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jueves, 30 de octubre de 2025

Un Khadra algo diferente

 

Este es, creo, el vigésimo libro que leo de un escritor al que tengo entre mis favoritos como se puede comprobar en el blog. Excepto dos libros que me decepcionaron con el resto de su obra he disfrutado mucho, sobre todo con sus primeros textos que siempre me han parecido los más interesantes más allá de que, lógicamente, estaban peor escritos que muchos de los posteriores.

Este Corazón de almendra es un texto que se sale bastante de lo que suelen ser los temas más habituales de Khadra y por eso al principio me despistó, pero poco a poco he ido entrando en la peculiar historia que cuenta.

Ness, el protagonista y narrador, es un enano (término que aparece en la novela aunque aquí se les suele llamar pequeños) de 31 años que vive con Mami, su abuela que fue madre soltera y cuya hija no quiere saber nada de ella ni de su hijo. En la primera parte de las dos en las que está dividido el texto vemos la vida cotidiana de un barrio de París, Barbès, y Khadra, además de mostrar la relación entre nieto y abuela, aprovecha para mostrar otras realidades del barrio de una forma un tanto costumbrista. Así, aparece gente como: uno que se dedica a las apuestas y si gana invita a todos, el futbolero fanático, el traficante ocasional, el dueño de una tienda de desbloqueo de teléfonos, un capo influyente con su red de vendedores, un emigrante clandestino que vende cigarrillos de contrabando y un conjunto de amigos de Ness. La segunda parte cambia de localización y de trama pues, tras ingresar a la abuela en una residencia, Ness se traslada a un pueblo del sur donde vive su amigo Léon, que también es pequeño, porque quiere tranquilidad para seguir escribiendo el libro que tenía ya comenzado en París. Libro que se publicará con cierto éxito (este aspecto de la novela me parece que está un tanto forzado y poco explicado).

Una historia bastante sencilla, pero que contada por Khadra resulta enternecedora ya que, además, muestra la gran solidaridad que existe entre los personajes que pueblan la novela. Además, está la solvente escritura del autor y su gran especialidad que son los diálogos.

No es desde luego una gran novela, pero sí un libro que he leído con gusto y del que borraría unos pocos fragmentos en los que está muy cerca de la cursilería.

 

Yasmina Khadra, Corazón de almendra. Traducción Wenceslao-Carlos Lozano.

 

 

viernes, 24 de noviembre de 2023

Un Khadra diferente

 

Hace poco más de un mes, cuando comentaba la última novela de Khadra, decía que me había dado cuenta de que se me ha pasado sin enterarme la anterior. Como es un autor que está entre mis favoritos, la busqué, la he leído y es la que comento ahora.

Tengo la impresión de que Khadra ha cambiado bastante el contenido de sus últimos escritos. Ahora se dedica más a contar historias un tanto peculiares aunque, como luego comentaré, no abandona los elementos de crítica que siempre han caracterizado sus textos.

Adem, el protagonista de este libro, un profesor con un carácter bastante misántropo, es abandonado por su mujer que se va con su amante. A partir de ahí, se va de su pueblo e inicia un periplo que le llevará a distintas situaciones que incluyen hasta una estancia en un hospital psiquiátrico. En ese recorrido encuentra a varias personas que muestran con él una gran solidaridad ya que lo acogen en sus casas y la proporcionan alimento y cobijo. Así transcurre la primera parte de las dos en las que está dividido el texto. Esta parte se inicia en 1963 poco después de que Argelia consiga su independencia.

En la segunda parte, ya en 1965, aparece un nuevo protagonista, Ramdane, que es un comisario político del nuevo régimen. Este quiere conseguir una granja en la que, precisamente, está Adem trabajando y surgirán otro tipo de problemas. Es aquí donde Khadra despliega su habitual carga de crítica al nuevo régimen argelino.

Así, por ejemplo, se pueden leer fragmentos como este:

 

” Adem sabía perfectamente de qué eran capaces los nuevos dueños del país. Había visto a muchos de ellos pavonearse en las tribunas engalanadas con banderines, en las plazas enfebrecidas, en los estadios abarrotados y vibrantes de clamores patrióticos; les había oído vociferar sus discursos hechizantes, su diatriba incendiaria, enfervorizando  a las masas extasiadas y prometiendo mil y una maravillas a pobres diablos adoctrinados”. (p. 220).

 

El libro está escrito en el buen estilo de que siempre hace gala el autor. Tiene mucho ritmo y aparecen personajes peculiares muy bien caracterizados. Sin embargo, tengo que reconocer que a mí me gustaba más el Khadra de los primeros libros, el que arremetía con enorme valentía contra el régimen, pero también contra el islamismo radical, con historias muy potentes y utilizando un lenguaje de gran crudeza. Ahora se ha convertido, tengo también en cuenta la última novela que leí hace poco, en un buen contador de historias, pero creo que le falta la pasión y la rabia que a mí tanto me gustaban.

No obstante, siempre merece la pena leer a Khadra.

 

Yasmina Khadra, La sal de todos los olvidos. Traducción Wenceslao-Carlos Lozano.

 

 

domingo, 15 de octubre de 2023

Extensa novela de Khadra


Hace ya más de once años que hacía una entrada sobre Khadra dentro de la sección de Mis autores favoritos. Desde entonces he seguido leyendo todo lo que se traducía de este magnífico escritor argelino (publica bajo pseudónimo) afincado en Francia desde hace muchos años.

De los más de quince libros leídos solo recuerdo un par de ellos que me hayan defraudado. Khadra, tanto en su versión como escritor de novela negra como en la que toca temas relacionados con la situación de su país de origen, es un escritor que despierta el interés del lector y es capaz de mantenerlo todo el tiempo. Es muy buen narrador y tiene gran fuerza expresiva cuando el tema lo requiere.

La novela que hoy comento se sale un tanto de su tradición. Por un lado, por su extensión que, con sus 476 páginas, creo que es la más extensa que conozco de un autor que solía escribir novelas de tamaño medio. Por otro lado, se trata fundamentalmente de una novela de aventuras situada en la Argelia de 1914 a 1938 aproximadamente. Su protagonista y narrador, Yacín, cuenta los diferentes avatares por los que pasó en esos años desde su participación en la Primera Guerra Mundial sustituyendo al hijo del jefe de su aduar hasta terminar en la cárcel en los años 30. En medio le sucederán todo tipo de desgracias y tendrá también buenos momentos. Vivirá en Orán, en alguna ciudad más pequeña y, durante bastante tiempo, en la hamada (el desierto pedregoso) con un grupo que quiere hacer la revolución contra la potencia colonial.

En ese largo periplo, Khadra tiene ocasión de  criticar las desigualdades provocadas por la presencia francesa, pero también de mostrar los sentimientos de amistad, fraternidad o lealtad.

El libro está dividido en cuatro partes. Me han gustado sobre todo las dos primeras por el tratamiento que hace de la Primera Guerra Mundial en la primera parte y por lo interesante que resulta todo lo que le pasa en la vuelta al protagonista. La tercera, la más típica de una novela de aventuras, la he encontrado demasiado extensa y en algunos momentos aburrida. En la cuarta, la más corta, vuelve en parte el interés.

Una novela que está bien, que merece la pena leer, pero que no está ni mucho menos entre las mejores del autor, un autor, por cierto, al que creo que debo de releer porque tiene una primera época que me parece que es donde está lo mejor de su producción.

Sobre la edición habría que decir que hubiese sido útil explicar en notas a pie de página los términos escritos en cursiva.

 

Yasmina Khadra, Los virtuosos. Traducción Wenceslao-Carlos Lozano

 

 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Volviendo a sus orígenes

Khadra es uno de los escritores que más ha aparecido en las páginas de este blog, no en balde está incluido en la serie que dedico a mis autores favoritos. Desde que lo leí por vez primera hace ya mucho tiempo siempre he estado atento a cada nueva traducción y, salvo en una par de ocasiones, no me ha defraudado teniendo en cuenta que son ya diecisiete los libros leídos.

Desde que abandonó su Argelia natal, este exmilitar se ha dedicado plenamente a la literatura intentando en casi todos sus libros criticar los aspectos más negativos de esa sociedad.

En este caso, la acción y la crítica la ha trasladado, creo que por primera vez,  al vecino Marruecos, pero no por eso es menos duro con la sociedad de ese país y, sobre todo, con sus clases altas.

En este caso la trama parte de la violación de la esposa de un teniente de la policía y, a partir de ahí, la búsqueda del autor de la misma. En Khadra, como por otra parte sucede también con el gran maestro Camilleri recientemente desaparecido, las tramas no son lo sustancial de sus libros dedicados al género negro y suelen ser relativamente sencillas. Lo verdaderamente relevante es la forma que tiene de contarlas, la magnífica utilización que hace de los diálogos y, como decía antes, cómo aprovecha para criticar los aspectos más oscuros de la sociedad de que se trate.

En este caso, por poner algún ejemplo, tenemos a un médico que ha obtenido su título comprándolo en una universidad de El Cairo, a un secretario del comisario de la policía que luce un buen rolex y un gran cochazo y, en otro orden de cosas, la labor de los traficantes de inmigrantes.

En medio de todo eso, el teniente, que es apartado del caso, irá descubriendo por su cuenta lo que sucedió.

La fluidez con la que escribe Khadra y el hecho de que esté compuesta fundamentalmente a través de los diálogos hace que la novela se lea con gran facilidad y resulte un buen entretenimiento además de aportarnos una interesante visión de algunos aspectos de la sociedad de nuestro vecino del sur. No es, sin embargo, su mejor novela negra. Echo mucho de menos, en las novelas que dedica a este género, al comisario Llob, esa gran creación del autor en sus primeras novelas al que desgraciadamente “mató” seguramente para poder dedicar su atención, como así hizo, a otros temas que debían de preocuparle en esos momentos; me refiero, claro está, al fundamentalismo islamista, tema al que ha dedicado lo mejor de su producción.

Hay una buena reseña de Juan Carlos Galindo en la que se da más información sobre el contenido de la novela  en elpais.com.

 

Yasmina Khadra, La deshonra de Sarah Ikker. Traducción Wenceslao-Carlos Lozano.

 

 

 



 

jueves, 1 de noviembre de 2018

Khadra se atreve con todo




Este escritor argelino aunque afincado en Francia desde hace ya tiempo es uno de mis favoritos. He leído todo lo que ha publicado y solo he tenido una decepción. Escribe sobre temas complicados y conflictivos y es capaz de enseñar siempre cosas al lector, tanto cuando escribe novela negra, como cuando lo hace sobre el islamismo radical en cualquiera de sus vertientes, al mismo tiempo que lo entretiene.
En esta novela se atreve nada menos que con el terrorismo practicado en Europa, más concretamente en Francia y Bélgica, por un grupo formado en este último  país.
El protagonista, Khalil, intenta atentar en París como terrorista suicida, pero le falla en el último momento el cinturón explosivo; vuelve a Bélgica y estará oculto hasta que se ponga de nuevo en contacto con la organización hasta que… (No debo hacer spoiler). Hasta aquí los elementos más de thriller que tiene la novela. Sin embargo, siendo esto interesante, lo es más cómo Khadra intenta explicar por qué unos jóvenes con estudios están dispuestos al sacrificio.
Entre las razones que da estarían: por un lado, su situación familiar con una familia que no se preocupa por sus estudios y un  padre borracho que tiene  un humor de perros y que no muestra ningún afecto; por otro lado, en expresiones del protagonista diseminadas a lo largo del texto como “Nunca seré un auténtico belga”, ”Necesitaba tener un camino”, “Por primera vez en la vida me siento importante”,  allá arriba, un ángel entre ángeles”.
Es decir, diferentes aspectos y elementos de un mismo desarraigo que encuentra su refugio en la Solidaridad Fraterna.
Un fragmento como ejemplo de la sensación de rechazo:

“- La continua alusión al color de su piel le impedía sentirse como los demás belgas. A Drriss le pasaba lo mismo. Y a mí también, y a toda esa gente venida de fuera, a la que aparcan en barriadas de mala muerte y señalan con el dedo cada vez que se aventuran fuera de su zoológico. La gente no se da cuenta de las catástrofes que provocan con sus palabras despectivas.” (p. 117) (Driss es un amigo de la infancia  que se inmola en el atentado en el que falla Khalil)

Hay dos momentos en la novela en los que Khadra intenta explicar dos situaciones y dos comportamientos distintos de los hijos de inmigrantes. En uno lo hace a través de un diálogo en el que en un grupo de jóvenes fundamentalmente se critican las acciones terroristas y en el otro en unas páginas en las que explica cómo alguien se termina convirtiendo en “soldado”.
Como es habitual en la obra del este autor, la historia avanza sin pausa, se centra en lo fundamental y usa flashbacks para mostrarnos algunos aspectos de la vida de Khalil, es muy ágil en su desarrollo y resulta difícil dejar su lectura porque se quiere saber qué pasará a continuación, es decir, resulta  tremendamente adictiva.
Para terminar, dos opiniones de críticas hechas en Francia que la editorial recoge en la solapa del libro:

“Narrada en primera persona, en su nueva novela que deja sin aliento Yasmina Khadra se infiltra con realismo en la piel de un candidato a terrorista ficticio al que sitúa en unos hechos reales y trágicos de todos conocidos.” Le Vif L’Express

Khalil es una novela apasionante, heladora y necesaria (…) Una novela potente que plantea las bases de una reflexión indispensable.” Le Soir.

Muy recomendable como lo es en general toda la obra de este peculiar escritor que antes fue comandante del ejército argelino.

Yasmina Khadra, Khalil. Traducción Wenceslao-Carlos Lozano.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Un borrón lo echa cualquiera



Yasmina Khadra está entre mis escritores favoritos y como tal tiene su entrada correspondiente en la serie que hago en el blog. Hasta ahora solo me había dado un pequeño “disgusto” con una de sus novelas. Ahora ya puedo decir que son dos, eso sí, poco significativos en una producción tan elevada que conozco en su totalidad.
Khadra es un buen escritor que sobre todo elige muy bien sus temas y se compromete en lo que escribe. Tanto cuando hace novela negra, como cuando escribe sobre temas relacionados con la política de su Argelia natal o de la zona del norte de África en general, sus historias están bien contadas y tienen gran interés.
Esta vez, se ha desplazado nada menos que a la Cuba actual para contarnos una historia de amor un tanto irreal dando además algún toque de thriller para dar interés a lo narrado. La novela tiene un buen inicio con el protagonista, un cantante de canción cubana, sin trabajo por la venta del local donde trabajaba a una empresa privada. Hay entonces un principio  de retrato de algunos aspectos de la realidad cubana al mostrar a su familia y su vida cotidiana que, aunque ya muy vista y contada, puede ser interesante y en la que no falta las habituales críticas a la pobreza, las carencias, la vigilancia policial, etc.
Sin embargo, pronto se enamora de un extraño personaje y a partir de ahí la novela se viene abajo, o al menos es lo que  a mí me ha pasado. Y solamente muy al final retoma un cierto interés, pero ya es demasiado tarde.
Tengo también a Khadra por un escritor con un lenguaje duro y directo y por eso me extrañan textos como el siguiente puesto en boca del protagonista y que parece sacado directamente de un bolero:

“-Si no conseguí nada en la vida, es porque no valgo para nada. Una pobre ilusión, una bonita mentira, eso es lo que soy. Corro tras mi sombra y mis manos solo encuentran el vacío.” (p. 165)

Quizá lo más interesante del libro sea la traducción porque introduce una serie de modismos típicos del lenguaje de la isla que me imagino que no están en el original francés.
Ahora a esperar a que en la próxima novela retome sus temas y su escritura para poder disfrutar con su lectura.

Yasmina Khadra, Dios no vive en La Habana. Traducción Wenceslao-Carlos Lozano.

jueves, 10 de marzo de 2016

El primer Khadra





En la  última entrada mencionaba precisamente a Khadra como uno de mis autores favoritos y es que la escritura de este exmilitar argelino, afincado en Francia desde hace muchos años, tiene una gran fuerza  además de que suele tocar temas de su país de nacimiento de gran actualidad.
He leído todos los libros que se han traducido que, por otra parte, son la mayoría de los que ha escrito en los últimos veinticinco años. El que hoy comento lo escribió en 1990 y constituye la presentación y, por lo tanto, la primera entrega de la serie de novela policíaca que tiene como protagonista al peculiar comisario Llob.
No solo presenta en este libro al personaje que luego utilizará tantas veces, sino que también critica, sobre todo en la primera parte y de una forma incluso más fuerte de lo habitual en él,  la situación de la sociedad argelina llegando a decir algo tan duro como : “Hay días en que, honradamente, pienso que los treinta años de independencia nos han hecho más daño que los ciento treinta y dos años de opresión y oscurantismo.” (p.53)
Por lo demás, la trama de la novela no tiene un especial interés y la investigación, si es que así se la puede llamar, tampoco. Lo aspectos más interesantes del libro son: el lenguaje, el personaje protagonista y las diferentes críticas que, utilizando a Llob de intermediario, va haciendo y que nos dan una idea bastante aproximada de cómo era esa sociedad.
No es obviamente su mejor libro, pero sí que es muy recomendable para sus seguidores porque podemos apreciar temas y formas narrativas que luego utilizará en el resto de su obra. (Incluso hace una alusión al porqué escribe en francés.)


Yasmina Khadra, El loco del bisturí

jueves, 19 de noviembre de 2015

Gadafi en primera persona




Siento una especial debilidad por Khadra desde que lo leí por primera vez. Desde entonces no me he perdido ninguno de sus libros traducidos y solo en una ocasión me ha defraudado. Me gustan muchas cosas de él, pero sobre todo el tratarse de alguien capaz de comprometerse en y con los temas de los que escribe; así, ya desde sus primeras escritos dentro del género de la novela negra se introducía en los recovecos del poder en su Argelia natal con una fuerte carga crítica hacia el gobierno del FLN, luego cargó con virulencia contra el terrorismo islamista y sus baños de sangre también en Argelia y, siempre, haciendo críticas del autoritarismo, del abuso de poder y de la corrupción.
Llega ahora su última novela en la que vuelve sobre su tema favorito para lo que se mete, nada más y nada menos, que en la piel de Gadafi quien  relata en primera persona sus últimas horas. Además, en la tensión del momento, va recordando algunos acontecimientos de su infancia y rememorando también el proceso por el que llegó al poder.
Apasionante el tema y magnífico como siempre el tratamiento que le da Khadra. Utilizo un fragmento del comentario de Gabriel Martínez en Babelia que lo expresa perfectamente:
Khadra vuelve a mostrar una estupenda agilidad narrativa proyectada por su exuberante y preciso verbo, expresándose virtuosamente plástico y creativo en la descripción de la tortura, los bombardeos o la aberrante personalidad de un narrador sumido en un íntimo monólogo que igual ilustra sobre su delirante arrogancia como desliza arrebatos de delicadeza que vienen a constatar que los tiranos son (muy) románticos.”
Si todo el libro tiene esa agilidad narrativa vista y unos diálogos muy logrados, el tramo final, con la huida del dictador en una caravana de vehículos hasta su desenlace final, me parece especialmente logrado.
El autor vuelve a demostrar que es un gran creador de historias y que sabe desarrollarlas magníficamente empleando además, mérito añadido, pocas páginas, algo que es también bastante habitual en sus obras.
Libro muy entretenido, muy interesante y muy bien escrito.
 
 
Yasmina Khadra, La última noche del Rais

viernes, 28 de noviembre de 2014

Novela negra argelina




 
A medio camino entre la novela negra y el thriller político, porque aunque no salga ninguno el poder está omnipresente, Khadra ha compuesto una espléndida novela volviendo a sus orígenes. Efectivamente, las primeras novelas que leí de este autor, al que por cierto tengo entre mis favoritos, pertenecían a ese género que luego fue abandonando sobre todo desde que, ojo spoiler, dejó morir a su comisario protagonista.
En este caso, tras la aparición en un bosque cercano a Argel de una joven muerta, se pone en marcha toda la investigación policial que, como no podía ser de otra forma tratándose de este escritor, enseguida choca con aquellos que mandan en la economía y la prensa argelina. A partir de ese momento la narración no deja un momento de descanso, avanza sin pausas a partir de una trama perfectamente articulada y que permite seguir muy bien el desarrollo de los acontecimientos y, lo que es muy importante en toda la obra de Khadra, ver muchos de los entresijos de una realidad como la argelina desgraciadamente tan desconocida a pesar de su cercanía geográfica.
El autor aprovecha cada oportunidad que tiene para arremeter contra la corrupción hecha sistema, contra los ricos que no pagan impuestos por su “legitimidad histórica”, contra la prensa manipuladora y puesta al servicio de los poderosos (“los mandamases en la sombra”) y también, cómo no, contra el terrorismo islamista. Estos elementos, que son consustanciales en toda la obra de Khadra, me ha parecido que en este libro están expresados con más fuerza y en más ocasiones sobre todo en la primera mitad del texto.
Destacar también los personajes que dan vida a la historia. Unos poderosos que se mueven siempre en la sombra mientras otros hacen el trabajo sucio y que están muy bien retratados y, por encima de todo, la comisaria lesbiana y el inspector impotente que tienen que descubrir al asesino y cuya caracterización y relación  me parece uno de los mayores aciertos de la novela.
Todo ello escrito con su particular estilo directo y unos diálogos muy bien construidos y creíbles.
Es uno de esos libros que cuesta dejar cuando llega la hora de comer o de dormir porque estás deseando ver por dónde sigue la historia. De todas formas, ya he reconocido antes que soy un seguidor incondicional de este escritor argelino, excomandante del ejército y actualmente afincado en Francia.
Dejo a continuación una cuantas citas que dan una idea de lo que opina el autor:
 
 
“En un país donde los mandamases se empeñan en construir un chalé a sus retoños en vez de levantarles una nación, no es raro toparse con talentos avezados currando en un cafetucho para llegar a fin de mes… “(p.17)
 
“En Argelia, son tantas las vejaciones que la agresividad se ha vuelto imperativa.(…) En un país donde las apariencias priman sobre todo lo demás, las pullas requieren imagen y sonido para que la frustración no devengue en monstruosa agonía”. (p.55)
 
“(…) la obsolescencia de los centros hospitalarios estatales es obra del propio Estado para que los mandamases se forren negociando con los promotores inmobiliarios corruptos y los matasanos del sector sanitario para quienes las comisiones valen más que los diplomas y los juramentos hipocráticos”. (p.66)
 
“Muchos de ellos (se refiere a los dirigentes)  no han abierto un libro en su vida. Son los grandes afortunados de un país corrupto que privilegia la mediocridad en detrimento de la competencia y donde se desfiguran las conciencias para poner a salvo la fealdad. Si no, ¿ cómo se explica que, pese a sus enormes riquezas, Argelia siga siendo tan pobre en sueños y en ambiciones, y esté a la cola de las demás naciones?”. (p.108)
 
Yasmina Khadra, A qué esperan los monos…

martes, 1 de octubre de 2013

Otra interesante novela de Khadra




Vuelve Khadra a sus ambientes de la primera época, los lugares de la marginación donde la lucha por la vida es lo único importante. No se trata de una novela negra aunque haya algún muerto, sino de recrear una época, la Argelia colonial de los veinte y treinta, en unos ambientes rurales y urbanos –la ciudad de Orán en este caso- como los mencionados donde la pobreza es un elemento fundamental y las posibilidades de salir a flote para un indígena mínimas.
Se compone de tres partes cada una bajo el nombre de una de las mujeres  con las que el protagonista mantiene algún tipo de relación. Las dos primeras me parecen las más conseguidas y donde sale ese Khadra de la primera época que con muy pocas palabras es capaz de transmitir muchas cosas, directo, neorrealista. La tercera, en mi opinión, decae un tanto al quedar demasiado centrada en un aspecto de la historia del protagonista.
Aparece la enorme capacidad narrativa del autor y la riqueza en la creación de tipos humanos. También hay una fuerte carga crítica a la presencia de los colonizadores y a algunos elementos del islam.
Novela muy entretenida como sucede con todas las del autor y asimismo bien escrita y traducida. Me ha quitado el mal gusto que me había dejado la anterior, la única que me había defraudado.
 
 Yasmina Khadra, Los ángeles mueren por nuestras heridas
 

jueves, 25 de octubre de 2012

Me falla un favorito


 
Esperaba con mucho interés esta nueva novela de Khadra desde que la vi escrita en francés. Por primera vez me ha decepcionado este escritor que se cuenta entre mis favoritos pues, de hecho, he leído todos sus libros traducidos. Sigue siendo un gran narrador pero la obra tiene el grave problema, en mi opinión, de que no sabe muy bien por dónde tirar, si por contar lo que pasa en África, más en concreto en Somalia, lo que hubiese resultado muy interesante, o si centrarse en los problemas amorosos de un alemán. En esta tesitura la novela se compone a su vez de varias novelas por separado y la que más podría interesarme, la parte somalí, es la peor tratada en el libro.
Una pena. Khadra aborda siempre en sus libros un problema político y procura analizarlo desde el lado humano, pero aquí se le ha ido la mano en lo segundo.
No obstante, sigo recomendando cualquiera de sus libros anteriores.
 
Yasmina Khadra, La ecuación de la vida.

viernes, 27 de enero de 2012

Mis autores favoritos XIII: Yasmina Khadra




















No es un grandísimo escritor, pero sí es un buen narrador y, sobre todo, sus historias tienen todos los ingredientes para ser interesantes y por momentos apasionantes. Se desarrollan fundamentalmente en Argelia país tan cercano y, al mismo tiempo, tan desconocido; tratan temas como la violencia, la corrupción política, el terrorismo islamista y el fundamentalismo en general, en definitiva todo lo que ha llevado al país al desastre y a aparecer en las primeras páginas de los diarios.
Hay una serie que es novela negra con un curioso inspector de policía, el comisario Llob. El resto se dedica a esos temas e incluso en una, El escritor, hace una semblanza autobiográfica.
El nombre es un pseudónimo ya que el autor era miembro del ejército cuando empezó a publicar y no parecía conveniente hacerlo con su propio nombre por la crítica tan fuerte que hacía del sistema político argelino. Posteriormente se trasladó a Francia y, aunque mantiene el nombre literario, ya aparece públicamente con el verdadero.
Como decía al principio aunque no sea un gran escritor sus libros suelo leerlos de un tirón y su escritura es de las que me gusta: seca, directa, cortante y también sutil cuando hace falta.
Es de esos autores que cuando uno entra en contacto con él está esperando que publique algo nuevo.(De hecho el otro día vi en la FNAC de Madrid su último libro en francés y espero que se traduzca rápidamente).