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jueves, 2 de enero de 2020

Una visión de la Transición


Jordi Gracia, del que solo conocía su interesante opúsculo Contra la izquierda recientemente publicado, se despacha aquí nada menos que 641 páginas sobre la Transición o, mejor dicho, principalmente sobre el papel de Javier Pradera como editor, pero sobre todo como editorialista de El País, en esa época. Realmente ha realizado un trabajo admirable para ir conectando fragmentos de esos editoriales con los diferentes momentos del proceso.
El libro se promociona como una biografía de Pradera y es que, efectivamente, tiene una parte de eso. Vemos a Pradera militando en el PCE y colaborando con Semprún y Claudín en los momentos cruciales de mediados de los sesenta, también se dan algunos detalles de su vida privada (por ejemplo, su matrimonio con Gabriela, la hija de Rafael Sánchez Mazas), por supuesto hay bastante información sobre su participación en diversos proyectos editoriales: FCE, SigloXXI, Alianza, etc. Sin embargo, el núcleo fundamental del libro está dedicado, como decía antes, a su labor en El País y, dentro de ella, a la época de los gobiernos socialistas.
Por razones de edad, una gran parte del libro se corresponde con momentos importantes de mi vida y por eso el libro me ha interesado seguramente algo más de lo que lo hará a un lector más joven. Así, leo cosas sobre profesores que tuve en la facultad de Económicas como Gonzalo Anes (por cierto que no me imaginé en su momento que colaborase activamente con la oposición al franquismo) o Paulino Garagorri; veo publicarse libros que leí por entonces,  con especial interés por El pensamiento de Carlos Marx del jesuita francés Calvez; descubro quién montó la librería La Tarántula en la que tantos ratos pasé y, sobre todo, en la que me debió de despachar en algún momento nada menos que Rafael Chirbes que luego ha sido uno de mis escritores favoritos; en fin, un libro en el que conozco a la inmensa mayoría de los personajes que salen.
Todos los temas que se tratan en el libro son muy interesantes, desde la crisis del Partido Comunista de 1964, a la del Partido Socialista de 1979, pasando por los diferentes momentos de los gobiernos de Felipe González. En todos, el eje sobre el que gira el texto es la posición de Pradera en esos acontecimientos, y aquí la labor de Gracia resulta especialmente encomiable porque ha sido capaz de articular muy bien fragmentos de sus escritos según avanzaba en el proceso histórico. No obstante, se cura en salud en varios momentos e introduce matizaciones del tipo de: “presumible editorial de Pradera”, “tengo la certeza indemostrable del creciente papel de Pradera durante este años en la fijación de los objetivos”,  “ignoro si Pradera redactó la integridad del editorial”, “Aquí he atribuido, conjetural y atrevidamente, a Pradera”, ”un editorial con toda la pinta de ser suyo”, etc. En todo caso, esto no resta verosimilitud a la inmensa cantidad de citas que reproduce.
De un libro así se pueden decir infinidad de cosas y explicar aspectos que no se comparten del todo teniendo en cuenta que en varios de ellos tuve implicación personal. Obviamente no es este el lugar adecuado para hacerlo. Sí me gustaría destacar algunas cosas que me han llamado más la atención: el hecho de que Gracia dedique muchas páginas a describir la crisis de 1964 en el Partido Comunista y a hablar de Semprún y Claudín, pero apenas explica el contenido de los debates; en otro orden de cosas, al hablar del surgimiento de El País he descubierto que al principio apoyaba a Areilza, luego a Fraga y, finalmente, a Suárez o conocer que fue Soledad Gallego la que filtró el anteproyecto de borrador de la constitución.
Por otra parte, reconozco que las páginas que dedica al mundo editorial están entre las que más me han interesado. Tanto, que nada más terminar este libro he comenzado a leer el que ha publicado en 2019 Jorge Herralde sobre su labor de editor. (Incluyo en el interés la curiosidad de conocer las cifras de venta de la caseta del FCE en la Feria del Libro de San Sebastián de 1965).
Hay algo que se podría mejorar en la edición y es que, teniendo un índice onomástico, carece de un apartado dedicado a las fuentes y la bibliografía que se ha utilizado. De vez en cuando sí que aparece mencionada alguna fuente, por ejemplo, “Un memorándum de Múgica que conozco por la copia de Maravall.”, pero creo que es insuficiente para un trabajo de estas características.
Una vez más me ha vuelto a suceder algo que me suele ocurrir cuando leo sobre esa época: la sensación de pérdida de tiempo, la cantidad de horas que se dedicaron a hablar y discutir sobre temas parecidos “al sexo de los ángeles” (basta el ejemplo de alguien tan inteligente como Manuel Sacristán escribiendo a favor de la revolución).
Al mismo tiempo se pueden encontrar reflexiones como la siguiente de 1981 que parece escrita para hoy mismo:

“Lo peligroso es que frente a la “idea de España” como conjunto de ciudadanos con un pasado conflictivo y dotados de la libertad de decidir su futuro, ahora “campa la emoción de una España definida como una sustancia ajena e independiente a los hombres y mujeres que la habitan”, como si de veras la condición de español no fuera un hecho sino el resultado“ de una educación sentimental obligada y coercitiva para adecuarse a los valores unilateralmente dictados por una minoría que se autodesigna veladora de esa esencia arbitrariamente definida”. El resultado es que España se “convertiría en un fetiche independiente de los españoles, la mayoría de los cuales serían excluidos de su seno para ser ingresados en la cárcel, refugiarse en la vida privada o tomar el camino del exilio.” (p 402-403) (Subrayados en el original)

Un libro absolutamente recomendable aunque, por lo prolijo y detallado en muchos momentos, no apto para cualquier lector.
Hay una magnífica y muy completa reseña de JoséAndré Rojo en elpais.com.

Jordi Gracia, Javier Pradera o el poder de la izquierda. Medio siglo de cultura democrática.

domingo, 30 de abril de 2017

Artículos interesantes

Elisa Beni escribe sobre el sistema judicial y cómo se ha ido  reformando  con los años e incrementando el control político. (eldiario.es)

Mireia Sentis da un buen repaso a libros y películas sobre la cultura negra. (elpais.com)

"¿Qué fue de quienes creímos en la Transición?" por Jesús Lòpez-Medel. (ctxt.es)

lunes, 30 de noviembre de 2015

Él origen de algunas versiones actuales de la Transición



En poco tiempo he tenido ocasión de leer tres libros sobre el tema de la Transición: La Transición contada a nuestros padres de Juan Carlos Monedero, Por qué fracasó la democracia en España de Emmanuel Rodríguez y El PCE y el PSOE en (la) transición de Juan Andrade. De los tres he dejado comentario en el blog y a él me remito, pero sí quiero comentar ahora que los tres coinciden en dos cosas: un tratamiento bastante desigual de los distintos temas que abordan y, lo realmente importante, todos se muestran muy críticos sobre  cómo se ha contado hasta ahora lo que sucedió en ese fundamental momento histórico. Todo lo anterior viene a cuento porque tras la lectura del libro de Morán, reeditado ahora después de su primera publicación en 1991, la sensación que he sacado es la de que se trata de un texto que alguna manera está en el origen de estas más modernas versiones de la Transición.
Hay muchas frases del libro que pueden resumir la idea clave, pero creo que la siguiente es la que lo hace mejor: “(…) la Transición debe enfocarse como una derrota. Una derrota de todo aquello que era, para muchos antifranquistas, objetivos ineludibles del futuro: la libertad sin oligarquías que la limiten, la transformación social y la política como actividad abierta de la ciudadanía. Eso que no debe interpretarse de otra manera que como el patrimonio de la izquierda dilapidado durante el periodo.” (p. 35-36)
El autor partiendo de esta idea base irá desgranando a lo largo de ocho capítulos y un curioso Epílogo  los diferentes elementos que le llevan a esta conclusión.
El texto está plagado de sugerencias, de descripciones “a lo Morán” (duras y a veces muy descalificadoras), de análisis que en su mayor parte puedo compartir y de una visión del fenómeno histórico que en su momento tuvo que ser muy combatida.
El debate sobre la caracterización del franquismo, sus afirmaciones sobre la monarquía y sobre Juan Carlos, y, sobre todo, el capítulo  Formación y vocación de la clase política, son los aspectos que más me han llamado la atención de un libro que también me parece un tanto desigual en el tratamiento de los diversos temas teniendo en cuenta, eso sí, que es más un ensayo que un libro de historia.
Es también un libro que resulta a veces un tanto confuso pues tiene el autor un estilo de escritura que no siempre es todo lo claro que desearía el lector aunque, en todo caso, sí que es contundente en sus opiniones que suelen estar bien fundamentadas.
Quiero recoger aquí una idea de Morán que no solo comparto, sino que he vivido y vivo de la misma forma:

“Es una generación (se refiere a la suya) que no puede escuchar el himno nacional sin que le chirríen en sus oídos y en su memoria los compases de charanga de esa Marcha Real. Que no puede contemplar la bandera rojo y gualda sin un sentimiento irreprimible de rechazo histórico. Que no puede oír con unción el nombre del rey sin una cierta sonrisa de malévola complicidad, como quien está en un secreto intransferible.” (p.139)

En otro orden de cosas, también quiero dejar constancia de esta otra frase anticipatoria de procesos actuales:

“Lo único que garantiza la responsabilidad de unos profesionales políticos, su atención y su permeabilidad, es que existan amplios sectores que “hagan” política sin querer competir con ellos en la “carrera política”. Solo las bases ciudadanas pueden evitar la política como negocio, como empresa; o cuando menos, atenuarla. Entre profesionales es obvio que han de regir las reglas del mercado, y el fin del mercado es el beneficio económico.” (p.202)

Un libro de Morán siempre es recomendable pues hable de lo que hable siempre lo hace de una manera comprometida y poniendo en dedo en la llaga. Lo mismo sucede en este caso más aún al tratarse de un tema que hoy está tan en candelero y que genera tantas controversias.

Gregorio Morán, El precio de la Transición


martes, 29 de septiembre de 2015

A vueltas con la Transición




 
En los últimos tiempos están apareciendo bastantes estudios que ofrecen un enfoque de la Transición bastante diferente al que hasta ahora estábamos acostumbrados y que, dicho sea de paso, hace ya años que sus principales estudios ni se reeditan ni se renuevan.
De los nuevos ya he comentado en el blog los de Juan Carlos Monedero y Juan Andrade interesantes ambos aunque muy diferentes en la perspectiva que adoptan.
El que ahora comento me parece el más interesante de los tres ya que ofrece una visión bastante completa de todo el proceso aunque, eso sí, desde el punto de vista principalmente político y social y dejando a un lado, salvo alguna breve referencia, el tema económico.
Se trata de un libro muy sugerente e interesante tanto para el análisis histórico como para reconocer algunos de los problemas del momento actual. No obstante, también se trata de un texto desigual pues junto a algunas partes más analíticas, para mí las más importantes, ofrece otras demasiado descriptivas basadas, además, en las memorias de los protagonistas que, aunque sirven para refrescar las cosas que pasaron, no aportan gran cosa a su estudio. Otro aspecto que tampoco me ha convencido del todo es el análisis que hace de lo sucedido en Cataluña y el País Vasco.
Evidentemente, en un libro con este tema de protagonista, escrito además desde una perspectiva de izquierda crítica, son muchas las ideas que merecen destacarse y analizarse en profundidad. Pondré tres fragmentos que pueden resultar más polémicos y que a mí no solo me han llamado mucho la atención, sino que uno de ellos me ha hecho pensar también en mi caso personal.
 
“La Constitución selló la partitocracia que dominaría los siguientes treinta años sin ninguna integración sustantiva de nuevas formaciones partidarias, al tiempo que fijó unos débiles instrumentos de participación directa y de reforma interna. Dejó los derechos sociales como un asunto meramente “informativo”. Y blindó la reforma a cualquier iniciativa que no contara con el apoyo de los grandes partidos. En cierta forma, la caducidad de la Constitución estaba destinada a coincidir con la del propio régimen que finalmente sancionó.” (p.160)
 
“La solución (para cerrar la crisis social y económica del final del franquismo) estaba en las clases medias, única base posible de ese equilibrio. Sobre estas y no sobre la “clase obrera” gravitó la estabilización del cambio. Acabar con la crisis política implicaba acabar con la presión sobre los beneficios, con la amenaza que esta suponía para los intereses oligárquicos: respeto y continuidad de los privilegios y de los poderes fácticos. Estos eran los contenidos de la paz social, pero la clave de bóveda de esa estabilización estaba en la adhesión de las clases medias. Por eso, el nuevo marco político debía aparecer como un régimen que públicamente apareciese de y para las clases medias.” (p.349)
 
 
“(…) la clave de la Transición no está, por tanto, en la traición y malicia de esa clase política, que la mayor parte de las veces se había formado en el antifranquismo, cuanto en su molicie, en su autocomplacencia. En tanto hijos de su clase hicieron lo que tenían que hacer.” (p.354)
 
 
Como se ve lo que plantea son temas que no solo están de rabiosa actualidad analítica, sino que sobre ellos pivotan buena parte de las discusiones políticas del momento. Creo que es un libro muy recomendable sobre todo para quien le interese entender el cómo y el porqué estamos donde estamos.
Dejo el enlace con un comentario interesante y más completo.
Algo que me ha extrañado mucho es el error que se produce por tres veces de confundir el XXVIII Congreso del PSOE con el XVIII (y el "18 y medio").
 
Emmanuel Rodríguez López,  Por qué fracasó la democracia en España. La Transición y el régimen del `78