miércoles, 18 de febrero de 2026

Buen descubrimiento

 

Aunque tiene ya una novela publicada también por Libros del Asteroide, no conocía al autor y la sorpresa tras su lectura ha sido mayúscula. Es una magnífica novela por muchas razones que van desde el tratamiento de los temas al estilo narrativo, pasando por la buena escritura, el lenguaje y el uso escaso pero bien utilizado del realismo mágico.

El autor, en una entrevista para el suplemento Abril:

“(…) explica que el objetivo de su novela era el de narrar una saga familiar, la suya, pero traduciendo esa memoria “en un sistema de metáforas, de alegorías, de imágenes, una especie de música un poco más universal, menos singular, algo que tenga ecos en el corazón de otros lectores”, pues de no hacerlo su historia no tendría mucho interés para nadie”.

(Publicado por Inés Martín)

Efectivamente, se trata de una novela muy autobiográfica dividida en cuatro partes: Antonio, Ana María, Venezuela y Cristóbal. Los dos primeros son los abuelos maternos del cuarto y Venezuela su madre, mientras que Cristóbal es el trasunto literario del autor.

Bonnefoy escribe en francés ya que nació en París aunque es hijo del matrimonio de un exiliado chileno y una venezolana (en la novela de hecho le pone el nombre del país).

El tiempo de la obra va desde los años 30 en la ciudad de Maracaibo hasta inicios del siglo XXI en Caracas y la historia del país está presente de diferentes maneras. Por un lado, a través de algunos aspectos de la evolución política con nombres como los de los presidentes Juan Vicente Gómez, el dictador Marcos Pérez Jiménez hasta llegar a Hugo Chávez, aunque en este caso sin que aparezca su nombre. Además, también tiene mucha importancia el boom del petróleo en los años treinta o la subida del precio en los setenta tras los conflictos en Oriente Medio, en ambos casos por sus enormes repercusiones sociales.

No obstante, la novela, como dice el propio autor en el fragmento reproducido antes, lo que hace es narrar la saga familiar en la que tienen el papel más relevante sus abuelos maternos.

Por un lado, Antonio. Con una infancia difícil y una continuación que le llevó a vender tabaco por las calles, trabajar de porteador, participar en la construcción de un muro para la contención del petróleo o de camarero, para finalmente terminar como médico e incluso rector de una universidad cuya construcción impulsó en los terrenos de un aeropuerto destruido tras un accidente aéreo. Fue un importante personaje al que le dedicaron una calle en su ciudad natal. Junto a él, Ana María, médico también preocupada por la situación de las mujeres en el aspecto reproductivo y, por ello, luchando por poder hacer legales determinados abortos. Junto con Antonio, montaron un consultorio gratis en la costa.

A su lado tanto Venezuela como Cristóbal tiene un papel muy secundario, al igual que algunos otros personajes.

Aunque ya lo he mencionado antes, además del interés que pueda tener una historia como esta, lo más relevante de la novela, lo que hace que el lector disfrute de su lectura, es la forma en la que está escrita, lo bien que logra la atmósfera y lo mucho que recuerda las magníficas novelas escritas por los escritores centro y sudamericanos.

Absolutamente recomendable.

 

Termino reproduciendo un fragmento que habla de un tema que es muy importante para mí y lo hace de una forma magistral:

“Antonio comprendió que el secreto de una muerte feliz era antes que nada haberla decidido.

Aquella decisión fue como un decreto. Había llegado a la conclusión de que el regalo más hermoso de la existencia era la posibilidad de interrumpirla a placer”. (p. 237)

 

Miguel Bonnefoy, El sueño del jaguar. Traducción Regina López Muñoz.

 

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