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sábado, 18 de diciembre de 2021

¡Qué gran escritora!



 Después de leer Claus y Lucas y La analfabeta, ver un libro de esta escritora es una tremenda alegría que se confirma después de leer esta breve novela en la que en apenas 109 páginas es capaz de transmitir un montón de sentimientos, emociones y también algún elemento de crítica social.

Este es el tipo de libro que últimamente no suelo comentar en el blog porque me cuesta mucho comentar una obra de ficción tan breve, pero sí he querido hacerlo esta vez porque hay dos cosas de las que quería dejar constancia: por un lado, la magnífica reseña de Manuel Hidalgo en elcultural.com, una de esas reseñas que enseña mucho sobre el trasfondo del libro y sobre su construcción formal y, por otro lado, porque hacía tiempo que no leía fragmentos tan claros sobre uno de los temas que me parecen mejor tratados en el libro: la alienación del trabajo. Los reproduzco a continuación: 

“Levantarse a las cinco de la mañana, caminar, correr por la calle para coger el autobús, cuarenta minutos de trayecto, la llegada al cuarto pueblo, entre los muros de la fábrica. Correr a ponerse la bata gris, fichar amontonándose ante el reloj, correr hacia la máquina, ponerla en marcha, hacer el agujero lo más deprisa posible, perforar, perforar, siempre el mismo agujero en la misma pieza, diez mil veces al día si es posible, de esa velocidad depende nuestros salario, nuestra vida”. (p. 16-17)

“La fábrica produce piezas sueltas, mecanismos para otras fábricas. Ninguno de nosotros podría montar un reloj entero.

Yo me encargo de hacer un agujero con mi máquina en una pieza determinada, el mismo agujero en la misma pieza desde hace diez años. Nuestro trabajo se reduce a eso. Meter una pieza en la máquina, presionar el pedal.

Con ese trabajo ganamos el dinero justo para comer, para vivir en algún sitio y, sobre todo, para volver a trabajar al día siguiente”. (p. 40)

Como se ve, insiste de forma contundente en la misma idea, aunque ese “sobre todo”  me parece realmente definitivo.

Una novela en la que hay mucho desarraigo (el de la emigración), soledad y también amor. Un texto en el que destaca la buena creación de atmósferas, algo por otra parte habitual en la autora y también de un protagonista, el que trabaja en la fábrica, que muy al principio y hablando en primera persona afirma: “Incluso puedo decir que tuve una infancia feliz, porque no sabía que existieran otras infancias”. (p. 25)

Lo que viene a continuación tiene bastante que ver con esta apreciación.

No sé si es una obra maestra como la cataloga Manuel Hidalgo, pero sí que es una magnífica novela y una gran demostración de lo mucho que se puede contar en pocas páginas.

 

Agota Kristof, Ayer. Traducción Ana Herrera.

 

 

 

sábado, 1 de junio de 2019

Lo bueno si breve.....




La editorial Libros del Asteroide acaba de reeditar Claus y Lucas, el libro más famoso de Kristof, una grandísima escritora pero desgraciadamente  de escasa producción. Cuando en 2011 -no es que recuerde la fecha, es que lo he comprobado en el blog-, leí esta novela me pareció un libro diferente magníficamente escrito y con un gran interés en lo que contaba. En aquel momento no encontré ninguna otra traducción de su obra. Recientemente, un compañero de twitter me recomendó La analfabeta, un libro  que se me había pasado en su día.
Reproduzco un amplio fragmento de la reseña de Ana Blasfuemia en loqueleolocuento.blogspot.com, porque refleja magníficamente lo que es el libro:

“Es cierto que La analfabeta es un libro escrito de forma sencilla, incluso puede parecer que demasiado. Y que es una autobiografía que (aparentemente) no profundiza, sólo muestra pinceladas (¿sólo?). Sin embargo hace un retrato aterrador y certero del exilio, la pérdida de identidad, de raíces, la renuncia, la soledad, la extrañeza… Impresionante. Agota no necesita más que lo esencial para mostrar el desarraigo y el padecimiento del exiliado. Parece ser que esto, ese minimalismo al que me refería antes, tiene mucho que ver con que el francés no llegó a ser un idioma que manejara bien, pero vaya, manejar no sé, pero transmitir… a base de bien.” (Subrayado en el original)

El libro se compone de once breves textos de apenas tres o cuatro páginas cada uno que publicó primero en prensa, y en 2004 en forma conjunta por una editorial francesa. En ellos recoge diferentes momentos de su vida: su infancia pobre, su huida de Hungría a Suiza, su trabajo monótono que le permitía componer versos, su pasión, siempre, por la lectura,…
Se lee no solo de un tirón, sino en un rato pequeño, pero deja un regusto en el paladar realmente memorable. Es de esos textos que apetece volver a leer una vez terminado. Es un ejemplo de cómo se pueden decir muchas cosas y expresar sentimientos profundos con pocas palabras.
En esta edición hay un Prólogo muy interesante sobre la obra en general de la autora a cargo de Josep Nadal Suau.
Solo me queda esperar que alguna editorial reedite algo más de lo que se publicó en su día.
Hay también una muy buena reseña de Marc Peig, quien precisamente me recomendó este libro, en unlibroaldia.blogspot.com.

Agota Kristof, La analfabeta. Traducción Juli Peradejordi.