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martes, 7 de febrero de 2017

Sigo intentándolo con Borges



Segundo intento de entrar en la obra de uno de los escritores en castellano del siglo pasado más alabados y leídos. Si el primero fue bastante frustrante, como ya dejé constancia hace poco en el blog, este lo ha sido algo menos sin llegar a a gustarme demasiado tampoco.
Se recogen en el libro un conjunto de relatos que Borges publicó en diversos medios en los años treinta. Posteriormente, en 1954, los reeditó con alguna incorporación. En el Prólogo escrito para esta reedición dice el autor:

“Son el  irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias. (…)
El hombre que lo ejecutó era asaz desdichado, pero se entretuvo escribiéndolo,  ojalá algún reflejo de aquel placer alcance a los lectores.” (p. 10-11)

Curiosa afirmación la primera, pero que sitúa muy bien el contenido de los relatos en los que juega con personajes en su mayor parte reales de una manera singular. Hay dos o tres que me han gustado bastante y, sobre todo, me ha llamado la atención la escritura tan calculada y precisa del autor en lo que eran sus comienzos (más allá de cierto barroquismo a veces, como él mismo reconoce).
Volveré a darle otra oportunidad con alguna obra ya de su época de madurez.
Hay una buena reseña en confiesoqueheleido.blogspot.com.


Jorge Luis Borges, Historia universal de la infamia

jueves, 15 de diciembre de 2016

Doble sacrilegio




Tengo que reconocer que con Borges he cometido un doble sacrilegio: por un lado, haber tardado tanto tiempo en leer algo suyo a pesar de haber oído hablar tanto y tan bien del autor y su obra; por otro lado, y esto es más importante, no haberme gustado nada este primer acercamiento.
Dice Sr. Molina en su reseña del libro publicada en solodelibros.es:

“Su gran acierto fue jugar con los textos, divertirse con ellos y adaptarlos a su antojo, convirtiendo al lector en su cómplice. No se dejó atrapar en las formas clásicas del cuento y las cambió y manipuló a su antojo, transformando las historias en juegos, en adivinanzas, en jeroglíficos que mueven al lector a involucrarse. Quizá por eso sea un autor tan imprescindible.”

Creo que en este texto está las dos claves por las que no me ha gustado ni he disfrutado con la lectura de este conjunto de relatos: no he sido capaz de esa complicidad y, desde luego, mucho menos de involucrarme.
Reconozco a Borges su enorme erudición, tanto la real como la seguramente inventada, así como su magnífica escritura, pero salvo en dos de los relatos, La forma de la espada y El Sur, en el resto no he sido capaz de entrar en sus historias, me han aburrido y he terminado haciendo una lectura quizá demasiado rápida y superficial.
Es curioso que siendo un amante de todo, o casi todo, lo argentino, en literatura no terminan de gustarme algunos de sus más reputados autores y sigue siendo Manuel Puig mi favorito. A veces me parecen demasiado “intelectuales” y en otros casos un tanto herméticos, el caso es que prefiero leer a escritores colombianos, peruanos o cubanos.
No obstante, el otro día compré, también de Borges, la Historia universal de la infamia porque quiero darle una segunda oportunidad.



Jorge Luis Borges, Ficciones