Mostrando entradas con la etiqueta Jon Lee Anderson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jon Lee Anderson. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de octubre de 2025

Bastante completa recopilación

 

Desde que le conocí en 2012 le he seguido y creo que he leído todo lo que se ha traducido de su extensa obra. Ahora la editorial Debate edita en dos volúmenes una parte sustancial de esa obra. El primero no lo he comprado porque la mayoría de lo que en él aparece ya lo he leído en otras recopilaciones, no pasa lo mismo con el segundo en el que sí hay bastantes crónicas y perfiles que desconocía.

Desde luego Anderson es uno de los grandes del periodismo actual y un gran conocedor de lo que sucede en zonas del mundo que no son a veces las más habituales.

En esta edición se han agrupado los escritos en tres grandes grupos. Cada uno incluido en una de sus tres partes. Lo resumo a continuación:

Primera parte. Perfiles. Desde el Che Guevara (250 páginas reproduciendo capítulos de la biografía que escribió) hasta Robert Mugabe, pasando por Pinochet, Hugo Chávez o el mismo Juan Carlos I, entre otros hasta un total de 12 a lo largo de casi 500 páginas.

Segunda parte. El hombre y la naturaleza. Siete crónicas varias centradas en la Amazonia, pero también con alguna dedicada a África, Haití o Nueva Orleans tras el Katrina.

Tercera parte. Historia personal. Dos textos autobiográficos realmente interesantes para conocer al personaje.

Todas forman un conjunto que ocupa 641 páginas, en formato grande.

De un texto tan extenso y variado en sus temas se pueden decir muchas cosas e incidir en muchos aspectos. Como no es lo que suelo hacer en mis comentarios, destacaré aquello que más me ha llamado la atención:

 

De la biografía del Che, que se aprenden muchas cosas sobre Cuba y también sobre lo sucedido en Bolivia.

Del de Charles Taylor sorprende el nivel de estudios de algunos y las brutalidades que cometieron.

Del de Talabani, la enorme complejidad de la zona del Kurdistán.

Del de Robert Mugabe, gracias a la claridad con que está escrito, al fin me he enterado de algunas de las cosas que hizo.

Del de Flordelis dos Santos, lo útil que es para conocer a los evangélicos en Brasil.

Esto por lo que se refiere a los perfiles. Del resto, lo que cuenta sobre el Amazonas es muy interesante y, eso sí, bastante descorazonador por los desastres que se están llevando a cabo. Lo mismo sucede con su presencia tras el terremoto en Haití.

Anderson escribe muy bien, es muy claro, va al grano, no se pierde en digresiones inútiles, se compromete bastante con lo que dice en algunos temas y, desde luego, ejerce el periodismo de una forma que a mí me encanta.

Se completa la edición con un buen Prólogo de Leila Guerriero, otra de las grandes del periodismo actual.

Un libro absolutamente recomendable para cualquiera aficionado al buen periodismo.

 

Jon Lee Anderson, He decidido declararme marxista. Crónicas reunidas1980.2024, Vol. II. Traducción varios, según la crónica.

 

 

 

miércoles, 8 de octubre de 2025

Otro magnífico ejemplar de una gran colección

 

Este es el número diez de la serie Voces que la revista, y editorial, 5W está dedicando a conversaciones entre periodistas para hablar de la profesión y de cómo la ejercen. He leído y comentado en el blog los nueve anteriores. Todos enormemente interesantes como lo es este que ahora comento.

No conocía a Patricia Simón y me he llevado una grata sorpresa con sus aportaciones. A Anderson no solo lo conozco y he leído casi todo lo que se ha publicado en España de él, sino que en estos días estoy leyendo, poco a poco, el monumental segundo volumen de He decidido declararme marxista.

Dos buenos periodistas separados por la edad, pero al mismo tiempo unidos por algunas experiencias comunes al haber trabajado a veces en los mismos escenarios. En este sentido me han resultado especialmente interesantes las conversaciones sobre la Colombia de Uribe y la de Petro o, muy especialmente, sobre lo que está sucediendo en Gaza, tema en el que debaten con bastante pasión ya que no tienen la misma visión ni de lo que está sucediendo ni de las posibles salidas de cara al futuro. Las razones de Anderson me han hecho reflexionar y poner en cuestión algunas de las ideas que ya tenía bien asentadas.

Para incidir en algunos de los temas que tratan y en el enfoque que dan me parece que lo mejor es darles la palabra.

Así, Anderson deja esta pieza sobre el gran cambio que se ha operado en su trabajo y en su visión de la profesión:

“Trump no es solamente un adversario. Es el enemigo existencial. Hay que combatirlo. También he articulado esto en público de una forma que antes nunca hacía. Antes invocaba la imparcialidad. Ya no. Tenemos que ser militantes de nuestra supervivencia”. (p. 26)

Por su parte, Simón explicita lo que puede ser una de las grandes funciones del periodismo actual:

“El periodismo tiene que contribuir a reconstruir una ética pública basada en la sensibilidad, en el respeto, en el humanismo”. (p. 45)

Y, al mismo tiempo, plantea el interesante problema de cómo elaborar la información cuando a los que va dedicada tienen tan poca capacidad de concentración. 

“Y, por otra parte, la mayoría de las personas se informa a través del móvil, en el que el tiempo de permanencia máximo por artículo o reportaje es de tres o cuatro minutos. ¿Cómo vamos a poder explicar realidades cada vez más multifactoriales a una ciudadanía que ha perdido la capacidad de concentración?. Lo mismo pasa con la crónica de radio o televisión de cuarenta segundos”. (p. 47) 

Para completar diría que me ha parecido muy interesante la visión, muy crítica por cierto, que tiene Anderson del trabajo de J. Assange y, desde otro punto de vista, su siguiente afirmación: “Sadam era fascinante porque era la perfección de la tiranía”. (p.93) Un Sadam del que es capaz de explicar muchas cosas en poquísimo espacio.

En fin, un libro pequeño en tamaño pero grande en informaciones, opiniones y reflexiones. Absolutamente recomendable.

 

Jon Lee Anderson & Patricia Simón, Guerra, paz y periodismo.

 

miércoles, 2 de marzo de 2022

Otra buena recopilación de crónicas



Anderson ha aparecido ya varias veces en diferentes entradas del blog. Es uno de los grandes del periodismo de los últimos treinta años y lo demuestra una vez más en las crónicas que se recogen en este volumen que fueron publicadas en The New Yorker entre 1998 y 2009, si bien la mayoría están más cerca de la primera fecha.

Con respecto a otros libros del autor, al menos de los que yo conozco, ofrece la novedad de que nada menos que tres crónicas están dedicadas a temas españoles: una a la tumba de Lorca, otra al rey y la tercera a Euskadi. Su lectura es especialmente interesante no tanto por lo que cuenta sino, sobre todo, porque sirven para darse cuenta del tipo de periodismo que practica.

Además de las mencionadas, el libro se completa, hasta el total de las doce crónicas de las que consta, con otras centradas en Sudamérica y el Caribe, más en concreto: tres dedicadas a Cuba, otras tantas a Venezuela y una a Panamá, Colombia y Chile.

Menciono los países aunque el protagonismo lo tienen en la mayoría personajes como Fidel Castro, Hugo Chávez, Pinochet o Gabriel García Márquez. Hay que destacar que se ha entrevistado con todos los protagonistas y también con muchos de los que forman parte de su entorno por lo que tiene un conocimiento de primera mano. A menudo hay fragmentos que aparecen entrecomillados.

Además de los líderes en el libro se abordan temas como, entre otros: la situación de Cuba en el “período especial” de los años noventa, la intervención de los Estados Unidos en Chile o cómo se estructuran y funcionan las favelas en Río de Janeiro.

Evidentemente, con estos protagonistas, los textos suelen tener un fuerte contenido político, pero hay que destacar también su gran calidad literaria. Anderson demuestra siempre también un buen conocimiento del contexto en el que se desenvuelven sus personajes, aporta informaciones muy interesantes a veces desconocidas (por ejemplo, sobre la vida privada de Castro) y otras muy curiosas (por ejemplo, las anécdotas de García Márquez).

La verdad es que a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación no han perdido interés porque, como decía antes, tienen la virtud de su magnífica escritura, unos textos que da gusto leer no solo por lo que cuentan o informan sino también por cómo lo hacen. Me pasa con este escritor lo mismo que con Caparrós o Guerriero, o en su día con Kapuscinski, que siento verdadera pena cuando termina el libro.

 

Jon Lee Anderson, El dictador, los demonios y otras crónicas. Traducción Antonio-Prometeo Moya.

 

 

 

jueves, 16 de septiembre de 2021

Gran periodismo

Anderson es uno de los grandes periodistas desde hace ya bastante tiempo. Este es el tercer libro que leo de él. Me impresionó en su día La caída de Bagdad por lo bien que contaba todo y porque se comprometía en sus opiniones. Luego leí otro interesante sobre la herencia colonial en África y más recientemente una colaboración en un libro sobre Cuba editado por Leila Guerriero.

Este, dedicado a un fenómeno tan importante y significativo de una época del siglo pasado, es una pena no haberlo leído hace tiempo. Se publicó en inglés en 1992 y en esta edición en 2018. Digo que es una pena, porque hoy se lee ya como un texto de historia aunque haya un par de casos que sigan casi igual que cuando se hizo el libro.

El autor dedicó más de tres años entre 1988 y 1992 a visitar y convivir con cinco movimientos guerrileros: el FMLN en El Salvador, El Frente Polisario en el Sáhara, el grupo étnico de los Karen en Birmania, los muyahidines en Afganistán que luchaban contra el gobierno apoyado por la URSS y, en un caso un poco diferente, en Gaza con participantes en los enfrentamientos con Israel en la primera intifada.

A lo largo de los siete capítulos en los que ha dividido el texto, Anderson va explicando los diferentes aspectos de esos movimientos: los motivos de su creación, sus formas de vida en las duras condiciones en las que se encuentran, la financiación, la forma de hacer la guerra, los sistemas de justicia que han ido creando, las relaciones afectivas y el papel que juega la religión.

Es muy interesante observar las enormes diferencias que existen a veces en algunos de estos aspectos entre los diferentes grupos.

Como se puede apreciar se trata de una información muy completa para lo que se basa en lo que va viendo con su presencia entre los guerrilleros, pero también en lo que va conociendo a partir de entrevistas con diferentes miembros de la guerrilla, tanto dirigentes como simples “soldados”, en las que hablan de sus experiencias, sus intereses, sus vacilaciones, sus ilusiones, etc.

De todo ello sale una visión bastante completa de un tipo de movimiento que, aunque relativamente minoritario en cada territorio, tuvo gran importancia y resonancia desde los años sesenta del siglo xx.

Unos grupos formados por hombres y mujeres de los que dice Anderson en el fragmento que cierra el libro:

“Al final, todos los guerrilleros son cruzados, personas imbuidas de la creencia de que hay cosas por las que vale la pena morir. Y, sea lo que sea en lo que creen –el islam, el cristianismo, la “democracia”, el marxismo-leninismo o, simplemente, un mundo donde se diferencia lo bueno y lo malo-, luchan por realizar unos ideales más grandes que ellos mismos. Mientras tanto, en su lucha, los propios guerrilleros han adquirido unas dimensiones más grandes que la vida: son los santos, los dioses y los mártires en un mundo de su propia creación”. (p. 319)

Es interesante, por lo que supone de buena síntesis, la opinión que recoge de un guerrillero salvadoreño:

“- Somos como sacerdotes, célibes, aunque no porque queramos serlo; pobres, aunque no debido a los votos; y hemos aceptado la obediencia… porque a causa de la guerra, tenemos que hacerlo”. (p. 79)

En esta edición española hay un interesante Epílogo en el que Anderson actualiza la situación de los diferentes grupos. Así, podemos ver cómo hay grupos que incluso han llegado al poder a través de las elecciones como sucede en El Salvador, otros que prácticamente han desaparecido como los Karen birmanos y otros que continúan su lucha porque el conflicto no se ha resuelto como pasa en el Sáhara o Gaza.

Quizá hubiese sido interesante acompañar la edición con algún mapa sobre todo en los casos de El Salvador y Birmania porque no resulta fácil hacerse una idea del territorio que describe el autor.

Una libro recomendable aunque haya perdido parte de su gran interés al perder actualidad.

 

Jon Lee Anderson, Guerrillas. Traducción María Tabuyo y Agustín López Tobajas.