios como La Base y actualmente Canal Red muestran el valor que le da Iglesias a este tema. Tengo que decir que hace muchos años que tengo esa misma idea gracias a mis lecturas de Ignacio Ramonet y Pascual Serrano.

Por otro lado, hay sin embargo otros planteamientos con los que estoy en completo desacuerdo como, por ejemplo, en sus críticas a quienes trabajan en medios que no le gustan o que directamente detesta, sin entender, en mi opinión, que también en ellos se puede dar la batalla cultural y, me atrevería a decir, que incluso mejor porque llegan a un público más amplio y no al de los ya convencidos.

Tampoco me gusta la forma de “saldar cuentas pendientes” con gente como Pedro Vallin o Daniel Bernabé. Por cierto que a este le mete en el grupo de los rojipardos en el que no aparece el nombre de Manuel Monereo que es para autores como Steven Forti, quizá uno de los mejores conocedores del tema, el principal representante en España de esa tendencia.

Finalmente, tampoco creo que el subtítulo del libro se ajuste a la realidad. La derechización es algo que se está produciendo en toda Europa y no sé si en todos esos países hay un grupo de “progres” (en la terminología del autor) que la estén propiciando. Es algo bastante más complejo e Iglesias, que otra cosa no será, pero inteligente lo es un rato, lo sabe perfectamente.

Para terminar el comentario un par de cosas más. No creo que la utilización de “se dice” o “cuentan en Córdoba” sea demasiado correcta porque no deja de ser caer en lo mismo que se está criticando. Tampoco me parece demasiado acertada, aunque pueda entenderla, la constante mención de Irene Montero en frases como, por ejemplo, “Para este tipo de personajes, el feminismo, lo que representan gente como Irene Montero…”, en las que podría elegir muchos otros nombres.

Quedan muchos temas y personajes fuera del comentario, pero ya se ha hecho demasiado extenso.

En general, es un texto interesante para conocer mejor a uno de los políticos más relevantes de los últimos tiempos. Además, se lee con extrema facilidad y, por qué no decirlo, tiene hasta su morbo para ver con quién se mete y de qué manera lo hace.

Como resumen, y volviendo a lo que decía al inicio del comentario, su lectura no ha hecho sino confirmar lo que me llevó a la salida de Podemos.

 

 

Pablo Iglesias, Enemigos íntimos. Cómo entender la derechización de España a través de sus personajes clave.

 

 

 

domingo, 5 de enero de 2025

Sobre arte y fotoperiodismo

 


Este es el número 9 ya de la magnífica colección que está editando la Revista 5W con diálogos entre periodistas. En ella han participado ya desde Ramón Lobo a Martín Caparrós, pasando por Leila Guerriero y Miquel Ayestaran, es decir, prácticamente todos o la inmensa mayoría de los mejores reporteros y cronistas de la actualidad.

Los que conversan en este libro no solo son totalmente desconocidos para mí, sino que incluso, en el caso de Abril, desconozco el tipo de trabajo artístico que hace, lo que es un lástima porque eso me lleva a no entender más de una de sus, seguro que interesantes, reflexiones.

En el libro dialogan sobre el uso de la fotografía para contar el mundo, sobre la necesidad de cambiar la mirada: de las víctimas a las estructuras de poder, sobre diferentes experiencias viajeras, sobre fronteras, migraciones o misoginia y, en el último capítulo, para mí el más interesante, sobre la importancia de la historia, del tema, la idea, el concepto.

Aunque el libro es poco extenso, apenas 140 páginas, hay muchas reflexiones interesantes, muchas experiencias vividas, muchas ilusiones puestas en sus diferentes trabajos y también momentos para la autocrítica como se puede apreciar, por ejemplo, en el siguiente fragmento:

“¿Qué podemos hacer para cambiar las cosas? En Sonda planteamos prestar atención al periodismo de soluciones, que creo que a veces se malinterpreta como si se tratara de proponer soluciones, cuando de lo que trata es de dar más cobertura a las cosas que sí funcionan. Nos centramos siempre en lo malo, en lo que no funciona: en la crisis, en la catástrofe, en la víctima… Tiene lógica que lo hagamos, pero hay cosas que funcionan y hay que visibilizarlas para que se conozcan. Hay científicos, universidades, organizaciones, equipos de investigación, desarrollando proyectos que pueden aportar soluciones a problemáticas concretas, y creo que debemos prestarles atención”. (p. 46)

Por lo que antes comentaba, me entero más de las cosas que cuenta Palacios, aunque tampoco soy un gran seguidor del fotoperiodismo y no suelo prestar demasiada atención a las imágenes. Eso sí, me identifico totalmente con la siguiente afirmación de Abril:

“Yo sí me siento saturada. No puedo consumir más información dramática en mi vida”. (p. 56)

En fin, un texto que merece la pena leer, sobre todo si se es aficionado al periodismo en cualquiera de sus formatos.

Hay una breve pero útil reseña de Emma García en photolari.com

 

Laia Abril y Santi Palacios, Leer las imágenes.

 

jueves, 9 de mayo de 2024

Un debate ilustrado


El periodista Pedro Vallín ya ha aparecido dos veces en el blog al comentar dos de sus libros. Es alguien a quien sigo en las redes con interés. A Javier Gomá, escritor y director de la Fundación Juan March, no lo conocía más que por alguna referencia hecha precisamente por Vallín. Juntos han dedicado varias horas a conversar sobre el momento que atraviesa la democracia liberal y, sin que me haya quedado clara la forma de concreta de hacerlo, dejan constancia de ello en este libro.

A lo largo de sus 170 páginas, que resumen cinco citas en diferentes cafeterías de Madrid, ambos reflexionan más que debaten sobre el tema mencionado. Sin entrar en el detalle puedo decir que salen a colación subtemas como: Idealismo, progreso y reformismo; optimismo ante el progreso a largo plazo; la crisis de las ideologías y las crisis de sentido como una de las causas del malestar actual; el malhumor digital y la ambivalencia de las máquinas; la importancia de la televisión en el malhumor; y un largo etcétera.

Realmente es un libro para leer y, sobre todo, releer algunos apartados. También para debatir con uno mismo, es decir, poner en cuestión algunas ideas e incluso llegar a cambiarlas. Tienen ambos contertulios (con perdón) una gran capacidad de dejar reflexiones interesantes y de poner el dedo en la llaga de los principales problemas a los que se enfrenta nuestra sociedad desde el punto de vista político y me atrevería a decir que cultural.

Puedo decir que, siendo sincero, tras la lectura del libro soy bastante más liberal que antes; estoy dispuesto a cuestionar más cosas que antes y también a creerme algunas menos. Si esto es lo que pretendían con el libro, tengo que decir que conmigo lo han conseguido.

Dejo a continuación algunos fragmentos que están entre los más relevantes del texto:

En una de sus intervenciones Gomá cita esta frase de Isaiah Berlin:

“Darse cuenta de la relativa validez de las convicciones propias y, no obstante, defenderlas resueltamente es lo que distingue a un hombre civilizado de un bárbaro”

Luego él continúa:

“La democracia deja insatisfechos a los absolutistas que anhelan de las instituciones públicas salvación, redención, felicidad. Estos anhelos son legítimos dentro del corazón, en la esfera privada, pero no en política”. (p. 76)

Otros dos que se complementan, también de Gomá, me parecen fundamentales:

 “La democracia solo subsistirá si los ciudadanos demuestran la madurez moral de soportar la imperfección de su régimen y se esfuerzan por mejorarlo sin sucumbir a la tentación de cambiarlo por otro supuestamente más perfecto”. (p. 116)

“Las doctrinas de salvación cambian la fraseología de la reforma por la de la revolución. Y en una democracia liberal, a diferencia de los demás regímenes políticos del pasado, la revolución es siempre, siempre, ilegítima”. (p. 89)

Desde otro punto de vista me ha gustado especialmente esta de Vallín:

Ese amor a una imagen congelada y pretérita del mundo, que se ve mucho en gente inteligente al cumplir años, es una artrosis de tu articulación con el mundo, y solo genera frustración y malhumor, nostalgia e irritación. Madurar seguramente sea dejar de exigir verdades últimas”. (p. 148-149) (No creo que haga falta mucha imaginación para encontrar ejemplos)

En fin, un libro al que merece la pena dedicar un tiempo. Hay mucho material para repensar aspectos importantes de nuestra realidad y da gusto también leer cosas bien escritas y ver conversar a dos personas inteligentes y con buen sentido del humor, claro que, aunque vivan en ese Madrid cada día más encanallado, se trata de un asturiano y un bilbaíno.

 

Javier Gomá y Pedro Vallín, Verdades penúltimas.

 

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Conversación con una premio Nobel




Este libro lo compré por error pues al tener un título tan largo lo confundí con otro de la autora (que ahora también tengo). Ha sido un error afortunado porque merece la pena.
El libro recoge una larga conversación con Angelika Klammer en la que hablan de varios aspectos de la vida de Müller desde su infancia en un pueblo de la zona de habla alemana de Rumanía, a su juventud de estudiante en Timisoara, su posterior trabajo en una fábrica y su dedicación a la literatura que le permitió irse a vivir a Alemania en 1987.
La parte más sustanciosa del libro son todas las cosas que cuenta y todas las reflexiones que hace sobre el régimen comunista de Rumanía y la persecución que sufrió por parte de los Servicios Secretos, la desgraciadamente famosa Securitate. Müller es enormemente crítica con ese régimen. Dos muestras de lo que opina:

“El socialismo, como también su última fase posestalinista, nunca dejó de ser nacionalista, conservador hasta lo rancio, burdo y reprimido. Y hostil hacia las personas, pero no solo por motivos ideológicos, sino por la burricie de sus funcionarios. La mezcla de incompetencia y poder es terrible. Detrás de la puerta de cada despacho oficial había un cero a la izquierda vestido de domingo, con su insignia del Partido en la solapa, su enorme sello de oro y su tono despótico en la boca. El prototipo de funcionario socialista era realmente asqueroso de la cabeza a los pies” (p. 56-57)

“La única rama de la economía que resultó productiva en el socialismo fue la producción de miedo.” (p. 118)

Pero hay más cosas interesantes en el libro. Así, sus reflexiones sobre lo que implica pegar a los niños (ella sufrió mucho por ello); también llama la atención lo que cuenta sobre la lengua en el sentido de que en su pueblo el rumano se estudiaba como lengua extranjera ya que prácticamente todos eran de habla alemana; impacta la gran caracterización que hace de los interrogadores/maltratadores y, sobre todo, la postura de dignidad que mantuvo la autora negándose a colaborar con los Servicios Secretos a pesar de las nefastas consecuencias que tuvo para ella.
La conversación va fluyendo de manera muy natural y tratando muchos temas de los que solo he destacado algunos. Es una persona realmente interesante y que se expresa con mucha sinceridad y precisión. El único libro que había leído de ella es, precisamente, el primero, En tierras bajas,  que escribió a la edad de 22 años y el primero que se publicó fuera de Rumanía; reconozco que no me gustó demasiado, pero a partir de ahora tendré más contacto con su obra.
 Alberto Gordo hace un buen comentario en elcultural.com.



Herta Müller, Mi patria era una semilla de manzana, Traducción del alemán de Isabel García Adánez