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miércoles, 4 de junio de 2025

Una crítica necesaria

 

El autor es director, y uno de los creadores, de la Revista 5W, una magnífica revista a la que estoy suscrito hace ya tiempo y en la que se tratan con la profundidad que merecen muchos de los principales problemas de la comunidad internacional. Entre los fundadores están también periodistas de la talla de Mikel Ayestaran o Xavier Aldekoa cuyos libros he comentado en este blog.

Morales, como se explicita en el subtítulo, escribe este libro para denunciar el diferente trato que se dispensa a las víctimas de los diferentes conflictos que hay o ha habido recientemente en el mundo. Para ello se centra casi exclusivamente en los de Ucrania y Afganistán.

Los diferentes capítulos del libro están divididos en dos partes. En la primera se reproduce o escribe de nuevo una crónica de lo que sucede o ha sucedido en ambos países. En la segunda hay una reflexión sobre lo que significa lo contado y las implicaciones y conclusiones que se pueden sacar de ello.

Ambas partes tienen enorme interés porque, además, si en la primera utiliza a menudo entrevistas con personas que están en el trance de huir y de convertirse en refugiados, en la segunda no se corta a la hora de criticar la postura que toman los países occidentales y su carácter discriminatorio.

Resulta un libro duro de leer en muchos momentos tanto por algunas de las situaciones que describe, como porque el lector se siente interpelado al darse cuenta de lo poco que solemos hacer para intentar que las cosas se hagan de una manera más justa y equitativa.

El siguiente fragmento es un buen ejemplo:

“(…) Ucrania ha demostrado algo importante: que es posible asistir a millones de personas en pocas semanas sin que la economía o los servicios públicos se vengan abajo. La solidaridad, pues, no es materialmente imposible, sino que es políticamente selectiva.” (p.44)

En otro momento escribe:

“El mundo, en realidad, es capaz de dar asistencia a decenas e incluso centenares de millones de personas si lo necesitan: solo falta voluntad política.” (p. 110)

Creo que aquí comete un error al hablar de falta de voluntad política o, en cualquier caso, al no aclarar qué quiere decir con eso. Digo que es un error porque la falta de voluntad no es de los políticos sino, desgraciadamente, de la mayoría de la ciudadanía de los países del “occidente cristiano” que no ve necesario asistir a los refugiados, salvo si estos son como nosotros.

En fin, un libro no solo muy interesante sino también muy necesario en estos momentos. Además, está muy bien escrito, de forma muy clara y con gran agilidad narrativa.

Nota poco importante: Es un placer que mi vuelta a la lectura haya sido con este texto y también que sea el primero que comento en el blog después de varias semanas.

 

Agus Morales, La hipocresía solidaria. Por qué unas víctimas importan menos que otras: una crónica de Afganistán y Ucrania.

 

viernes, 1 de octubre de 2021

Un libro necesario


No se me ocurre mejor forma de iniciar mi comentario que tomando prestado este fragmento de la reseña hecha por El Libro Durmiente en reeditor.com: 

Las trincheras de la esperanza es más que un libro. Es un azote a las conciencias, un chute de horror, lleno de relatos de personas rotas por fuera y por dentro. Cuando crees haber leído algo terrorífico, el siguiente capítulo hace boom y te revienta con otro drama. Y cuando el estómago amaga con revolverse, Pampliega busca la magia y la encuentra con víctimas que se levantan con sus prótesis. Como pueden. Pegan codazos en la pared del mundo por una salida. Y en casi todas, está Alberto Cairo”. 

Aquí están, magníficamente resumidos, todos los puntos clave de un libro que a lo largo de sus 26 capítulos nos ofrece un panorama muy completo del horror que ha padecido ese país. Prácticamente en todos hay un protagonista con problemas físicos o psicológicos. Así, alguien sin las dos piernas y un brazo; a otro le faltan la mano derecha y el pie izquierdo; hay una niña de 7 años sin una pierna; otros con parálisis cerebral; hay adictos al opio; no faltan los pacientes en un hospital de quemados; y, por si esto fuera poco, hay un capítulo de una gran dureza dedicado a un centro para enfermos mentales con condiciones infrahumanas y del que el gobierno no quiere saber nada.

¿Qué tienen todos en común? La presencia del fisioterapeuta italiano Alberto Cairo que lleva 28 años en Afganistán trabajando para la Cruz Roja y haciendo una labor de la que Pampliega da unos datos realmente apabullantes. Un Cairo que no solo lleva todo el tema de las prótesis del hospital de Kabul, sino que ha ido logrando que se crearan otros centros especializados en otros lugares del país.

El periodista estuvo un mes en Afganistán y recorrió diferentes lugares como Helmand en el sur, donde se entrevistó con drogadictos, Herat donde visitó el centro en el que están los enfermos mentales y, desde luego, Kabul en cuyo hospital de la Cruz Roja trabaja Cairo y desde allí proyecta la atención a los diferentes colectivos con problemas.

Pampliega escribe para llamar la atención sobre un país y unas situaciones realmente dramáticas en la mayoría de los casos. Unas situaciones que están sucediendo ahora mismo porque lo que cuenta es de hace apenas tres años y, además, muchas cosas habrán empeorado tras la reciente victoria de los talibanes. Esa llamada de atención tiene un componente emocional muy grande y el libro conmueve en todas sus historias y en todas sus páginas. Hay algunas historias que acaban mejor que otras, pero en todas ellas hay mucho sufrimiento de partida. Quienes lo superan, y hay muchos casos en el libro, llegan a lograr una vida relativamente buena aunque, no sé si será solo casualidad, la mayoría de ellos trabajan actualmente para la Cruz Roja, es decir, no sé qué pasará con los cientos y cientos que circulan con sus prótesis en un país como Afganistán.

Pampliega no escribe apenas sobre la situación política que se encuentra, pero cuando lo hace deja fragmentos tan claros y contundentes como el siguiente: 

“Desde la caída de los talibanes se ha protegido a los corruptos, se han dado puestos de responsabilidad a despiadados genocidas y se utiliza lo peorcito de cada casa para que vele por los intereses de aquellos que se lucran con el tráfico de drogas”. (p. 203) 

Por otra parte, las mujeres son muy protagonistas del libro, tanto porque hay bastantes entre los personajes entrevistados, como porque se dan informaciones interesantes y significativas como, por poner solo dos ejemplos, el dato de que es el único país del mundo en que se suicidan más mujeres que hombres o el de que la edad de las mujeres en el 50% de los matrimonios es de menos de 16 años.

También es de una mujer, más concretamente Nilofar, la capitana de la selección nacional de baloncesto en silla de ruedas, la siguiente afirmación:

 “Sé que podemos cambiar nuestro país. Costará. Será con esfuerzo y tesón de generaciones y generaciones. Paro cambiaremos la situación. Las mujeres somos el futuro de este país. Los hombres lo han llevado a la ruina y nosotras lo levantaremos”. (p.313)

Ojalá se cumpla aunque el presente no apunta precisamente en esa dirección.

En fin, un libro necesario, intenso, duro en muchos momentos, exigente para el lector, conmovedor,… Un libro que hay que agradecer a su autor.

 

Antonio Pampliega, Las trincheras de la esperanza. Alberto Cairo: el hombre que reconstruye vidas en Afganistán.

 

 

 

 

 

jueves, 18 de junio de 2020

Afganistán más allá del conflicto




Inicia Guallar el libro con una nota sorprendente pues cuenta que: “El original del libro, las copias digitales, así como la mayoría de las libretas, notas y material acumulado durante diez años para su redacción se quemaron en un incendio el 29 de mayo de 2018…(..)
Lo que viene a continuación es producto de la memoria y de los restos del naufragio; lo poco que sobrevivió al fuego y lo que he podido rescatar a través de amigos, conocidos y cajas varias que se quedaron en el camino …” (p. 13)
Al leerla lo primero que me pregunté es qué me iba a encontrar entonces en un libro de más de 400 páginas. Si sorprendente fue la información de la nota, más lo ha sido la lectura de este, por tantas razones, magnífico libro. Parece que uno se espera que un texto sobre Afganistán, ese país del  que siempre que tenemos noticia es por algún atentado o enfrentamiento armado, trate sobre la situación política y/o geopolítica de la zona, sobre la evolución económica, etc. Sin embargo, a pesar de su extensión, en el libro esos temas solo aparecen muy de vez en cuando y más como contexto y fondo de las historias que como tema principal.
Guallar ha dividido el libro en cuatro partes que se corresponden con sus cuatro estancias  en el país entre 2008 y 2018. Estancias en las que, además, ha trabajado para empresas  e instituciones muy diversas que van desde el Round Group al principio (aquí tiene un excelente capítulo dedicado a su jefe en esta peculiar empresa), al diario El Mundo en la parte final, pasando por la UNESCO o la OTAN. Esta variedad de “patrones” le ha permitido asistir a multitud de acontecimientos y situaciones que son lo que narra en un libro que está compuesto por un conjunto de reportajes y crónicas sobre los más variados temas como, por ejemplo: el posible origen del nombre de Kabul, la geografía de Afganistán, lo que hace una patrulla en la carretera de la muerte, el funcionamiento de una escuela rural, las sensaciones que se producen cuando hay un terremoto o cómo se siente un extranjero cuando es detenido y llevado a una comisaría de policía (algo que le sucedió durante su segunda estancia). Esto y muchísimo más pues el libro tiene 29 capítulos.
Además de la variedad de temas me gustaría destacar, por un lado, la honestidad del periodista que le lleva a hacer más de una autocrítica y, por otro, la crítica que hace también en varios momentos tanto de los organismos internacionales como de la actuación de algunas ONGs.
Guallar funciona por libre lo que le facilita también la elección de para quién trabajar y qué temas elegir según con quién lo haga. De ahí esa variedad a la que me he referido ya más de una vez y también el tratamiento dado a temas muy comprometidos, y más en concreto a dos: los niños prostituidos por el ejército y la policía o el terrible capítulo dedicado a la venta de menores para el matrimonio en el que se explica muy bien cuál es la situación de la mujer con algunos ejemplos reales que resultan escalofriantes y difíciles de leer. En este sentido, llama mucho la atención la cifra que da de 11.000 suicidios en los nueve primeros meses de 2016, la mayoría de mujeres víctimas de matrimonios forzados. Por cierto, todo ello en un país en el que los talibanes están luchando por volver al poder, es decir, en una teórica democracia.
Otro capítulo realmente interesante es aquel en el que el autor va incrustado en una patrulla del ejército estadounidense y hace un relato muy visual de la experiencia y aclara bastante bien cuál es el papel de ese ejército en el conflicto.
En fin, esto es solo una pequeña muestra de lo mucho que se puede encontrar el lector en este excelente trabajo que tiene también la virtud de una buena escritura a pesar de que Guallar se declara sobre todo como fabricante de imágenes. De hecho a esto se dedicó en varios de sus trabajos sobre todo al principio. En este sentido, es una pena que no se acompañe la edición de fotografías, pero se perderían en el incendio.
Un libro muy recomendable porque ayuda a comprender mejor una sociedad tan compleja como la afgana de la que solo se tienen noticias muy fragmentarias y muy de vez en cuando, y también porque hace pensar sobre el papel que jugamos los occidentales en zonas y situaciones tan alejadas de nosotros.
Hay una interesante entrevista de Edurne Concejo en lavanguardia.com

Amador guallar, En la tierra de Caín. Viaje al corazón de las tinieblas de Afganistán.