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martes, 17 de mayo de 2016

Una historia de alumnos y profesores



Publicada en 1930 cuando su autor tenía 22 años, esta novela tiene que tener mucho de autobiográfico. Dice en una nota al comienzo que la escribió en 1929 en cuyo invierno y en solo una semana tuvo noticia de diez suicidios de estudiantes.
El protagonista, Kurt Gerber, está en el último curso de bachillerato pero tiene graves problemas con Kupfer,  el profesor de matemáticas del que se dice en la novela que:

“Cuando ordenaba, era obedecido. Cuando llamaba, era respondido. Cuando decía: ”¡Silencio!”, se hacía el silencio. Cuando hablaba, lo rodeaba un halo de resplandeciente autoridad y de reluciente perfección. El Dios Kupfer.” (p.23)

Parte de la trama estará dedicada a describir el comportamiento de este profesor y de otros del mismo centro así como la respuesta que dan los alumnos. No tiene el autor muy buena opinión del trabajo de los profesores de los que llega afirmar:

“¿Quién merecía escuchar esas palabras ásperas, pronunciadas con seguridad y gravedad: ”Eres insuficiente”? ¿Quién había otorgado a los miembros del profesorado el derecho a clasificar a seres humanos a lo largo de tantos siglos, a tomar una decisión única e irrevocable que empuja a uno hacia un futuro adonde se dirigirá con paso firma, convencido de que nada puede ocurrirle, mientras que el otro se derrumba y se agacha, náufrago en una isla desierta. Rodeado por el murmullo del mar de la desolación….? (…)
Pero ¿quién valora las aptitudes? ¡Sólo usted, señor profesor! Y quién  sabe qué decisión habría tomado usted, señor profesor, si ese día hubiera optado por la clemencia, hubiera solucionado su estreñimiento o su esposa no le hubiera traído el café quemado.” (p.188)

Como ha sido profesor durante veinticinco años, puedo compartir alguna de las críticas que hace aunque creo que solo una minoría de los profesionales se puede incluir entre los criticados.
También dedica muchas páginas, que en mi opinión son las menos afortunadas, a la en el fondo frustrante relación del protagonista con Lisa, una alumna que abandonó los estudios el año anterior.
Hasta aquí el tema o temas de la novela. Su desarrollo resulta enormemente irregular y junto a capítulos interesantes y bien construidos, hay otros de los que no queda muy clara su función en la historia. Me figuro que en parte se debe a la gran juventud del autor y a que, además, está escribiendo prácticamente al mismo tiempo que está viviendo alguna de esas situaciones.
Aunque en ningún momento he sentido la tentación de abandonar su lectura, sí que es cierto que tampoco cogía el libro con demasiada ilusión. Hay fragmentos que me han gustado mucho, principalmente aquellos que se desarrollan en el centro escolar, y otros, sobre todo los que tienen que ver con la historia amorosa, que he leído por encima.
Del mismo autor leí hace una par de años un magnífico y divertidísimo libro de anécdotas que está comentado también en el blog y que demuestra que superó felizmente los problemas de juventud.



Friedrich Torberg, El alumno Gerber

jueves, 12 de junio de 2014

Muy curioso y entretenido




Qué gusto da encontrarse con gente como el autor de este libro; alguien que he vivido la Centroeuropa de los treinta en los ambientes literarios y que sabe contar tan bien  lo que vio y oyó o lo que otros le contaron.
Un libro de anécdotas como reza el subtítulo sí, pero algo más, un trozo de vida de ese rincón del mundo al que tan aficionado literario soy en unos momentos bastante delicados –ascensión y dominio del nazismo- teniendo en cuenta que la gran mayoría de los personajes que aparecen en el libro como protagonistas o como contadores de las anécdotas eran judíos.
Viena, Praga o Karlovy Vary en la zona o Zúrich, París y Hollywood lugares donde se produjo la emigración; los rabinos, las comidas, el juego, los veraneos, los periódicos, los cafés, los abogados y, por supuesto, los escritores tanto de narrativa como de poesía o dramaturgia, todos como protagonistas de la multitud de cosas que se cuentan en el libro.
Me he reído a carcajadas en algunos momentos y sonreído en muchos otros, aunque sé que me he perdido matices, a pesar de la magnífica traducción y de las notas del propio traductor, pues hay bastantes juegos de palabras y algunos son intraducibles.
Muy recomendable para pasar un buen rato y conocer cosas curiosas de gente de la que hemos oído hablar más de una vez. Por ejemplo, sale en diversos momentos Franz Welfer que apareció en el blog, ¡como nuevo descubrimiento mío!, hace unos días.
 
Friedrich Torberg, La tía Jolesch, o la decadencia de Occidente en anécdotas