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miércoles, 15 de junio de 2022

Los inicios de una gran escritora francesa


Me reconozco un fan además bastante incondicional de esta escritora francesa. He sido capaz de leer un libro en el que comentaba las fotografías de cómo quedaba la ropa después de las relaciones amorosas con su amante, e incluso sus descripciones y reflexiones sobre la compra en el supermercado.

Hoy comento la que fue su primera publicación en 1973 y tengo que decir que me extraña que haya tardado tanto tiempo en traducirse. De hecho la inmensa mayoría de los libros que se han publicado en España se corresponden con lo que escribió en los noventa y, sobre todo, ya en este siglo; hay que tener en cuenta que Ernaux nació en 1940. Decía que me extrañaba este retraso porque me ha parecido uno de los mejores libros que he leído de ella.

A lo largo de sus algo más de 200 páginas, hace un repaso a la relación con su familia en su infancia y juventud en la que destaca la necesidad que va viendo, a medida que pasa el tiempo, de desclasarse, de salir de ese ambiente cerrado de la tienda de ultramarinos que regía su desordenada madre y de la bodega aledaña que llevaba su padre y en la que ella pasaba horas viendo cómo se emborrachaban los parroquianos y cómo, a veces, se dirigían no muy amablemente a ella.

En ese repaso se habla de cuando tenía 5 o 6 años, luego más o menos 13 y, finalmente, cuando empieza en la universidad. Además, como parte de ese desclasamiento, Denise, la protagonista (en este caso Ernaux no utiliza su nombre real), estudia en un colegio privado en el que sufre varias humillaciones por su origen social, humillaciones de las que se venga a través de la obtención de unas notas brillantes.

Sobre esa relación con sus padres pueden ser un buen ejemplo los siguientes fragmentos:

 

“Todo está sucio, mugriento, feo, vomitivo… Me voy a pillar todos los microbios. Es culpa suya si… me da igual lo que digan los profesores sobre los padres. Yo era un monstruo, una niña horrible, una perdida, en el fondo… Los odiaba a los dos, me habría gustado que fueran de otra manera, dignos, presentables en el mundo real.”. (p. 132)

 

“Era una cabrona, me avergonzaba… Cada vez más. No es verdad, no los odiaba, cuando iba a ese colegio monjil, pensaba en ellos, que se quedaban ahí, deslomándose, con sus cajas, sus cuentas, imágenes grises… Me enternecía… papá, mamá, los únicos que se preocupan realmente por mí, solo los tengo a ellos”. (p 138)

 

Aquí, como se ve por el final del segundo, hay un cierto arrepentimiento por la brutalidad del resto.

Ernaux no me gusta solo por lo que cuenta; también es muy importante el cómo lo hace. En los fragmentos reproducidos ya se puede apreciar parte de su estilo que la editorial resume muy bien en la contraportada cuando afirma que tiene: “Una escritura cruda, arrrojada al papel brutalmente, desprovista de cualquier autocensura. Frases aceradas, tensas, como escritas con urgencia para no olvidar, para no retroceder ante tanta verdad”.

Esta forma de escribir hace que llegue hasta lo más hondo de un lector que se deje llevar por lo que le están contando incluso, como pasa a veces en este libro, cuando hay una cierta reiteración de los sentimientos y emociones de la protagonista, alguien que expresa así una de sus ambivalencias:

 

“Expresión oral torpe a pesar de los buenos resultados, escribían las maestras en el boletín de notas… Llevo dentro de mí dos lenguajes, los puntitos negros de los libros, saltamontes locos y gráciles, junto a palabras grasas, gordas, contundentes, que penetran en el vientre, en la cabeza, que hacen llorar en la parte de arriba de la escalera sobre la caja de galletas o reír debajo del mostrador… “El padre, irritado, amonesta a su hijo”, dice la gramática, eso no tiene importancia, pero “¡la muy asquerosa ha vuelto a meter mano a los quesos de los clientes!”, y la tienda se ensombrece, y mi madre berrea….Las únicas cosas de verdad son esas, las que se sienten, también en la entrepierna”. (p. 91-92)

 (Todos los puntos suspensivos que hay en los fragmentos reproducidos están así en el original).

Además de la relación con su familia y también con alguna compañera del colegio, hay algo de sus primeros “amores”; de hecho el libro empieza y termina con un aborto.

Un libro magnífico que me ha dejado con ganas de volverlo a leer próximamente. Creo que no sería mala idea que Cabaret Voltaire,  la editorial que está publicando su obra, insistiese en traducir más textos de esa primera época. Puede que estén algo menos pulidos, pero demuestran la fuerza de esta escritora que no tiene problemas para contar los aspectos menos gratos de su vida.

Hay información sobre este libro y sobre la autora en un artículo de Pepa Blanes en cadenaser.com

 

Annie Ernaux, Los armarios vacíos. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.

 

 

martes, 24 de agosto de 2021

Sociología de Alcampo


Soy un fiel seguidor de esta magnífica escritora francesa, tanto que compré y leí un libro en el que comentaban ella y su compañero unas fotos hechas por ellos mismos sobre cómo quedaba el lugar después de sus relaciones amorosas. No me gustó. Ahora he vuelto a las andadas de no dejar nada de ella sin conocer y he leído esta especie de diario sobre sus compras en el hipermercado Alcampo entre noviembre de 2012 y octubre de 2013. Quizá haya influido algo el que yo también compro algunos productos en ese híper.

El libro tiene 120 páginas que podrían ser un artículo extenso para una revista especializada, pero que, en mi opinión, no merecían ser publicadas como libro.

No obstante, Ernaux, como no podía ser de otra manera, tiene alguna buena reflexión. Pondré dos ejemplos, el primero más de índole sociopolítica y el segundo más personal (de mi persona):

“Evidentemente, aparte de unas lágrimas de cocodrilo, no hay que contar con nosotros, que nos aprovechamos alegremente de esa mano de obra esclava, para cambiar las cosas. La rebelión vendrá de los explotados, del otro lado del mundo. Hasta los parados franceses víctimas de las deslocalizaciones están encantados de poder comprarse una camiseta a 7 eutors”. (p. 46)

(Viene a cuento del incendio en Bangladeh de una fábrica textil en la que hubo 112 muertos que producía, entre otros, para Alcampo).

“Perversión del sistema de las cajas automáticas, la irritación que suscita una cajera considerada lenta se traslada al cliente”. (p. 53)

Creo que en ambos tiene el acierto de dar con el comentario oportuno sobre dos realidades muy diferentes y que dejan constancia de toda una sociología del consumidor.

Y ya que he hecho alusión a algo personal, no puedo dejar sin reflejar otro comentario que me parece bastante poco afortunado pues generaliza algo que creo que, aunque siga sucediendo en bastantes casos, está cambiando de forma acelerada. (Algunos, o muchos, no tenemos nada que cambiar y por eso me siento algo ofendido).

“Los súper y los híper siguen siendo una extensión del ámbito femenino, la prolongación del universo doméstico cuyo buen funcionamiento garantizan ellas, recorriendo los estantes con, en la cabeza, todo lo que falta en armarios y frigorífico, todo lo que deben comprar para contestar a la pregunta reiterada, qué vamos a cenar esta noche, mañana, la semana entera. Ellas, siempre más poseedoras que los hombres de una competencia culinaria que hace que escojan sin dudar los productos según el plato que hay que preparar, mientras que ellos, plantados, perdidos frente a una estantería, piden socorro, con el móvil pegado al oído “Oye, ¿Qué harina tengo que coger?”” (p.79-80)

Hay un comentario mucho más favorable de Diego Palacios en librosyliteratura.es. Lo acaba así: “Original, certero, distinto, reflexivo, analítico, social, agudo, a veces humorístico, pero sobre todo muy entretenido, ligero y fácil de leer. Observaciones con las que puedo coincidir a las que añadiría: prescindible a pesar de todo.

Annie Ernaux, Mira las luces, amor mío. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.

 

 

domingo, 3 de mayo de 2020

Más recuerdos de Ernaux




Si hace solo dos días en la entrada que hacía sobre el último libro leído de Serguéi Dovlátov me refería a lo que había supuesto su reciente descubrimiento en lo que se refiere a los muchos libros leídos en poco tiempo, ahora, hablando de Ernaux tengo no solo que repetirlo sino que ampliarlo; desde junio del año pasado me he puesto al día de todo lo publicado por la editorial Cabaret Voltaire y ahora empiezo por lo que está reeditando Tusquets, que es la editorial que dio a conocer hace tiempo a esta magnífica y muy interesante escritora francesa.
El que comento se publicó en Francia en 1997 y solo dos años después en España pero, a pesar de que he sido bastante seguidor de la editorial que lo publicó, me pasó desapercibido.
Es un texto bastante corto, 126 páginas con letra al tamaño ideal para personas de mi edad, y corresponde más o menos al momento central de su carrera de escritora.
Como en todos sus libros es central lo autobiográfico en este caso con un inicio tan potente como: “Mi padre intentó matar a mi madre un domingo de junio.” (p. 11) Sin embargo, creo que es el libro con menos fuerza y dureza de los suyos. A partir de ese inicio va rememorando la época de sus 12 años ya que el suceso fue en 1952. La tienda de sus padres, las condiciones de vida tan justas que tenían, sus estudios en el colegio de monjas en los que muestra muy bien las diferencias sociales, etc. Todo ello de forma muy descriptiva y hasta me atrevería a decir que un tanto fría.
Evidentemente, los libros que leemos pueden tener o no un carácter evocador según quien sea el lector y sus circunstancias. A mí muchas de las cosas que cuenta sobre el mundo rural de los cincuenta en Francia me recuerdan cosas que vi y viví también en ese mundo en los veranos de los años sesenta.
Así, el siguiente fragmento:

“Acercarse la plancha a la mejilla para comprobar si está cliente, ponerse de rodillas para fregar el suelo o inclinarse con las piernas separadas para recoger la comida de los conejos, oler las medias y las bragas por la noche.
Escupirse en las manos antes de asir la pala, colocarse un cigarrillo detrás de la oreja para fumárselo luego, sentarse a horcajadas en la silla, cerrar la navaja con un chasquido y guardarla en el bolsillo.” (p. 52)

Por este tipo de cosas a mí el libro me ha gustado mucho aunque reconozco que es quizá el más flojo que he leído de Ernaux y que no responde a los elementos que suelen tener todos sus textos, más allá del evidente carácter autobiográfico.
Recomendable con estas precisiones.

Annie Ernaux, La vergüenza. Traducción Mercedes y Berta Corral.


miércoles, 15 de enero de 2020

Autobiografía colectiva (y personal)




El año pasado fue el de mi descubrimiento de esta gran escritora francesa. Leí los cuatro que se habían publicado ya en Cabaret Voltaire. Salvo uno, los otros tres me dejaron honda huella por la capacidad de Ernaux de contar las cosas de su vida con gran sinceridad no exenta de dureza en ocasiones.
Con el que hoy comento tengo que dar un paso más; es el libro, o al menos un libro, que me habría gustado escribir.
Dice la autora en una de las páginas finales del libro refiriéndose a ella misma en tercera persona:

“La forma de su libro no puede surgir pues más que de una inmersión en las imágenes de su memoria para detallar los signos específicos de su época, del año, más o menos seguro, en el que se sitúan, relacionarlos con otros en función de su mayor o menor cercanía, esforzarse por volver a oír las palabras de la gente, los comentarios sobre los acontecimientos y los objetos, (…) De lo que este mundo ha imprimido en ella y en sus contemporáneos, se servirá para reconstruir un tiempo común, el que ha ido fluyendo desde hace tanto tiempo hasta hoy, para, al recuperar la memoria de la memoria colectiva en una memoria individual, reflejar la dimensión vivida de la Historia.” (p. 317-318)

En esta frase que cierra el fragmento se resume muy bien el contenido y la intención del libro: insertar la memoria individual en la memoria colectiva, mostrar cómo se ha vivido un periodo histórico, la segunda mitad del siglo pasado, desde la subjetividad, pero sin evitar las valoraciones de algunos acontecimientos y de los cambios que se fueron produciendo.
Valgan los dos fragmentos que reproduzco a continuación para ver el enfoque que se hace de dos momentos históricos bien diferentes:

“Vivíamos en la escasez de todo. De objetos, imágenes, distracciones, de explicaciones de uno mismo y del mundo, limitadas al catecismo  y a los sermones de Cuaresma…” (p. 49)

Avanzado el tiempo se produce esta otra situación: 

“La llegada cada vez más rápida de los objetos hacía retroceder el pasado. La gente ya no se preguntaba sobre su utilidad, simplemente quería poseerlos y sufría por no ganar el suficiente dinero para poder conseguirlos inmediatamente:
(…)
La profusión de cosas escondía la escasez de ideas y el desgaste de las creencias.” (p. 117 y 119)

Este es el tono general de un libro escrito, además, con el característico estilo de Ernaux: frases en general cortas, pero muy expresivas y con gran capacidad evocadora. Es una de las personas con mayor capacidad de decir muchas cosas con muy pocas palabras.
En el libro repasa el periodo que va de su nacimiento en 1940 hasta 2005 en que lo escribe. Algo realmente sorprendente es que en ningún momento, al menos que yo recuerde, hace alusión a los libros que va publicando, e incluso da la sensación de que el que el lector tiene entre sus manos es el primero que publica una vez jubilada.
Reproduzco ahora un fragmento de la magnífica y muy completa reseña de Marc Peig en unlibroaldia.blogspot.com para explicar algo que he dicho al principio del comentario:

“Menos contundente que en otras novelas, menos crítica hacia su vida o hacia la sociedad, el retrato que hace Ernaux tiene la belleza de la nostalgia del que ve su pasado como parte de uno mismo, como una época donde uno aguardaba con ilusión lo que el futuro cambiaría de sus vidas. Pero también la reflexión de quien, al ver el mundo que tenemos, siente cierta desolación por no estar a la altura de aquello que cobijábamos cuando soñábamos con él.”

Nostalgia, ilusión y cierta desolación. Aunque soy nueve años menor que la autora creo que formo parte de la misma generación; aunque ella tuvo sus inicios en el mundo rural y yo en el urbano, conocí lo suficiente en los veranos del mundo rural español  para entender muy bien lo que dice; finalmente, aunque Francia iba muchos años por delante de España en todo, el hecho de mi menor edad hace que, a pesar del retraso, pudiera vivir sensaciones y experiencias semejantes si bien con cierto desfase temporal. Por eso no solo entiendo, sino que comparto esa nostalgia, esa ilusión sobre el futuro y, por qué no decirlo, también esa desolación por no estar a la altura en muchos momentos. Por todo eso, me hubiera encantado ser capaz de escribir un libro así.
Volviendo al texto de Ernaux tengo que resaltar lo bien que imbrica lo personal con lo colectivo. En la primera parte, y sobre todo en la época correspondiente a los 60 y 70, refleja muy bien el ambiente social y las mentalidades. También me parece muy acertada la forma de contar su integración en el mundo “normal” a través de su marido, hijos y familia. Especial mención merece el espacio que dedica a lo sucedido en 1968 y las repercusiones posteriores tanto a nivel social como personal. En los ochenta, sin embargo, con una sociedad ya muy establecida y de alguna manera estancada, se centra más en los aspectos más políticos. Así, llega a decir:

“La reelección de Mitterand nos devolvía la tranquilidad, Más valía vivir con la izquierda sin esperar nada que ponerse nerviosos todo el tiempo con la derecha.” (p 220)

A lo largo de sus páginas vemos desfilar también multitud de ejemplos de sus lecturas, la música que escuchaba y los programas de radio o de televisión que le gustaban. Evidentemente, desconozco gran parte de lo que menciona, pero puede resultar interesante hacer la traslación a España que, en los casos en los que la he hecho, muestra la gran pobreza cultural de nuestro país hasta no hace mucho.
Para terminar quiero destacar el acierto de iniciar con la descripción de una foto los diferentes momentos. Eso sí, me hubiera encantado que las hubiera reproducido en el libro.
Recomendable para todo buen lector y desde luego aún más para los que hayan vivido esos años.


Annie Ernaux, Los años. Traducción Lydia Vázquez Jiménez

miércoles, 9 de octubre de 2019

Fotografías comentadas




Sigo con la labor de conocer la obra de esta interesante y magnífica escritora francesa. Evidentemente, como pasa casi siempre que se lee todo lo publicado de un autor, hay unas cosas que gustan más y otras menos o incluso a veces nada. Hasta ahora me había no solo gustado sino en muchos casos emocionado lo leído de Ernaux. No puedo decir lo mismo de este libro.
Dice la autora en un prólogo que hace a modo de presentación y explicación del libro:

“No puedo definir el valor y el interés de nuestra empresa. (..) Foto, escritura, en ambos casos se trataba para nosotros de conferir más realidad a momentos de goce irrepresentables y fugitivos. El mayor grado de realidad, sin embargo, se alcanzará solamente si estas fotos escritas se transforman en otras escenas en la memoria y la imaginación de los lectores.” (p. 16)

Tengo que reconocer que a mí ni me ha interesado demasiado ni se ha producido esa transformación en la memoria o en la imaginación.
En el libro se presentan catorce fotografías en las que se plasman escenas posteriores a las relaciones amorosas entre Ernaux y Marie que era en esos momentos, años 2003 y 2004, su compañero. Cada fotografía, reproducida por cierto en blanco y negro, se acompaña de un breve comentario hecho por separado de ambos.
En estos comentarios aflora a menudo la situación por la que atraviesa ella en esos momentos al padecer un cáncer de mama y estar en tratamiento de radioterapia y quimioterapia. En lo que cuenta sobre esto está lo mejor del libro ya que demuestra, una vez más, un gran valor y seguridad en sí misma para decir algunas de las cosas que dice. También puede ser interesante algún detalle en el que se puede apreciar cómo se inicia una relación. Pero, al lado de esto, hay en cada fotografía la descripción de lo que en ella aparece, algo que me ha resultado reiterativo y poco atractivo como lector. Puede ser que alguien especialmente interesado en la fotografía sí le encuentre sentido a esto, pero en mi caso tengo que decir que no uso cámara de fotos ni en los viajes.
Me parece un libro prescindible sobre todo teniendo en cuenta el resto de la obra de Ernaux que, por cierto, se va a reeditar a lo largo del año con lo que podremos seguir disfrutando de su escritura.
La edición española cuenta con la reproducción al final del libro de las fotografías en color, algo que no se hizo en su día en la edición francesa.
Un comentario más favorable se puede encontrar en la buena reseña de Marc Peig en unlibroaldia.blogspot.com, fiel seguidor de la autora y artífice de mi afición por ella.

Annie Ernaux/Marc Marie, El uso de la foto. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Dura lectura sobre el Alzheimer



Si los libros de Ernaux son esencialmente autobiográficos, este lo es exclusiva y plenamente. La madre tuvo Alzheimer y estuvo primero en casa de la hija y luego en una residencia y un hospital. De su estancia en este último surge el libro. Como dice la autora en la introducción:

“Luego, cuando volvía de visitarla en el hospital de Pontoise, necesitaba escribir sobre ella a toda costa, sus palabras, su cuerpo. Escribía muy rápido, sumida en la violencia de las sensaciones, sin pensar ni buscar un orden.
(…)
Las revelo tal y como fueron escritas, fruto del estupor y el trastorno que entonces sentía yo. No he querido modificar nada al transcribir aquellos momentos en que me quedaba junto a ella (…)” (p. 13 y 15)

Se trata, pues, de un texto que tiene mucho de liberación tras pasar horas asistiendo a situaciones humanas no precisamente agradables y al deterioro físico y psíquico de un ser querido. Como dice en un momento determinado:

“Horror, demasiada degradación, demasiada animalidad. Los ojos vagos, la lengua y los labios chupando, salientes, como hacen los recién nacidos.” (p. 90)

Desde luego es un libro que no puede leer cualquiera y que tampoco se puede leer en cualquier momento a pesar de que solo tiene 116 páginas y que se puede leer en muy poco tiempo. Yo lo empecé hace una par de meses y lo dejé hasta que decidí hacer de tripas corazón y lo volví a coger hace unos días.
Claro que, como pasa también con otros libros, la historia personal tiene mucho que ver en esto. He tenido hace pocos años algunas experiencias y momentos bastante parecidos a los que cuenta Ernaux y, por otro lado, tengo al Alzheimer como la enfermedad que más miedo me produce. Por eso, la lectura de un libro como este me resulta especialmente dolorosa y muy dura de sobrellevar, pero quería hacerla y estoy contento de haber sido capaz de terminar el libro.
Los dos aspectos más relevantes del texto son: la relación madre-hija en la que se adivinan y se dejan entrever reproches y tensiones antiguas y, obviamente, los estragos que provoca el paso del tiempo. Algo que se saca de esta lectura es la necesidad que hay de una ley al menos de eutanasia y muchísimo mejor sería llegar a aprobar el suicidio asistido. No es muy entendible que a estas alturas de la civilización no podamos elegir el momento en el que abandonar le vida si entendemos que esta no tiene ya la dignidad que nos gustaría.
Si he recomendado hasta ahora los libros que he leído de la autora, no puedo hacer lo mismo con este sin algún reparo: Como decía antes, depende del lector y del momento.
Hay una reseña muy buena y completa de Marc Peig en unlibroaldia.blogspot.com

Annie Ernaux, No he salido de mi noche. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.

lunes, 15 de julio de 2019

Retrato de mujer



Hace poco comentaba una de las últimas novelas publicadas por la autora y ahora lo hago con una de las primeras. Fue publicada en 1981, es decir, cuando Ernaux acababa de cumplir 40 años. Como parece ser que es habitual en esta escritora, esta novela es básicamente autobiográfica. De hecho he leído en algún comentario que en la edición francesa pidió que se retirara de la portada la palabra novela y que se dejase la de autobiografía.
Sea como sea, lo cierto es que se trata de un libro magnífico, uno de los mejores que he leído últimamente, de los que más recuerdos me han traído y también de los que más me han hecho pensar.
El libro cuenta en primera persona la historia de una mujer desde la infancia hasta su matrimonio y su doble maternidad.
Aunque no hay división ni en partes ni en capítulos, creo que se pueden percibir tres momentos bastante diferentes.
En el primero habla de su infancia y tienen auténtico protagonismo los padres. Unos padres bastante peculiares ya que él se encarga de las principales tareas domésticas, algo no solo poco habitual para la época, años cuarenta, sino que yo diría que era algo realmente extraordinario, sobre todo teniendo en cuenta que ambos trabajaban: ella llevando una tienda de ultramarinos y él un bar.
En la segunda asistimos a la época de estudiante de bachillerato y universidad. Se producen los primeros escarceos amorosos y las amistades que van a ir fijando los diferentes modelos de mujer entre los que deberá elegir la protagonista.
Finalmente, en lo que para mí es lo mejor del libro, en el tercer momento relata su temprano matrimonio a los veinte años seguido muy pronto del primer embarazo y parto.
A lo largo de toda esta trayectoria vemos a una niña que escribe preciosas palabras sobre sus padres; a una estudiante que tiene muy buenas notas pero que pierde algunas opciones por la clase social a la que pertenece; una joven que tiene una madre que no coincide en absoluto con la idea de madre que le dan en el colegio (religioso, claro); y a una mujer que una vez casada va descubriendo que es más importante el trabajo de su marido que el suyo, que se tiene que encargar en solitario de las labores de la casa algo para lo que no estaba preparada en absoluto, pero que es la máxima realización de una mujer según su suegra (las dos extraordinarias páginas que dedica a este personaje son un verdadero manifiesto feminista).
He dedicado bastante espacio a contar de qué va el libro y, sin embargo, creo que no le he hecho justicia porque lo importante de este magnífico texto no es solo que cuenta, sino cómo lo hace, con qué precisión y sinceridad está reflejada la realidad de una joven y de una mujer de esa generación. Este es un libro que seguramente disfrutará más una mujer sobre todo si es de una generación parecida a la de Ernaux, pero también tengo que decir que yo como hombre de casi la misma época de la autora me he sentido concernido y he entendido perfectamente los problemas y las dudas de la protagonista.
Un texto que termina siendo un alegato feminista sin necesidad de hacerlo demasiado explícito que es como resultan mejores los alegatos, esto es, basta con mostrar la realidad para darse cuenta de lo injusta que es.
Un libro absolutamente recomendable porque llega al corazón y a la cabeza, y porque está magníficamente escrito. Sin duda uno de mis libros del año.
Hay una reseña muy buena y muy completa de Marc Peig (quien precisamente me recomendó a esta escritora) en unlibroaldia.blogspot.com. También hay una entrevista interesante con Jacinta Cremades en elcultural.com.

Annie Ernaux, La mujer helada. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.

jueves, 20 de junio de 2019

Otro buen descubrimiento francés



Hace ya un tiempo que vengo haciendo alabanzas de diferentes escritores franceses a medida que voy conociendo su obra. Me sigue pareciendo que en ese país se está haciendo una literatura muy creativa, original y que está abriendo caminos que ya he visto que empiezan a seguir escritores de otras procedencias. Annie Ernaux es la primera mujer que añado a esta lista de descubrimientos. Es curiosa la tardanza en leer a una autora cuya obra se empezó a traducir a principios de los noventa publicada en editorial Tusquets, en una época en la que yo la seguía bastante. Ahora su obra la edita Cabaret Voltaire, editorial a la que también sigo sobre todo a partir de la publicación que ha hecho de los libros de un interesante escritor marroquí, Mohamed Chukri.
Todo este preámbulo viene a cuento para hacer patente la necesidad de atender a fuentes de información que nos evite perdernos escritores importantes. En este caso, mi fuente ha sido un tuit de Marc Peig cuya reseña del libro en unlibroaldia.blogspot.com recomiendo encarecidamente por lo completa e interesante que es.
Memoria de chica me parece un libro magnífico tanto por el fondo como por la forma. Creo que es el último que ha escrito Ernaux, lo que también suele ser muy habitual en mis descubrimientos, es decir, empezar por el final.
La autora nació en 1940 y escribe este libro en 2016 recordando hechos que tuvieron lugar entre 1958 y 1960. El libro termina con el siguiente fragmento:

“El recuerdo de lo que he escrito va borrándose. No sé qué es este texto. Hasta lo que perseguía al escribir el libro se ha disuelto. He encontrado entre mis papeles una especie de nota de intenciones: Explorar el abismo entre la espantosa realidad de lo que ocurre y la extraña realidad que reviste, años después, lo que ha ocurrido.” (p. 198)

Es una buena síntesis de qué es lo que ha intentado antes. Desde el hoy, escrito en primera persona, Annie Ernaux va mostrando a la joven Annie Duchesne, utilizando la tercera persona, en su búsqueda de la pérdida de la virginidad en una impactante primera parte, sin duda lo mejor del libro, que se desarrolla cuando es monitora en unas colonias de vacaciones en el verano del 58. Luego vemos cómo continúan su vida, sus estudios y sus amistades en una segunda parte que pierde fuerza, pero que no por ello deja de interesar. Ese juego entre la primera y la tercera persona me parece uno de los grandes logros del libro.
En ese recorrido hay también interesantes apuntes de temas colaterales. Así: las diferencias sociales en el instituto de Rouen, la reacción de Annie ante la lectura de El segundo sexo  o la utilización a menudo de la música popular de la época.
Ernaux ha ganado este año el Premio Formentor por el conjunto de su obra. Reproduzco algunos fragmentos del artículo de Daniel Verdú en elpais.com porque recoge citas textuales de las razones que han llevado al jurado a esa concesión:

“En el acta se destaca su obra como un “implacable ejercicio de veracidad que penetra los más íntimos recovecos de la conciencia”
(…)
El jurado subraya la “elaborada reflexión autobiográfica” que posee “un estilo entrecortado y áspero y se pone al servicio de una conmovedora y terrible franqueza”. “Annie Ernaux desvela sin pudor la condición femenina, comparte con el lector la intimidad de la vergüenza y refleja con un estilo despojado la desordenada fragmentación de la vivencia contemporánea”, añade el acta.” (El subrayado en el original remite a una interesante entrevista con la escritora.)

Creo que con esto quedan muy bien expresados la intención y el estilo de la autora. Por mi parte, poco más que recomendar su lectura y no solo de este libro; ayer mismo encargué varios de los ya publicados.
(Un comentario marginal, pero necesario en mi caso. La mayor parte de los libros de autores franceses que me están gustando son textos de poca extensión, rara vez superan las 250 páginas. Con esto quiero decir que un libro no tiene que ser grande para ser un gran libro. Siempre me ha gustado lo de “lo bueno si breve….).


Annie Ernaux, Memoria de chica. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.