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martes, 5 de febrero de 2019

Mis temas recurrentes IX. La izquierda



Desde siempre me ha interesado lo que se escribía sobre la izquierda y, lógicamente, este interés ha crecido en los últimos tiempos ante la situación de crisis que padece. Los partidos de izquierda han ido perdiendo elecciones en la mayor parte de los países europeos e incluso algunos prácticamente han desaparecido (en Francia o Grecia por ejemplo); por otro lado, en Sudamérica apenas queda representación de la izquierda en el poder cuando no hace mucho gobernaban en la mayor parte del continente.
En esta entrada dejo constancia de algunos de los libros que he leído con la advertencia previa de que aún no tengo claro qué es lo que ha pasado o está pasando y, sobre todo, no tengo ni la más remota idea de qué se puede hacer para salir de esta situación.
Los libros de los periodistas Cintora y Maraña se centran en la crisis que tuvo el PSOE hace bien poco -aunque se tiene la sensación de que fue hace mucho. El de Maraña profundiza más en el análisis de la izquierda en general.
Desde hace cinco años ha surgido un nuevo partido en la izquierda, Podemos, con un lenguaje y unas propuestas que eran bastante novedosas y atractivas como se puede ver en varios de los libros que recojo y que son solo una pequeña muestra de los que he leído sobre él. Sin embargo, en poco tiempo hay que reconocer que ha envejecido mucho y me atrevería a decir que no muy bien.
El de Sader es un buen repaso a lo sucedido en Sudamérica y el de Zizek sobre todo en Grecia.
Después vienen varios ensayos muy diversos en sus planteamientos. Los de Hernández y Bernabé tiene algo en común: la reivindicación de que la izquierda tiene que plantearse la lucha por lo material y no solo por lo cultural que es a lo que, según estos autores, dedica ahora todos sus esfuerzos. El de Boaventura de Sousa es bastante desmoralizador pues llama a una actitud defensiva total, aunque quizá tenga toda la razón tal y como están las cosas. Sánchez-Cuenca en su línea provocativa dice muchas verdades tanto positivas como negativas. El de Gracia también es muy provocador y es un buen compendio muy sistematizado de todas las críticas que se pueden hacer, y se hacen, a la izquierda.
En comparación, los otros que he puesto son bastante menos interesantes.
Hay pues material crítico suficiente pero, como decía al principio, si por un lado resulta difícil elegir y valorar cuáles han sido, y son, las causas de la crisis, más lo es aún encontrar en estos textos cuáles puedan ser las posibles salidas. Hay varios que sí aportan algunas soluciones pero que son por lo general tremendamente parciales y, en mi opinión, absolutamente insuficientes.
Por todo ello creo que la crisis persistirá y  mientras tanto la derecha y la extrema derecha se van haciendo con el poder en casi todas partes a ambos lados del Atlántico. La travesía del desierto que nos espera será dura y espero que, eso sí, al final haya alguna recompensa.
(Todos los libros han sido comentados en el blog en su momento.)

viernes, 8 de julio de 2016

Interesante para el debate




Recoge el libro más de 20 horas de entrevistas realizadas desde finales de diciembre de 2015 a abril de 2016. No sé si era esa la voluntad expresa de las partes, pero el caso es que se tratan sobre todo temas muy de la coyuntura política del momento aunque Garzón intente a veces, con resultados diversos, profundizar algo más. Por ejemplo, se dedican nada menos que 14 páginas, en un libro de menos de 200, a explicar los problemas de la formación de grupos parlamentarios tras las elecciones de diciembre, y todo un capítulo de 20 páginas, el 14, a explicar de dónde surgió y cómo funcionó la “mesa a cuatro” (en este aspecto sí hay algunas informaciones interesantes).
Por lo que vengo diciendo se entiende que el libro, aunque entretenido y jugoso para quien esté interesado por la política, me parezca un tanto superficial y en cierta medida superfluo. Los pocos intentos que, como antes decía, hace Garzón por profundizar e ir más a los problemas estructurales quedan sepultados  por los temas de la actualidad. Además, se repiten las mismas referencias a Laclau, Lipotevsky o Gramsci en diversos lugares (quizá explicable por ser conversaciones hechas en un período largo de tiempo y en diferentes espacios). También me ha parecido chocante el uso que hace el entrevistado del término ideología ya que parece deducirse de sus palabras que él (ellos), IU, son los únicos que la tienen.
Por otra parte, se dedica buena parte del capítulo 1 a la crítica de Podemos. Elsa García de Blas ha hecho en elpais.com una buena selección de textos de esa crítica y a ella me remito. Por mi parte reproduciré un par de ellos que comentaré brevemente:

“Y si tú quieres construir pueblo, tienes que hacerlo fundamentalmente a través de la praxis; ellos creen que los pueblos se construyen desde los discursos”. (p.24)

“Autoorganizarnos todas las víctimas de la crisis es algo que solo se puede conseguir desde la práctica. Para eso hacen falta organizaciones que ayuden a que eso suceda. Esta es nuestra concepción de la organización política, mientras que para Podemos la organización política es un instrumento fundamentalmente electoral que camina adaptándose a lo que llaman el sentido común de cara a gobernar las instituciones, pero sin cambiar necesariamente la mentalidad de la gente, porque no es lo mismo adaptarte a la gente que hacer pedagogía del conflicto.” (p.25)

Del primer fragmento solo decir que no sé de qué texto de Podemos saca esa idea, y con respecto al segundo, tras cinco años de crisis no tengo muy claro qué “pedagogía del conflicto” han hecho desde IU o CCOO. Evidentemente no niego, muy al contrario, que se puedan hacer críticas a Podemos, es más, creo que al menos en teoría es una organización que debería crecer y desarrollarse a partir de las críticas; lo que pasa es que tengo la impresión de que Garzón las hace hacia la superficie y no siempre con mucho fundamento.
En fin, un libro que, como se ve, es interesante aunque sea para plantear algunos temas de reflexión y debate aunque a mí me ha defraudado un tanto no el Garzón político (que demuestra tanto conocimiento y uso de la táctica como sus rivales a los que critica por ello), sino el intelectual que parece pretender ser.



Miguel Roig, Conversación con Alberto Garzón