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miércoles, 15 de diciembre de 2021

La revolución egipcia



Al Aswani es un gran narrador, un gran contador de historias. Yo lo conocí por su magnífico libro El edificio Yacobián y luego también por el conjunto, un tanto irregular,  de relatos reunidos en Deseo de ser egipcio. En el que hoy comento se enfrenta nada más y nada menos que a la revolución que tuvo lugar en marzo de 2011 con epicentro en la cairota plaza Tahir. Utiliza para ello, una vez más, el carácter coral de otros libros, en este caso a través de un variado conjunto de personajes como: dos jóvenes estudiantes de medicina de muy diferente extracción social;  una profesora de inglés que da clases en un colegio; un ingeniero que trabaja en una fábrica con problemas en la que se inicia una huelga; un general con un papel muy destacado en la represión; un importante clérigo que también destaca por su riqueza; un escritor y actor en pequeños papeles, pero que pertenece a la aristocracia y es de religión copta; una presentadora de televisión y el director de la fábrica que fue en su juventud un revolucionario marxista. Junto a estos protagonistas aparecen también algunos secundarios que tendrán importancia en momentos determinados.

El libro tiene 495 páginas, lo que ya da una idea de la capacidad narrativa de Al Aswani. Aunque no aparezca reflejado así formalmente, el texto está dividido en tres partes que se corresponderían con tres fases de la revolución: la presentación de los personajes en los momentos previos que dará lugar a conocer alguno de los problemas sociales, políticos y religiosos de la sociedad egipcia; el momento de las manifestaciones en la plaza Tahir y, finalmente, la contrarrevolución posterior.

El autor toma partido desde el principio a favor de los que quieren cambiar la situación que se vive en Egipto y no duda en hacer una crítica demoledora tanto a la corrupción que había hasta a  las torturas que practicaban las fuerzas de seguridad pasando por aspectos absurdos de la religiosidad. El libro sigue prohibido en Egipto.

A mí el libro me ha gustado mucho en las dos primeras partes y mucho menos en la tercera. Están muy bien contadas las situaciones de partida de todos los personajes, conocemos aspectos relevantes de su vida y de sus inquietudes. También narra sin demasiado detalle, que no hace falta,  todos los momentos de las manifestaciones en la plaza y las actuaciones que llevan a cabo los protagonistas. Hasta aquí todo discurre con cierta lógica y nos vamos enterando muy bien de por qué y cómo sucedieron los hechos (obviamente en la versión del autor). El problema es que cuando se centra en la contrarrevolución, además de momentos muy intensos que se corresponden con las declaraciones de mujeres detenidas que sufrieron maltrato y abusos por parte del ejército y la policía, hay otros en los que se centra en una serie de personajes e historias que lo convierten casi en una telenovela; da la  impresión de que estamos ante otra novela y ante otro autor. Sobran muchas páginas que no aportan nada al conocimiento ni de lo que pasó ni de las consecuencias que tuvo para alguno de los protagonistas. Evidentemente el libro se puede seguir leyendo porque, como decía antes, Al Awani es capaz de contar todo muy bien y mantener el interés del lector incluso aunque este se vaya dando cuenta de que todo eso no le aporta nada a la historia.

Ya he advertido que el autor toma claramente partido y la crítica que hace de la contrarrevolución y la represión que se llevó a cabo es furibunda, así, entre otras cosas nos cuenta: cómo se liberó de las cárceles a 25 o 30.000 presos comunes para generar el caos; la brutal actuación de las fuerzas policiales y militares disparando con fuego real y matando a decenas o centenares de manifestantes para, además, ofrecer luego dinero a las familias para que retirasen las denuncias que habían interpuesto; el papel que juegan los Hermanos Musulmanes apoyando al gobierno o la total manipulación desde los medios de comunicación.

No sé cuánto hay de reflejo real de lo que pasó aunque puedo imaginarme que es cierto todo o casi todo lo que cuenta.

Para finalizar reproduzco dos fragmentos que me parecen interesantes y significativos (además, creo que su interés se acrecienta leídos desde aquí).

 “- Les digo que esto es una conspiración masónica orquestada por los judíos (…)”. (p. 155)

(Palabras de un clérigo musulmán).

“- Nuestro pueblo es como un niño, si lo dejas decidir solo, se hará daño. Por lo tanto, el papel de los medios de comunicación en Egipto no es el mismo que en los países desarrollados. Vuestra labor como informadores, en cuanto especialistas de la información, es pensar en lugar del pueblo”. (p 398)

(Palabras del general que dirige la represión).

Se puede recomendar el libro en la medida en que nos acerca a una realidad que no suele ser muy conocida por estos lares y la cuenta con mucho detalle aunque, eso sí, no hay que esperar grandes valores literarios.

 

 

 

Alaa Al Aswani, La república era esto. Traducción Noemí Ferro.

 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Otra visión del problema de Egipto


Alaa Al-Aswany, que ha aparecido hace poco en el blog por su último libro, escribe un artículo sobre la situación en su  país que se sale de lo que suele ser habitual. Interesante.

miércoles, 17 de julio de 2013

Desigual colección de relatos





Cuando leí El edificio Yacobian, me pareció haber descubierto a un sucesor de Naguib Mahfuz tanto por su forma como por el costumbrismo cairota que destilaban sus historias.
Esta colección de diecisiete relatos me ha defraudado en parte. Hay algunos, pocos, que me recuerdan lo que me gustó de su libro anterior, pero hay otros que me han resultado intrascendentes o incluso un tanto pretenciosos. Tratan multitud de temas: la sanidad, la administración, la guerra de los seis días, la educación, el matrimonio,…o, simplemente, cuentan una breve historia. Formalmente los hay desde el típico realismo hasta un cierto simbolismo y, en general, están bien escritos. Creo que a veces lo que les falta es fuerza y lo que les sobra es demasiada voluntad de estilo.
Alguno de los relatos fue prohibido en su momento por las referencias políticas y culturales, y se editó de forma privada y semiclandestina. Una curiosidad del autor es el hecho de que su verdadera profesión sea la de dentista.
En estos días en que Egipto está en primera plana de la información, creo que es más recomendable leer a Mahfuz o el libro  de Aswany que citaba al principio.
 Alaa Al-Aswany, Deseo de ser egipcio