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sábado, 16 de noviembre de 2024

Curioso reportaje

 

Leila Guerriero es una habitual en las páginas de este blog en los últimos años. Procuro leer todos los libros que publica, dos de ellos como editora, ya que se trata de una de las grandes periodistas en lengua castellana de la actualidad. Creo que ya está a la altura de su maestro, reconocido por ella misma, Martín Caparrós quien, por supuesto, es otra presencia habitual en el blog.

En este caso se trata de un reportaje sobre la presencia de Capote en los primeros años sesenta del pasado siglo en la Costa Brava, en Palamós más en concreto, donde escribió una parte de su famosa A sangre fría. Guerriero se embarca en esta historia tras la escritura de La llamada, una obra que le costó tiempo y esfuerzo psicológico. Lo comento porque, de alguna manera, se trataba de hace un reportaje menos emocional, más sencillo.

El libro tiene apenas 132 páginas en la colección de bolsillo de la editorial Anagrama. Es decir, se trata de un texto breve.

El libro se inicia con las primeras pesquisas de la autora a la búsqueda de los lugares por los que pasó Capote para lo que se entrevista con diferentes habitantes del lugar que o bien vivían en la época o recuerdan que alguien les contó alguna cosa. Estos inicios son interesantes y se ve la forma de trabajo de Guerriero, pero el problema es que todo este trabajo ocupa demasiado espacio en el libro. De hecho, la propia autora llega a decir, creo que con gran acierto, lo siguiente:

“¿Qué importa si compraba diarios en la Cervantes, si iba a buscar pasteles a la Samso o a Collboni? Compraba diarios, compraba pasteles, da igual dónde lo hiciera. Nada de esto explica cómo era Capote mientras estuvo aquí. A lo mejor me empeño en seguir pistas de una estupidez escalofriante por una deformación profesional: la necesidad de enmendar alguna cosa. O por comprobar hasta dónde ha llegado el daño. Los periodistas vivimos de la memoria ajena.”. (p. 101-102)

Lo que pasa es que ese empeño se lo traslada al lector y por ahí el texto pierde interés y se hace algo reiterativo. Sin embargo, en la parte final recobra el interés pues se centra en cómo terminó el libro Capote y en alguno de sus escritos posteriores; todo esto resulta muy útil para conocer la personalidad del escritor.

En fin, no es uno de los grandes reportajes de la autora, pero se lee con gusto como siempre por lo bien que está escrito.

 

Leila Guerriero, La dificultad del fantasma. Truman Capote en la costa Brava.

 

jueves, 8 de febrero de 2024

Impactante



Hace apenas un año hice la entrada XXVIII de la serie que dedico a mis autores favoritos y era, precisamente, la correspondiente a Leila Guerriero. Tardó en entrar porque también tardé en conocerla ya que hasta 2018 no había leído nada suyo. Eso sí, desde entonces lo he leído todo, tanto lo escrito por ella como dos libros en los que figura como editora y en los que ha hecho la selección de los artículos.

Como periodista es realmente muy buena, tanto como para ser capaz de que un libro como Opus Gelber, en el que hace un extenso retrato de un pianista argentino de música clásica del que yo desconocía hasta su existencia, me atrapara desde el principio. Pero es que, además, escribe muy bien y tiene una gran capacidad para escuchar y a partir de ahí sacar lo mejor de los personajes.

En este retrato de la exmilitante montonera Silvia Labayru que ahora comento está una Guerriero creo que en la cumbre de su madurez como periodista y escritora. Se ha metido con un tema complicado y complejo y lo ha resuelto con gran maestría y dejando al lector con ganas de más después de leer 430 páginas.

Labayru formaba parte del equipo de Inteligencia de Montoneros cuando se produjo el golpe de Estado en 1976. Tenía veinte años y estaba embarazada. El 29 de diciembre de ese año fue detenida e ingresada en la ESMA donde fue torturada, violada y donde dio a luz a una niña que entregaron a sus padres (su padre era miembro de la Fuerza Aérea).

Guerriero ha entrevistado para hacer el libro a muchas personas, creo haber leído en algún lugar que unas 60. Entre ellas: dos de sus tres parejas, el primero y el actual, (el otro ya había fallecido cuando hace el libro) y un tercer hombre con el que tuvo relación en los ochenta; varias de sus principales amigas y compañeras de militancia y cautiverio; algunos amigos (Martín Caparrós entre otros), sus hijos, sobre todo su hija Vera, la que nació en cautividad, y, obviamente, un montón de horas con la propia Labayru a lo largo de casi dos años que empezaron en 2021.

Con estos mimbres monta un retrato realmente impresionante sobre la vida de esta mujer que, además de lo ya relatado, sufrió el rechazo de gran parte de sus compañeros de militancia tras su puesta en libertad. Cómo arma el retrato y cómo va dando voz a los diferentes intervinientes es algo que me parece la clave de este libro y lo que hacen de él un texto fundamental para entender muchas de las cosas que han sucedido en Argentina.

A mí particularmente es un libro que me ha impactado. Tengo muchos afectos aún en ese país y otros desgraciadamente ya nos han abandonado. He pasado muchas horas en Buenos Aires hablando y escuchando historias de esa época, he visto bastantes documentales y he leído libros de Bonasso (como el Recuerdo de la muerte que menciona Guerriero), Galimberti y Horacio Verbitsky entre otros. Me interesa y me preocupa todo lo que pasa allí. Con todo, jamás había visto una exposición tan clara y tan sincera de muchas de las cosas que sucedieron en los setenta y después. Obviamente, aquí no hay espacio para mencionarlas. Sí para decir que es un libro en el que hay muchos grises y pocos blancos y negros (estos últimos muy evidentes, claro). Un libro en el que se cuentan cosas tan chocantes como que Labayru fue violada por su torturador, algo “normal”, pero también por la mujer y en la casa del matrimonio, o que estando detenida en la ESMA pudo ver a su marido de entonces, Alberto Lennie, en Brasil, en Madrid y en México. En fin, un libro algo más que interesante, un libro impactante y que dice mucho sobre la condición humana, ( sobre lo peor sobre todo, pero también algo sobre lo mejor).

Otro apunte personal: Silvia Labayru tiene una casa en Valsaín, un pequeño  pueblo de Segovia que está en las estribaciones del puerto de Navacerrada, a la que acude con frecuencia porque es el lugar donde mejor se siente. En ese pueblo pasé muchos de los mejores momentos de mi infancia y juventud, y a él he vuelto varias veces en los últimos años para enseñárselo a mi mujer  y a mi hijo. A ambos les encanta.

Hay una interesante entrevista con Carmen López en eldiario.es

 

Leila Guerriero, La llamada. Un retrato.

 

 


viernes, 10 de febrero de 2023

Mis autores favoritos XXVIII: Leila Guerriero












 

















Han pasado más de cuatro años desde que hice la última entrada en esta serie que dedico a aquellos escritores/as que más me han hecho disfrutar con sus textos. No sé si será casual, pero precisamente la última entrada se la dedicaba a Martín Caparrós que comparte con Guerriero tanto la nacionalidad como la profesión periodística.

Conocí a Leila Guerriero en fecha tan tardía como 2018 con la lectura de Una historia sencilla. Me impactó. Un tema que aparentemente no me tenía que interesar ni gustar, gracias al tratamiento que la periodista le daba, me apasionó hasta el punto de que nada más terminar su lectura acudí a You Tube para ver al protagonista y otros momentos del festival de baile del que habla en el libro.

Exactamente lo mismo, quizá aumentado, me pasó con el libro dedicado al pianista Gelber. En este caso, además, con un texto realmente extenso sobre alguien del que yo desconocía hasta su existencia.

A partir de ahí, cada vez que he visto un libro suyo en los estantes de las librerías no he dudado en comprarlo y leerlo enseguida. Con todos he disfrutado porque es una entrevistadora espectacular, capaz de que no se note su presencia estando al mismo tiempo muy presente.  En este sentido el libro Plano americano es un buen ejemplo de cómo se puede interesar al lector entrevistando a gente muy alejada de sus intereses.

Además, tanto en reportajes como en entrevistas, tiene una escritura enormemente clara y fluida y un lenguaje muy preciso no exento de calidad.

Desde otro punto de vista es también una magnífica editora y en los dos libros que he leído con artículos seleccionados por ella he descubierto un montón de periodistas sudamericanos muy interesantes. Luego he podido conocer a  alguno de ellos como, por ejemplo, a Óscar Martínez del que también he leído todo lo que he encontrado.

En fin, solo me queda recomendar cualquiera de sus libros. Por cierto, el último que he leído ha sido el primero que publicó porque lo acaban de reeditar. Quizá sea este la mejor manera de entrar en el conocimiento de una de las grandes periodistas en castellano de nuestra época.

 

Nota: La forma en que aparecen los libros no es la que me gustaría, pero no sé hacerlo mejor con los cambios que hicieron en blogger.


viernes, 20 de enero de 2023

El inicio de una gran carrera


Aunque es el último libro que leo y con el que completo toda la obra publicada de la autora, fue sin embargo el primero que publicó (en España en 2006), pero ha estado agotado hasta su reciente reedición.

Guerriero llegó a Las Heras en otoño de 2002. Este es un pueblo, o ciudad, que creció gracias al petróleo y a la empresa argentina YPF, aunque por esas fechas esos yacimientos los vendieron a Repsol.

En esa localidad se habían producido doce suicidios entre 1997 y 1999. “Once de ellos tenían una edad promedio de 25 años y eran habitantes emblemáticos de la ciudad, hijos de familias modestas pero tradicionales: el bañero, el mejor jinete de la provincia, el huérfano criado por sus tías y sus abuelos”. (p. 27) Aunque no hay lista oficial de muertos, ni los de 1997 fueron los primeros.

La autora nos va contando aspectos de la vida de algunos de estos suicidas, pero no se queda ahí y lo que obtenemos al final es una idea bastante aproximada de cómo podía ser la vida en una población del sur de Argentina con una dedicación exclusiva a la extracción de petróleo. Un lugar con importantes diferencias sociales y culturales. Así,

 

“(…) el pueblo, como todos los pueblos, tiene sus prejuicios y sus castas: nadie lo dice en voz alta, pero hay “ypefianos” y resto del mundo y los “ypefianos” comen en restaurantes como esos, viven en un barrio especial en casas especiales, tienen autos especiales y conservan el esquema familiar más tradicional que imaginar se pueda: esposa ama de casa, esposo que trabaja, hijos al colegio. Sus hijas no quedan embarazadas a los 12 años, los maridos no destrozan a golpes a sus esposas, sus hijos no se inyectan vino tinto”. (p. 108)

 

Hay varios ejemplos de abusos, malos tratos y de embarazos de adolescentes, entre otras razones porque como dice una coordinadora pedagógica que fue  para formar a gente en la resolución negociada de conflictos:

 

“Lo que encontramos entre los chicos fue falta de proyecto, apatía, problemas de violencia física entre ellos, situaciones conflictivas con los padres, prostitución y abuso infantil.

(…)

No hay urbanización que invite a un encuentro social, no hay una plaza, no hay confiterías. Qué hacen los chicos un viernes a la noche, no hay cine, no hay teatro. No hay nada”. (p. 172-173)

 

Guerriero utiliza la técnica, que luego ha sido marca de la casa, de dejar hablar a los distintos protagonistas y de que apenas se note la presencia de la periodista. Demuestra como siempre una gran empatía y sensibilidad. No entra en los aspectos que podrían resultar morbosos y tampoco intenta averiguar los motivos que llevaron a tan drásticas decisiones. (En el pueblo se hablaba mucho de que estaban causados por una secta).

Hay algunos personajes a los que dedica más atención como, por ejemplo, Naty, una mujer con una vida curiosa a la que realiza una peculiar entrevista, o Pedro Beltrán, un peluquero gay que le muestra ese ambiente que tan complicado resulta en un mundo tan machista.

En definitiva, un libro que merece la pena porque en él hay mucha vida y esta está muy bien contada, sin valoraciones ni condenas que quedan, en todo caso, en manos del lector.

Es una buena ocasión para conocer a Guerriero. Estoy seguro de que quien la lea por primera vez no parará hasta encontrar más libros suyos.

Hay una interesante entrevista de Enrique Planas con la autora en elcomercio.pe

 

 

Leila Guerriero, Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico.

 

 

miércoles, 5 de octubre de 2022

Reflexiones sobre el trabajo de periodista


Creo que este comentario no puede comenzar de otra manera que no sea agradeciendo a la revista 5W la idea de esta colección que, para los que somos aficionados al periodismo, está siendo un verdadero regalo. En cada uno de los hasta ahora publicados se encuentran reflexiones, ideas, críticas, etc. muy interesantes y, desde luego, diferentes enfoques de algunos aspectos del periodismo aunque siempre desde el denominador común de la profesionalidad y del respeto a la realidad y al lector.

El que ahora comento me ha gustado especialmente. Guerriero es una de mis escritoras favoritas. He leído todo lo que ha publicado en España excepto Los suicidas del fin del mundo, un libro totalmente agotado y, precisamente, del que más se habla en esta conversación. A Izagirre lo conocí no hace demasiado tiempo por su original y muy interesante libro Los sótanos del mundo. Luego leí el dedicado al Tour de Francia que me pareció realmente curioso y una demostración de cómo se puede hacer buen periodismo con el deporte, algo por cierto poco habitual.

En resumen, los dos periodistas que dialogan en este libro son dos personas que admiro, admiración que aumenta leyendo las reflexiones que hacen sobre su profesión.

Creo que de los siete libros que componen la colección es en el que más tiempo y espacio se dedica a describir y a analizar la forma de trabajo de ambos. Se inicia la conversación explicando cómo llegaron al periodismo (Guerriero, por ejemplo, tiene estudios de turismo), pero enseguida entran en sus métodos de trabajo que ejemplifican a partir sobre todo de dos de sus libros: el ya mencionado de Guerriero Los suicidas del fin del mundo y Potosí de Izagirre. Desgraciadamente no he leído ninguno de los dos, pero no es necesario para ver cuál es su forma de enfrentarse a su trabajo, un trabajo en el que derrochan sensibilidad, profesionalidad, humanidad, perfeccionismo, autocrítica, respeto por el lector y un largo etcétera.

Ambos se han dedicado a la crónica, pero también, sobre todo Guerriero, al perfil e incluso a la edición. En el libro Plano americano se recoge una selección de perfiles hechos por ella que son un ejemplo de cómo se tiene que tratar a los personajes. Además, ha hecho un libro de muchas páginas trazando el perfil de un pianista argentino, un libro del que dice Izagirre:

 

“¿Y con Opus Gelber? ¿También es un artículo que al final se convierte en historia? Hay un momento, que me parece maravilloso, en el que dices que Gelber te va atrayendo a su telaraña. Eso es lo que le va pasando al lector de tu libro: al final, la historia de este tipo, que a mí no me importa nada, me ha atrapado en una telaraña”. (p. 43)

 

Reproduzco este fragmento porque es exactamente lo mismo que pensé cuando estaba leyendo el libro porque siendo un personaje que no conocía y que, en principio, no me interesaba especialmente, cada día me tenía más enganchado. Lo mismo me pasó con muchos de los perfiles que traza en el otro libro citado.

En fin, un libro, realmente un librito de apenas 140 páginas en tamaño bolsillo, que no me perdería sobre todo si se está interesado por una profesión que hoy está siendo bastante denostada (y con razón en muchos casos), pero en la que quedan gente como los autores de este libro o Martín Caparrós, Óscar Martínez, Xavier Aldekoa o Mikel Ayestaran, por citar solo a algunos de los que más he leído.

No tiene nada que ver, pero desde aquí animo a suscribirse a la revista 5W donde trabajan algunos de los citados y que es una magnífica revista.

 

Leila Guerriero & Ander Izagirre, En el fondo la forma.

 

 

martes, 2 de febrero de 2021

Otra muestra de gran periodismo


Que Leila Guerriero es una gran periodista y una magnífica escritora creo que pocos lo dudarán y no seré yo uno de esos, pero es que, además, se une en ella una característica especialmente difícil de conseguir: es capaz de hacer que el lector se llegue a interesar por cosas y personajes que, al menos de entrada, parecería difícil. A mí me ha pasado varias veces. Por ejemplo, he disfrutado con Opus Gelber, un libro entero dedicado a un pianista argentino prácticamente jubilado; o con el festival de malambo al que dedica el libro Una historia sencilla; o con perfiles como el de una diseñadora de joyas o una bailarina en Plano americano. En definitiva, tiene el inmenso mérito de lograr ampliar el campo de intereses del lector, seguramente porque, como dice el fragmento que la editorial reproduce del diario Clarín, escribe “Historias atemporales que nos recuerdan que siempre es una aventura ponerse en el lugar del otro”

En esta edición ampliada de Frutos extraños, la primera se hizo en 2009, se recogen crónicas, perfiles, conferencias y artículos de opinión escritos sobre todo en la primera década del siglo, aunque se han incorporado varios textos posteriores.

El libro está dividido en tres partes.

En la primera, Crónicas y perfiles, hay veinte textos con cierto predominio de perfiles tan interesantes como los de Fito Páez, Facundo Cabral, un gigante de 2,30 convertido casi en un juguete roto, o el de un empresario de la carne, por mostrar la variedad; y crónicas tan llamativas como las de una joven que mató al bebé que nació fruto de una violación, el papel de la mujer en el negocio de la venta directa o el de la que, algo más que presuntamente, asesinó a tres amigas para ocultar cómo las había estafado.

La segunda, Discusiones, es quizá la más personal hasta el punto de que aparecen datos biográficos de la autora que nunca había leído en ningún otro texto. Hay crítica de un tipo de turismo o también de los excesos que a su juicio se cometen en defensa de la salud.

La tercera, Sobre el periodismo, está dedicada a dar su visión de qué es el periodismo a través de cinco textos de los que el último, una conferencia en México en 2018, me parece uno de los más interesantes del libro; como también lo es la conferencia con la que lo abre, dictada en 2017 en Buenos Aires, Mi diablo, en la que explica muy bien y con gran cantidad de ejemplos cuál ha sido no solo su trayectoria profesional sino sus principales influencias.

Creo que con este breve muestrario de lo que contiene el libro ya sería suficiente, pero es que, además, y como siempre pasa con Guerreiro, si importante es lo que cuenta tan o más importante aún es cómo lo hace y qué método utiliza para obtener la información porque creo que esto es, al menos en parte, lo que explica su forma. Hablando sobre los perfiles, dice en un momento determinado:

“La pregunta, claro, es cómo se hace.

La respuesta es que no sé pero que, en todo caso, me sirve aplicar curiosidad, derrochar paciencia y cultivar discreción: preguntar como quien no sabe, esperar como quien tiene tiempo y estar allí como quien no está”. (p. 547) 

Esto se puede apreciar si uno se fija detenidamente en cada uno de los perfiles que hace, pero lo relevante es que el lector no se da cuenta de su “no presencia” y, contradictoriamente, está al tanto de que está allí junto al protagonista obteniendo todo lo que puede para componer ese perfil y mostrárselo lo más completo posible al lector.

Es llamativa la poca presencia que tienen en sus libros las referencias a la situación política tratándose de Argentina y de escritos hechos muchos de ellos  en periodos de gran convulsión. Imagino que la autora quiere que así sea para no complicar la recepción en un país tan polarizado políticamente como el suyo. Desde luego, yo que soy alguien muy interesado por la historia y la política argentina lo prefiero así.

De los libros publicados de la autora solo tengo pendientes el último,  Teoría de la gravedad, que recopila sus columnas en El País que aunque leeré no tengo demasiadas esperanzas puestas en él porque a mí de esta escritora me interesan los textos extensos de largo aliento y no esas dosis homeopáticas; y también me falta el primero que publicó, Los suicidas del fin del mundo, totalmente agotado y que espero que alguna editorial se anime a reeditarlo porque tiene que ser muy interesante. (Acabo de buscar en internet y veo que está en Tusquets.)

Si digo que es una escritora muy recomendable, me quedo muy pero que muy corto. Creo que junto a su compatriota Martín Caparrós, al que por cierto cita varias veces como maestro, componen una dupla de escritores que están ofreciendo un periodismo de los mejores, si no el mejor,  en lengua castellana.

 

Leila Guerrriero, Frutos extraños


 

miércoles, 1 de julio de 2020

Visiones de Cuba




No es muy habitual encontrar un libro que trate de Cuba  en el que no haya ni críticas furibundas ni encendidas defensas del régimen. Claro que en este caso la edición corre a cargo de Leila Guerriero, una periodista que se caracteriza por el rigor de la información y el mayor acercamiento posible a una cierta objetividad.
Dice en el Prólogo:

“Para unos Cuba es un modelo de equidad y justicia y, para otros, una forma solapada de replicar las peores lacras de Occidente (la corrupción, el sistema de clases, la desigualdad social). Para unos es la isla de la fantasía. Para otros, una cárcel.
Los doce textos que componen este libro intentan alejarse de esos reduccionismos y contar el país desde el territorio mucho más peligroso, y por lo mismo más interesante, de la duda y la contradicción. Los periodistas y escritores que participan en este volumen –no cubanos residentes en Cuba, cubanos residentes en Cuba, cubanos exiliados de Cuba, no cubanos visitantes de Cuba- hablan de un país cuya población ha sido educada en el ateísmo más rancio, pero bebe ávida de los odres de las religiones afro. .. (y sigue poniendo varios ejemplos de este tipo de contradicciones)“ (p. 9-10)

He aquí un magnífico resumen de lo que el lector se va a encontrar en las páginas siguientes. En el libro no se habla de la situación política de la isla, aunque aparezcan algunas alusiones de vez en cuando; tampoco se explica en detalle la situación económica, aunque también haya referencias sobre todo al “período especial” de los años noventa; Fidel Castro apenas es mencionado ni tampoco Raúl; hay más espacio dedicado a la vida de un jinetero o al funcionamiento del Tropicana que a cualquiera de estos temas. Esto, precisamente, constituye el gran valor del libro, el acercamiento que se hace a las distintas realidades de la isla tratando aspectos que no son los habituales.
Los doce capítulos están escritos todos ellos por estupendos periodistas y escritores como los cubanos Carlos Manuel Álvarez (autor del primer texto que es para mí uno de los mejores) o Leonardo Padura, los estadounidenses Jon Lee Anderson o Francisco Goldman o el corresponsal español Mauricio Vicent, por poner solo aquellos que yo conocía antes de leer el libro. Estos autores abordan diferentes aspectos de la realidad cubana que no son siempre de los más conocidos. Así, por ejemplo, el juego, la pasión por el béisbol, el papel de la mujer, el funcionamiento de la producción de películas o la forma de trabajo de un jinetero.
Solo en dos se aborda principalmente el tema que anuncia el subtítulo del libro, son: El capital cubano. Siete episodios de una transición… ¿hacia dónde?, del ensayista y crítico de arte cubano Iván de la Nuez y el de Jon Lee Anderson titulado La otra orilla que está dedicado casi exclusivamente a comentar el “período especial” de los noventa.
En el resto hay a veces alusiones tanto positivas como negativas -más de estas que de aquellas-, a la situación que se vive en Cuba. Un ejemplo puede ser este fragmento del chileno Patricio Fernández:

“No es una élite que viva en el lujo, aunque tampoco experimenta las carencias del resto. Es muy pequeña, como en todos los países del continente, y en ella conviven los parientes de la nomenclatura, los nuevos emprendedores, los artistas plásticos, los músicos, los escritores. Casi no hay negros entre ellos. No es que los rechacen explícitamente o tengan discursos racistas, pero simplemente no entran. Es muy raro ver ahí un matrimonio mixto.” (p. 76-77)

No obstante, lo importante del libro es lo mucho que se disfruta con las historias que cuentan y con lo bien escritas que están todas en los diferentes registros que utilizan, pero siempre con una gran calidad literaria.
No es este el lugar para opinar sobre la situación de la isla. En varias entradas del blog he ido dejando mi opinión a lo largo del tiempo. Aquí me gustaría dejar simplemente la idea básica que resume mi forma de enfocar el tema: al hablar de Cuba, las comparaciones no deben hacerse con países europeos, sino con los de su entorno más inmediato desde la República Dominicana a Honduras o Guatemala pasando incluso por Haití. Esa es la forma de entender mejor lo que significa ese país en esa zona del mundo.
Un libro muy recomendable que se disfruta desde el principio hasta el final.

Leila Guerriero editora, Cuba en la encrucijada. Doce perspectivas sobre la continuidad y el cambio en La Habana y en todo el país.


lunes, 27 de abril de 2020

El malo como bestia humana




En los últimos dos años he leído casi todo lo publicado en España de esta grandísima periodista argentina. En este caso aparece solo como editora, pero se aprecia su mano tanto en la elección de los temas, como da la impresión de que también de los periodistas que los tratan, porque su calidad es innegable en todos los casos.
Empezaré mi comentario aprovechando dos fragmentos del prólogo de la propia Guerriero que, no por casualidad, titula La jauría:

“Primero, la idea, el origen: un libro de perfiles que dibuje un mapa –oscuro, inverso- de América Latina. Un libro que reúna historias de mujeres y hombres –todos contemporáneos, en su mayoría vivos- que, en el arcoíris de la maldad, habiten la zona feroz de los colores plenos. Un libro que cuente la vida –y la obra- de malos químicamente puros: de malos inapelables.” (p. 9)

“El malo no como un monstruo; no como alguien para cuya concepción anómala deben conjugarse decenas de coincidencias atroces, sino como el vecino que cada domingo baja a pasear el perro y que, de lunes a viernes, aplica chorros de electricidad sobre una embarazada.
El malo como bestia. Pero como bestia humana.” (p. 16)

El primer fragmento es con el que abre el Prólogo y el segundo el que lo cierra.
El libro recoge catorce perfiles de “malos” muy variados tanto por su procedencia geográfica, así: Argentina, Venezuela, Panamá, El Salvador, Brasil, México, Perú, Colombia y Chile; como el tipo de su maldad, así: descuartizadores, violadores, caníbales, asesinos, ladrones de niños, torturadores, etc. y tanto civiles como militares o policías o paramilitares. Además, tres son mujeres. 
Se trata de un texto no siempre fácil de leer. Su dureza hace que en algunos momentos haya que respirar profundamente para coger aliento por los temas y las descripciones que se hacen: cómo se deshacen de cadáveres, perros que violan entrenados por una mujer, torturas de todo tipo tanto por represores como por pandilleros y, en general, el uso sistemático de la violencia. Sin embargo, junto a ello hay muchos momentos conmovedores sobre todo cuando se cuentan detalles de la infancia y juventud de los protagonistas que, como se puede suponer, no fueron momentos especialmente gratos ni alegres para muchos de ellos; no se pretende por eso justificar sus comportamientos, pero sí acercarse algo a una mínima explicación. Hay mucha miseria tanto material como humana en los orígenes de esa maldad, aunque no en todos los casos pues también hay algunos que proceden de la clase media y tuvieron la posibilidad de estudiar y formarse dentro de un ámbito familiar normal.
Los reportajes están escritos en 2014, el libro se publicó en Chile en 2015, pero lo que en ellos se cuenta abarca períodos mucho más largos según los casos. La inmensa mayoría estaban vivos cuando se escribieron aunque muy pronto fue asesinado uno y, por alguna búsqueda que he hecho luego en internet, hay algún otro que ha muerto con posterioridad.
Es casi imposible destacar alguno de los reportajes. Todos tiene gran interés y todos están muy bien escritos. Quizá por mi desconocimiento del tema y porque explican muchas cosas, a mí hay tres que me han llamado más la atención: el de las maras salvadoreñas, el que habla de la situación en la mayoría de las cárceles venezolanas y el dedicado a los paramilitares colombianos.
Al finalizar la lectura se da uno cuenta de que cada uno de los relatos podría muy bien dar lugar a una película e incluso a una serie de televisión. Todos tienen gran fuerza, interés humano y unos protagonistas reales que sería difícil encontrar tan bien caracterizados en una novela.
Desde luego, no solo creo que es un libro muy recomendable, sino que se trata de una lectura tremendamente adictiva y apasionante en la línea de la mejor literatura. De él dice Gabriel Ruiz Ortega en su reseña en leeporgusto.com:

“Pues bien, hace más de un mes leí un libro que bien puedo calificar de histórico y que todo amante de la buena lectura está en la obligación moral de leer. Histórico no solo para los entusiastas de la crónica y los perfiles, sino también para los acostumbrados a leer ficción, que, dicho sea, no sería pernicioso que le den tregua a ese apego, porque estos catorce perfiles que integran Los malos (UDP, 2015), es, por donde se le mire, una obra maestra. Una experiencia literaria total, a secas.”
(Los subrayados en el original).

Leila Guerriero (Ed.), Los malos.


martes, 26 de noviembre de 2019

Sobre el periodismo



En muy poco tiempo he leído gran parte de los libros publicados por esta gran periodista argentina. Hasta ahora consistían bien en una historia concreta, Opus Gelber o Una historia sencilla, bien un conjunto de perfiles de personajes sudamericanos del mundo de la cultura, entendida en un sentido amplio, como hace en Plano americano. En este caso el contenido es bastante diferente; se trata de un conjunto de 29 artículos y conferencias que se dedican en su mayoría a reflexionar sobre el periodismo y el trabajo del periodista. Abarcan el periodo que va de 2006 a 2013.
A mí, como he demostrado muchas veces ya en este blog, el tema me parece muy interesante aunque solo sea porque, hoy por hoy, la información acapara una parte importante del tiempo de la gente. Por ello, el que alguien que se dedica a esta profesión ponga negro sobre blanco sus ideas sobre la profesión me parece especialmente valioso, a pesar de que el tipo de periodismo que hace Guerriero no tiene mucho que ver, ni en sus temas ni en sus formas, con el que suele acaparar horas y horas, páginas y páginas, en los diferentes medios.
En muchos momentos aparece en el libro el nombre de Martín Caparrós como ejemplo de periodismo de calidad. Se nota la admiración de la autora por él, algo que comparto plenamente porque me parece quizá el mejor periodista-cronista del momento en lengua castellana.
Aunque todos los textos tienen su valor y ninguno tiene desperdicio, me gustaría destacar, por ser los más completos y donde quedan mejor hilvanadas las reflexiones, los siguientes: ”Qué es y qué no es el periodismo literario: más allá del adjetivo perfecto”, “Leer para escribir”, “El periodismo cultural no existe” y  “La imprescindible invisibilidad del ser, o la lección de Homero”.
En ellos se pueden leer fragmentos como los que reproduzco a continuación:

“Sean invisibles: escuchen lo que la gente tiene para decir. Y no interrumpan. Frente a una taza de té o un vaso de agua, sientan la incomodidad atragantada del silencio. Y respeten.” (p. 20)

“El periodismo –literario o no- es lo opuesto a la objetividad. Es una mirada, una visión del mundo, una subjetividad honesta.“ (p. 58)

“La pregunta, claro, es cómo se hace.
La respuesta es que no sé, pero que, en todo caso, a mí me sirve aplicar la curiosidad, derrochar paciencia y cultivar discreción: preguntar como quien no sabe, esperar como quien tiene tiempo y estar allí como quien no está.” (p. 207-208) (Se está refiriendo a cómo se hace un perfil.)

“Para ser periodista hay que  (…) Llegar, después de días, a un texto vivo, sin ripios, sin tics, sin autoplagios, que dude, que diga lo que tiene que decir –que cuente el cuento-, que sea inolvidable. Un texto que deje, en quien lo lea, el rastro que dejan, también, el miedo o el amor, una enfermedad o una catástrofe.” (p. 84) (Aquí, quizá, se “pasa un poco de frenada”.)

Cuando leía lo de la invisibilidad, el respeto y el uso de materiales diversos (ella habla de “textos integrados”), me venían a la cabeza cosas que he pensado, y también escrito en mis comentarios, cuando leía sus libros. Es muy curioso sobre todo cómo se puede llegar a percibir esa invisibilidad.
También me ha llamado la atención la insistencia sobre la necesidad de la lectura que hace en “Leer para escribir”, y no en cualquier tipo de lectura. Esto es algo que se deberían aplicar también muchos, muchísimos, profesores de lengua cuyas lecturas, cuando las hacen, se limitan a los libros de mayor venta.
En un libro que recoge tantos artículos es inevitable que haya alguna idea y algún ejemplo que aparezca repetido. No importa porque, además, son muy pocos.
Para terminar una última cita que refleja algo que está sucediendo también por aquí, sobre todo en la literatura francesa:

“Se dice, se repite: que lo más interesante de lo que se escribe y se publica hoy en Latinoamérica pertenece al género de la no ficción. Que es allí donde hay que buscar los saltos en altura, las cuerdas flojas, los riesgos de la forma y del estilo.” (p. 79)

Un libro recomendable como todos los de su autora que no solo es una gran periodista sino una muy buen escritora y alguien que cuida mucho sus textos lo que hace que su lectura no sea solo interesante, sino también gratificante.
Hay una buena reseña de Juan José Millás, por cierto el único no sudamericano que sale en el libro Plano americano, en elpais.com.

Leila Guerriero, Zona de obras.


lunes, 14 de octubre de 2019

Periodismo del bueno


Tras la lectura de Una historia sencilla y Opus Gelber, ambas de la autora, he quedado enganchado a sus libros. Para mi gusto, Guerriero comparte con Caparrós, cada uno con su estilo y sus temas, además de su nacionalidad su capacidad para hacer literatura y muy buen periodismo al mismo tiempo.
El libro dedicado al pianista Gelber es uno de los mejores que he leído este año y ahora se le une este Plano americano en el que se recogen los perfiles de 26 personajes que, salvo en el caso del inédito dedicado a Roberto Alt, fueron publicados entre los años 2002 y 2017 en diferentes medios de Chile, Argentina, México, Colombia o España.
Para realizarlos utiliza indistintamente entrevistas con el propio personaje, con amigos y gente cercana, artículos sobre él o ella, escritos del propio personaje, datos sobre su vida, etc. Con todo ello termina conformando un texto que tiene un poco de crónica, de reportaje y de análisis, con lo que el lector termina teniendo una idea bastante completa del personaje.
Dice Mario Vargas Llosa en su crítica en elpais.com que los perfiles: “son una verdadera proeza narrativa, por la cercanía que consiguen, introduciendo al lector en la intimidad de todos ellos, en la pulcritud o el caos en que viven o vivieron, en los objetos de que se rodearon, sus padres, mujeres o maridos, o hijos, y en su manera de trabajar, en sus éxitos y fracasos, en sus grandezas y pequeñeces.”
Remito al que esté interesado a esta reseña porque es realmente magnífica y dice cosas no solo muy bien dichas sino, sobre todo, muy positivas sobre el carácter de la escritura de Guerriero.
Una característica de la autora, que ya conocía de sus libros anteriores y que me encanta, es que deja que los personajes se muestren como son y es muy poco intervencionista, al menos en lo que luego escribe. Además, por lo general usa citas de otros para caracterizar a los personajes y muy pocas veces su propia impresión.
Entre los personajes predominan los de nacionalidad argentina, pero también hay chilenos, uruguayos y un español. Además hay gran variedad de profesiones: poetas, periodistas, escritores, artistas plásticos, diseñadores, cantantes, una bailarina, etc., y un cierto equilibrio de géneros pues hay diez mujeres.
A la inmensa mayoría los he conocido al leer el libro ya que no tenía ni idea de su existencia, sin embargo, puedo decir que prácticamente todos me han interesado, lógicamente en distinto grado, sobre todo porque la autora sabe extraer de todos ellos el lado más humano. Particularmente me han llamado la atención: Ida Vilariño y Claudio Bertoni, quizá por la riqueza de las poesías que reproduce de ambos.
En fin, es un libro más que recomendable. Un libro para ir leyendo poco a poco, disfrutando de las diversas personalidades y de la forma de trabajar de esta gran periodista que es Leila Guerriero.
Dos críticas un tanto intrascendentes. Por un lado, me ha sorprendido que la autora cometa el error, aunque es bastante común, de decir que Juan José Millás tiene un problema de pronunciación con la letra “r” cuando el problema lo tiene con la “l”. Por otro lado, he encontrado 6 o 7 erratas no relevantes, pero es algo bastante raro en las publicaciones de esta editorial.

Leila Guerriero, Plano americano.



martes, 17 de septiembre de 2019

Un retrato curioso y original




Ante un libro de 333 páginas dedicadas a un pianista de música clásica argentino, Bruno Gelber, del que desconocía totalmente su existencia, solo había una razón para animarme a leerlo: su autora. Hace algo más de un año la descubrí a partir de un libro realmente magnífico, Una historia sencilla. Desde entonces he leído algunos artículos suyos y me parece una grandísima periodista, en la tradición de gente de su país como mi admirado Martín Caparrós.
Dice de ella Juan José Millás en la reseña de este libro en elpais.com:

Leila Guerriero construye arquitecturas verbales en las que uno se quedaría a vivir. Sus libros están llenos de pasillos, salones, cámaras, escaleras o cuartos trasteros por los que el lector deambula asombrado, abandonándose a una sintaxis capaz de descubrirle los secretos más recónditos del corazón humano. Nunca ha escrito ficción, solo crónicas, columnas de opinión, perfiles…”

En este caso se atreve, tal y como reza en el subtítulo, con el retrato de un personaje muy peculiar tanto por su historia como por su personalidad. Gelber está considerado como uno de los cien mejores pianistas del sigloXX. Ha dado más de cinco mil conciertos en 54 países y sus interpretaciones de algunos conciertos de Brahms o Beethoven están entre las consideradas mejores por parte de la crítica especializada.
Dio su primer concierto a los cinco años. Padeció después la poliomelitis que le dejó secuelas en su pierna izquierda. Vivió 25 años en París, luego en Mónaco y, finalmente, retornó a Argentina. Vive en Buenos Aires en el popular y algo degradado barrio Once en una mansión con una decoración bastante recargada.
Guerreiro se estuvo reuniendo con él a lo largo de un año a partir de septiembre de 2017. Además ha utilizado algunas entrevistas hechas para la radio, la televisión y alguna revista. También, de vez en cuando, reproduce algunas críticas, tanto positivas como negativas,  sobre sus interpretaciones. Ha complementado la información con entrevistas a algunos de sus colaboradores y amigos. De todo ello queda constancia en el texto, así como de varias cenas que se desarrollaron en la casa de Gelber de las que reproduce las conversaciones, imagino que tras haberlas grabado con el consentimiento de los participantes, sean estas más o menos interesantes.
El papel de la autora es fundamentalmente el de notaria de todo lo que ve. Obviamente, en las entrevistas con Gelber pregunta, pero de manera que lo que hace es dar pie para que el pianista se explaye, algo por otra parte fácil de lograr dada la capacidad de hablar que demuestra a lo largo de todo el libro.
Solo de vez en cuando intercala algún texto como el siguiente:

“Él habla como cualquier persona de clase media normal que ve la telenovela. Está más interesado en la vida de la nieta de Mirtha Legrand que en cómo estuvo tal director.” (p. 185)

Con todo construye un libro que a mí me ha parecido apasionante, no tanto por la vida y la figura de Gelber, que en parte también, sino sobre todo por la capacidad de la autora de organizar la información y de irla transmitiendo para que vayamos conociendo al personaje o, al menos, lo que este se deja porque como dice casi al final:

“Un hombre de setenta y seis años artificiosos, reiterativo, dueño de un arte magistral, preocupado por la línea de las cejas. ¿Qué es esto? Se acaba el tiempo para averiguarlo.” (p. 312)

Bueno, algunas cosas sí se conocen: su obsesión por la estética, tanto la propia como la de la gente que le rodea; su extravagancia; la dificultad para  compartir el espacio vital; su desacuerdo con el matrimonio igualitario y con el hecho de que personas  del mismo sexo se besen en público; su pasión por la amistad y el fervor por el protocolo del que es un reputado experto; un cierto aristocratismo y dandismo que, sin embargo, no le impide vivir en el barrio en el que vive; algo tan chocante para la autora como el desconocimiento de la existencia de las tortas fritas, el locro o el popular tango Por una cabeza, tres cosas muy populares en su país; etc. etc. etc.
¿Se termina de conocer al personaje al final del libro? Seguramente, como se ha visto que  reconoce la propia Guerriero, no del todo. Hay aspectos de su vida, su persona y su forma de entender algunas cosas que no se llegan a tratar seguramente porque no haya querido Gelber. No importa, desde luego yo como lector no pretendía conocer en profundidad al personaje. Mi pretensión era disfrutar con una historia tan bien contada y con tantos matices por parte de una periodista que es también una muy buena escritora.
Aparte de recomendar la lectura, recomiendo también ver en You Tube alguna entrevista con Guerriero sobre el libro y alguna interpretación de Bruno Gelber; merece la pena.
Ayer mismo comencé Plano americano, el libro de entrevistas que publicó hace poco la  misma editorial.

Leila Guerriero, Opus Gelber. Retrato de un pianista.