jueves, 5 de febrero de 2026

Sorprendente

 


“Gracias, grazas, grazias, gràcies, gracies, eskerrik asko.” Esta lista de palabras son la antepenúltima línea del libro. No se me ocurre mejor manera de iniciar mi comentario que ponerlas al principio, porque lo primero que quiero es agradecer a Mario Obrero su precioso, militante, sorprendente y motivador libro.

Obrero es un joven poeta de Getafe de 23 años y yo soy un viejo jubilado de Chamberí (Madrid) de 77 años que ha aprendido muchas cosas con la lectura de este libro, pero sobre todo a querer más a las distintas lenguas que se hablan en nuestro país. Hasta ahora las respetaba y alguna, el catalán, la medio domino por necesidades del “servicio” (tengo el reciclaje ya que he sido profesor de secundaria en Mallorca durante 25 años). Todos los veranos desde hace muchísimos años paso algunos días en Asturias y, sin embargo, nunca me he molestado en conocer algo del asturianu. Mi segundo y tercer apellido son Bacaicoa (hoy Bakaikoa) y Behoteguy (hoy Beotegi) y lo único que sé de ese idioma es el significado de estos apellidos.

En este libro el autor dedica un capítulo a cada una de estas lenguas, hablas o dialectos: castellano, galego, aragonés, català, aranés, asturianu, estremeñu y euskara. De unas conoce más y de otras menos, pero siempre lo suficiente para dejar constancia de que cada una de ellas es importante sea mayor o menor el número de sus hablantes. Así, por ejemplo:

“(…) ¿cómo vamos a llamar “pequeña” a una lengua que reúne hasta ocho formas en su diccionario para nombrar a los pájaros? En ese y otros muchos aspectos, el aragonés tiene una dimensión inconmensurable. A las lenguas se las ordena por tamaños, pero las unidades de medición son siempre opuestas a criterios como la belleza o la ternura.” (p. 70)

La consecuencia lógica de esa idea es la necesidad no solo de respetar todas las lenguas sino de apoyar a las que están con problemas. Otro ejemplo:

“No soy asturiano, pero sí antibelicista. En un contexto donde una lengua patalea y otra asume un naufragio, tengo claro dónde está la necesidad, el apoyo y la defensa.” (p. 136) (Esto viene a continuación de contar que en el Teatro Capoamor de Oviedo se pide cerrar los móviles en inglés, castellano y asturianu, momento este en el que una parte del público patalea).

Otra forma de restar valor a una lengua es haciendo ver que sus hablantes hablan mal o que es una lengua solo para el campo o la taberna. Como refleja el siguiente fragmento:

“A una lengua no se la oprime con otra más poderosa, sino con silencio. Esta es una de las consecuencias más nocivas de la diglosia: educar a una comunidad en la idea de que hablan mal y que, por tanto, habrán de callar como única vía de discurso.” (p.117)

Esto es algo que donde vivo ha sido usado históricamente para minorizar el mallorquín, es decir, el catalán que se habla en Mallorca, con respecto al castellano. Aquí la clase alta, aunque tuviese ocho apellidos de la isla, hablaba a sus hijos en castellano.

Una última reflexión del autor que quiero reproducir se refiere a la “pureza” de las lenguas:

“Una lengua es mucho más que una filiación religiosa; al contrario que los clubes del monoteísmo, se caracteriza por ser inclusiva y abierta a todas las bocas y oídos. Además, poco o nada deberíamos velar por la “pureza” de un idioma. Más bien cabe, de forma laica, invocarle muchas aleaciones, perversiones que deformen y traigan consigo nuevas palabras.” (p. 97)

No quisiera que tantos árboles, citas, no dejaran ver el bosque; un bosque lleno de conocimiento, de permanentes reproducciones de fragmentos poéticos en las diversas lenguas, de comparaciones muy originales y bien escogidas de palabras en diferentes lenguas, demostrando un nivel cultural y lingüístico envidiable y, sobre todo, un gran respeto y cariño por cada una de las lenguas.

Conocí a Obrero por una entrevista un fin de semana en la cadena SER. El lunes siguiente fui a la librería a encargar el libro, tal fue el impacto que me causó lo que decía y también la forma en que lo hacía. Luego, la lectura del texto completó ese impacto. Solo puedo sentir mucha envidia y admiración por un trabajo como este. Ahora que desde Madrid solo llegan malas noticias, demostraciones de falta de respeto y chulerías, es bueno que se cuele desde allí algo de aire fresco y que exista gente como Obrero capaz de transmitir estas buenas sensaciones.

Un libro algo más que recomendable e imprescindible para hablantes de cualquiera de las lenguas del estado.

Repito: “Gracias, grazas, grazias, gràcies, gracies, eskerrik asko.”

Hay una buena entrevista de Laura Casielles con el autor en lamarea.com

 

Mario Obrero. Con e de curcuspín. Cartas a las lenguas.

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario