Recuerdo haber leído un par de novelas de este
escritor suizo hace ya bastantes años y que eran algo parecido a la novela
policíaca pero tampoco plenamente del género.
Esta que comento se inscribe en la misma línea. Suter
construye una trama que el lector no sabe muy bien hacia dónde le va a llevar,
lo que es el principal defecto de la novela, y además tarda mucho tiempo, demasiado, en que
eso suceda.
El libro tiene 290 páginas y hasta muy avanzado no
pasa nada. Vemos al protagonista, Tom, un abogado con el encargo de ordenar los
papeles de un rico que quiere dejar organizado su legado antes de morir, en sus
trabajos de ordenación y, al mismo tiempo, escuchando la narración del rico
doctor Stotz sobre un amor que tuvo hace muchos años, Melody, con quien estaba
a punto de casarse cuando ella desapareció. Si le unimos a Laura, una sobrina
nieta del doctor y a los sirvientes, tenemos a todos los personajes relevantes
de la novela. Por cierto que en la cocinera pone Suter el papel de mostrar un
conjunto de recetas de cocina italiana muy del estilo de lo que hacían tanto
Vázquez Montalbán como Andrea Camilleri en lo que me ha parecido una burda
imitación.
Como decía, la novela apenas avanza hasta el tramo
final aunque tengo que reconocer que Suter es un buen narrador y va dejando
cebos al lector para que mantenga algo de interés en la resolución de la
historia.
Resulta una lectura entretenida si bien es de las que
se olvida inmediatamente después de terminada y se puede llegar a pensar que
mejor habría sido haber dedicado ese tiempo a leer algo con más sustancia.
Martin Suter, Melody. Traducción Belén Santana.
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