jueves, 22 de enero de 2026

Otro gran Padura

 

He leído ya lo suficiente del autor para tenerlo entre mis favoritos. Afortunadamente aún me quedan bastantes libros por leer lo que iré haciendo poco a poco.

El que hoy comento está entre los mejores, al menos de los que yo conozco. Yo diría que al nivel de El hombre que amaba a los perros, una novela realmente muy buena.

El libro está dividido en tres partes: El libro de Daniel, El libro de Elías y El libro de Judith.

En la primera, que se desarrolla en La Habana en los años cincuenta y en 2007, se plantea el tema principal de la novela: Mario Conde (el personaje que utiliza Padura en muchas de sus novelas para centrar la acción, y que es un expolicía que ahora se dedica a la compraventa de libros), recibe el encargo por parte de un judío, descendiente de los que vivieron en la isla, de encontrar quién era el poseedor de un cuadro atribuido a Rembrandt que salía a la venta en Londres en una subasta. Ese cuadro lo traían unos miembros de su familia cuando intentaron llegar a la isla en 1939 huyendo del nazismo, aunque no lo lograron porque las autoridades no les permitieron desembarcar (aquí utiliza Pandura hechos reales). Esta primera parte es quizá la mejor del libro.

En la segunda, Padura lleva la acción nada menos que al Ámsterdam del siglo XVII, entre los años 1647y 1653, la época en la que se debió de pintar ese cuadro. Aquí despliega el autor mucha información sobre ese momento histórico y sobre el taller del Maestro (no menciona expresamente a Rembrandt), así como sobre la situación de la comunidad judía. Esta parte es muy interesante aunque quizá se ha excedido en su extensión y pierde algo de la agilidad narrativa.

En la tercera y última se vuelve a 2007 y 2008 con Conde centrado en la búsqueda de una joven desaparecida, pero luego entra de nuevo en el tema planteado en la primera parte.

Esto por lo que se refiere al contenido principal, porque Padura en todas sus novelas va dejando apuntes críticos sobre la realidad de la isla, en este caso diría que de dos tipos. Por un lado, cuando se desarrolla en 2007 se hacen referencias como: la generación perdida, desencantado y jodido, cierre de comercios en su barrio, otro barrio destruido tanto en sus casas como en sus parques, la corrupción, las muchas carencias o la no concesión de unas ayudas a alguien por ser católico. Por otro lado, aprovecha el siglo XVII para dejar fragmentos como los siguientes:

“(…) Siempre habrá unos iluminados dispuestos a apropiarse de la verdad y a tratar de imponerle esa verdad a los demás. (…)  la libertad es el mayor bien del hombre.” (p. 235)

“Debió existir ese miedo mezquino y muy real para que él también tuviese miedo de los extremos a los cuales podían llegar los hombres que, desde el poder, se autoproclaman puros y pastores de destinos colectivos (…)” (p.238)

El libro, que por cierto tiene 513 páginas, está muy bien escrito, algo habitual en este autor, y la historia, además de interesante, está muy bien contada. Yo he pasado muy buenos ratos leyéndolo.

Como resume muy bien José Miguel Martínez en su reseña en unlibroaldia.blogspot.com: “Como en libros anteriores, resulta una delicia leer al escritor cubano. Su prosa es minuciosa en las descripciones, musical en el ritmo y rica en matices”. 

 

Leonardo Padura, Herejes.

 

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