Este libro llevaba más de un año en el estante de los
pendientes. Sinceramente, me daba miedo tanto su tamaño como el hecho de que
había oído hablar de que había elementos de realismo mágico. Si algo no me
gusta ni en literatura ni en cine es lo fantástico o la ciencia ficción. Estaba
convencido de que se trataba del típico libro que comenzaría y abandonaría
bastante pronto.
Sin embargo, algo ha sucedido en estos comienzos de
2026, alguna confluencia extraña de planetas, porque desde que empezó el año he
visto: una distopía (Pluribus), una película con vampiros y zombis (Los
pecadores) y otra con extraterrestres (Bugonia). Y lo bueno es
que las tres me han gustado. Así que deduzco que estaba en el mejor momento
para enfrentarme al realismo mágico.
Este libro de Uclés ha sido bastante discutido. Tiene
fervientes seguidores y no menos fervientes detractores. En estas últimas
semanas el censo de ambos se ha ampliado a raíz de la polémica centrada en unas
jornadas sobre la guerra civil española.
Tengo que decir que ni siquiera conozco la voz de
Uclés y que apenas me ha interesado esa polémica. Lo único que sí me ha llamado
la atención es con qué facilidad habla, o está dispuesta a hacerlo, sobre los
temas gente que no los ha estudiado ni trabajado. Pasa lo mismo que cuando se
trata la educación y todo español lleva dentro de sí un profesor o un jefe de
estudios.
Bueno, habrá que decir algo sobre el libro. Lo primero
es que he llegado hasta el mapa de la página 700, esto es, he pasado muchas
horas y días enfrascado en su lectura, y me lo he pasado bien. Es cierto que
hay momentos en los que se produce un cierto desfallecimiento, pero es tal la
capacidad creativa y la imaginación del autor que enseguida te puedes
sobreponer. Además, está muy bien escrito, con un buen lenguaje, contiene
multitud de citas muy interesantes, aparecen de vez en cuando personajes reales
algunos incluso con papel como, por ejemplo, Orwell o Miguel Hernández y, por
encima de todo, lo más interesante es que cuenta el devenir de una familia
(parece ser que tiene bastante de autobiográfico) en el contexto de la guerra
civil española con unos personajes muy bien construidos que sufren todo tipo de
avatares.
Aunque no suelo hacerlo en mis comentarios, quiero reproducir aquí un extenso fragmento de la crítica en Babelia de Nadal Suau, con el que por cierto no siempre coincido, porque resume como yo no sería capaz de hacerlo las mejores virtudes del libro:
“En principio, yo no era el target ideal del libro: mis inquietudes van en otras líneas. De hecho, al empezarlo, la prosa parecía confirmar nuestro desencuentro. Es una escritura impecable, ojo, solo que evoca referencias cuya revitalización no añoro en particular. Sin embargo, el despliegue de Uclés (minucioso, exhaustivo, coherente hasta lo obsesivo) alinea a la perfección estilo, trasfondo histórico o moral y arcos narrativos. De pronto, en medio de la seriedad trágica que impone el tema, nos regala detalles juguetones o cálidos, como las apelaciones en segunda persona al lector. En paralelo, las múltiples citas de escritores, testimonios e historiadores sedimentan de un modo perfecto. Y, sobre todo, el destino de los personajes importa de verdad. Así, poco a poco, La península de las casas vacías conquista mi agradecimiento y también, por vías insospechadas, su propia contemporaneidad (el narrador autoconsciente es fundamental para ello)”.
Esas apelaciones al lector me han parecido muy oportunas y la que reproduzco a continuación particularmente acertada y original:
“En cuanto a si me arrepentiré y los traeré de vuelta, no puedo saberlo. Quizás más adelante los reviva narrativamente o los retome al final para cerrar la historia; o quizás mueran y cuando quiera echar mano de ellos, ya no estén, y serán ellos los que me habrán abandonado. No puedo saberlo. Vosotros sí, si hojeáis el final del libro. Es curioso. Podéis adelantaros a lo que yo mismo desconozco todavía que ocurrirá. En ese sentido, os envidio.” (Pg. 180)
No quisiera terminar este comentario sin hacer alusión
a uno de los aspectos del libro que más controversia ha suscitado. Me refiero a
la supuesta equidistancia del autor entre los bandos participantes en el
conflicto. Uclés no obvia ninguna de las violencias que practicaron con
verdadera fruición ambos bandos, desde la plaza de toros de Badajoz a la cárcel
modelo de Madrid, pasando por la “espantá” de Málaga o Paracuellos del Jarama.
No obstante, creo que en la atmósfera de la novela sí hay una cierta toma de
partido por el bando republicano, algo que, en mi opinión, queda muy claro en
la escena del enfrentamiento entre los dos hijos del protagonista, cuyo
resultado no puede contar para no hacer spoiler.
¿Estamos ante un libro recomendable? Es difícil
decirlo. Creo que se trata de una experiencia de lectura bastante diferente de
lo habitual, que trata temas muy interesantes, que tiene buenos personajes,
buenas informaciones históricas, pero, claro, que tiene también muchas páginas
y que se puede hacer un poco largo y pesado en algunos momentos.
Dejo el enlace a la completísima y muy interesante
reseña de Santi en unlibroaldia.blogspot.com en la que critica fuertemente el
libro que, como reconoce, no pudo terminar de leer. Puedo coincidir en alguna
de sus apreciaciones, pero no en el global de su crítica.
David Uclés, La península de las casas vacías.
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